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HISTORIA DE LA GUARDIA CIVIL - CUARTA EPOCA (1844 - 1859) - Capitulo II

Belver

CAPÍTULO II.

Servicios prestados por el Primer Tercio de la Guardia Civil desde el año de 1844.— Servicios prestados por algunas fuerzas de este Tercio en los acontecimientos de Madrid de Julio de 1854.— El Teniente General D. Facundo Infante, segundo Inspector de la Guardia Civil.— Enérgica y elocuente defensa de la Guardia Civil hecha por el General Infante en las Cortes Constituyentes contra las exageradas pretensiones de algunos diputados de los más exaltados.— Servicios ordinarios y especiales de los Tercios de la Guardia Civil, desde su creación hasta 1859.— La Guardia Civil Veterana en el corto tiempo que lleva de existencia.— Noticias biográficas de los Tenientes Generales D. José Mac-Crohon y D. Isidoro de Hoyos, Inspectores Generales de la Guardia Civil.

Terminada en el capítulo anterior la breve reseña de la organización del Cuerpo, réstanos dar ahora la historia de los Tercios, y enumerar los servicios de cada uno, pero únicamente aquellos que por su importancia se separan de los ordinarios que prestan los individuos, porque para éstos necesitaríamos ocupar varios volúmenes, y además están publicados con acierto y por orden cronológico en los Boletines del Cuerpo; tendríamos que copiarlos, lo que está muy distante del sistema que venimos siguiendo en la redacción de la obra.

Dispuesta la creación de este Cuerpo, y nombrado General organizador, como dejamos dicho en páginas anteriores, era necesario buscar el nombre que había de darse á las unidades tácticas en que había de dividirse su fuerza; y si bien nos era conocida la de respecto á la de Batallón, y la de sección respecto á escuadrón, y éstas respecto á regimiento, ninguna de ellas podía propiamente aplicarse á un Cuerpo, cuya primera división de su fuerza total tenía que acomodarse á las necesidades de un servicio civil á que era destinada en una extensión de territorio más ó menos vasta, según que era y aún hoy rige la división militar de toda la Península en distritos ó Capitanías Generales; así que según la extensión ó importancia de cada uno, y el número de provincias civiles que comprendía, era necesario que fuese la fuerza que á él se destinase y el número de Compañías en que aquella debía dividirse, única manera de conciliar la unidad en el mando así en lo civil como en lo militar; en lo civil, colocando en cada provincia un Jefe responsable de la fuerza destinada á ella; y en lo militar, otro que sin serlo inmediatamente del servicio, lo fuese de los demás ramos que comprende todo cuerpo militarmente organizado. Tomando sin duda en cuenta estas consideraciones, y teniendo muy presentes las glorias de nuestros antepasados, hubo de buscarse en la Historia el nombre de Tercios, nombre cuyos recuerdos traen á la memoria la reputación de invencible que supieron conquistar para la infantería española.

Designados los puntos de Leganés y Vicálvaro para la organización del Cuerpo de guardias civiles, se puso mano en ella con un celo y un acierto tan poco comunes, que hacen el mayor elogio del hábil General á quien estaba encomendada.— El Gobierno secundaba con laudable celo el desplegado por el General organizador no omitiendo medio alguno de cuantos eran sometidos á su aprobación para llevar á cabo la obra felizmente comenzada.

Los Cuerpos de Infantería y Caballería del Ejército, cumpliendo las soberanas disposiciones que se les comunicaban, aportaban los hombres pedidos, y éstos se dirigían á los depósitos designados. Los Jefes y Oficiales, con exquisito esmero buscados de entre los más acreditados en la última guerra civil, eran propuestos por el General encargado de la organización al Gobierno; y teniendo sin duda muy presente que para el mando de las Capitanías de la Santa Hermandad se habían elegido los Capitanes que más fama gozaban en aquellos tiempos, se fijó mucho la atención en la designación de los Jefes de Tercio, recayendo la elección para el mando del que nos ocupa, en el bizarro Coronel entonces del Regimiento de Infantería de Guadalajara D. Carlos Purgold, Jefe cuyo carácter y valor militar, en la imposibilidad de darlo á conocer con la extensión que se merece, encerrados en los límites que nos hemos propuesto, procuraremos hacerlo, de un sólo rasgo con el hecho siguiente: Mandando un batallón en el Ejército del Centro, y viéndose amagado de una carga por numerosa caballería facciosa, mandó formar el cuadro para resistirla, y en el natural aturdimiento de maniobrar al frente del peligro, hubo alguna confusión en la ejecución de aquella; pero notado por el bizarro Purgold y calculado perfectamente el tiempo, mandó al frente del enemigo deshacer el cuadro, y volver á formarlo con la regularidad y precisión que pudiera hacerse en un campo de instrucción. Esta cualidad de sereno en el peligro, unida á la indisputable presencia de ánimo que tenía acreditada en los combates, hacen la mejor apología del Jefe designado para el mando del Primer Tercio de la Guardia Civil que nos ocupa.

Encargado de la instrucción y de la infantería en el depósito de Leganés, iba recibiendo los hombres que á él llegaban; el día 4 de agosto fué la primera revista de Comisario que con la poca fuerza hasta entonces incorporada, pasó la Guardia Civil en España.

Continuó su instrucción militar, y con especialidad la particular para el servicio á que había de dedicarse, y el 10 de octubre siguiente; día del cumpleaños de S.M., y señalado para la solemne apertura de las Cortes españolas, es decir, á los dos meses y medio de pasada la primera revista, concurrió la Guardia Civil á la primera formación que con tan fausto motivo se verificó en Madrid, completamente uniformada é instruida, con una fuerza de 5 compañías de infantería y 2 escuadrones de caballería, con 693 hombres la primera, 236 é igual número de caballos los últimos, 2 Jefes, y 27 Comandantes, Capitanes y Subalternos, llamando la atención del público de Madrid por su dignidad y vistoso uniforme en aquel día memorable en la historia del Cuerpo. El tostado rostro de aquellos veteranos, recién salidos de la guerra civil, su guerrero continente y gallarda estatura, eran objeto de las miradas del público, lo mismo que la alzada y anchura de los soberbios caballos que montaban. Este conjunto agradable influyó mucho en el ánimo del público para borrar la desfavorable impresión que el primer decreto de organización había causado, viendo en esta fuerza escogida mandada por Jefes y Oficiales de tan brillante reputación, una salvaguardia de la sociedad, y no como creían muchos, unos miserables instrumentos de una bandería política. Entre aquellos Jefes y Oficiales los había calificados de acérrimos entusiastas de doctrinas opuestas al Gobierno de entonces; pero las opiniones individuales jamás tuvieron entrada para la calificación de los individuos en el ánimo del justificado General organizador; si eran valientes, pundonorosos, de honradez probada y conducta ejemplar, no necesitaban otra recomendación que su hoja de servicios.

Después de revistada la fuerza del Tercio, y asegurada su educación militar y civil con una constancia y una asiduidad que honran á los Jefes encargados de ellas, se dispuso por Soberana Resolución de 20 del citado mes de octubre, antes de tres meses, la distribución de la misma entre las provincias civiles que componían parte del distrito militar de Castilla la Nueva, destinando la 1.ª Compañía de Infantería á la capital de la monarquía para prestar el servicio en ella y su recinto, y éste puede decirse que fué el primer pensamiento de dotar la Corte de una fuerza armada y militarmente organizada, para prestar en sus calles el servicio de seguridad pública; la 2.ª Compañía y un escuadrón para la provincia de Madrid; la 3.ª Compañía y una sección de caballería para la provincia de Toledo; la 4.ª y otra sección para la de Cuenca; la 5.ª Compañía con otra sección para la de Ciudad-Real; la 6.ª y otra sección para la de Guadalajara; la fuerza de cada una de las destinadas á estas provincias era de 134 individuos de tropa las de infantería y 134 los escuadrones de caballería con sus correspondientes Jefes y Oficiales. Esta escasa fuerza iba sin embargo, en cuanto lo permitía su reducidísimo número (1) á llevar la paz y la seguridad á los caminos, á arrancar á la nación española el sello de ignominia con que la marcaban los extranjeros que para viajar tenían que pedir al Gobierno fuertes escoltas de tropa si no querían verse irremisiblemente robados y aún asesinados.

El primer servicio de que tenemos noticia haya prestado el Primer Tercio de la Guardia Civil, fué el 12 de noviembre de 1844 en la carretera de Extremadura, capturando dos ladrones y dando muerte á otro, que estaban robando á los viajeros en los barrancos próximos al puente de Navalcarnero, sitio ya célebre en las crónicas criminales, por los continuos robos y asesinatos cometidos en él. No pudo sin embargo con este escarmiento lograrse la seguridad de aquel punto sino á fuerza de una constante vigilancia y rudos castigos; el 7 de diciembre siguiente, es decir, á los 24 días del hecho anterior, llegó la Guardia Civil al mismo sitio en ocasión en que 8 forajidos habían saqueado y tenían atados varios pasajeros que indistintamente se dirigían á diferentes puntos. Al divisar á los Guardias huyeron hacia el monte los forajidos; pero antes de internarse en él fueron alcanzados por aquellos valientes, y sólo uno logró fugarse en la refriega; los demás quedaron muertos sobre el campo y sus cadáveres entraban al día siguiente en Madrid escoltados por los bizarros guardias. Desde entonces aparece en aquel sitio una caseta donde se efectúan las entrevistas de las parejas de la Guardia Civil, y aquel punto mirado con terror por los viajeros, es hoy el más seguro de aquella línea.

Otro servicio de importancia prestó la fuerza del Primer Tercio en el año que nos ocupa. En Requena, provincia de Cuenca, se notaron síntomas de desorden, y la Guardia Civil, cuyo instituto es ser el primer elemento de orden en la nación, procuró averiguar las causas, logrando reducir á prisión á un titulado Coronel y un Subalterno, que trataban de levantar una partida facciosa. A más de otros servicios ordinarios que omitimos en obsequio á la brevedad, aparecen los siguientes prestados por el Primer Tercio en los dos últimos meses del año:

Ladrones capturados ó muertos, 7. Asesinos, 1. Desertores, 2. Total: 22.

1845. De este año más bien que del anterior data la historia del Primer Tercio; porque dos solos meses que en aquél contó de existencia apenas merecían mencionarse si nos hubiera sido posible pasar por alto los hechos que dejamos consignados. Fueron, sin embargo, tiempo suficiente para poder apreciar los beneficios que iba á reportar la sociedad con la creación de la Guardia Civil, y también para dar á conocer la necesidad de extirpar abusos que algunas autoridades, llevadas de su ignorancia, ó de un celo mal entendido, habían cometido. Las provincias donde en tan corto periodo habían llegado á conocer la misión de los Guardias, reclamaron mayor fuerza para las suyas, y en consecuencia se aumentó una Compañía de Infantería al Primer Tercio, la 6.ª en el orden numérico, y se mandó disolver la de Escopeteros que existía en la de Ciudad-Real. Se quitó el destino á un comisario de policía que pretendía ejercer un mando directo sobre la Guardia Civil del Puesto de Getafe, en términos de haber dado orden para que toda la fuerza se hallase á la puerta de su casa, vestida de gala para revistarla. A no mediar un interés constante y un celo sin ejemplo por parte del General Inspector para cortar abusos de esta especie, la Guardia Civil no se hubiera arraigado en España. Las costumbres de los pueblos estaban relajadísimas, la autoridad local nacida dentro de ellos y rodeada de sus vecinos que podían ejercerla en el año siguiente, carecía de fuerza moral; y robustecer á ésta y obligar á aquellos á que la miren con el respeto debido, ha sido y es la misión quizá más civilizadora é importante que desde el primer día de su existencia viene desempeñando la Guardia Civil. El 12 de enero el pueblo de Ciempozuelos, dividido en parcialidades, presentó un aspecto imponente; sus vecinos, divididos en dos bandos, iban á venir á las manos, cuando presentándose el Cabo Comandante del Puesto Francisco Escobar á la cabeza de sus guardias sable en mano, después de agotar la persuasión, cargó sobre los más atrevidos, disipando el tumulto y evitando muchas desgracias.

Por el Puesto de Talavera de la Reina fueron capturados dos ladrones, que pretendiendo fugarse después, fueron muertos su fuga. La acción de la Guardia Civil iba haciéndose notar en todas partes, y vemos en este año que el Sargento Laureano Fernández, del Puesto de Quintanar del Rey, el de igual clase del de Valdepeñas, el Cabo Primero Alfonso Barba del mismo Puesto, aprehendieron ladrones y asesinos y que queriendo gratificar á este Cabo con 40 duros en recompensa de sus servicios, supo dignamente rechazarlos fundándose en el capítulo 7.° de la Cartilla. Los Puestos de Almagro, Daimiel y Manzanares, supieron hacerse notar en este año por sus servicios, que sólo podemos reasumir en obsequio á la brevedad en los siguientes guarismos, donde aparecen los prestados por todo el Tercio en el año de 1845:

Criminales capturados.
Por faltas más ó menos leves.
Desertores aprehendidos.

  84
283
  21

Total.

388

A más de las aprehensiones anteriores, figuran en el citado año 106 armas de fuego y una corneta de guerra entregadas á la autoridad por la fuerza del Primer Tercio.

1846. En este año quedó sistematizada la existencia orgánica del Primer Tercio aumentado con una compañía de infantería, la 7.ª correspondiente á la provincia de Segovia (antes 3.ª del Octavo Tercio), incorporada al distrito de Castilla la Nueva, pues hasta entonces componía parte del de Castilla la Vieja, habiendo pasado por esta causa á dicha provincia una sección de caballería del Primer Escuadrón del Primer Tercio.

Con gloriosos hechos empiezan los servicios del Primer Tercio en el año actual; puede llamarse el bautismo de sangre de los individuos de la Guardia Civil, el primero que encontramos en su historia. El 12 de julio marchaban los guardias Victor Villegas, de primera clase (2), y N. Pelarda, de segunda, acompañando al comisario de policía de Alcalá de Henares, que recorría el término de aquel partido; ya anochecido, divisaron á lo lejos algunas caballerías, al parecer cargadas, y cuatro hombres que las conducían; aceleraron el paso, y al llegar á ellos sólo vieron dos conductores á quienes los guardias pidieron el pasaporte; pero fué interrumpida la petición por la detonación de una descarga, de la que cayó herido el comisario, muerto su caballo, y herido el del Guardia Villegas. Los dos guardias parten sable en mano en dirección donde habían salido los tiros, y se encaran con dos criminales, resto de los conductores, que echan el arma homicida á la cara; al aproximárseles, Villegas hubiera muerto á haber salido el tiro del criminal que á quemarropa le apuntó, pero habiéndole fallado aquella le tiró una cuchillada y lo dejó cadáver en el acto; vuelve su caballo en auxilio de su compañero, que creía víctima de otro disparo, pero vé que no le había dado, y ambos persiguen á los demás, aunque sin fruto, por haberse arrojado por un barranco donde no podían penetrar sus caballos. Entonces recogen al comisario, le prodigan sus cuidados y se apoderan de las cargas, que eran de contrabando, y con el cadáver las conducen á Valdilecha. El caballo del valiente Villegas salió herido en el cuello, recibiendo otro balazo en el arzón de la silla rompiéndole una pistola.

En el pueblo de Tresjuncos, el Sargento segundo de la 4.ª Compañía Eugenio Martínez, sorprendió y capturó en la casa de un vecino al terrible criminal Francisco San Nicolás con dos más que le acompañaban, y tanto los criminales con sus arma y caballos, como el vecino de la casa en que los sorprendió, fueron puestos á disposición del juzgado de Belmonte, restituyendo con esta importante captura la tranquilidad á aquella comarca.

El entonces Sargento, hoy Teniente, D. Constantino Delatre, Comandante del Puesto de Cañete, descubrió á los autores de un robo de 50 cabezas de ganado.

Los Puestos combinados de Puente del Arzobispo, Oropesa y Talavera de la Reina, capturaron una gavilla de 7 forajidos montados que recorrían los montes de Toledo, siendo la pesadilla de sus habitantes.

Y los Puestos de Santa Cruz del Retamar, Brihuega y Cifuentes, fueron los que en este año tuvieron ocasión de señalarse en arrancar á la sociedad varios criminales que la agobiaban con el peso de sus crímenes, impunes las más veces por falta de una fuerza protectora que llevase sus autores ante los Tribunales.

El resumen numérico general de las aprehensiones llevadas á Cabo por la fuerza del Primer Tercio en las 6 provincias de que se componía el territorio cuya custodia estaba á su cargo, es el siguiente:

Aprehendidos.

Criminales.
Desertores de presidio.
Desertores del Ejército.
Por faltas más ó menos leves.
Contrabando.

  435
    22
    62
1179
      1

 

Total.

1699

1847. A medida que se desarrollaba el servicio de la fuerza destinada á prestarlo, se aumentaban los deseos de los pueblos para que se les dotase de Guardia Civil. El Gobierno atendió este año á las justas peticiones de aquellos, y aumentó á la vez que la infantería de todo el Cuerpo, la fuerza de la misma del Primer Tercio, hasta el número de 37 Oficiales y 1,043 hombres, divididos en 7 Compañías y éstas en 30 secciones; fuerza de que no llegó ya á exceder este Tercio hasta el año de 1853, pero que le permitía extender su acción protectora á los caminos transversales, pueblos del interior del país y vigilancia de los campos, bosques y arbolados; con el aumento de la fuerza se efectuó el de 3 Tenientes é igual número de secciones á razón de una por cada una de las Compañías 1.ª, 2.ª y 3.ª, destinadas respectivamente á Madrid y Toledo. Ni la Plana Mayor ni la caballería sufrieron alteración alguna.

En la imposibilidad de insertar ni aun los más distinguidos servicios que aparecen prestados por el Primer Tercio en todo el curso del año, nos limitaremos á indicarlos, haciendo mención únicamente de los nombres de los individuos que los prestaron. El Sargento primero Antonio Martínez, Comandante del Puesto de Huete, figura desempeñando su deber con un celo y una actividad dignos de consignarse. Los ladrones que habían asaltado la casa y robado al párroco de Valparaíso, otros que asaltaron á unos pasajeros en la sierra de Altamira, y otros cómplices en el robo del señor cura citado, fueron todos descubiertos y sometidos al tribunal competente por este incansable Sargento que nunca desmayabaen su acreditada actividad.

El Sargento segundo de caballería D. Agustín Gimeno salió el 23 de mayo en persecución de una partida de latro-facciosos que se presentó en los montes de Toledo, acompañado de 6 Guardias, y dándole alcance al anochecer del mismo día en el hato de un pastor, después de haber sufrido una descarga de ellos sin recibir daño alguno, los cargó con tal denuedo que derrotó la partida, causándole dos muertos, capturando al cabecilla y dos más de la partida, cogiéndoles nueve caballos y varias armas.

El Cabo segundo del 2.° Escuadrón Manuel Cabanilla, combinando sus movimientos con el de igual clase de infantería Mamerto Fernández, logró descubrir y someter á los tribunales cuatro vecinos del pueblo de Tragacete por robo en despoblado al ordinario de Teruel á Madrid. Este servicio mereció publicarse en el Boletín Oficialde la provincia de Cuenca. Los Puestos de Ocaña y Corral de Almaguer, bajo la dirección del primer Capitán D. Pablo Becas, capturaron 8 hombres, autores de robos en despoblados.

La caballería destinada á la provincia de Ciudad-Real salió con el Gobernador Civil en persecución de la facción capitaneada por Calvente; sólo una vez pudo avistarla, y al arrojo de la carga dada por los guardias se puso en precipitada fuga, abandonando tres caballos y varios efectos de guerra.

El Puesto de Navalcarnero tuvo la gloria de ser el primero del Tercio que contribuyó con la preciosa sangre de uno de valientes que la componían, á honrar las páginas de la historia del mismo. En el mes de julio salió en persecución de una partida de ladrones, y al darles alcance, recibieron una descarga que dejó muerto en el acto al guardia Encarnación Seco, el primero que sable en mano se lanzó sobre ellos; sus compañeros de pareja, alentados por esta pérdida, se arrojaron á vengar la sangre de su camarada y se apoderaron de tres de los criminales, fugándose uno que no pudo ser habido.

Los Puestos de Tembleque, Toledo, Cabañas y Santa Cruz del Retamar no descansaban en su activo servicio, logrando la aprehensión de algunos salteadores de caminos y otros criminales con quienes en las asperezas del territorio de sus demarcaciones solían sostener varios tiroteos.

El Sargento segundo Francisco Simón, de la 7.ª Compañía, celoso por limpiar de criminales el territorio de su demarcación supo con celo y sagacidad sorprender en un hato á 4, y sin darles lugar á rendirse, apoderarse de ellos con armas y municiones que presentó á la autoridad.

En los montes escabrosos de Villanueva de Alarcón fueron aprehendidos por el Cabo Comandante del Puesto Ignacio Gamia, 6 facciosos, 4 de ellos de la clase de Oficiales, destinados á formar una facción en la provincia de Guadalajara; con esta captura quedó frustrado este pensamiento y pacífica la provincia.

Los Puestos de Navahermosa, Talavera y Puente del Arzobispo, cuyos montes han sido constantemente el abrigo de criminales de fama hubieron de combinarse para batirlos, y efectuado, lograron capturar á cinco, únicos que se albergaban en ellos.

Tratábase en Madrid de organizar una facción que en determinado día debía salir y reunirse en los montes de Toledo. El Brigadier barón de Purgold, primer Jefe del Tercio, tuvo noticias de esta conspiración y apostó convenientemente fuerza del Cuerpo en la vía de Extremadura y otras que conducen á aquellos montes. Una gran parte ó toda la fuerza comprometida en esta trama hubiera caído en poder de la Guardia Civil si la policía de Madrid no la hubiese descubierto; pero sin embargo, cinco de los que habían adelantado su marcha á los demás, cayeron con armas y municiones en poder de los guardias situados en las ventas de Alcorcón, con lo que quedó destruida al nacer esta facción.

No podemos seguir insertando más servicios sin extralimitarnos de nuestro propósito; sin embargo, al terminarlos haremos mención del extraordinario de campaña que por primera vez desempeñó la Guardia Civil.

Destrozado por una guerra civil el vecino reino de Portugal, y amenguada la autoridad Real, recurrió por segunda vez á su vecina y aliada la España, y con este motivo se organizó un cuerpo de Ejército que debía penetrar en aquel reino para devolverle la paz de que carecía. Para prestar el servicio de policía en dicho Ejército se nombró una sección de caballería compuesta de 2 Oficiales con 40 caballos al mando del entonces segundo Capitán del Primer Escuadrón de este Tercio D. Francisco Aguirre, hoy Coronel graduado, Jefe de la segunda sección de la Dirección General del Cuerpo. La gallarda apostura de esta escasa fuerza, siempre unida al Cuartel General, su marcial continente, y sobre todo su ejemplar comportamiento durante las operaciones de aquel Ejército, llamaron sobremanera la atención, no sólo de los cuerpos que componían, sino del vecino reino, cuyos habitantes la contemplaban con asombro y respeto.

Terminaremos los servicios del año 1847 con el cuadro numérico de los prestados en él por el Primer Tercio.

Aprehendidos.

Delincuentes.
Reos prófugos.
Desertores del Ejército.
Por faltas más ó menos leves.
Contrabandos.

  368
    26
  117
1140
      5

 

Total.

1656

1848. Los anales militares registrarán sin duda en sus páginas algunas que para honra de la disciplina quisiéramos ver arrancadas de ellos. El año que nos ocupa fué pródigo en sangre española que quisiéramos ver economizada para casos de decoro Nacional en que el honor ó la integridad del territorio se viesen amenazados.

Cupo en suerte á la caballería del Primer Tercio, verse aumentada este año como lo había sido la infantería en el anterior y en su consecuencia aparece el primer escuadrón con la dotación de 6 Oficiales 166 individuos y 161 caballos y el segundo con 5 Oficiales, 143 hombres y 133 caballos, que hacen un total de 11 Oficiales, 309 hombres y 294 caballos.

Apenas había principiado el año que nos ocupa, cuando la Guardia Civil, como primer baluarte del orden público, tuvo que cesar en su servicio ordinario y llevar su atención á acontecimientos terribles que conmovían la sociedad hasta en sus más profundos y arraigados cimientos. Francia, esa nación poderosa é ilustrada, había derrocado al comenzar el año á uno de los monarcas más sabios y políticos que han ocupado su trono, despertando al mismo tiempo las pasiones revolucionarias en los Estados vecinos, é infundiendo aliento á los eternos perturbadores del orden público. Ni una nación se vio libre de la terrible plaga revolucionaria. El Gobierno español, colocándose á la altura de las críticas circunstancias que por momentos se le echaban encima, solicitó de las Cortes la suspensión de las garantías constitucionales, cerró el Parlamento y quedó de hecho la nación entera sometida á un régimen excepcional. Apenas tomadas estas medidas, justificadas por el diario levantamiento de partidas facciosas con distintas banderas, desde la carlista á la republicana en varias provincias, y muy especialmente en Aragón y Cataluña, llegó el memorable 26 de marzo, día designado por los revolucionarios para cubrir de luto las calles de Madrid. Para nadie era un misterio que en la tarde de aquel día debía estallar la revolución; el gobierno se había preparado disponiendo que las tropas permaneciesen dentro de sus cuarteles, para defender el orden y el Trono seriamente amenazados. La fuerza del Primer Tercio existente en Madrid componía de hecho parte de la guarnición, y como tal debía por su organización ser la primera en cooperar para defender tan privilegiados objetos. En la tarde de dicho día empezó á notarse cierto movimiento agitador, signo característico de la tormenta que amagaba, en algunos barrios; y apenas comenzó á oscurecer, los enemigos del orden, organizados y armados se lanzan á la calle, ocupando los puntos de antemano designados, dando mueras y vivas como sucede siempre en todas las revueltas. El bizarro Brigadier Barón de Purgold, que como queda dicho se hallaba con toda la fuerza en el cuartel, dispuso que los Ayudantes del Tercio montasen á caballo y marcharan á la Puerta del Sol donde se halla el Principal, á tomar órdenes para el Tercio, del Excmo. Señor General D. Fernando Fernández de Córdoba, de antemano encargado del mando de este punto importante; los Ayudantes regresaron sin poder penetrar en el Principal, cuyas avenidas estaban obstruidas por la muchedumbre; entonces el Brigadier les dio cuatro guardias que les acompañasen y les previno volviesen á desempeñar su comisión; volvieron con orden de que toda la fuerza disponible marchase inmediatamente á la Puerta del Sol; en el acto salió por la calle de las Hileras, y al desembocar en la calle Mayor formó por cuartas en columna con la caballería disponible á retaguardia, y el Brigadier Purgold, primer Jefe, y D. Manuel Gómez Barreda, segundo, á la cabeza, con los Ayudantes D. Fernando Delgado y D. Ramón Boch. Las mitades iban mandadas por el malogrado D. Luis Periche, y D. Juan Antonio Moreno y Tamayo; la columna, compuesta de 150 infantes y 40 caballos, marchaba al punto designado por el General Córdoba, cuando al llegar á la altura de la pequeña calle de Boteros, obstruida á la sazón por la empalizada de una obra, y que da paso de la calle Mayor á la Plaza, sufrió una descarga que no causó otro daño que romper un brazo á un guardia. Entonces el Brigadier previno á su segundo continuase con la fuerza de caballería al punto prevenido, y él con la intrepidez y arrojo que nadie puede disputarle, seguido del Comandante Periche y algunos guardias, se lanzó á la Plaza Mayor. El ya hoy Comandante Moreno penetró en ella con la segunda mitad, y después de algunos disparos lograron despejarla. El Brigadier se dirigió á la Puerta del Sol por el arco que da salida á la calle de Atocha, mientras Moreno reconocía los soportales de la Plaza, de donde salía alguno que otro disparo, para despejarlos; al llegar á una de las columnas que forman los arcos de dicha Plaza, donde la oscuridad de la noche no permitía distinguir objeto ninguno, se abalanzó á Moreno un hombre con un trabuco cuya boca le puso al pecho. Este sereno Oficial apartó el cañón con el sable y se lanzó sobre él haciéndolo prisionero. Despejó toda la Plaza Mayor y colocó centinelas dobles en todas sus avenidas conservando tan importante punto. A la una de la noche se presentó el Brigadier Purgold y previno á la Guardia Civil de su Tercio entregase aquel puesto á la fuerza de Carabineros que le acompañaba y se uniese á él para marchar juntamente con dos compañías del Regimiento de América á atacar la plaza de la Cebada, donde los revoltosos sostenían un vivo fuego contra las tropas del Ejército. Antes de llegar á este punto fué abandonado por aquellos, y por orden superior marchó esta pequeña columna por la calle de Toledo hasta dar vista á la puerta de este nombre, lo que efectuó permaneciendo allí en observación de aquellos barrios que inspiraban serios temores al Gobierno.

Sofocado el motín en toda la población, recibió orden la Guardia Civil de regresar á su cuartel á las tres de la madrugada del 27, donde se notó la pérdida de 6 guardias heridos, tres de suma gravedad.

La caballería permaneció en la Puerta del Sol á las órdenes del General Córdoba á quien acompañó hacia la plaza de la Cebada, pero sin ocasión para rivalizar en valor y arrojo con sus camaradas de infantería.

Gracias á las enérgicas medidas tomadas por el Gobierno de S.M., y al arrojo de las tropas, la revolución fué vencida en breves horas y la tranquilidad restituida á los habitantes de Madrid. La Guardia Civil continuaba formando parte de la guarnición de Madrid, sin atender á su servicio ordinario. El orden recién restablecido parecía consolidarse, aunque no ofrecía suficientes garantías de estabilidad, por el estado de agitación en que se encontraban las provincias de la monarquía y casi todas las naciones de Europa. Las disposiciones del Gobierno se sucedían con rapidez prodigiosa; las tropas permanecían sobre las armas en sus cuarteles con sus Jefes y Oficiales á la cabeza, y en esta disposición, y no obstante la terrible lección sufrida en la noche del 26 de marzo, los que á toda costa pretendían alcanzar el poder por medio de la fuerza, fraguaron otra tentativa más enérgica y con mayores probabilidades de éxito al mes y medio escaso de haber fracasado la primera. El 7 de mayo de 1848 era el designado para cubrir de sangre por segunda vez las calles de Madrid. Los cuarteles destacaban patrullas por las noches para recorrer sus inmediaciones, y éstas traían al retirarse noticias alarmantes del estado de la sublevación. El Subteniente del Primer Tercio D. Mariano Julve, hoy Teniente, último que salió de patrulla, participó á su regreso que el Regimiento Infantería de España, núm. 30, seducido por los revolucionarios, marchaba en abierta rebelión mandado al parecer por paisanos, á posesionarse de la Plaza Mayor. El Brigadier Purgold mandó inmediatamente formar toda la fuerza, compuesta de 120 infantes y 60 caballos, y marchó con ella á la Puerta del Sol, punto de antemano señalado.

La consternación era general, pues ya nadie dudaba de que parte de la guarnición había sido seducida. El punto de reunión era la Puerta del Sol para todos los Cuerpos y militares sueltos residentes en Madrid. Allí empezaron á llegar unos y otros. No habían pasado muchos minutos, cuando una descarga cerrada como de una mitad escasa de Compañía hecha hacia la calle Mayor, hirió los oídos de algunos Generales, Jefes, Oficiales y tropas que ya habían llegado á la Puerta del Sol. Esta mortífera descarga hecha á quemarropa, había sido dirigida contra el Excmo. Sr. Inspector General Duque de Ahumada, que á caballo con sólo cuatro guardias se dirigía desde su casa al punto de reunión. Asaltado en medio de la calle Mayor, se apoderaron de las bridas de su caballo, y él, sereno en medio del peligro, sacó una pistola del arzón que no pudo disparar, porque al entrar á la altura de la pequeña calle del Triunfo, recibió la descarga que le causó una herida en la ceja derecha, recibiendo su caballo dos balazos, y otros dos ó tres su montura, quedando heridos dos guardias de los que le escoltaban. A su serenidad debió el salir, aunque no ileso, de las manos de sus enemigos en aquel terrible é inesperado encuentro.

Reunidas las tropas en la Puerta del Sol, se dispuso atacar la Plaza Mayor, donde efectivamente se hallaba el Regimiento Infantería de España, con casi toda su fuerza, inclusos los sargentos, varios paisanos, y se cree que con algún Jefe superior á la cabeza. La Guardia Civil marchó á posesionarse de la casa de Cordero y de la de Astrarena, la primera para defender las avenidas de la Puerta del Sol, y la segunda las de las calles de Hortaleza y Fuencarral. Dominada la revolución, permaneció sobre las armas la Guardia Civil en la Puerta del Sol hasta el anochecer, que como las demás tropas recibió orden de retirarse á sus cuarteles.

El penoso servicio prestado por la Guardia Civil en la Corte era continuo durante los acontecimientos que reseñamos, y su fatiga extraordinaria en nada quebrantaba las fuerzas de aquellos bizarros guardias, que con emulación deseaban ser empleados en todas ocasiones. El comportamiento observado por la poca fuerza del Primer Tercio y las diferentes partidas que con distintas denominaciones se levantaron en la mayor parte de las provincias del reino, debieron hacer sentir al Gobierno, la necesidad de distraer las fuerzas del Ejército en persecución de aquellas y de dotar á Madrid de una respetable y fiel guarnición, y así dispuso por Real decreto de 10 de mayo que se reuniesen en la Corte 4,000 hombres de Guardia Civil. De todas las provincias y á marchas forzadas se dirigieron á ella los guardias solteros, teniendo especial cuidado el Inspector, de que á los casados y sus familias se les atendiese por el Oficial que quedaba encargado, con igual esmero que lo estaban de ordinario.

Llegaron á formarse en Madrid cuatro magníficos y respetables batallones, cuya presencia en la gran parada que tuvieron para ser revistados en el salón del Prado, causó tal impresión en el pueblo de Madrid, que todo el mundo admiraba con entusiasmo aquel brillante uniforme, terrible espanto del criminal y prenda segura de orden para el vecino honrado. Nunca olvidaremos la deslumbradora impresión que nos causó ver desfilar aquellas completas Compañías en columna por la espaciosa calle de Alcalá. Durante la permanencia de esta fuerza en la capital de la monarquía, dio el servicio de guarnición en ella y se ocupó de la instrucción militar en los cortos días que tenía de descanso, permitiendo al Gobierno disponer de los regimientos de infantería para la persecución de las facciones, y asegurarse de la disciplina que felizmente en ninguno había sido quebrantada más que en el citado de España número 30 de infantería. Conseguido este objeto, el Gobierno dispuso que regresase la Guardia Civil á sus provincias; parte de la del Primer Tercio fué destinada á la delicada comisión de conducir á Cádiz y Algeciras numerosas cuerdas de presos políticos, llenándola con tanta exactitud y teniendo con los presos tales miramientos, que algunos años después muchos de los mismos hallándose en el poder tributaron elogios á sus conductores. Las Compañías á medida que regresaban á sus provincias, y en especial la 3.ª, 4.ª y 5.ª que correspondían respectivamente á Toledo, Cuenca y Ciudad-Real, se dedicaron á la persecución de las facciones que se habían levantado en ellas, y las demás al servicio especial del instituto, prontos siempre, sin embargo, á rechazar cualquier facción que se aproximase á sus puestos.

Sólo el entonces Alférez D. Juan Ravadán de regreso de su expedición á Algeciras, pudo lograr dar vista un día á la facción de Peco, que no pudo alcanzar por el cansancio de sus caballos en tan larga marcha, logrando únicamente apoderarse del trabuco del cabecilla.

Entre los servicios ordinarios del instituto notamos con gusto el que prestó el valiente Cabo Fermín Buzo yendo de pareja con el Guardia Juan Lozano, ambos de la 4.ª Compañía, dieron vista á un famoso criminal que perseguían, y lanzándose sobre él á la carrera, el Cabo, más ágil que el Guardia le dio alcance; más el criminal volviéndose de pronto descargó á quemarropa su trabuco sobre su perseguidor, sin causarle más daño que cuatro o cinco agujeros en el capote. Entonces el Cabo, cuyo fusil le había faltado dos ó tres veces, se asió con el criminal en lucha desesperada, logrando rendirlo y conducirlo á disposición del juzgado.

El resto de esta Compañía, ocupada en Cuenca en la persecución de la facción del Pimentero, no pudo con parte de su fuerza al mando del Capitán D. José Méndez, darla alcance más que una sola vez en el pueblo de San Pablo, dispersándola completamente con pérdida de un muerto.

El Cabo primero José Jover perseguía con la fuerza de su Puesto otra pequeña facción, que logró dispersar causándole tres prisioneros.

El entonces Subteniente D. Alfonso Osorio mereció una especial recomendación de los Jefes, por haberse portado con arrojo con la escasa fuerza del Puesto de Molina al aproximarse á aquella población el cabecilla Gamundi, renunciando á encerrarse en el fuerte, y permaneciendo á la vista de la facción hostilizándola, hasta que incorporado á una columna siguió siempre á vanguardia en su persecución.

El entonces Sargento primero D. José Ortega capturó en la provincia de Madrid cinco famosos criminales, ocupándoles varios efectos robados.

El Puesto del Corral de Almaguer dio muerte el 25 del mes de noviembre á un famoso criminal, terror de aquel término.

El Teniente D. Justo del Amo se precipitó el 1.° de diciembre sobre un criminal desertor de presidio que huía á caballo, logrando reducirlo á prisión y arrancarle una pistola cargada de la mano.

La fuerza de la 7.ª Compañía (Segovia) al mando de su primer Capitán D. Manuel Solana y en combinación con otras del Ejército, dieron alcance á la facción Muñoz que dispersaron, distinguiéndose el Teniente Del Amo, que la cargó con algunos guardias de caballería, cogiéndoles algunos prisioneros, armas y caballos.

Muy sumariamente indicados los principales servicios que en el año 1848 prestó el Primer Tercio, terminaremos la relación del año con el resumen de los de todo género que arrojan los siguientes guarismos:

Criminales.
Desertores del Ejército.
Por faltas más ó menos leves.

183
  22
418

Total.

623

El anterior resumen se resiente en su total, de la distracción de su servicio especial que sufrió la fuerza del Tercio para atender á otro más importante, la conservación del Trono y del orden público. No queremos terminar el año 48 sin dejar consignado que en Septiembre de aquel año perdió el Primer Tercio un Jefe bizarro, de reputación militar y acreditado valor; el Brigadier D. Carlos Purgold solicitó y le fué concedido su cuartel para Sevilla.

Fué reemplazado en el Tercio por otro no menos digno y experimentado en el mando del Tercio de Navarra, el Sr. don Antonio María de Alós, antiguo Oficial de la Guardia Real, Jefe celoso, entendido y modelo de Guardia Civil, á quien en el curso de la historia del Tercio tendremos lugar de hacer cumplida justicia.

1849. La fuerza de este Tercio, siempre caminando al fin propuesto por el activo Inspector General, tuvo aunque poco, algún aumento en la infantería, constando ésta en 1.° del año que nos ocupa, de 1,326 hombres; y tanto por este pequeño aumento, cuanto porque las facciones levantadas en algunas provincias y perseguidas con actividad y celo poco comunes, fueron destruidas en los cuatro primeros meses del año, la fuerza del Tercio, dedicada el resto de él al servicio peculiar de su instituto, pudo aumentar el guarismo de sus aprehensiones, librando á la sociedad de un número considerable de seres desgraciados, como demostraremos en el resumen al final de la narración de los servicios del año.

Vagaban aún por las provincias de Toledo, Cuenca, Ciudad-Real, Guadalajara y Segovia diferentes partidas facciosas, que bajo la bandera de Carlos VI causaban al país infinitos males. La Guardia Civil sola en unas, en combinación ó unida con las fuerzas del Ejército en otras, las perseguía sin tregua ni descanso en todas direcciones, con un celo digno de los aguerridos veteranos que vestían el honroso uniforme del Cuerpo. Los comandantes de algunos Puestos salían con la escasa fuerza de los mismos á perseguir las facciones, sin cuidarse nunca del número de que se componían. La persecución por esta razón se multiplicaba, porque siendo varios los Puestos eran otras tantas las partidas que los acosaban, por cuya razón se hacía difícil la existencia de aquellas. En tan apurada situación, la facción capitaneada por los cabecillas Pimentero y San Juan, trató de correrse de la provincia de Toledo á la de Guadalajara, sin duda para ganar los pinares de Soria y reunirse con las que andaban errantes por la provincia de Burgos. Tan pronto como se recibió en Guadalajara el parte de que había penetrado en el territorio de la provincia, salió el entonces segundo Capitán D. Félix Fernández Soto y el Teniente D. Joaquín Bober con 24 hombres de infantería y 14 de caballería, entre los que de esta última arma figuraba el incansable y arrojado D. Teodoro Camino, hoy Teniente, y sin tregua ni descanso emprendieron la marcha en presuroso seguimiento de la facción, á la que lograron dar alcance con sólo los 14 caballos en el pequeño pueblo de Alcantud. Sin vacilar un momento aquel puñado de valientes con su denodado Jefe el Sr. Soto á la cabeza, se lanzan sobre sus enemigos, quienes les reciben con una terrible descarga que dejó tendido en el campo, herido de gravedad, al hoy Coronel Soto. La demás fuerza de infantería, al mando del Teniente Bober, que en la actualidad es Comandante, no desmaya por la pérdida de su Jefe, y redoblando su valor cierra de cerca con sus enemigos, la infantería á la bayoneta y la caballería sable en mano, y en pocos momentos queda completamente hecha pedazos aquella facción, que gracias al valor y arrojo de un puñado de valientes, en aquel día dejó de existir. Esta facción distinguida fué recompensada con el empleo de segundo Comandante al Sr. Soto; cruz de San Fernando al Sr. Bober; cruz de plata de San Fernando al Cabo, hoy Teniente D. Teodoro Camino que hizo prodigios de valor; cruz pensionada de María Isabel Luisa al Guardia de Caballería Laureano Varela, y seis sencillas de esta clase para sortearlas entre los demás que concurrieron á la acción. Este especial hecho de armas fué circulado á todo el Cuerpo para satisfacción de los que lo contrajeron y digno ejemplo de todos los demás.

En 11 de mayo el Comandante del Segundo Escuadrón don Matías Rodríguez, con fuerza del mismo, el Subteniente D. Enrique Ramos con el entonces Sargento D. Antonio Esteban y varios guardias de infantería unidos á algunas tropas del Ejército, derrotaron entre el Tajo y San Martín de Montalván la facción capitaneada por Bermúdez.

Las facciones de la Mancha sufrieron una derrota instantánea, tanto por la persecución activa de la Guardia Civil, como por el especial conocimiento que los Puestos del Cuerpo poseían del terreno teatro de las operaciones. Así que vemos recompensadas las fatigas de este penoso servicio en los entonces Teniente D. Rafael Cárdenas, D. Mariano Andrés, hoy Teniente, D. Pedro Marcos, D. Manuel Tarazaga y otros varios individuos, al dar por terminada la pacificación de aquellas provincias.

El 25 del mes que dejamos citado fueron aprehendidos seis facciosos por el Comandante del Puesto de la Mota del Cuervo. De modo que aquellas facciones con tanto arrojo destruidas al nacer, hubieran, como sucede á la terminación de toda lucha civil, producido un considerable número de criminales, que esparcidos por los espesos montes de Toledo y Ciudad-Real, habrían causado daños terribles á la sociedad, si la Guardia Civil incansable en protegerla, no hubiera, al cesar en el servicio de campaña, dedicándose con celo á la persecución de aquellos. Consecuencia de esto el crecido número de criminales que en todo el año que nos ocupa sometió á la facción de los Tribunales, según consta por el siguiente resumen de aprehensiones:

Criminales.
Desertores.
Reos prófugos.
Ladrones.
Por faltas más ó menos leves.
Contrabandos.

  320
  101
    22
    37
1843
    15

Total.

2338

1850. Sin grave alteración la fuerza del Tercio, notamos que este año disminuye, aunque poco, del número de la anterior, pues la revista de enero arrojó el de 1,246 hombres, es decir, 80 menos que en aquél. Sin embargo, el servicio no se resintió de esta falta, si bien es necesario consignar que su creciente desarrollo tenía que sufrir esta no pequeña baja privando á doce pueblos con sus demarcaciones del deseado auxilio de la Guardia Civil.

Extinguidas las facciones y asegurado el orden en toda la Península, las cosas volvían desde mediados del año anterior á su curso normal; pero la Guardia Civil, mantenedora perenne del orden, tenía que continuar una activa campaña, pues si bien había terminado la persecución de las facciones, era necesario extirpar de la sociedad multitud de seres degradados que la dañaban, y dar seguridad á los ciudadanos, tanto en los caminos como en los campos y en las poblaciones.

Infinitas cuadrillas de criminales, restos inmundos de las facciones, fueron capturadas ó destruidas por los Puestos de la Guardia Civil, llevando la tranquilidad á los ánimos de los habitantes de las comarcas que recorrían; para lograr esto hubo necesidad de que algunos valientes derramasen su sangre generosa; pero el deber lo exigía y no era más que su cumplimiento el sacrificarse á él. Daremos una brevísima reseña de algunos servicios prestados en el curso del año que nos ocupa.

El 3 de enero fueron asaltados unos viajeros cerca de Valdemoro, carretera de Andalucía; la pareja de servicio en aquella noche no se hizo esperar en aquel punto; se lanzó sobre los ladrones, y al dar alcance á uno de ellos el valiente guardia de infantería Emeterio López, le asestó el criminal un pistoletazo á quemarropa causándole dos heridas, una en el cuerpo, cerca del bajo vientre, de suma gravedad, y otra en una pierna; sin embargo del intenso dolor que debió causarle una de las heridas, siguió sobre el criminal dándole alcance y muerte. El bizarro guardia López está hoy colocado de guarda en el Real Patrimonio de S.M., la Reina.

Del 9 al 11 de marzo los Puestos de Torrijos, Quinando y Escalona, en la provincia de Toledo, dieron una batida en combinación para exterminar los restos de la extinguida facción Bermúdez, lo que lograron en sólo cinco días.

En continuas batidas para limpiar el país de los restos de facciones, se empleaban los Puestos de las provincias de Ciudad-Real y Toledo. El Teniente D. Casto Álvarez, Jefe de la línea de Almodovar, salió con la fuerza de su Sección á recorrer el quebradísimo término de ella, y á las siete de la mañana del 20 de marzo tuvo un encuentro en el arroyo de las Parras con una partida de criminales, causándoles dos muertos y cogiéndoles un caballo, varias armas y otros efectos.

El 12 de noviembre salió el Sub-ayudante del Tercio y el Teniente D. Matías del Campo en dirección á la carretera de Extremadura, en persecución de una gavilla de ladrones, logrando darles alcance, del que resultó la muerte de uno y cuatro prisioneros.

El 16 de noviembre fué asaltada y robada una casa en el término de Carmona (Toledo), y el 20 ya el activo Cabo Ramón Alonso había puesto á los ladrones á disposición de los Tribunales.

El 8 de diciembre los Capitanes D. Francisco Michelena y D. Matías del Campo, con 20 guardias, sostuvieron un combate reñidísimo con una partida de criminales en el sitio denominado Arroyo Molinos, causándoles seis muertos, con lo que quedó libre aquella comarca y extinguida la cuadrilla.

En el propio mes fué sorprendida una partida de ladrones cerca de Móstoles, en el momento de estar robando y atando á cuantos tenían la desgracia de pasar por allí en aquel momento. Cargando los guardias sobre ellos, dieron muerte á tres, salvándose los demás en el monte, gracias á su espesura y á la oscuridad de la noche.

Dos importantes capturas lograron los incansables D. Constantino Delatre y D. Casto Álvarez en las provincias de Cuenca y Ciudad-Real, sometiendo á la facción de los Tribunales á los célebres y famosos bandidos Félix Gimeno y Adán Chirla.

Después de una tenaz resistencia, fué capturado por los guardias del Puesto de Belmonte (Cuenca) el famoso criminal desertor de presidio Eugenio Benítez, conocido por Sopas.

Dados á conocer los principales servicios que encontramos entre el crecido número de los prestados por el Primer Tercio en el año que nos ocupa, tendremos para abreviar que remitir á nuestros lectores á los guarismos que arroja el siguiente resumen de aprehensiones.

Criminales.
Ladrones.
Desertores.
Reos prófugos.
Por faltas más ó menos leves.
Contrabandos.

  340
  100
    55
    29
1787
    11

Total.

2322

1851. El servicio del Cuerpo se iba desarrollando, y el del Tercio que nos ocupa corrobora esta verdad. La facción benéfica de su fuerza se iba haciendo sentir de un modo altamente consolador en las provincias que cubría, y los pueblos, los Ayuntamientos y Diputaciones no cesaban de reclamar aumento de Guardia Civil; no es extraño este sentimiento en una sociedad que contemplaba hasta con admiración la moralidad de los guardias, su abnegación y su incansable celo; siete años de observación había sido suficiente experimento para desear en cada pueblo un Puesto de Guardia Civil.

La fuerza del Tercio con leve, aunque favorable diferencia, era la misma que en el año anterior; á 1305 hombres ascendía en enero del presente año, que aunque escasa para las necesidades á que debía atender, multiplicándose sabía cubrirlas, como veremos en los servicios que muy por encima vamos á narrar.

Un encuentro ocurrido el 30 de enero por la noche con unos contrabandistas en la cuesta de Ventelama, proporcionó ocasión á los guardias Benigno Conde y Ramón Fernández para acreditar su arrojo, lanzándose sobre ellos á la bayoneta con desprecio del fuego que les hacían, hasta conseguir apoderarse de seis caballerías cargadas de género de ilícito comercio.

El incansable D. Casto Álvarez llevó á los Tribunales seis vecinos de la Calzada de Calahorra por cómplices y auxiliadores de ladrones. Bien merece el estado triste y lamentable en que se encuentra la provincia de Ciudad-Real que el Gobierno tome enérgicas medidas para moralizar aquella provincia. Los Paulinos se han indultado, pero la desmoralización cunde aunque encerrada en las tinieblas del misterio; las partidas armadas desaparecieron, pero los golpes de mano se dan con demasiada frecuencia, y sólo la complicidad en unos ó la protección en otros, pero protección que parece superior á la de hombres abiertamente criminales, son la causa del pésimo estado de aquella provincia.

El 25 de abril la ciudad de Requena fué teatro de una sangrienta escena donde el Teniente D. José Prior, hoy bizarro Comandante, con seis guardias, dio pruebas de serenidad y arrojo al lanzarse á una casa en cuyo desván, sin más entrada que una escalera de mano, se albergaban dos famosos bandidos, resto de una gavilla, con tres trabucos y otras armas para disputarse aquel punto en que se habían encastillado. Cuatro de los seis guardias salieron heridos por el plomo mortífero de los malvados; el bizarro Teniente Prior tomó el fusil de uno de los heridos, y en desesperada lucha dio muerte á bayonetazos á uno, causándole una herida en un brazo al otro criminal y capturando á cuatro cómplices más en la misma población.

Si hubiésemos de continuar relacionando servicios, haríamos interminable nuestra tarea, incendios extinguidos, víctimas arrancadas á las llamas, personas salvadas de ríos y pozos, vuelcos de carruajes, y por último, cuantas desgracias ocurrían en puntos donde había Guardia Civil, se mitigaban ó desaparecían con sólo su presencia. ¡Cuánto bien no experimenta la sociedad con esta protectora institución!.

En la imposibilidad de citar singularmente tan crecido número de servicios, daremos á conocer numéricamente en el siguiente resumen el guarismo de los prestados en todo el año por el Primer Tercio.

Criminales.
Desertores.
Reos prófugos.
Ladrones.
Por faltas más ó menos leves.
Contrabandos.

  373
    75
    34
  324
2338
      2

Total.

3145

1852. La fuerza del Tercio en este año tuvo un pequeño aumento; en la revista de enero presentó un total de 1,342 hombres.

Los servicios, siempre en creciente desarrollo, dan una idea aventajada de la instrucción de la fuerza, que á medida que corría el tiempo iba caminando á mejorar la moralidad de los pueblos á donde alcanzaba su facción. Con dolor tenemos que renunciar á insertarlos todos; en esta imposibilidad daremos como muestra de los demás dos ó tres de ellos.

El activo D. Juan Ravadán tuvo noticia el 4 de enero que habían sido robados unos arrieros cerca de un barranco; montó á caballo, y acompañado de un sólo guardia marchó al punto del robo, donde encontró maniatados los robados, los soltó, tomó noticia de la dirección de los ladrones, y éstos acosados de cerca abandonaron las caballerías robadas, y se salvaron favorecidos por la espesura de un monte. Las caballerías fueron en el acto devueltas á sus dueños.

Después de doce años de cometido un robo sacrílego, consistente en 24 arrobas de plata de alhajas robadas en la iglesia de Illana, el Sargento segundo Manuel Escobar logró con celo constante y sagacidad descubrir los ladrones y someterlos á los Tribunales.

Donato Ruiz y Manuel González, del Puesto de Calatrava, persiguieron á un criminal en las inmediaciones del Viso; al darle alcance hizo fuego sobre los guardias; pero éstos, despreciando sus disparos, se arrojaron sobre él, lo prendieron, apoderándose de sus armas y canana perfectamente municionada.

El 13 de agosto, el Guardia Francisco Rodríguez capturó él solo á tres ladrones con sus caballos, que huían con el fruto de un robo efectuado en Madrid.

La noche del 11 de Septiembre fué asaltada la diligencia de Aragón cerca del puente de Viveros, á media legua de Madrid, sacándola al efecto fuera de la carretera. La pareja de servicio en ella notó el retraso del carruaje y lanzose á la carrera en la dirección que debía traer. Al momento dio con ella, sorprendiendo los ladrones sobre los que hizo fuego, hiriendo á uno de ellos y huyendo los demás á caballo, librando á los viajeros de ser robados.

En 26 de octubre, el Sargento primero D. Mariano Andrés, hoy Teniente del Cuerpo, tuvo un encuentro con unos criminales, del que resultó la muerto de uno de ellos y desaparición de otro entre la espesura del monte.

La noche del 12 de noviembre fué asaltada á dos leguas de Madrid la silla-correo que se dirigía á Francia, por cinco ladrones armados de trabucos. El carruaje iba escoltado por una sola pareja. Viendo los criminales que sólo iban dos guardias, trataron de llevar á cabo su criminal intento; pero los valientes José Dosal y Tomás García que componían la pareja, hacen fuego sobre los cinco bandidos, y se arrojan sobre ellos matando á uno é hiriendo á otro, y poniendo en vergonzosa fuga los demás, quedando ambos guardias, aunque heridos, dueños del campo tan bizarramente defendido, como gloriosamente regado con su preciosa sangre.

Servicios como el anterior, se encuentran con profusión en la historia del Cuerpo de la Guardia Civil; pero en la imposibilidad de insertarlos, remitiremos á nuestros lectores al resumen numérico de las aprehensiones verificadas por el Primer Tercio en este año.

Criminales aprehendidos.
Ladrones.
Reos prófugos.
Desertores.
Por faltas más ó menos leves.
Contrabandos.

  438
  242
    47
    63
3053
      4

Total.

3847

El anterior resumen es la mejor prueba de la facción civilizadora á la par que humanitaria y moral que la Guardia Civil ejerce sobre la sociedad; sus servicios se aumentan de un modo consolador á medida que la paz se consolida y que con sus frutos permite á esta institución bienhechora irse extendiendo por todas partes hasta libertarla completamente de malvados.

1853. Este año fué sin duda el primero desde la creación del Cuerpo en que el Gobierno creyó llegado el momento de dar un saludable impulso al naciente desarrollo de una institución, que á medida que avanzaba en existencia se hacía más acreedora á la atención del público. Reducidos los regimientos á una fuerza efímera, pues apenas contaba cada compañía de infantería con 50 hombres disponibles, diseminadas en pequeños destacamentos de plazas y fuertes que la recién terminada guerra civil obligaba á guarnecer, aunque no fuese más que por los efectos que contenían, causaba dolor, militarmente hablando, ver en una formación aquellos pequeños batallones que no faltó quien calificase de grupos, y aunque el remedio verdadero no estuviese al alcance del Gobierno, siempre acosado por la palabra economías, con tanta profusión como ignorancia y á veces mala fé esparcida, hubo de pensarse en replegar á sus cuerpos todos los pequeños destacamentos que con grave daño de la disciplina é instrucción se sostenían aislados; y para reemplazarlos se pensó en destinar á cada instituto al desempeño del cargo que les correspondía, dotándolos para ello, si no suficientemente, al menos de una manera que les permitiera cubrir el servicio que debían prestar. Dispúsose, pues, que todo destacamento del Ejército de menos de 16 hombres, se incorporase á sus filas, y se sustituyese estableciendo Puestos de Guardia Civil con la fuerza ordinaria, entregándoles en aquellos puntos en que hubiere fuertes, los efectos que encerrasen. Se decretó el aumento que dejamos consignado en el capítulo anterior al todo del Cuerpo, y como consecuencia recibió el Primer Tercio el que relativamente le correspondía, aumentándose su fuerza á 2 Jefes, 2 Ayudantes, 9 primeros Capitanes, 9 segundos, 43 Subalternos, 2,042 hombres, de ellos 517 de caballería, y 319 caballos.

Esta fuerza, si bien escasa para cubrir el vasto territorio que comprende la Capitanía General de Castilla la Nueva, permitía entender su benéfica y civilizadora influencia á casi todos los caminos transversales y términos rurales, logrando una perfecta seguridad en las carreteras generales.

Ni del arrojo de los individuos en los incendios, ni del socorro prestado en las grandes avenidas por efecto de las lluvias y nieves, ni de los carruajes levantados y viajeros arrancados á una muerte casi segura sin el eficaz auxilio de la Guardia Civil, ni por último, de esos tiernos episodios que arrancan lágrimas de tierna gratitud al corazón más endurecido, podemos ocuparnos dentro de los estrechos límites en que nos hemos encerrado; contentarémonos en consignar que la Guardia Civil en el año que nos ocupa ha recibido mil bendiciones por los infinitos servicios humanitarios que prestó durante él, y para muestra de otros muchos en que tuvo necesidad de desplegar su valor anotaremos dos ó tres de los prestados contra forajidos.

La tarde del 23 de febrero, estaba todo el pueblo de Grajera en el templo dedicado al culto del Dios de los Ejércitos, oyendo la voz del Evangelio que les dirigía su Cura Párroco. Diez hombres infernales, horror y espanto de esta nación católica, entraron enmascarados y armados en la casa del Señor; se apoderaron de las llaves de la Iglesia, sacaron al Párroco de ella, y lo conducen á su casa que saquearon á mansalva después de ultrajar al buen Sacerdote de obra y de palabra. El incansable D. Francisco Schlek, hoy Capitán, en el momento que tuvo noticia de este inaudito crimen desplegó todo su celo para descubrir sus autores, y antes de un mes, todos ellos residentes en diferentes puntos fueron aprehendidos por este activo Oficial, rescatando parte del dinero y de los efectos robados.

El celoso Cabo Pascual Maroto, en veintiún días de incesante trabajo logró la importante captura de siete forajidos que habían asaltado la casa de un Sacerdote octogenario de Almuradiel y robándole 32,000 rs., rescatando al propio tiempo gran parte del dinero robado.

El entonces Teniente, hoy Capitán D. Pedro Maroto, dio alcance el 7 de diciembre á una gavilla de ladrones que perseguían en la provincia de Ciudad-Real, los que cargados á la bayoneta abandonaron sus caballos, capas, armas y otros efectos para buscar en la fuga su salvación.

Los siguientes guarismos hablarán por nosotros precisados á remitir á nuestros lectores al resumen de las capturas conseguidas por el Primer Tercio en el año que termina.

Criminales.
Ladrones.
Reos prófugos.
Desertores.
Por faltas más ó menos leves.
Contrabandos.

  517
  338
    43
    73
3149
      2

Total.

4115

1851. La fuerza del Tercio siguió en progresión ascendente en el presente año, hasta que sucesos, que sólo recordaremos por ser un deber sagrado para todo historiador imparcial, influyeron de una manera sensible en ella reduciéndola á dos terceras partes en los últimos meses del año. Contaba el Primer Tercio en la revista de enero 1,757 hombres y con ésta y algún aumento más llegó á la revista de julio desde la que empezó á declinar, como veremos más adelante.

El primer servicio de los que encontramos en el presente año fué el prestado por el ya mencionado D. Pedro Maroto en la provincia de Ciudad-Real el día 1.° de enero. Tuvo noticia de la aparición de cuatro malhechores en el término de su línea, y salió en su persecución con seis Guardias; después de once horas de incesante marcha en un día terrible de invierno, logró avistarlos, cargándoles á la carrera dos horas seguidas, pero sólo logró poner á prueba el valor y sufrimiento de sus subordinados, que por espacio de catorce horas habían marchado sin comer, y después de cambiar algunos tiros y haber abandonado sus caballos, capas, algunas armas y efectos los criminales, hubo de perderlos en un espeso bosque en las tinieblas de la noche.

Rafael Aguilar, Cabo del Puesto de Almagro, tuvo conocimiento el día 5 de enero de un robo que se estaba cometiendo en una casa, se presentó en ella y encontró al dueño degollado, el cadáver de su esposa tendido, y otra mujer maniatada. Dos criminales habían sido los autores de este crimen, uno de ellos fué aprehendido en el acto con los instrumentos homicidas humeando sangre, y una pistola cargada en la mano, con todo lo que fué puesto á disposición del juzgado.

El Sargento entonces Manuel Parcero, hoy empleado en la Real servidumbre de S.M., evitó, en Colmenar de Oreja, que en la noche del 21 de marzo fuesen asesinados dos hombres, aprehendiendo á los asesinos en el momento de ir á lanzarse sobre su víctima.

Una desgraciada familia compuesta de dos hombres y tres mujeres, estaba cortando mimbres en la ribera del río Alberche. De repente, efecto de una tempestad lejana aquél propiamente llamado arroyo unos minutos antes, se convirtió en caudaloso río, sobrecogiendo á aquellos infelices que sólo tuvieron tiempo para encaramarse en un árbol. En la copa de un corpulento fresno, nave de salvación pasaron una noche terrible aquellos cinco infelices, luchando con la muerte que la terrible corriente les mostraba inminente socavando las raíces del árbol. Ya casi exánimes pudieron deslumbrar alguna esperanza al ver la Providencia representada en los Guardias Simón Gómez y Francisco Moure, que guiados por ella se arrojan con mil precauciones al desbordado río, y con peligro de ser arrastrados por su impetuosa corriente, logrando después de mucha exposición el salvarlos.

Las ropas de los guardias se empaparon en agua, excepto las capotas de que se habían despojado para prestar aquel auxilio; no las aprovechan para sí, y abrigan con ellas á aquellos seres desgraciados, prodigándoles sus cuidados hasta dejarlos en sitio seguro y alimentados.

El Teniente D. Juan Mayorga con los Guardias José Cañada, Antonio Franco y Anselmo Méndez, consiguió en un encuentro dar muerte en el pueblo de Malagón á un célebre bandido, terror de aquel país, ladrón en cuadrilla y asesino.

El Subteniente D. Anselmo Basco, hoy Teniente, apostado de antemano en una casa de la ciudad de Toledo que debía ser robada, logró capturar en el acto de asaltarla, tres de los seis bandidos que habían penetrado en ella, habiendo herido á uno de ellos en la refriega.

Los Guardias Rafael Valero y Laureano Serrano, dieron alcance á las inmediaciones de Cuenca al famoso bandido conocido por Lirondo, criminal terrible, azote do aquel país y fugado de presidio.

Tenemos que suspender aquí la narración de los servicios ordinarios del instituto. Llegamos á una fecha en que la verdad histórica nos obliga á consignar otros, que, aunque altamente honrosos para el Primer Tercio, porque siempre lo es para todo militar el batirse con valor y arrojo en las ocasiones en que el estricto deber se lo impone, quisiéramos no tener que hacer narración de ellos; pero la honra de la Guardia Civil representada en el Primer Tercio, ultrajada aunque momentáneamente en el calor de las críticas circunstancias, su lealtad acrisolada puesta en duda por un populacho extraviado, y el deber de imparciales historiadores, exigen de nosotros una exacta relación de los sucesos que tuvieron lugar en la Corte en los meses de junio y julio del año 54, la parte que tocó en ellos á la Guardia Civil, su modo de conducirse, y las calumnias que, en los primeros momentos en que la verdad podía oscurecerse, se derramaron con profusión para atacar la merecida y alta reputación que ha sabido conquistarse á costa de su sangre mil veces vertida en provecho de la sociedad y de trabajos y fatigas indecibles.

Pasemos, pues, á reseñar los sucesos de los días desde el 17 al 27 de julio de 1854 en las calles de Madrid, en la parte relativa á la Guardia Civil; sucesos que nadie deplora más que nosotros, y que procuraremos describir tal y como pasaron. Testigos oculares de gran parte de ellos, y enterados oficialmente de los demás por los mismos Jefes y Oficiales que mandaban en los diferentes puntos de la capital en que más encarnizado fué el combate, creemos poder hablar con cabal exactitud y sin temor de ser desmentidos.

La tempestad que de tiempo atrás venía formándose en las regiones de la política, empezó á verse muy claramente en la madrugada del 28 de junio de 1854, del modo que todo el mundo recuerda. La Guardia Civil, extraña completamente á las cuestiones políticas, se encontraba entonces como de ordinario diseminada en sus respectivos Puestos, prestando el servicio especial de su instituto. El mismo día 28, tan pronto como el Gobierno supo el peligro que le amenazaba, expidió una Real orden mandando que la Guardia Civil se reuniese en las capitales de provincia, y la de Castilla la Nueva, es decir, todo el Primer Tercio, en Madrid. La Guardia Civil cumplió entonces como siempre aquel superior mandato, de modo que el 12 del siguiente julio ya se hallaba todo el Primer Tercio en la Corte, á excepción de la Compañía de Ciudad-Real, que permaneció en dicho punto por razones especiales; de la de Cuenca, que en el momento de su llegada volvió á salir para su provincia en persecución de las fuerzas acaudilladas por el entonces Coronel, hoy Brigadier Buceta, y á las que batió sobre su marcha; del Primer Escuadrón que había marchado formando parte de la columna del Ministro de la Guerra, que lo era entonces el General D. Anselmo Blaser, de una sección del segundo que también había quedado en Ciudad-Real, y unos 30 hombres de esta arma que no llegaron á salir de Guadalajara.

Reunido en Madrid, como dejamos dicho, el resto del Tercio, pronto empezaron los caminos á infectarse de ladrones y á cometerse infinidad de robos, en términos que se hacía muy peligroso salir de la Corte sin exponerse á ser robado á sus mismas puertas. En vista de esto se mandó que volviera alguna fuerza á cubrir las carreteras en un radio de ocho á quince leguas á fin de que los carruajes públicos y los trajinantes pudieran caminar con menos exposición. Calcúlese por lo que sucedió entonces lo que sucedería si la Guardia fuese suprimida. La vigilancia quedó restablecida en cierto modo en los puntos próximos á la Corte; desmembración de fuerzas que redujo la que quedaba dentro de ella el día 17 julio de 1854, á la que manifiesta el siguiente cuadro, con expresión de los puntos en que se hallaba y servicio que cubría.

 

Infantería.

Caballería.

Hombres.

Caballos.

Fuerza disponible en Madrid.
De guardia y carreteras.
Quedan en los cuartes.

689
194
595

75
 »
75

764
194
670

74
 »
74

Los 194 hombres de guardia lo estaban en las de plaza que á continuación se expresan:

Cárcel de Villa...........................
Fábrica de cigarros.......................
Ministerio de Hacienda....................
Banco Español de San Fernando.............
Monte de Piedad...........................
Tesorería de provincia....................
Caja de Amortización......................
Retén en el Principal.....................
Carretera, retén de Atocha y ferro-carril.

30
12
10
 5
 5
 5
 5
31
91

194

Los 670 hombres y 74 caballos disponibles ocupaban cuarteles de San Martín y Guardias de Corps, en la forma siguiente:

 

Infantería.

Caballería.

Hombres.

Caballos.

En San Martín.
En Guardias de Corps.

Total.

272
323
595

32
43
75

304
376
670

32
42
74

De la fuerza que existía en el cuartel de Guardias de Corps hay que rebajar 51 hombres que á las nueve de la noche del 17 salieron á reforzar la guardia de la cárcel de Villa, quedando por consiguiente reducida aquella fuerza á 272 infantes y 43 caballos; y rebajando de uno y otro cuartel las guardias de prevención, la fuerza disponible para operar quedaba reducida á la siguiente.

 

Infantería.

Caballería.

Hombres.

Caballos.

En San Martín.
En Guardias de Corps.

Quedan.

242
242
484

32
43
75

274
285
559

32
42
74

En esta disposición se hallaba colocada la fuerza de la Guardia Civil en Madrid la noche citada, organizada en dos batallones provisionales de campaña, con su correspondiente dotación de Jefes y Oficiales y un escuadrón de caballería compuesto de parte del segundo, pues el primero, según queda dicho, había marchado con la división del Ministro de la Guerra. Toda la fuerza de la Guardia Civil, en caso de obrar reunida, estaba al mando de Jefe natural el Brigadier primer Jefe del Tercio; pero de no, cada batallón tenía sus correspondientes Jefes.

Es público y notorio que ni antes ni después de haberse recibido el correo con la noticia de los pronunciamientos de Valladolid y Barcelona, ninguna medida de precaución se tomó por la autoridad militar de quien dependía entonces la Guardia Civil, como parte de la guarnición de Madrid, á pesar de la fermentación que desde las primeras horas de la tarde empezó á advertirse en el pueblo, debiéndose tal vez todas las desgracias que después sobrevinieron á esta excesiva confianza; así es que aquella lo mismo que las demás tardes, toda la fuerza del Ejército y de la Guardia Civil salió de sus cuarteles á paseo. Al mediodía eran ya eran tan públicos en Madrid los pronunciamientos de las dos capitales de Cataluña y Castilla, que ninguna persona de regular posición lo ignoraba; sin embargo, ni á los Jefes ni á los Oficiales, se les dijo una palabra oficialmente. Eran ya cosa de las tres cuando el Excmo. Capitán General de Castilla la Nueva, mandó llamar á su despacho á los Jefes de los cuerpos, y les dijo éstas ó parecidas palabras: «Señores, el Ministerio se ha retirado y se está organizando otro; Barcelona y Valladolid se han pronunciado; de consiguiente, pueden VV.. retirarse y hacerlo saber á los Oficiales, y cuento con VV., únicamente para sostener el orden; si llega á alterarse».

Los Jefes cumplieron con lo que se les había prevenido, y la Guardia Civil, como los demás cuerpos de la guarnición, se retiró á sus cuarteles. Á esto se redujeron todas las medidas tomadas que sepamos para sostener el orden en el caso probable de que se alterase.

A la caída de la tarde, el café Suizo y otros parajes públicos se habían convertido en un foco de insurrección; repartíanse públicamente proclamas, se declamaba á voces contra el Gobierno que todavía no estaba formado, en tanto que los más tímidos ó los más exigentes elaboraban en el retiro y el silencio el tumulto que en breve debió estallar. A la salida de los toros la efervescencia era ya manifiesta y extraordinaria en todo Madrid.

Llegada la noche, la Autoridad militar dispuso que treinta guardias civiles de la fuerza que estaba en el cuartel de San Martín, pasasen á reforzar la guardia del Principal, encargando al mismo tiempo al Oficial que los mandaba que procurase entrar en el edificio sin hacer uso de la fuerza.— Efectivamente salió dicha fuerza y el Oficial, cumpliendo fielmente la orden, dio varios rodeos, se acercó al Principal por diferentes calles para ver si podía conseguir entrar del modo que se le había prevenido; pero bien pronto se convenció de la imposibilidad de hacerlo, puesto que un gentío inmenso y compacto obstruía todas las avenidas, excitando á los soldados de la guardia á que abriesen la puerta; así que, regresó al cuartel manifestando que si á viva fuerza no se abría paso, no era posible penetrar en el Ministerio de la Gobernación. Se le contestó que de ninguna manera se hiciese uso de la fuerza, y que por consiguiente, permaneciera en el cuartel unido á los demás.

Previsor como siempre, el Brigadier Jefe del Primer Tercio envió á algunas personas para que adquiriesen noticias ciertas de lo que pasaba en la capital, quienes á su regreso le manifestaron que un gentío inmenso circulaba por las calles victoreando á varios objetos y hombres públicos, y que en especial en la Puerta del Sol era la concurrencia tan numerosa que llenaba por completo aquel sitio. Preguntoles qué hacía la guardia del Principal, á lo que contestaron que nada decía á los grupos, ni se advertían precauciones algunas militares ni hostiles, sino que por el contrario, aquella muchedumbre pasaba ó se detenía á su antojo, gritaba ó hacía lo que más le cuadraba, sin que nadie pretendiera estorbárselo. No obstante aquellas noticias, que á otro hombre menos experimentado y sereno le hubieran llenado de confusión y alarma, el Brigadier permaneció con todos los Oficiales en la parte exterior de la puerta del cuartel de San Martín, tan tranquilo é impasible como si á lo lejos no se oyeran confusamente las voces del tumulto.

Apenas había anochecido cuando un inmenso gentío se acercó al cuartel, y deteniéndose frente á su puerta prorrumpió en vivas á la libertad y á la Guardia Civil, abrazándose algunos con los Oficiales, cuyos cuerpos cerraban la puerta que, como de ordinario, estaba abierta. Empero aquel Jefe, que todo lo observaba en medio de la confusión, no tardó en notar que entre los abrazos, los vivas y la alegría natural ó fingida, había en los grupos cierta tendencia á penetrar dentro del edificio. Procurando entonces hacerse oír, les manifestó en los términos persuasivos que le son tan habituales, que siguieran su camino y dando muestras de su regocijo, seguros de que la Guardia Civil no les interrumpiría ni el uno ni el otro; y por el pronto consiguió que se alejasen de aquel sitio.

No bien despejado el terreno, algunos Oficiales advirtieron dolorosamente sorprendidos, que al corresponder con lealtad á los abrazos del pueblo, habían sido despojados de sus espadas, sacándoselas de la vaina á unos y cortando el tahalí á otros sin que lo sintiesen. Tal proceder manifestaba desde luego siniestras intenciones en aquella gente, y debió excitar tanta más indignación cuanto mayores habían sido la doblez y perfidia con que se había ejecutado aquella acción innoble. Ésto, unido á los marcados deseos que se advertían en los grupos de penetrar dentro del cuartel, convenció al entonces Brigadier, hoy Mariscal de Campo D. Antonio María de Alós, de la poca sinceridad de los vivas y abrazos, pues se conocía que sólo eran un pretexto de que se valían los grupos para ver si conseguían entrar en el edificio y apoderarse de las armas; y como era natural, desde aquél momento empezó á desconfiar de unas gentes que aparentando querer fraternizar, como entonces se decía, con los militares, les despojaban de su prenda más querida, sus espadas. Los temores del Brigadier no tardaron en realizarse, acaso más pronto de lo que él mismo creía.

Pocos minutos habían pasado, y nuevos y más numerosos grupos se presentan delante del cuartel exigiendo con arrogancia se les entregasen las armas, y profiriendo terribles amenazas si no se accedía á sus deseos. Entonces el Brigadier ordenó que se cerrasen las puertas, y cuando esto se hubo verificado volvió de nuevo á dirigir la palabra á los grupos desde la ventana del cuarto del Oficial de guardia; pero sus exhortaciones no surtieron efecto alguno, ó mejor dicho, sus palabras se perdían entre la confusión de gritos y amenazas que salían de aquella multitud frenética, que por instantes tomaba un aspecto cada vez más imponente y amenazador. Viendo que nada conseguían con sus exigencias y que sus amenazas eran oídas con la sonrisa en los labios, pasaron á vías de hecho y empezaron á golpear fuertemente la puerta del cuartel, creyendo sin duda que les sería muy fácil derribarla y de este modo abrirse paso para penetrar en el interior. Ignoraban que aún cuando hubieran conseguido echar por tierra aquella débil barrera no hubieran adelantado un paso en su propósito, porque en aquel edificio se albergaban soldados pundonorosos, en su mayor parte veteranos aguerridos, con un Jefe tan valiente como decidido á su cabeza, Jefe que ha arrostrado impávido la muerte en cien combates; ni tenían tampoco presente que aquellos soldados eran guardias civiles, acostumbrados á vencer siempre ó perecer en la demanda, y que saben, no sólo despreciar el peligro, sino también luchar contra la impetuosidad de los enfurecidos elementos; y finalmente, que para atacar nunca cuentan número de sus adversarios. Detrás de la puerta que intentaban violentar estaba formada la guardia de prevención con el Brigadier Alós á su cabeza, oponiendo una valla de hierro para el caso de que cediera la puerta, y dispuestos á escarmentar á los temerarios que intentasen penetrar en el edificio confiado á su custodia.

Tan humano como valiente aquel Jefe, quiso apurar todos los medios de persuasión que su prudencia le dictara, á fin de evitar desgracias y que se derramase sangre inútilmente. Dispuso, pues, que el segundo Jefe subiera al balcón que hay sobre la misma puerta y que desde allí anunciase á los grupos la resolución que había tomado de defender el paso; al oír esta advertencia abandonaron su temeraria empresa en aquel sitio; pero se dirigieron á la puerta de entrada de la Inspección del Cuerpo, que se halla separada unos doce pasos de la del cuartel.

Mal podía ocultarse á los conocimientos militares del Brigadier que si lograban forzar aquella puerta le envolverían dentro del mismo edificio; y así que tan pronto como oyó los primeros golpes que asestaban, se dirigió precipitadamente hacia el sitio amenazado, llevándose los escribientes y ordenanzas de la Inspección General del Cuerpo que encontró ya con las armas en la mano, colocándolos en el descanso ó primera meseta de la escalera frente á dicha puerta. Ejecutado esto con la mayor rapidez, trató de asomarse al balcón situado sobre ella con el objeto de intimar á la multitud que desistiera de su temerario empeño, si no quería que hubiese grandes desgracias que llorar, pero antes de llegar al balcón, cedió la puerta á los violentos y combinados golpes que la daban, y vino abajo, produciendo al caer grande estrépito que resonó pavorosamente en las bóvedas del edificio. Al oírle el mencionado Jefe, vuelve atrás con precipitación, aunque sin perder en lo más mínimo la serenidad que le es habitual, para salir al frente á los que intentaban invadir el cuartel por aquella parte, sorprendiéndole á los pocos pasos la detonación de una descarga que los escribientes y ordenanzas colocados en la meseta de la escalera habían hecho, si bien con la puntería alta para no causar daño alguno contra los primeros que, derribada la puerta, se precipitaron dentro del portal. A ella contestaron éstos con un pistoletazo, ganando la calle á la carrera. El brigadier los llamó, y uno que al parecer hacía de Jefe ó cabeza de los demás, se paró temeroso en la puerta, acompañado de otro paisano, ambos armados. Los llamó por segunda vez asegurándoles que podían acercarse sin ningún recelo, pues nada tenían que temer. En vista de estas seguridades volvieron á entrar los dos paisanos, y el digno Jefe les preguntó con la mayor afabilidad qué era lo que querían.—Nosotros,contestaron en tono desabrido queremos armas y extrañamos mucho que se nos reciba á tiros. El Brigadier, con la firmeza y prudencia que son innatas en él, con esa sangre fría con que Dios le ha dotado y en la que seguramente pocos hombres le aventajarán, les contestó que no tenía más armas que una para cada Guardia, y que no creía justo quitárselas para entregárselas á otros, en quienes á verdad no reconocía otro derecho para pedirlas que el que se abrogaban por medio de la fuerza; además de que las peticiones no se hacían entrando en el cuartel por sus puertas derribadas, con desprecio de cuantas reflexiones les había hecho anteriormente; manifestándoles por último que se retirasen en buen hora y no le hostilizasen, porque de lo contrario le pondrían en la terrible necesidad de derramar una sangre que nadie seguramente lamentaría más que él.

El asalto de que acabamos de hacer mención, y que no tuvo malas consecuencias por las prudentes y conciliadoras palabra del Brigadier, decidió á éste á tomar disposiciones de defensa en las partes del edificio donde pudieran adoptarse, especialmente en las puertas, como puntos más débiles.

Escenas parecidas á las que estaban pasando en el cuartel de San Martín se representaban á la misma hora en la Puerta del Sol y otros puntos de la capital. Cuando esto pasaba, ya los sublevados se habían apoderado en el Gobierno Civil de armas allí depositadas por el Conde de Quinto, Gobernador y Corregidor en aquella época, tal vez con el objeto de defender aquel punto.

El edificio que ocupan las oficinas del Gobierno Civil está próximo á Palacio, y como á la sazón no había en él más fuerza que la guardia ordinaria montada por los municipales, á fin de evitar un golpe de mano contra la morada de S.M., y el conflicto de tener que rechazar la fuerza con la fuerza en cualquiera agresión que se intentase, dispuso el Ministro de la Guerra, General Córdoba, que saliesen del cuartel de San Martín 100 Guardias al mando de un Comandante y los correspondientes Oficiales, para que se situasen en aquel edificio.

Las nueve de la noche serían cuando la Guardia Civil, á las órdenes del Sr. Comandante, hoy Coronel, D. Félix Fernández Soto ocupó las citadas oficinas, estableciendo el Comandante de ella dos centinelas en la puerta principal; dispuso que se nombrase un retén para que permaneciese formado en la parte interior de ella y que la fuerza restante se sentase dentro con las armas en la mano. Así permaneció la Guardia Civil sin impedir el tránsito á nadie ni notar novedad alguna por aquellas inmediaciones, hasta que á las diez y media ú once de la noche se presentaron varios grupos de paisanos (alguno que otro armado) que se dirigían á Palacio. En aquel momento llegaron á aquel punto dos Compañías del Ejército procedentes del Real Alcázar, y formando en columna apoyaron la cabeza de ella en el edificio del Gobierno Civil, con el objeto de impedir el paso á la inmensa multitud que formaba los grupos que hemos citado y que se aumentaban por momentos. En vano se les decía que era imposible pasar á Palacio; en vano que tanto el Comandante de la Guardia Civil como los Oficiales del Ejército se esforzasen para persuadirlos que no se podía transitar en aquella dirección, que se dirigieran á otros puntos, en la seguridad de que el Ejército no les haría fuego, y tanto sería así, cuanto que estaba mandado por verdaderos militares, cuya fidelidad en defensa del Trono y de la libertad habían sellado con su sangre en los campos de batalla. Empero, todas estas razones, tan atendibles, tan en su lugar, eran despreciadas por aquella gente. Sabido es que la razón sólo tiene entrada en las personas de sensatez, de corazón sano, de una regular educación y que discurren con ánimo desapasionado; á éstas es muy fácil convencerlas; pero cuando la persuasión se emplea con personas insensatas, ó de corazón dañado, ó con un populacho en tumulto dirigido por hombres aviesos, es completamente inútil, pues no tardan en creer, lejos de disuadirse de su propósito y de caminar á otro fin más conforme con la razón, que la persuasión es cobardía y que el deseo de no derramar sangre y vanamente es el deseo de evitar el combate por debilidad. Así es como interpretaron los grupos las amonestaciones de los Jefes y Oficiales, y abusando de la grandísima prudencia que la tropa había observado durante la confusión, y de la confianza tal vez excesiva de los que la mandaban, se arrojaron sobre varios soldados para arrancarles las armas de la mano. Y sin embargo, todavía á pesar de tan brusca embestida, los soldados obedientes á la voz de sus Jefes, tolerantes hasta el extremo, sólo luchaban para que no les arrebatasen las armas; pero ningún modo se creyeron autorizados para dispararlas contra aquellos que, en el mero hecho de atacarlos, se declaraban sus enemigos.

¡A cúantas y cúan graves reflexiones no dan lugar estos hechos!. Y sin embargo, los omitimos á nuestro pesar, porque no se crea que somos demasiado propensos á encomiar la conducta noble y digna por todos conceptos, que tanto en esta ocasión como en otras muchas que se ofrecieron en aquellos días, observó la Guardia Civil, como igualmente la demás fuerza del Ejército; conducta y comportamiento que sin disputa merece los elogios que justamente le tributamos en esta historia, y que el Gobierno de S.M., no dejó sin recompensa.

El Comandante de la Guardia Civil Sr. Soto, que ocupaba el edificio del Gobierno, en cuyo frente tenían lugar estas escenas, tan pronto como vio asomar las dos Compañías del Ejército rodeadas de una multitud de hombres que trataban no sólo de interceptarlas el paso, sino también de arrollarlas, prevalidos de la escasa fuerza con que aquellas contaban y de su actitud pacífica, salió con las de su mando del edificio para proteger y auxiliar á sus compañeros de armas, y todos reunidos permanecieron formados en columna fuera de él hasta que viendo cuan infructuosos eran los esfuerzos que se hacían para calmar la efervescencia del pueblo, su constante trabajo y continuas reflexiones durante dos mortales horas; como no tenía orden alguna para obrar, á la una de la noche dispuso que el hoy Teniente D. Fernando Moreno pasara á Palacio á pedirlas. Éste hizo presente su comisión al Inspector General del Cuerpo que se encontraba allí, pero como estuviese delante el General Córdoba, ya Ministro de la Guerra, el Inspector le previno solicitase órdenes de este último, y efectivamente el citado Oficial pintó al Sr. Ministro con los más vivos colores la situación comprometida en que se encontraba aquella fuerza, la imposibilidad de sostenerse neutral por más tiempo y la exposición de ser desarmada sino se defendía. Entonces el General Córdoba le previno que dijese al Comandante que en el último extremo de querer atropellar la fuerza armada se rompiese el fuego y se hiciera uso de la bayoneta.

Parecerá increíble, pero es lo cierto que en la noche del 17 de julio esta fué la orden y las instrucciones dadas á la Guardia Civil que ocupaba el cuartel de San Martín, de donde procedía la que estaba en el Gobierno Civil. Regresó el Oficial de Palacio, y afortunadamente no hubo necesidad de cumplimentar la orden de que fué portador. Los grupos que tan tenaces se presentaran al principio, habían ya desistido de forzar el paso ante la actitud, si bien pasiva, severa de aquella fuerza, á la cual en un momento de ciego desvarío habían creído poder desarmar, dispersándose hacia otros puntos. Aquél había quedado despejado, por cuya razón se retiraron también á Palacio las dos Compañías del Ejército que antes habían venido de él. El señor Soto dispuso que la fuerza que tenía á sus órdenes volviese á entrar dentro del edificio cuya custodia estaba á su cargo; estableció sus centinelas y un retén, ordenando que el resto de sus Guardias se sentase con las armas en la mano.

Todo estaba en aquel punto y sus inmediaciones en completa calma, nadie se advertía que indicara las tumultuosas escenas que allí acababan de pasar, cuando á las dos y media ó tres de la madrugada se vio desde el Gobierno Civil pasar una columnita formada por unas dos Compañías del Ejército, con el Excmo. Sr. General D. Francisco Mata y Alós á la cabeza, que marchaba en dirección de la Plaza Mayor. Así que esta fuerza llegó al arco que da entrada á dicha Plaza por la calle de las Platerías, empezó á oírse fuego de fusilería. Como era consiguiente, la fuerza de la Guardia Civil de que venimos ocupándonos, se puso sobre las armas y en aquella posición esperó su Comandante las órdenes que pudieran comunicársele según el curso de los acontecimientos. Al poco rato se vio que la columna regresaba al Real Palacio, que era el punto de donde había salido, y que conducía tres soldados gravemente heridos.

La mañana del 18 de julio apareció bien pronto clara y serena, como si en aquel día que empezaba no debieran las calles de la capital ser espantoso teatro de una lucha fratricida.

Al amanecer, las inmediaciones del Gobierno Civil se encontraban en una completa calma, que duró hasta la mitad del día. Las gentes transitaban por las calles sin que nadie pensara en oponerles resistencia, sólo de tiempo en tiempo se oían algunos tiros lejanos, que según después se supo procedían de la Plazuela de Santo Domingo y calles que en ella desembocan.

Sería la una del día y aquella fuerza se hallaba sin comer desde la tarde anterior y acosada más que por el hambre por el cansancio y la sed en un día de calor insoportable. Como del cuartel no viniese comida alguna ni aviso de que la mandarían, el Teniente Moreno ya citado pidió permiso al Comandante para ir á él con alguna fuerza á buscar alimentos para los guardias. Accedió el Comandante á tan justa como generosa pretensión, y en su vista marchó este Oficial con ocho guardias, dirigiéndose por la calle Mayor, la de Milaneses, Espejo, etc., á salir á la plazuela de Isabel II; pero al desembocar en ella se encontró con un grupo de más de 100 hombres armados, que al verle prorrumpieron en gritos y amenazas, apostándose en las esquinas inmediatas para hacerle fuego. Sin embargo, continuó su marcha en dirección del cuartel de Sal Martín, que era el punto á donde debía llegar. En la entrada de la calle del Arenal notó que en ella había muchísimos paisanos armados y que las esquinas estaban tomadas. Con razón se creyó entonces cercado y perdido, procuró evitar que su subordinados fueran sacrificados cobardemente por las masas armadas; y así, tomando su dirección por la calle de las Fuentes marchó al punto de donde había partido, al cual llegó si la menor novedad y sin ser hostilizado en el camino. Hizo presente á su Comandante cuanto había visto y observado, de lo que resultaba la imposibilidad de penetrar en el cuartel, como no fuese abriéndose paso á viva fuerza. El Jefe le previno que se reuniese á las demás que había en el Gobierno y permaneciese en su puesto.

Como las noticias que el Comandante Soto recibió del Oficial no eran, según puede observarse, muy pacíficas, procuró estar preparado para cualquiera eventualidad, y tomó al efecto algunas precauciones de defensa para en el caso de que los grupos se acercasen á aquel punto y tratasen de atacarle. Si esto último no se realizaba, había formado el firme propósito de mantenerse á la defensiva custodiando aquel edificio, pues carecía absolutamente de órdenes para obrar en ningún sentido.

Los hechos que vamos á referir fiel y desapasionadamente pondrán en claro lo que tanto se ha desfigurado con la más siniestra intención. Ellos nos pondrán de manifiesto el modo sincero y leal con que en tan críticas circunstancias obró la Guardia Civil, diseminada en diferentes puntos, sin órdenes de ninguna clase á que atenerse, y guiándose sólo por el noble y humanitario instinto de los Jefes que la mandaban. Nosotros hubiéramos querido ver en su lugar á los que con tanto empeño han procurado deprimirla en aquellos días; de seguro que no hubieran manifestado más prudencia que la que demostraron aquellos sensatos y valientes Oficiales, ni hubieran llevado su paciencia hasta aquel extremo.

A cosa de las dos de la tarde vieron venir por la calle de las Platerías, marchando hacia el Gobierno Civil, al Coronel de Caballería, hoy General, Sr. Garrigó, acompañado de un paisano, ambos á caballo, á quienes seguían unos 20 guardias civiles al mando de los Capitanes D. Casto López Espinosa y D. José Roure, y detrás un número considerable de paisanos armados.

Al llegar al Gobierno Civil dispuso el mencionado Sr. Garrigó que los guardias que le acompañaban penetrasen dentro del edificio y previniesen al Comandante de la fuerza que lo ocupaba (que creemos no se habrá olvidado que era de la Guardia Civil) que al momento retirase los centinelas apostados en las ventanas; que formase la fuerza y saliese con ella para fraternizarcon el pueblo; pues ya todos eran unos y cesaba toda hostilidad; y que mandase un Oficial á la Plaza Mayor para que la Guardia Civil que la ocupaba hiciese lo mismo.

Una turba inmensa, en su mayor parte armada, cubría la calle Mayor y el frente del edificio del Gobierno Civil. El Comandante Soto dio cumplimiento á esta orden; formó la fuerza, abrió la puerta y salió con la buena fe de un valiente y honrado militar encanecido en el servicio de su patria y que llevaba en su cuerpo las honrosas cicatrices de cuatro heridas que recibiera en el campo del honor. Apenas él y las cuatro primeras hileras de la cabeza se hallaban fuera de la puerta, cuando aquel inmenso gentío se le echa encima dando desaforados gritos. Y no faltó un miserable, perseguido quizá por la Guardia Civil, que ocultándose entre la confusión, llevado de instintos sanguinarios y para satisfacer acaso una miserable é injusta venganza, se lanzó sobre el Comandante Soto, le insultó, le injurió de una manera soez y le exigió el sable. Imitan otros su punible ejemplo, arrójanse sobre la cabeza de la fuerza y logran arrancar el fusil de las manos al Sargento primero y á otro guardia que le seguía. Entonces el Sr. Garrigó desaparece, acaso para no ser testigo ni autorizar con su presencia la felonía de que eran víctimas aquellos individuos que por orden suya habían salido del edificio, y el Sr. Soto sospecha que aquella orden le había sido arrancada á la fuerza. Los guardias que mandaba, al presenciar esta escena, guiados por el instinto de conservación, general á todo ser viviente, no esperan las órdenes de retroceder, y cuando el Comandante Soto quiere darla ya la estaban ejecutando; cierran la puerta apresuradamente, y queda en medio de aquella confusión de gritos y amenazas un Oficial, el Capitán D. Casto Espinosa. Allí se le maltrata, se le insulta y se le llama mal español y traidor, por hombres frenéticos y enfurecidos por hallar obstáculos á sus intentos; le arrancan su sable, le abofetean y le disparan á quemarropa un pistoletazo que le abrasa la levita; y otro asesino, porque no merece más nombre, le asesta un puñal traidor y homicida al lado izquierdo del pecho...

Sus compañeros, que ven esto desde una ventana, corren á la puerta, la abren y consiguen salvar al Capitán Espinosa arrancándolo de entre aquella muchedumbre que sólo quiere verter sangre aunque sea de héroes...

El Capitán Espinosa, que corrió tan grande peligro, es un veterano encanecido en la carrera, sin otra mancha en su vida militar que las que en su uniforme puede haber dejado la sangre que de sus numerosas heridas derramara abundantemente en los campos de batalla en defensa de su patria, de su Reina y de las instituciones liberales que invocaban los que el 18 de julio quisieron asesinarle. Aquellas canas que cubrían su honrada cabeza y que demostraban la larga serie de trabajos sufridos en las campañas, no fueron respetadas por los hombres que se decían defensores de una causa santa, la cual manchaban con sus inicuos atentados y felonías del peor género. Las cruces que condecoraban el pecho del antiguo soldado, símbolo del valor del que las ostentaba con orgullo, no infundieron ninguna veneración á sus agresores, el puñal del asesino pareció respetarlas más que los hombres, pues tropezando su punta en una de ellas, resbaló milagrosamente y no causó la menor lesión en el pecho del bravo Capitán.

El Comandante mandó á la Plaza Mayor al entonces Teniente, hoy Capitán Roure, según se le había prevenido, el cual marchó escoltado por paisanos, á fin de comunicar la orden que se le había dado; y á pesar de lo sagrado de su comisión, tampoco fué respetado en el tránsito, sino que por el contrario, se vio acometido y desarmado en el camino, y sólo ocultándole se le pudo salvar la vida.

Los grupos, que ya formaban una masa compacta é imponente, se aumentaban cada vez más, y con desaforadas voces pedían las armas de los guardias. El Jefe que mandaba á éstos no cesaba de exhortar á la multitud, conjurándola á que se retirase; pero sus palabras no eran escuchadas y las exigencias iban en aumento en términos que, habiendo perdido ya el Sr. Soto la esperanza de conseguir cosa alguna por medio de la persuasión, se disponía á defenderse con la fuerza. En tan crítica ocasión observa que los paisanos rompen el fuego en dirección del Real Palacio; procura enterarse de la causa, y advierte que venían por aquella parte como unas dos compañías de infantería con dos piezas de artillería. Tan pronto como aquella fuerza avanzó batiéndose á la altura del Gobierno Civil, dispuso el Comandante salir con la que tenía á sus órdenes para unirse á la que acababa de llegar, rompiendo el fuego que aquella venía ya haciendo. Ambas fueron avanzando hacia la Plaza Mayor por un terreno que era disputado palmo á palmo.

En la calle de las Platerías cayó mortalmente herido de dos balazos el bizarro Comandante Soto, con otros dos ó tres guardias más. Entonces toma el mando de la fuerza su segundo don Antonio Gimeno y Ostaló, sosteniendo el nutrido fuego que sobre aquella fuerza se hacía desde las ventanas, balcones y esquinas, en términos que hubo momentos en que la entrada en la Plaza se creyó poco menos que imposible. En el arco que da entrada á ella por la calle de Ciudad-Rodrigo, se había levantado por los paisanos una barricada con unos maderos, la cual fué preciso deshacer con la artillería para entrar en la Plaza. Efectuado esto, se despejó el recinto, teniendo que sufrir para ello un fuego vivísimo. El Teniente D. Fernando Moreno, con parte de los guardias, se dirigió al arco y escalinata que dan paso á la calle de Toledo, sosteniendo un nutrido fuego con los paisanos que por allí se habían retirado, hasta que consiguió apagar el que éstos hacían desde una barricada levantada en la antedicha calle de Toledo. A esta fuerza se le concluyeron las municiones, y el Sr. Moreno, encargando á sus subordinados la defensa de los dos arcos, voló á pedirlas con algún refuerzo al Arco del Triunfo y al de Ciudad-Rodrigo; regresó seguidamente á su puesto, distribuyendo á los guardias los paquetes de cartuchos que había podido recoger de los demás, y continuó defendiendo aquel punto.— Mientras allí se sostenía el fuego, las dos Compañías del Ejército, la artillería y mitad de la Guardia Civil, siguieron su marcha por la calle de Atocha y la de Carretas hasta dejar en el Principal las dos Compañías, que eran del Regimiento de Extremadura. Introducidas dentro del Ministerio de la Gobernación (antigua casa de Correos), regresó la Guardia Civil con la artillería por la calle Mayor, y al llegar á la Plaza se dio orden á la mitad que antes había quedado, y á la cual se unieron en el interin unos 30 municipales, para que se incorporase á la demás fuerza y siguiese marchando hacia el Real Palacio, en cuyo tránsito recibieron á cuerpo descubierto, á más del fuego que se les hacía por balcones, ventanas etc., multitud de ladrillos, tejas, piedras y otros proyectiles que se les arrojaban.

Ya en Palacio se mandó á la fuerza que formase pabellones, y sin embargo de haber transcurrido veinticuatro horas de continua fatiga sin tomar alimento alguno, el único descanso que se les proporcionó en aquella noche fueron las piedras que cubren la extensa plaza de Armas. De alimento no se les suministró cosa alguna.

Al romper el alba del siguiente día 19 de julio se previno á la fuerza de la Guardia Civil que unida á unos 30 municipales saliese al mando del General Mata y Alós escoltando un carro que conducía municiones, dirigiéndose por el arco de la Armería á la calle Mayor. Mandó el General que una cuarta (25 hombres) marchase á vanguardia para franquear la marcha á la columnita, apostando una pareja en cada bocacalle; la que debía reunirse al resto de la fuerza tan pronto como ésta pasase de la calle que guardaba; también dispuso que otra cuarta se adelantase también á tomar la Plaza Mayor, con el propio fin é idénticas instrucciones. Se cumplieron estas instrucciones con la exactitud y el arrojo con que la Guardia Civil sabe cumplir todas las que se le dan, y la columna siguió su marcha sin otra novedad que algunos tiros cambiados en la calle de las Platerías.

En la Puerta del Sol hizo alto la columna formando en batalla con el frente á Correos, en cuya posición permaneció mientras se introducían en este edificio las municiones que para aquel punto venían destinadas; en el mismo se le incorporaron algunos guardias que estaban desarmados. Concluida esta operación siguió su marcha por la calle de Alcalá en el mismo orden que antes había observado, y al llegar á la altura del café Suizo dispuso el General que un Sargento con ocho guardias se apoderase de la casa en que está situado dicho establecimiento; así se efectuó, siguiendo después la demás fuerza al palacio de Buenavista, donde hizo alto. A los pocos minutos dio orden el General para que se emprendiese la marcha hasta llegar á la esquina del Prado, y esperar allí á que vinieran dos piezas de artillería que debían escoltar hasta el Real Palacio. Llegaron en efecto las dos piezas, y entonces la fuerza de la Guardia Civil se dividió, quedando la mitad con el General Mata y Alós, y siguiendo la otra con las dos piezas mencionadas al mando del General Conde de Yumuri, único de los varios llamados por S.M., que escuchando la voz del honor y del deber aceptó el cargo de Capitán General en tan críticas circunstancias. Este General marchó por la ronda á Palacio, donde llegaron sin novedad á las diez de la mañana. Desde allí y sin darles un momento de descanso, se les mandó marchar al polvorín del Campo de Guardias en busca de municiones que debían conducirse en furgones de la Real Casa, en cuya operación emplearon el resto del día, regresando á Palacio al anochecer del 19, sin haber descansado un instante ni comido cosa alguna.

Después de cuarenta y ocho horas de fatiga y fuego, se dio á Oficiales y tropa un rancho compuesto solamente de patatas, un cuarterón de carne, otro de pan y una copa de vino por plaza. Desde aquella noche (la del 19) no volvió á salir esta fuerza de Palacio hasta el día 27, que entrando de guardia la Milicia Nacional, recibió la orden de marcha para Villaviciosa de Odón, prestando entretanto todas las noches el servicio de retén en uno de los puntos más importantes.

De la otra mitad que había quedado en el Prado á las órdenes del General Mata y Alós, se mandó al Capitán D. Casto Espinosa con 20 guardias á posesionarse del Casino y casas del Conde de Cuba, en la Carrera de San Jerónimo, y la demás, aumentada con 41 guardias desarmados que se le incorporaron, los cuales se armaron con los fusiles de los quintos del Regimiento de la Constitución, se pusieron al mando inmediato del Comandante del Cuerpo, D. Tomás Iglesias, y éste como era consiguiente al del expresado General, permaneciendo toda la noche del 18 en el palacio de Buenavista. Al siguiente día 19 salió esta fuerza por la calle de Alcalá hasta la Puerta del Sol, y regresó al poco tiempo al mismo punto de partida, donde permaneció hasta las cinco de la tarde que, habiéndose oído toques de alto el fuego, dispuso el General que se pasara un aviso al Capitán que estaba en el Casino para que se incorporase al resto de la fuerza. Recibido que fué el aviso, formó sus guardias y salió del edificio en la actitud pacífica que se le había prevenirlo, es decir, con las culatas levantadas; pero los paisanos, sin hacer caso de esta demostración, le hicieron una descarga por la espalda, de la cual perdió tres guardias y el mismo recibió una fuerte contusión. A pesar de tan traidora acometida, el mencionado Capitán siguió su marcha hasta incorporarse á la demás fuerza en el punto que se le había ordenado, y toda ella estuvo reunida en Buenavista la noche del 19.

Al amanecer del 20 mandó el General Mata y Alós abandonar aquel punto, y al efecto ordenó al Comandante de la Guardia Civil que escoltase con su fuerza unos carros de dinero que se trasladaban al cuartel de ingenieros. Desempeñada felizmente esta comisión, se le previno ocupar la plaza de toros para proteger el paso de otros carros que, también con dinero, debían dirigirse por la ronda al Real Palacio. En el momento cumplimentó esta orden, posesionándose de dicha plaza, y allí permaneció hasta el anochecer, era cuya hora pasó, de orden superior, al cuartel de artillería en el Retiro, donde continuó hasta el 26 que recibió pase de la autoridad militar para dirigirse al pueblo de Villaviciosa de Odón. Aquella misma noche llegó á su destino.

Para la mejor inteligencia de los sucesos que relatamos, nos hemos propuesto narrar por separado la parte que en ellos cupo á cada uno de los diferentes grupos ó destacamentos en que la Guardia Civil se vio fraccionada, pues de otra manera sería poco menos que imposible el comprendernos tan clara y minuciosamente como deseamos ser comprendidos. Para esto tendremos que repetir fechas y volver con frecuencia sobre nuestros pasos; pero en cambio, así será más útil nuestro trabajo.

Señalada queda anteriormente la fuerza del Cuerpo que había el 17 de julio en el cuartel de Guardias de Corps. Ésta, como la demás de que hemos hablado, carecía absolutamente de órdenes que le sirvieran de guía para obrar. Al anochecer oyó su Comandante D. Domingo Olalla la confusa gritería los grupos que recorrían las calles inmediatas, y sólo por precaución previno que se armase la fuerza que tenía á sus órdenes y bajase al patio para esperar en esta disposición las que pudieran comunicársele.

A cosa de las ocho y media de la noche recibió un aviso del Teniente D. Enrique Ramos que mandaba la fuerza Cuerpo que cubría la guardia de la cárcel de Villa, diciéndole que los presos se habían sublevado y escalaban la cárcel; que no le era posible contenerlos con la que tenía, y de consiguiente que si no se le mandaba refuerzo nada tendría de extraño que los mil y tantos presos que custodiaba se fugasen, sin que sus cuidados pudieran impedirlo. Al momento dispuso aquel Jefe que un Capitán con un subalterno y cincuenta guardias marchasen á reforzar la de la cárcel; pues aunque para ello ninguna orden tenía de la autoridad competente, creyó aquél caso no sólo de la mayor consideración, sino muy apremiante y de aquellos en que la menor dilación suele acarrear funestas consecuencias. En efecto, calcúlese cuales hubieran sido éstas si los mil y tantos criminales que encerraba la cárcel se hubieran desparramado por las calles de Madrid en noche de alarma y confusión. Asusta la sola idea de semejante suceso. ¡Cuántas venganzas, cuántos asesinatos, cuántos robos no se hubieran cometido en medio del tumulto y á pretexto de los acontecimientos del día!. Todo esto dejó de suceder, porque para fortuna de las gentes honradas y pacíficas, era la Guardia Civil la que custodiaba la cárcel, y gracias á sus esfuerzos Madrid se vio libre del crecido número de criminales que estaban esperando el fallo de la ley, y que con un poco menos de arrojo y serenidad por parte de la guardia hubieran alcanzado violentamente la libertad. La Guardia Civil tuvo el criterio suficiente para hacerse cargo de la trascendencia de un momento de debilidad, y supo soltar á los presos políticos y redoblar su vigilancia respecto á los que lo estaban por delitos comunes. Sin embargo, la Guardia Civil no recibió una palabra de gratitud en aquellos días por este importante servicio.

A las diez de la noche se presentó en el cuartel de Guardias de Corps un Oficial de Estado Mayor disfrazado de paisano, con una orden de la autoridad militar para que la fuerza franca de servicio saliera á situarse cerca de la Puerta del Sol. No tardó en emprender su marcha hacia aquel punto, dirigiéndose por la calle de la Palma á la de Fuencarral. Al final de ésta y entrada de la de la Montera hizo alto el Comandante y formó su fuerza en batalla, situándola en la acera de la izquierda apoyada la cabeza en esta última calle. En aquella posición permaneció hasta las doce, que recibió orden de marchar por la calle de Alcalá á Buenavista, donde acampó aquella noche.

Al amanecer le preguntó el Teniente General D. Juan de Lara, entonces Capitán General del distrito, qué fuerza tenía allí, y contestándole que 150 guardias, le previno que fuese con ella á posesionarse de la Plaza Mayor; que estudiase su posición y la defendiese sin consideración alguna en caso de ser atacado.

En cumplimiento de esta orden, el Comandante formó la fuerza y se dirigió con ella hacia el punto indicado, por la calle de Alcalá, Puerta del Sol y calle de Postas. Habiendo entrado en la Plaza sin resistencia, hizo alto en los soportales de la Panadería y mandó la mitad de la fuerza á los de enfrente, y la despejó haciendo salir de ella la mucha gente que allí había, sin emplear otros medios que la persuasión y sin que á nadie se le causara la menor violencia. Ocupó todos los arcos de entrada y mandó descansar á la poca fuerza sobrante, señalando antes á cada cual el punto que debía defender en caso de necesidad; también recomendó á todos que empleasen la persuasión y buenos modales hasta el último extremo de ser atacados. De cuando en cuando se acercaban grandes grupos de hombres armados; pero como obedeciesen á la voz de alto, salía el Comandante Olalla, les hablaba, les daba algunos vivas y conseguía persuadirles á que rodeasen un poco más en atención á que no podía permitir la entrada en la Plaza; y de este modo consiguió conservar aquel punto sin necesidad de recurrir á medios violentos.

Serían las doce del día cuando pasó por allí un Ayudante del Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo, quien le manifestó que venía del Principal de comunicar una orden del Ministro de la Guerra. El Comandante le dijo que hiciese presente á S.E., que aquella fuerza estaba sin comer y sin racionar. El Ayudante tomó nota de los guardias que allí había, asegurándole que cumpliría su encargo; y efectivamente, no tardó en recibir pan, queso y algún vino para la fuerza á sus órdenes.

En esta situación se mantuvo hasta la una y media ó dos de la tarde que se le presentó el Sr. Garrigó á caballo con un pañuelo blanco en la mano en señal de paz. Se le permitió la entrada en la Plaza, lo mismo que al gran número de hombres que le seguía, armados la mayor parte con diferentes clases de armas. El Sr. Garrigó ordenó al Comandante Olalla que reuniese su fuerza y se retirase; pero éste le hizo presente la orden que había recibido del Capitán General para defender y conservar aquel punto á todo trance. Entonces el Sr. Garrigó repuso que aquella autoridad había cesado en sus funciones, y que el Gobierno que acababa de ser nombrado por S.M., ordenaba que la fuerza se retirase, según se le prevenía.

Empezaba el Comandante á dar cumplimiento á esta orden teniendo ya reunidos como unos 30 ó 40 guardias, cuando los hombres que seguían al Sr. Garrigó prorrumpieron en desaforados gritos pidiendo que se levantasen en alto las culatas de los fusiles en señal de paz.

Nada estaba más lejos del ánimo del Comandante y de los guardias que mandaba que el hostilizar al pueblo; así que no bien fué significado el deseo de que los guardias hicieran aquí aquella demostración con sus armas, cuando ya estaba ejecutada. Pero he aquí que apenas ve las culatas levantadas, se lanza multitud frenética sobre los guardias para arrancarles las armas que tenían en la mano, y se traba una lucha, por cierto bien desigual en las intenciones de unos y otros contendientes. Los guardias, generosos hasta lo sumo, no quieren herir á la muchedumbre que intenta desarmarlos; luchan, sí, pero es sólo para conservar las armas que ningún militar honrado puede abandonar sin deshonrarse. El paisanaje... decimos mal un criminal mezclado en la confusión los acomete, los hiere, ya asestándoles traidoras estocadas, ya disparándoles pistoletazos á quemarropa... ¡Momento horrible!. Algunos guardias, víctimas de su generosidad, caen heridos y parten el corazón con sus lamentos.— ¡Traición!, ¡Traición!, gritan aquellos veteranos al ver correr la sangre de sus compañeros, sangre que vertían por ser fieles observadores de lo que su Jefe les ordenaba. Los lamentos que exhalaban aquellos valientes que en la agonía se arrastraban por el suelo, empuñando aún el fusil con sus manos moribundas, excitaron como era natural la indignación de sus camaradas, y la escena cambia completamente en un momento. Se rehacen, rompen un vivo fuego y se arrojan á la bayoneta sobre la muchedumbre. Los que tan hábilmente se habían aprovechado de la confianza de los guardias para intentar su desarme, huyen despavoridos ante la actitud resuelta y el marcial continente que demuestran los ofendidos, y en pocos minutos la Plaza queda despejada; pero no sin haber causado pérdidas dolorosas á la muchedumbre, que la prudencia hubiera podido evitar. Situáronse en seguida los guardias en los arcos como puntos de defensa, á fin de impedir que los paisanos volvieran á penetrar en la Plaza. El populacho grita para que cese el fuego... mas ya era tarde. Los guardias habían sellado con la sangre de algunos de sus compañeros la fiel protesta de fraternizar con el pueblo tan pronto como éste se lo anunció con palabras de paz. No acusamos á todos los que aquel día se hallaron fatalmente en frente de la Guardia Civil; creemos, por el contrario, creemos que sólo algunos de esos hombres feroces que se ven en todos los tumultos, fueron los que, ignorando lo que vale un guardia, cometieron la torpeza de lanzarse sobre ellos para desarmarlos, y de aquí las desgracias de una y otra parte que se siguieron. Ignoraban que á la Guardia Civil se puede, en un momento dado, en un día de confusión cuando nadie sabe quién manda ni á quién obedece, hacerla vacilar por la buena fe con que obran sus individuos; pero jamás vencerla, porque su lema es morir antes que dejarse vencer; y en esta ocasión como en otras muchas no miró al número de los que la acometían hiriendo alevosamente á sus individuos sino que reponiéndose como por encanto supo escarmentar á sus adversarios.

Esta parte de las jornadas de julio es la que más se ha desfigurado y donde la calumnia se ha cebado con más encarnizamiento; por ella hasta se intentó manchar con el epíteto de traidores á los individuos de la Guardia Civil, y todo porque no se dejaron desarmar y asesinar como unos cobardes; porque no cedieron ante el furor y las exigencias de las masas amotinadas, porque viendo moribundos á sus compañeros heridos alevosamente, dieron á sus desleales enemigos una lección dura, pero ocasionada por la fatal imprudencia que dio origen á aquellos lamentables sucesos.

Despejada la Plaza continuaban los guardias haciendo un vivo fuego con la vista fija en el arco que da á salida á la calle de Platerías, por donde se había retirado la mayor parte de la gente que antes la invadía, sin pensar ya en otra cosa en vender cara su existencia. En esta disposición se hallaban cuando por la parte opuesta de la Plaza entraron dos Oficiales de Estado Mayor, y dirigiéndose al Comandante le gritaron en tono de reconvención que mandase cesar el fuego, pues comprometía la causa de la Reina y de la patria. Como los guardias y las masas del pueblo oyeron estas voces cesaron unos y otros, y los primeros obedientes á la voz de Patria y Reinaya no se ocuparon en impedir la entrada en aquel punto. Pocos instantes bastaron para que la Plaza se llenase completamente, y los grupos del pueblo irritados é incapaces de apreciar la razón y la justicia que guiaban á aquellos valientes, sacian su furor en algunos guardias ya indefensos y desarmados. En medio de la confusión de escena tan espantosa, diseminados los guardias, cada cual, incluso su Comandante procuró salvarse de la furia popular, habiéndolo logrado varios y entre ellos su Jefe por la mediación de personas de ascendiente que tuvieron que luchar, para conducirles al cuartel de San Martín entre mil peligros, pues á cada momento querían matarles.

Así terminó la sangrienta escena de la tarde del 18 de julio en la Plaza Mayor y calle de Platerías, escena horrible, cuadro desgarrador de que resaltan con los más vivos colores la ciega obediencia y el valor que brillaron de una parte, y la preocupación y la imprudencia que cegaron á la otra, para que ambas derramasen sangre preciosa, porque al fin era de españoles.

Retrocedamos ahora para relacionar los sucesos en que de algún modo figuraron los setenta y cuatro caballos que, como única fuerza de esta arma que había en Madrid, se encontraron en distintos puntos, á las órdenes de diferentes Jefes, y no teniendo un sólo instante de sosiego en los días que duraron las ocurrencias.

Ya hemos dicho en dónde y cómo se encontraba esta fuerza dividida entre los dos cuarteles de San Martín y Guardias de Corps. A las primeras horas de la mañana del 18, se les previno que se presentasen en Palacio, á cuyo punto llegaron sin novedad al mando del Teniente hoy Capitán D. José Palomino. Al poco tiempo se dispuso que saliesen formando parte de una pequeña columna al mando del General Mata y Alós, marchando por las calles de Santiago, Mayor, Puerta del Sol, Alcalá á Buena Vista, donde echaron pie á tierra y permanecieron hasta la una de la tarde, que uniéndoseles dos piezas de artillería rodada se pusieron en marcha hacia la Puerta del Sol, ocupando siempre la caballería la derecha de las piezas. Frente al Principal se hizo un pequeño alto, y la columna regresó de nuevo al palacio de Buenavista sin novedad.

A las tres de la tarde la caballería que nos ocupa formó de orden superior en el paseo destinado á los carruajes en el salón del Prado y allí se dividieron los 74 caballos en tres secciones, al mando respectivamente de dos Alféreces y un sargento. Serían las cinco cuando recibió orden de incorporarse á las tropas y artillería que estaban en Buenavista, y efectuada la incorporación salió una sección mandada por un Oficial (don Pedro Marta) componiendo parte de una pequeña columna á las órdenes del Coronel Gándara, que bajando por el Prado hasta la desembocadura de la Carrera de San Jerónimo, subió luego por ésta y tomó desde la plazuela del Congreso la calle del Prado, haciendo y sufriendo en el tránsito un nutrido fuego, que al llegar á la plazuela del Ángel se hizo tan intenso, en especial el que hacían desde una casa que da frente á la parroquia de San Sebastián, que para acallarle fué preciso batir dicha casa con la artillería y tomarla á viva fuerza. Pero no por esto cesó el fuego en aquella parte, sino que por el contrario, se multiplicó desde otras casas inmediatas, desde las esquinas, boca-calles y todo lo largo de la de Atocha. La sección de caballería no dejó de prestar su cooperación para sostener las piezas, pues hubo momento en que por efecto de la escasísima infantería que las protegía, comparada con la inmensa muchedumbre que por todas partes rodeaba á la columna, algunos paisanos llegaron casi á tocarlas. Tan horroroso era el fuego en esta parte de Madrid, que al anochecer, viendo el Jefe de la columna que las demás fuerzas del Gobierno no cooperaban por otros puntos, como sin duda se había acordado, y que atraía sobre las pocas de que constaba la suya todo el pueblo, se replegó bajando por la calle de Atocha al Prado, y de aquí la sección de caballería marchó al cuartel de artillería, en el que y en la plaza de toros permaneció hasta el día 26 que recibió orden de dirigirse á Villaviciosa.

Las otras dos secciones formando parte de una pequeña columna mandada por el General Mata y Alós, se dirigieron por la calle de San Miguel, Infantas, Hortaleza y Montera; en ésta hicieron alto, situándose ambas secciones á las inmediaciones de la calle de Jardines. Tan intenso era el fuego que se les hacía desde las esquinas de las de Jacometrozo y Caballero de Gracia y desde las ventanas y balcones, que se les mandó envainar las espadas y hacer uso de las carabinas para contestarlo. Al llegar la cabeza de la columna á la Puerta del Sol recibió hasta dos descargas que la hicieron desde la calle de Carretas. Formado la columna se mandó á la caballería colgar las carabinas y sacar las espadas.

En esta disposición, y hallándose la calle Mayor completamente llena de gente, se dio orden para que la primera Sección cargase á todo lo largo de ella hasta Palacio, con el objeto de despejarla para que la columna pudiera marchar con algún desembarazo. El Teniente hoy Capitán D. José Palomino, que mandaba aquella Sección, y Alférez D. José Olivares á sus órdenes, dieron un viva á la Reina, y mandó el primero cargar á discreción y al trote. Esta fuerza sufrió en su carrera, además de un vivísimo fuego, diferentes proyectiles que les arrojaban desde las ventanas y balcones, llegando á Palacio con la pérdida de cuatro guardias y tres caballos heridos y dos de los últimos muertos. Entre los guardias heridos, uno lo fué cobardemente; pues habiendo resbalado y caído su caballo en los adoquines, se le fracturó una pierna al jinete, y sin respetar la dolorosa situación en que se encontraba, se le echan encima una multitud de paisanos, de los cuales pudo defenderse con su espada hasta que fué recogido en el Principal; por fortuna sólo recibió de los que le atacaban una herida en la mano. Hubo además algunos guardias y caballos contusos que no se enumeran, porque siendo tan multiplicado el fuego y tantos los proyectiles arrojados, el que mejor libraba era el que únicamente recibía una contusión. Cerca del anochecer llegaron á Palacio, como dejamos dicho; y como nada hubieran comido en todo el día ni hombres ni caballos, pasaron estos últimos á las cuadras del cuartel de Guardias de la Reina, donde permanecieron aquella noche.

En la tarde del 19 se pidieron y facilitaron cuatro caballos para que acompañasen á un Jefe al Palacio de Buenavista, único servicio que en aquel día prestaron.

Llegada la madrugada del 20, se dispuso que el Teniente Comandante de estas dos secciones montase á caballo y marchara con ellas á Buenavista con un pliego cerrado para el General Mata y Alós. Habiendo emprendido su marcha con las debidas precauciones militares, llegó al Campo de Guardias, donde encontró un guardia de los cuatro que la tarde anterior habían salido acompañando al Jefe á Buenavista. Aquel guardia le manifestó que en los paseos de la Fuente Castellana les habían hecho una descarga, de cuyas resultas se espantó su caballo arrojándole al suelo, quedando tan aturdido del golpe que al levantarse no vio á sus compañeros ni supo la dirección que habían tomado. El Oficial continuó su marcha, penetró en la población por la puerta de Recoletos, y llegando al cuartel de Ingenieros entregó el pliego al Jefe á quien iba dirigido. Dos horas después el General puso á sus órdenes 20 zapadores con un Oficial, entregándole un carro de dinero que debía conducir al Real Palacio. Destacó algunas parejas de caballería para explorar el camino; dispuso que los 20 zapadores escoltasen el carro, y él con la caballería se colocó á retaguardia para sostener y cubrir la marcha, que se efectuó sin novedad, llegando á las tres de la tarde á Palacio. Allí siguió esta fuerza hasta el 27, que recibió orden de dirigirse á Villaviciosa de Odón á fin de incorporarse á las demás que habían salido para el mismo punto.

El 18 por la noche, ó más bien al amanecer del 19, llegó por el ferro-carril el Coronel graduado, Comandante del Cuerpo D. Javier San Martín, con unos 100 guardias que se hallaban destacados en Aranjuez, Tembleque y Alcázar de San Juan. En la estación de Madrid le fué entregada en el momento de su arribo una orden del Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo para que se dirigiese con aquella fuerza al cuartel de San Martín. Ya había principiado á desfilar para cumplimentarla, cuando le advirtieron todo lo ocurrido en la tarde anterior, el estado en que se encontraban las calles del tránsito y el gran conflicto en que se vería envuelto si se dirigía á aquel cuartel, pues que indudablemente tendría que abrirse paso á viva fuerza. En el cuartel de Guardias de Corps, le dijeron, se hallaba muy comprometido en su posición un Oficial del Cuerpo, que desde la noche del 17 se encuentra en aquel punto con sólo la guardia de prevención, y en San Martín hay más de 200 guardias. En vista de esto, y no obstante la expresa orden de su General, guiado sin duda este Jefe por el espíritu de Cuerpo y el honor militar, se dirigió al cuartel de Guardias de Corps y entró en él sin novedad al rayar el alba del 19.

Apenas se posesionó del cuartel procuró reconocer sus alrededores y observó el afán con que los paisanos estaban levantando barricadas en todas sus inmediaciones. Dirigió la palabra á los grupos exhortándoles á que no le hostilizasen, pues éste era el único medio de evitar toda efusión de sangre; empero los ánimos se hallaban desgraciadamente demasiado preocupados contra la Guardia Civil, por la exageración é inexactitud con que se referían los sucesos de la tarde anterior; así es que ningún caso hicieron de las palabras que aquel Jefe les dirigía, sino que por el contrario, á las dos horas el cuartel fué atacado por varios pelotones de gente armada que dirigía sus fuegos contra la puerta, mientras otros procuraban envolver á la Guardia Civil dentro del edificio, á cuyo fin penetraron por el inmediato cuartel del Conde-Duque, que les fué franqueado por un pequeño número de soldados de caballería, que después de haberse separado de sus banderas estaban refugiados en él, añadiendo de este modo á su primer delito la horrible perfidia de entregar á sus compañeros de armas. Atento á los grupos que le hacían fuego, ni remotamente pensaba que pudiera ser vendido en su posición, y mucho menos por tropa del Ejército. Grande en verdad fué la sorpresa que le causó la noticia de que estaban echando abajo un tabique del cuartel del Conde-Duque, con el objeto de sorprenderle por la espalda. Acto continuo mandó al Teniente, hoy Capitán D. Pedro Bentosela, que á toda costa defendiese la puerta, y él marchó con la rapidez del rayo á la cabeza de alguna fuerza á repeler á los que procuraban sorprenderle.

Simples narradores de los sucesos, y no sus panegiristas, no es nuestro ánimo prodigar elogios á éste ó al otro Jefe, por eso pasamos por alto los esfuerzos que el Comandante San Martín, de quien vamos hablando, tuvo que hacer para reprimir el valor de sus subordinados, á fin de que no hicieran pedazos dentro del mismo cuartel á aquellos hombres que se habían introducido allí por una cobarde traición. Si los guardias emplearan contra ellos el mismo encono que ellos demostraban contra la Guardia Civil, seguramente que ni uno solo hubiera salido con vida; pero no fué así. Los repelieron, pero á nadie quisieron herir.

El resto del día se pasó sin ocurrir más novedad que alguno que otro disparo que los grupos dirigían á las ventanas del cuartel, á los que, por disposición del Jefe, no se contestaba.

Al amanecer del día 20 supo que había sido nombrado Capitán General de Madrid y Ministro de la Guerra el General San Miguel; con esta noticia, y viendo que los paisanos, abusando del propósito que de no hostilizarlos se había formado, no cesaban de levantar barricadas para atacar al cuartel, dirigió una comunicación al expresado General, manifestándole que Guardia Civil, siempre fiel á las autoridades legítimas, lo mismo que lo había sido á las anteriores lo sería á las nuevamente nombradas; y que en este concepto le participaba que se encontraba en aquel cuartel con 100 guardias civiles á sus órdenes, prontos á ejecutar las que les comunicase como Capitán General y al mismo tiempo Presidente de la Junta de Salvación. Ninguna contestación recibió sobre aquel escrito; pero el Inspector General del Cuerpo le había avisado que si era tan crítica su situación, saliese por la espalda del edificio al campo y se incorporase á Palacio sin empeñar combate alguno. El Comandante San Martín vacilaba acerca de la resolución que debía tomar. Lanzarse al campo era operación sencillísima, y mucho más mandando 100 valientes guardias, que seguramente no retrocederían ante un triplicado número de enemigos aun cuando éstas fueran de las mejores tropas; pero ¿podía tomar este partido como militar pundonoroso y menos como Guardia Civil, á no ser en un caso desesperado? Él creyó no; porque para efectuarlo tenía que abandonar á merced la multitud los repuestos de varios cuerpos de caballería del Ejército, los efectos de la escuela especial de E.M., y cuantos intereses encerraban los dos edificios de Guardias de Corps y Conde-Duque, lo cual hubiera sido una pérdida de alguna consideración para el Estado. Por otra parte, permanecer allí era exponerse, no á que le venciesen, sino á tener que rechazar con la fuerza cualquiera agresión por parte del pueblo, y él quería evitar la efusión de sangre, completamente inútil ya en aquellas circunstancias.

¡Cuán distante está este modo de pensar noble y generoso de merecer las insidiosas calumnias que con intención pérfida se propalaron por aquellos días y algunos después, diciendo que la Guardia Civil había acuchillado traidoramente al pueblo!. Nosotros retamos á sus autores y á sus propagadores á que nos desmientan, si se atreven, sobre la veracidad de estos hechos. ¡Que nos digan qué fuerza armada viéndose asediada, insultada y que á gritos se pide su exterminio, obraría con la prudencia y circunspección con que obró la Guardia Civil!.

El Jefe de que nos ocupamos tenía también que luchar con otro inconveniente de no pequeña consideración para prolongar su permanencia en el cuartel. La fuerza que tenía á sus órdenes no había comido cosa alguna desde el 18 por la noche, y en la del 20 se hacía ya sentir, como era natural, la falta de comestibles; el hambre comenzaba á asomar su faz terrible en aquel recinto, y el agua, que hasta entonces no había faltado por la precaución adoptada en tiempo oportuno de llenar todos los pilones por si la cortaban, como sucedió al fin, principiaba también á escasear; contratiempo más horrible en días de verano.

Pensativo se hallaba el Comandante por lo apurado de la situación en que se veía envuelto. Las razones expuestas le aconsejaron permanecer en aquel punto para conservar los efectos que allí se encontraban, y por otra parte debía igualmente mirar por la conservación de los individuos que mandaba. Faltábanle agua y comestibles y esto le ponía en gran cuidado. Mientras discurría el medio de salvar los apuros de la situación sin faltar á su propósito de no verter una gota de sangre; mientras le angustiaba el corazón la perspectiva de la suerte que esperaba á los guardias, caso de prolongarse la penosa situación en que se hallaban, éstos, que á fuer de soldados veteranos no carecen de experiencia, conociendo los cuidados que por ellos atormentaban á su Jefe, llenos de abnegación y prudencia, guiados por los sentimientos de que se hallaban poseídas sus almas generosas, comisionan á un guardia para que presentándose al Comandante le hiciera presente en nombre de todos que no se preocupase por la falta de subsistencias, pues que todavía podrían resistir un día más sin comer; manifestándole al propio tiempo que si transcurrido éste no podían salir del cuartel con honor, había aún en la cuadra algunos caballos, con cuya carne podían alimentarse hasta tanto que la autoridad legítima dispusiera de su suerte; y por último, que entretanto allí tenía sus vidas para sacrificarlas al cumplimiento de su deber si así lo creía necesario. ¡Raro contrate!, ¡Sublime virtud!, ¡Abnegación sin límites, que hoy encuentra en la historia el valor que en sí tienen!.

Éstos son, lo decimos muy alto, los sentimientos de individuos de la Guardia Civil, á quienes algunos hombres no queremos calificar, incapaces de apreciar en lo que valen las virtudes militares porque nunca las han poseído, se encargaron de desacreditar. Y esos hombres que han esgrimido sus plumas impregnadas de odio y manejándolas tan indignamente guiados por una miserable venganza, ¿no pudieran haberse tomado el trabajo de analizar los hechos, á fin de no ocultar deliberada ó indeliberadamente el heroísmo que algunas acciones demuestran? Así no tropezarían á cada paso con hechos que por más que se procure desfigurarlos, siempre colocaran á grande altura el nombre de la Guardia Civil. Aquellos guardias á quien con tanta vileza se calumnió entonces, tenían en sus manos el medio de proporcionarse los comestibles que necesitaban, porque el pueblo que tanto les amenazaba y que impedía que entrasen subsistencias en el cuartel que custodiaban, no podía intimidarlos en manera alguna, acostumbrados como se hallaban á luchar uno contra diez, y sin embargo, al odio y al rencor que contra ellos demostraban, contestaron imponiéndose voluntariamente un sacrificio penoso, el hambre y la sed, por no hacer uso de sus armas. ¡Y todo por no querer derramar la sangre de ningún individuo de aquel populacho que los rodeaba é insultaba!.

Al oír el jefe las palabras de aquel veterano; se enterneció; en tales términos, que no supo qué contestarle; y sólo se concretó á pedirle su nombre y la Compañía á que pertenecía. — Mi nombre, contestó el guardia,para nada se necesita, mi Comandante; mi Compañía es la 6.ª del Primer Tercio.— Esta Compañía presta el servicio en la provincia de Guadalajara.

Aunque jamás dudó aquel Jefe de la bizarría y nobles sentimientos de sus subordinados, sin embargo, la tierna escena que ante sus ojos acababa de pasar y que tan directamente le interesaba, le tranquilizó en parte; así que en los angustiosos días del 20 al 22 no pensó más que en mandar comunicaciones al Presidente de la Junta de Salvación, asegurándole la fidelidad de aquella fuerza y pidiéndole órdenes para obrar; empero los avisos particulares que sin duda reciba la Junta de los que se hallaban en las barricadas inmediatas debían neutralizar aquellas en el ánimo de los señores que la componían, y la prueba es que no recibió más contestación que una orden de la Junta en que se le hacía responsable de las faltas que cometiesen sus subordinados dentro del cuartel, y de no poner en libertad unos cuantos carabineros que allí se hallaban; orden que ninguna conexión guardaba con las comunicaciones que él había dirigido ofreciendo sus servicios y pidiendo instrucciones. Así fué, que sorprendido con semejante orden, pasó otra comunicación al Capitán General manifestándole que por los términos en que estaba concebida se infería que la Junta había sido mal informada suponiéndole que tenía presos cierto número de carabineros, cuando allí no existía ninguna clase de presos ó detenidos; y con tanta más razón no los había, cuanto desde la mañana del 20 se había brindado espontáneamente á su autoridad, que fué cuando tuvo noticia de que era la única legítimamente nombrada. A esta comunicación le contestó el Capitán General diciéndole que quedaba enterado de ella, así como del buen espíritu que reinaba entre sus subordinados, á quienes podía tranquilizar acerca de la suerte que les cabría en la situación en que se encontraban.

Por fin, al mediodía del 22 de julio, recibieron orden para dirigirse á Villaviciosa de Odón, á cuyo punto llegaron sin novedad al anochecer del mismo día.

De nuevo tenemos que ocuparnos de la fuerza que se hallaba en el cuartel de San Martín, con el objeto de narrar lo que allí ocurrió desde la noche del 17, en que la dejamos, hasta la conclusión de los sucesos.

Ya dejamos referido lo que sufrió en las primeras horas de tumulto del 17, y cuanta prudencia, cuanta sangre fría, cuanta impasibilidad necesitó el Brigadier para evitar que el paisanaje entrase en el cuartel, manteniéndose en una posición defensiva sin recurrir á la fuerza. Su persuasiva palabra fué la única que empleó.

Ninguna orden recibió en el transcurso de la noche, y en la mañana del 18 dispuso que se abriese la puerta del cuartel como de ordinario, sin que en todo el frente del edificio si advirtiese más aparato bélico que el centinela que siempre había establecido, permitiéndose el libre tránsito á toda clase de personas.

Al poco tiempo empezaron á verse en las boca-calles y esquinas inmediatas grupos de gente armada, algunos de los cuales comenzaron por disparar sus armas contra el centinela que impasible estaba en la puerta del cuartel. Observó el Oficial de guardia que algunos grupos, cubriéndose con la casa que hace esquina por el lado de la fuente de la plazuela de las Descalzas, se aproximaban sin duda para que sus tiros fuesen más certeros, casi á quemarropa, por la poquísima distancia que mediaba. En vista de esta observación, el Brigadier previno al oficial Capitán D. Juan Antonio López, que saliese con cuatro números é hiciese despejar aquel punto. Para conseguirlo cambiaron algunos tiros de una y otra parte, que dieron resultado la muerte de un guardia, cuatro paisanos heridos y uno muerto. Al momento dispuso el Brigadier que se retirase el cadáver del guardia que acababa de morir, y mandó al Capitán que cerrase la puerta y se replegase al cuartel. Con esta operación cesó el fuego á cuerpo descubierto por aquella parte. Aquí debemos hacer justicia al Cabo, hoy Sargento José Rodríguez, escribiente de la Inspección, por su certera puntería en sus disparos.

En este estado, careciendo como carecía de órdenes y noticias de lo que ocurría, mandó que un Oficial y los criados del cuartel saliesen fuera y se enterasen de los puntos que ocupaban el resto de la fuerza del Cuerpo, necesidades que tuviese y demás que se le pudiera ocurrir. Los criados no volvieron y el Oficial cuando regresó dijo que le habían asegurado que la Guardia Civil se hallaba distribuida en varios puntos, y que parte de ella ocupaba la Plaza Mayor, donde no se le había permitido entrar.

Esta noticia le hizo ver al Brigadier Jefe del Tercio que desde los primeros momentos su fuerza había sido desmembrada por órdenes distintas.

En tal estado, sin órdenes, según ya hemos dicho, con poca fuerza dentro del cuartel, ignorante de lo que pasaba en la población, sin conocimiento alguno del plan que podría tener la autoridad y cuya combinación podría frustrarse fácilmente si disponía para algún movimiento de aquella fuerza, y aún privarlo de ella y del punto de apoyo y línea de defensa, que en caso necesario sería San Martín, entre el Real Palacio y la Puerta del Sol, resolvió permanecer en el cuartel á la defensiva, custodiando la Inspección del Cuerpo con su caja y la del Tercio, con todos los intereses que una y otra encerraban, al mismo tiempo que estaría pronto para cumplir cualquiera orden que se le comunicase.

A poco más del medio día principiaron á llegar algunos guardias vestidos de paisanos, de los que habían sido desarmados en los puestos de guardia de la plaza que cubrían, y alguno que otro que había sido cogido fuera del cuartel. Más tarde personas decentemente vestidas acompañaron á los guardias que fueron desarmados en la Plaza Mayor y otros puntos.

Cuando esto pasaba ya habían empezado á construir dos barricadas en las inmediaciones del cuartel, la una en el Pasadizo de San Ginés, y la otra en el Postigo de San Martín, esquina á la calle de la Sartén, construcciones que muy poco cuidado infundían al Brigadier, porque dominándolas desde el cuartel, podría destruirlas cuando quisiese y fuera necesario.

Un paisano, procedente sin duda de la barricada del Pasadizo de San Ginés, se colocó en la esquina de esta iglesia que da á la calle de Bordadores, empezó á cargar su fusil y hacer fuego á las ventanas y balcones del cuartel. Repetidas veces ordenó el Brigadier que se le mandase retirar de allí, que se le amenazase y aun que se le apuntase; pero todo fué en vano. Preciso fué hacerle fuego, si bien con la puntería baja, herido en una pierna cayó al suelo y al momento dispuso el Brigadier que se le recogiese, y en el cuartel fué curado y colocado en una cama hasta el día siguiente que se le trasladó al hospital. Examinado, se le conoció que estaba ebrio, y en los bolsillos se le encontraron algo más de cinco duros, la mayor parte en calderilla, cuya suma manifestó haberla recibido hacía unas dos horas; también se le hallaron unos cuantos cigarros habanos de precio más que regular para su clase. Todo se le conservó religiosamente y á su presencia se entregó el día 19 á los que se encargaron de conducirle al hospital. Llegó por fin la noche sin más novedad que alguno que otro disparo que los paisanos dirigían á las ventanas y balcones, y que no eran contestados desde el cuartel, porque el Brigadier lo había prohibido.

Ninguna orden, ninguna instrucción se le había comunicado, ninguna autoridad había visto en todo el tiempo transcurrido á no ser la del Inspector del Cuerpo á las nueve de la mañana, para que fuesen á Palacio los caballos que había el San Martín y Guardias de Corps.

El día 19 fué pasando como los anteriores, cambiándose alguno que otro tiro y llegando por intervalos alguno que otro guardia disfrazado de paisano al cuartel de San Martín para unirse á sus camaradas.

Por la tarde recibió el Brigadier una comunicación de don Camilo Valdespino que se titulaba Jefe de la barricada que habían levantado en el Postigo de San Martín, esquina á calle de la Sartén, intimándole que se rindiese, á la cual tuvo por conveniente contestar de un modo evasivo, con el objeto de ganar tiempo. Al poco rato se presentaron algunos paisanos, dándose á conocer como comisionados de una Junta, y toma la palabra el que hacía cabeza de ellos, le indicó que se le concedía la faja de Mariscal de Campo si estaba dispuesto á reconocer á la Junta que representaban; pero hé aquí que cuando el Brigadier los estaba despidiendo, rechazando como era consiguiente tal oferta, se presentan nuevos comisionados de otra Junta diferente, haciéndole igual ofrecimiento. A unos y otros contestó como militar pundonoroso desoyendo semejantes proposiciones y diciéndoles que no podía reconocer más que al Gobierno que se nombrase; que la mudanza de éste la procurasen de quien pudieran; y por último, que podían comunicar á quien les enviaba que á nadie se rendiría, así como que tampoco hostilizaría á los que pasasen por la calle. También les rogó que por su parte aconsejasen al pueblo que no le hostilizase ni se propusiera tomar el cuartel por la fuerza, pues teniendo como tenía el deber de conservarlo á toda costa, le pondrían en el duro trance de tener que derramar sangre que nadie seguramente lamentaría más que él, cuyo conflicto podía evitarse respetando la conducta inofensiva que observaría rigurosamente hasta que recibiera órdenes.

Tan noble como enérgica contestación, así como el contenido del oficio de que hemos hablado, no debieron satisfacer al jefe de la barricada de la calle de la Sartén, puesto que de nuevo volvió á oficiarle para que se rindiese por medio de una capitulación, que reconociese á la Junta y contestase cuanto antes.

Ya no había medio de tregua ni dilaciones; sin embargo el Brigadier, aprovechando la coyuntura de que casi á un mismo tiempo se le habían presentado comisionados de parte de dos juntas diferentes, le contestó diciendo que tenía conocimiento de la existencia de más de una Junta, y esto le ponía en la imposibilidad de saber cuál sería la legítima, y de consiguiente de reconocer á ninguna; además de que debía tener presente que al proponerle la entrega del cuartel le proponía lo que á un militar no le es lícito hacer sino en el último extremo y cuando ya se hayan agotado todos los recursos.

No tardó el jefe de la barricada en enviarle otra comunicación noticiándole que se les había unido una batería rodada, y que si no se entregaba le atacaría ó incendiaría el edificio, haciéndole ante todo responsable de la sangre que se derramase.— Si el jefe de la barricada creyó por un momento que podría intimidar al Brigadier hablándole de cañones y de ataques y de incendios, se equivocó completamente; porque no mereció de él otra contestación que decirle en tan categóricas como decisivas palabras, que la responsabilidad de la sangre que pudiera derramarse pesaría sobre aquel que tomase la iniciativa en el rompimiento de las hostilidades.

Ya entrada la noche, el jefe de la barricada de que venimos hablando pidió tener una conferencia con el Brigadier, lo cual accedió éste desde luego, repitiéndole en ella de palabra lo mismo que ya le había manifestado por escrito, añadiendo además que tenía formada la firme resolución de permanecer con toda su fuerza entre las ruinas del cuartel antes que entregarse.

En el mismo estado de alarma é incertidumbre que el anterior se pasó el día 20, sin que en todo él recibiese el Brigadier órdenes ni instrucciones de ninguna clase. Lo más notable que se observó desde el cuartel fué que las barricadas de las inmediaciones habían sido elevadas á mayor altura, dándolas al mismo tiempo más solidez.

Este hecho llamó, como no podía menos, la atención del Brigadier, á quien empezaba á inquietar igualmente la escasez de agua, pues los paisanos no contentos con impedir que los guardias saliesen por ella á la fuente de la plazuela de las Descalzas, habían cortado la cañería en la calle de Jacometrezo. La previsión del Brigadier había hecho que no careciesen también de comestibles, porque en los días 18 y 19 hizo comprar y recoger cuantos artículos de esta clase pasaban por la calle, tomando el pan del que se cocía en el horno de las Descalzas. Sin embargo, todo esto se hubiera concluido seguramente antes de tres días si le llegaran á bloquear en forma.

Los Generales D. Evaristo San Miguel, D. Francisco Valdés y D. Martín Iriarte, se acercaron al cuartel de San Martín, sin duda para informarse del espíritu que animaba al bizarro Jefe que le defendía, quien en el instante les manifestó que era el mismo que le había animado siempre, ser el más firme observador de las órdenes que le comunicase la autoridad legítimamente constituida. Al poco tiempo empezó á correr el rumor de que el General D. Evaristo San Miguel había sido nombrado Ministro de la Guerra y Capitán General de Castilla la Nueva, y á la caída de la tarde llegose á confirmarlo el jefe de la barricada de la calle de la Sartén, como una noticia que obligaría al Brigadier á reconocer á aquella autoridad, y por consecuencia la situación creada. Quiso asegurarse de la veracidad de aquella noticia, y al efecto, después de darle los de la barricada las mayores seguridades, entre otras la de quedarse en rehenes, dispuso que el Comandante Olalla pasase á Palacio para asegurarse de la noticia, el que desempeñó esta comisión y regresó al cuartel, afirmando que era cierto el nombramiento del General San Miguel para Ministro de la Guerra y Capitán General del distrito, y desde aquel momento cesó toda hostilidad.

Parecía natural que al llegar aquí debiéramos terminar nuestra narración; pero todavía nos vemos en la necesidad de continuarla para describir otras escenas y episodios tristes, que no dejarán de ofrecer interés al hombre pensador.

Habiendo reconocido desde luego al nuevo Gobierno, y por consiguiente á la situación creada, era de esperar que contra aquel escudo se estrellasen todas las tentativas de venganza contra un Cuerpo que ya á nadie hostilizaba; pero desgraciadamente no sucedió así. Los criminales, eternos enemigos del orden, que se habían mezclado con los que de buena fe tremolaron en Madrid la bandera de la libertad, bandera que para los primeros era únicamente un pretexto, y que debían manchar con atentados que reprueban los hombres sensatos, los amantes del orden, los verdaderos liberales, no podían desconocer que si aquel Cuerpo se salvaba de la borrasca que contra él habían levantado, volvería á ser lo que antes había sido, el perseguidor incansable de las gentes de mal vivir, el más firme sostén del orden, y de aquí nacía el tenaz empeño con que procuraban el exterminio de sus individuos.

Desde la tarde del 18 en que ocurrieron los desgraciados cuanto lamentables sucesos de la Plaza Mayor, que, como ya hemos dicho más de una vez, fueron desfigurados y explotados por los enemigos de la Guardia Civil, se había corrido por Madrid de uno en otro punto, de una en otra barricada, á manera de consigna, una palabra terrible que encerraba la sentencia de muerte contra los individuos de aquella institución que fuesen habidos; y con tanta exactitud la observaban cierta clase de hombres, que aun cuando los guardias fueran desarmados é indefensos ó cubiertos con un disfraz para librarse del furor sanguinario que los perseguía, eran asesinados cobardemente tan pronto como se les reconocía; hasta se cree que algunos infelices paisanos perecieron de esta manera, por suponérseles guardias civiles. Por fortuna fueron muy pocos los que sucumbieron á un odio tan encarnizado, debiéndose la salvación de los demás que se vieron dispersos á la sensatez y humanidad de algunos vecinos de Madrid que se apresuraban á abrir sus puertas al que veían acosado, á disfrazarle y ocultarle á la vista de sus asesinos, que no merece otro nombre el que da muerte á su enemigo cuando le ve imposibilitado de defenderse. Y aquí debemos consignar que no faltaron hombres que expusieron su vida por salvar la de algunos guardias, parando con sus cuerpos los golpes que contra éstos se asestaban. Sentimos en el alma no poder publicar los nombres de tan buenos ciudadanos; pero nos consta que entre los muchos que de este modo humanitario se portaron, fué uno D. Santiago Cordero y D. Pedro Juan Amat.

El nuevo Capitán General, á cuya ilustración no podía ocultarse el móvil que hacía recaer tal animosidad contra un Cuerpo cuyas virtudes conocía y había apreciado antes como historiador militar, animado de la mejor buena fé y guiado por el mejor deseo, quiso sin duda dar un público testimonio del aprecio que al nuevo gobierno le merecía la Guardia Civil. Al efecto, después de recorrer varias barricadas y cuarteles, se presentó á caballo delante del de San Martín, seguido de gentío inmenso, en su mayor parte armado. Estrechó la mano al Brigadier delante de los espectadores, y victoreó á la Reina y á la libertad. Seguidamente dirigió la palabra al pueblo, manifestándole que la Guardia Civil merecía el aprecio del Gobierno, que depositaba en ella su confianza por la acrisolada lealtad y demás relevantes prendas que adornaban á sus individuos, que contaba con ella, porque ni un momento dudaría de su fidelidad, volviendo por último á repetir los vivas que anteriormente había dado, añadiendo otro á la Guardia Civil, que fueron contestados con desdeñosa frialdad por el pueblo que le escuchaba. Vuelve su caballo para retirarse, invitando al pueblo á que le siga, como hasta allí lo había hecho; empero ¡vana ilusión!, el pueblo se mantuvo inmóvil. De nuevo le dirige la palabra, de nuevo le arenga y repite los vivas, y de nuevo ruega al inmenso gentío que le siga, nada adelanta el anciano General, porque el pueblo no sólo se muestra sordo á sus palabras sino que instantáneamente empieza á gritar muera la Guardia Civily á pedir que entregue las armas. El General hace cuanto le es posible hacer en tales circunstancias y en tan críticos momentos para acallar el griterío; pero su voz no es escuchada, y despreciando su presencia algunos atrevidos quisieron penetrar en el cuartel. Nada les importan las palabras del respetable General San Miguel, nada, como hemos dicho, ni su presencia, ni las venerables canas del anciano que tantas desgracias evitó en aquellos días. Para fraternizar con el pueblo había dispuesto el General que salieran á la calle algunos números de la guardia de prevención, entre ellos el Sargento. En vez de abrazarse con los guardias, como el General deseaba, los desarman, los golpean, les arrancan los correajes y la ropa y en el más lastimoso estado, sufriendo golpes é insultos son llevados de calle en calle hasta que algún hombre compasivo salía á su defensa exponiendo su vida para salvarlos. Uno de los que más sufrieron fué el Sargento de la guardia, que en medio de la confusión se vio amenazado de muerte, consiguiendo librarle algunas personas bien portadas que formando círculo alrededor de él alejaron á los que le maltrataban; después le ocultaron en una casa, desde donde por un paisano de confianza mandó al cuartel las llaves del calabozo que tenía en la mano en el momento de ser desarmado.

Viendo el General el mal estado de los ánimos, mandó cerrar la puerta del cuartel; y echando pie á tierra, se colocó delante de ella como para servir de escudo contra el furor popular á los que dentro se encerraban. Desde allí volvió á arengar á los que se atrevían á faltar á lo que él, en nombre del pueblo, había prometido; desde allí los exhortó otra vez á que desistiesen de su intento......pero otra vez también fué en vano; sus arengas apenas eran escuchadas. Momentos hubo en que creyendo el General en la buena fe de las protestas de aquella gente, llevado de su deseo de que cesase toda animosidad, dispuso que salieran 20 ó 30 guardias para fraternizar con el paisanaje. Desgraciadamente no podía llevar á término feliz sus loables intenciones, porque en el momento que se abría la puerta comenzaban con más furor las exigencias y había que desistir de aquel propósito.

En honor de la verdad y pagando un justo tributo de agradecimiento, debemos consignar aquí que la fuerza armada de las barricadas que había en las inmediaciones del cuartel de San Martín, prestó en esta ocasión un servicio importante. Presentose formada en ala delante de la puerta del cuartel, hizo despejar la acera, y después, por medio de una conversión que ejecutó á derecha é izquierda, dividió en dos partes á la masa de gente allí reunida, dejando casi desalojada la puerta.

Fatigado el anciano General por lo mucho que había lidiado con el gentío, y creyendo por lo visto que ya no tendría la cuestión ulteriores resultados, que su conclusión sería obra de más ó menos tiempo, se retiró; pero dejando á su Ayudante el Coronel Sarabia, que en unión de los jefes de las barricadas y otras personas influyentes consiguió al cabo de seis mortales horas que se retirase la gente y dejase despejada la calle.

El servicio que prestaron aquellos señores es de aquellos que nunca se recompensan suficientemente, porque para apreciarlos en lo que valen es necesario presenciarlos y ver los peligros que se corren y la paciencia que hay que emplear para convencer á un pueblo que ha roto los diques de la obediencia y que en su desbordamiento no conoce más ley que su omnipotente voluntad; fué un servicio de aquellos que proporcionarán al escritor una dulce satisfacción al publicarlo para que sirva de útil enseñanza y ejemplo digno de imitación. ¡Cuántas y cuántas desgracias hubieran ocurrido el 21 de julio en frente del cuartel de San Martín, si la firme decisión, la sin igual constancia del Ayudante Sarabia y de las personas citadas, no hubieran evitado un choque que parecía inevitable! ¿Cuál hubiera sido la causa del derramamiento de aquella sangre? ¿Cuál el fruto? ¿Quien hubiera sido responsable de las vidas de los que perecieran en una lucha totalmente inútil? ¿Lo sería el Brigadier que mandaba la fuerza? De ninguna manera, porque aquel Jefe no podía obrar con más prudencia de la que obró; además, por mucha influencia que sobre sus subordinados tuviera; por más que la Guardia Civil fuera un Cuerpo modelo de disciplina y abnegación, ¿Podía lisonjearse de contener á los guardias hasta el extremo de dejarse desarmar y maltratar impunemente?. No. Bastante habían sacrificado ya su amor propio como militares, por no causar desgracias que á nada conducían.

Nosotros nos complacemos en consignar aquí los laudables esfuerzos del Coronel Sarabia, de los Jefes de las barricadas y de las personas que contribuyeron también la tarde del 21 á que el pueblo desistiera de un empeño que le hubiera costado no pocas víctimas y la sin igual prudencia y firmeza que el Brigadier Jefe del Primer Tercio demostró en tan críticas circunstancias, en las que no dejándose ultrajar, supo mantenerse á la defensiva y conservar su fuerza sin derramar una gota de sangre. Increíble parecería á no haberlo visto tamaña insistencia en querer desarmar á la Guardia Civil, cuando ningún objeto tenía, puesto que sus individuos no habían hecho otra cosa que cumplir con su deber como militares; ni creemos que se haya visto oponer á exigencias de tal naturaleza más constancia, más firmeza ni más prudencia que la que entonces se opuso. ¿Y todo por qué? Por no causar desgracias.

Viendo el Brigadier que le era imposible hacerse oír en la calle, porque su voz se perdía entre el clamoreo de las turbas, se asomó por dos voces al balcón y desde allí procuró calmar los ánimos; empero cuando parecía acallarse algún tanto el griterío, no faltaban personas indignas de pisar el suelo de esta patria, madre de tantos y tan generosos héroes, que excitaban á las masas con el gesto y la palabra, y de nuevo y con más furor comenzaban las exigencias.

Dotado el Brigadier de un tacto poco común, de una firmeza de ánimo á toda prueba y de una circunspección y sangre fría en que pocos le igualaran, debió padecer moralmente en aquellos días más que en toda la campaña y más que en los muchos peligros y azarosas circunstancias que le habrán rodeado en su larga y brillante carrera militar. ¿No es una virtud sublime, digna del más elevado premio, permanecer impasible ante una multitud ávida de sangre, intentando desarmar la fuerza que mandaba para vengar en ella supuestas traiciones que jamás habían cometido ni cometerán los individuos de la Guardia Civil? Y sin embargo, todo lo venció su prudencia y su sangre fría.

La orden que recibió del General San Miguel era para que permaneciese en el cuartel, mas esto ofrecía serias dificultades. Mil y mil rumores á cuál más absurdos circulaban respecto á la Guardia Civil; quién decía que estaba prisionera en su cuartel; quién que iba á ser disuelto el Cuerpo; quién que algunos guardias serían castigados severamente; y á estos rumores daba en cierto modo pábulo la situación anómala y comprometida en que nuestros compañeros se hallaban. Ésto decidió al Brigadier á presentarse al General, que hallándose ocupadísimo con infinidad de personas, le envió á la Junta de salvación. Ante los señores que la componían expuso el objeto que allí le llevaba, manifestando que si se extinguía el Cuerpo le facultasen para expedir pases á los guardias á fin de que marcharan á sus casas, y si había de continuar se les destinase de nueva á las carreteras á prestar su servicio especial. Con todo, nada se resolvió por la Junta ni en aquel día ni en los sucesivos, por más que el Brigadier insistió en su petición.

Por fin, vino á saber que no se había resuelto el primer día que la fuerza saliese á las carreteras por el temor de que fuese atropellada en los pueblos, y nada tenía de extraña esta creencia de los Sres. de la Junta, puesto que ellos se atenían á lo que oían y veían en la capital.

A las seis de la mañana del día 26 salió el Brigadier á cabeza de toda la fuerza del cuartel de San Martín, con dirección á Villaviciosa de Odón, y el 28 la distribuyó en las provincias y pueblos que antes ocupaba. Reclamó la que había quedado diseminada en Madrid, á la cual según fué llegando la dio el destino que la correspondía hasta que concluyó de distribuir toda la del Tercio, sin que hubiese sufrido más vejaciones que las que le hicieron los criminales que se albergaban en Madrid y sus inmediaciones.

Entonces ¡raro contraste!, se vio que los Oficiales, sargentos, cabos y guardias que habían sido destinados á puntos distintos de los que ocupaban antes de la revolución, eran buscados por las autoridades salidas de ella y reclamados por la autoridad superior para que volviesen á prestar el servicio donde eran ya conocidos por sus virtudes. Ésta es la prueba más palmaria de que la Guardia Civil no había desmerecido en el concepto público que había sabido conquistar á fuerza de tiempo y sacrificios. En las poblaciones pequeñas hay algunos malhechores, pero como los conoce todo el mundo no se atreven á levantar la voz contra los defensores de la moralidad pública, y si se atrevieran caería sobre ellos toda la reprobación de sus honrados convecinos.

La Guardia civil, admiración de nacionales y extranjeros, ha escrito su historia con la sangre de sus veteranos, de modo que las calumnias y el odio que contra ella se vertieron no llegaron siquiera á empañar su buen nombre fuera de los muros de la Corte ni dentro de ella, no siendo por contados criminales; porque en aquellas ocurrencias, lo mismo que en todas las que se le mandó tomar parte, jamás tuvo otra aspiración que la de cumplir fiel y puntualmente con las órdenes que se le comunicaron.

He aquí pues la narración, exacta, sencilla y completamente descarnada de la parte que tocó á la Guardia Civil en los lamentables sucesos que presenció Madrid en el mes de julio de 1854; nadie se atreverá á desmentirnos, estamos seguro de ello; no obstante de que el lector por escasa que sea su memoria advertirá una gran diferencia entre lo que dejamos consignado, y lo que algunos periódicos políticos que por entonces se publicaban y otros muchos á que dieron nacimiento aquellas circunstancias, arrastrados por el ciego espíritu de partido, que no se detiene ante la falsedad y la mentira cuando una y otra convienen á sus intereses, se atrevieron á propalar, con el miserable objeto de halagar en su desbordamiento las pasiones populares, para ver cada cual de los interesados en ello cumplidos sus particulares fines. Los periódicos que insertaron tales noticias abusaron sin duda en aquellos días de completa y absoluta libertad en que quedaron para publicar cuanto les vino al antojo. Nada respetaron; á las tropas Ejército que en escaso número componían la guarnición de Madrid las injuriaron atrozmente; y olvidándose de que eran soldados españoles, intentaron hasta manchar su honra con el estigma de la cobardía, y todo por enaltecer las fabulosashazañas de los héroes de las barricadas. Muy escasa era guarnición de Madrid en aquellas tristísimas circunstancias; á penas llegaba á 3,000 hombres de todas las armas; y sin embargo, si desde el momento en que el ministro Sartorius presentó su dimisión, las nuevas autoridades se hubiesen revestido ante todo de energía y hubiesen tomado desde un principio las debidas precauciones, y se hubiesen comunicado á todas las fuerzas existentes en Madrid órdenes terminantes, y se les hubiese dado la conveniente distribución, ocupando desde luego con imponente aparato los puntos que en tales casos son siempre de mayor peligro, en nuestra humilde opinión, la tranquilidad pública no se hubiese alterado en la capital de la monarquía en los términos en que tan dolorosamente la vimos.

Concluiremos este imparcial relato con la relación nominal de los heridos y muertos que tuvo en aquellos sucesos la Guardia Civil del Primer Tercio.

Clases.

Nombres.

Muertos.

Heridos.

Primer Capitán

D. Félix Fernández Soto.

»

1 de gravedad.

Teniente.

D. Francisco Lleck.

»

1 de Id.

Subteniente.

D. José Rodrigo.

1

»

Sargento 1º.

José Olivera.

»

1

Cabo 1º.

Félix Quevedo.

1

»

Otro Id.

José Ferreiro.

1

»

Cabo 2º.

Aniceto Lago.

1

»

Otro Id.

Antonio Navarro.

»

1

Otro Id.

Tomás Quintana.

»

1

Guardias.

Máximo Rodríguez.
Miguel Corredeira.
Ramón Ruiz Pérez.
Martín López.
Pedro Ramírez.
Cristóbal Milán.
Braulio Sacristán.
Miguel Guerrero.
D. Juan Calvo.
Eleuterio Bayón.
Felipe Sánchez.
Juan Navarro.
Valentín Mañas.
Domingo Cruz.
Bernardo Virún.

»
1
1
1
»
»
»
»
»
»
»
»
»
»
»

1
»
»
»
1 de gravedad.
1 de Id.
1
1
1
1
1
1
1
1
1

 

Total.

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17

El Brigadier Jefe del Primer Tercio, en Villaviciosa de Odón, á donde se había mandado reunir toda la fuerza del mismo que se había concentrado en Madrid, la distribuyó á los puntos y puestos que antes ocupaban, y desde luego continuó esta fuerza con su acostumbrado celo cumpliendo con su deber; y así vemos registrados servicios prestados desde el mes de agosto del año que nos ocupa en adelante, como la captura de dos ladrones por el Sargento segundo José Compañ, Comandante del Puesto de Espinar, provincia de Segovia, acompañado del Guardia de segunda clase Eustaquio de Frutos; el eficaz auxilio prestado á la autoridad de Urda, provincia de Toledo, por los individuos del Cuerpo de dicho Puesto, para restablecer el orden y capturar á los autores de las heridas inferidas á algunos vecinos del mismo pueblo, en el alboroto que se promovió el día 22 de dicho mes, y en el cual se condujo la Guardia Civil con la firmeza y prudencia que la caracteriza; la captura de un desertor del presidio de Alcalá de Henares el día 2 de Septiembre por los guardias Nicolás Martínez, Bartolomé Palomino, Tomás Esteve y Manuel Coca, y otros muchos servicios que de muy buena gana quisiéramos dejar consignados.

Por Real decreto de 1.° de agosto de 1854 fué por primera vez relevado del cargo de Inspector General de la Guardia Civil, el Teniente General Duque de Ahumada, y nombrado por otro Real decreto de la misma fecha para reemplazarle, el Teniente General D. Facundo Infante. Ya que al Cuerpo se le privaba de la dirección del ilustre General que lo había organizado y que por espacio de diez años consecutivos lo había mandado, la elección para nombrarle un sucesor no podía se más acertada. El General D. Facundo Infante, que había sido desterrado á las Islas Baleares por el Ministerio Sartorius, se hallaba encargado de la Capitanía General de dichas Islas, cargo que en su destierro aceptó á ruegos del anterior Capitán General de dicho distrito, el Teniente General D. Fernando Cotoner, y de los individuos de la Junta provisional que se formó en la capital de dicha provincia al saberse los acontecimientos de la Península. Hasta el 22 de agosto no pudo encargarse de la Inspección General de la Guardia Civil, que desempeñó entretanto el Brigadier Jefe del Primer Tercio D. Antonio María Alós, autorizado para ello por Real orden de 2 del indicado mes de agosto.

Vamos á dar siquiera muy brevemente algunas noticias biográficas del segundo Inspector General de la Guardia Civil.

Nació D. Facundo Infante en Villanueva del Fresno, pueblo de la provincia de Badajoz, el día 19 de febrero de 1790. Al estallar la guerra de la Independencia se hallaba estudiando en Sevilla; marchó á la capital de su provincia, y el 17 de Septiembre de 1808 fué nombrado por la junta de ella subteniente del regimiento de infantería creado en aquellas gloriosas y terribles circunstancias con el título de Leales de Fernando VII. El 22 de junio de 1809 se halló en la acción que tuvo lugar en los campos de Velada; en los días 26, 27 y 28 de julio de mismo año, en la batalla de Talavera de la Reina, y por su comportamiento en estas jornadas fué ascendido á Teniente en 28 de octubre de igual año. En 1810 concurrió á la retirada que mandó el Duque de Alburquerque desde el Tajo hasta la isla de León, y extinguido el Cuerpo á que pertenecía pasó al Regimiento Infantería de Irlanda.

En 1811, siendo su regimiento uno de los Cuerpos que defendían la isla de León, en el porfiado sitio que sufrió, don Facundo Infante asistió á la salida que las tropas españolas hicieron por la parte de Sancti-Petri, y á la batalla de las inmediaciones de Chiclana; formó parte de la expedición que al mando del General Zayas salió para el condado de Niebla, siendo herido en el encuentro y sorpresa de los franceses que ocupaban á Moguer, donde el enemigo quedó derrotado; el 26 de mayo de dicho año se halló en la gloriosa batalla de la Albuera, donde por su comportamiento se le confirió el grado de Capitán; en la madrugada del 1.° de julio asistió al asalto del castillo de Niebla; fué en la expedición que salió después para Levante á las órdenes del citado General Zayas, y se halló en las acciones de Zujar en 9 de agosto, de Puzol en 25 de octubre y de los campos de Mislata el 26 de diciembre.

En 1812 asistió con su regimiento al sitio, bombardeo y rendición de Valencia, donde quedó prisionero de guerra de los enemigos; no quiso tomar partido con ellos, y el 17 de marzo logró fugarse, yendo á incorporarse á sus banderas á la isla de León, en cuyo sitio prestó todo el servicio de destacamentos y avanzadas desde abril á julio; en la misma época se embarcó para Huelva con la expedición al mando del General Cruz, y en 27 de agosto se halló en la reconquista de Sevilla. En 1813, incorporado su regimiento al Tercer Ejército, se halló en 13 de junio en la acción del puerto de Cárcel, el 26 en el combate del puerto de la Ollería y después en los bloqueos de las plazas de Tarragona y de Tortosa. En 2 de marzo de este año obtuvo la cruz concedida por la batalla de Talavera. En 1814, llevado el Ejército francés en retirada hasta su país, concurrió Infante á todas las operaciones que hicieron las tropas españolas hasta expulsar á los enemigos de la Península; llegó hasta Olerón en Francia, se halló en el paso del Adour el 13 de abril, cuando la guarnición de Bayona hizo una salida con el objeto de impedirlo; continuando hasta que la paz general puso feliz término á los trabajos de aquella gloriosísima guerra. En 1815 continuó don Facundo Infante en su regimiento; por diploma de 31 de mayo le fué concedida la cruz de distinción por la batalla de Albuera. En 2 de abril de 1816 pasó al Regimiento de Zapadores Minadores Pontoneros, creado entonces; en 11 de octubre se le concedieron las cruces de Chiclana y Tercer Ejército, y en 29 de diciembre fué nombrado Capitán efectivo. En 1817 fué nombrado por el Ingeniero General, Capitán de la Compañía de Caballeros Cadetes del mismo Cuerpo. En 1819 tuvo que emigrar al extranjero á causa de sus conocidas opiniones liberales.

Desde el año de 1820 comenzó á figurar en política el General Infante, habiendo prestado grandes servicios á la causa constitucional desde dicho año al de 1823. En 6 de marzo fué nombrado por la Junta establecida en San Fernando, primer Ayudante del E.M.G., del Ejército, es decir, Teniente coronel, cuyo nombramiento fué aprobado por S.M., por despacho de 30 de agosto. Se halló en las ocurrencias del 7 de julio de 1822. En agosto del mismo año persiguió eficazmente á las facciones que se levantaron en la provincia de Toledo. En 1821 fué elegido diputado á Cortes por su provincia para la legislatura de 1822 á 1823, y en la misma fué nombrado Secretario del Congreso cuando el General Riego fué elegido Presidente. Previa la autorización de las Cortes, en 24 de mayo de 1823, fué nombrado Subinspector de todas las tropas de Infantería del Ejército acantonadas en San Fernando, inclusa la Milicia Nacional; por esto y por haber votado en Sevilla la incapacidad del Rey, fué después condenado á muerte, cuando ya se hallaba emigrado en país extranjero. El 16 de julio de 1823, en los últimos días de la revolución, cuando la columna del Coronel Casano fué batida y dispersa por los franceses en el camino de Chiclana á la isla de León, herido dicho Coronel y otros muchos que quedaron en poder del enemigo, Infante reunió los restos de la columna, rehaciéndola y conduciéndola de nuevo al combate y rechazando al enemigo, logrando al propio tiempo recobrar á Casano y demás heridos. Disuelto el Ejército constitucional, se vio precisado á emigrar al extranjero en octubre del mismo año.

Habiendo entrado los franceses en Cádiz en 1823, tuvo que refugiarse en Gibraltar con otros muchos de sus amigos políticos; y consultándose mutuamente lo que deberían hacer en tan aflictivas circunstancias, determinaron embarcarse para nuestras colonias del Continente americano, donde esperaban no ser perseguidos y vivir siendo útiles á su patria ofreciendo sus servicios al Virey del Perú. Embarcáronse y llegaron al Brasil. D. Facundo Infante, siempre firme en su propósito de pasar al Perú, emprendió un largo y penoso viaje por tierra de más de mil leguas para ir desde Río Janeiro á la capital de la América del Sur; invirtió cuatro meses en dicho viaje, y llegó á principios de 1825 sin tener noticia alguna de lo que pasaba en aquellos países. Ya la revolución se había consumado, y con la derrota de Ayacucho, España había perdido su rica colonia peruana. Infante tenía relaciones de amistad particular con el Presidente Sucre, que le estimaba mucho porque conocía su capacidad para los negocios; y aunque en su triste condición de inmigrado y perentoria necesidad de proporcionarse recursos había recurrido en ocasiones á este distinguido amigo, se resistió largo tiempo á aceptar ningún cargo público; no obstante, las instancias del General Sucre le obligaron á aceptar en 1826 el Ministerio del Interior, que desempeñó por espacio de dos años, hasta que terminó la presidencia de dicho General. Dicho elevado cargo lo admitió D. Facundo Infante con las tres siguientes condiciones: 1.ª Que no había de ser perseguido ningún español como hasta entonces sucedía; 2.ª Que él no había de ratificar ninguna medida que directa ó indirectamente atacara los intereses de España; y 3.ª Que si ocurría en algún tiempo el desembarco de alguna expedición española se retiraría de su puesto y saldría del país inmediatamente. Estas tres condiciones demuestran cuan arraigado estaba en el General Infante el amor á su patria, cuando en días para él de tanta amargura, proscrito, sentenciado á muerte, sin ver un fin próximo á males y desgracias de tanta magnitud, llevaba su delicadeza hasta tal extremo. Acerca de la manera cómo se condujo D. Facundo Infante mientras desempeñó el cargo de Ministro del Interior de la república del alto Perú, en una obra publicada no ha muchos años, hemos leído lo siguiente: «A pesar de haber vivido y figurado en el país más rico del mundo, Infante salió pobre de él, y pobre vino á Francia después de la revolución de julio, y por último á España en el año 34».

En abril de 1834 volvió á pisar el suelo patrio después de tantos años de emigración. El partido constitucional no podía olvidar sus anteriores servicios; y así la Reina Gobernadora, por Real orden de 27 de octubre, le nombró Jefe interino de la Plana Mayor del Ejército de Valencia; por Real despacho de 22 de diciembre, Gobernador civil de la provincia de Soria, en cuyo destino contribuyó mucho á la destrucción de las facciones levantadas por el famoso guerrillero cura Merino, y á que éstas no se fomentasen. En 8 de abril de 1835 fué nombrado Oficial de la Secretaría del Ministerio de la Guerra, encargándosele la sección de campaña; con fecha 10 de dicho mes obtuvo el grado de Coronel, y en 28 del mismo la gracia de Secretario de S.M., con ejercicio de decretos. En 14 de octubre se confirió S.M., en propiedad el importante destino de Subsecretario del Ministerio de la Guerra que estaba desempeñando interinamente. En aquella época desempeñaba interinamente dicho Ministerio D. Juan Álvarez y Mendizabal y se decretó la famosa quinta de 100,000 hombres que salvó el trono y causa de Doña Isabel II, y entonces el General Infante fué quien organizó todo cuanto se hizo relativo á Guerra. El estado de su salud le obligó á hacer renuncia del alto cargo de Subsecretario del Ministerio de la Guerra. En 18 de Septiembre del mismo año fué ascendido á Brigadier, y en 28 le fué conferido el Gobierno militar de la plaza de Madrid; también fué en dicho año elegido diputado á Cortes para las Constituyentes. En 1.º de marzo de 1837, habiendo enfermado el Conde de Almodóvar, Ministro de la Guerra, fué nombrado interinamente para tan elevado cargo, que desempeñó muy á satisfacción de S.M.

En el mismo año ocurrió la aproximación á Madrid del Ejército carlista con el Pretendiente á su cabeza; D. Facundo Infante salió de Madrid con toda la caballería disponible y hostilizó con ella á los carlistas. En 1838 y 1839 fué elegido Diputado á Cortes, y en el segundo de estos años fué nombrado segundo Cabo de la Capitanía General de Valencia, donde prestó grandes servicios, que merecieron justos elogios General D. Leopoldo O-Donnell, Jefe entonces del Ejército del Centro, y que en 26 de mayo fuese agraciado con la cruz de tercera clase de San Fernando. Fué propuesto para Senador por la provincia de Castellón, y el Gobierno lo eligió, y desde entonces tomó asiento en el Senado. En 4 de Septiembre de 1840 fué promovido á Mariscal de Campo; pero por los acontecimientos políticos de aquel año no obtuvo el Real despacho de dicho empleo hasta el 5 de diciembre en que fué nominado Gobernador militar de la plaza de Barcelona y segundo Cabo de la Capitanía General de Cataluña. En el mismo año, antes de que la Reina Gobernadora efectuara su embarque, hallándose en Valencia le nombró Ministro de la Guerra, cargo que renunció en atención á la gravedad de las circunstancias porque entonces pasaba la nación, y aconsejó á S.M., que llamase al Duque de la Victoria.

Por Real orden de 6 de enero de 1841 fué nombrado Jefe político en comisión de la provincia de Barcelona. También fué por entonces Secretario del Senado, y en 21 de mayo fué nombrado Ministro de la Gobernación de la Península, que desempeñó hasta el 17 de junio de 1842, dando pruebas de su gran capacidad y creando muchas escuelas de instrucción primaria y los institutos de instrucción pública de Albacete, Murcia, Cáceres y Córdoba. En 1843, siendo Senador, fué nombrado en las difíciles circunstancias de aquel año Capitán General de Granada; y después de aquellos sucesos, fiel á sus principios políticos, pidió y obtuvo Real licencia para viajar por el extranjero, donde permaneció hasta enero de 1847 en que regresó á España para ocupar en las Cortes su puesto de Diputado por el distrito electoral de Betanzos. Por Real decreto de 15 de marzo de 1848 fué ascendido á Teniente General. Por Real decreto de 24 de junio fué nombrado Consejero en clase de ordinario del Consejo Real, y por Real decreto de 6 de octubre Senador vitalicio del Reino. Desde agosto de 1854 á octubre de 1856 desempeñó á un tiempo los dos importantísimos y elevados cargos de Inspector General de la Guardia Civil y Presidente de las Cortes Constituyentes. En la actualidad es Consejero de Estado.

En efecto, nadie mejor que un personaje de tanta capacidad y experiencia en los negocios públicos, y de tan honrosos antecedentes como el General D. Facundo Infante, podía ser elegido para ponerse al frente de la Guardia Civil en las críticas circunstancias de una revolución, que nacida de abajo, tendía á variar lo existente, en cuya efervescencia había pedido la extinción de dicho Cuerpo, y en que era de esperar que los criminales se aprovecharían de ellas para ver si en medio de los disturbios que pudieran sobrevenir, á nombre de la libertad, podían dar el golpe de gracia á la institución. No bien hubo llegado á Madrid el General Infante el 22 de agosto de 1854, y encargándose de la Inspección General del Cuerpo, hizo que por el Ministerio de la Gobernación se pasase una circular enérgica á todos los Gobernadores de provincia, con fecha 26 de dicho mes, para que sin consideraciones de ninguna especie, y con la mayor firmeza y energía, procurasen reprimir todos los desórdenes y manifestaciones injustas hechas contra la Guardia Civil, que jamás se había salido del estricto cumplimiento de su deber; entregando á los tribunales á todos los que cometiesen cualquiera especie de atentado contra los individuos del Cuerpo; el mismo General en persona tuvo que salir en defensa de algunos Guardias en las calles de Madrid, en que fueron insultados.

En el mismo año, el desprendimiento de los Guardias que se volvieron á reenganchar, además de producir sumas de mucha consideración al Tesoro, fué una prueba más de la alta moralidad de los individuos del Cuerpo, haciéndolos acreedores á que por el Ministerio de la Guerra se expidieran órdenes muy honoríficas para ellos, y á que se les concedieran singulares distinciones, como concesión de abono de un año para los premios de constancia, cruces pensionadas de María Isabel Luisa, y á veces hasta no permitirles renunciar al premio del reenganche.

El General don Facundo Infante, procediendo en el desempeño de la Inspección General del Cuerpo, con el tino y tacto que era de esperar de su gran experiencia, conoció desde luego que la marcha establecida por su digno antecesor era la más adecuada y aceptable, y como hombre de Estado que no mira más que á lo que puede reportar bien á la nación, y no á las circunstancias especiales en que ésta á veces pueda encontrarse, la siguió como hemos dicho en páginas anteriores, sin variarla en un ápice.

En el año de 1855, cuando ya hasta en las masas del pueblo no se oía una voz contra la Guardia Civil, un señor diputado, el Sr. Llanos, el día 30 de junio, tomó la palabra en las Cortes para pronunciar un tremendo discurso contra la institución; discurso en que el orador dio á conocer que no poseía los menores conocimientos de lo que impugnaba, y que fué oído con sumo desagrado por todos los Sres. Diputados. No obstante, no debía quedar sin respuesta. El General Infante, abandonando la silla de la Presidencia del Congreso, como Jefe del Cuerpo que tan injusta y solemnemente había sido atacado á la faz de nación, salió á su defensa, y ocupando acto continuo la tribuna, pronunció una brillante improvisación, pulverizando los injustos cargos hechos por el Sr. Llanos, probando con multitud de hechos la moralidad de los individuos del Cuerpo y los inmensos beneficios que la institución reporta á la nación. Sentimos no poder insertar íntegro tan brillante discurso. De la misma manera y con muy atinadas razones sostuvo en el Congreso contra lo expuesto por el Diputado de la izquierda Sr. Figueras, la conveniencia de mantener la organización militar que tiene la Guardia Civil, y que la cantidad asignada para el acuartelamiento estuviese consignada al presupuesto del Ministerio de la Gobernación; deshaciendo así errores en que no es extraño que incurran personas ilustradas, por no conocer á fondo la institución.

Mientras estuvo armada la Milicia Nacional desde 1854 á 1856, muchos criminales, abusando de los permisos manuscritos y gratuitos que para llevar armas daban los Alcaldes á los milicianos, vagaban armados por los campos, sin que la Guardia Civil pudiese comprobar la autenticidad de los permisos por ser estos manuscritos; el General Infante consiguió del Ministerio de la Gobernación que con fecha 30 de enero de 1856 pasase una circular á todos los Gobernadores de provincias, haciéndoles varias prevenciones que debían trasladar á los Alcaldes sobre la concesión de los citados permisos, los cuales debían ser en adelante impresos y con arreglo al modelo que se acompañaba, el cual fué también circulado á todos los Puestos de la Guardia Civil.— Véase, pues, por estas disposiciones y otras muchas que sería prolijo enumerar, cuánto y con qué acierto en tan críticas circunstancias como las que hemos presenciado en su época, trabajó el General Infante durante el tiempo que desempeñó la Inspección, en beneficio de la institución, y por mantenerla en el estado á que había llegado y en el prestigio que con sus hechos había sabido conquistarse. Nosotros, que hemos sido testigos de las exigencias que personas de posición, alucinadas con las exageradas noticias que se habían hecho circular, tenían respecto á la Guardia Civil, podemos asegurar que sólo á su influencia, á su ilustración y especial tino, quizá se debió que esas mismas personas desistiesen del empeño con que venían á las Cortes de interesarse para que se disolviese la Guardia Civil.

He aquí ahora el resumen de los servicios ordinarios prestados por el Primer Tercio en el año de 1854.

Delincuentes.
Ladrones.
Reos prófugos.
Desertores.
Por faltas más ó menos leves.
Contrabandos.

  273
  201
    40
    44
1074
      2

Total.

1634

1855. En este año la fuerza del Primer Tercio, que se componía de 2 Jefes, 69 Oficiales y 1486 individuos de tropa, prestó grandes y heroicos servicios por causa de la terrible plaga del cólera que invadió á España; por las abundantes lluvias de aquel horroroso invierno con que los ríos y torrentes se desbordaron causando infinitos estragos con sus repetidas inundaciones. Los individuos del Cuerpo llevaron su heroísmo cívico y su humanitario celo con los infelices atacados del cólera, hasta el punto de auxiliar á muchos á quienes sus mismos parientes habían abandonado, salvando así á gran número de ellos de una muerte cierta; en pueblos donde no se encontraban sepultureros, daban sepultara á los cadáveres de los que morían, cumpliendo con una de las obras de misericordia más gratas á los ojos de Dios, y evitando al mismo tiempo que el contagio se recrudeciera y tomara mayores proporciones en los pueblos, en muchos de los que salían por las calles á animar su vecindario y ofrecerle medicinas. También lograron la captura de famosos y temidos criminales, como la de Antonio Torrente y Francisco García Mille, presidiarios fugados del Canal de Isabel II, hecha el 18 de julio por el sargento, hoy Alférez, D. José Cerdá, Comandante del Puesto de Provencio, en unión de seis guardias más, consiguiendo rendirlos después de la desesperada resistencia que hicieron con dos escopetas de que iban armados; la de cinco ladrones que habían hecho un robo de consideración en Collado Hermoso, hecha en 22 de mayo por el Teniente D. Constantino Delatre y siete individuos más.

El Teniente D. José Pérez Colomer, con la fuerza de su mando, prestó grandes servicios en Talavera de la Reina el día 8 de Septiembre, en que se desbordó á causa de una horrorosa tempestad el arroyo llamado de la Portina. En el mismo día y lugar, el Cabo Juan Chacón y el Guardia José Garmarín, oyendo lamentos dentro de una casa cerrada, hicieron ceder la puerta, y penetrando en ella que se hallaba inundada, lograron salvar la vida á dos personas ancianas y cuatro niños subiéndolos al tejado. En seguida, acompañados del Guardia Francisco Moure, acudieron á otra casa; y al querer salvar á su dueño el Cabo Chacón, cayó en un arroyo donde hubiera perecido sin la prontitud con que el Guardia Moure le auxilió arrojándose á la corriente y sacándole cogido por el cuello. Los guardias del Puesto de Jadraque, Laureano Varela y Francisco Serrano, el día 28 de Septiembre salvaron, desnudándose y arrojándose á nado con peligro de sus vidas, á un joven que sorprendido por la corriente de un río se había refugiado á la copa de un árbol donde hacía diez horas se encontraba.

Otros muchos distinguidísimos servicios nos vemos en la triste necesidad de omitir. He aquí el resumen de los prestados por la fuerza del Primer Tercio en el año que nos ocupa:

Delincuentes.
Ladrones.
Reos prófugos.
Desertores.
Por faltas más ó menos leves.
Contrabandos.

  247
  199
    30
    54
  848
      3

Total.

1381

1856. La fuerza del Tercio recibió algún aumento en año anterior, gracias á la poderosa influencia del digno Inspector General Infante, quien á pesar de la escasa fuerza con que contaban los batallones del Ejército, y de las dificultades que se presentaban para cubrir las inmensas bajas ocurridas desde 1854 en la del Cuerpo, alcanzó del Gobierno un contingente de 843 hombres con que se aumentaron las filas del Cuerpo, y por consecuencia las del Primer Tercio, que presentaron en la revista de enero un efectivo de 1480 hombres de ambas armas. Siempre celosos, siempre atentos á la voz del deber, continuaron prestando el servicio del instituto con su celo acostumbrado los individuos del Primer Tercio.— Dan principio los de este año con infinidad de víctimas arrancadas á las corrientes de los desbordados arroyos; de gran número de carruajes expuestos á ser arrastrados por las corrientes de aquellos, arrancando de una muerte segura á los viajeros que en varias ocasiones fueron sacados en los robustos brazos de la Guardia Civil de en medio de aquellos torrentes. El Comandante de provincia de Toledo D. Javier de San Martín, y el que hoy lo es del Segundo Escuadrón D. Antonio Palma, han prestado con la fuerza á sus órdenes utilísimos servicios en las riberas del Tajo, cerca de Toledo y Aranjuez, con motivo del desbordamiento de este caudaloso río. El Teniente D. Juan Mayorga, dando ejemplo á sus subordinados, se lanzó el primero al río Javalón para salvar un arriero y pasar en hombros dos valijas del correo de Andalucía, operación calificada de arriesgadísima por sus Jefes.

El Cabo segundo Manuel Castellanos entregó 3,073 reales que encontró á uno de los cómplices de un robo efectuado en Camarenilla.

El Sargento Juan Alcaide con una actividad digna de elogio, dio alcance en la provincia de Ciudad Real á una gavilla de ladrones que se habían apoderado de la persona del Diputado D. José Enríquez y Migidole, al que exigieron gruesas sumas por su rescate; los batió, dio muerte á uno de ellos llamado Alma Negray se apoderó de 9,000 reales que entregó á la autoridad con el cadáver.

El Alférez D. José García Moro aprehendió á otro de los criminales que se habían apoderado del mismo Diputado.

El bizarro Sargento Juan Guerrero, Comandante del Puesto de Cruz Verde, provincia de Toledo, acompañado de los Guardias Tomás Lozano y Antonio Durán aprehendió en la tarde del 22 de marzo á un famoso ladrón, cómplice en un robo de 23,000 duros cometido en el pueblo de Hormigos.

El entonces Teniente, hoy Capitán D. Juan Gonzalo Caballero, con la fuerza del Puesto de Alcaudete de la Jara, prestó eminentes servicios en la inundación de aquel pueblo, salvando la vida á muchas personas y ganados con exposición de la suya. No podemos continuar porque nos falta espacio para los multiplicados servicios que nos presenta la historia del Tercio en el año actual. Interrumpiremos su narración para hacerla de los extraordinarios que fué llamada á prestar con motivo de las ocurrencias de julio del año que nos ocupa. Dos años justamente habían transcurrido desde el de 1854 cuando el 14 de julio del presente, por efecto de cambio de Ministerio que S.M., en uso de su Real y libérrima prerrogativa había acordado, se empezó á reunir la Milicia Nacional para oponerse á este cambio. El recién nombrado entonces Presidente del nuevo Consejo de Ministros que también hoy lo es, tomó las medidas oportunas para defender la prerrogativa Real, el Trono, el orden público y las leyes, seriamente amenazadas. Roto el fuego en la tarde del 15 de julio, se dispuso que la Guardia Civil de la provincia se reconcentrase en Madrid, y durante el combate sostenido en las calles de la población los días 15, 16 y 17 del citado mes, el Primer Jefe del Tercio á cuyo mando estuvo la fuerza del mismo, y todos hasta el último individuo de los que en la Corte se hallaron, se señalaron como siempre por su bizarría y valor, habiendo experimentado en sus filas la sensible aunque gloriosa pérdida de heridos todos de gravedad en los hombres siguientes:

Julián Castro.

De gravedad en un muslo.

Domingo Vicente Alonso.

Atravesado en su cuerpo.

José Riera Oliver.

Atravesado un muslo y la pierna izquierda.

Hipólito Gómez.

Atravesada la pantorrilla izquierda y también el muslo derecho.— Dos heridas.

José López Enríquez.

Atravesada la rodilla derecha.

Manuel Villén Estévez.

Herido en el ojo derecho.

Han muerto los más de resultas de estas heridas en hospital.

Restablecido el orden, desarmada la Milicia Nacional y vuelta á sus puntos la Guardia Civil, tuvo el sentimiento de verse privado el Cuerpo del digno Inspector General Infante que dimitió su cargo en estos días, habiendo sido nombrado para reemplazarle el Excmo. Sr. D. José Mac-Crohon, que se hallaba entonces desempeñando la Subsecretaría de la Guerra; este General se señaló en el Cuerpo por su actividad y su celo, ocupándose con actividad en estudiar con interés la índole especial de la institución, su organización y cuanto podía contribuir á formar un juicio exacto y detallado de los diferentes ramos que la constituyen. El corto tiempo que estuvo al frente del Cuerpo (poco más de dos meses) no le permitió llevar á Cabo sus buenos deseos respecto á él; cúmplenos hacerle justicia, manifestando que se dedicaba con exquisito celo al desempeño de su elevado cargo, abriendo y resolviendo por sí el correo diario; trabajo de grande utilidad para el debido impulso al especial servicio del instituto.

El Primer Tercio vio, aunque con la satisfacción propia del ascenso á General á que su primer Jefe había sido promovido, que perdía al que siendo modelo de Guardia Civil, había contribuido por espacio de ocho años á conducirlo por la senda del honor, de la gloria y del deber, enseñando á sus individuos y amaestrándolos con sus minuciosas explicaciones en todas las vastas materias de que debe estar instruido un guardia civil. Para reemplazarlo fué nombrado un Jefe celoso, de reputación militar en el Ejército, por la instrucción dada á los cuerpos que había mandado, entre ellos la del batallón modelo, primer Cuerpo que mandó, y el cual bajo la dirección del hoy Brigadier Primer Jefe del Primer Tercio D. Remigio Moltó Díaz Berrio, ensayó la táctica del General Rivero en 1844. Este Jefe, que creemos dotado de excelentes cualidades militares para el mando de tropas, continúa hoy en el del Primer Tercio de la Guardia Civil, desempeñándolo con ese celo que todo militar reconoce en el activo é inteligente Brigadier Moltó. El Cuerpo de la Guardia Civil tuvo la satisfacción de verse por segunda vez mandado por su General organizador, nombrado Inspector por Real decreto de 12 de octubre de este año.

Aunque fueron varios los servicios que la Guardia Civil vuelta á sus puestos prestó después de las ocurrencias de julio de 1856, tenemos que omitirlos y remitir á los lectores al siguiente resumen de las aprehensiones verificadas en todo el año que nos ocupa.

Delincuentes.
Ladrones.
Reos prófugos.
Desertores.
Por faltas más ó menos leves.
Contrabandos.

  450
  512
    52
    61
  879
      6

Total.

1960

A más de las anteriores aprehensiones prestó auxilio la fuerza del Tercio á 610 carruajes públicos, salvando en algunos casos á los viajeros de una muerte segura; en seis inundaciones salvaron la vida á varios infelices; en 14 ocasiones la presencia de la Guardia Civil arrancó de la corriente de los ríos varias personas arrastradas por aquella. Concurrió á extinguir 29 incendios, abrasando en algunos su uniforme por salvar ancianos ó criaturas envueltos en las llamas. Por seis veces en este año devolvió la Guardia Civil á sus dueños muchas y ricas alhajas hasta de 4,000 duros de valor, y cantidades crecidas de dinero encontradas ó rescatadas á los ladrones. Ni un día transcurre sin que la sociedad experimente los beneficios de la institución que sostiene.

1857. Con la vuelta al mando del Cuerpo del ilustre organizador, el Excmo. Sr. Duque de Ahumada, empezó la Guardia Civil á recibir un impulso notable así en sus clases como en su fuerza. Algunas clases se renovaron por completo en la escala por ascenso reglamentario. Se aumentaron nueve primeros Capitanes, y un Teniente Coronel para segundo Jefe del Tercer Tercio. La fuerza empezó á recibir voluntarios procedentes de la clase de licenciados del Cuerpo, habiendo algunos que renunciaron destinos de diez y doce reales diarios tan pronto como tuvieron conocimiento del nombramiento del ilustre organizador, sólo por volver á servir á sus órdenes; en los dos meses y medio que desde el 12 de octubre en que fué nombrado han transcurrido hasta fin de año, elevó la fuerza de todo el Cuerpo considerablemente, figurando la del Primer Tercio en la revista de enero del año actual con 1,716 hombres de ambas armas.

El mismo impulso dado á la fuerza, recibió el servicio instituto en el año que nos ocupa.

Por los Puestos de todas las provincias se ven numerosos servicios prestados en el año que recorremos.

El Teniente D. Juan Delatre es uno de los que más figuran en el cuadro que bosquejamos; en su demarcación no se cometía un robo cuyos autores no fuesen descubiertos y puesto disposición de los Tribunales por este celoso y activo Oficial, rescatando en la mayor parte de los casos los efectos y hasta el dinero robado.

Las provincias de Toledo y Ciudad-Real, son en las que más aprehensiones de criminales efectuó la Guardia Civil; su tradicional propensión al robo, aunque ha disminuido, no se ha extirpado por desgracia, y la crónica de los servicios prestados en ambas por la Guardia Civil, será una prueba de nuestra aserción.

También en el presente año la revolución derramó sangre española, que á fuer de militares nadie nos ganará en apreciar. En junio se levantó una facción republicana en Andalucía, de que nos ocuparemos con más extensión en el Tercer Tercio. Consignaremos aquí que la experiencia de lo ocurrido en 1854 aconsejó al Inspector General del Cuerpo desde el primer momento que en octubre de 1856 fué puesto al frente de él, prevenir á los Jefes de línea confinantes con Sierra Morena, que á la primera noticia de cualquier desorden que tuviesen se posesionasen con la fuerza á sus órdenes de la importante posición de Despeñaperros, la que debían conservar á todo trance hasta recibir instrucciones; antes de un año de dictada esta previsora medida hubo desgraciadamente necesidad de ponerla en práctica y á la diligente actividad del Teniente del Primer Tercio D. Juan Peral en ejecutarla en el primer momento de la sublevación de la facción republicana en la Carolina, se debió en parte que las Andalucías no hubiesen sido incomunicadas del resto de España, y se hubiese encendido en aquel hermoso país una serie de episodios horrorosos de que dolorosamente nos dieron una prueba los sublevados en Utrera y otros Puestos que atravesaron los revoltosos en su precipitada marcha. ¿Qué hubiera sido de aquel rico territorio sin una medida tan previsoramente tomada, como utilísimamente aprovechada? La nación responderá por nosotros á esta pregunta.

En la triste necesidad de no poder seguir copiandoservicios, insertamos á continuación el resumen de las aprehensiones verificadas en el año que nos ocupa.

Delincuentes.
Ladrones.
Reos prófugos.
Desertores.
Por faltas más ó menos leves.
Contrabandos.

  766
  869
    46
    80
1526
      5

Total.

3292

1808. Efecto de haber vuelto á sus casas los provinciales, que puestos sobre las armas al principio del año anterior pasaron algunos como contingentes á la Guardia Civil, la fuerza del Primer Tercio, aumentada con voluntarios en el transcurso del año, experimentó no obstante alguna baja en su total por efecto de aquella medida, y de ahí el que en la revista de enero constase de 1,698 hombres de ambas armas solamente; esto es, 18 hombres menos.

El servicio, en el año que nos ocupa, seguía dando óptimos frutos á la nación en medio de la completa paz de que se disfrutaba, llevando á todas partes la acción moralizadora de la Guardia Civil.

El Puesto de Daimiel encontró una caballería extraviada con 3,000 reales encima y otros efectos de valor; todo fué devuelto á su dueño con religiosa exactitud, renunciando las cantidades que la gratitud de éste les ofrecía.

El Puesto de Cozalegas, Toledo, persiguió y batió bizarramente una gavilla de criminales que apareció en la espesura de aquellos montes, y después de haberla cogido algunos caballos y logrado la dispersión de la gavilla, continuó sus indagaciones hasta ir descubriendo y aprehendiendo á los que la componían.

El Jefe de la Línea de Piedrabuena, con los individuos de la misma, aprehendió cuatro criminales, autores de un robo considerable, habiéndolos ocupado parte de los efectos robados.

El Jefe de la Línea de Motilla del Palancar, auxiliado del Juzgado, consiguió en cuatro días de incesantes desvelos el descubrimiento y aprehensión de doce criminales que dominaban aquella comarca.

La fuerza del Puesto de Torrejón de Ardoz, al mando Teniente D. Teodoro Camino, dio muerte á un criminal y aprehendió otro, en el acto de estar cometiendo un robo.

Por el Jefe de la Línea de Boceguillas, Segovia, fueron aprehendidos tres criminales, autores de un robo.

En un encuentro habido entre una pareja del Puesto Navalmoral de Pusa y tres criminales, fué muerto uno de éstos llamado Juan Sevilleja, terror de aquel país.

De los numerosos servicios que aparecen prestados por Tercio en el año que nos ocupa, es una prueba el siguiente resumen:

Delincuentes.
Ladrones.
Reos prófugos.
Desertores.
Por faltas más ó menos leves.
Contrabandos.

  661
  386
    47
    59
  946
      7

Total.

2106

Antes de terminar el año de 1858, cúmplenos manifestar que por Real decreto de 1.° de julio, se vio el Cuerpo privado de su celoso y querido General organizador, fué por segunda vez relevado del mando del mismo, habiendo sido nombrado para sucederle en él el Excmo. Sr. D. Isidoro de Hoyos Rubín de Celis, Marqués de Zornoza, Teniente General de los Ejércitos Nacionales y hoy Senador del Reino; conocido en los Ejércitos del Norte y al final de la guerra civil en el del Centro por su valor y arrojo en los combates, y por su energía en el mando. Hoy desempeña el de Director de la Guardia Civil, y nadie mejor que sus subordinados podrán ser jueces imparciales de los actos que para el mando y gobierno del Cuerpo puesto á sus órdenes emanan de su superior autoridad. Alejados de ellos, no nos creemos competentes ni somos tampoco los llamados á apreciarlos, se nos ha hablado de proyectos por él concebidos, pero siéndonos desconocidos, nada podemos decir de ellos.

1859. En el año actual la fuerza del Primer Tercio aparece con alguna disminución, aunque poca, pues constaba en la revista de enero de 1639 hombres de ambas armas.

El servicio del instituto continuó prestándose como de ordinario.

El Cabo segundo Domingo Iglesias, del Puesto de Getafe, capturó á tres de los criminales que disfrazados habían robado la casa de una señora de aquel pueblo.

El bizarro Capitán D. Manuel Villacampa en Talavera de la Reina tuvo ocasión de mostrar su temerario arrojo, lanzándose solo pistola en mano dentro de una casa que estaban robando, habiendo dado muerte á uno de los ladrones, hiriendo á otro, fueron los demás reducidos á prisión por la fuerza á sus órdenes que rodeaba la casa.

El Cabo primero Pedro Murguía, descubrió y aprehendió al autor de un robo de 15,000 reales y otros efectos, habiendo rescatado éstos y el dinero que devolvió á su dueño.

El Teniente D. Antonio Fernández Lloret logró el importante descubrimiento y captura de los autores de un robo efectuado en casa de un propietario, rescatando y devolviendo al robado 17,636 reales.

El Sargento Telesforo Bacas, del pueblo de Sepúlveda, dio muerte á un perro atacado de hidrofobia, librando á la vecindad de los temibles efectos de esta fiera.

El Sargento primero Antonio Campos, Comandante del Puesto de Gamonal, acompañado de los guardias José Ruiz y Lope Moreno, se arrojó á una choza donde perfectamente armado y con la escopeta en la mano se hallaba oculto el famoso criminal Indalecio Gómez, asesino del Guardia Pascual Vicente, á cuyo bandido antes que disparase su escopeta le hizo fuego y dejó tendido en su mismo albergue.

Tenemos el triste deber de suspender la narración de los servicios, y contentarnos con estampar á continuación el resumen de las aprehensiones verificadas hasta fin del mes de agosto del año que recorremos.

Delincuentes.
Ladrones.
Reos prófugos.
Desertores.
Por faltas más ó menos leves.
Contrabandos.

  626
  280
    18
    40
  615

Total.

1579

Ya que hemos hablado de la Guardia Civil veterana, nos parece justo consignar en este lugar que los individuos destinados á ella se hacen dignos en las calles de Madrid de la estimación pública por su decoroso porte, por su recto proceder, y por la dignidad con que se presentan en el desempeño servicio que prestan, he aquí el resumen numérico de las aprehensiones que ha logrado en el primer trimestre del presente año.

Delincuentes.
Ladrones.
Reos prófugos.
Desertores.
Por faltas más ó menos leves.

226
178
    6
    3
570

Total.

983

Terminaremos la narración histórica del Primer Tercio de la Guardia Civil, con el resumen general de las aprehensiones verificadas por la fuerza de ambas armas en las seis provincias en que está distribuida desde su creación en 1844 hasta fin de agosto de 1859.

Provincias.

Delinc.

Ladrones.

Prófugos.

Desertores.

Faltas.

TOTAL.

En Madrid.
En Toledo.
En Cuenca.
En Ciudad-Real.
En Guadalajara.
En Segovia.

1,815
  948
  948
  927
1,227
  625

  842
  572
  425
  472
  598
  379

228
 57
 71
 76
106
 85

405
101
 60
 75
 68
 60

 6,560
 2,003
 3,494
 2,321
 5,186
 3,061

 9,850
 3,681
 4,998
 3,871
 7,185
 4,210

Totales.

6,490

3,288

623

769

22,625

33,795

NOTA. No se incluyen en éste estado 92 contrabandos aprehendidos por el Primer Tercio en el curso ordinario de su servicio.

SERVICIOS PRESTADOs POR EL SEGUNDO TERCIO DE LA
GUARDIA CIVIL.

1844. En 29 de julio de este año fué nombrado primer Jefe de este Tercio el Coronel de infantería, hoy Brigadier, D. José Palmés, Jefe muy conocido por sus servicios en la Guardia Real de la que llegó á ser Comandante y Gobernador del fuerte de Atarazanas, y que poseía un gran conocimiento del país á que se le destinaba. Fueron destinados entonces á dicho Tercio los primeros Capitanes D. Francisco Vatlle y D. Francisco Arredondo; los segundos D. Domingo Roig y D. Sebastián Senespleda, y los Tenientes D. Jaime Abelló y D. Cayetano Sentis, todos catalanes, circunstancia que tuvo muy presente para una fuerza que iba á prestar el servicio en un país donde el carácter especial de sus habitantes suele recibir mal toda innovación extraña á sus costumbres, y practicada por hombres que no sean naturales de él. El 30 de Septiembre llegaron al pueblo de Molins del Rey con algunos de estos Oficiales los 64 primeros individuos de tropa que tuvo el Tercio, procedentes del depósito de Leganés, y así se fué sucesivamente organizando. En 1.° de octubre pasó la prima revista de Comisario presentando en ella un Jefe, seis Oficiales y 93 individuos de tropa procedentes del Ejército, quedando constituida desde luego la 1.ª Compañía de Infantería del mismo. En fin de diciembre la fuerza del Tercio se componía un Jefe, 6 Oficiales, 124 individuos de tropa de infantería y 30 de caballería. El 18 de noviembre pasó esta fuerza ya uniformada y equipada á prestar el servicio propio de su instituto en Barcelona y sus inmediaciones. La primera vez que la populosa ciudad de Barcelona pudo apreciar la bondad de la institución fué en la terrible tempestad que descargó sobre dicha ciudad el día 20 de diciembre, que puso en inminente riesgo la vida de sus habitantes inundando los campos y huertas inmediatas al glasis de la fortificación. La Guardia Civil que se hallaba instalada en el convento de Jerusalén, apenas estalló la tempestad, y cuando los habitantes de Barcelona se hallaban aterrados, salió al momento con sus Oficiales, y tomando diferentes direcciones, logró poner en seguridad muchos efectos abandonados y salvar las vidas de varias personas que sin su auxilio hubieran perecido, mereciendo los elogios del pueblo de Barcelona y de las autoridades que felicitaron Gobierno de S.M., por el feliz pensamiento de la creación de tan protectora institución.

1845. En este año la fuerza del Tercio se fué aumentando gradualmente hasta llegar en fin del mismo á tener un Jefe, 18 Oficiales, 257 individuos de tropa y 41 caballos; se formaron las tres compañías de infantería de que debía constar, se distribuyeron entre las cuatro provincias que comprende el distrito, se organizaron los Puestos, y prestó muchos servicios así ordinarios como extraordinarios. Los primeros ascienden á 414 aprehensiones, 88 delincuentes, 18 ladrones, 12 reos prófugos, 41 desertores del Ejército, 252 por faltas leves, 3 contrabandos y 43 armas recogidas. Con motivo de las quintas que por primera vez se establecieron en este año en el Principado de Cataluña la escasa fuerza de que constaba el Segundo Tercio, tuvo ocasión de prestar grandes y extraordinarios servicios, midiendo sus armas con los perturbadores del orden público en las villas de Esparraguera y Martorell, y en la destrucción de una partida de 300 facciosos que se levantó en la provincia de Lérida, distinguiéndose en estos servicios el Capitán, hoy Comandante, D. Mauricio de Albert, y el de igual clase D. Manuel Bellido, cuya bizarría y arrojo tendremos lugar de elogiar; el Guardia de primera clase de la 3.ª Compañía Domingo Codorniu que fué agraciado con la cruz de María Isabel Luisa, y los de segunda clase de la misma Compañía Jaime Mayoral y Juan Guinart, que fueron ascendidos á la de primera.

1846. En este año por Real orden de 12 de julio se aumentó al Tercio una Compañía y se organizó la correspondiente á la provincia de Tarragona. Entre los numerosos servicios que prestó la fuerza del Tercio en dicho año, así ordinarios como extraordinarios, debemos hacer mención del gran conflicto que evitaron el día 29 de abril, el primer Capitán D. Francisco Vatlle con la fuerza de su Compañía que se hallaba en Gerona, y el segundo D. Domingo Roig con la del Puesto de Figueras, en la fiesta mayor de la villa de Bascara, en que los mozos de varios pueblos se habían reunido y trataban de alterar el orden y de ofenderse con pistolas y otros instrumentos mortíferos. La captura de varios criminales con muerte de uno de ellos, hecha la noche del 27 de julio por los guardias del Puesto de Mediña, en la misma provincia, José Martí y Pedro Tandi; y la captura de cuatro ladrones hecha en la noche del 18 de diciembre por el Teniente D. Jaime Abelló, que con 8 individuos de la Línea de su mando se ocultó en la casa que estaba designada por los criminales para cometer el robo, en la villa de Olot, tuvo lugar un terrible combate en medio de la oscuridad en que quedaron dos de los criminales heridos, siendo los otros dos capturados al siguiente día. El Segundo Tercio llegó á tener en este año 2 Jefes, 21 Oficiales, 319 individuos de tropa y 43 caballos. El número de aprehensiones ascendió á 820; 178 delincuentes, 24 ladrones, 27 reos prófugos, 38 desertores del Ejército, por faltas leves 551, contrabandos 3, armas recogidas 9.1847. Continuando la fuerza de este Tercio en el cumplimiento de sus deberes cada vez con más celo y entusiasmo, en el año que nos ocupa tuvo numerosas ocasiones de hacer ver á la nación española cuan poderoso sostén del orden y del Trono de Nuestra Reina doña Isabel II era la institución. En la primavera de este año los tenaces partidarios del absolutismo y de la vieja y destrozada bandera del Pretendiente, aclamando por su Rey al primogénito de éste, bajo el dictado de Carlos VI, trataron de alterar la tranquilidad pública en las provincias catalanas formando gruesas partidas de hombres resueltos, atrevidos y deseosos de semejante vida aventurera y azarosa; estas partidas recorrían los pueblos de la montaña inquietando y causando mil vejaciones á los ciudadanos pacíficos y laboriosos de aquella industriosa comarca. Por el pronto consiguieron su objeto, y hasta lograron en sus rápidas excursiones apoderarse de alguno que otro Puesto de la Guardia Civil; pero declaradas en campaña desde octubre las tropas que guarnecían las provincias de Cataluña, organizadas las columnas que habían perseguir á las facciones, tocó á la Guardia Civil hacer el servicio más penoso y brillante, el de ir á vanguardia de las columnas por el conocimiento que tenía del terreno, portándose en todos los encuentros que tuvieron lugar con su acostumbrada bizarría. Entre los numerosos servicios que la fuerza de este Tercio prestó entonces, merecen mencionarse, la defensa que de la casa-cuartel en la ciudad de Cervera, hizo por espacio de cuatro horas el Sargento segundo D. Francisco Sanz con algunos de los individuos del Puesto de su cargo contra una facción de 200 hombres, mandada por el cabecilla Tristany, cuya facción antes de atacar la casa-cuartel hizo fuego bárbaramente sobre una pareja del mismo Puesto que conducía un preso, causando la muerte del bizarro guardia de segunda clase José García y una herida á su compañero Benito Salgado, á quien después se llevaron prisionero; dicha facción no pudiendo rendir á los valientes guardias que defendían la casa-cuartel se retiró á Torá. Otros encuentros y defensas contra las facciones tuvieron lugar en el mismo año en que se distinguieron los individuos del Puesto de la Junquera y su Comandante el Sargento Primero, hoy Teniente, D Luis Gadea, y los de los Puestos de Hostalric, La Bisbal y Mediña; habiéndose hecho acreedores varios de los individuos de este Tercio á ser agraciados con la cruz de San Fernando por el valor y arrojo demostrado en los combates.

La fuerza del Tercio en este año tuvo un pequeño aumento, pues constaba en la revista de diciembre de 2 Jefes, 23 Oficiales, 376 individuos de tropa y 47 caballos. Las aprehensiones fueron 1,089; 212 delincuentes, 28 ladrones, 18 reos prófugos, 36 desertores del Ejército, 788 por faltas leves, 2 contrabandos, y armas recogidas 1.

1848. En este año la fuerza del Segundo Tercio prestó grandes servicios extraordinarios á causa de la multitud de partidas facciosas, republicanas y carlistas que infectaban las provincias del Principado, y se derramó abundantemente la sangre generosa de los invencibles guardias en reñidos encuentros en que tenían que batirse contra los enemigos del orden público, de las leyes y de la dinastía reinante, en una monstruosa desproporción. Entre estos servicios citaremos el reñido combate que el día 24 de marzo sostuvieron contra una facción de 50 á 60 infantes y algunos caballos, el Cabo segundo del Puesto de Mediñá en la provincia de Gerona José Soriano, los guardias de segunda clase Ramón Rodríguez, Juan Bosch y Ginés Pascual, que con un Sargento y ocho soldados del Ejército, por disposición del Sr. Comandante General de la provincia habían salido en dirección á Bascara acompañando á un Capitán del Batallón de Cazadores, número 7. Muerto el Capitán, el Cabo Soriano, los guardias Rodríguez Bosch y tres individuos de infantería, el Sargento dispuso la retirada con los cinco soldados que le quedaban y el Guardia Ginés Pascual, logrando salvarse de caer en poder de los facciosos. El 17 de abril el sitio denominado la Abellaneda, una columna del Ejército, á la cual iban agregados algunos individuos de la Primera Compañía, tuvo un encuentro con la facción del cabecilla Marsal, y en él perdió la vida el Guardia de segunda clase José Pérez. El día 30 de mayo, los guardias de caballería Silvestre Brocas, Francisco Mir, Antonio Torres y Eustaquio Valero, en la provincia de Gerona en el punto llamado Slimonell, dieron alcance á la partida Capitaneada por el cabecilla Estartus, á quien el Guardia Valero hirió en la cabeza con su espada haciéndole prisionero con otros tres individuos más que presentaron al señor Comandante General de la provincia. En la reñida pelea á que este hecho dio lugar, los cuatro guardias citados se portaron con la mayor bizarría.

Sentimos omitir por falta de espacio otros muchos servicios distinguidos de campaña. Los ordinarios fueron 842 aprehensiones: 214 delincuentes, 9 ladrones, 11 reos prófugos, 18 desertores del Ejército, 590 por faltas leves. La fuerza del Tercio tuvo también algún aumento en este año; en la revista de diciembre tenía 2 Jefes, 23 Oficiales, 458 individuos de tropa y 53 caballos.

1849. Las facciones carlistas y republicanas que tan osadamente habían levantado y unido en el combate sus banderas representantes de tan opuestos principios, después de batidas y derrotadas en numerosos encuentros, en el año que nos ocupa dejaron de existir y desaparecieron convencidos sus satélites de que la nación entera los rechazaba á ellos y á los principios políticos que defendían. Mucho espacio necesitaríamos para poder narrar todos los servicios prestados por la fuerza del Segundo Tercio en la definitiva pacificación del Principado; y ya que esto no nos sea posible, no dejaremos de hacer mención del servicio prestado por el Teniente, hoy Comandante de la provincia de Gerona, D. Manuel Bellido, que con parte de la fuerza de la Tercera Compañía y la de la Cuarta que se hallaba en Valencia, fué comisionado para conducir á Cádiz 90 prisioneros de las facciones de Navarra, y en el viaje que al efecto hizo por el mar, invirtió cincuenta y dos días á causa del horrible temporal que sufrieron en la travesía. En las inmediaciones de Martorell murió víctima de su inexperiencia en el servicio, luchando á brazo partido con un criminal, el Guardia de segunda clase Rufino Bravo; y los guardias del Puesto de Vendrell en la provincia de Tarragona, hicieron la importante captura del bandido Pedro Vidal (a) Cosmet, autor de varios robos y asesinatos.

En este año el Brigadier, primer Jefe D. Francisco Palmés, solicitó y obtuvo su cuartel para Barcelona, siendo reemplazado por el Coronel, Jefe de una reputación reconocida, de gran valor y energía para el mando y acreditado durante la última guerra civil dinástica, D. Luis María Serrano. Muchos individuos en el año que nos ocupa, por los servicios prestados en la persecución de las facciones, se hicieron acreedores á ascensos y condecoraciones militares.

La fuerza del Tercio obtuvo también algún aumento en este año, presentando en la revista de enero 2 Jefes, 23 Oficiales 605 individuos de tropa y 66 caballos.

El número de aprehensiones ascendió á 1,260: 337 delincuentes, 39 ladrones, 32 reos prófugos, 112 desertores del Ejército, 748 por faltas leves, 37 armas recogidas y 5 contrabandos. También prestó la fuerza de este Tercio servicio de guarnición en Barcelona y Valencia.

1850. En este año la fuerza del Segundo Tercio sólo se ocupó en el servicio ordinario del Instituto, si bien entre éstos debemos hacer mención de la captura verificada de cinco ladrones que el día 29 de abril trataron de robar el coche número 23 de la empresa de Postas Generales, por el Guardia Tadeo Bravo, que hirió y rindió luchando cuerpo á cuerpo, al jefe de dichos ladrones, el Guardia de primera clase Bautista Llorens, que fueron los que primero atacaron á los ladrones, tomando parte en los días siguientes en la captura de los restantes, los demás individuos del Puesto de Tárrega á que los dos mencionados guardias pertenecían. Los Puestos de Perelló, Valls y Reus, en la provincia de Tarragona, capturaron igualmente los días 19 de febrero, 14 de abril y 6 de agosto, 8 delincuentes entre ellos 3 asesinos.

La fuerza del Tercio sufrió alguna disminución en este año quedando reducida á 562 individuos de tropa y 72 caballos con igual número de Jefes y Oficiales que los años anteriores.

El número de aprehensiones ascendió á 2,327: 471 delincuentes, 147 ladrones, 29 reos prófugos, 78 desertores del Ejército, 1,602 por faltas leves, 18 contrabandos y 16 armas recogidas.

1851. En este año la fuerza del Tercio con su actividad y celo siempre constante é invariable, ocupada felizmente sin interrupción en el servicio ordinario del instituto hizo 2,371 aprehensiones en la forma siguiente: 518 delincuentes, 180 ladrones, 61 reos prófugos, 82 desertores del Ejército, 1,530 faltas leves, 15 contrabandos y 24 armas recogidas. La fuerza no sufrió aumento ni disminución.

1852. Sin aumento ni disminución en su fuerza, el Segundo Tercio dio en este año un total fabuloso de aprehensiones, debido á la experiencia que los individuos de la Guardia Civil iban adquiriendo en el servicio, y á que felizmente nada ocurrió que los distrajera del especial del instituto á que se hallaban consagrados cada vez con más celo, para corresponder al justo aprecio que se habían adquirido en toda la nación; 3,089 fueron las aprehensiones hechas por la Guardia Civil del segundo distrito en el año que nos ocupa, que se clasifican de la manera siguiente: 778 delincuentes, 233 ladrones, 46 reos prófugos, 97 desertores del Ejército, 935 por faltas leves, 19 contrabandos y 57 armas recogidas.

1853. En este año la fuerza del Segundo Tercio recibió un aumento á consecuencia de la Real orden de 5 de febrero, de manera que llegó á tener dos Jefes, 26 Oficiales, 766 individuos de tropa con 96 caballos. Muchas fueron las aprehensiones hechas por esta fuerza y muy extraordinarios los servicios prestados por ella, salvando á muchas personas la vida que indudablemente hubieran perecido ahogadas en las corrientes de ríos y arroyos desbordados á consecuencia de las grandes lluvias que cayeron en el año que nos ocupa. En la imposibilidad, de hacer mención de todos los más eminentes, no podemos pasar en silencio algunos como el que prestaron el día 24 de mayo el Guardia primero Luciano Martín y los segundos Mariano Ducal y Francisco Raquer, dando auxilio al coche correo que no podía atravesar el río Francolí por la crecida de su corriente, recogiendo varios efectos que arrastraban las aguas. El eminente servicio prestado en la noche del 24 al 25 en la ciudad de Tortosa por el Cabo primero Miguel Huguet y demás individuos que tenía á sus órdenes en dicho Puesto. Desbordado el río Ebro de una manera nunca vista en aquella población y de que no hay memoria en el presente siglo, el Cabo primero mencionado con los demás individuos de la fuerza de su mando, apenas notó la crecida de la corriente y en medio de un temporal horrible se dirigió á los barrios bajos que fueron los primeros que se inundaron, logrando salvar muchas personas que se hallaban en inminente peligro de perecer y multitud de efectos que eran arrastrados por las aguas. También lograron salvar después de tres horas de inauditos trabajos, 500 fanegas de trigo y varias personas que en el barrio de Remolinos se habían refugiado en los tejados, en una lancha que guiaban el Cabo segundo Salvador Sentis y los Guardias de segunda clase Bartolomé Mestro y José Serra.

El día 9 de junio, el Cabo primero Manuel Moreno con los Guardias de primera y segunda clase Simón Panero y Federico Gispert, en unión del Comandante Militar de Molins del Rey y alguna fuerza de infantería del Ejército, capturaron diez ladrones y al capitán de ellos, ocupándoles varias armas y municiones; y el 12 de octubre el Cabo primero Tomás Hons con la fuerza á sus órdenes en el Puesto de Hospitalet, capturó á nueve paisanos de la expresada población, por haber asesinado alevosamente al Alcalde de la misma.

El número de aprehensiones ascendió á 2,646, que se clasifican de la manera siguiente: Delincuentes 295, ladrones 341, reos prófugos 24, desertores del Ejército 63, por faltas leves 1,623, contrabandos 17.1854. En este año la fuerza del Segundo Tercio, con su bizarro Jefe el Sr. Serrano á la cabeza, hizo ver en los acontecimientos políticos que tuvieron lugar en toda España, cuan instruida estaba en sus reglamentos y que bien comprendía su deber y la índole de la institución, permaneciendo ajena á todo menos á prestar el apoyo debido á las autoridades legítimamente constituidas, y en especial al Capitán General Marqués del Duero, á quien ofreció el mayor apoyo en medio del doloroso estado en que se hallaban los ánimos, así del público como de los cuerpos de la guarnición. Además de los servicios ordinarios los prestó también extraordinarios y muy distinguidos, reconcentrada en las capitales de provincia por órdenes superiores, y entre éstos encontramos el prestado por toda la fuerza reunida en Barcelona con su Brigadier á la cabeza el día 29 de marzo, impidiendo que los obreros amotinados contra los fabricantes se entregaran á punibles excesos y pusieran violentamente en libertad á los que de ellos se hallaban presos, y prendiendo á los más instigadores, habiendo tenido que hacer uso de las armas por espacio de muchas horas de lo cual resultó un guardia herido y varios contusos.

El número de aprehensiones ascendió á 1,344: 425 delincuentes, 220 ladrones, 25 reos prófugos, 48 desertores, 629 por faltas leves y 13 contrabandos. Muchos Oficiales é individuos de tropa se hicieron acreedores á gracias, ascensos y condecoraciones. La fuerza del Tercio sufrió una disminución demasiado sensible y considerable, pues en la revista de diciembre estaba reducida á 2 Jefes, 28 Oficiales, 558 individuos de tropa y 91 caballos.

1855. Muchas contrariedades tuvo que arrostrar la Guardia Civil en el año que nos ocupa, sobre todo la fuerza del Segundo Tercio, por las provincias en que presta su servicio, á causa de las sugestiones de los hombres perversos que á favor de los trastornos políticos procuraron hacer cuanto les fué posible en perjuicio de la institución; pero ésta supo vencer todos los obstáculos con su incontestable tesón y celo, y dejar en lugar más alto que nunca su fama tan justamente adquirida, persiguiendo á los malhechores, auxiliando á los infelices atacados de la epidemia, cruel azote que vino en aquel año á aumentar el inmenso número de males que pesaban sobre la nación, persiguiendo sin tregua ni descanso á las facciones que se levantaron hasta exterminarlas, y dando eficaz auxilio á las autoridades para mantener el orden y el respeto á las leyes. Entre los servicios más distinguidos que en este año prestó la Guardia Civil, encontramos la captura del famoso cabecilla Marsal, su segundo don José Más y Domingo Pons, antiguo Sargento primero carlista, por el Comandante D. Carlos Mondelly y Capitán D. Manuel Bellido; acciones brillantes dadas en la provincia de Lérida por D. Nemesio Figuerola; la derrota y prisión del cabecilla Pueyo el 7 de junio por el valiente Sargento primero de la Tercera Compañía D. Santos Estalaya y ocupación de 20,000 rs., que aunque pudieran considerarse como presa de guerra, los entregó intactos, habiéndole acompañado á este servicio el Cabo segundo Manuel Moreno y los guardias José Archala, Miguel Más, Domingo Badía y Jaime Xan; el combate sostenido por espacio de más de dos horas por el Teniente D. Calixto González con 20 guardias contra la facción del cabecilla Cristóbal Comas (a) Toful, y la captura del famoso José Martín (a) el Lladre.

En primeros de enero de este año fué baja, por haber sido destinado á las órdenes del Capitán General de la isla de Cuba, el Brigadier D. Luis Serrano, reconociendo por causa quizá este destino, la actitud firme y enérgica con que ofreció sus servicios á la primera autoridad militar de Cataluña, durante las críticas circunstancias porque atravesó Barcelona en julio de 1854. Fué reemplazado en el mando del Tercio por el Brigadier Purgold de cuyo Jefe nos hemos ocupado en el Primer Tercio.

El número de las aprehensiones ascendió á 425: 159 delincuentes, 84 ladrones, 12 reos prófugos, 43 desertores, 127 por faltas leves y 6 contrabandos. Muchos de los individuos de este Tercio merecieron ser agraciados con ascensos, cruces y condecoraciones por los extraordinarios servicios que prestaron. En la revista de diciembre presentaba una diferencia en el número de la fuerza, comparado con el del año anterior, pues tenía 2 Jefes, 29 Oficiales, 767 individuos de tropa y 61 caballos.

1856. Continuaba la fuerza del Tercio ocupada en su servicio ordinario, y en junio fué baja por haber solicitado su cuartel el Brigadier D. Carlos Purgold, habiéndole reemplazado en el mando del Tercio el Coronel D. Manuel Barreda y Mazmela.

Si grandes fueron los servicios prestados en el año anterior por la fuerza del Segundo Tercio, más eminentes lo fueron en el que nos ocupa. Mandado interinamente por el Sr. D. Marceliano José Álvarez, su segundo Jefe, por no haberse incorporado aún el primero, detenido en Madrid á causa de acontecimientos de julio á los que concurrió con fuerza del Primer Tercio, supo aquél dar una prueba irrefragable y evidentísima de que la institución de la Guardia Civil es el baluarte más firme y poderoso que posee la nación para el mantenimiento del orden.

Con noticia de los sucesos de Madrid, la industriosa y altiva Barcelona se lanzó á una lucha encarnizada y horrorosa que durante tres días sostuvo contra toda su guarnición. Con este motivo y previamente se replegó á aquella plaza toda la Guardia Civil de la provincia, y dirigida por su Jefe accidental D. Marceliano José Álvarez, el Comandante D. Mauricio Albert y demás Oficiales, se batió constantemente en primera línea, con el arrojo propio de su bravura, habiendo recibido en la refriega honrosas heridas el Cabo primero Félix Navas, y los guardias Pedro Sebastián y Vicente del Barrio López. El Alférez D. Eulogio Amor, situado en el camino de Gracia con 20 caballos, se distinguió notablemente por las cargas que dio á los insurrectos, causándoles 12 muertos y 15 prisioneros, experimentando en su fuerza la pérdida de dos caballos y herido el del Teniente Sierra. Sofocada la rebelión en Barcelona, los que la promovieron huyeron en crecidos grupos tomando distintas direcciones para sublevar el país, y para su persecución y derrota fué nombrado por la autoridad militar el activo y bizarro Coronel Jefe accidental D. Marceliano J. Álvarez, el cual á la cabeza de una columna les acosó de cerca obligándoles á diseminarse.

La Compañía de la provincia de Gerona, guiada por su digno Comandante D. Carlos Mondelly, hoy segundo Jefe del Tercio, contribuyó poderosamente al sostenimiento del orden en el territorio de su demarcación en tan críticas circunstancias en que se pusieron en desacuerdo las autoridades principales civil y militar; y la Compañía de la provincia de Lérida por su actividad, denuedo y bizarría, para batir las facciones de los cabecillas Borges y Tristany, y el tino especial que desplegaron todos los destacamentos de la misma, para guiar las columnas de operaciones del Ejército, se hizo acreedora á que el excelentísimo señor General D. Diego de los Ríos, Jefe de las operaciones dirigiese á su Comandante D. José Morales Aldama, una comunicación sumamente honorífica elogiando su comportamiento y la de la fuerza de su mando, cabiendo gran parte de esta gloria al entonces segundo Capitán, hoy Comandante, don Nemesio Figuerola. La de Tarragona, al mando del bizarro Comandante D. Manuel Freixas secundó en celo, valor y arrojo, á la de las demás provincias; el Sr. Comandante Freixas se hizo digno del mando que aún hoy desempeña con gloria en esta provincia.

A pesar de estos servicios extraordinarios, no descuidó el Segundo Tercio los especiales del instituto, y el número de aprehensiones ascendió á 1,119: 313 delincuentes, 189 ladrones, 26 reos prófugos, 96 desertores, 495 por faltas leves, 22 contrabandos.

1857. Grande es nuestro pesar por no poder citar circunstancialmente los interesantes servicios que en el año que nos ocupa prestó la fuerza del Segundo Tercio, aprehendiendo terribles criminales, sosteniendo luchas con ellos y dándoles muerte, descubriendo fábricas de moneda falsa y haciendo otros servicios importantísimos. El número de aprehensiones llegó á la crecida cifra de 2,029; 735 delincuentes, 288 ladrones, 69 reos prófugos, 111 desertores, 850 por faltas leves y 13 contrabandos.

1858. Cada año que pasa es una nueva página de gloria añadida á la historia de la Guardia Civil, que de día en día aumenta en prestigio, siendo cada vez más apreciada de todos los hombres honrados, de todos los buenos ciudadanos, que ya no desean más que verla aumentada al número suficiente para que pueda con el celo que la distingue, y con la experiencia adquirida por sus individuos y dignísimos Jefes y Oficiales que la mandan, desarrollar completamente hasta en sus menores detalles el pensamiento del Gobierno al crear tan útil y beneficiosa institución. El principado de Cataluña á pesar de su numerosa población está dotado de tan escasa fuerza que hay muchos Puestos que cada uno de ellos tiene á su cargo más de 100 pueblos; no obstante, en el año que nos ocupa, en las numerosas carreteras que cruzan tan extenso distrito no ocurrió ningún atentado contra la seguridad de los carruajes, y en cuantos accidentes sufrieron éstos fueron socorridos inmediatamente por la fuerza del Cuerpo. En este año tenemos que lamentar la sensible pérdida del Guardia Jaime Rosa, asesinado alevosamente al cumplir con el celo acostumbrado con lo que le prescribía su deber en el descubrimiento de una gran fábrica de moneda falsa, al que concurrió el Teniente D. Tomás Viñals, consiguiendo la captura de los falsos monederos y de los inicuos y traidores asesinos del Guardia Rosa.

Fué trasladado de este Tercio al mando del séptimo su Coronel D. Manuel Gómez Barreda y Mazmela, y reemplazado en el mando del que nos ocupa, por el bizarro Coronel, Teniente coronel, primer Jefe del undécimo D. Manuel Freixas y Gasset, Jefe cuya reputación militar, carácter enérgico é imparcial, y tino especial para el mando, le hacen digno de figurar entre los más aventajados de su clase; teniendo consignados en su historia militar hechos que deben servir de honrosos timbres á su nombre.

El número de aprehensiones ascendió en el año que nos ocupa á 1,490 en esta forma: delincuentes, 686; ladrones, 209 reos prófugos, 61; desertores, 69; por faltas más ó menos leves, 215; contrabandos,17.

1859. La fuerza del Segundo Tercio continúa moralizando aquel industrioso y activo Principado con el mismo celo y actividad que en años anteriores. Entre los eminentes servicios que registra la historia en lo que va de año, encontramos el prestado por el Cabo primero Isidoro Penijer y guardia Mauricio Fons, que capturaron al famoso criminal Clemente Mascarós, uno de los autores del robo y asesinato cometidos en la casa y persona de D. Jaime Ferrer.

El Cabo segundo Sebastián Ríus y guardia Jacinto González, capturaron á Francisco Ayén Firech (a) Fraile, autor de dos asesinatos cometidos en la villa de Tordera.

Los Guardias Luis Martínez y José Sopena, prestaron eficaces auxilios al carruaje de Felíu Capela, precipitado en un barranco, logrando salvar á algunos viajeros de una muerte segura, poniéndolos en salvo lo mismo que á las mulas y equipajes, por cuyo servicio fueron recompensados por S.M., con la cruz de M.I.L.

No nos es posible insertar más servicios; sólo deseamos que la Guardia Civil de Cataluña llegue al desarrollo que merece, y á ser en aquel país la única institución dedicada al servicio que le está sometido, dejando de ver en frente de sí, otra muy digna sin duda, pero que no está en armonía con el sistema general del Gobierno que rige en la Nación.

He aquí ahora el resumen general de las aprehensiones verificadas por la fuerza de ambas armas de las cuatro provincias del antiguo Principado desde la creación del Tercio hasta fin de agosto del presente año.

Provincias.

Delincuentes.

Ladrones.

Prófugos.

Desertores.

Faltas.

TOTAL.

Barcelona.
Gerona.
Lérida.
Tarragona.

1,842
1,725
1,305
1,731

  526
  624
  361
  435

115
193
102
 73

  317
  259
  237
  207

 3,416
 4,452
 3,182
 2,699

 6,216
 7,253
 5,187
 5,145

Totales.

6,603

1,946

483

1,020

13,749

23,801

Además del anterior número de aprehensiones figuran 156 contrabandos de que en el ordinario curso del servicio del instituto se apoderó la Guardia Civil del Segundo Tercio.

SERVICIOS PRESTADOS POR EL TERCER TERCIO.

1844. Para este Tercio, destinado á prestar sus servicios en uno de los distritos militares más poblados y ricos del reino, y que desde muy antiguo, á causa de la bondad de su clima, la fertilidad y belleza de su suelo, de los grandes capitalistas y magníficas labranzas que en él se encuentran, ha sido siempre escogido con predilección por los más famosos bandidos á Andalucía, para sus correrías y depredaciones, se designaron á la creación del Cuerpo, tres compañías de infantería, una de caballería con un primer Jefe, 21 Oficiales y 537 individuos de tropa. La elección de primer Jefe de este Tercio no pudo ser más acertada, pues recayó en el Coronel de Caballería don José de Castro, terror de los malhechores de las provincias que comprende el distrito militar de Sevilla, y en las que, siendo Capitán de Caballería había adquirido gran renombre por los años de 1826 al 28. En el mes de octubre del año nos ocupa, pasó la fuerza del Tercer Tercio su primera revista de Comisario en Alcalá de Guadaira, distribuyéndose después de ella entre las cuatro provincias del distrito, haciéndose una modificación en la primera división que se había hecho y quedando constituida en cuatro compañías de infantería y una de caballería en la forma siguiente: Compañía de caballería, primer Capitán D. Pablo Becar; Primera Compañía de Infantería destinada á la provincia de Córdoba, su Capitán D. Alonso Botoyo Dávila; Segunda Compañía, destinada á la provincia de Sevilla, su Capitán D. Lorenzo Contreras; Tercera Compañía destinada á la provincia de Cádiz, su Capitán D. José Cisneros y Cuarta Compañía, destinada á la provincia de Huelva, su Capitán D. José Tuldra. Distribuida así la fuerza, comenzó á prestar el servicio propio y especial del Cuerpo, captándose el aprecio de los hombres honrados y desvaneciendo la desfavorable idea que los enemigos del orden habían conseguido inspirar á la nación acerca de la índole de la institución. Los servicios que prestó durante el corto tiempo que restaba del año, son los que arroja el siguiente resumen: delincuentes, 10; ladrones, 6; prófugos, 2; desertares, 3; faltas más ó menos leves, 34. Total 55 aprehensiones.

1845. Grande era la tarea encomendada á la escasa fuerza del Tercer Tercio, y difícil y por demás peligroso el llevarla á cabo; y así vemos que la Guardia Civil en las mencionadas provincias, donde tan inveterado era el vicio del robo y del latrocinio en ciertas clases de la sociedad, tuvo que derramar abundantemente su sangre generosa, para dar comienzo en ellas á su misión altamente civilizadora. En la villa de Cantillana fué alcanzada y batida una partida de criminales, resultando heridos el Sargento segundo Victoriano Santibañez y el Guardia Cristóbal Dorado; y en la de Estepa, semillero eterno de criminales y bandidos, los guardias Francisco Colón y Manuel Domínguez también recibieron heridas de los criminales con quien sostuvieron un reñido y glorioso combate. En las cuatro provincias se efectuaron 232 aprehensiones en esta forma: 34 delincuentes; 20 ladrones; 16 reos prófugos; 12 desertores y 150 por faltas más ó menos leves.

1846. En este año dispuso S.M., en fin de febrero que de la Compañía de Caballería se segregase la fuerza destinada á la provincia de Córdoba, formando esta fuerza medio escuadrón independiente, con cuya disposición, el Tercer Tercio vino á componerse de cuatro compañías de infantería y dos escuadrones de caballería. Por Real orden de 20 de enero S.M., se dignó dar las gracias al Cuerpo y declarar haber visto con sumo gusto los brillantes servicios prestados en el año anterior.

Pérdidas muy sensibles sufrió también el Tercer Tercio en el año que nos ocupa, sellando con su sangre generosa, su celo y eficacia por el servicio. El Guardia Francisco Trujillo murió víctima de una bala traidora que le fué disparada por una mano desconocida y criminal; el Cabo primero de Caballería Alfonso Jiménez Serrano fué muerto de un tiro que le disparó el criminal conocido por el tuerto de Alajar; el Sargento segundo de caballería, hoy Teniente, D. Francisco Laso y el Cabo primero de infantería Manuel Toribio, fueron heridos en encuentros sostenidos por los criminales á quienes perseguían; y continuando la fuerza del Tercio con su brillante conducta, consiguió la destrucción de la gavilla de facinerosos Capitaneada por Zamarra (padre) y el conocido por el Tempranillo, grangeándole tan eminentes servicios el aprecio de las autoridades y de todo el país. El siguiente resumen manifiesta las aprehensiones llevadas á cabo por la fuerza del Tercer Tercio en todo el presente año: delincuentes y ladrones, 674; reos prófugos, 97; desertores, 103; faltas más ó menos leves, 1,353. Total 2,227.

1847. En este año hizo ver la fuerza del Tercer Tercio á los famosos bandidos, señores de vidas y haciendas en las ricas provincias de Andalucía, que habían pasado ya aquellas épocas, en que después de estarse burlando los de su ralea, por espacio de muchos años de las autoridades, y oprimiendo con sus tiranías á los hombres pacíficos y honrados, acogiéndose á un cobarde indulto, volvían á sus casas á hacer gala de sus antiguas fechorías y á comerse el fruto de sus crímenes y depredaciones. Con efecto, entre los numerosos servicios prestados por la fuerza del Tercio en el año que nos ocupa, se cuentan la captura y muerte del facineroso Juan Ramos Gil, verificada en la madrugada del 13 de mayo por los individuos de la Primera Compañía (provincia de Córdoba), por cuyo servicio se dignó S.M., mandar se diesen las gracias en su Real nombre á la fuerza de dicha provincia. Por Real orden de 9 de noviembre se dignó S.M., dar las gracias y conceder el grado de Capitán al Teniente D. Antonio Ordoñez, y condecorar con cruces de M.I.L., á los guardias de su mando por el inapreciable servicio de haber dado muerte al antiguo y famoso bandido Caparrota y destruido completamente toda su gavilla.

En el mes de mayo, parte de la fuerza del Tercio, obran á las inmediatas órdenes de su primer Jefe, contribuyó á restablecer el orden alterado en Sevilla con motivo del precio excesivo que tuvieron los cereales.

Las aprehensiones hechas en este año por la fuerza del Tercer Tercio ascendieron á la crecida suma de 2,952, en la forma siguiente: delincuentes y ladrones, 805; reos prófugos, 141; desertores, 137; faltas más ó menos leves, 1,869.

1848. Los servicios prestados por la fuerza del Tercer Tercio en este año, así ordinarios como extraordinarios, son tan eminentes y varios que no sabemos que admirar más, si el valor, la prudencia y el arrojo con que los guardias los llevaron á cabo, derramando para ello abundantemente su sangre generosa, ó lo perfectamente que se habían penetrado y comprendido la especialidad de la honrosa institución á que pertenecían, el cuarto año de la creación del Cuerpo, cuando apenas acababa éste de nacer y estaba en los primeros pasos de su desarrollo y organización.

El 12 de febrero fué herido alevosamente de un tiro por un criminal el Guardia de la tercera Compañía Julián Sánchez Recuero.

Por Real orden de 19 de abril S.M., se dignó agraciar con la cruz sencilla de M.I.L., al Cabo de Caballería José Franco y guardias Antonio Rojas y José Vargas, porque con sin igual arrojo y eminente riesgo de sus vidas salvaron la tripulación de la goleta inglesa Maríaque había naufragado el 9 del mismo mes, en el sitio denominado el Inglés, costa de Sanlúcar de Barrameda.

En la noche del 13 al 14 de mayo, tuvo lugar el lamentable acontecimiento de la rebelión de todo el Regimiento de Caballería del Infante con uno de sus Jefes y algunos Oficiales, y de la misma manera de la mayor parte del Regimiento de Infantería de Guadalajara. Habiendo fracasado las tramas de los enemigos del orden en Madrid, trataron de promover disturbios en las provincias, que no tuvieron éxito; pero sí produjeron las desgracias y males que son consiguientes. La fuerza del Tercio prestó en aquella ocasión eminentes servicios; y no podemos menos de hacer mención del arrojo y lealtad con que se condujeron el Sargento de Caballería D. Francisco Lasso, hoy Teniente, y guardias que componían el Puesto de Sanlúcar la Mayor, los cuales, sorprendidos por los sublevados cuando se hallaban limpiando los caballos, supieron resistir las ofertas del Jefe de aquellos, para que le siguiesen, y reducidos á prisión, por su heroica negativa á mezclarse con los sediciosos, aprovechando el desorden ocurrido entre los mismos por la aproximación de fuerzas leales, se escaparon de las manos de los revoltosos recuperando sus caballos. Por este brillante hecho S.M., se dignó agraciar con el grado de Alférez de Caballería al mencionado Sargento y con la cruz pensionada de María Isabel Luisa á los guardias que le acompañaban.

En el mismo mes de mayo en la Sierra de Cazalla y llano de Extremadura por aquella frontera, se levantó una partida carlista á la que se unió el bandido conocido por el Barquero de Cantillana. Parte de la fuerza del Tercio mandada por el primer Jefe del mismo en persona, D. José de Castro, ascendido en este año á Brigadier de Caballería; el segundo Jefe del mismo el Coronel D. Lorenzo Contreras, el segundo Capitán Bartolomé Ruiz y el Teniente D. Francisco Castillo, hoy Comandante, emprendieron su persecución y bien pronto fué destruida, quedando solamente el Barquero de Cantillana, cuya persecución se le encomendó al citado Teniente Castillo.

Por Real orden de 25 de noviembre fué condecorado con la cruz pensionada de M.I.L., el Sargento primero de la Tercera Compañía Joaquín Ruiz, por haber dado muerte al bandido José Serrano; y por Real orden comunicada por el Ministerio de la Gobernación S.M., se dignó declarar que estaba altamente satisfecha de la no desmentida lealtad y honradez del Cuerpo, cuya Real declaración fué hecha á consecuencia de la pérfida calumnia esparcida para ocultar los verdaderos autores de horrendo crimen que se suponía haber sido cometido por una pareja del Tercio.

En la imposibilidad de insertar más servicios, aunque sean eminentes y distinguidos los que omitimos, el siguiente resumen numérico suplirá nuestro laconismo. Delincuentes y ladrones, 1,116; reos prófugos, 120; desertores, 216; por faltas más ó menos leves, 2,202. Total 3,654.

1849. En este año, si bien tuvo que lamentar el Tercer Tercio las pérdidas de alguno de sus individuos, le cupo también la satisfacción de recibir testimonios evidentes del aprecio que había sabido conquistarse tanto del Gobierno de S.M., como de los habitantes de las provincias que comprende el distrito. Por circular del Excmo. Sr. Inspector General, fecha 14 de marzo del año que nos ocupa, se hizo saber al Cuerpo que la fuerza de las provincias de Cádiz y Sevilla, se distinguían entre las que mayores servicios habían prestado.

En los primeros días de julio, en la ciudad de Huelva, al salir de una función de toros, el criminal Manuel Serrano hirió al guardia de la Cuarta Compañía Agustín Fernández y al corneta Francisco Tropeano; y el día 6 de octubre en el pueblo de Santa Olalla al ir á apaciguar una quimera el Guardia de la misma Cuarta Compañía Antonio Galán, fué muerto de una puñalada por el paisano Manuel Delgado.

El día 2 de noviembre el Teniente, hoy Comandante, don Francisco del Castillo, logró dar alcance y muerte al célebre criminal titulado Barquero de Cantillana, por cuyo eminente servicio fué condecorado con la cruz de San Fernando de primera clase é igual recompensa fué también concedida al Sargento primero graduado de Alférez, hoy Teniente D. Francisco Lasso. Los habitantes de la Capitanía General de Sevilla agradecidos á los beneficios que recibían de la Guardia Civil, manifestaron de mil finas maneras su reconocimiento á los individuos del Tercio, y con especialidad los de Sanlúcar la Mayor, pidiendo la continuación en dicho partido del Sargento mencionado D. Francisco Lasso, en una entusiasta manifestación suscrita por más de 400 personas de todas clases y matices políticos, y respetables por su posición y fortuna.

Tendríamos necesidad de ocupar muchas páginas con los hechos de armas gloriosos que registra la historia de este Tercio; pero precisados á circunscribirnos, sólo lo haremos del resumen numérico de las aprehensiones llevadas á Cabo en todo el año que recorremos. Delincuentes y ladrones, 1,214; desertores, 140; reos prófugos, 95; por faltas más ó menos leves, 1,915. Total 3,364.

1850. En este año la fuerza del Tercio, ocupada continuamente en el servicio especial de la institución, los prestó muy eminentes y también tuvo que lamentar pérdidas muy sensibles. Por Real orden de 22 de marzo fué agraciado con la cruz pensionada de M.I.L., el Cabo primero de Caballería José Franco por la interesante captura de los bandidos Manuel Abad y Antonio Olmedo. En 9 de abril ocurrió un choque con una partida de facinerosos á las inmediaciones de la villa de Priego en que quedó muerto de un balazo el Guardia Froilán González.

En el mes de mayo S.M., dispuso que los Brigadieres primeros Jefes de los Tercios tercero y quinto, D. José de Castro y D. Carlos Purgold, que antes lo había sido del Primer Tercio, permutasen sus respectivos mandos.

El día 20 de agosto, en la dehesa llamada Zambrano, término de Jimena, el Puesto de este pueblo, á las órdenes del Sargento de la Tercera Compañía Tomás García Duque, tuvo un fuerte choque con una partida de criminales del que resultó muerto el Guardia Francisco Fernández García. El 8 de noviembre, vigilando la carretera en la demarcación del cerro de Perea, sitio célebre en robos y asesinatos, y hoy el más seguro en la carretera general de Sevilla, fué herido el Guardia Juan Fabeiro por el criminal conocido por el Chato Zamarra. La fuerza del Tercio entre los muy singulares y eminentes servicios que prestó en este año, se encuentra la aprehensión de una cuadrilla de bandidos que en la Serranía de Ronda había dado muerte á un propietario. Por este hecho, que fué debido al celo é inteligencia del Teniente D. Juan Morillas, hoy Capitán mereció este Oficial las gracias de S.M., y de todas las autoridades de la provincia. Si tuviéramos espacio lo llenaríamos de episodios dignos de los bizarros guardias á quienes las Andalucías deben la paz que con asombro de sus habitantes disfrutan; pero careciendo de él sólo los guarismos suplirán esta falta en siguiente resumen: delincuentes y ladrones, 1,206; reos prófugos, 97; desertores, 146; por faltas más ó menos leves, 2,593. Total 4,042.

1851. Ocupada la fuerza del Tercio en el servicio especial del instituto, también en este año tuvo que lamentar la pérdida del Cabo segundo del Segundo Escuadrón José Álvarez, á quien unos contrabandistas dieron muerte á las inmediaciones de Villaluengo del Rosario, lugar próximo á Grazalema. Creemos superfluo relatar servicios; necesitaríamos un libro no pequeño para los de este Tercio. Los consignaremos en el siguiente resumen numérico de las aprehensiones efectuadas por la fuerza del mismo en todo el año: delincuentes y ladrones, 1,176; reos prófugos, 150; desertores, 170; faltas más ó menos leves, 2,293. Total 3,789.

1852. Las provincias de Andalucía, donde tan inveterado ha sido el vicio del robo en las clases pobres de sus habitantes, de los que en gran número de ellos se dedican al contrabando, han sido regadas abundantemente con la sangre de la Guardia Civil; estremece el relato que vamos á hacer de las pérdidas que tuvo que lamentar la fuerza del Tercer Tercio en este año; y por ellas puede formarse una idea de los inmensos servicios que prestó, y de la eficacia, abnegación y celo con que se consagraba al cumplimiento de su deber.

El día 29 de marzo, en Peña Roya, provincia de Córdoba, algunas parejas del Tercio, mandadas por el Teniente del mismo D. Manuel Peral, á la hora del amanecer, encontraron al facineroso conocido por José María (a) el Grande; trabose una refriega en que dicho bandido pereció; pero vendiendo caramente su miserable existencia, pues ágil, astuto y diestro tirador, aprovechándose hábilmente de los accidentes del terreno, dio muerte á los guardias Manuel Ortega y Manuel García, é hiriendo á los de la misma clase José Ortiz y Manuel Dorado. En 6 de mayo el reo prófugo Mateo Fernández (a) el Comerciante, dio muerte al Guardia José Jiménez en la sierra de Córdoba, entre Campo Bajo y El Ventorrillo del Cachorro.

El día 12 de junio el Cabo Antonio del Moral, Comandante del Puesto de Rute, provincia de Córdoba, dio alcance al bandido conocido por el Sordo de Rute y aunque el criminal pereció en el combate, también fué á costa de la vida del intrépido Cabo que falleció pocas horas después del bandido, de resultas de las heridas que en el mismo combate recibió.— El 16 de Septiembre el bandido Juan Elías asesinó al guardia de Caballería Manuel Esteban, en el término del Cortijo de Santillán, provincia de Sevilla.— El 4 de diciembre, en el pueblo de Puente Genil, algunas parejas del Tercio, cercaron una casa donde se hallaban los bandidos Manuel Chicón y Manuel Valdés, y en el combate que se trabó con ellos para conseguir su captura, fué muerto el Guardia primero de Caballería José López, y herido el de segunda clase Domingo Bragado.— El 15 del mismo diciembre el bandido Mateo Fernández, aumentó el número de sus horribles crímenes, dando muerte al guardia de infantería Ildefonso Jiménez, en la cañada de Espiel, provincia de Córdoba.

Los muchos excesos y crímenes que se cometían en las provincias de Córdoba y Sevilla, particularmente en el partido de Estepa, llamaron la atención del ilustre General Duque de Ahumada, que incansable en dirigir todos sus esfuerzos á la pacificación de un país que conocía muy á fondo, hubo de proponer al Gobierno, y éste aprobó un Real decreto para que los criminales en cuadrilla fuesen sentenciados militarmente; que en el partido citado se estableciese una comisión militar que sentenciase á los ladrones, sus encubridores y protectores; dieron tales resultados estas acertadas disposiciones, que en dos meses escasos, pero de incesante fatiga, esta comisión, apoyada una compañía de infantería del Ejército, y al mando del Brigadier D. Carlos Purgold, sentenció á 194 criminales, cómplices y encubridores; el país quedó tranquilo, y las partidas de los célebres Zamarra y Chato de Benamejí completamente extinguidas, si bien á costa de abundante sangre derramada por los valientes guardias, y las provincias de esta parte de Andalucía libres de la ferocidad de aquellos bandidos.

El siguiente resumen suplirá la sensible falta que nos vemos precisados á cometer en obsequio de la brevedad; él expresa el número de aprehensiones llevadas á Cabo por el Tercer Tercio en este año. Delincuentes y ladrones, 1,193; reos prófugos, 129; desertores, 157; por faltas más ó menos leves 1,379. Total, 2,858.

1853. Con el aumento de fuerza que recibió el cuerpo en este año, la del Tercio se elevó á 1,100 plazas: 894 de infantería y 206 de caballería, divididas las últimas en dos escuadrones; el primero de 139 hombres, y el segundo de 67. Con este aumento los servicios del Tercio fueron mucho más eficaces y numerosas las aprehensiones; apenas se había cometido un crimen cuando ya estalla el criminal entregado á la acción de Tribunales; y tanto creció el prestigio del Tercio, que cada uno de los pueblos del distrito ó grandes centros agrícolas, querían tener un Puesto, ofreciéndose á pagarlos y sostenerlo á su cuenta, mirando los Alcaldes de los pueblos á los individuos de la Guardia Civil como los verdaderos sostenedores de su Autoridad, y los hombres honrados como el amparo y protección de sus vidas y haciendas. También este año tuvo el Tercer Tercio pérdidas que lamentar; el 30 de Septiembre en las cercanías del pueblo Encinas Reales, provincia de Córdoba, un bandido hirió al guardia de la Primera Compañía Cayetano Sánchez; y el 29 de noviembre, en las inmediaciones de Constantina, el criminal Leonardo Rodríguez (a) Cuartillo, asesinó al guardia de la Segunda Compañía de Infantería Pedro Plata Rubio, cuyo criminal por efecto de la incansable persecución que le hizo el bizarro y activo Teniente D. Pedro Victorio Enquerella, se vio obligado á huir al vecino reino de Portugal, donde no sabemos si aún hoy residirá. He aquí el resumen de las aprehensiones llevadas á Cabo en el año que nos ocupa. Delincuentes y ladrones, 1,377; reos prófugos, 171; desertores, 87; por faltas más ó menos leves, 2,768. Total, 4,403.

1854. En el año de que sucintamente vamos á ocuparnos, la fuerza del Tercio fué disminuida, quedando reducida á 1,004 plazas y 173 caballos. Los disturbios políticos ocurridos en todo el reino, dieron lugar á la concentración de la fuerza en las capitales de las cuatro provincias que comprende el distrito, lo cual fué causa de que los criminales volvieran á salir de sus guaridas y á ejercer sus fechorías, cometiéndose en el período que duró la concentración de la fuerza, más crímenes que en muchos de los años anteriores. Habiendo vuelto la fuerza á su especial servicio, logró con incansable celo reprimir á los criminales, teniendo también que lamentar la pérdida del Guardia de la Segunda Compañía Francisco Rodríguez, que fué asesinado por un criminal el día 27 de octubre en la villa de Gilena.

En octubre de este año dispuso S.M., que el Brigadier de este Tercio, Barón de Purgold, permutara con el Brigadier Primer Jefe del Segundo Tercio D. Luis María Serrano, el cual cesó también en el mando de éste el 31 de diciembre, siendo reemplazado por el Coronel de Caballería D. José Fernández de Terán, que había estado al frente del negociado de organización y personal de Jefes y Oficiales de la Inspección General del Cuerpo, en cuyo desempeño cesó por ascenso á Coronel, empleo que no era compatible con la plantilla de aquella dependencia. Terminaremos el año con el resumen de las aprehensiones efectuadas durante él por la fuerza del Tercio. Delincuentes y ladrones, 899; reos prófugos, 85; desertores, 48; faltas más ó menos leves, 1,617. Total, 2,647.

1855. A pesar de las dificultades que los criminales ó sus allegados, prevalidos del estado de agitación en que la nación se encontraba, trataron de suscitar á la Guardia Civil, para impedirle y estorbarla en lo posible en el cumplimiento de sus deberes, acreditó más y más su celo por el servicio, si bien como los años anteriores á costa de su sangre. El 1.° de febrero fué herido por una partida de ladrones el Cabo primero de la Primera Compañía de Infantería Juan Fabeiro, á las inmediaciones del Puesto de Cerro Perea, del que era Comandante. El 23 de junio, en los barrancos de Tepa, término de Cazalla de la Sierra, murió gloriosamente, batiéndose cuerpo á cuerpo con una numerosa cuadrilla de contrabandistas, el Guardia de la Segunda Compañía José Martínez; y el 18 de diciembre el Guardia de la misma Compañía Francisco Romero Fuentes, fué herido en Cantillana por el criminal Antonio Díaz (a) Conejito.

Los gérmenes de la revolución, sembrados en el año anterior en casi todas las provincias de España, hubieron de arraigarse de una manera dolorosa en algunos puntos de las riquísimas provincias de Andalucía, en términos de querer repartirse la propiedad á mansalva entre la gente proletaria. En la provincia de Cádiz y partido de Jerez, se hizo necesario todo el tacto y energía del celoso Gobernador Civil Sr. Ríos Rosas, hermano del eminente orador de este nombre, para mantener á raya las turbas, auxiliado por la incansable Guardia Civil casi de continuo allí concentrada al mando del activo Capitán, hoy Comandante, D. Julián Cantero. Las personas acomodadas y grandes propietarios de Jerez y su partido, han tenido mucho que agradecer á aquella autoridad y á la fuerza del Cuerpo, á quienes seguramente debieron entonces el no verse dolorosamente privadas de sus propiedades, que trataban de repartirse los más depravados, á la sombra de una libertad de que ellos mismos se hacían enemigos, por sus ataques á la propiedad.

A continuación damos el resumen numérico de las aprehensiones verificadas en todo el año por el Tercer Tercio. Delincuentes y ladrones, 1,353; reos prófugos, 109; desertores, 79; faltas más o menos leves, 1,800. Total 3,341.

1856. En el año que nos ocupa la fuerza del Tercio contribuyó poderosamente á mantener el orden en las cuatro provincias que comprende el distrito. Agitados los ánimos en las provincias á consecuencia de los acontecimientos que tuvieron lugar en Madrid en los días del 14 al 17 de julio, en la noche del 22 del mismo mes los mal contentos de Sevilla, se presentaron en grupos sediciosos en la plaza del Duque, calle de las Sierpes, plaza de San Francisco, inmediaciones de la plaza Nueva, plaza de la Alfalfa, calle de Franco y otras. El Excmo. Sr. Capitán General dio orden al Coronel primer Jefe del Tercio, para que con 20 caballos y el Oficial Ayudante Cajero del mismo, dispersase aquellos grupos, como lo verificó inmediatamente. Acto continuo el mismo Jefe recibió orden de la expresada autoridad superior para que con la fuerza mencionada, un Oficial y 20 cazadores de Basbastro, fuese á recoger unos fusiles que había en casa de un Oficial de la Milicia Nacional, sita en Caño Quebrado. Yendo á cumplir esta orden, al llegar al sitio denominado de la Feria, un numeroso grupo de sediciosos armados, le recibió con un vivo fuego de fusil. Cargados en todas direcciones los sediciosos se dispersaron; pero desde las puertas, ventanas, balcones y azoteas, sostuvieron la lucha por espacio de dos horas, con toda clase de proyectiles que pudieron encontrar á mano, hasta que habiendo venido de refuerzo una Compañía del expresado batallón de Barbastro, después de una hora más de lucha, quedaron vencidos los insurrectos. Éstos tuvieron nueve hombres muertos en el acto y cinco que fallecieron al día siguiente en el hospital, muchos heridos que retiraron y escondieron y 43 prisioneros. En la refriega, los cazadores de Barbastro, tuvieron un muerto, un herido de gravedad, y cuatro contusos; fueron heridos gravemente el Guardia de Caballería Manuel Sandoval y el trompeta del Primer Escuadrón; un Cabo y dos guardias recibieron contusiones graves de macetas lanzadas desde las azoteas; tres caballos salieron heridos, de los cuales murieron dos, y contuso el que montaba el Jefe.

En la misma noche, el Subteniente del Tercio D. José Sánchez con 24 guardias civiles de infantería, defendió bizarramente la Plaza Nueva, impidiendo á los revoltosos que se apoderaran de ella. La fuerza que ocupaba las demás provincias del distrito, se condujo en aquellos acontecimientos con la dignidad propia de la institución, sosteniendo á las autoridades legítimas La honrosa conducta observada por el Tercio mereció que S.M., le dispensase las gracias de su Real munificencia.

En el servicio ordinario también contrajo grandes méritos la fuerza del Tercio, y selló con la sangre de alguno de sus individuos, su eficacia y su celo; el 10 de noviembre fué herido en la ciudad de Lucena el Sargento segundo del Segundo Escuadrón Juan Gavilán Pastor, por el facineroso Tomás Flores (a) el Peluquero, terror de aquella comarca; á costa de la preciosa sangre de los valientes guardias, las provincias de Andalucía van borrando las huellas tradicionales del crimen que con asombro de la civilización se hacían notorias hasta en toda Europa; hablen por nuestro obligado silencio los guarismos que estampamos á continuación, ellos representan las capturas llevadas á cabo en el año que terminamos. Delincuentes y ladrones, 2,385; reos prófugos, 249; desertores, 128; faltas más ó menos leves, 4,470. Total 7,232.

1857. En este año la fuerza del Tercio inauguró brillantemente sus servicios con el encuentro que tuvieron algunas parejas al mando del Teniente D. José Mercadillo y Pastor en la Sierra de Tablar y en la del Saucejo, provincia de Sevilla, con la cuadrilla de bandidos Capitaneada por el facineroso conocido por el nombre de Varguitas; tres de los bandidos fueron muertos en el acto, fué rescatado un cautivo que éstos tenían, y fué herido de gravedad el Guardia de la Segunda Compañía José Prado Galindo.

Las doctrinas republicanas y socialistas importadas á España y propagadas por todos los medios posibles entre las clases jornaleras, por los eternos enemigos del orden y de la tranquilidad; por esos hombres que dándose aires de apóstoles que vienen á traer la felicidad al pueblo á quien tantas protestas de amor hacen, no son en realidad más que unos miserables promovedores de motines y asonadas, que procuran halagar á los más incautos con la idea de reparticiones de bienes é igualación de fortunas, etc., para lanzarlos á derramar sangre preciosa de hermanos; esas doctrinas, repetimos, sembradas en 1855 y parte del 56, dieron el resultado deplorable de toda mala semilla. Tiempo hacía que en Sevilla se notaba cierto movimiento sospechoso y desacostumbrado, en gentes que por sus antecedentes no podían menos de inspirar recelo á las autoridades; pero éstas demasiado confiadas tal vez en su propia fuerza y en la debilidad de los medios de que podían disponer los mal contentos, no fijaron su atención todo lo que sería de desear en aquellos síntomas de insurrección cada día más alarmantes. En la madrugada del 29 al 30 de junio, los conjurados, en número de 80 á 90, se reunieron en la venta de Enmedio, término de Dos Hermanas, y poniéndose á la cabeza de ellos D. Manuel María Caro, primer Comandante que había sido de infantería, invadieron la villa de Utrera, cometiendo en ella toda clase de excesos, saqueando é incendiando el archivo de su Ayuntamiento. Se apoderaron del Capitán, Jefe de la Línea, D. Juan Morillas, que se hallaba en cama con un fuerte dolor de costado, pretendiendo fusilarlo en el mismo lecho del dolor y en seguida atacaron la casa-cuartel de la Guardia Civil donde se hallaban el Sargento segundo Mariano Capilla y cuatro guardias; estos valientes se resistieron durante cinco horas, hasta que habiéndoseles acabado las municiones é incendiado el edificio, huyeron de él, siendo saqueados sus equipajes y el de sus familias.

Engrosada la fuerza facciosa con lo más soez del populacho de Utrera, en número de más de 200 hombres y en el más completo desorden, cayó aquella horda de salvajes sobre la villa del Arahal, donde cometieron todavía más excesos, pues saquearon muchas casas de la población, quemaron los archivos de las escribanías para destruir los títulos de propiedad de las fincas rústicas y urbanas y los protocolos de las escrituras, testamentos, contratos, y exigiendo y cobrando una fuerte contribución. En el Arahal también se les reunió y les prestó auxilio en aquellas escenas vandálicas toda la canalla de la población. Una sección revolucionaria se dirigió sobre la villa de Paradas, dieron muerte al criado de un eclesiástico y saquearon la casa de éste; pero acudió la fuerza del Tercio destacada en Marchena, dieron muerte á un vecino de dicho pueblo que con las armas en la mano trató de acometerles, y á un insurrecto rezagado, que después de herido se arrojó en un pozo. La primera fuerza que salió de Sevilla en persecución de aquellos vándalos, fué, como era consiguiente, de la Guardia Civil, á las órdenes del Coronel graduado, primer Capitán, D. Antonio Aguado, cuyo entendido Jefe, á marchas forzadas, se dirigió primero Utrera y después al Arahal, donde llegó á poco de haber salir los insurrectos de dicho pueblo, y continuó hasta la villa de Morón, desde donde se vio precisado á regresar á Sevilla por las reiteradas órdenes del Excmo. Sr. Capitán General que había cruzado en persecución de los insurrectos una columna de infantería y caballería á las órdenes del Comandante Aurell, del Regimiento Caballería de Alcántara. El Coronel Aguado hubiera sin duda destrozado muy en breve aquella facción, á no tener que obedecer las reiteradas órdenes comunicadas, que le arrancaron la presa de las manos. A la cabeza de la columna el Teniente de la Tercera Compañía del Tercio D. Simón de la Torre con 33 guardias y una sección de caballería del Regimiento de Alcántara, tuvo la gloria de ser el primero que rompió el fuego en Benaoján contra los sublevados, en el encuentro en que éstos quedaron batidos y dispersos. La fuerza del Tercio, diseminada en pequeñas partidas capturó al caudillo de los insurrectos D. Manuel María Caro, á su segundo, un tal Lallave, conocido por el Fosforero, y á otros muchos; fué tal la actividad, celo y energía, desplegados por la Guardia Civil en estos sucesos, que en breves días, concentrándose y obrando en pequeñas columnas, se reunieron 35 secciones en persecución de los bandidos que acosaban en todas direcciones sin permitirles una hora de descanso. ¡Qué servicio tan inmenso prestó la Guardia Civil al país en estas circunstancias!.

En 3 de junio, el Excmo. Sr. Capitán General dispuso que el señor Coronel, primer Jefe del Tercio, tomase el mando de la tercera columna de operaciones que se estableció sobre las líneas de Extremadura y provincia de Huelva, en la que se manifestaron síntomas de agitación y de alteración del orden público.

Por los servicios prestados en estos acontecimientos, S.M., recompensó con el grado de Capitán al bizarro cuanto modesto Teniente D. Simón de la Torre, y con cruces de M.I.L., á los sargentos, cabos y guardias.

Además de los servicios extraordinarios, la fuerza del Tercio derramó su sangre también este año, persiguiendo á los malhechores, enemigos eternos del reposo de los ciudadanos honrados. El 31 de julio el Cabo primero de la Tercera Compañía Ramón Blanco Díez, dio alcance en la majada de Ruiz, término de Algar, al facineroso Francisco Macias Paulí y cuatro bandidos más. El citado facineroso fué muerto, pero antes hirió de gravedad al Cabo Blanco Díez.

El 20 de diciembre fué herido por dos hombres desconocidos, entre Villalta y Espiel, provincia de Córdoba, el Guardia de la Primera Compañía Ramón Fernández; y en el mismo día, al dar auxilio al Alcalde de Isla Cristina, fueron heridos de un disparo hecho con una escopeta, el Cabo segundo, Comandante de aquel Puesto, José Escobar, y el Guardia de la Cuarta Compañía José Bermejo.

Pesa sobre nosotros la dolorosa consideración del laconismo, y tenemos bien á nuestro pesar que suspender la relación de servicios eminentes, terminándola con el resumen general de las aprehensiones efectuadas en todo el corriente año. Delincuentes y ladrones, 3,429; reos prófugos, 311; desertores, 130; faltas más ó menos leves, 4,058. Total, 7,928.

1858. Dedicada la fuerza del Tercio en este año exclusivamente al servicio especial de su instituto, los prestó muy relevantes, mereciendo entre muchos que queden consignados los siguientes, en los cuales también la Guardia Civil selló con su sangre el celo y valor que distingue á sus individuos.

El 24 de mayo, en Chiclana, fueron heridos al apaciguar á varios paisanos que reñían, los guardias de la Tercera Compañía Nicolás Moratalla y Juan Ramírez.

El 7 de agosto, el intrépido Cabo primero de la Segunda Compañía de Infantería del Tercio, Francisco Jalda Laserna; sostuvo un combate cuerpo á cuerpo dentro de un reducido aposento y á oscuras, en la villa de Estepa, con el bandido Manuel González (a) Muselina, de que resultó muerto el bandido, y con varias heridas de puñal el Cabo, el cual fué agraciado por tan recomendable servicio con la cruz pensionada de San Fernando.

Por último, la activa persecución de la fuerza del Tercio, obligó á dispersarse y abandonar el terreno á una cuadrilla de ladrones que vagaba por Puente Genil, Estepa y La Roda, Capitaneada por el bandido Castilla, á quien hace años persigue la Guardia Civil, aunque sin fruto, por efecto de la punible protección que encuentra en el país que recorre.

Terminaremos, como en años anteriores el presente, con el resumen de las aprehensiones efectuadas en él por la fuerza del Tercer Tercio. Delincuentes y ladrones, 2,851; reos prófugos, 219; desertores, 79; faltas más ó menos leves, 3,935. Total, 7,084.

1859. La fuerza del Tercer Tercio continuó este año en su penosa tarea de moralizar aquel país, misión difícil, atendida la escasa fuerza de dotación y las inveteradas costumbres de algunos de sus moradores, que suelen comenzar su carrera criminal por el contrabando y pasan á continuarla en el robo, el incendio y el asesinato. En este año se presentaron de un modo alarmante, por algunas comarcas, partidas de bandidos que la Guardia Civil no dejaba de perseguir sin descanso, aunque luchando siempre con la punible protección que en el país se les dispensa. Registraremos como muestra únicamente algunos servicios del corriente año.

El Cabo Benito Dohallo, acompañado del Guardia Manuel Salazar, del Puesto de Camas, aprehendieron al famoso bandido Juan José Pérez Carmona (a) Calzones. El Cabo Segundo Pedro Guerrero, con cinco guardias más del Puesto de el Cuervo, auxiliaron eficazmente á los viajeros y salvaron el cargamento de una galera incendiada. El Cabo primero Serapio González y cinco guardias del Puesto de la Puebla de Cazalla, capturaron al bandido Juan Lozano (a) Berdolago. Los guardias Diego Gascón y Luis Fernández, con exposición de sus vidas, salvaron las de un anciano, dos niños y tres personas más, extrayéndolas exánimes de entre los escombros de una casa que se había hundido. Efecto de las partidas de ladrones que aparecieron las provincias de Sevilla y Córdoba, sus bizarros Comandantes D. Juan Moreno Tamayo y D. Francisco del Castillo, con los demás Oficiales é individuos que sirven en dichas provincias, las han perseguido con celo y actividad en todas direcciones, y no obstante la penosa fatiga soportada con admirable constancia bajo el sol abrasador de Andalucía en verano, como el del presente año, sus esfuerzos se multiplicaban para dar seguridad al país puesto á su cuidado.

He aquí ahora el resumen numérico de las aprehensiones verificadas por el Tercer Tercio desde 1.° de enero hasta fin de agosto del año que recorremos. Delincuentes y ladrones, 1,488; reos prófugos, 185; desertores, 61; faltas más ó menos leves, 2,238. Total 3,972.

No queremos terminar la narración histórica del Tercer Tercio, sin recordar á nuestros lectores que los servicios prestados por sus individuos en el tiempo que cuenta de vida aquél, si bien han sido de una importancia inmensa para el país, deben llamar especialmente la atención del gobierno, porque ellos han costado sangre preciosa de los bizarros guardias que la derramaron valientemente cumpliendo con su misión civilizadora, y es justo que se excogiten los medios de que no se derrame en vano. ¿Quién contempla hoy las provincias de Córdoba, Sevilla, Cádiz y Huelva, sin recordar aquellos episodios que en otros tiempos llevaron la fama de los señores de vidas y haciendas por toda Europa?. Hoy han desaparecido á costa de una constante fatiga sin ejemplar, y de la preciosa sangre de 19 individuos muertos y 25 heridos por el plomo criminal de los malvados. Éstos fueron exterminados por la protectora institución á quien los habitantes de Andalucía deben el ver hoy aquel hermoso país sin el sello de ignominia y degradación que le habían impreso de muy atrás los bandidos de fama. ¡Bendigan con nosotros la mano providencial que tanto bien les ha proporcionado!.

Concluimos con el resumen general de las aprehensiones que el Tercer Tercio efectuó desde su creación hasta fin del mes de agosto de 1859.

Provincias.

Delincuentes
y Ladrones.

Prófugos.

Desertores.

Faltas.

TOTAL.

La de Córdoba.
La de Sevilla.
La de Cádiz.
La de Huelva.

 5,266
 6,590
 6,304
 3,004

  323
  678
  883
  274

  390
  436
  702
  153

 5,980
10,048
13,350
 5,112

11,959
17,752
21,239
 8,543

Totales.

21,164

2,158

1,681

34,490

59,493

NOTA. En el curso del servicio aprehendió además 464 contrabandos.

SERVICIOS PRESTADOS POR EL CUARTO TERCIO.

El Cuarto Tercio presta su servicio en las cinco provincias de Valencia, Castellón, Alicante, Albacete y Murcia. Si distinguidos y memorables son los que han prestado los Tercios cuya historia queda ya bosquejada, no lo son en menor grado los del Tercio que nos ocupa. Basta nombrar las provincias que comprende su distrito; el carácter vengativo de sus habitantes, el tener enclavado el territorio conocido por el Maestrazgo en dicho distrito, territorio tristemente célebre en la última guerra civil, y que después de terminada siempre han mirado con predilección los partidarios de la bandera carlista para hacer de él la base de sus operaciones en la multitud de veces que han intentado levantarla de nuevo, las numerosas cuadrillas de criminales, ladrones y asesinos que por los años de 1844 traían en continuo temor y sobresalto á todos los habitantes de aquel país, especialmente en la famosa huerta de Valencia; el desprestigio en que en la misma época se encontraban las autoridades locales y administrativas por falta una fuerza que hiciese respetar sus mandatos, todo esto puede formar una idea al lector de los afanes y trabajos que la Guardia Civil del Cuarto Tercio habrá empleado para que aquellas provincias lleguen á disfrutar por lo general de la tranquilidad que en el día gozan.

A la creación del Cuerpo se destinaron al Cuarto Tercio tres compañías de infantería y un escuadrón de caballería que debían componerse de 1 Jefe, 19 Oficiales y 469 individuos de tropa. Esta fuerza no se hallaba completa en fin de 1844 cuando comenzó á prestar su servicio. El mando del Tercio se confirió al Coronel de Milicias provinciales D. José Hidalgo de Cisneros, que había tenido el mando del provincial de Murcia, persona de familia de posición y muy considerada en aquellas provincias; y entre los Oficiales fué nombrado primer Capitán de la 1.ª Compañía el Comandante que era entonces del Ejército español D. Enrique Cialdini, á quien el ilustre organizador había conocido durante la guerra civil en el Ejército del Centro, y que hoy es el famoso General piamontés que tan conocido ha hecho su nombre en la última guerra de Italia.

En los tres primeros años desde 1845 á 1848, la Guardia Civil del Cuarto Tercio prestó grandes servicios en las provincias de su distrito, dando muerte y capturando á famosos criminales, como Pedro Avilés, el cual lo fué el día 30 de abril de 1847 por el sargento, hoy Teniente, D. Andrés María Parreño, á quien la Diputación provincial de Murcia manifestó el aprecio en que tenía aquel servicio, regalándole un hermoso reloj de oro, que aceptó con permiso del Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo, la captura y muerte de varios bandidos, entre ellos el famoso Juan Manuel Nogueras, con la total destrucción de la numerosa cuadrilla de este facineroso, y la de varias partidas carlistas; el descubrimiento y captura en la ciudad de Lorca del infame asesino Francisco Alcaraz, que con engaño atraía á las personas á su casa para degollarlas y robarlas, enterrando después á sus víctimas en su misma casa, de la cual se exhumaron hasta tres cadáveres. Este servicio y otros muy recomendables fueron debidos al incansable sargento, hoy Capitán de infantería, Teniente del Cuerpo, D. Inocencio Ramos. En la imposibilidad de podernos extender en más detalles, daremos el resumen numérico de los servicios prestados en las cinco expresadas provincias en los cuatro años de 1845, 46, 47 y 48 por la fuerza del Cuarto Tercio. Delincuentes y ladrones, 2,617; reos prófugos, 427; desertores, 560; faltas más ó menos leves, 6,522. Total 10,126.

1849. Muy distinguidos fueron los servicios prestados en este año por la fuerza del Cuarto Tercio; entre los más notables encontramos en la provincia de Castellón la destrucción de una gruesa partida de latro-facciosos, compuesta casi toda ella de Oficiales que habían servido en las filas carlistas, muy conocedores del terreno del Maestrazgo, donde se habían organizado. En el reñido encuentro que sostuvieron con ellos en la masía llamada Segarra Alta, 14 guardias al mando del Sargento segundo D. Ramón Ramos y Gasque, quedaron muertos 6 de los latro-facciosos, y salieron heridos el expresado sargento, el Cabo segundo Francisco Márquez, y los guardias Ignacio Lasal, Julián Cuello y Cándido González, todos los cuales fueron debidamente recompensados por S.M.

En la provincia de Murcia fueron muertos el terrible bandido Juan Marín Gil por la fuerza del Puesto de Caravaca, al mando del ya citado D. Inocencio Ramos y Gázquez; el bandido Vicente Franco y otro compañero suyo, por el sargento, hoy Teniente D. Nicolás Vila, que con cuatro guardias había salido en la persecución de la partida de ladrones que el Franco acaudillaba; y la destrucción de la facción de Orta con muerte de dicho cabecilla, en cuya persecución dirigida por el hoy bizarro Coronel D. Manuel Freixas, se distinguió altamente el ya antes mencionado D. Inocencio Ramos.

En la provincia de Albacete fué batida la facción capitaneada por el cabecilla Bermúdez. He aquí el resumen numérico de las aprehensiones hechas por la fuerza del Tercio en las cinco provincias que comprende el distrito. Delincuentes, 654; ladrones, 131; reos prófugos, 98; desertores, 110; faltas más menos leves, 1,534. Total 2,527.

1850. En este año fueron destruidas varias cuadrillas de ladrones y capturados muchos terribles bandidos en la provincia de Murcia.

Entre los infinitos servicios altamente humanitarios que la fuerza del Cuarto Tercio prestó en el año que nos ocupa, se encuentra uno que por sí sólo da á conocer toda la abnegación con que la Guardia Civil se consagra al cumplimiento de sus deberes; un hecho para siempre memorable que honra á todo el Cuerpo á que pertenecían los ilustres mártires que lo ejecutaron. El día 14 de Septiembre, á las diez de la noche, cayó en barranco de Chinchilla el coche correo que procedente de Barcelona iba en dirección á Madrid. Aquella noche llovió á torrentes, efecto de la terrible tempestad que se había desencadenado; en el momento mismo en que el coche se atascó se aparecieron el Cabo primero Benito Cepa, comandante del Puesto de Oropesa, con los guardias de segunda clase Wenceslao Pérez y Antonio Mat, y salvaron de aquel primer tropiezo á aquellos desgraciados viajeros, que el dedo de Dios tenía señalado para morir arrastrados por la corriente. El agua entraba y salía por las portezuelas del carruaje. Salvados de aquel inminente peligro quisieron regalar á sus favorecedores, como una muestra de su agradecimiento, dos onzas de oro, que fueron rehusadas sin herir la susceptibilidad de las personas que las ofrecían. Un caballero Oficial de ingenieros que viajaba en el coche mandó que aceptasen un cigarro de su petaca. La noche seguía tempestuosa y cayendo agua á torrentes; estaba decretado que había de ser la última de la existencia de aquellos infortunados. En el sitio llamado barranco de Belber, el agua, descendiendo de la montaña formando un torrente impetuoso había deshecho el pretil de la carretera. Al llegar á este sitio el coche, no pudiendo ver sus conductores el precipicio por la oscuridad de la noche, se fué por aquel derrumbadero al mar, arrastrando en su pavorosa caída el ganado y todas las personas que llevaba. Los guardias de primera y segunda clase Pedro Ortega y Antonio Gimeno que prestaban su servicio en aquel paraje, acuden presurosos, se despojan de sus vestidos, y se lanzan al abismo á ver si pueden arrebatarle alguna de sus víctimas. . . . A la mañana siguiente, catorce cadáveres, entre ellos los de los dos valerosos guardias, se veían tendidos sobre las arenas de aquellas playas. ¡Loor eterno á las ilustres víctimas de la humanidad y del deber!. Desde el alto lugar que en las celestiales regiones ocupan las almas de los hombres virtuosos y valientes, ven con complacencia que su recuerdo es grato y su ejemplo saludable para sus compañeros de armas. El Cabo comandante del puesto de Oropesa y los guardias Pérez y Mat fueron recompensados debidamente recibiendo directamente el primero el nombramiento de Sargento cuyas divisas fueron costeadas por su General, y para honrar la memoria de los dignos guardias Ortega y Gimeno, el Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo, Duque de Ahumada, mandó algún tiempo después erigir un sencillo y modesto monumento en el mismo sitio de la catástrofe.

El Cuarto Tercio hizo en el año que nos ocupa, las aprehensiones siguientes: delincuentes, 471; ladrones, 357; reos prófugos, 88; desertores, 73; faltas más ó menos leves, 2,530. Total, 3,519.

1851. Encerrados en un círculo de hierro de cuya estrechez nos es forzoso no salir, con dolor proseguimos en la tarea muy grata por otra parte para nosotros de relatar año por año lo servicios de cada Tercio; y decimos con dolor, porque la servicios de que nos ocupamos merecen más espacio y ser relatados con más minuciosidad. En el año que nos ocupa encontramos mil servicios importantísimos, todos dignos de mencionarse; pero en la imposibilidad en que nos encontramos de extendernos, citaremos uno que demuestra de la manera más evidente una de las principales virtudes que adornan á los guardias civiles, la probidad. El recaudador de contribuciones de la provincia de Castellón, al hacer una conducción perdió un talego con 11,000 rs., en la carretera de Villarreal. Después del mes y medio el Cabo segundo D. N. Berjano y los guardias Francisco Rueda y Simón Alquesa descubrieron dónde se hallaba y lo rescataron, cuyo importante servicio fué recompensó por S.M., debidamente.

Las aprehensiones hechas por el Cuarto Tercio en el año nos ocupa, ascendieron al número siguiente: Delincuentes, 642; ladrones, 537; reos prófugos, 124; desertores, 86; faltas más ó menos leves, 1,984. Total 3,373.

1852. Entre los muchos y distinguidos servicios de todas clases con que en este año aumentó el Cuarto Tercio las páginas de su gloriosa historia, hay un hecho que no debemos pasar por alto, porque manifiesta otra de las grandes cualidades que caracterizan y enaltecen á los individuos que visten el honroso uniforme de la Guardia Civil; esta gran cualidad es el espíritu de cuerpo tan necesario á toda institución, y el amor y respeto que profesan á sus superiores. El hecho á que nos referimos es como sigue: El Comandante D. Teodoro Artalejo, Jefe de la provincia de Albacete, se vio acometido un día, en las afueras de esta ciudad, por cuatro asesinos armados de navajas. Después de haberse defendido valerosamente con su espada dicho señor Comandante, contra sus perversos y cobardes agresores, estando ya herido y en inminente peligro de perecer, se apareció en el lugar de la escena el Guardia Blas Montijano, y poniéndose al lado de su Jefe, lo salvó haciendo huir á los viles asesinos, recibiendo en la lucha dos pequeñas heridas. Aquella misma noche el Subteniente D. Valentín Rabaga buscó, capturó y puso á disposición de los tribunales á los cuatro malvados.

He aquí el resumen numérico de las aprehensiones hechas por el Tercio en este año: delincuentes, 94; ladrones, 31; reos prófugos, 9; desertores, 4; faltas mas ó menos leves, 268. Total, 406.

1853. En el año que nos ocupa, fueron muchos los servicios prestados por la fuerza del Cuarto Tercio en la aprehensión de multitud de asesinos, ladrones y facinerosos, mereciendo gran número de los individuos del mismo Tercio, gracias y recompensas por su brillante comportamiento. En este año vemos en la historia del Tercio, que el tantas veces nombrado D. Inocencio Ramos, desempeñaba en clase de Teniente del Cuerpo la Comandancia de la línea de Alcira; justa recompensa de sus grandes servicios y merecimientos. El día 6 de diciembre del mismo año, ocurrió una espantosa inundación en Elche, y en estos casos angustiosos, como siempre, la Guardia Civil cumplió con su deber, dando pruebas de abnegación y arrojo. En este caso se distinguieron todos los individuos del Puesto de Elche.

Resumen numérico de las aprehensiones hechas en este año: delincuentes, 199; ladrones, 96; reos prófugos, 65; desertores, 50; faltas mas ó menos leves, 357. Total, 667.

1854. A parte de los servicios humanitarios prestados en este año, tuvo ocasión el Cuarto Tercio, y especialmente la fuerza de la Primera Compañía reunida en Valencia, con motivo de los acontecimientos del mes de junio, de demostrar su valor y arrojo en la persecución de una facción levantada, que batió en Alcira tomando este pueblo á la bayoneta; en este hecho de armas también se distinguió el tantas veces nombrado Teniente D. Inocencio Ramos. Desbordados los habitantes de la huerta durante los sucesos de julio, la Guardia Civil, con su Comandante D. Teodoro Artalejo á la cabeza, prestó importantísimos servicios al orden público gravemente comprometido y la propiedad, librándola del incendio y la destrucción á que mano criminales la entregaban á la sombra de las revueltas. Imposibilitados de extendernos en la narración de servicios, insertamos el resumen numérico de las aprehensiones efectuadas en este año. Delincuentes, 1,349; ladrones, 703; reos prófugos, 171; desertores, 169; faltas más ó menos leves, 3,534 Total 5,926.

1855. En este año, lo mismo que en el anterior, son numerosísimos los servicios de todas clases prestados por la fuera del Cuarto Tercio, y entre ellos no debemos pasar por alto el que los guardias José Calleja y Pedro Delgado, del Puesto de Hellín, prestaron á SS.AA.RR., la Serma. Sra. Infanta doña María Luisa Fernanda, su augusto esposo y familia. Habiéndose atascado la góndola que conducía á los augustos viajeros en el punto llamado de la Nava, tuvieron SS. AA., que apearse y seguir á pie hasta la casa de la Retuerta. Los dos guardia mencionados, después de poner el coche en camino, buscaron mulas de los carros que pasaban, y los regios viajeros pudieron continuar su viaje, manifestando antes su expresivo agradecimiento á sus activos y humildes favorecedores. He aquí el resumen numérico de las aprehensiones verificadas en este año por la fuerza del Cuarto Tercio. Delincuentes, 1,005; ladrones, 575; reos prófugos, 115; desertores, 195; falta más ó menos leves, 1,741. Total 3,631.

1856. El presente año se inauguró en Valencia con una sublevación por parte de la Milicia Nacional. La Guardia Civil al lado de la autoridad llenó su deber como siempre; sus Jefes Oficiales é individuos de tropa, se colocaron á la altura de su reputación. El Comandante de provincia D. Mateo Berger, ausente pasando la revista, voló al peligro con la actividad que le distingue, y ocupó uno de los puntos designados por la autoridad, sosteniéndose en él hasta la completa pacificación de la ciudad; el segundo Jefe D. Sixto Fajardo y todos sin distinción, dieron pruebas de su lealtad y valor en tan críticas circunstancias.

Por Real orden de 15 de Septiembre fué nombrado Primer Jefe del Tercio con gran ventaja del servicio, el entendido y acreditado Brigadier Coronel del Regimiento de Infantería de Valencia D. Juan de Terán y Amerigo, Jefe de reconocida aptitud y bien sentada reputación en el Ejército.

Durante los sucesos de julio de este año correspondió la Guardia Civil á la confianza que el Gobierno tenía derecho á esperar de ella; el celoso Comandante D. Antonio Conti y Galiano fué nombrado por el Gobierno Gobernador Civil de la provincia de Albacete; terminados los sucesos volvió á su servicio ordinario, y antes y después de los mismos prestó el Tercio los que en guarismos arroja el siguiente resumen: delincuentes, 712; ladrones, 313; reos prófugos, 83; desertores, 161; faltas más ó menos leves, 569. Total 1,838.

1857. Comisionado en este año el Excmo. Sr. Capitán General del cuarto distrito para pasar una revista de Inspección á todas las fuerzas militares que lo guarnecían inclusa la Guardia Civil, manifestó al Brigadier primer Jefe del Cuarto Tercio en una extensa comunicación, que con dolor tenemos que renunciar á no insertar íntegra en este lugar, el alto concepto que todos los Jefes, Oficiales é individuos le merecían por su instrucción, disciplina, modo de conducirse en todos sus actos, pureza, legalidad é integridad en el manejo de los fondos, celo, eficacia é irreprochable conducta en todo lo concerniente á la institución.

Resumen numérico de las aprehensiones verificadas en este año: delincuentes, 757; ladrones, 442; reos prófugos, 94; desertores, 116; faltas más ó menos leves, 841. Total 2,250.

1858. Dedicada á su servicio especial la fuerza del Tercio, son numerosísimos los prestados en el año que nos ocupa, pero imposibilitados de relacionarlos, no omitiremos el honrosísimo que le cupo en suerte con motivo del viaje de SS. MM., y AA., al Mediterráneo. Lo mismo en el tren real que en Almansa, Alicante y Valencia, la Guardia Civil desempeñó el elevadísimo servicio de escoltar á los Reales viajeros, y esta distinguida honra supo apreciarla, con su fidelidad nunca desmentida hacia su Reina, vigilando por su preciosa conservación así en todo lo largo de la línea férrea sobre la que estaba tendida la Guardia Civil á razón de dos parejas por kilómetro, como en las poblaciones en que se detuvo, en las que formó su escolta. El activo Brigadier primer Jefe del Tercio, los Comandantes don Mateo Bergez, D. Antonio Conti y D. José Polo, llenaron cumplidamente su alta misión en Valencia, Albacete y Alicante respectivamente. El Jefe superior del Cuerpo así lo significó en un satisfactorio oficio al primer Jefe.

Duélenos pasar por alto importantes servicios, pero la brevedad así lo exige, y remitimos á nuestros lectores al resumen de las capturas que es el siguiente: delincuentes, 728; ladrones, 326; reos prófugos, 88; desertores, 53; faltas más ó menos leves, 1,205. Total 2,400.

1859. Si doloroso nos ha sido pasar por alto los servicio prestados en años anteriores, reparemos aunque en bosquejo esta involuntaria falta en el actual para hacer mención del importante prestado por los guardias José Expósito y Juan González que con exposición de sus vidas salvaron las de el Juez primera instancia de Mula y su familia, arrastrados por una corriente. El Alférez D. Francisco Briones y fuerza á sus órdenes los prestaron de consideración en una inundación ocurrida en La Roda. El Cabo Félix Guillen y dos guardias más capturaron al famoso asesino Bautista García. El Cabo Tomás Pena y dos guardias, capturaron al famoso bandido Francisco Pitar. El Cabo José Monserrat y guardia Pedro Corredor arrebataron á una desbordada corriente una niña salvándola vida con exposición de las suyas.

He aquí ahora el resumen de las aprehensiones desde 1.° enero á fin de agosto del presente año: delincuentes, 569; ladrones, 244; reos prófugos, 26; desertores, 47; faltas más ó menos leves, 780. Total 1,666.

Terminaremos la breve reseña de este importante Tercio con el resumen general de las aprehensiones verificadas por la fuerza destinada á sus cinco provincias desde su creación hasta fin de agosto de 1859, según los datos que existen en la Dirección del Cuerpo.

Provincias.

Delincuentes
y Ladrones.

Prófugos.

Desertores.

Faltas.

TOTAL.

Valencia.
Castellón.
Murcia.
Alicante.
Albacete.

 2,645
 3,161
 3,343
 3,071
 1,524

  222
  113
  599
  187
   69

  434
  234
  282
  344
   99

 5,733
 6,638
 4,200
 3,194
 2,345

 9,034
10,146
 8,424
 6,786
 4,037

Totales.

13,734

1,190

1,393

22,110

38,427

NOTA. Ha aprehendido además 114 contrabandos en el curso ordinario del servicio.

SERVICIOS PRESTADOS POR EL QUINTO TERCIO DE LA
GUARDIA CIVIL.

El Quinto Tercio de la Guardia Civil presta su interesante servicio en las cuatro provincias de Pontevedra, Coruña, Lugo y Orense, en que se halla dividido en la actualidad el antiguo reino de Galicia. Esta región, rica, extensa y muy poblada, una de las más hermosas de nuestra patria y la menos conocida de todas, aunque en general la clase pobre de sus habitantes es honrada, sufrida y laboriosa, no por eso dejan de abundar en ella los malhechores y bandidos; y si bien éstos, no por falta de valor, sino por el carácter especial del país, no se presentan arrogantes en el campo, como el bandolero andaluz, á batirse cara á cara con la fuerza pública que los persigue, no por eso carecen de valor y terrible sangre fría para meditar y llevar á cabo los crímenes más atroces. El Quinto Tercio es de los que menos fuerza tienen, pues no llegan á 600 guardias las cuatro Compañías de que se compone, y de ellos sólo 30 son de caballería; y sin embargo de que con tan corto número de hombres tiene que custodiar un territorio tan extenso, el número de los servicios prestados en cada año desde su creación da á conocer palpablemente el celo de sus individuos.

1844 y 45. En octubre de 1844 llegó á la Coruña procedente del depósito de Leganés la 1.ª Compañía del Tercio al mando de su Coronel D. José Rizo, Jefe muy conocedor de aquel país, presentando en la primera revista de Comisario que pasó en dicho mes, la fuerza de 1 Jefe, 8 Oficiales y 155 individuos de tropa, que se distribuyeron convenientemente entre las cuatro provincias, mientras fué llegando sucesivamente el total de la fuerza destinada en un principio á dicho distrito. Desde que se efectuó esta primera distribución de la fuerza, comenzó el Tercio á prestar el servicio del instituto con tanta actividad y celo, restableciendo en unos pueblos el orden público alterado, asegurándolo en otros y persiguiendo incansablemente á la muchedumbre de ladrones y criminales de que estaba plagada Galicia, que bien pronto se captó las generales simpatías de todo el país. La aplicación de los guardias, por otra parte, era tal á cumplir los preceptos de sus Jefes y á penetrarse de las sabias instrucciones y máximas de los reglamentos, que al año de la instalación del Tercio en fin de 1845, todos sus individuos habían dado pruebas evidentes y claras de cuan perfectamente comprendían y sabían llenar los deberes la institución.

En el año de 1846 tuvo lugar en Galicia un suceso lamentable, cuyo desenlace fué sangriento. Un batallón de infantería, de guarnición en Lugo, dio el grito de rebelión, que fué secundado dado por algunos otros cuerpos del Ejército que guarnecían el mismo distrito. La Guardia Civil, no obstante el corto tiempo que llevaba de existencia, en el cual era imposible que hubiese adquirido esos firmes hábitos de obediencia y disciplina que en ella admiramos, y de hallarse diseminada por los Puestos en grupos de cinco á seis hombres á las órdenes de cabos y sargentos, no se dejó arrastrar por el torbellino revolucionario, y permaneció fiel á sus deberes, excepto una pequeña parte de ella; la 1.ª Compañía, que se hallaba prestando sus servicio en Pontevedra, y que desgraciadamente arrastrada por su Jefe, que lo era entonces D. Manuel Buceta, cedió á la seducción; siendo el único ejemplar que en toda la brillante historia del Cuerpo se ofrece de caso tan lamentable, disculpable en cierto modo en los individuos, si se atiende á que no hicieron más que seguir á su Jefe, pero severa y ejemplarmente castigado, no obstante, por ser guardias civiles y no simples soldados los que escucharon la voz de la rebelión dada por aquél, la que fué con tesón desoída por algunos valientes. A consecuencia de estos sucesos se reorganizó la 1.ª Compañía, quedando la fuerza del Tercio en 2 Jefes, 16 Oficiales y 412 individuos de tropa; también fué baja en él su Coronel D. José Rizo, habiéndole reemplazado el de igual clase D. Martín Hormaechea. Continuó posteriormente en su servicio ordinario, y el siguiente resumen manifiesta las aprehensiones verificadas en el período que nos ocupa por la fuerza del Quinto Tercio. Delincuentes y ladrones, 348; reos prófugos, 18; desertores, 38; faltas más ó menos leves, 417. Total, 821.

1847. Continuó en su penosa tarea en aquel país desmoralizado más bien que por el vicio por el atraso de la población rural, persiguiendo el crimen con celo y constancia; gran parte del año se formó en columnas de operaciones en la frontera del reino de Portugal, presa de disensiones políticas. En octubre recibió cada Compañía 11 plazas de aumento á su fuerza.

No pudiendo narrar servicios, debemos, como muestra de los prestados, hacer mención de la importante captura del cabecilla titulado el Ebanista y destrucción de su partida efectuada por el Sargento primero, hoy Teniente, D. José Camiña y fuerza á sus órdenes, por lo que fué recompensado con la cruz de San Fernando y con la de M.I.L., los demás individuos. Por lo demás el siguiente resumen numérico suplirá nuestro precisado laconismo en la narración de servicios. Delincuentes y ladrones, 465; reos prófugos, 46; desertores, 100; faltas más ó menos leves, 613. Total, 1,224.

1848. El sacudimiento político europeo que tuvo lugar en este año hizo que el Gobierno de S.M., llamase en el mes de mayo 4,000 guardias á la Corte, y parte de la fuerza de este Tercio vino á ella á marchas forzadas, prestando el servicio de guarnición en Madrid hasta agosto, que terminadas aquellas críticas y terribles circunstancias regresó á sus puestos, llegando en Septiembre á ellos, y dedicándose á su especial servicio. En la provincia de Orense se aprehendieron multitud de desertores que contaban ocho, doce y más años de servicio; delito común en aquel país, é impune las más veces hasta la creación de la Guardia Civil. En 11 de febrero los guardias Francisco González Leureiro y Pascual Balsa, capturaron al famoso caudillo de ladrones Domingo Gómez (a) Velasquillo. He aquí el resumen numérico de las aprehensiones efectuadas en este año en el que la fuerza del Tercio se aumentó con 35 hombres. Delincuentes y ladrones, 518, reos prófugos, 55; desertores, 87; faltas más ó menos leves, 692. Total, 1,352.

1849. Altamente recomendables aparecen los servicios prestados por el Quinto Tercio en este año. Los guardias José Fernández, Manuel González y Julián Fernández, batieron la gavilla acaudillada por José Somoza dando muerte á éste. Los de igual clase Bernardo Otero, Juan López, José Talvada y Pascual Balsa, se distinguieron en la interesante captura del caudillo de otra gavilla, llamado José Leyrado. El Cabo segundo Juan López y guardia Domingo Rodríguez, capturaron al famoso bandido José Belón (a) Señorín. Por el Sargento Jacinto Fernández y fuerza á sus órdenes, fué capturado el famoso ladrón D. Manuel Fernández. No podemos continuar, pero los numerosos cabecillas aprehendidos y sus gavillas destruidas harán que nuestros lectores recuerden en Galicia aquella famosa cruzada de ladrones, tan perfectamente organizada en la capital de Galicia que atrajo las iras sobre Zumalacárregui, y le condujo á la facción, según más ó menos consta en la historia de este célebre caudillo. La Guardia Civil las fué extinguiendo para gloria de esta nación. El siguiente resumen comprende las aprehensiones efectuadas en este año. Delincuentes y ladrones, 666; reos prófugos, 98; desertores, 103, faltas más ó menos leves, 441. Total, 1,308.

1850. En este año se le dio el retiro al Coronel Hormaechea, y fué destinado al mando del Tercio el Brigadier Purgold, quien no llegó á encargarse de él por haber sido reemplazado por el Jefe del Tercer Tercio D. José de Castro, quien tampoco llegó á tomar posesión por haber fallecido, siendo en definitiva nombrado el Coronel de infantería, hoy General, D. Fernando Boville, Jefe de muy exquisito tacto para el mando, habiendo logrado acreditarlo así en el del Quinto Tercio durante el tiempo que lo desempeñó. Por consecuencia de las economías exigidas al Gobierno, quedó reducida la fuerza del Quinto Tercio á 442 hombres de infantería y 34 de caballería. Sin embargo de esta reducción el celo suplió al número y ni un carruaje público fué robado en las carreteras de Galicia. En 15 de julio los guardias Juan Villares y Manuel Fernández, capturaron al famoso criminal D. José Villarín. En 4 de diciembre el Sargento primero, hoy Teniente, D. Manuel López de Prado y fuerza á sus órdenes aprehendió siete ladrones, terror del Ayuntamiento de Carballino. Los guardias Gregorio Blanco y Pedro Redondo aprehendieron á Andrea Pena con 8,000 rs., y varios efectos robados que devolvieron á sus dueños. El Cabo Benito González y guardia Simón Bello capturaron cinco ladrones en casa de un escribano, teniendo que luchar cuerpo á cuerpo con ellos hasta rendirlos. El Guardia Diego Yañez se arrojó á las llamas en una casa inmediata, y de ellas arrancó una niña de ocho años casi exánime, salvándole la vida. Doloroso es no poder enumerar más servicios; véanse los prestados por el siguiente resumen: delincuentes y ladrones, 924, reos prófugos, 75; desertores, 183; faltas más ó menos leves, 1,363. Total, 2,545.

1851. Importantes capturas vemos consignadas en la historia del Tercio en este año. El Cabo segundo José López, Sargento segundo Ángel Novoa y guardias á sus órdenes aprehendieron célebres criminales y ladrones. También el Sargento José María Duyós, Cabo Francisco Rivas y guardias á sus órdenes tuvieron la suerte de aprehender á famosos criminales, autores de robos de consideración. La provincia de la Coruña figura en este año con numerosos y temibles bandidos aprehendidos por la fuerza de ella. El Sargento D. Pedro Magdaleno, hoy Teniente, el de la misma clase Ramón Salgado y guardias á sus órdenes se distinguieron en importantes capturas que no podemos detallar. No menos importantes aparecen en la provincia de Orense efectuadas por la fuerza de los Puestos de Bande, Barco de Valdeorras, Celanova, Tribes y Carballino, pero la necesidad de no extendernos, hace que las reasumamos todas en los siguientes guarismos: desertores y ladrones, 1,006; reos prófugos, 84; desertores, 151; faltas más ó menos leves, 1,121. Total, 2,362.

1852. En este año recibió la infantería un aumento de hombres, y á la sombra de la paz continuó la Guardia Civil limpiando aquel país de toda clase de gente de mal vivir. Los guardias Tomás Roviños y José Lamelas lograron la captura de tres criminales y rescate de 82,000 rs., robados á un alcalde. El Cabo Manuel López Fernández, guardia Antonio Salgado y dos guardias más capturaron 12 ladrones azote de una comarca. El Sargento Manuel Losada, hoy Teniente, Cabos Faustino Paz, Pedro Domínguez y varios guardias, capturaron criminales de fama en la provincia de Orense; y en la necesaria precisión de no poder detallar tan importantes capturas, consignamos á continuación todas las efectuadas este año por el Quinto Tercio. Delincuentes y ladrones, 1,509; reos prófugos, 64; desertores, 63; faltas más ó menos leves, 1,453. Total, 3,119.

En este año fué destinado al mando del Séptimo Tercio don Fernando Boville, y le reemplazó en el del que nos ocupa D. Marcelino Porta y Suarnabar.

1853. A medida que la experiencia iba amaestrando á los individuos del Cuerpo, el servicio reportaba mayores beneficios y el crimen era perseguido con más destreza; y cuando no se le prevenía, se descubría irremisiblemente tan pronto como era cometido. La fuerza del Tercio recibió el aumento proporcional y relativo al experimentado por el Cuerpo, quedando la de aquél en 651 hombres y 30 caballos. El Guardia Manuel López Nogueira, con el de su clase Domingo Vidal, capturaron 5 ladrones, con quienes sostuvieron largo tiroteo hasta rendirlos. Los Cabos Clemente Porto, Joaquín Carril y Manuel López Fernández, con guardias á sus órdenes, persiguieron y capturaron famosos ladrones en la provincia de La Coruña. El Guardia Ramón Saavedra devolvió á su dueño un bolsillo que había encontrado con 460 rs., en la carretera. No menos interesantes fueron las capturas efectuadas en la provincia de Pontevedra. En la de Orense han sido numerosísimas y de gran importancia las capturas efectuadas por los cabos y guardias á sus órdenes de los Puestos de Celanova, Esgos, Tribes, Carballino, Viana, Venir, Bande, Guizo y Rivadavia; mucha y constante fatiga debieron estos Puestos sufrir en el presente año; nosotros quisiéramos consignar aquí los nombres de los bizarros individuos que prestaron el servicio en ellos; en esta imposibilidad, insertarnos el resumen de las efectuadas en todo el presente año. Delincuentes y ladrones, 2,140; reos prófugos, 124; desertores, 83; faltas más ó menos leves, 1,223. Total, 3,570.

1854. Los sucesos políticos de este año que con toda extensión dejamos consignados en el Primer Tercio, motivaron la concentración de las Compañías del quinto en las capitales de sus provincias respectivas, donde fieles á sus deberes y á las autoridades legítimamente constituidas, contribuyeron poderosamente al sostenimiento del orden público; en esta situación permaneció la fuerza hasta fin de agosto, que marchó á sus puestos á prestar el servicio especial de su instituto. El Cabo primero Benito Iglesias y guardias Antonio Castro y José Vázquez, capturaron el 29 de enero nueve ladrones que habían robado la casa del párroco de Torres. Los guardias Manuel López Nogueira, Andrés Viñas, Andrés López, Bernardo Fernández y José Losada, capturaron ocho ladrones autores del robo y tres asesinatos efectuados en una casa; mereciendo mil elogios de autoridades y particulares por este servicio. El Cabo primero José Fernández y guardia Andrés Viñas capturaron nueve ladrones, dando muerte á uno de ellos que se fugaba. Los Cabos Juan Camaño, Juan Amor y guardia Bernardo Martínez acompañados de otros guardias, descubrieron y capturaron los autores de varios robos, recibiendo por ello las gracias de su General. El Sargento Domingo Sánchez, Cabos José Gómez, Vicente Martínez, José Macias, Domingo Gutiérrez y varios individuos á sus órdenes de los Puestos de la provincia de Orense, han aprehendido un número crecido de criminales de fama, entre ellos al asesino de un carabinero, y otros fugados de presidio y otros ladrones en cuadrilla; el siguiente resumen manifiesta numéricamente las capturas efectuadas en todo el año por las cuatro provincias. Delincuentes y ladrones, 1,716; reos prófugos, 89; desertores, 66; faltas más ó menos leves, 563. Total 2,434.

1855. Efecto de la reducción que sufrió la fuerza del Cuerpo, la de este Tercio experimentó la sensible de 126 guardias de infantería. El celo en el servicio suplió el vacío que tan considerable baja causaba en el Tercio, pues sólo así se comprende que haya prestado tan interesantes servicios. El Sargento Ángel Novoa, Cabos José Fernández Vázquez, Manuel González y Francisco Amor, con individuos de sus Puestos, y los guardias Domingo Campos con tres más de su clase, se distinguieron en las importantes capturas de bandidos, entre éstos la del famoso Hipólito, que pretendieron quitar á los guardias conductores, y fué muerto en la refriega. En la provincia de la Coruña se cuentan 17 servicios distinguidos prestados en este año en la captura de ladrones, rescatando en algunos casos los efectos robados. Juan Amor, Antonio Amado, Ramón Saavedra, Fidel del Río, Andrés Tarris y varios otros guardias, fueron los que se señalaron en esta provincia. En la de Pontevedra cuentan 14 servicios distinguidos, entre ellos dos en que fueron rescatadas alhajas de oro y dinero robado que unas y otro devolvieron á sus dueños. El Teniente D. Pedro Navarro, Subteniente D. Manuel López y varios cabos y guardias, fueron los que se señalaron en esta provincia. En la de Orense, aunque sólo aparecen 7 servicios distinguidos, su importancia por gravedad de los criminales aprehendidos no desmerece á los de las demás provincias; los cabos Esteban Belón, Antonio Guntín, Bernardo Bellón y varios guardias, fueron los que los prestaron en los Puestos de dicha provincia.

He aquí ahora el resumen numérico de las capturas efectuadas en el presente año. Delincuentes y ladrones, 1,709; reos prófugos, 149; desertores, 93; faltas más ó menos leves, 436. Total, 2,387.

1856. Si se exceptúa la última quincena del mes de julio, que se concentró en provincias la Guardia Civil de las mismas, el resto del año estuvo dedicada al servicio especial de su instituto, prestándolos tan interesantes como en los anteriores. El Teniente D. José Pernas con 4 guardias, aprehendieron al famoso Manuel Arias, jefe de una gavilla. Los Cabos Juan Crendo y Juan López salvaron la vida á un niño y á un arriero próximos á ahogarse. Los Cabos Joaquín Carril, Juan Amor con individuos de sus Puestos; y el Guardia Fidel del Río con otro de su clase, se distinguieron en la provincia de La Coruña. En la de Pontevedra, su Comandante D. Ramón Colón, con 2 Oficiales y 40 guardias, sostuvieron con las armas la Real prerrogativa, afianzando el orden en la capital. Los Cabos Juan Rodríguez, Juan Aboy y fuerza de sus Puestos, se distinguieron en la captura de criminales, y el Guardia Antonio Aller en los auxilios prestados en un incendio. En Orense resalta la moralidad del Cabo Gregorio Yañez y dos guardias, que rescataron y entregaron intactas 44 onzas de oro que se habían robado, El Cabo Vicente Rodríguez rescató un mulo con 10,000 reales en oro, que devolvió íntegro á su dueño. Los Cabos José Macias, Antonio Iglesias, Francisco Fernández, José Rodríguez, y Sargento Domingo Sánchez, con fuerza de sus Puestos, han tenido la suerte de distinguirse en esta provincia. El Cabo Antonio Gómez y guardias José Maril y Mariano Vázquez, rescataron y volvieron á su dueño 2,794 rs. y varias alhajas de valor.

He aquí, por lo demás el resumen de los servicios prestados en este año. Delincuentes y ladrones, 1,641; reos prófugos, 178; desertores, 133; faltas más ó menos leves, 644. Total, 2,596.

1857. Algún aumento recibió la fuerza en este año, apareciendo con 653 hombres y 33 caballos en su total. Todo el año estuvo dedicada al servicio de su instituto. En la provincia de Pontevedra, los sargentos Ramón Martínez y Manuel Figueras, Cabos Juan Rodríguez, José González y José Maude, con individuos de sus Puestos, prestaron interesantes servicios, entre ellos la destrucción de una gavilla capitaneada por la Loba. Los sargentos Clemente Porto, José Fernández, Cabos Lucas Carrera, Ramón Pena y José Espino, se distinguieron en la provincia de Lugo, recibiendo las gracias de su Jefe principal por la importancia de los servicios prestados; también las recibió el Teniente D. José Costa Mosquera. El Cabo Ramón Saavedra, en la Coruña, las recibió de S.M., por su arrojo en un incendio. En la de Orense, que por estar limítrofe á Portugal se ve invadida por criminales que se guarecen en aquel reino, es notable el número de capturas, todas de importancia, efectuadas por los Puestos de Laza, Carballino, El Barco y Ferím; sentimos no poder detallarlas, pero el siguiente resumen la comprende todas. Delincuentes y ladrones, 1 , 940; reos prófugos, 344; desertores, 150; faltas más ó menos leves, 730. Total, 3,164.

1858. En este año fué baja en el Tercio, por haber solicitado su cuartel, el Brigadier D. Marcelino Porta, Jefe cuya edad y temperamento no le prestaban ya toda aquella actividad que la penosa fatiga del mando de un Tercio reclama en los que la desempeñan; fué reemplazado por el Coronel que era del séptimo D. Toribio Ansótegui, muy conocido durante la guerra civil en el cuartel General de los Jefes de las tropas de Isabel II, por su valor y denuedo como buen provinciano.

En las ausencias frecuentes del Brigadier Porta, mandó el Tercio el segundo Jefe D. Antonio Amil España, de conocimientos vastos en el país, con simpatías marcadas entre la generalidad de sus habitantes, y de un carácter que le atrae el respeto y cariño de sus inferiores. Poco ó nada sucederá en Galicia de que este buen Jefe no tenga puntual y exacto conocimiento.

Tan notables como en años anteriores fueron los servicios prestados en éste por la Guardia Civil; duélenos no poder insertarlos; lo haremos, sin embargo, numéricamente en el siguiente resumen. Delincuentes y ladrones, 1,564; reos prófugos , 368; desertores, 105; faltas más ó menos leves, 753. Total, 2,790.

1859. Entre la multitud de servicios por los que fueron recompensados ó recibieron las gracias los individuos que los prestaron, encontramos los efectuados por el Teniente D. José Costa y fuerza del Puesto de Monforte, otro por el hoy Subteniente y con repetición el citado D. Domingo Pérez; los prestados por los Cabos Francisco Sanjurjo, Luis Carrera y Bernardo García con la fuerza de los Puestos respectivos de Rivadeo, Lugo y Allariz; no fueron menores en las demás provincias donde la actividad del bizarro Comandante D. José Cases, en La Coruña, y el acreditado celo de D. José María Losada en Orense, dan los frutos que el país experimenta de la institución. He aquí ahora el resumen numérico de las capturas hasta fin de agosto de este año. Delincuentes y ladrones , 555; reos prófugos, 179; desertores, 55; faltas más ó menos leves, 1,165. Total, 1,954.

Terminaremos el sucinto bosquejo del Quinto Tercio con el resumen general de las aprehensiones efectuadas por la fuerza que presta el servicio en las cuatro provincias en que se divide el antiguo reino de Galicia, desde la creación del Cuerpo hasta fin de agosto de 1859.

Provincias.

Delincuentes
y Ladrones.

Prófugos.

Desertores.

Faltas.

TOTAL.

Pontevedra.
Lugo.
Coruña.
Orense.

 4,407
 4,208
 4,471
 3,562

  352
  566
  592
  209

  421
  398
  262
  316

 2,918
 2,253
 4,409
 3,354

 8,198
 7,425
 7,734
 7,441

Totales.

16,648

1,719

1,397

10,934

30,798

Aparecen además 255 contrabandos aprehendidos y 2,028 armas recogidas.

SERVICIOS PRESTADOS POR EL SEXTO TERCIO DE LA
GUARDIA CIVIL.

La Guardia Civil del sexto distrito, presta su servicio en las tres provincias civiles que comprende la Capitanía General de Aragón: Zaragoza, Teruel y Huesca. La extensión de estas provincias, su terreno agreste y montuoso, el carácter enérgico y tenaz de sus habitantes, lo apegados que han sido los pueblos del bajo Aragón á la bandera carlista, y los del alto á la republicana, y la propensión de éstos, particularmente en los valles de Hecho y Ansó al ilegal tráfico del contrabando en grande escala por hallarse más próximos á la frontera de Francia; todas estas circunstancias dan al carácter aragonés esa propiedad de arrojado y valeroso, que si bien constituye el de todo español, á nadie con más justicia puede aplicársele que al habitante de esta parte de la Península. Por eso la historia del Sexto Tercio registra en sus páginas hechos gloriosos contraídos á costa de preciosa sangre derramada por sus individuos, en defensa del orden y de las leyes.

1844 á 1848. El Sexto Tercio pasó su primera revista de Comisario en el mes de octubre de 1844 en el pueblo de Longares donde se hallaba acantonada é instruyéndose la fuerza procedente del depósito de Leganés, con que debía comenzar á organizarse. Constaba de un Jefe, 11 Oficiales y 166 individuos de tropa. El Tercio debía constar de tres compañías de infantería y un escuadrón de caballería. Fué nombrado primer Jefe el Coronel D. José Pariany, muy conocedor del país. El total de la fuerza del Tercio debía componerse de un Jefe, 21 Oficiales y 537 individuos de tropa.

Terminada la instrucción de la fuerza acantonada en Longares emprendió su marcha á Zaragoza á donde llegó el día 19 de noviembre, é hizo su entrada en traje de gala, estando los Cuerpos de la guarnición formados en el paseo de Santa Engracia para ser revistados por el General segundo Cabo del distrito. S.E., dispuso muy acertadamente que la Guardia Civil, como tropa de preferencia, formase á la cabeza de la línea de batalla para ser revistada también. Concluido este acto desfiló por delante de la casa de S.E., y se retiró á la casa-cuartel que en la Aduana Vieja le tenía preparada la autoridad civil á quien corresponde el acuartelamiento, y al día siguiente comenzó á prestar el servicio especial de su instituto. El día 22 de diciembre de 1844, salieron con destino á la provincia de Huesca la Primera Compañía de Infantería; la Segunda para la provincia de Teruel y la Tercera quedó en Zaragoza con destino á la provincia del mismo nombre, por disposición del Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo.

En 1845 la fuerza del Tercio se ocupó constantemente en el servicio especial de su instituto y en terminar su organización por Real orden de 17 de mayo de este año se mandó que la fuerza de las compañías de infantería ascendiese á 420 hombres y el escuadrón de caballería se compusiese de 144 hombres y 140 caballos.

Entre los servicios del Tercio en el año de 1846, merece que no pasemos en silencio el que con 13 guardias prestó el Teniente Comandante de la línea de Tamarite, hoy Capitán, D. Mariano Bretón, sorprendiendo á una gavilla numerosa de ladrones que en la madrugada del 5 de marzo se proponían robar las casas de Moncasi y del Prior de San Genis del lugar de Albelda. Viéndose cercados los ladrones en el pajar llamado de Béjar, donde se refugiaron después de haber visto frustrado su intento, determinaron lanzarse al campo abriéndose paso con una descarga cerrada sobre sus perseguidores; pero éstos se arrojaron sobre ellos y contestando con serenidad á su fuego dejaron siete criminales tendidos en el campo.

El día 25 de octubre del mismo año algunos amotinados armados trataron de perturbar la tranquilidad en Zaragoza, y la Guardia Civil que se hallaba en dicha ciudad cooperó al restablecimiento del orden recorriendo las calles hasta que se dispersaron. He aquí el resumen numérico de los numerosos servicios prestados por el Tercio en este año. Delincuentes y ladrones, 546; reos prófugos, 20; desertores, 54; por faltas más ó menos leves, 1,536. Total 2,156.

Por Real orden de 1.° de noviembre de 1847 la fuerza de las tres compañías de infantería se aumentó á 449 hombres.

El 14 de noviembre del mismo año el Teniente, hoy Comandante, D. José Toledano con un Cabo y seis guardias de infantería y un Cabo y un guardia de caballería encontró en las Ventas de Cardiel al cabecilla faccioso Sendrós con su partida, á quien atacó y le hizo prisionero con ocho de los suyos. Dicho cabecilla trataba de pasar el Ebro y dirigirse al bajo Aragón para hacer prosélitos. El Sr. Toledano fué condecorado por este brillante hecho con la cruz de San Fernando de primera clase, y dos de los guardias con la de M.I.L., privados de narrar servicios insertaremos el resumen numérico de los prestados en este año. Delincuentes y ladrones, 498; reos prófugos, 25; desertores, 72; faltas más ó menos leves, 1,916. Total 2,511.

Por Real orden de 12 de mayo de 1848 fué condecorado con la cruz de San Fernando de primera clase el Teniente de la Tercera Compañía D. José Doñate, Comandante de la Línea de las Cinco Villas, por los servicios prestados en su demarcación capturando más de 30 malhechores, entre ellos el famoso cabecilla José de las Obras, que por espacio de veinte años había sido el terror del país. En el mismo año y por superior disposición, la Segunda Compañía del Tercio vino á Madrid á formar parte de su guarnición donde permaneció desde los primeros días de mayo hasta el 4 de junio, que en virtud de Real orden regresó á su provincia de Teruel. Las Compañías primera y tercera puesta ya en marcha también para Madrid, á ruego de las autoridades de Aragón, que hicieron presente al Gobierno el estado de los ánimos, recibieron orden de volver á sus respectivas provincias, en las que contribuyeron eficazmente con sus Jefes y Oficiales al mantenimiento del orden en aquellas críticas circunstancias, haciéndose acreedoras á las recompensas y mercedes que S.M., tuvo á bien concederles.

El 18 de Septiembre del mismo año, varios paisanos de villa de Caspe que habían tramado una conspiración en sentido carlista, á las diez de la mañana sorprendieron la guardia de Infantería del Ejército que custodiaba la entrada del castillo y se introdujeron en él. Poco tiempo después se presentaron reunidas las facciones de los cabecillas Gamundi y Rocafurt y atacaron la población. Hallábase destacado en dicha villa y acuartelado en el mencionado castillo el Sargento del Segundo Escuadrón del Tercio D. José Buil, hoy Teniente, con varios guardias de la misma arma. A la hora en que los paisanos se introdujeron por sorpresa en el castillo, los guardias se hallaban fuera de él, á dar agua á sus caballos, y el dicho Sargento también había salido á asuntos del servicio. D. José Buil, viendo correr azorada la gente por la calle é informado del suceso, corre al castillo, y no obstante ver la guardia rendida, penetra en él, se sitúa en una cuadra baja donde se le unen algunos hombres de la Compañía de fusileros, con una escalera de mano que se proporciona y seguido de seis fusileros y dos soldados de guarnición sube á donde los paisanos amotinados se habían hecho fuertes, y logra rendirlos recuperando el castillo. El resto de las tropas que había en Caspe echaron á las facciones de la población, dando muerte al Jefe de ellas D. Vicente Rocafurt. D. Andrés Buil fué ascendido por este hecho á Sargento primero y condecorado con la cruz sencilla de M.I.L.

Otro hecho de armas muy digno de no quedar olvidado aconteció en el año que nos ocupa. En el mes de octubre se levantó en la provincia de Huesca una numerosa facción republicana, de la que era Jefe el cabecilla D. Manuel Abad (a) Manolín el Tuerto. El Comandante general de dicha provincia, con una columna compuesta de una Compañía de Infantería del Ejército y 65 guardias civiles de infantería y caballería, al mando del primer Capitán D. Antonio Pano, del segundo D. Santiago Puig, y del bizarro Subteniente, hoy Comandante graduado, D. José Ezquerra, la persiguió y dio alcance el 30 de octubre á las nueve de la noche en el pueblo de Sietamo. Dadas las oportunas órdenes y hecha la distribución de la fuerza para atacar el pueblo por varios puntos á la vez, se rompió el fuego, avanzando la columna hasta circunvalar perfectamente la plaza, donde la facción se reconcentró y se hizo fuerte; pero estrechada por las fuerzas leales y después de un reñido combate que duró hasta las cinco de la tarde del 31, considerando inútil toda resistencia, se rindió á discreción en número de 200 hombres con su Jefe y Oficiales, 80 caballos, y todas las armas y efectos de guerra que llevaba. En esta gloriosa jornada, en que se distinguió particularmente el Teniente Ezquerra, la Guardia Civil tuvo cuatro heridos, entre los que se contaban el Subteniente graduado Sargento primero de la Primera Compañía, hoy Teniente, D. Miguel Romero, que recibió un balazo en un brazo, y el Cabo segundo Manuel Pequero, que lo fué mortalmente de una bala de fusil que le atravesó el pecho, y de cuyas resultas murió.

El día 5 de diciembre fué invadida la ciudad de Barbastro por la facción de Gamundi. El destacamento de la Guardia Civil con el Teniente D. José Lasierra, comandante de aquella sección, se hizo fuerte en la casa-cuartel y se defendió heroicamente hasta la llegada de la columna del Brigadier Contreras, que ahuyentó á la facción, la cual en su retirada fué perseguida por el referido destacamento, que tuvo que lamentar la desgracia del Guardia Manuel Bueso que murió de un balazo.

A pesar de estos servicios extraordinarios, no fué desatendido el especial del instituto, como puede verse por el siguiente resumen de las aprehensiones verificadas en todo el año en cada una de las tres provincias.

Delincuentes y ladrones, 329; reos prófugos, 9; desertores, 34; faltas más ó menos leves, 2,376. Total, 2,748.

1849. Entre los servicios prestados este año por la fuerza del Sexto Tercio, son dignos de mencionarse la rendición y captura, después de media hora de fuego, de ocho desertores del Regimiento Infantería de Asturias, que completamente armados se dirigían el 17 de enero á reunirse con las gavillas facciosas. D. Francisco Balaguer, Sargento primero, hoy Teniente, de la Segunda Compañía, con 20 guardias divididos en dos secciones, los alcanzó en la casa llamada de Aguantermino de Cande, y les obligó á rendirse á discreción como queda dicho.

Los guardias Vicente Gallán y Mariano Cidraque, evitarán con su arrojo que fuese robado por ocho bandidos el coche de las diligencias que en la tempestuosa y terrible noche del 23 de diciembre salió de Zaragoza, y detuvieron en el tránsito de la venta de Santa Ana, atravesando una maroma en el camino. Los guardias citados se lanzaron sobre los criminales, dando muerte al que los acaudillaba.

He aquí el resumen de las aprehensiones verificadas por el Sexto Tercio en el año que nos ocupa. Delincuentes y ladrones, 993; reos prófugos, 17; desertores, 70; por faltas más ó menos leves. 3,800. Total, 4,880.

1850. En este año la fuerza del Tercio, por la disminución que sufrió la total del Cuerpo, quedó reducida á 497 individuos de tropa y 104 caballos. Al Coronel, primer Jefe, D. José Pariany, se le dio su retiro, y fué reemplazado por el Teniente Coronel de Caballería que era del Undécimo Tercio D. León Palacios, ascendido á Coronel por Reglamento; Jefe que, á su proverbial honradez y bizarría, reúne las cualidades de un valor nada común, y acreditado en el Ejército del Centro, donde su sable era reputado como el mejor cuando mandaba la escolta del General en Jefe Excmo. Sr. D. Leopoldo O.Donnell.

Entre los servicios merecen especial mención los prestados por el Capitán D. Antonio Pano, en la provincia de Huesca, durante su revista de Septiembre y octubre, en la que auxiliado por los Puestos de Monzón, Baltooar y Venta de Balteria, entregó á la acción de los Tribunales 15 ladrones y diferentes armas y efectos; por los Puestos de Canfranc y Jaca, en el descubrimiento y aprehensión de los autores de la muerte de un carabinero y recobro de cinco cargas de contrabando. En la provincia de Teruel el Cabo primero Joaquín Barberán con los guardias de su mando, capturó al cabecilla carlista Jorge Unquisa; y en la de Zaragoza los Puestos de Cinco Villas tuvieron fuertes choques con grupos de contrabandistas, de los que en uno murió un caballo, y en otro el estanquero de Lambea. He aquí el resumen de las aprehensiones. Delincuentes y ladrones, 830; reos prófugos, 30; desertores, 89; por faltas más ó menos leves 3,555. Total 4,504.

1851. Los servicios prestados por la fuerza del Tercio en el año de que vamos á ocuparnos, fueron numerosos y muy eminentes. En circular de 26 de enero de 1852 manifestó el Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo que la Compañía de la provincia de Huesca era la que mayor número de aprehensiones había hecho. En la imposibilidad de citar tantos distinguidos servicios, haremos mención de algunos de ellos que verdaderamente merecen quedar consignados.

El Guardia de segunda clase Carlos Bravo se portó con tan inaudito arrojo en un incendio ocurrido en la villa de Fraga, que mereció que S.M., se dignase darle las gracias en Real orden de 21 de enero. En la provincia de Zaragoza, el segundo Capitán D. Gregorio Galindo, hoy Comandante, con la fuerza de los Puestos de Calatayud y Ateca, capturó en el mes de Junio 16 ladrones. El Sargento segundo hoy Alférez D. Juan Casamayor con la fuerza del Puesto de Alagón, sostuvo un desigual combate con un crecido grupo de criminales, apoderándose de 13 paisanos, 12 caballerías, armas y otros efectos. En la provincia de Teruel se distinguieron por sus servicios humanitarios el Cabo segundo Juan Torres, y los guardias Andrés Ramón Gargallo, Bernardino Monforte y Antonio Roda. Pero el servicio más notable indudablemente fué el prestado por los simples guardias de segunda clase Manuel Cuevas y Manuel Resell en el pueblo de Cella, pasaban por dicha villa conduciendo á un preso, cuando un regidor de la misma les pidió su auxilio contra el pueblo amotinado. El populacho aquí medio salvaje contestó á la intimación de los guardias con gritos desaforados y pedradas; trabose una lucha terrible y desigual entre los dos guardias y multitud de hombres; tres veces fueron lanzados los dos guardias del pueblo y otras tantas lo recobraron, consiguiendo por último acallar el tumulto y hacer respetar la autoridad local, dando muerte á uno de los paisanos é hiriendo á otro mortalmente; estos paisanos eran José Ribarte y Mariano Brusel, sujetos de muy malos antecedentes. He aquí el resumen de las aprehensiones verificadas en todo el año. Delincuentes y ladrones, 850; reos prófugos, 34; desertores, 37; por faltas más ó menos leves, 3,137. Total, 4,058.1852. Los servicios prestados en este año por la fuerza del Tercio fueron también muy numerosos, como se demuestra por el siguiente resumen. Delincuentes y ladrones, 842; reos prófugos, 24; desertores, 41; por faltas más ó menos leves, 2,354. Total 3,261.

1853. Con el aumento que tuvo la fuerza del Cuerpo en este año, la del Sexto Tercio lo recibió también hasta el número de 713 hombres y 126 caballos.

Entre los servicios prestados merecen especial mención el combate sostenido en la sierra de Arque contra una numerosa partida de contrabandistas por dos solos guardias; el bizarro Manuel Anidos, que murió heroicamente en la refriega, y su compañero de pareja Isidro Castro, que aunque recibió dos heridas continuó batiéndose hasta quedar dueño del campo regado con la valiente sangre de los dos y la vil de uno de los enemigos á quien dio muerte, auxiliando cuanto le fué posible á su desgraciado compañero hasta que expiró. Tan bizarra conducta fué premiada por S.M., con la cruz de plata de San Fernando, y he aquí uno de los numerosísimos y frecuentes casos en que la Guardia Civil conquista esta honorífica distinción.

El Comandante D. Luis Periche y el Teniente D. José Ezquerra evitaron que 22 ladrones robaran á los vecinos de la villa de Oliete á su regreso de la feria de Alcalá de la Selva, capturaron tres de los ladrones, y los demás, aunque por el pronto los dispersaron, fueron perseguidos y capturados en breve tiempo. El Sargento segundo D. Juan Zorraquino se distinguió mucho también en la persecución de ladrones y contrabandistas, mereciendo ser agraciado con la cruz de plata de San Fernando por su bravura en un desigual combate contra aquellos. El número total de las aprehensiones verificadas en este año se demuestran en el resumen siguiente. Delincuentes y ladrones, 874; reos prófugos, 10; desertores, 55; por faltas más ó menos leves, 2,373. Total 3,312.

1854. En este año la lealtad y la moralidad del Sexto Tercio pasaron por el crisol de durísimas pruebas. En la mañana del 20 de febrero, la Guardia Civil que se hallaba en Zaragoza tuvo conocimiento de que varios paisanos insurrectos y en actitud hostil se hallaban en las afueras de la población en la casa de la Salitrería. El Teniente D. José Carreño con 12 guardias y un comisario de policía, que con un frívolo pretexto se quedó en la población y no siguió con los guardias, fué encargado de proceder al reconocimiento de dicha casa y detención de la gente sospechosa que en ella estaba, dos de los paisanos pudieron escaparse y corrieron al inmediato castillo de la Aljaferia á noticiar lo sucedido á la tropa que estaba en él, perteneciente al Regimiento Infantería de Córdoba que se había sublevado. Una Compañía de cazadores de dicho regimiento mandada por un Ayudante de E.M., de plaza llamado Bonfillori acudió en seguida; los guardias, que no tenían noticia de las intenciones de aquella fuerza y que creyeron que vendría en auxilio de ellos, ignorando cuanto pasaba, no tomaron precaución alguna; la Compañía hizo sobre ellos una descarga traidora á quemarropa, de la que resultaron mortalmente heridos los guardias Manuel Castillo y Santiago Castillero, muriendo el último á consecuencia de sus heridas. Casi todos los guardias fueron hechos prisioneros; pero el Teniente D. José Carreño pudo evadirse y corrió á dar parte de tan triste ocurrencia al Primer Jefe del Tercio D. León Palacios, este activo y valeroso Jefe salió inmediatamente de la casa-cuartel á la cabeza de toda la fuerza disponible, y envió al Ayudante D. José Ezquerra á poner en conocimiento del Excmo. Sr. Capitán General lo que pasaba. La Guardia Civil en aquel triste día, que añadió una página sangrienta á la historia lamentable de nuestras discordias civiles, cooperó eficaz y valerosamente en unión de las tropas que permanecieron fieles á la autoridad del Capitán General, á vencer la revolución cuya bandera había desplegado el Brigadier Hore á la cabeza de su regimiento sublevado.

Vinieron después los sucesos de julio, y la Guardia Civil del Sexto Tercio siempre fiel y leal á las autoridades legítimas, cooperó con todo su celo y prudencia al mantenimiento del orden y á la tranquilidad pública, conduciéndose sus Jefes y Oficiales con el tacto más exquisito, evitando así el verse arrastrados en el torbellino de las pasiones revolucionarias, desencadenadas en aquellas provincias con más furor que en el resto de España. Estos acontecimientos fueron causa de que se resintiera el servicio ordinario, no obstante de que los individuos de Sexto Tercio haciéndose superiores á lo que pasaba alrededor de ellos, los prestaron muy eminentes y distinguidos, que sentimos tener que omitir, aunque no lo haremos del siguiente, por su especialidad.

En marcha para su casa con licencia el Guardia Antonio Montoya es requerido por el alcalde del pueblo en que pernoctaba, para la captura de dos criminales autores de un bárbaro asesinato; no se cree este bizarro guardia dispensado de prestar en su situación el auxilio que la autoridad le reclama, y en unión de ella marcha en persecución de los asesinos, reduce uno á prisión y lo pone á disposición de la autoridad, y al dirigirse á prender al segundo, recibe una muerte gloriosa este denodado guardia, sellando con su preciosa vida el cumplimiento de un deber que sólo su inclinación al bien pudo haberle impulsado á llenar en su situación especial de licenciado.

Al terminar el año que nos ocupa, el terrible azote del cólera, comenzando á invadir varias provincias vino á aumentar el cúmulo de males y á proporcionar á la Guardia Civil un motivo más para llevar el consuelo y auxilio á numerosas víctimas atacadas por la cruel epidemia.

El celo desplegado por la fuerza del Tercio á pesar de los obstáculos con que tenía que luchar, se demuestra de la manera más evidente con el siguiente resumen de las aprehensiones verificadas en el curso del año. Delincuentes y ladrones, 453; reos prófugos, 22; desertores, 28; faltas más ó menos leves, 920. Total 1,423.

1855. En este año la fuerza del Tercio, aunque contrariada en su servicio especial por la Milicia Nacional de algunas localidades, no dejó de llenar su deber en cuanto se lo permitían las circunstancias. El estado de agitación en que por efecto de aquellas se encontraba el país, obligó á la Guardia Civil á suspender su servicio ordinario para dedicarse al de campaña en persecución de las partidas carlistas que se levantaron en aquel distrito; una de estas se componía de dos escuadrones de caballería del Regimiento de Bailén y el de cazadores de Aragón que con inaudita sorpresa se sublevaron contra la Reina y su Gobierno proclamando la bandera carlista; salieron de Zaragoza en dirección á la Almunia, en cuya villa les dio alcance el Capitán General que con Nacionales de Caballería de Zaragoza y doce guardias civiles al mando del bizarro Teniente Moreno se había lanzado en su persecución. Ha sido notorio que las fuerzas de Nacionales, faltas de disciplina aunque no de valor, hubieran sido derrotadas y quizá prisionero el mismo General, á no haber sido por el denuedo y arrojo de aquel puñado de guardias que con su bizarro Teniente á la cabeza, recibieron la primera carga de los escuadrones sublevados, y dispersada la Milicia, se parapetaron en un corral de la Almunia sosteniendo un vivo fuego con los rebeldes hasta ponerlos en fuga. El Teniente Moreno perdió su caballo; y la Guardia Civil, antes mirada aunque injustamente con cierta prevención, fué recibida con entusiasmo por el pueblo de Zaragoza que la recibió con estrechos abrazos. Las diferentes pequeñas columnas que para la persecución de las facciones se formaron de la Guardia Civil, la rapidez y acierto en su dirección por efecto del especial conocimiento del terreno y el decidido arrojo de sus individuos, contribuyeron á que en poco más de un mes quedase Aragón completamente tranquilo. Disipados los riesgos de la guerra con la extinción de las facciones, vinieron otros más terribles, en que la caridad y la abnegación más sublimes resaltaban en los veteranos guardias, que, siendo militares, sabían arrostrar con frente serena así el peligro del combate, como el del contagio epidémico, auxiliando á sus semejantes. El cólera, desarrollado en toda su intensidad, fué un nuevo motivo para que la Guardia Civil de Aragón diese al país el tierno espectáculo de ver á los guardias auxiliando á sus semejante animándolos, y proporcionándoles remedios en los caminos y pequeños pueblos, donde careciéndose de botica, sólo en las casas-cuarteles se encontraban repuestos de medicamentos, adquiridos de antemano por disposición superior. Efecto de estos auxilios prestados, fueron víctimas de su misión humanitaria los individuos cuyos nombres no queremos omitir: el Sargento segundo D. Juan Zorraquino; Cabo segundo Mariano Jimeno; guardias José Domínguez, Manuel Camarasa, Ramón Sierra, Manuel Conejero, Manuel Cid, Félix Martín, Manuel Sebastián é Ildefonso Guillermo. He aquí el resumen de las aprehensiones: delincuentes y ladrones, 43; desertores, 1; faltas más menos leves, 26. Total, 70.

1856. En el año de que vamos á ocuparnos, no por desgracia con toda la extensión que quisiéramos, el Sexto Tercio además de los eminentes y distinguidos servicios que prestó en la persecución de malhechores, extinción de incendios, inundaciones, sofocación de motines, dando prestigio á las autoridades y restableciendo el principio de autoridad tan decaído en aquellas circunstancias en las provincias aragonesas, dio prueba más insigne de su lealtad, jamás desmentida, de su fidelidad y de su disciplina, demostrando de una manera que no tenemos expresiones para encarecer, cuan poderoso elemento de órdenes la institución de la Guardia Civil. ¡A qué consideraciones no se prestan los hechos que vamos á consignar!.

El día 14 de julio se supo en Zaragoza por el telégrafo las ocurrencias que en el mismo día tuvieron lugar en Madrid, entre las tropas de la guarnición defensoras del Trono y de la regia prerrogativa, y parte de la Milicia Nacional que quería llevar la revolución hasta el último extremo. El día 15 de julio el Capitán General de Aragón, Sr. Falcón, apremiado por el Gobernador Civil, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento; todas estas autoridades decidieron oponerse al Gobierno elegido por S.M., usando legítimamente de su regia prerrogativa, y convertir á Zaragoza en un centro poderoso de insurrección. El primer Jefe del Sexto Tercio, D. León Palacios, conociendo perfectamente cual era su deber, dictó con la mayor reserva y cautela las órdenes convenientes á toda la fuerza de su mando, marcándole punto de reunión y la ruta que debía seguir para lograrla, dispuso la salida simultánea de la que existía dentro de Zaragoza; y practicado esto con previsión y prudente tino, se salió de aquella ciudad, acompañado de dos guardias, con dirección á Soria, punto designado de reunión, para llegar al cual tuvo que abrirse paso sable en mano en un puente tomado por algunos Nacionales. El Ayudante Cajero D. Pedro Bentosela, el Teniente Ezquerra y Labadie, corrieron riesgos inmensos para reunirse á su Jefe. Desde este punto ofreció sus servicios al Gobierno de S.M., quien le previno se incorporase con la fuerza á sus órdenes, que era la de toda la provincia de Zaragoza á las tropas del General Dulce que se dirigían á rendir aquella ciudad sublevada. La Compañía de Teruel, al mando de su bizarro Comandante D. Gregorio Galindo, abandonó la capital, se concentró sobre la carretera de Madrid prestando apoyo al Comandante General, y dispuesta á secundar las órdenes del Gobierno nombrado por su Reina. La de Huesca, al mando de su Capitán D. Manuel Bretón, ejecuta lo mismo que las de Zaragoza y Teruel, y situándose en los pueblos de la provincia, unida á los Carabineros, espera órdenes del Gobierno legítimo huyendo de la insurrección. Ejemplos de este género deben consignarse para honra de la disciplina que se observa en el Cuerpo de la Guardia Civil. He aquí ahora el resumen de las aprehensiones efectuadas en el presente año. Delincuentes y ladrones, 617; reos prófugos 14; desertores, 59; por faltas más ó menos leves, 496. Total, 1,186.

1857. La fuerza del Tercio, aumentada este año hasta el número de 660 hombres y 115 caballos, se dedicó al servicio especial del instituto, prestando entre los muchos que registra su historia, algunos tan eminentes, que no podemos menos de indicar. Tales fueron los contraídos por el Sargento Mariano Guillén en el pueblo de Calamocha; en Muniesa, por el Cabo primero Valentín del Barrio; en Santa Eulalia, por el Sargento Ginés del Castillo, capturando á unos incendiarios. La aprehensión del célebre criminal Jarque, efectuada por el Cabo comandante del Puesto de Fuentes de Ebro. La captura del famoso ladrón Alberto Bayo en la villa de Alcañices, por el Cabo Agustín Rafales, ocupándole 332 duros. El combate sostenido dentro de una casa entre el Cabo Gabriel Gil y una cuadrilla de 10 á 12 criminales, de que resultó la muerte de 3 de éstos y del valiente guardia José Anidos. El glorioso combate que heroicamente sostuvo el Cabo segundo Pedro Useras acompañado de 5 guardias, con una partida de 40 á 50 contrabandistas, apoderándose á la bayoneta de 19 cargas, las que conducidas por los valientes guardias, con dirección al pueblo de Corrales, quisieron arrancárselas los contrabandistas, sin duda después de haberse persuadido del reducido número de sus conductores; pero estos valientes sostuvieron bizarramente un nutrido fuego por espacio de dos horas, hasta que se les incorporaron otros cinco guardias del Puesto de Enzanigo, cuyo auxilio reclamara el Cabo Useras; entonces éste los cargó á la bayoneta, desalojándalos de sus ventajosas posiciones en completa dispersión. El Gobierno concedió á este Cabo la cruz de plata de San Fernando con 30 rs., mensuales, la sencilla de la misma orden al guardia Francisco López, y ocho de María Isabel Luisa á otros tantos individuos.— Si dispusiésemos de abundantes páginas, las llenaríamos de eminentes servicios que dolorosamente tenemos que omitir por falta de aquellas; disculpe en parte nuestro forzado silencio el siguiente resumen numérico de aprehensiones.

Delincuentes y ladrones, 666; reos prófugos, 28; desertores, 22; por faltas más ó menos leves, 671. Total, 1,387.

1858. Dedicada la fuerza del Tercio á su misión civilizadora, la ha desempeñado en el año que nos ocupa de un modo tan distinguido, que en la imposibilidad de demostrarlo por medio de la narración de los servicios eminentes prestados durante él, nos vemos en el extremo doloroso de no poder ni aún dar idea aproximada de los más sobresalientes, porque carece nuestra pluma del don sublime de expresar su mérito en pocas palabras. El activísimo Comandante de la provincia de Zaragoza D. Antonio Armijo, con el celo y bizarría que le distinguen, después de haber sabido inculcar en el ánimo de sus subordinados las preciosas máximas que impulsan á la Guardia Civil por el camino del honor y de la gloria, supo también alcanzar las gracias de S.M., por un servicio distinguido que ha prestado. El celoso Comandante de la de Huesca D. José Villacampa, acreditó su mando en ella, y vemos servicios muy recomendables prestados por segunda vez en aquella provincia por el ya nombrado Cabo Useras, que en este año y acompañado de los guardias Pedro Alastru, Zacarías de Gracia, Agapito Palomino, don Francisco Álvarez, José Campo, Mariano Aragón y Antonio Gracia; esto es, 8 valientes sostuvieron un glorioso combate con 25 ó 30 contrabandistas, causándoles 3 muertos. Otra cruz pensionada de M.I L., al denodado Useras y dos sencillas á los guardias Alastru y Álvarez, fué la recompensa de su distinguido valor en este desigual combate. La provincia de Teruel no resulta menos favorecida en este año; la actividad y celo de sus individuos en el desempeño de su servicio guarda perfecta armonía con las otras dos, como mandadas todas por un Jefe de acrisolada lealtad y probada bizarría. Los Puestos de Alcañiz, Villarquemado, Puebla de Alfindén, Calamocha, Alfambra, Caspe, Torrecilla, aparecen frecuentemente nombrados por los servicios distinguidos que prestaron, siendo una prueba de ellos el siguiente resumen. Delincuentes y ladrones, 174; reos prófugos, 5, desertores, 10; por faltas más ó menos leves, 230. Total, 419.

1859. Continuando en su penoso servicio la fuerza del resto Tercio, vemos que los guardias Cosme Alquecera y Luis de la Torre, del Puesto de Barbastro; el Cabo José Ortega y guardias del de Sos; y los guardias Mariano Ciñua, José Obico, José Rey y Francisco Salanova del de Huesca, se distinguieron hasta fin de agosto de este año; y todos en general han llenado su deber, según consta del resumen de aprehensiones efectuadas hasta la fecha indicada. Delincuentes y ladrones, 467; reos prófugos, 4; desertores, 21; por faltas más ó menos leves, 506. Total 998.

Terminaremos la reseña del brillante Sexto Tercio presentando por algunos como modelo del Cuerpo de la Guardia Civil, con el resumen general de las aprehensiones efectuadas por la fuerza del mismo desde su creación hasta fin de agosto de 1859.

Provincias.

Delincuentes
y Ladrones.

Prófugos.

Desertores.

Faltas.

TOTAL.

Huesca.
Teruel.
Zaragoza.

3,099
2,239
2,658

 91
 32
149

177
 88
283

12,277
 7,312
 5,049

15,644
 9,671
 8,139

Totales.

7,996

272

548

24,638

33,454

Además de las anteriores aprehensiones, resultan 164 contrabandos arrancados en desiguales combates á los defraudadores de la Hacienda.

SERVICIOS PRESTADOS POR EL SÉPTIMO TERCIO DE LA GUARDIA CIVIL.

El Tercio de que vamos á ocuparnos es uno de los que han prestado servicios más eminentes á la sociedad española. Tiene á su cargo las provincias de Granada, Málaga, Jaén y Almería y en ellas por la riqueza y fertilidad de su suelo, la fragosidad de sus montañas y la vecindad de la plaza de Gibraltar, los ladrones y contrabandistas de Andalucía han encontrado siempre guaridas más seguras que en otras partes y ocasiones para ejercitar sus punibles designios.

El día 13 de octubre de 1844 salió de Leganés y Vicálvaro la primera fuerza con que empezó á organizarse el Tercio, que según la primera revista de Comisario que pasó, se componía de 1 Jefe, 14 Ofíciales y 267 individuos de tropa con 58 caballos; y el día 30 del mismo mes llegó al pueblo de Zubia, donde estuvo instruyéndose hasta el día 12 de diciembre en que pasó á Granada y ocupó el cuartel de la Victoria.

El Tercio se debía componer de tres compañías de infantería y un escuadrón de caballería. El 21 de diciembre, la fuerza que ya tenía la 1.ª Compañía fué distribuida en los destacamentos de Loja, Lachar, Guadix, Venta del Molinillo, Venta del Zegrí, Venta de Mitagalán y Lanjarón, quedando en Granada su primer Capitán, un Teniente, un Subteniente y 23 individuos de la clase de tropa. En el mismo día, dos secciones de la 2.ª Compañía de Infantería, á las órdenes del segundo Capitán D. Juan Correa y del Teniente D. José Morales, emprendieron la marcha para la ciudad de Jaén, donde permanecieron el resto del año. La fuerza asignada ya á la 3.ª Compañía, á las órdenes de su primer Capitán D. Manuel Gómez Rubín, había salido para Málaga el día 11 de dicho mes, en donde permaneció también hasta el año de 1845. El mando en jefe del Tercio se confirió al Brigadier D. José Gabarre, Coronel que había sido de un regimiento de la Guardia Real, Gobernador de Motril, y persona muy relacionada en Granada.

En el año de 1844 el Séptimo Tercio no pudo prestar servicio alguno, porque la escasa fuerza de que entonces constaba no fué distribuida por el distrito hasta enero de 1845. Las cuatro provincias del distrito se hallaban en el estado más lastimoso de inseguridad; numerosas cuadrillas de bandidos recorrían impunemente los campos y pueblos pequeños cometiendo con el mayor descaro toda clase de excesos y vejaciones. En la provincia de Granada existían varias partidas Capitaneadas por los bandidos Manuel Callado, Antonio Avila y el cojo Luche; éstos vagaban por la parte de Campotejar y pueblos inmediatos, de donde eran naturales. Por Montejicar y pueblos de los montes de Granada, andaban los bandidos Pedro Borja, Manuel Barranco, Antonio y Manuel Orihuela, capitaneando varias partidas que eran el terror de aquella comarca. Por las inmediaciones de Baza andaban las cuadrillas de Pablo Soriano, de Moya (a) el Cirujano, de José Rodríguez (a) Arrempuja, de Juan el Tuerto, de Antonio Raya (a) el Manco, del Fraile, de José García de la Pera, Francisco Olmo Peralta y Pablo Ruiz (a) el Chincherino, cometiendo todo género de crímenes á cual más horrorosos, siendo uno de ellos el hacer sentar en unas trébedes hecha ascuas á los desgraciados que caían en sus manos, después de haberlos robado, tan desalmados y sanguinarios eran estos bandidos, que el Francisco Olmo y Peralta asesinó á un hermano suyo, y llevando después su cadáver á un monte lo quemó.— En las Alpujarras vagaban diferentes partidas de ladrones, algunas de ellas de 16 y 18 hombres, capitaneadas por los facinerosos Tomás Estevez (a) Marrizo, Antonio Morales, Tragabalas, José Salido, José y Miguel Alonso, cometiendo crímenes inauditos, y dividiéndose en pequeños grupos cuando así les convenía para sus fechorías ó eludir mejor la persecución.

En la provincia de Jaén vagaban algunas partidas capitaneadas una de ellas por el bandido Antonio Barbarán y otra por el Chato de Benamejí. Estas partidas se organizaban en la Serranía de Ronda, y cuando se veían muy perseguidas en la provincia de Málaga se internaban en la de Jaén. También solía recorrer esta provincia, procedente de la misma Serranía, la partida del famoso Capa-rota.

La provincia de Málaga, á la cual pertenece la Serranía de Ronda, sufría el azote de las anteriores partidas y de las infinitas que de aquella fragosa comarca han salido constantemente.

Y la provincia de Almería la tenían aterrorizada con sus crímenes las cuadrillas capitaneadas por los facinerosos conocidos por los apodos de Sangre viva, Peperre, el hijo del tío Blas, y Califa. Tal era el triste estado de vandalismo, inseguridad y desmoralización en que se encontraban las cuatro provincias del séptimo distrito en el año de 1844.

No solamente la multitud de ladrones, de los cuales sólo hemos citado los más renombrados, sino también la fragosidad y aspereza de muchas comarcas de las cuatro provincias del distrito, hacía en aquella época, y en el día lo es aún, muy difícil y penoso el servicio de la Guardia Civil, y más arriesgado quizás que en todos los demás distritos del reino. En la provincia de Granada hay señalados 45 parajes como muy peligrosos y que reclaman toda la vigilancia de la fuerza destinada á la misma, por los robos y crímenes que en ellos se cometían, y aún se cometen, si bien no tanto como antes de la creación del Cuerpo; de éstos parajes algunos tienen nombres muy significativos, como el barranco de quita-sueños, el barranco del muerto, el barranco de la sangre, el puerto de la calavera, los arrastraderos, la rambla de las brujas, etc. En la provincia de Jaén se designan también 30 parajes como muy peligrosos. En la de Málaga 34, siendo uno de ellos nada menos que toda la extensa Serranía de Ronda, y 14 en la de Almería. Véase, pues, por esta breve introducción, cuan difícil y peligrosa tarea se encomendó al Séptimo Tercio de la Guardia Civil.

1845. En este año comenzó la fuerza del Séptimo Tercio á prestar el servicio. Se componía de 390 individuos de tropa y 120 caballos, y aunque en tan escaso número para tan extenso y peligroso territorio, fué distribuida en los puestos que se creyó más urgente establecer. Entre los servicios más distinguidos debemos hacer mención de la captura del criminal José Molina que capitaneaba una partida de ladrones, hecha por el Guardia de la Primera Compañía Estéfano Asencio. El día 26 de junio fué capturado por el Teniente de Caballería D. José Morales, en la provincia de Jaén, el asesino del Administrador del portazgo de Andújar, Antonio Ortega. El 20 de octubre fueron capturados en la misma provincia siete ladrones por el Subteniente don Vicente Torres. En la provincia de Málaga, el Teniente hoy Comandante D. Juan Espinola, capturó al ladrón Francisco Fernández Padilla, desertor de presidio por segunda vez, y contrabandista. En la misma provincia el Alférez D. Melchor Ortiz, aprehendió nueve reos por diferentes delitos, y el entonces Subteniente D. Vidal Tejerina, capturó ocho criminales.

Todos los expresados Oficiales, y el Guardia de la Primera Compañía Estéfano Asencio, se hicieron acreedores á que el Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo les manifestara el aprecio en que tenía tan recomendables servicios.

Aunque al terminar el año que nos ocupa, el estado de seguridad de las provincias del séptimo distrito no era enteramente satisfactorio, los viajeros, trajinantes y labradores comenzaban á transitar por los campos y caminos con más confianza, y los guardias civiles, con su brillante comportamiento, habían desvanecido la prevención con que fué recibida la institución á su establecimiento.

He aquí el resumen de las aprehensiones verificadas en este año en las cuatro provincias del distrito. Delincuentes y ladrones, 255; reos prófugos, 225; desertores del Ejército, 199; por faltas más ó menos leves, 233, contrabandos, 31. Total, 923.

1846. En este año la fuerza del Tercio llegó á reunir 560 individuos de tropa y 121 caballos, y se aumentaron el número correspondiente de puestos en las cuatro provincias. Los servicios prestados en este año fueron mucho más numerosos; entre los más distinguidos encontramos los siguientes: En la provincia de Granada fueron capturados José Pérez Ramírez, que capitaneaba una gavilla de rateros; Julián Sánchez, desertor de presidio, en el cual se hallaba por varios robos y asesinatos; Miguel Sánchez, reclamado por diferentes juzgados por delitos graves; Francisco López, desertor de presidio por segunda vez; los asesinos Juan Castillo y Rafael Vázquez; José Palomares, desertor de presidio, el cual hizo una fuerte resistencia á la Guardia Civil al tiempo de ser capturado; los criminales José Irens y Miguel Palomares, y Francisco Serrano, ladrón de fama.— En la provincia de Jaén, el Comandante D. Mateo Escobar, rescató á don Miguel Comas, á quien había cautivado la partida del Chato; y prestó con la fuerza de su mando otros muchos servicios.— En la provincia de Málaga, el Teniente D. Vidal Tejerina y tres individuos de su mando, capturaron á Juan Parrado Ruiz, autor de nueve muertes; este mismo Oficial capturó en la villa de Jubrique y sierra Bermeja á Ramón Rosillo, autor de dos asesinatos y desertor del presidio de Málaga; á Antonio García Rojas, autor de una muerte, y al famoso asesino Francisco Macias, conocido por el Manco, armado de puñal, caballo y retaco. El Teniente, hoy Capitán, D. Francisco Granadino capturó al famoso criminal José Fernández (a) Chanfle, desertor del Ejército y autor de tres asesinatos. El Cabo primero Miguel Morales, capturó al tristemente célebre criminal Diego Ortigosa (a) Chocolate, cuya persecución estaba muy recomendada. El Guardia de primera clase Francisco Gómez, capturó al criminal Pedro Villarrubia (a) la Rata, que por sus graves delitos era el terror del partido titulado de Don Lucas.— En la provincia de Almería fueron capturados en diferentes épocas del año que nos ocupa, los bandidos Sangre viva, Peperre, el hijo del tío Blas y Califa, con las cuadrillas que capitaneaban; las cuales, habiendo hecho resistencia á la fuerza que los escoltaba y tratado de fugarse, dieron lugar á ser todos muertos por la Guardia Civil. En el mes de junio fueron capturados también, por la misma fuerza, cinco criminales naturales de Fondón, los cuales andaban en cuadrilla cometiendo toda clase de crímenes y delitos.

La fuerza del Tercio se hizo acreedora á las gracias del Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo, del Brigadier, primer Jefe, de los gobernadores civiles de las cuatro provincias, y de las autoridades locales. El Comandante D. Mateo Escobar, el Cabo primero Manuel Roldán, y el Guardia de la Tercera Compañía Francisco Fernández, recibieron especialmente gracias y recompensas.

El Guardia de segunda clase de la Segunda Compañía Dionisio García Maestro, fué herido de bala por 12 criminales en el término de Cuevas Bajas.

La seguridad de los caminos iba siendo mayor cada día. He aquí el resumen de 1as aprehensiones verificadas en este año. Delincuentes y ladrones, 356; reos prófugos, 106; desertores del Ejército, 163; por faltas más ó menos leves, 949. Total, 1,634.

1847. El Tercio tuvo en este año la misma fuerza que en el anterior. Además de los bandidos que no habían podido ser capturados en los dos años anteriores, formaron varias partidas 27 confinados que se escaparon del presidio de Málaga, nueva plaga para aquel país. En la provincia de Almería apareció otra partida, de la que fueron muertos y capturados tres individuos; y el famoso bandido Antonio Murillo, que desertó de presidio, organizó otra partida.

Entre los servicios más distinguidos hallamos los siguientes: En la provincia de Granada fueron capturados los facinerosos desertores de presidio Juan de Puertas, Alonso López Molero, José Parra y José Sánchez, autores de muertes y robos; los reos por delitos graves, Juan Canadá, José Fernández, Juan Liñán, José y Manuel Pérez; y los terribles ladrones Francisco Gil, José Ortiz, Sebastián Cortés, Joaquín Guijón y Juan Cuella.— En la provincia de Jaén fueron aprehendidos el famoso ladrón y desertor de presidio León Fernández, y el ladrón y desertor de presidio Juan Fermín, que fué muerto al tiempo de verificarse su captura.— En la provincia de Málaga fueron capturados el terrible criminal Antonio del Pino, Joaquín Pueyo, que tenía cautivos á dos sujetos de posición; Sebastián Román, Antonio Ruiz Benítez, Pedro Nuñez y Antonio Parra, célebres criminales y autores de robos y asesinatos.— En la provincia de Almería fué muerto el criminal Gregorio Martín de un disparo que hizo la fuerza á consecuencia de desórdenes cometidos en el pueblo de Venterique, resistencia y maltrato al segundo Capitán D. Agustín Jiménez Bueno, por lo que se procedió al desarme del paisanaje, siendo presos muchos sujetos de dicho pueblo.

Además de las gracias dadas por el Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo y varias autoridades á los que más se distinguieron, S.M., la Reina se dignó conceder la cruz de San Fernando de primera clase al segundo Capitán de la Cuarta Compañía D. Agustín Jimeno Bueno, por el servicio anteriormente expresado.

El Tercio tuvo que lamentar en este año las siguientes desgracias: En la Tercera Compañía fué muerto por los contrabandistas el Guardia de segunda clase Joaquín García, y herido por un criminal el de la misma clase Francisco Navarro. En la cuarta lo fué de un disparo hecho por un criminal el Guardia Mateo Gallar, de cuyas resultas falleció á los dos días.

He aquí el resumen de las aprehensiones verificadas en este año. Delincuentes y ladrones, 444; reos prófugos, 319; desertores del Ejército, 102; por faltas más ó menos leves, 1,006. Total, 1,871.

1848 y 49. También la fuerza del Séptimo Tercio tuvo como la de los demás que concurrir en parte á la Corte, por efecto de sacudimiento político que conmovió á Europa á principios de primer año, prestando el servicio de guarnición como ya hemos manifestado al hablar de otros Tercios, y concurriendo también parte de su fuerza á sofocar el movimiento de rebelión que estalló en Sevilla como consignamos en el Tercer Tercio. Los servicios prestados en los años de que vamos hablando no son menos notables que los de los anteriores, y aunque necesitaríamos muchas páginas para insertar solamente los más eminentes, nos vemos con sumo dolor privados de hacerlo por las razones con repetición expuestas en páginas anteriores. Las provincias de Málaga y Jaén en especial, eterno semillero de bandidos de gran fama no permitían á la Guardia Civil el menor descanso, ni la separaban en estas provincias del peligro, que con un valor á prueba, se veían precisados á arrostrar en combates casi diarios los individuos destinados á prestar el servicio en ellas. En la de Málaga había adquirido un ascendiente y una reputación la fuerza del Cuerpo, que favorecía en alto grado la elevada opinión del celosísimo Jefe D. Manuel Gómez Rubín, elegido con especial acierto para mandarla. He aquí el resumen numérico de las aprehensiones efectuadas en los dos años por las provincias del Tercio. Delincuentes y ladrones, 1,934; reos prófugos, 665; desertores, 327; por faltas más ó menos leves, 6,496. Total 9,422.

1850. La tarea difícil de limpiar las cuatro provincias que componen el séptimo distrito militar se aumentó este año por la disminución aunque corta que experimentó la fuerza de este Tercio, en relación con la del todo del Cuerpo. Sin embargo, la reputación ya adquirida por sus individuos, era suficiente estímulo para multiplicar su celo y suplir con él aquella pequeña baja en hombres. Los servicios aparecen cada año más distinguidos, y entre los numerosos prestados en el actual, extractaremos algunos. El Teniente D. José Piñal, Jefe de la línea de Ronda, aprehendió en los días 2 y 15 de octubre, tres famosos criminales que componían parte de una gavilla, la cual pocos días antes había sido batida por la Guardia Civil del Tercer Tercio causando la muerte á un guardia. El Teniente D. Vidal Tejerina en la mencionada línea de Ronda capturó un crecido número de criminales de fama; el Cabo José Córdoba se distinguió en la aprehensión de criminales. El Puesto de Archidona mereció que S.M. se dignase significarle su Real satisfacción por la aprehensión de cinco ladrones que habían cautivado á un joven exigiendo gruesas sumas por su rescate. Y los guardias Gabriel Burrueta y León Martínez fueron recompensados con la cruz de M.I.L., por haberse lanzado contra cinco ladrones que habían detenido un coche de diligencias para robarlo; el Cabo José Maza con tres guardias del Puesto de Santa Amalia batió una partida de ladrones dando muerte á dos de ellos. Los siguiente guarismos comprenden el número de aprehensiones efectuadas en el presente año. Delincuentes y ladrones, 1,309; reos prófugos, 324; desertores, 92; por faltas más ó menos leves, 2,469. Total, 4,194.

1851. La fuerza del Tercio recibió en el presente año un pequeño aumento, por haber vuelto la del Cuerpo al total que tenía en 1849 y que como dejamos dicho fué disminuida en el de 50. Los servicios cada vez más numerosos y eminentes prueban el incansable celo de los individuos del Séptimo Tercio, y el lamentable estado de algunas provincias de que se compone. El celoso Capitán, hoy Comandante, D. Rafael de Cárdenas con una actividad digna de elogio, descubrió y capturó doce criminales, cómplices de los dos ladrones á quienes el Cabo Maza dio muerte en el año anterior; por este motivo recibió las gracias de las autoridades. El Sargento del Puesto de Santafé, Joaquín Lastra, capturó seis ladrones. El Cabo primero Justo Canano, después de una terrible noche de invierno, logró la captura de un famoso bandido oculto en una cueva en el término de Cullar de Baza. El activísimo Comandante D. Sixto Fajardo, Capitán Cárdenas, Teniente D. Melchor Ortiz y varios individuos á sus órdenes prestaron auxilios eficaces y capturaron famosos criminales cuya prolija enumeración no podemos hacer. El Cónsul inglés ha pasado una atenta y satisfactoria comunicación dando las gracias y encomiando la fuerza del Cuerpo por el auxilio que con admiración le había prestado el Teniente D. Vidal Tejenina y fuerza á sus órdenes. El Cabo primero Antonio Campos y guardias Joaquín Gutiérrez y Pedro Pérez, sostuvieron un glorioso combate con una partida de forajidos dando muerte á uno de ellos. El valiente Nicolás Olmo y guardias Manuel Sánchez, José Martínez y Juan de Dios López, sostuvieron un empeñado combate con una gavilla de ladrones, los que, cargados á la bayoneta huyeron cobardemente dejando un rastro de sangre que seguido por los guardias les condujo á una cueva. El denodado Olmo hizo atarse y se descolgó á 14 varas de profundidad; encendió un manojo de esparto y al encararse con los bandidos en aquel antro le hicieron un disparo que afortunadamente no le dio, tiran de él y lo sacan, y permanece á la boca de la cueva hasta rendir dos feroces asesinos que se albergaban en aquella infernal caverna. Servicios como éste en que se prueba el valor personal y el arrojo de una parte, y la traición criminal por otra, abundan en el Séptimo Tercio; sentimos no indicarlos y con dolor lo decimos, tenemos que renunciar á tan grata tarea; pero nuestros lectores saben que hacemos este sacrificio en su obsequio. He aquí el resumen cuyos guarismos suplirán nuestra omisión. Delincuentes y ladrones, 1,525; reos prófugos, 325; desertores, 151; por faltas más ó menos leves, 3,207. Total, 5,208.

1852. Duro y por demás penoso continúa siendo en el año que vamos á recorrer, el servicio del Séptimo Tercio, que bien pudiera considerarse de campaña, ya por la fatiga que experimentaron sus individuos, ya por los continuados combates que tuvieron que sostener contra partidas de malhechores. El famoso bandido Murillo, cuyo nombre sólo aterraba, en las provincias del Séptimo Tercio, abandonó sus antiguas guaridas acosado por la incesante persecución de la Guardia Civil, y fué reconocido en Cataluña próximo á la frontera de Francia; regresó de aquel país, y gracias al incansable celo del Sargento Juan Luis Benítez que no dejó de seguir por medio de comunicaciones la pista del bandido, éste fué capturado en la provincia de Alicante. Los sargentos, hoy Oficiales, D. Guillermo Falgueras, D. Rafael Montijano, D. Juan Bautista Nofuentes y D. Ramón González, son los comandantes de puestos que encontramos con más frecuencia desplegando su celo y actividad con los individuos á sus órdenes en la persecución y captura de malhechores. El celoso Capitán Cárdenas, hoy Comandante, se multiplica en la línea de Andújar, albergue constante de criminales, para limpiarla y dar seguridad á aquella comarca. Siéndonos de todo punto imposible proseguir, insertamos el resumen de las aprehensiones efectuadas en este año por el Séptimo Tercio. Delincuentes y ladrones, 1,728; reos prófugos, 168; desertores, 114; por faltas más ó menos leves, 3,286. Total, 5,296.

En este año ascendió á Mariscal de campo el primer Jefe D. José Govarre, siendo reemplazado por el entendido Coronel D. Fernando Boville.

1853. La fuerza del Tercio recibió este año un aumento considerable y en relación al concedido á todo el Cuerpo por Real decreto de 5 de febrero; pudo por consiguiente extender su acción benéfica á puntos del interior que por efecto de la escasa fuerza, sólo le era dado visitar en sus excursiones y persecuciones, su fatiga, sin embargo, no mejoraba; aquel país sólo comparable con el de Sevilla su convecino, era un foco de bandoleros, de cómplices y de encubridores, y la Guardia Civil tenía que multiplicarse y prodigar su sangre para extirpar aquel cáncer de corrupción; no podemos citar nombres por temor de ser tachados de parcialidad, diremos únicamente que en las provincias de Granada, Málaga, y Jaén en especial, en nada se desmentía este año la continua fatiga de la Guardia Civil respecto de los anteriores, y los individuos destinadas á aquellas tres provincias siempre recordarán con orgullo que el servicio prestado en ellas es un hecho honroso á la gratitud de la nación que mirará benévola la sangre derramada por la Guardia Civil en ellas durante este año. Los siguientes guarismos demuestran las numerosas capturas, todas de importancia efectuadas por el Séptimo Tercio en el año que nos ocupa. Delincuentes y ladrones, 2,060; reos prófugos, 512, desertores, 134; por faltas graves y leves, 6,734. Total, 9,440.

1854. Los acontecimientos políticos que sobrevinieron en el presente año, han proporcionado al Séptimo Tercio una ocasión más para demostrar en Granada su lealtad nunca desmentida. El bizarro segundo Jefe D. Manuel Gómez Rubín, á la cabeza de un puñado de guardias, se dirigió al parque, donde una inmensa turba de gente desalmada había penetrado para apoderarse de las armas allí existentes; usando de la mayor prudencia en medio de los inmensos peligros que le rodeaban, supo sin derramar sangre desalojar aquel local, y recuperar las armas de las manos de los que violentamente las habían tomado; tan señalado servicio fué eficazmente recomendado al Gobierno de S.M., y propuesto para una recompensa que no llegó á obtener. El Alférez, hoy Teniente, D. Raimundo Iglesias, prestó importantes servicios, haciendo el de exploración para observar los movimientos de las fuerzas que desde esta Corte se dirigían á las Andalucías. El Coronel Comandante de la provincia de Jaén, D. Alfonso Bohoyo Dávila, fué comisionado para ocupar con 100 guardias el importante desfiladero de Despeñaperros, á cuyo punto no llegó con la oportunidad que se le había prevenido, por lo que fué sumariado, aunque absuelto por el Tribunal competente. La fuerza del Tercio tuvo que reconcentrarse además en algunos puntos para velar por el orden público; y terminados los acontecimientos políticos, volvió la Guardia Civil al desempeño de su servicio especial, y aunque para prestarlo luchaba en algunas localidades con dificultades de consideración creadas por la Milicia Nacional, procuraba con prudente energía neutralizarlas, manifestándolas con frecuencia á la superioridad. Eminentes servicios aparecen en el año que nos ocupa, distinguiéndose en la captura de malhechores el sargento, hoy Teniente, tantas veces nombrado, D. Juan Bautista Nofuentes; los de igual clase D. Rafael Montijano, Mateo Durán, Manuel Roldán y Carlos Batalla; el Teniente D. Antonio Velasco, que con los guardias Manuel del Valle é Ignacio Vicente aprehendieron al Jefe de una gavilla que se había apoderado en un cortijo del hijo del dueño del mismo. Los partidos de Ronda, Antequera y Colmenar en la provincia de Málaga, y los de Martos y Andújar en la de Jaén, eran un foco donde se albergaban criminales sin cuento, y donde la Guardia Civil á costa de una penosa fatiga procuraba dar á sus habitantes la seguridad y tranquilidad de que se veían privados. El resumen numérico de aprehensiones dará una idea de los servicios prestados por el Tercio en el presente año. Delincuentes y ladrones, 1,625; reos prófugos, 322; desertores, 68; faltas leves y graves, 1,958. Total, 3,973.

1855. Luchando la Guardia Civil con los elementos de perturbación porque atravesaron algunas localidades, en particular de la provincia de Málaga, donde la desmoralización había llegado á un estado deplorable, acudía sin embargo, con su celo acostumbrado á amparar la propiedad amenazada en ellas, y garantir la seguridad personal, seriamente comprometida hasta en las calles de alguna población. Entre los muchos servicios distinguidos que registra la historia del Tercio encontramos la importante captura de un criminal fugado de presidio que logró el Teniente D. Antonio Requena. La captura de otro criminal de consideración, que después de cuarenta y ocho horas de incesante persecución en medio de un temporal desecho, lograron los guardias Vicente Rodrigo y Esteban Navarro. El eficaz auxilio prestado á una diligencia por los guardias Antonio Ruedas y Silvestre Pardo, extrayendo en brazos á varias señoras que viajaban en ella. Por el Cabo Gabriel García Lanzas, guardias Francisco Campos y Domingo Miguelez y otros dos de caballería del Puesto de Antequera, fueron aprehendidos tres criminales de consideración. El Puesto de Campillo de Arenas compuesto de los guardias Gabriel Quintana, Martín de la Rosa, José Aguilar y Antonio Rizo descubrieron los autores, en número de tres, de un terrible asesinato cometido en un vecino del pueblo de Calatrava. El Teniente D. Melchor Ortiz acompañado de cinco guardias, dio alcance á una cuadrilla de criminales autores de un robo cometido en la villa del Valle, logrando aprehender dos y rescatar parte de los efectos robados. Los crímenes cometidos en la provincia de Jaén fueron tales, que llegaron á llamar la atención del Gobierno de S.M., y destinando para el mando de aquella provincia al activo y celoso Jefe D. Carlos Gardyn, que todavía lo desempeña, y á quien nunca elogiaremos suficientemente, logró, después de una penosa é incesante persecución, durante la que sostuvo varios combates con los bandidos, devolver la paz y la tranquilidad á aquel país, poniendo más de 40 criminales, todos de fama, bajo el fallo de la ley. En uno de los encuentros que tuvo con ellos, se encerraron los bandidos en un cortijo que cercó convenientemente, y el Sr. Gardyn con desprecio del inminente peligro que tan de cerca le amenazaba, se lanzó á la puerta, recibiendo una descarga que milagrosamente no le deshizo; repetidas veces fué consultado á S.M., para una recompensa por este hecho de armas y los servicios prestados durante un mes mortal de fatiga, pero tuvo la poca fortuna de no recibir aquella, aunque sí la satisfacción de ver recompensados á todos los individuos que le acompañaban. En el puesto de Linares encontró 3,000 duros que devolvió á su dueño D. Juan Jontoya, á quien pertenecían, el cual no pudo conseguir que admitiesen retribución alguna por este hallazgo. Teniendo que detenernos en la narración de servicios, remitiremos á nuestros lectores al siguiente resumen de las aprehensiones verificadas en todo el presente año. Delincuentes y ladrones, 989; reos prófugos, 319; desertores, 76; faltas más ó menos leves, 1,271. Total, 2,655.

1856. En el año que vamos á recorrer á más de los servicios propios del instituto que con profusión prestó la fuerza de este Tercio, tuvo ocasión de demostrar en los acontecimientos que tuvieron lugar en el mes de julio, su fidelidad y decisión por la Real prerrogativa y el orden público, seriamente atacados. La Guardia Civil de Granada, reunida en esta capital con su primer Jefe, el Brigadier D. Fernando Boville y demás Oficiales á la cabeza, prestó fuerte apoyo á la autoridad del Capitán General para sostener el legítimo Gobierno nombrado por S.M., en libérrimo uso de su Real prerrogativa. La de Jaén aislada, puesto que Despeñaperros estaba tomado por los sublevados, dirigida por su bizarro Comandante Gardyn, se reunió en un punto estratégico, huyendo para ello este Jefe de la ciudad, pronunciada en rebelión, con los pocos guardias del Puesto de la capital, al sitio de antemano señalado á toda la fuerza, con la que se dirigió después sobre ella para someterla al legítimo Gobierno. En Málaga el Comandante D. José Villanueva, tomó el castillo de Gibralfaro y colocándose á la altura de las circunstancias, se constituyó en Comandante General de la plaza, amenazando bombardearla si no le permitían víveres para su tropa; el Gobierno de S.M., por medio de una Real orden, se dignó significarle la satisfacción de su buen comportamiento en tan difíciles circunstancias. Terminados los acontecimientos de julio volvió la Guardia Civil á sus Puestos para dedicarse al especial servicio de su instituto.

Los guardias Francisco Tolós y Antonio Jordán, el Cabo Antonio Torres, guardias José Povedano, José Rodríguez, Miguel Periago y Antonio Cerdán, prestaron servicios muy distinguidos el partido de Motril. El Sargento Gregorio González con la fuerza del Puesto de Cuevas de San Marcos, se encontró en la carretera un bolsillo con 15,653 rs., que devolvió á su dueño D. Jerónimo Ariza, á los dos días de encontrado. El activo Comandante Gardyn aparece con un celo digno de elogio sosteniendo la seguridad en la provincia de Jaén, ya libre de malhechores y capturando á los que huyendo de la persecución que sufrían en otras, se internaban en aquella, mereciendo satisfactoria comunicaciones de sus Jefes y autoridades.

No queremos pasar en silencio el heroico arrojo de dos guardias que valerosamente sostuvieron un desigual combate el día 21 de Septiembre con un numeroso grupo de contrabandistas; éstos, al verse frente á frente de dos solos individuos dieron la voz de á ellos que no son más que dos. ¡Miserables!, no sabían lo que vale un guardia civil; los dos guardias en lance tan apurado, descargaron sus armas sobre los malvados y se arrojan á bayoneta para vender cara su existencia, huyen cobardes los contrabandistas y abandonan tres cargas, de que se apoderaron los valientes guardias.

En la imposibilidad de extendernos más darnos el siguiente resumen de las capturas efectuadas en el presente año. Delincuentes y ladrones, 1,206; reos prófugos, 525; desertores, 97; por faltas más ó menos leves, 1,740. Total, 3,368. En este año solicitó y obtuvo su cuartel el Brigadier D. Fernando Boville fué destinado para el mando en comisión del Tercio el señor D. Manuel Gómez Rubín, quien por su inteligencia, actividad especiales conocimientos de aquel país, mereció siendo sólo Teniente Coronel del Cuerpo, aquella honrosa confianza á que correspondió de un modo tan digno como tendremos ocasión de demostrar más adelante.

1857. En el presente año recibió la fuerza del Séptimo Tercio algún aumento; la provincia de Málaga, que á consecuencia los dos años porque había atravesado la nación, había llegado á un completo estado de desmoralización en términos de que eran asesinadas las personas en pleno día en medio de las calles de Antequera, debía experimentar muy pronto los beneficios de la Guardia Civil, que dirigida á la sombra de la paz que se disfrutaba, por uno de los mejores señores Capitanes del Cuerpo que lo es el Sr. D. Antonio González y González, Jefe, que á una actividad y celo nada comunes, reúne especialísimos conocimientos, acreditados con trabajos científicos de mérito, relativos á las provincias que mandó, le honran en alto grado. En este año también la mano aleve de la revolución se dejó sentir de un modo desolador en las Andalucías. La facción republicana levantada en La Carolina para apoderarse de Despeñaperros é incomunicar las Andalucías con el resto de la nación, fué causa de que acertadas prevenciones comunicadas de antemano al Jefe de aquella línea D. Enrique Gallego, fuesen puestas en práctica, desbaratando al querer plantearlo el plan de aquellos desalmados. Éstos se vieron sorprendidos cuando al ir á posesionarse de aquel interesante desfiladero fueron rechazados de él por los valientes guardias que con la celeridad del rayo lo habían tomado. Éste ha sido el golpe de muerte dado por el ilustre organizador del Cuerpo á aquella insurrección. Dispersos los insurrectos y sin plan fijo, se desbandaron por aquellas sierras, y el bizarro Coronel Rubín, nombrado para perseguirlos, sin esperar las fuerzas que debían operar á sus órdenes, se lanza en posta al teatro de los acontecimientos y empieza á dictar acertadas disposiciones para impedir se reuniesen y poder destruirlos en su diseminación. Llegan tropas de la Corte y de Granada, y en un mes de fatiga, sin descanso alguno, bajo el sol abrasador de Andalucía, en lo más riguroso del estío no queda un malvado, habiendo sido fusilados 5 en la Carolina y los demás en crecido número sometidos al fallo de los Tribunales, donde esperaban la clemencia de su Reina, siempre indulgente para con los enemigos del Trono. Esta instantánea derrota, y la libre comunicación sostenida con el resto de las Andalucías, dejó abandonada la facción levantada en Sevilla, y á pesar de los desastres que en su fuga causó en Utrera, Morón, Pruna y Olvera, la Guardia Civil que al asomar el peligro se reunió en secciones para combatirlo, la acosa en todas direcciones, en términos que el Comandante D. Antonio González, á haber tardado dos horas más en ser derrotada, hubiese él con la fuerza de Málaga alcanzado esta gloria. Le queda á él y á la Guardia Civil de las provincias de Andalucía la grata satisfacción de haber salvado al país de aquella horda de malvados. En este año se dispuso que la fuerza de caballería del Séptimo Tercio se organizase en dos escuadrones.

No obstante los numerosos servicios del instituto prestados en el año de que nos ocupamos, tenemos el sentimiento de pasarlos por alto por la extensión que dimos á los extraordinarios. El siguiente resumen numérico suplirá nuestra forzosa omisión. Delincuentes y ladrones, 1,553; reos prófugos, 292; desertores, 142; faltas más ó menos leves, 2,095. Total, 4,082.

1858. La penosa tarea de moralizar aquel delicioso país continuó en el año que nos ocupa con el mismo celo que los anteriores; notables y eminentes servicios aparecen prestados en él; pero haciéndose ya demasiado extensa la narración del Séptimo Tercio, tenemos que contentarnos con dar el resumen de las aprehensiones efectuadas en el presente año la fuerza del mismo. Delincuentes y ladrones 1,752; reos prófugos, 231; desertores, 76; por faltas más ó menos leves, 1,847. Total, 3,906. En fines de este año fué relevado á solicitud propia, del mando en comisión del Tercio, el Coronel D. Manuel Gómez Rubín, reemplazándole en él su propietario el señor D. Toribio Aróstegui, quien á su vez fué reemplazado al mes por el Coronel del segundo D. Manuel Gómez Bareda, Jefe de acreditado valor en el Arma de Caballería, distinguida educación y acrisolada probidad.

1859. En este año vemos que los Puestos de Baza, Bailén, Málaga, Jaén, Granada, Alhama, Estepona y Linares, mandados por los individuos siguientes: José Carrizo, D. Francisco Jiménez Bueno, Felipe Belmonte, D. Fernando Fernández, Ramón Novo, D. Miguel García La Chica, y Juan López, han sabido distinguirse alcanzando varias recompensas unos y mereciendo las gracias de S.M., y del Director General del Cuerpo otros; pero quien indudablemente aparece sobresaliente á todos demás en la importancia de los servicios prestados y número de criminales aprehendidos, es el por demás activo y celoso Teniente D. José Pérez Rivera. Este incansable Oficial, que en el mando de la línea de Colmenar se había acreditado de un modo honroso, fué destinado á la línea de Ronda, eterno albergue de forajidos. Estaba el país tan mal que los vecinos acomodados de aquella populosa y rica ciudad no podían, sin grave exposición de ser cautivados salir de día fuera de su recinto y de noche ni aún á sus calles. El activo Rivera en menos de dos meses logró la captura de 40 criminales terrible plaga de aquella comarca y entre ellos la del famoso cabecilla llamado por mote el General. Todas las autoridades se apresuraron á recomendar servicio tan importante, que S.M., recompensó concediendo á Pérez Rivera derecho á ser incluido en turno de distinción (elección) para el ascenso, y recompensar con la cruz de M.I.L., al Sargento segundo Rafael Serrano, y Cabo Pedro Mata. El Comandante de la provincia de Málaga, señor Guzmán, puede estar satisfecho de su obra, contemplándola en el celoso desempeño de los individuos á sus órdenes.

He aquí ahora el resumen numérico de las capturas efectuadas hasta fin de agosto. Delincuentes y ladrones, 1,105; reos prófugos, 133; desertores, 53; por faltas más ó menos leves, 1,414. Total, 2,705.

Terminaremos el bosquejo de este brillante Tercio con el resumen general por provincias de las capturas verificadas por la fuerza de ambas armas del mismo desde su creación hasta fin de agosto de 1859.

Provincias.

Delincuentes
y Ladrones.

Prófugos.

Desertores.

Faltas.

TOTAL.

Granada.
Jaén.
Málaga.
Almería.

 4,043
 5,585
 5,842
 2,652

1,090
  553
2,070
  656

  495
  196
  768
  275

 6,303
11,340
 6,714
 4,884

11,931
17,674
15,394
 8,467

Totales.

18,122

4,369

1,734

29,241

53,466

Además de las anteriores capturas, aprehendió 301 contrabandos en el curso del servicio.

SERVICIOS PRESTADOS POR EL OCTAVO TERCIO.

El distrito de más extensión después del primero es el octavo; comprende las siete provincias de Valladolid, Palencia, Avila, León, Zamora, Salamanca y Oviedo. El Octavo Tercio, á proporción de su extensión, es después del primero de que más fuerza tienen; y si bien debido á la proverbial honradez castellana y á las costumbres morigeradas de los habitantes de Asturias, su servicio no es tan penoso como el de los Tercios que custodian otros distritos, el confinar con el vecino reino de Portugal las provincias de Salamanca y Zamora, con los montes de Toledo la de Avila, y con Burgos la de Palencia, da ocasión á muchos crímenes que por los límites y fronteras se cometen, y sus servicios, como se verá, son muy eminentes.

1844. Por Real orden de 13 de mayo de este año se mandó de que el Octavo Tercio tuviese dos compañías de infantería una de caballería con 16 oficiales y 417 individuos de tropa. Pasó la primera revista de Comisario en el mes de octubre, presentando en ella una compañía de infantería y otra de caballería, 1 Jefe, 16 Oficiales y 258 individuos de tropa. Esta misma fuerza en fin del año que nos ocupa, componía de compañías de infantería y una de caballería.

Para el mando del Tercio fué elegido el Coronel que entonces del provincial de Palencia, hoy Mariscal de campo el Excmo. Sr. D. Pedro Alejandro de la Bárcena, muy conocido en Castilla, y especialmente en Asturias, de donde es natural, hijo de muy distinguida y respetable familia, Jefe de alta reputación por sus eminentes servicios y brillantes hechos de armas durante la guerra civil y mando de regimientos que había desempeñado; siendo entre los innumerables que ostenta su brillante hoja, el heroico de haber plantado el primero la bandera del batallón de su mando sobre los reductos de Ramales, después de haber muerto gloriosamente con ella en la mano el Abanderado y un Capitán.

1845. Por Real orden de 13 de febrero se mandó que el Tercio constara de tres compañías de infantería, una de caballería, 20 Oficiales y 560 individuos de tropa. En la revista que pasó en el mes de marzo se elevaba la fuerza á 15 Oficiales y 355 individuos de tropa, y en fin de diciembre presentaba en revista 1 Jefe, 26 Oficiales y 594 individuos.

En este año la fuerza del Tercio, dividida en siete secciones, comenzó á prestar el servicio en las siete provincias del distrito, y he aquí el resumen de las aprehensiones verificadas en el mismo. Delincuentes y ladrones, 197; reos prófugos, 10; desertores, 50; por faltas más ó menos leves, 194. Total, 451.

1846. A consecuencia del aumento de fuerza que tuvo el Cuerpo en este año, se dio á la del Tercio la tercera organización en la forma siguiente. Por Real orden de 12 de julio se mandó que tuviese el Tercio 7 compañías de infantería, 1 de caballería, 2 Jefes, 29 Oficiales y 702 individuos de tropa. A consecuencia de esta organización, en fin de diciembre del año que nos ocupa, la fuerza del Tercio, distribuida en las ocho compañías expresadas, se elevaba á 2 Jefes, 31 Oficiales y 649 individuos. Las aprehensiones verificadas en este año fueron las siguientes: delincuentes y ladrones 402 reos prófugos 48; desertores, 83; por faltas más ó menos leves, 1,624; contrabandos, 16. Total 2,173.

1847. Entre los servicios distinguidos prestados por la fuerza del Tercio en este año, debemos hacer mención de la captura de 6 forajidos que habían robado las alhajas de la iglesia de Hermedes, hecha por el Guardia de primera clase de la 6.ª Compañía Vicente López, Comandante del Puesto de Baltanas, con los guardias á sus órdenes, el día 7 de enero. Los ladrones se hicieron fuertes en la casa-mesón del pueblo de Botos, y sostuvieron un vivo fuego con los guardias; pero al fin tuvieron que rendirse y las alhajas fueron rescatadas. También les fueron ocupados tres trabucos, dos tercerolas, una carabina, municiones, tres navajas muy grandes, dos llaves ganzúas y un librito con varias anotaciones, entre ellas una para poner en barras la plata y el oro. El Guardia López fué ascendido por este servicio á Cabo segundo, y por Real orden de 19 de enero le fué concedida la cruz de San Fernando.

El 18 de marzo, en la provincia de Avila, á las inmediaciones de Santa Cruz de Pinares, el Capitán de Caballería don Manuel Soriano y el Teniente de Infantería D. Ramón Fernández, con 9 guardias de infantería y 2 de caballería, atacaron á la facción carlista de triple fuerza capitaneada por D. Félix Gómez Calvente, y cargándola á la bayoneta le causaron 4 muertos, 7 prisioneros, 4 caballos y 32 armas de fuego, y varios documentos interesantes. En recompensa de este servicio fueron agraciados los dos expresados Oficiales con la Cruz de San Fernando de primera clase por Real orden de 27 de mayo. En este hecho de armas se distinguieron los Cabos primeros Fernando Villar y Ramón Álvarez y el Guardia Basilio Perendones, que capturaron al Jefe de la gavilla facciosa.

En 27 de marzo, en la provincia de León, el Subteniente, hoy Teniente, D. Manuel Cruces, con 8 guardias, consiguió exterminar la facción capitaneada por los cabecillas D. Juan Nuñez y D. Manuel Barriela, Tenientes del Convenio de Vergara, á los cuales puso el citado D. Manuel Cruces á disposición de la autoridad, juntamente con el depósito de armas y municiones que dichos cabecillas tenían oculto en el punto llamado el Collado. La fuerza del Tercio rivalizaba en celo y valor con la de los demás en persecución de las facciones; y en la dolorosa imposibilidad de detallar los encuentros que sostuvo, remitimos á nuestros lectores al resumen de las aprehensiones efectuadas, que fueron las siguientes: delincuentes y ladrones, 887; reos prófugos, 83; desertores, 75, faltas más ó menos leves, 2,155. Total, 3,200.

1848. El 15 de mayo del año de que vamos á ocuparnos, toda la fuerza de infantería del Octavo Tercio fué llamada á la Corte para formar parte de la guarnición con motivo de los sucesos de aquel año, y permaneció en ella hasta fin de agosto, en que regresó á sus puestos.

La noche del 10 al 11 de diciembre estalló una sublevación carlista en el pueblo de Alaejos, y al tratar de sofocarla el Cabo primero Pedro Julián Nieto con tres guardias de los que tenía á sus órdenes, fué herido en la cabeza. El día 20 de diciembre, el valiente Capitán de caballería, hoy Comandante, D. Francisco de Paula Córdoba, alcanzó á la referida facción en la Alquería de San Pedro, provincia de Salamanca; y aunque ésta tenía triplicada fuerza que la que él llevaba, se arrojó sable en mano sobre ella y la derrotó completamente, por lo que le fué concedido el grado de Comandante, y circulada al Cuerpo una honorífica Real orden en que por segunda vez significaba S.M., lo satisfecha que estaba del comportamiento de este Jefe, á quien en el Noveno Tercio encontraremos derrotando otra facción meses antes. He aquí el resumen de capturas. Delincuentes y ladrones, 645; reos prófugos, 35; desertores, 95; por faltas más ó menos leves, 2,155. Total, 2,930.

1849. Entre los servicios más distinguidos prestados en este año, encontramos los tres siguientes:

El 1.° de enero, el primer Capitán de Caballería D. José Arellano y Molina, hoy segundo Jefe del Tercio, derrotó en el puente de la Roa la facción del Estudiante de Villasur, por cuyo servicio fué nombrado primer Comandante de Caballería.

El 7 de enero, en Asturias, el Guardia de primera clase Rafael Alonso y el de segunda Ramón de la Vega, capturaron después de una reñida refriega en que tuvieron que hacer uso de las bayonetas, al criminal fugado de la fortaleza de Oviedo, Tomás Fernández, que salió herido del combate, y á su compañero Santos Rodríguez, ocupándoles dos trabucos, dos pistolas y un caballo, todo lo cual con los delincuentes fué puesto por los guardias á disposición del Tribunal competente.

El mismo día 7 de enero, en la provincia de Palencia, el Cabo primero Pedro Valero, Comandante del Puesto de Astudillo con la fuerza á sus órdenes consiguió la importante captura del terrible forajido Manuel García (a) Topero, sentenciado á la pena de muerte en garrote por los bárbaros excesos que cometía, siendo el último el horrible sacrilegio de picar la corona con un puñal al Sr. Cura de Rivas; este cruel asesino era el terror del país que habitaba, desde el año de 1832 en que se lanzó á la senda del crimen.

3,990 aprehensiones hizo la fuerza del Tercio en este año: delincuentes y ladrones, 825; reos prófugos, 58; por faltas más ó menos leves, 3,015, desertores , 94.

1850. Los numerosos servicios prestados por la fuerza del Tercio en este año, como verá el lector por el resumen de los mismos, son la prueba más evidente de que conforme la Guardia Civil en todas las provincias de España iba adquiriendo más experiencia, su servicio era más eficaz y de mayores resultados. Entre los servicios más distinguidos sólo citaremos los dos siguientes:

El día 28 de octubre, en la ciudad de Valladolid, el Ayudante, hoy segundo Capitán de infantería, D. Lázaro Fernández Alegre con seis guardias capturó á cuatro ladrones licenciados de presidio, en el acto de ir á robar la casa del rico comerciante D. Juan Antonio Fernández Alegre, en cuya caja se hallaban fondos de muchas familias que hubieran quedado arruinadas si se hubiese verificado el robo. Los ladrones hicieron dos disparos á quemarropa á los guardias y trataron de fugarse por otras puertas de la que habían entrado; pero los guardia con sus bayonetas les cortaron el paso, ocupándoles varias llaves ganzúas, escoplos, cinco armas de fuego y otra porción de herramientas. Pocos días después el mismo caballero Oficial consiguió la captura de otros tres ladrones compañeros de los anteriores y licenciados de presidio como ellos.

El día 8 de noviembre, el Cabo primero Agustín Barbón en unión del Guardia Santiago Sierra, consiguió capturar, después de dos días y tres noches de incansable persecución, al bandido Luis Díaz (a) Panteón, desertor del Ejército y de presidio, asesino que por espacio de 18 años había sido el terror de los países por donde vagaba, especialmente de la provincia de Oviedo. Para conseguir su captura, el Cabo y guardia expresados tuvieron que salvar varios precipicios en el término de Cordal, Concejo de Langreo, haciéndose acreedores á que las principales autoridades y las personas honradas del distrito y el Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo, les diesen las gracias por tan distinguidos servicios. He aquí el resumen de la aprehensiones verificadas en este año. Delincuentes y ladrones, 1,015; reos prófugos, 32; por faltas más ó menos leves, 3,934; desertores, 8. Total, 4,989.

1851. Muy crecida es también la cifra de las aprehensiones verificadas en este año; y muchos de los servicios distingidos, entre los cuales citaremos los siguientes:

El día 8 de febrero, el Cabo segundo Blas Madroño con el Guardia de segunda clase Manuel Choya, consiguió apagar un horroroso incendio en la casa de D. Luis Díaz, alcalde del Villar, salvando á una hija de éste de entre las llamas y muchos efectos.

El 3 del mismo mes, en el pueblo de Fuentesauco, provincia de Zamora, el Cabo segundo Tomás Martín Polo con los guardias á sus órdenes, capturó á los cinco criminales autores del horroroso asesinato perpetrado en la persona del Párroco de Calzada de Valdeuncal, á quien intentaron robar.

En la noche del mismo día en el pueblo de Vodón, provincia de Salamanca, los guardias Miguel Nuñez y Juan Martín con el auxilio de varias personas consiguieron apagar un horroroso incendio en la casa del propietario D. Tomás Recadero, salvando muchos efectos de valor, y rehusando cortésmente cierta cantidad que á la fuerza quería obligarles á aceptar dicho propietario.

El 7 de julio el Cabo primero José Gutiérrez en unión del Guardia Francisco Como, capturó al criminal Domingo Díaz que opuso una tenaz resistencia; era desertor del Ejército y de presidio y autor de los asesinatos de dos carabineros en la feria de San Pedro.

El 17 de Septiembre el Sargento segundo Alonso Vidal Franco y guardia Justo Maldonado, capturaron al ladrón y asesino Pedro Rebollo (a) el Diablo, desertor de presidio, que tenía aterrorizados los países que recorría con sus bárbaros crímenes y autor de la muerte de un Sargento del Ejército.

El 10 de octubre, en la provincia de Zamora, el Teniente D. Ventura Acero con los guardias Pedro Sevillano y José Casado, consiguió la captura del bandido Francisco Vergal (a) el Madridano, cabeza de cuadrilla y autor de varios robos, entre ellos uno de la correspondencia pública.

El día 9 de octubre el valiente y nunca bien ponderado Cabo primero, hoy sargento, Víctor Villegas con los guardias Ramón Trigo, Benito Texidó y Nicasio Pardo, sostuvo un glorioso combate con unos contrabandistas, durante el que cayó gravemente herido el valiente Villegas; entonces los guardias se lanzaron á la bayoneta sobre sus adversarios, dando muerte á uno de ellos y apoderándose de las cargas y caballerías que conducían.

El 24 de diciembre, el Sargento segundo Ramón Álvarez y el Guardia Manuel Acedo, salvaron la vida á una mujer á quien arrastraban las aguas del río Peñaflor, al cual tuvieron que arrojarse para salvarla; después la curaron las heridas que tenía y la proporcionaron los recursos necesarios para su completo restablecimiento.

4,493 fueron las aprehensiones verificadas por la fuerza del Tercio en el año que nos ocupa en la forma siguiente: delincuentes y ladrones, 1,160; reos prófugos, 18; por faltas más ó menos leves, 3,206; desertores, 79.

1852. La fuerza del Tercio se elevó en este año por Real orden de 1.° de febrero á 831 hombres; y el número de aprehensiones fué mayor que en todos los anteriores.

Entre los servicios más notables debemos hacer mención de los siguientes:

El día 13 de marzo, en la provincia de Zamora, el Cabo segundo Tomás Sahagún con la fuerza á sus órdenes, capturó al famoso ladrón Bernardo Rodríguez y sus secuaces Juan Toledo y Antonio Llamas, en las inmediaciones de Valleluengo, autores del robo hecho al propietario del mismo pueblo D. Juan de Castro, á quien maltrataron horrorosamente con aceite hirviendo. El Cabo Sahagún, hoy sargento, es de los que por su celo y disposición sobresalen en el Tercio.

La noche del 1.° de abril, en la provincia de Oviedo, el Cabo primero Pedro Méndez é individuos á sus órdenes, capturaron á los dos criminales autores del robo hecho en la Iglesia parroquial de Mallucira, consistente en el copón con las Sagradas Formas, un cáliz de plata y otros efectos de mucho valor. El día 16 del mismo mes, en la referida provincia, el Cabo segundo Baltasar González y guardias Faustino García y Manuel Díaz, prestaron los auxilios más eficaces á dos mujeres que encontraron casi espirantes al lado de los cadáveres de dos hombres, muertos por una exhalación; las citadas mujeres permanecieron en la casa-cuartel del Puesto hasta que pudieron continuar su camino, para lo cual los guardias les facilitaron los recursos necesarios.

El 6 de julio, en la provincia de Zamora, el Guardia primero Jaime Palomares y los segundos Ramón Fernández y Pascual de Castro, hicieron la importante captura del bandido José Fernández, por apodo el Coruñés, terror de las comarcas por donde vagaba, perfectamente montado y armado.

El 17 de julio, el Sargento segundo Bernardo García, con la fuerza á sus órdenes, capturó en la provincia de Valladolid á los dos bandidos autores de la muerte, robo y heridas causadas en la noche del 13 de junio anterior á unos compradores de lana; y el 2 de agosto, en la provincia de Zamora, el Cabo segundo Tomás Sahagún y fuerza á sus órdenes, capturó en el término de Cional á José Codón, terrible criminal, armado y montado, autor de la muerte dada al párroco del pueblo de Valverde en la provincia de Cáceres.

El resumen de las aprehensiones es como sigue: delincuentes y ladrones, 1,448; reos prófugos, 35; por faltas más ó menos leves, 4,342; desertores, 68. Total, 5,893.

1853. En este año la fuerza del Tercio, por Real orden de 5 de febrero, debía constar de 2 Jefes, 41 Oficiales y 1,192 individuos de tropa; y en la revista de diciembre presentó de los últimos 1,150.

Muy crecida fué la cifra también de las aprehensiones en este año, y muchos los servicios distinguidos, de los cuales mencionaremos los siguientes:

El 5 de febrero, en la provincia de Salamanca, el Subteniente D. José Soler capturó á los dos criminales autores de la muerte alevosa dada á Manuel Grande, vecino de Villamayor, cinco días después de haberse perpetrado tan horrible crimen.— El 19 de mayo, en la provincia de Valladolid, el Cabo primero Salustiano García y guardias Juan Pelaez y Lázaro Mata, capturaron al forajido Gregorio Calvo (a) el Gordoncho, fugado de la cárcel de Valladolid, á quien ocuparon diferentes objetos de valor, de los últimos robos que había hecho, que fueron devueltos á sus dueños.

El 26 de julio, en la provincia de Zamora, el Cabo primero Agustín Gómez, con la fuerza á sus órdenes, capturó en un paraje sumamente escabroso al criminal jefe de bandoleros Manuel Calvo, fugado de la cárcel de Oporto, habiendo sufrido el citado Cabo al aprehenderle una caída de una altura de doce varas.— El 27 de Septiembre, en la provincia de Valladolid, el Subteniente D. Andrés Nuñez, con la fuerza á sus órdenes, capturó á Gregorio Calvo (a) el Gordoncho y á Camilo Alonso, reos de consideración, fugados de la cárcel de Tordesillas, los cuales al ver á los guardias se internaron en un arroyo que les cubría hasta por encima de los hombros. Y en 1.° de octubre, en la provincia de Palencia, los guardias Miguel García y Regino Rodríguez, capturaron al profesor de cirugía D. Genaro Gacho y Padilla, uno de los autores de un robo de 300,000 reales verificado en la Corte á fines del año anterior.

6,137 fueron las aprehensiones verificadas por el Octavo Tercio en el año que nos ocupa, en la forma siguiente: delincuentes y ladrones, 217; reos prófugos, 8; por faltas más ó menos leves, 5,908, desertores, 4.

1854. En este año también tenemos que registrar muchos importantes servicios. En los sucesos políticos que ocurrieron en el mismo, la fuerza del Octavo Tercio se condujo como la de todas las demás provincias de España, que es cuanto podemos decir en su elogio; y no debe omitirse que cuando salía de su cuartel á fraternizar, como entonces se hacía, con el pueblo, fué hasta apedreada porque era la última que lo hacía; pero gracias á la enérgica serenidad de su Brigadier, despreció los insultos prefiriendo recibirlos á no causar innumerables víctimas.

El día 20 de febrero, en la provincia de Zamora, el Teniente D. Francisco de la Azuela, con la fuerza de su mando, logró la captura de dos terribles bandidos desertores de presidio, Juan y Dionisio Gómez, que momentos antes habían tenido un encuentro con una pareja del Tercio, del que resultó herido el Guardia José Chicote y con un balazo el Juan Gómez.— El 16 de marzo, en la provincia de Oviedo, los guardias Fernando Canga y Salvador Pardo, con exposición de sus vidas, extrajeron de un río á un niño de seis años.— El 7 de octubre, en la provincia de Palencia, el Cabo segundo Francisco Alonso, con la fuerza á sus órdenes, capturó al criminal José Ortega, rescatando las alhajas que se habían robado de la iglesia de Santa María de la Antigua de Cerrato.

El 17 de octubre, en Valladolid, el Sargento primero Marcos Palao, y corneta Cipriano Hermosa, capturaron al vigilante nocturno Antonio Lores, en el acto de apoderarse de 5,000 reales depositados en un sitio por el arquitecto de la misma ciudad D. José Fernández Sierra, que había recibido un anónimo amenazándole con la muerte si no lo hacía.— En 30 de octubre, en la provincia de Zamora, el Subteniente, hoy Teniente, D. Miguel García Lachica, capturó á los cinco ladrones autores del robo de 22,000 rs., hecho á D. Francisco Sánchez, vecino de Benialbo, á quien maltrataron al robarle.— El 7 de octubre, en la provincia de Zamora, el Sargento segundo José Alonso, con los guardias á sus órdenes, capturó á doce ladrones.— El 14 de noviembre, en Valladolid, el Guardia Gregorio Medina capturó á un ladrón autor de robos sacrílegos, en el acto de vender varias alhajas de plata y oro á un platero.— Y el 12 de diciembre, en la misma provincia, el Guardia de Caballería Tomás Manzanedo capturó al famoso ladrón Francisco Izquierdo (a) el Soldado, alcanzándole en su fuga y sosteniendo con él una lucha brazo á brazo, á pie, por habérsele roto la espada al guardia al primer tajo que tiró al ladrón.

Los acontecimientos políticos fueron causa de que disminuyera en este año al número de aprehensiones, sin embargo de que fué muy considerable, como se demuestra por el siguiente resumen. Delincuentes y ladrones, 1,395; reos prófugos, 26; por faltas más ó menos leves, 2,732; desertores, 50. Total, 4,203.

1855. La situación en que la nación se encontraba en este año, dificultaba el servicio de la Guardia Civil; y así el número de aprehensiones fué menor; pero los hechos distinguidos y brillantes fueron en mayor número quizás que en los años anteriores. En la provincia de Zamora, el 14 de enero, el segundo Capitán, hoy Comandante, D. Agustín López de Coca, capturó á tres bandidos, autores de robos sacrílegos, y que tenían aterrada la comarca donde vagaban. El 4 de febrero, en la provincia de Avila, los guardias Agustín de Pablos y Quintín Sánchez, capturaron á tres bandidos armados y montados. El 29 de marzo, en la provincia de Zamora, el Cabo segundo Antonio Mediavilla Gordo y cuatro guardias, sostuvieron á media noche, en la sierra de la Culebra, una refriega por espacio de media hora contra 40 contrabandistas, de la que resultaron muertos los guardias Manuel Zurón y Lorenzo Román.— El 21 de mayo, en la provincia de Oviedo, los guardias Casimiro Fernández y Gaspar Toyos, capturaron al parricida José Antonio Pelaez, momentos después de haber cometido el infame y atroz delito de cortar la lengua con una navaja á su anciano padre.

El 19 de Septiembre, el Cabo primero Tomás Sahagún, con repetición citado, con cuatro guardias capturó al ladrón y asesino Antonio Fernández, vecino de Villar de Ciervos, reclamado por diferentes juzgados. En la misma provincia de Zamora, el referido Cabo primero Tomás Sahagún, con dos guardias, capturó al terrible bandido Francisco González (a) el Alistano, uno de los asesinos que escoltaban el convoy de contrabando y dieron muerte á los guardias Manuel Zurrón y Lorenzo Román.

El día 5 de julio, en la provincia de Avila, mandada por el enérgico á la par que celoso, activo y justificado Comandante D. Joaquín Bover, el Teniente D. Jacinto González, con la fuerza á sus órdenes, capturó á los dos ladrones que habían robado 33,000 reales á D. Blas Pérez, cura párroco de Mesogar, rescatando una parte de la cantidad y descubriendo que el resto lo habían invertido en fincas. El 13 de Septiembre, en la provincia de León, los guardias Andrés Miguelet y Manuel Quelle, capturaron á los dos asesinos autores de la muerte alevosa dada á un convecino de los mismos; y el 22 de diciembre, el Cabo primero Tomás Sahagún capturó á otro de los cómplices en las muertes de los dos guardias que perecieron en el encuentro con los 40 contrabandistas.

Pero el servicio, mejor dicho, el hecho de armas más brillante que tuvo lugar en este año, es el que vamos á narrar; es uno de esos hechos casi increíbles, que demuestran las grandes virtudes militares que atesoran los individuos del Cuerpo, y que le han hecho justamente acreedor al alto concepto en que se le tiene.

El Sargento segundo D. Víctor Villegas, comisionado con varios individuos del Tercio para la persecución y exterminio de la partida de labro-facciosos de los Hierros, el día 26 de abril, haciendo una marcha forzada y llevando á sus órdenes solamente á los guardias Isidoro de la Plaza, Adrián Rogado, Santos Lozano y su hermano Mariano Villegas, guardia también, calificado de los más valientes, consiguió darla alcance en el pueblo de Palacios del Alcor. Sin arredrarle el mayor número de los contrarios, ni detenerse á esperar á la fuerza de infantería que le seguía, este bizarro Sargento atacó á los facciosos, trabándose un combate horrible á tiros y cuchilladas. A los primeros disparos recibió una muerte gloriosa el valiente guardia Villegas, y cayó gravemente herido el Guardia Lozano, cuyo caballo murió de dos balazos. El denodado Sargento Villegas, que mandaba aquel puñado de valerosos soldados, no por esto se acobarda, sino que al contrario, más enardecido á la vista del cadáver de su hermano, cierra de cerca con los valientes guardias que le quedan contra sus enemigos, quienes no pudieron menos de admirarse de su valor, y sin embargo de haber recibido cuatro heridas, una de gravedad en la cabeza, continúa batiéndose contra nueve enemigos con sólo un guardia hasta quedar dueño de un campo tan caramente conquistado y abundantemente regado con sangre de valientes; el Sargento con cuatro heridas, el Guardia su hermano muerto y otro más herido, fueron las pérdidas experimentadas en aquel desigual choque. El Sargento Villegas, desangrándose, sigue al pueblo inmediato, venda sus heridas y monta á caballo para continuar la persecución, solicitando marchar siempre á vanguardia de las tropas encargadas de ella. La lección recibida por los labro-facciosos había sido dura, y no osaron volver á pisar la provincia de Palencia. Por tan distinguido comportamiento el Sargento Villegas fué recompensado con la Cruz de San Fernando; condecoración que en pocos institutos y armas del ejército vemos ganada con tanta frecuencia como justicia se gana en la Guardia Civil por sus individuos.

Resumen de las aprehensiones verificadas en todo el año de 1855: delincuentes y ladrones, 908; reos prófugos, 37; por faltas más ó menos leves, 856; desertores, 53; contrabandos, 14. Total, 1,868.

1856. En el año de que vamos á ocuparnos, la capital de Castilla la Vieja presentó el espectáculo más terrible que registran los anales de nuestra historia. La mano aleve del incendiario cometió el hecho vandálico de llevar la desolación, el pillaje y el incendio á las fábricas de harinas establecidas en Valladolid, Palencia y Ríoseco. La Guardia Civil del Octavo Tercio, en reducidísimo número, prestó mano fuerte á la autoridad en tan terribles circunstancias, y su Comandante D. Lázaro Fernández Alegre, el Teniente de Caballería, hoy Capitán, D. José Herrero, y el hoy Teniente D. José Pérez Rivera en Valladolid con solos seis individuos, se lanzaron en medio del peligro para desafiarlo, ó perecer envueltos en él antes que autorizar con su presencia tal vandalismo. El Cabo primero Pedro Manrique y guardias Fernando Acedo y Dionisio Arribas, han demostrado con su arrojo que la Guardia Civil jamás cuenta el número de los enemigos, venían estos tres valientes conduciendo tres incendiarios, cuando una masa compacta de amotinados que interceptaban el tránsito, se arroja sobre los criminales arrancándolos á sus conductores, éstos, sable en mano, se lanzan sobre las turbas, rescatan aquellos de su poder, y siguen con ellos hasta dejarlos en poder de la autoridad. Este hecho fué recompensado con la cruz pensionada de M.I.L. A estos acontecimientos sucedieron los que con motivo del cambio de Ministerio tuvieron lugar en los días 14 al 16 de julio en la Corte; con motivo de ellos emprendió la marcha con dirección á ella la Guardia Civil de Valladolid; pero en Villacastín recibió orden de regresar á su destino y lo efectuó. Si terribles eran las escenas que pasaran en Valladolid, no les iban en zaga las que presenciaba Palencia; pero estaba al frente de ella su bizarro Comandante D. Hilario Chapado, y no había que temer; para sofocar el pillaje y el incendio fué comisionado á esta ciudad el Brigadier del Tercio Sr. Bárcena, quien desempeñó su misión con el arrojo, tino y prudencia que le son característicos, mereciendo por los servicios prestados en estas circunstancias el ser promovido á Mariscal de Campo de los Ejércitos Nacionales.

Quisiéramos terminar aquí la narración de este año; pero no podernos sin incurrir en una omisión punible de hechos que enaltecen la historia del Cuerpo. El veterano Comandante de la provincia de León D. Juan Barreras, que puede decirse es una especialidad para el servicio del instituto, porque á una sagacidad nada común, reúne una actividad y un celo que por nada ni por nadie se arredran, descubrió en aquella provincia crímenes horrorosos cometidos antes de tomar el mando de ella; puso bajo el fallo de la ley á sus perpetradores, y si la acción de la justicia hubiese estado expedita, sin que la mano oculta de protectores de posición obstruyera la vía que con rigidez y laudable celo emprendieran los tribunales, es seguro que las sentencias dictadas por éstos habrían alcanzado á algunos más de aquellos. Disgustos no interrumpidos por espacio de tres años, acusaciones injustas y protestas gratuitas hechas contra este bizarro Jefe, han sido hasta la fecha el único fruto que alcanzó por sus desvelos; y no obstante, debe el Sr. Barreras estar orgulloso por haber vencido en todas instancias á sus parciales acusadores, y servirle de satisfacción que la autoridad superior del Cuerpo supo sostener su justicia oponiéndose á su remoción de aquella provincia. No era ésta la ocasión primera en que el activo Sr. Barrelas demostraba su celo, su actividad y especial tino para el servicio del Cuerpo. El descubrimiento de los asesinos del Sr. Hoffman, director de la fábrica de cristales situada en el ex-convento del Paular, en el partido judicial de Torrelaguna, llevado á cabo con un criterio tan exquisito; las peripecias que de éste importantísimo servicio surgieron que causaron la separación de varios jueces de aquel partido; la abultada causa que se siguió hasta evidenciar la verdad de los hechos; las acusaciones lanzadas contra el Sr. Barreras y el fallo absolutorio y satisfactorio que recayó acerca de ellas, deben servir de gloriosos recuerdos al Sr. Barreras, por más que aún hoy espere la recompensa de tan distinguidos servicios.

No queremos tampoco pasar en silencio los prestados por el Teniente D. Rafael Casado, que mereció ser elegido para el mando de una pequeña columna en los límites de la provincia con la de Burgos, y es indudable que al especial conocimiento del país y á su actividad se logró que no fuese invadido su territorio por la facción.

El Teniente D. Antonio Olarte con la fuerza de su línea ha prestado excelentes servicios que sentimos por lo numerosos no poder detallar; pero sí debemos consignar que recibió por ellos varias veces las gracias de S.M., y de sus Jefes.

He aquí ahora el resumen numérico de las aprehensiones efectuadas en el año que terminamos, por el Octavo Tercio. Delincuentes y ladrones, 1,593; reos prófugos, 68; desertores, 53; por faltas más ó menos leves, 1,072. Total, 2,786.

1857. Ocupada la fuerza en este año en el servicio especial de su instituto, los prestó muy distinguidos. El día 20 de enero en la provincia de Valladolid, el Guardia primero Tomás Manzanedo, con otro de su clase, capturó á un asesino á las tres horas de haber cometido el crimen.— El 28 del mismo mes, en la provincia de Palencia, el Cabo primero Pedro Sevillano, consiguió la captura de los terribles criminales Gervasio de la Fuente (a) el Cantarero, condenado á la última pena, y Juan Palazuelo, á cadena perpetua.— El 8 de marzo, en la provincia de Salamanca, el Cabo primero Bernardo Botón, con los guardias á sus órdenes, capturó á los autores de los horrorosos asesinatos de doña María Morales, y sus dos hijos Manuel y María.— En 22 de abril, el Cabo segundo Ramón Cordero Padrano, en la provincia de Oviedo, dio muerte al famoso bandido Ramón Fernández (a) el Moreno, después de haberle seguido por espacio de mucho tiempo por la sierra.— Y en 31 de diciembre, el Sargento segundo Mariano Dávila, y guardia Marcos Sánchez, capturaron á tres ladrones, dando muerte á uno de ellos en la refriega que tuvieron para rendirlos.

En la imposibilidad de poder continuar narrando servicios, lo haremos de un hecho que á la par que corrobora nuestros asertos acerca de las dificultades con que tenía que luchar la Guardia Civil con la Milicia Nacional para desempeñar su servicio, enaltece la generosa abnegación de los guardias para con aquella. Celebrábase en un arrabal de la ciudad de Salamanca una romería, y como siempre concurrieron á ella para mantener el orden dos parejas de la Guardia Civil, hubo de alterarse aquél; y al querer restablecerlo con su prudente firmeza los guardias, fueron acometidos, maltratados y heridos por numerosos Nacionales que cargaron sobre ellos, se formó causa, y fueron los agresores condenados á pena capital, y con asombro del público, los guardias heridos presentaron una tierna y reverente instancia á su Reina solicitando el perdón para los sentenciados. Este comportamiento no necesita comentarios.

He aquí el número de aprehensiones efectuadas en este año. Delincuentes y ladrones, 2,182; reos prófugos, 213; desertores, 69; faltas más ó menos leves, 1,940. Total, 4,404.

1858. Lo mismo en este año que en el anterior, ocupada la fuerza del Tercio en el servicio especial del instituto, los prestó también muy distinguidos, y en prueba de ello haremos mención de los siguientes: El día 2 de febrero, en la provincia de Zamora, el Subteniente D. Manuel Roldán y Pérez, con varios guardias, evitó que fuese robada la casa del cura párroco del pueblo de Casa-Seca D. Sixto Evangelista, por tres bandidos, de los cuales murieron dos y el otro huyó herido de un bayonetazo, habiendo sido herido de dos balas en el costado derecho el Guardia Atilano González Rodríguez, con cuyo fusil; el Subteniente Roldán, mató á uno de los ladrones.

En 28 de marzo, en la provincia de Oviedo, el Sargento segundo Antonio García, con los guardias á sus órdenes, capturó al forajido Ramón Álvarez (a) la Cura, á las tres horas de haber asesinado á un joven en el despoblado de Bañedo. Y el día 8 de julio, el valeroso Sargento segundo Tomás Sahagún Fernández, tantas veces nombrado, habiendo llegado á su noticia que el criminal sentenciado á la última pena, Francisco Baladrón Martínez, uno de los autores de las muertes dadas á los guardias Manuel Zurrón y Lorenzo Román, se albergaba en el pueblo de su naturaleza, Villar de Ciervos, provincia de Zamora, pueblo señalado por su propensión al contrabando, enfermo como se encontraba el referido sargento, se puso en camino para hacer su captura; y habiendo sorprendido al reo, y no queriendo éste rendirse, le hizo un disparo, de que murió pocos momentos después; este brillante hecho, ejecutado en un pueblo como el de Villar de Ciervos, hace la mayor apología del bizarro Sahagún; también tuvo en esta ocasión que pasar por el disgusto de injustas acusaciones que se le hacían por gente encubridora del crimen; pero la ley le puso á salvo de mañosas inculpaciones.

El siguiente resumen demuestra las aprehensiones efectuadas por el Octavo Tercio en todo el año. Delincuentes y ladrones, 1,822; reos prófugos, 62; desertores, 89; por faltas más ó menos leves, 1,360. Total, 3,333.

1859. Entre los servicios de este año creemos deber hacer mención del siguiente: El día 8 de julio, en la provincia de Valladolid, el Cabo segundo Vicente Nieto Santos, capturó á Nemesio Muñoz, vecino de Villalón, sentenciado en rebeldía á la última pena, como uno de los autores de la traidora muerte dada al Sargento primero D. Cipriano Villarrubia, y heridas de gravedad al guardia Lázaro Fernández Penetas, en un glorioso combate que el bizarro Sargento Viñarrubia, con sólo dos guardias, sostuvo con 10 ó 12 contrabandistas, los que sin embargo de su triplicado número, y de haber dado muerte al sargento, y herido de gravedad á un guardia, huyeron del campo, que supo sostener el único guardia que quedó con vida. El Excelentísimo señor Inspector entonces, Duque de Ahumada, adoptó las disposiciones para perseguir en el vecino reino de Portugal á los culpables. El Cabo Francisco García y guardias del Puesto de Villaviciosa; el Cabo Martín Palenzuela y guardias del de Peñafiel; el bizarro Sargento Villegas y guardias del de Valencia de Don Juan; el Cabo Juan Vigón, del de Colungas; Sargento Gaspar Rozada, del Puesto de Pajares, y Guillermo Bordel, del de Cubo del Vino, se han distinguido en el presente año por los servicios que tuvieron la suerte de prestar.

He aquí ahora el resumen de las aprehensiones verificadas hasta fin de agosto del presente año. Delincuentes y ladrones, 1,370; reos prófugos, 38; desertores 59; por faltas más ó menos leves, 1,238. Total, 2,705.

Terminaremos la brillante reseña histórica del Octavo Tercio, con el resumen general de las capturas llevadas á cabo por la fuerza de ambas armas de las siete provincias, desde la creación del Cuerpo hasta fin de agosto de 1859.

Provincias.

Delincuentes
y Ladrones.

Prófugos.

Desertores.

Faltas.

TOTAL.

Valladolid.
Oviedo.
León.
Zamora.
Salamanca.
Palencia.
Avila.

 2,256
 3,549
 2,256
 1,939
 3,468
 3,368
 1,634

182
317
 59
 62
101
 35
 68

210
357
102
123
 80
 50
 37

 3,072
 5,147
 4,210
 2,725
 4,703
 7,774
 7,414

 6,020
 9,370
 6,647
 4,849
 8,352
11,227
 9,153

Totales.

18,790

824

959

35,045

55,618

SERVICIOS PRESTADOS POR EL NOVENO TERCIO DE LA
GUARDIA CIVIL.

El noveno distrito comprende las dos provincias de Cáceres y Badajoz en que se halla dividida la Extremadura. Los servicios prestados en ella por el Tercio de la Guardia Civil á cuya custodia estan confiadas, han sido muy eminentes. Dichas provincias son muy extensas; el país abunda en espesos montes, está poco surcado de caminos; tiene grandes dehesas y encinares; cubren su suelo hermosas labranzas, donde se crían anualmente muchos miles de cabezas de ganado que abundan en ellas; y á todas estas circunstancias, unida la importantísima de su escasa población, hacen de aquel suelo feraz un poderoso aliciente para que los criminales lo elijan para teatro de sus robos y fechorías, reuniendo á más la especial condición de confinar con los famosos montes de Toledo, con las provincias de Ciudad Real y Andalucía, y además con Portugal, por cuya frontera se hace un activo contrabando de géneros ingleses.

Esta sucinta descripción dará una idea de las necesidades con que Extremadura reclamaría la Guardia Civil, y la no menos imperiosa que hoy tiene de que se aumente su fuerza, para dar al importante servicio que presta el desarrollo necesario.

Por Real orden de 13 de mayo de 1844, se mandó que el Tercio noveno se compusiera de dos compañías de infantería y medio escuadrón de caballería con 335 individuos de tropa de ambas armas. La infantería, en la primera revista de Comisario que pasó en Leganés el 4 de octubre de dicho año, presentó una Compañía con un Jefe, cuatro Oficiales y 80 individuos de tropa; y la caballería en la primera Revista de Comisario que pasó en Vicálvaro, el 5 del referido mes y año, constaba de un Oficial y 35 individuos.

El mando superior del Tercio se dio al Teniente Coronel don Tomás de Soto, que con brillantes notas de concepto desempeñaba dicho empleo en el Regimiento Infantería de Mallorca, cuyo Cuerpo, por Real orden circular de aquel mismo año, se había presentado al Ejército como modelo.

1845 y 46. En el primero de estos años la fuerza del Tercio tuvo algunas variaciones y lo mismo en el segundo, en que llegó á componerse de dos Jefes, 13 Oficiales y 314 individuos de tropa con 72 caballos. En el último de los dos años el resumen de las aprehensiones es como sigue: delincuentes y ladrones, 314; reos prófugos, 21; desertores, 22; por faltas más ó menos leves, 656. Total, 1,013.

1847. En este año el Tercio contribuyó con un Cabo primero y diez guardias de caballería para formar parte de la fuerza que se destinó al Ejército expedicionario de Portugal.

Entre los servicios más distinguidos prestados por el Tercio en este año, citaremos la captura del bandido Francisco Cordón, fugado del presidio de Sanlúcar de Barrameda donde se hallaba sentenciado por diez años, hecha el 22 de febrero por los guardias del Puesto de Olivenza, Juan Sánchez Juez y Antonio Pérez Silva, por cuyo servicio recibieron las gracias del Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo y de los Jefes del Tercio. En este año se hicieron las aprehensiones siguientes: delincuentes y ladrones, 236; reos prófugos, 9; desertores, 24; por faltas más ó menos leves, 685. Total, 954.

1848. A consecuencia de la Real orden de 11 de mayo del año que nos ocupa, comunicada por el Ministerio de la Gobernación, las dos compañías de infantería del Tercio vinieron á la Corte donde permanecieron hasta agosto y Septiembre, quedando la custodia de las dos provincias confiada al escuadrón de caballería. En dichos meses, una facción compuesta de 40 hombres montados, la mayor parte de ellos Oficiales del Ejército carlista, capitaneada por los cabecillas Royo y Peco, invadió la Extremadura atravesando por las inmediaciones de Alburquerque y Miajadas, deteniéndose en Villanueva de la Serena, de cuya villa pasó á la de Campanario, donde fué alcanzada por una partida de 18 guardias civiles encargada de perseguirla al mando del bizarro Teniente, hoy Comandante, D. Francisco de Paula Córdoba y del Alférez D. Francisco Palomo, distinguiéndose el hoy Ayudante, entonces sargento, D. Raimundo Iglesias. Los facciosos, al ver la escasa fuerza de sus contrarios la esperan formados en batalla. Los valerosos Oficiales y Sargento Iglesias de la Guardia Civil no se arredran, sino al contrario, cargan con la mayor bizarría sobre sus enemigos y los desbaratan causándoles las pérdidas de nueve muertos, cuatro prisioneros, apoderándose de 16 caballos y rescatando un carro de dinero, perteneciente al Banco español de San Fernando, y dispersando el resto de la facción. El Teniente D. Francisco de Paula Córdoba fué agraciado con el empleo de segundo Capitán de caballería; el Alférez D. Francisco Palomo fué ascendido á Teniente del Ejército; el Sargento y los guardias Fabián Noriega Montaño, Fernando Garduña Pérez y el trompeta Luis Ramaño, fueron agraciados con la cruz pensionada de M.I.L.

Los guardias Santiago Calderón Rivas y Bartolomé Lobato el día 2 de febrero aprehendieron al cabecilla de bandidos Narciso Flores, y en la resistencia que opuso, al Guardia Lobato se le rompió la bayoneta por junto al cuello; por lo cual se hizo acreedor á las gracias del Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo, que mandó se le abonase la bayoneta.

En este año se hicieron las aprehensiones siguientes: delincuentes y ladrones, 293; reos prófugos, 12; desertores, 32; por faltas más ó menos leves, 668. Total, 937.

1849. En este año la fuerza del Tercio quedó en 250 individuos de tropa de infantería y 70 caballos.

Entre los servicios más distinguidos encontramos los siguientes: El Teniente D. Vicente Pizarro y Cepa en 21 de abril rescató ocho cajones de tabaco de la H.N. y algunos efectos, valor de 1,200 rs., en el término de Villanueva de la Serena, poniendo á disposición de la autoridad á tres presuntos reos. El mismo Teniente en 30 de mayo, descubrió y aprehendió en el mismo término una cuadrilla de siete ladrones que habían cometido robos de consideración. Estos servicios le fueron reconocidos como meritorios. El segundo Capitán D. Nemesio Figuerola en 12 de agosto hirió y capturó á un famoso criminal. Las aprehensiones verificadas en este año fueron las siguientes: delincuentes y ladrones, 344; reos prófugos 25; desertores, 28; por faltas más ó menos leves, 631. Total, 1038.

1850. En el año de que vamos á ocuparnos, fué baja en el Tercio su primer Jefe Sr. Soto, reemplazándole el veterano Teniente Coronel D. Francisco Batlle, Comandante que era de provincia de Gerona; como en años anteriores en éste su fuerza prestó servicios muy señalados, entre los cuales merecen especial mención los siguientes: el 17 de abril, el teniente D. Vicente Pizarro con varios guardias, capturó al facineroso Salustiano Seco autor de robos de consideración en la Mancha, terror de todos los pueblos de la Serena, reclamado por varias autoridades, y cuya captura fué muy apreciada en el país. El 19 de abril el activo segundo Capitán D. Nemesio Figuerola, consiguió con sus buenas disposiciones la captura del bandido Santiago Romero.

En el mes de agosto apareció en la provincia de Córdoba una cuadrilla de ladrones, la cual se extendió por Sierra Morena hacia la parte de Azuaga y Malcocinado, pertenecientes á la provincia de Badajoz. Para exterminarla hubo necesidad de reunir en el partido de Llerena diez guardias de caballería que operasen reunidos á los seis de infantería de dicho Puesto. El Cabo Comandante del Puesto de Llerena, José Martínez, desplegando la mayor actividad y celo, descubrió que estaban en complicidad con los ladrones y eran partícipes de los robos dos individuos del Ayuntamiento de Malcocinado, á los cuales puso presos y á disposición del Juzgado de Llerena. El Alcalde en el acto de prenderlo ofreció mil duros al Cabo Martínez para que le dejara en libertad, que fueron rechazados con la dignidad propia de un guardia civil. Fué ascendido por tan honrosísimo comportamiento al empleo inmediato.

El día 3 de noviembre, fueron robadas once alhajas de plata en la Iglesia del pueblo de Morera; el Alcalde pidió auxilio al Cabo segundo Juan Becerra, Comandante del Puesto de Santa Marta, el cual, trasladándose á dicho pueblo, á la noche siguiente había rescatado las alhajas y puesto á disposición de la autoridad cuatro ladrones. El 7 de noviembre, el Teniente hoy Capitán D. Francisco Palomo y Sánchez, consiguió la captura de un famoso criminal que por medio de amenazas en escritos anónimos exigía fuertes sumas á los propietarios. He aquí el resumen de las aprehensiones verificadas por el Tercio en este año: delincuentes y ladrones, 310; reos prófugos, 21; desertores, 22; por faltas más ó menos leves, 641; contrabandos, 11. Total, 1,005.

1851. Muchos y muy distinguidos servicios prestó la fuerza del Tercio en el año de que vamos á ocuparnos, y no siéndonos posible dar de ellos cuenta detallada, haremos mención de los más notables. El segundo Capitán D. Juan Carnicero y San Román, el día 3 de enero capturó á seis criminales, reos de una muerte alevosa. El 16 de agosto, el Cabo primero Ignacio Vázquez y los guardias Benito Salgado y Santiago Calderón Rivas, capturaron cinco ladrones. El Cabo Vázquez y guardia Calderón, en 12 de noviembre capturaron á un asesino y desertor del Ejército de Portugal; y en 17 de diciembre el Teniente D. Francisco Palomo y Sánchez, capturó á un famoso bandido Capitán de la cuadrilla que en Galicia robó una conducta de caudales públicos. El número de aprehensiones fué en este año el siguiente: delincuentes y ladrones, 413; reos prófugos, 17; desertores, 25; por faltas más ó menos leves, 536; contrabandos, 10. Total, 1,001.

1852. La fuerza del Tercio en este año quedó reducida a 290 individuos. Muchos fueron también los servicios notables; entre ellos encontramos los siguientes, dignos de quedar consignados. El día 1.° de enero, el Cabo primero Julián Noruega Montano, y los guardias Juan Acedo y Antonio Cabezas, inauguraron brillantemente el año capturando siete ladrones de la gavilla acaudillada por el facineroso Salustiano Seco. El 22 de febrero, el Teniente D. Vicente Pizarro, capturó 14 ladrones, resto de la partida de Salustiano Seco, el cual consiguió evadirse de la prisión. El 19 de junio, el segundo Capitán D. Nemesio Figuerola, logró la captura de varios criminales, autores del asesinato del Sr. Cura de Valverde del Fresno. El 21 de noviembre, los guardias Andrés Palacios Lavado, Francisco Cantón y José Camacho, capturaron á dos ladrones en el acto de estar robando, y salvaron á un arriero que iba á perecer ahogado en el río Albarracena. En 28 de noviembre, el activo y tantas veces nombrado Teniente D. Francisco Palomo, capturó á siete ladrones, rescatando dos caballerías y varios efectos robados. El número de aprehensiones fué el siguiente: delincuentes y ladrones, 320; reos prófugos, 20; desertores, 24; por faltas más ó menos leves, 403; contrabandos, 9. Total, 776.

1853. En este año, á consecuencia del aumento que tuvo la fuerza total del Cuerpo, la del Tercio recibió 35 plazas de infantería y ocho de caballería. Entre los muchos servicios notables consignaremos los siguientes: El 31 de marzo, los individuos del Puesto de Barcarrota, el Sargento segundo D. Juan Forte Guillen, guardia primero José Haro Limocén, y los segundos Pedro Martínez Garfias, José Generelo Rol y José Alejandro Pacheco, cooperaron á sofocar la rebelión que ocurrió en la villa de Salvaleón contra el ayuntamiento de la misma, por cuyo servicio el Sargento segundo fué ascendido á primero; el Guardia primero recibió la cruz sencilla de M.I.L., y los demás las gracias de S.M. en Real orden de 13 de abril, y las del Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo. En 24 de agosto, el Guardia primero Francisco Sánchez Rodríguez, y el segundo Antonio Baños Rosales, capturaron al capitán de bandidos Manuel Maldonado, con varias armas de fuego y blancas, y cinco licencias para usar escopetas con distintos nombres, por cuyo servicio recibieron las gracias del Excmo. Sr. Inspector, y nota de méritos en sus hojas de servicios. El 19 de octubre, el Subteniente D. José Barroso y Sotomayor, capturó cuatro ladrones, y varios efectos robados en las inmediaciones de Torno, provincia de Cáceres. Las aprehensiones verificadas son las siguientes: delincuentes y ladrones, 379; reos prófugos, 8; desertores, 14; por faltas más ó menos leves, 414; contrabandos, 11. Total, 826.

1854. En este año también se dejaron sentir en Extremadura los efectos de la conmoción política porque pasó la nación, portándose en ella de una manera digna y decorosa la fuerza del Tercio, ascendía ésta á 432 hombres con 70 caballos, y entre los servicios más notables encontramos la captura de dos asesinos, hecha por los individuos del Puesto de Oliva el 18 de Septiembre. El número de aprehensiones fué el siguiente: delincuentes y ladrones, 244; reos prófugos, 7; desertores, 13; por faltas más ó menos leves, 200; contrabandos, 5. Total, 469.

1855. Muchos y muy notables fueron los servicios prestados por la fuerza del Tercio en este año. El 28 de enero y 16 de febrero, los individuos del Puesto de Valencia de Alcántara, capturaron á dos asesinos. El 5 de junio, el Cabo primero Ildefonso Sanguino Rico, y los guardias Juan Bojarán Muñoz y Vicente Frías Jiménez, cooperaron á la extinción de un incendio de una casa de comercio de Olivenza, en cuyo servicio el citado Cabo perdió un ojo, por lo cual fué premiado con la cruz pensionada de M.I.L. El 21 de agosto, los individuos del Puesto de Garrovillas, aprehendieron á cuatro asesinos. El 28 de julio, el Teniente D. Vicente Robles y León, consiguió dar muerte á un terrible forajido, y herir de gravedad á un compañero que llevaba; y el 8 de agosto, el segundo Capitán D. Félix Diñó y González, restableció el orden alterado en el pueblo de Mirandilla, con motivo del cólera-morbo. El número de aprehensiones verificadas en este año es el siguiente: delincuentes y ladrones, 239; reos prófugos, 11; desertores, 19; por faltas más ó menos leves, 157; contrabandos, 8. Total, 434.

Este año perdió el Noveno Tercio al veterano Coronel, primer Jefe, D. Francisco Batlle, víctima del terrible azote del cólera que diezmaba la población; cayó enfermo pasando su revista, y el Inspector General del Cuerpo entonces, Excmo. Señor D. Facundo Infante presentó á las Cortes, y éstas aprobaron una ley para conceder á la hija huérfana del bizarro Coronel Batlle una pensión de 6,000 rs., que disfruta; obtuvo el mando del Tercio D. Manuel de Vegas y Toro.

1856. El año de que vamos á ocuparnos es indudablemente el más glorioso de la historia del Tercio, por los variados servicios que prestó, ya para mantener el orden, como para la seguridad de los caminos, y sobre todo para amparar contra el robo, las talas, el incendio, el saqueo y la destrucción de la propiedad particular. Reseñaremos algunos de los servicios más notables, que permitirán formar una idea de la protección prestada á la propiedad, especialmente por el Comandante de la provincia de Badajoz D. Juan Carnicero, Jefe muy conocedor del país.

El día 8 de enero, el Cabo segundo Juan Sánchez Juez, Comandante del Puesto de Jerez de los Caballeros, con cuatro guardias, detuvo á 34 paisanos vecinos del valle de Santa Ana que estaban robando los frutos de las dehesas Margarita y Bóveda. A consecuencia de esta desagradable ocurrencia, el día 10 del mismo, más de 600 hombres de dicho pueblo y valle de Matamoros, armados de hachas y escopetas, se pusieron no solamente á robar los frutos de las indicadas dehesas, sino á talarlas. El citado Cabo, con ocho guardias, se dirigió a las mismas, y con sus acertadas disposiciones y fuerza moral, consiguió que se retiraran los devastadores sin que hubiera efusión de sangre, por lo que fué recompensado con la cruz M.I.L. El 25 de enero, el Cabo primero Ramón García Sierra, y los guardias José Campos Fernández, Rafael Samiñán Rojas y Antonio Monforte Matamoros, prestaron eficaces auxilios á á muchas personas atacadas del cólera en Talavera la Real. En 26 de abril, el Teniente D. Guillermo Bachiller y Picazo, con un celo y una actividad nada comunes, capturó á cinco ladrones. El 7 de agosto, el Cabo segundo Pedro Rodríguez González, y tres guardias á sus órdenes, cooperaron á apagar un horroroso incendio en una dehesa del Conde de Campomanes. El día 9, el Cabo segundo Santiago Calderón Rivas, y los guardias Bartolomé Lobato González y Gabriel Durán, capturaron al incendiario de los montes y olivares de Jarandilla. Muchos servicios de esta especie podríamos citar en este año. A consecuencia de los acontecimientos de julio, por disposición de la autoridad superior militar del distrito, la infantería se reconcentró en las dos capitales y la caballería cubrió la carretera de Madrid. En agosto, la fuerza del Tercio fué la encargada del desarme de la Milicia Nacional, y de recoger las armas de los pueblos donde las pasiones se hallaban muy exacerbadas y amenazada la propiedad á consecuencia del cambio político que entonces se verificó; la Guardia Civil con una prudente energía calmó aquellas y amparó la propiedad con grande aplauso de los habitantes honrados.

El resumen de las aprehensiones verificadas en este año es como sigue: delincuentes y ladrones 1,020; reos prófugos 16; desertores 21; por faltas más ó menos leves, 329. Total, 1,386.

1857. Cada año todos los Tercios de la Guardia Civil presentan mayor número de servicios sobre todo si están consagrados á los especiales del instituto. En el que nos ocupa, fueron muchos y muy recomendables los prestados por el Tercio. En 23 de febrero los guardias Francisco Galván Perera y Domingo Morujo Casquero, capturaron á los autores de las muertes de dos carabineros. El 6 de marzo, los guardias del Puesto de Jarandilla, Bartolomé Lobato González y Andrés Sánchez capturaron á los parricidas Clemente Martos y Lucio Vázquez. El 31 de julio el Cabo segundo Juan Santos Rodríguez y guardia Francisco Guisado Tello cooperaron á la extinción de un incendio ocurrido en la dehesa de la Pizarra. El día 5 de julio el Cabo primero Laureano García Gómez y guardia Antonio Morujo Carballo capturaron á Francisco Pradero, autor del asesinato perpetrado en un hermano suyo de diez años de edad. Estos crímenes horribles son una prueba de la ruda tarea confiada á los guardias del Noveno Tercio de ir á fuerza de constancia celo y eficacia, moralizando el distrito que custodia, exterminando los hombres perversos que en él se albergaban. He aquí el resumen de las aprehensiones verificadas en este año: delincuentes y ladrones, 1,006; reos prófugos, 32; desertores, 22; por faltas más ó menos leves, 153. Tota1,513.

En este año fué baja en el Tercio su primer Jefe D. Manuel de Vegas, habiéndole reemplazado en el mando del mismo á Sr. D. Agustín Torregrosa, Jefe de reconocida reputación é inteligencia, especialmente en el ramo de contabilidad; de una justificación y una probidad poco comunes, y de largos y buenos servicios. También fué destinado al mando de la provincia de Cáceres el que tan brillantes servicios había prestado en ella siendo segundo Capitán y hoy Comandante D. Nemesio Figurola, Jefe de una actividad y un celo que le honran. Asímismo fué destinado al mando de la de Badajoz el segundo Comandante de Infantería del Ejército D. José de la Iglesia, cuyos antecedentes honrosos, distinguido concepto y sobresalientes notas, ha sabido corroborar en el mando difícil para que fué elegido durante el tiempo que lo desempeña.

1858. El Noveno Tercio no desmintió en el presente año su acreditado celo y penosa fatiga para llevar la seguridad á las vastas comarcas y caminos de Extremadura. Encontramos servicios muy distinguidos, y entre ellos los siguientes.— El 3 de junio, el Sr. Coronel D. Agustín Torregrosa, á la cabeza de la fuerza de la capital, prestó eficaces auxilios para la extinción de un incendio. El activo Teniente D. Guillermo Bacicher se distingue por su celo y actividad en el servicio, prestando eficaces auxilios en un incendio y una inundación, y descubriendo los autores de un robo considerable hecho á un vecino de Jerez de los Caballeros. El Teniente D. Antonio Batlle, cooperó muy eficazmente á la extinción de un incendio. El de igual clase D. José Barroso, dio muerte al famoso bandido Francisco Gómez (a) Andares. El Comandante D. José de la Iglesia contribuyó á la extinción de un incendio, é igual auxilio prestaron en otros los Subtenientes D. José Compani y D. José Sotomayor. El Teniente D. Francisco García Moreno aprehendió á los autores y cómplices de un horroroso asesinato cometido en Llerena. Precisados á economizar páginas, insertamos el resumen de las aprehensiones efectuadas en todo el presente año. Delincuentes y ladrones, 592; reos prófugos, 19; desertores, 9; por faltas más ó menos leves, 301. Total 921.

1859. En el presente año hasta fin de agosto, fecha en que cerramos la narración de servicios, encontramos los siguientes, que entre los muchos prestados merecen consignarse. El Cabo primero Rufino Fernández y guardia Agustín Nevado, contribuyeron á la extinción de un horroroso incendio, y capturaron al criminal Ramón Nonato Luisa. El de igual clase Laureano García, con los guardias Higinio Fernández, Manuel Ortega y Antonio Marojo, aprehendieron seis criminales autores de varios robos cometidos en cuadrilla; unos y otros han merecido las gracias de la Inspección General. He aquí el resumen de aprehensiones efectuadas por la fuerza del Tercio. Delincuentes y ladrones, 252; reos prófugos, 8; desertores, 13; por faltas más ó menos leves, 136. Total, 409.

Terminaremos con el resumen general de las aprehensiones efectuadas por el Noveno Tercio desde su creación hasta fin de agosto de 1859.

Provincias.

Delincuentes
y Ladrones.

Prófugos.

Desertores.

Faltas.

TOTAL.

Badajoz.
Cáceres.

4,061
1,640

132
 78

180
116

3,080
2,270

 7,453
 4,104

Totales.

5,701

210

296

5,350

11,557

SERVICIOS PRESTADOS POR EL DÉCIMO TERCIO DE LA
GUARDIA CIVIL.

El Décimo Tercio custodia la provincia de Navarra, que por sí sola en lo antiguo formaba un reino. Lo montañoso de su territorio, el confinar con la frontera de Francia por una parte y pueblos del Alto Aragón por otra, y los partidarios con que siempre ha contado en ella el partido de la rama carlista, hasta estos últimos años, ha hecho el servicio de la Guardia Civil bastante penosa en ella, y dado ocasión á que sus individuos los hayan prestado muy distinguidos.

El 7 de noviembre de 1844 salió de Leganés y Vicálvaro la primera fuerza que debía servir de base á la organización del Tercio; éste debía constar de una compañía de infantería y una sección de caballería; el 18 de noviembre llegó la expresada fuerza á Pamplona, y por disposición de las autoridades superiores pasó á alojarse en el pueblo de Burlada, donde estuvo instruyéndose hasta el día 7 de diciembre que se acuarteló en la capital, donde continuó en su instrucción y academias hasta el año próximo de 1845.

El mando superior del Tercio se confirió al Coronel efectivo del Ejército, Teniente Coronel D. Antonio María Alós, primer Comandante de la extinguida Guardia Real, persona de gran reputación en aquel país, por su familia y por los servicios que en el mismo había prestado durante la guerra civil, y de quien hemos hablado con extensión y justicia al hacer la historia del Primer Tercio.

1845. El 5 de enero comenzó á distribuirse la escasa fuerza del Tercio, en los puntos que con más urgencia reclamaban su presencia, como Estella, Elizondo, Lacunza, Barasoain, Irurzún y otros varios; y en todo el primer semestre quedaron establecidos diez y nueve puestos, en los cuales comenzó la fuerza á prestar el servicio propio del instituto, captándose la benevolencia del país. El día 24 de julio los guardias del Puesto de Barasoain, pusieron á disposición del Jefe político de la provincia seis hombres que no llevaban ningún documento, y se negaron á decir sus nombres y el pueblo de su naturaleza. En el mismo año S.M., la Reina, con su augusta madre y hermana, pasó á tomar baños en aquella provincia, y la Guardia Civil, multiplicándose con su actividad en todos los puntos del tránsito, prestó el servicio de la manera más admirable.

El día 3 de agosto un Cabo y tres guardias salieron de la capital para el pueblo de Oloriz, con el designio de capturar á un reo de consideración que allí se albergaba, lo que efectuaron en aquella misma noche. El día 28 del mismo mes, en la feria de Ujue, el Cabo segundo Ventura Sancho, con los individuos de su Puesto, sofocó un motín, poniendo á disposición de la autoridad 13 de los alborotadores. Los guardias Martín García y Cipriano Vidaurre, salvaron la vida en un ventisquero á un anciano que conducía un carro con dos vacas. El 16 de octubre los guardias del Puesto de Caparroso lograron capturar después de una incansable persecución, al forajido Ignacio Adriani; y los del Puesto de la capital aprehendieron al paisano Pedro Lasnavas, que había echado al río á una hermana suya con intención de ahogarla. Entre los muchos servicios prestados por el Tercio en este año, encontramos la conducción de 123 presos, y el haber recogido gran número de armas.

1846. En 1.° de enero de este año la fuerza del Tercio ocupaba ya 26 puestos, y en todo el primer semestre completó el número de individuos de que por reglamento debía componerse. Los servicios prestados en el año que nos ocupa, notables por el arrojo ó sagacidad que los guardias tuvieron que desplegar para ejecutarlos, son muy numerosos y nos vemos absolutamente en la imposibilidad de hacer mención de todos, si bien relataremos algunos.

El 6 de enero, el Cabo Comandante del Puesto de Sanguesa, Nazario Oscazarán, restableció el orden en dicha ciudad, aprehendiendo á tres de los principales alborotadores. El 15 del mismo mes, el Cabo Francisco Higuero, acompañado de dos guardias, pasó al pueblo de Ciordia por reclamación del Alcalde del mismo, y restableció el orden en dicho pueblo, poniendo presos á dos Regidores del Ayuntamiento, cómplices en el desorden. El Sargento segundo Pedro Juan, Comandante del Puesto de Caparroso, descubrió y capturó, valiéndose de medios muy sagaces, á cinco criminales reclamados por la justicia. Muchas aprehensiones notables de criminales hicieron también los guardias de los pueblos de Barasoain, Sangüesa, Olite, Huarte-Araquil, Lecumberri y villa de Iraba. El 6 de junio, los guardias del Puesto de Aoiz, Raimundo Mainart y Martín García, prestaron los auxilios necesarios al paisano Martín Arana, que se hallaba enfermo tendido en la carretera expuesto á perecer, y al cual condujeron caritativamente en sus hombros hasta dejarlo al cuidado de su familia.

El 7 de julio en la plaza de Toros de Pamplona, notaron varios guardias que un buen número de soldados trataban de perturbar el orden, y para impedirlo tuvieron que arrestar á tres de ellos; pero al llevarlos al cuartel se agolparon otros muchos á ponerlos en libertad arrojando pedradas á los guardias, por lo cual se vieron éstos obligados á hacer uso de las armas, con lo que consiguieron dispersar á los alborotadores, restablecer el orden y conducir á su destino á los arrestados. El 27 del mismo mes, los guardias José Zuza é Ignacio Moya, auxiliando al Alcalde de Barbinzana, impidieron un bárbaro desafío entre los mozos de dicho pueblo y los de Larraga, sin efusión de sangre, á pesar de la resistencia que opusieron los combatientes á separarse.

Otra de las virtudes que los guardias poseen y practican, es el gran respeto que tienen á las personas de cierto carácter y dignidad, y he aquí un ejemplo que lo demuestra. Los guardias de segunda clase del Puesto de Ochagavía, Ramón Blanis y Juan Marticorena, patrullando en el pueblo de Oronoz á las altas horas de la noche oyeron voces que indicaban se trataba de alterar el orden, y al mismo tiempo se oyó un tiro que al parecer había salido de la casa del Cura; entraron en ella con el Alcalde y vieron que aquel Sacerdote, tal vez atacado de algún vértigo, volvía á cargar la escopeta diciendo que quería matar á uno de la justicia ó á un guardia civil, y con la misma escopeta dio algunos golpes al Alcalde y á los guardias, los que lo desarmaron sin hacerle el menor daño por respeto á su dignidad sacerdotal. Muchos son los servicios prestados en este año, segundo de la creación del Cuerpo, siendo muy recomendable entre ellos el de la conducción de un gran número de presos, sin que ninguno de ellos se evadiera, y á los cuales se les tuvieron todos los miramientos que reclama la humanidad y que se recomienda en los reglamentos. El resumen de las aprehensiones es el siguiente: delincuentes y ladrones, 95; reos prófugos, 34; desertores, 23; por faltas más ó menos leves, 375; contrabandos, 18. Total, 545.

1847. La fuerza del Tercio en el año de que vamos á ocuparnos, se hallaba distribuida en 28 puestos, en cada uno de los cuales había cuatro ó seis hombres á lo más, excepto en el de la capital que se componía de doce individuos de infantería y nueve de caballería. Muchos y muy distinguidos fueron los servicios que vemos prestados por la fuerza del Tercio en este año; siendo entre ellos los más notables la captura de cuatro bandidos armados hecha por el bizarro segundo Capitán, hoy primer Jefe del Tercio, D. Miguel Sanz, con los guardias Domingo Irurzún y Bernardo Alló; la captura del cabecilla carlista D. Andrés Llorente hecha en el mes de octubre por los guardias del Puesto de Estella, Tomás Mondela y José Marés; y la del Brigadier carlista D. Fulgencio Carasa, en la villa de Moratín, hecha el día 15 de noviembre por los guardias del Puesto de Estella Jerónimo Marcial y Jerónimo Martínez. En obsequio de la brevedad nos vemos en la imprescindible necesidad de omitir otros muchos servicios así de captura de bandidos, como humanitarios. El resumen de las aprehensiones es el siguiente: delincuentes y ladrones, 150; reos prófugos, 31; desertores, 42; por faltas más ó menos leves, 248; contrabandos, 21. Total, 492.

1848. En 30 puestos se hallaba distribuida la fuerza del Tercio en este año; en la capital quedaban 14 individuos de infantería y 12 de caballería. Entre los muchos servicios notabilísimos no queremos pasar en silencio los siguientes: En el mes de enero, los guardias Vicente Usón y Cayetano Segura, del Puesto de Astrain, prestaron durante dos días consecutivos los auxilios más eficaces á las personas, diligencias y carruajes en el portillo del Perdón á causa de la nieve, y toda la fuerza del Tercio en dicho mes se distinguió en esta clase de servicio. Los guardias Ángel Sainz y Domingo Marcial, del Puesto de Estella, capturaron después de tres días de incesante persecución al famoso bandido Pablo Ulí. Con motivo de los acontecimientos políticos de este año, el primer Jefe D. Antonio María de Alós con 80 guardias de infantería se trasladó á Madrid de orden superior. La sección de Elizondo quedó persiguiendo á una partida de montemolinistas, y durante la ausencia de la fuerza indicada que se trasladó á la Corte, dicha sección prestó grandes servicios, capturando muchos asesinos y ladrones, perturbadores del orden público y disuadiendo á muchos incautos de ir á tomar parte en las facciones, por lo que éstos llamaban á los guardias sus nobles consejeros. Muchos asesinos y ladrones fueron capturados, y extinguidos varios incendios honrosos; muchas armas de fuego y blancas recogidas, y las conducciones de presos se hicieron con la debida regularidad y sin que ninguno de ellos se evadiera. El número total de aprehensiones es el que sigue: delincuentes y ladrones, 298; reos prófugos, 104; desertores, 79; por faltas más ó menos leves, 358; contrabandos, 26. Total, 865.

1849. Distribuida la fuerza del Tercio como lo estaba en el año anterior, inauguró su servicio en este año, reconcentrándose para perseguir reunida varias partidas de montemolinistas á las que después de batir obligó á internarse en Francia. Los guardias del Puesto de Estella á las órdenes del Teniente D. José Lucas, en los días 15, 17, 23 y 28 de marzo, capturaron una cuadrilla de seis bandidos que tenía aterrada la comarca por donde vagaba.

Muchos servicios humanitarios prestó la fuerza del Tercio en este año, extinguió gran número de incendios capturó muchos asesinos y ladrones, y de año en año el servicio especial del instituto daba mayores resultados. El resumen numérico de las aprehensiones es el siguiente: delincuentes y ladrones, 256; reos prófugos, 122; desertores, 84; detenidos por faltas más ó menos leves, 478; contrabandos, 21. Total, 961.

1850. Entre los servicios más notables, se encuentran los siguientes: La fuerza del Puesto de Viana en los días 7, 15, 19 y 24 de marzo, puso á disposición de la autoridad á 22 vecinos de dicha ciudad por diferentes delitos; y en el mes de abril siguiente á otros catorce; la fuerza de este Puesto se distinguió mucho en este año en la aprehensión de perturbadores del orden público y de personas enviciadas en los juegos prohibidos. Toda la fuerza del Tercio prestó servicios de mucha consideración, capturando un gran número de criminales y asesinos, auxiliando eficaz y caritativamente á muchos pobres y desgraciados viajeros y otras personas que sin su auxilio irremisiblemente hubieran perecido. He aquí el resumen de las aprehensiones verificadas en este año. Delincuentes y ladrones, 287; reos prófugos, 178; desertores, 85; por faltas más ó menos leves, 489; contrabandos, 21. Total, 1,060.

1851. En este año como en los anteriores la fuerza del Tercio se esmeró en el servicio especial de su instituto, y en él encontramos grandes rasgos de sagacidad, de valor y de caridad cristiana; y á la verdad, injustos seríamos si hiciésemos mención de algunos y no de todos, lo cual siéndonos imposible, estampamos el siguiente resumen que comprueba nuestros asertos. Delincuentes y ladrones, 142; reos prófugos, 76; desertores, 24; detenidos por faltas más ó menos leves, 306; contrabandos, 12. Total, 560.

1852. En este año, lo mismo que en el anterior, empleada la fuerza del Tercio exclusivamente en el servicio especial del instituto, los prestó muy distinguidos, notándose en el número de aprehensiones los buenos efectos producidos por la institución, que reprimía á los criminales temerosos de verse entregados á la justicia instantáneamente después de haber cometido el delito. El resumen de las aprehensiones es el siguiente: delincuentes y ladrones, 92; reos prófugos, 65; desertores, 33, por faltas más ó menos leves, 267; contrabandos, 17. Total, 474.

1853. Lo mismo en este año que en los anteriores los servicios del Tercio fueron muy distinguidos. La fuerza recibió algún aumento por consecuencia del concedido al cuerpo por Real decreto de 5 de febrero. Se confió el mando del Tercio al dignísimo Jefe que aún hoy lo desempeña, y que siendo natural de aquel país, circunstancia que hace el mejor elogio de su elección, proporciona al bien del servicio la inconmensurable ventaja de que cuanto pase en él tenga una noticia pronta, exacta y circunstanciada del acontecimiento ó suceso; el señor D. Miguel Sanz, que es el Jefe á que aludimos, á sus distinguidas cualidades de tal reúne las especiales de sus vastas y muy buenas relaciones en aquel país, y esta circunstancia le ha proporcionado repetidas ocasiones de prestar servicios eminentes, y granjearse el aprecio de todas las autoridades, que en más de una ocasión libraron á su pericia, conocimiento y relaciones, las más delicadas y difíciles comisiones del servicio; en Navarra no es posible ocurra novedad alguna de que el señor Sanz no tenga aún antes de ser conocida del público, noticia exacta; tal es la confianza que ha sabido inspirar á sus paisanos, y tal la importancia de su mando en aquel antiguo reino.

Entre los servicios que encontramos merece consignarse el prestado por el entonces Sargento primero, hoy Teniente, don Antolín García, que acompañado de un solo guardia, batieron siete contrabandistas, apoderándose de doce caballerías con sus cargas. Sentimos no poder narrar los innumerables servicios humanitarios prestados, auxiliando multitud de carruajes, viajeros y arrieros en los puertos y gargantas de aquel montuoso país, donde sin el auxilio de los individuos de la Guardia Civil, hubieran perecido envueltos en terribles ventisqueros de nieve. La vigilancia en caminos reales y transversales fué tan exquisita que ni un sólo robo se cometió en ellos en el año que nos ocupamos. El resumen numérico de aprehensiones dará á conocer las efectuadas en todo el curso del mismo. Delincuentes y ladrones, 104; reos prófugos, 35; desertores, 17; por faltas más ó menos leves, 217. Total, 373.

1854. Treinta y dos puestos ocupaba la fuerza del Tercio en este año; sus servicios no desmerecieron de los anteriores, y en el mes de febrero con motivo de la sublevación del Regimiento Infantería de Córdoba, en Zaragoza, se reconcentró la fuerza del Tercio y se dirigió á tomar los pasos y desfiladeros para impedir que la tropa sublevada invadiese en su fuga el territorio de aquella provincia, como así lo logró. Vuelta la fuerza á sus puestos, vemos que prestó servicios importantes, entre los cuales insertaremos algunos. El Sargento Antonio Pérez y fuerza del Puesto de Elizondo, en combinación con los gendarmes franceses, capturaron cinco cabecillas carlistas. El Sargento Juan Fernández, del Puesto de Caparroso, con los guardias Juan Osés, Agustín Chavarri y Vicente Rita, descubrieron á los cómplices y al asesino de un licenciado del Ejército, siendo aquél condenado por los tribunales á pena de muerte.

Con motivo de los acontecimientos políticos ocurridos en julio, se concentró la fuerza en la capital, prestando eficaz apoyo á las autoridades legítimas, hasta que terminados aquellos volvió la fuerza á sus puestos. El Sargento Juan de Dios Fernández y el Guardia Jacinto Hernández, capturaron en la villa de Santacara á los tres hermanos Salvador, Fructuoso y Ramón Gonsa, terribles forajidos, que en el largo catálogo de sus horribles delitos tenían el de haber incendiado un corral donde se albergaban 350 reses de ganado lanar que perecieron, propias de D. Ramón Goniz, de la misma vecindad. El Cabo primero Ventura Sancho y guardias á sus órdenes del Puesto de Olazagutia, contribuyeron eficazmente á cortar un horroroso incendio ocurrido en la ferrería de D. Juan Manuel Jáuregui, vecino de Alsasua, logrando salvar 12,500 cargas de carbón. Muchos otros servicios pudiéramos citar; pero no pudiendo hacerlo, tenemos que contentarnos con estampar el resumen numérico de los mismos. Delincuentes y ladrones, 160; reos prófugos, 95; desertores, 34; por faltas más ó menos leves, 259; contrabandos, 27. Total 575.

1855. La fuerza del Tercio ocupaba treinta y cuatro puestos, y en este año sus servicios, siempre en aumento, fueron de un mérito especial, si se atiende á las circunstancias en que se encontraba la nación. Merece, entre los muchos que consigna la historia del Tercio, narrarse el prestado por el Guardia Antonio Pueyo, que hallándose con licencia temporal en su casa, encontró un herido de gravedad en el camino de Tafalla á San Martín de Un; sin creerse relevado de prestar el servicio de su instituto en la situación de licenciado, tomó informes del herido y emprendió la persecución del agresor, que fué sentenciado por los tribunales á 20 años de cadena. El primer Jefe D. Miguel Sanz, á la cabeza de sus valientes guardias componiendo una pequeña columna, entró en operaciones en persecución de una facción montemolinista que fué destruida en quince días, regresando la fuerza á su servicio ordinario. El Cabo primero Marcelo Preciado y Donato Ruiz, aprehendieron á los autores de un robo de 118 napoleones, cuya cantidad devolvieron al robado, poniendo á los autores á disposición de los tribunales. En la imposibilidad de insertar más servicios, lo haremos de las aprehensiones efectuadas en el presente año, que son las del siguiente resumen. Delincuentes y ladrones, 81; reos prófugos, 64; desertores, 29; por faltas más ó menos leves, 198. Total, 375.

1856. En treinta y cinco puestos se hallaba distribuida la fuerza del Tercio en el presente año. Cuanto dijésemos acerca de la importancia de los servicios prestados sería pálido, no pudiendo insertarlos todos, caeríamos en la nota de parciales si lo hiciésemos solamente de algunos; por eso los omitidos, no sin hacer constar que hasta los autores de anónimos que por este medio encubierto exigían gruesas sumas, conminando con la muerte á las personas á quienes los dirigían, fueron descubiertos en Navarra por la Guardia Civil; esto prueba que su vigilancia se extiende y penetra en todas las partes en que el crimen se presenta y proyecta. He aquí ahora el número de aprehensiones, cuyos guarismos suplirán nuestro forzoso silencio. Delincuentes y ladrones, 65; reos prófugos, 74; desertores, 26; faltas más ó menos leves, 186. Total, 351.

1857. En este año la fuerza del Tercio recibió algún aumento por consecuencia del decretado al Cuerpo en el mes de octubre del año anterior. En 1 ° de enero tenía completa la fuerza de su dotación, que se hallaba distribuida en treinta y ocho puestos; es decir, cuatro más que el año anterior. Este pequeño aumento permitía que un extenso terreno disfrutase de los beneficios que reporta todo el que puede ser vigilado por la Guardia Civil. Importantísimos fueron los servicios prestados en el año que nos ocupa. Descuella entre los numerosos el siguiente: Habiendo sido robada la cantidad de 3,500 duros á doña Carmen Serma, asaltándole su casa, el Sargento Juan de Dios Hernández y fuerza á sus órdenes, descubrieron los autores y rescataron parte del dinero robado, que con aquellos entregaron á los tribunales.

Como una prueba de lo bien montado que tiene el servicio en su Tercio su digno Jefe D. Miguel Sanz, diremos que habiendo sido asaltada y robada una diligencia cerca de Valtierra, á las dos horas el Alférez de la línea y los individuos á sus órdenes ya habían aprehendido los ladrones con parte de los efectos robados, prueba de que en este Tercio está inculcada la máxima mandada observar en el Cuerpo, «que los delitos pueden cometerse, pero jamás quedar impunes sus perpetradores.»He aquí el resumen de las aprehensiones efectuadas en todo el año. Delincuentes y ladrones, 105; reos prófugos, 43; desertores 32; por faltas más ó menos leves, 216. Total, 396.

1858. La acción humanitaria y civilizadora de la Guardia Civil iba extendiéndose en Navarra, gracias al pequeño aumento que se le procuraba á su fuerza, que en este año llegó á constar de cuarenta puestos; pero hacia fines del mismo hubo que reducirlos á consecuencia de la disminución decretada á la fuerza total del Cuerpo en el mes de octubre. Los servicios siempre en progresión ascendente; lamentamos sinceramente el penoso deber que nos hemos impuesto, pero bien saben nuestros lectores que lo hacemos en su obsequio. Criminales de todo género, ladrones, desertores, asesinos y cuantas personas quebrantaban la ley, eran sometidas á ella por la Guardia Civil, que dedicada al servicio exclusivo del instituto, pudo á la sombra de los beneficios de una paz continuada, prestar numerosos servicios, y á más del crecido número de aprehensiones, registraremos el prestado por el digno primer Jefe que, comisionado para hacer arrancar varios plantíos de tabaco en el valle de Quinto Real, supo con su ascendiente llevar á cabo tan delicada misión sin tener que apelar á las armas. El Cabo Joaquín Ursus aprehendió al autor de un alevoso asesinato cometido en la persona de D. Justo Sánchez, siendo recompensado por S.M., con la cruz de M.I.L. Tenemos el doloroso deber de no poder narrar servicios, y remitimos á nuestros lectores al siguiente resumen. Delincuentes y ladrones, 95; reos prófugos, 62; desertores, 23; faltas más ó menos leves, 176. Total, 356.

1859. En cuarenta y dos puestos estaba la fuerza del Tercio distribuida en enero de este año, dedicada á su servicio especial, los ha prestado muy distinguidos; entre los numerosos encontramos el desigual combate sostenido por los valientes guardias del Puesto de Irurzun, Vicente Ciruclo, Martín Irriti, Francisco Irurzún y Francisco Almazón; estos cinco valientes sostuvieron un vivo fuego con treinta contrabandistas, causándoles un herido, nueve prisioneros, y once paquetes de contrabando. El siguiente resumen numérico expresa el número de aprehensiones efectuadas en los ocho primeros meses de este año. Delincuentes y ladrones, 68; reos prófugos, 6; desertores, 7; por faltas más ó menos leves, 80. Total, 161.

Terminamos el rápido bosquejo del Décimo Tercio con el resumen general de las aprehensiones efectuadas desde su creación hasta fin de agosto de 1859; pero no nos eximiremos antes de consignar, que la moralidad más acrisolada, la subordinación más perfecta y la honradez más pura, son las virtudes que adornan á los individuos de la Guardia Civil de Navarra quienes las reciben del digno Jefe que con un tino y una enérgica prudencia sabe tan perfectamente desempeñar el delicado mando que le fué confiado en aquel país especial.

He aquí ahora el resumen general á que nos referimos.

Delincuentes
y Ladrones.

Prófugos.

Desertores.

Faltas.

TOTAL.

1,872

153

239

3,069

5,333

Aprehendió además 124 contrabandos en el curso de su servicio.

SERVICIOS PRESTADOS POR EL UNDÉCIMO TERCIO
DE LA GUARDIA CIVIL.

El Undécimo Tercio de la Guardia Civil tiene á su cargo las cuatro provincias de Burgos, Logroño, Soria y Santander. Es uno de los Tercios que cuenta en su historia páginas más gloriosas; pues si bien en dichas cuatro provincias no abundan los bandoleros en cuadrilla como en las Andalucías, ni los asesinos como en el distrito de Valencia, la inconcebible protección que han encontrado siempre en ellas las gavillas de latro-facciosos que, con pretexto de enarbolar la bandera carlista, se han lanzado á la senda del crimen, ha sido la causa de que el servicio de la Guardia Civil en el undécimo distrito haya sido por demás difícil y como de campaña, y que el Cuerpo haya tenido que lamentar pérdidas muy sensibles.

1844. A la creación del Cuerpo fueron destinados al Tercio de que nos ocupamos 335 hombres de la clase de ambas armas y 14 Oficiales, los cuales debían componer dos compañías de infantería y media de caballería. En el mes de octubre del año de la creación del instituto, pasó su primera revista de Comisario en los depósitos de Vicálvaro y Leganés la fuerza destinada al Tercio, en número de un Jefe, cinco Oficiales y 72 individuos de tropa, que componían una compañía de infantería y media de caballería. El mando superior del Tercio se confirió al Teniente Coronel D. León Palacios, natural de la provincia de Burgos, y muy conocedor de las sierras de dicho distrito, por haberlas reconocido incesantemente persiguiendo las facciones durante la guerra civil. A consecuencia de la Real orden comunicada por el Ministerio de la Gobernación en 25 de noviembre, la fuerza indicada se trasladó al distrito, distribuyéndose de la manera siguiente: en las provincias de Burgos y Logroño, en cada una, una sección de infantería y otra de caballería, y en cada una de las dos provincias de Soria y Santander una sección de infantería. En este año la fuerza del Tercio no pudo prestar todavía servicio alguno.

1845. La Segunda Compañía de Infantería de que debía constar la fuerza del Tercio, según el decreto de la creación del Cuerpo, se comenzó á organizar en este año, y en el mes de febrero pasó su primera revista con 33 hombres de la clase de tropa. Por Real orden de 20 de mayo se mandó organizar la Tercera Compañía, que pasó su primera revista de Comisario en el mes de noviembre, con cuatro Oficiales y 52 individuos de la clase de tropa. Consagrada toda esta fuerza al servicio especial del instituto, hizo ya el siguiente número de aprehensiones: delincuentes y ladrones, 232; reos prófugos, 13; desertores del Ejército, 37; por faltas más ó menos leves, 216; contrabandos, 4. Total, 502.

1846. En este año se mandó que la fuerza del Tercio constase de un primer Jefe, un segundo, un Ayudante, cuatro compañías de infantería, una de ellas de cuatro secciones, y las restantes de tres, y dos secciones de caballería con 72 hombres y 70 caballos. La Cuarta Compañía, creada á consecuencia de esta soberana disposición, pasó su primera revista en el mes de agosto. El resumen las aprehensiones verificadas en este año, es como sigue: delincuentes y ladrones, 233; reos prófugos, 17; desertores, 16; por faltas más ó menos leves, 546; contrabandos, 5. Total, 817.

1847. El día 20 de junio del año que nos ocupa se vio interrumpida la fuerza del Tercio en el servicio especial de su instituto, por la aparición en la sierra de Burgos, de la gavilla facciosa capitaneada por el cabecilla conocido por el Estudiante de Villasur. El Excmo. Sr. Capitán General del distrito dispuso que la fuerza del Tercio correspondiente á la provincia de Burgos, se reconcentrase y organizase en columnas para perseguir á los facciosos; dio el mando de una de dichas columnas al primer Capitán Comandante de la provincia de Burgos D. José Villanueva, Jefe de muchos conocimientos en el país, de una disposición y actividad nada comunes, confiando la dirección de las operaciones al Primer Jefe del Tercio D. León Palacios. Corta fué la campaña, pues los enemigos del orden y del Trono de doña Isabel II, acosados incesantemente por la acertada persecución de las columnas de guardias civiles, habiendo perdido todos sus caballos y gran parte de sus armas, se presentaron á indulto en fin de julio, que le fué concedido por la inagotable munificencia de nuestra amada y elementísima Reina. Entre los brillantes hechos que tuvieron lugar no debemos pasar en silencio el siguiente: El 21 de junio toda la facción atacó el Puesto de la Guardia Civil de Villafranca de Montes de Oca, compuesto de solos cuatro guardias mandados por el Guardia de segunda clase Santiago Sánchez, los que no solamente defendieron por espacio de algunas horas la casa-cuartel, sino que saliendo de ella, tomaron la ofensiva desalojando del pueblo á los facciosos. Por tan distinguidos servicios, el primer Jefe don León Palacios fué agraciado con el empleo de Coronel. El primer Capitán D. José Villanueva y el Ayudante D. Félix María Loymil con la Cruz de San Fernando de primera clase; y el entonces Sargento primero D. Antonio Venero y los Cabos Pedro Juez y Pedro Cifrian con la cruz sencilla de M.I.L. El número de individuos de la clase de tropa de las cuatro compañías de infantería quedó fijado en 447. El resumen de las aprehensiones es el siguiente: delincuentes y ladrones, 460; reos prófugos, 29; desertores, 37; por faltas más o menos leves, 654; contrabandos, 7; Total, 1,187.

1848. Este año fué muy fecundo en brillantes hechos de armas como vamos á exponer con la brevedad y concisión que nos vemos precisados.

Con motivo de los acontecimientos ocurridos en Madrid en marzo y mayo del año que nos ocupa, las Compañías del Tercio segunda, tercera y cuarta, salieron de sus puestos el 16 del último indicado mes para formar parte de la guarnición de Madrid, quedando la Primera Compañía en Logroño y las secciones de caballería en sus respectivos Puestos. En 20 de junio, por orden superior, el primer Capitán D. José Villanueva con 40 hombres de la Segunda Compañía regresó á Burgos á marchas dobles, y en 8 de julio por disposición del Capitán General del distrito, salió de dicha ciudad mandando una columna compuesta de fuerza del Ejército, carabineros y Guardia Civil, para perseguir una facción que había aparecido en el valle de Loba, en cuyas operaciones estuvo hasta el 16 de agosto, habiendo obligado á los facciosos á presentarse á indulto. El 29 de agosto, se presentó una partida de facciosos de caballería en el partido de Villadiego, al mando del Teniente de reemplazo D. N. Calleja. El mismo primer Capitán D. José Villanueva, fué destinado á perseguirla con 20 caballos del Regimiento de Farnesio; el 2 de Septiembre la alcanzó y batió en el pueblo de Lorilla, haciéndole cuatro prisioneros incluso el cabecilla, apoderándose de todos los caballos y consiguiendo su completa destrucción, por cuyo distinguido servicio fué agraciado con la Cruz de Isabel la Católica libre de gastos.

El 28 de Septiembre, el Cabo Nicolás Sánchez, con los guardias D. Gregorio Illán y dos más del Puesto de Reinosa, dieron alcance, después de una forzada marcha, á la facción capitaneada por los Hierros, que batieron bizarramente en el pueblo de Cubillos de Ebro, de donde los desalojaron. El valiente guardia Illán recibió una herida de cuyas resultas sufrió la amputación de la pierna derecha. Obtenido un destino por el Excmo. Sr. Duque de Ahumada para este valiente, contestó que preferiría á toda recompensa, la gloria de poder continuar vistiendo el honroso uniforme del Cuerpo; tan generosa abnegación fué acogida por el digno General, nombrándole Ordenanza de la Inspección del Cuerpo donde hoy continúa. S.M. se dignó recompensarle con la Cruz de plata de San Fernando y la pensionada de María Isabel Luisa, siendo circulado al Cuerpo el comportamiento de este bizarro guardia.

En 24 de noviembre aparecieron varias partidas facciosas en la provincia de Burgos, las cuales reconocían por Jefe al Estudiante de Villasur. Este cabecilla atacó el día 25 de dicho mes con 60 hombres el Puesto de la Guardia Civil de Ontomín que se componía de cuatro guardias á las órdenes del Cabo segundo Juan Manuel Rey. En los primeros momentos la facción se apoderó de un Sargento y seis soldados de caballería, todos montados, que se hallaban de tránsito en la posada, y de un guardia sin más armas que el sable, que se hallaba prestando el servicio de vigilancia fuera de la casa cuartel. El Cabo Rey con solos cuatro valientes guardias á sus órdenes dio en aquel día un ejemplo de heroicidad sublime, defendiendo tenazmente la casa-cuartel sin que fueran bastante á rendirlo ni el considerable número de sus enemigos, ni ver á éstos cometer la infame, vil, atroz, traidora y criminal acción propia de ladrones y forajidos y no de defensores de una bandera política, de fusilar al infeliz guardia Calixto García, que habían cogido desarmado, ni las amenazas de incendiar la casa-cuartel con botellas de alquitrán y haciendo combustible para ejecutarlo, ni la de asesinar á sus mujeres é hijos, que tenían en su poder aquellos perversos perturbadores del orden y enemigos del Trono y de las leyes, nada de esto bastó para rendir á aquellos denodados guardias, dignos imitadores de nuestros grandes héroes, que consiguieron con su heroica resistencia rechazar á los facciosos, habiéndoles causado con sus certeros tiros muchos heridos, dos de ellos Oficiales. S.M., la Reina condecoró á dicho Cabo con la cruz de plata de San Fernando, los guardias Tomás Martín y Lucas Villanueva, fueron ascendidos á primeros y condecorados con la cruz pensionada de M.I. L., y la viuda del malogrado Calixto García socorrida con 4,000 rs., del fondo de multas, por el Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo. En el mismo día en que acaeció este heroico hecho de armas, el Excmo. Sr. Capitán General dispuso que la fuerza del Tercio se reconcentrase en la provincia de Burgos, y con ella y tropas del Ejército organizó diferentes columnas para perseguir á las facciones; al primer Capitán D. José Villanueva se dio el mando de una columna, otra al segundo Capitán D. Mariano Delofen, y el de otra al entonces segundo Jefe del Tercio D. Francisco Martín, cuyo valor acreditado en cien combates, hace de su hoja de servicios una de las mejores del Ejército en hechos de armas; el mando y dirección de todas las columnas se dio al primer Jefe D. León Palacios. La persecución de las facciones fué acertada y activa. El 6 de diciembre, el primer Capitán D. José Villanueva, con la incansable actividad que le caracteriza, alcanzó á una de las facciones en el pueblo de Villaescusa la Sombría y la batió, causándolo 9 muertos, varios heridos, cogiéndole 11 caballos, muchas armas y efectos. El 29 del mismo mes el segundo Capitán D. Mariano Delofén tuvo un encuentro en el pueblo de Ortiguela con la facción del cabecilla Cardiel, á la que batió matándole un hombre y cogiendo 5 prisioneros y 9 caballos; y el 15 del mismo diciembre, el segundo Capitán de Infantería don Hilario Chapado, hoy dignísimo segundo Jefe del Duodécimo Tercio, con la fuerza que se hallaba concentrada en Aranda á las órdenes del Comandante de armas de dicho punto D. Alonso del Mármol, se encontró en la derrota del cabecilla Muñiz, en el pueblo de Aranzo de la Torre, en que los guardias obraron con mucha decisión y arrojo, cogiendo al enemigo 26 prisioneros y varios caballos.

Además de tan brillantes servicios, en el especial de su instituto, la fuerza del Tercio hizo un gran número de aprehensiones, como se demuestra por el resumen siguiente: delincuentes y ladrones, 244; reos prófugos, 19; desertores, 43; por faltas más ó menos leves, 509; contrabandos, 7. Total, 822.

1849. Hasta el mes de junio de este año continuó el distrito en estado excepcional, y la fuerza del Tercio ocupada en operaciones de guerra. En dichos meses tuvieron lugar los hechos de armas siguientes: El primer Jefe D. León Palacios, cuyo sable será siempre un recuerdo temible para los enemigos del Trono de Doña Isabel II, con una de las columnas á sus órdenes, el 1 de enero tuvo un encuentro en la Vega de Roa con la facción del Estudiante, á la que causó algunos muertos y cogió dos caballos y dos hombres. El 2 del mismo mes fué alcanzada dicha facción por el primer Capitán D. José Villanueva. El 17 del mismo salió de la capital el Teniente hoy Capitán D. Antonio Chinchón con el objeto de perseguir á algunos facciosos sueltos de los cuales hizo varios prisioneros. Otros encuentros ocurrieron de escasa importancia, continuando la persecución hasta el total exterminio de las facciones.

Por estos servicios el primer Jefe del Tercio fué agraciado con la cruz de Comendador de Isabel la Católica; el primer Capitán D. José Villanueva, ascendido á primer Comandante de Infantería; el segundo Capitán D. Hilario Chapado, á segundo Comandante de Infantería; el Ayudante D. Bernardino Roca de Togores, á Capitán de Infantería; y otras muchas gracias, ascensos, condecoraciones y distinciones honoríficas á los sargentos, cabos y guardias.

A pesar de haber estado la fuerza del Tercio la mitad de año ocupada en operaciones de guerra prestó también grandes servicios en el especial del instituto. El Cabo primero Valentín Marcides, hoy Sargento en el pueblo de Cubo, descubrió y capturó á dos asesinos en cuya casa se encontró enterrado en la cuadra el cadáver de un hombre asesinado. He aquí el resumen de las aprehensiones verificadas. Delincuentes y ladrones 158; reos prófugos, 8; desertores, 14; por faltas más ó menos leves 292; contrabandos 3. Total, 475.

Merecen especial mención por su eficacia y actividad en persecución de criminales así en este año como en los anteriores el incansable Capitán de Caballería D. Antonio Chinchón á quien nunca elogiaremos como se merece; el Subteniente de Antonio Venero, muerto gloriosamente como veremos más adelante; los sargentos segundos D. Bernardino Pérez Requejo hoy Teniente, y Dionisio Pérez Lafuente; los Cabos primeros Domingo Pérez Guardo, Víctor Andino y Nicolás Sánchez, y el segundo Silvestre Pueyo.

1850. En este año la fuerza del Tercio constaba de 503 individuos de tropa con 76 caballos. El primer Jefe D. León Palacios pasó á mandar el Sexto Tercio, reemplazándole el segundo Jefe D. Francisco Martín, Jefe que como dejamos dicho es de los que más méritos de guerra cuenta en su hoja de servicios. En todo este año la fuerza del Tercio estuvo ocupada exclusivamente en el servicio especial del instituto, en el que ocurrió el hecho siguiente que no debemos pasar en silencio. Seis hombres armados en el sitio denominado Salto del Caballo, término de Peñafiel, hicieron un robo de consideración de varios efectos y 30,000 reales en metálico. El Comandante D. José Villanueva, pasando revista á la fuerza de su mando tuvo noticia de tan desagradable suceso, y aunque el sitio indicado no pertenecía á su demarcación, sin embargo, cumpliendo con lo que previene el Reglamento del Cuerpo en tales casos, se puso á perseguir á los malhechores, á los cuales capturó después de muchos días de fatiga, rescatando gran parte de la cantidad robada, por cuyo apreciabilísimo servicio recibió las gracias del Excmo. Sr. Inspector General del Cuerpo y de las autoridades civiles y militares de las provincias de Valladolid y Burgos.

El resumen de las aprehensiones verificadas en este año es el siguiente: delincuentes y ladrones, 234; reos prófugos, 21; desertores, 35; por faltas más ó menos leves, 925; contrabandos 4. Total, 1,219.

1851. En todo el año de que vamos á ocuparnos, la fuerza del Tercio, afortunadamente, no tuvo que distraerse del servicio especial de su instituto y así dio el brillante resultado que se verá en el resumen de las aprehensiones. Entre los servicios prestados son dignos de especial mención los siguientes: El Cabo primero Domingo Pérez Guardo con su acostumbrado celo capturó á un desertor y varios rateros; el 6 de octubre logró descubrir y capturar á un terrible asesino, fugado de presidio hacía cuatro años, que tenía consternados á los pueblos, y que fué ejecutado en la villa de Roa; el 17 de noviembre, capturó á cuatro criminales autores del asesinato del guarda de Olmedillo, y el 20 del mismo mes á seis ladrones, que componían una cuadrilla en la Rivera de Aranda, por cuyos servicios recibió las gracias de las autoridades y del Excmo. Sr. Inspector General, siendo colocado en los turnos de elección. El Comandante D. José Villanueva, activo é incansable como pocos, salió con algunos guardias en persecución de una cuadrilla de ladrones que se había presentado en la provincia de Burgos, y el 1.° de diciembre capturó á tres de ellos en Villadiego. En Pinilla de Trasmontes, capturó á cinco ladrones y presentó pruebas tan claras contra otros sujetos que anteriormente habían sido absueltos por los Tribunales que fueron condenados á 20 años de cadena.

He aquí el resumen de las aprehensiones verificadas en este año: delincuentes y ladrones, 600; reos prófugos, 2 desertores, 26; por faltas más ó menos leves, 1,925; contrabandos, 5. Total 2,580.

1852. En este año la fuerza del Tercio recibió un pequeño aumento hasta componer el número de 553 individuos de tropa con 76 caballos. Estuvo dedicada constantemente al servicio especial del instituto, mereciendo especial mención el Cabo Primero Emeterio León, Comandante del Puesto de Aldea, que entre las varias capturas que hizo fué una la de un criminal condenado á la última pena por haber dado muerte á un hermano suyo político. El Comandante de la provincia de Burgos tantas veces nombrado, D. José Villanueva, capturó á cinco ladrones que apellidándose carlistas aparecieron en la villa de Juarros. El resumen de las aprehensiones verificadas en este año arroja la siguiente cifra: delincuentes y ladrones, 590; reos prófugos, 31; desertores del Ejército, 71, por faltas más ó menos leves, 1,935; contrabandos, 10. Total, 2,197.

1853. El Tercio tuvo en este año un aumento considerar de fuerza, pues llegó á ascender á 792 individuos de la clase de tropa y 101 caballos. Todo el año se ocupó exclusivamente del servicio especial del instituto, prestándolos muy distinguidos, consiguiendo las capturas de terribles criminales autores de asesinatos alevosos y sacrílegos, de ladrones en cuadrilla, de monederos falsos, y de otros muchos; distinguiéndose por su buen comportamiento el Cabo Primero Narciso Serrano y guardias á sus órdenes del Puesto de Villar; el Guardia de primera clase Pedro Tamayo, el de segunda Canuto Barracas, el Cabo segundo Guillermo Santas, el Guardia segundo Vicente García, el Guardia primero Venancio Ramírez, los segundos Isidoro Macario y Benito Ruiz; el Guardia primero Elías Ruiz y los segundos Mariano García, Baldomero Manso, Eladio Lavega y Leocadio Jiménez; el Guardia primero Joaquín Fontoya y los segundos Manuel Pérez y Pedro Valdivielzo, y el Cabo segundo Justo Camarero. He aquí el resumen numérico de las aprehensiones verificadas en este año: delincuentes y ladrones, 537; reos prófugos, 43; desertores, 53; por faltas más ó menos leves, 1,544; contrabandos, 10. Total, 2,187.

1854. También tuvo un pequeño aumento la fuerza del Tercio en este año, elevándose á 803 hombres. Con motivo de los sucesos de julio, las Compañías del Tercio se reconcentraron en sus respectivas provincias. Los llamados montemolinistas, ó mejor dicho, los que en las provincias del undécimo distrito se prevalen de ese título, en la seguridad de una protección decidida en el país para á su sombra lanzarse á cometer excesos siempre que se turba la tranquilidad pública, volvieron en esta ocasión á probar fortuna el día 2 de julio se presentó una gavilla de latro-facciosos en la villa de Redible; por orden del Capitán General salió en su persecución el Comandante D. José Villanueva con los Tenientes D. Antonio Chinchón, D. Andrés Parreño y 40 guardias, y en breve quedó destruída y capturados los que la componían. En el alzamiento verificado en el mismo año, la fuerza del Tercio, sin excepción de un solo individuo, cumplió estrictamente con su deber, apoyando á las autoridades legítimas. El 24 de agosto se turbó la tranquilidad en la villa de Melgar; el Comandante D. José Villanueva restableció el orden capturando á los cabezas de motín. Muchos servicios distinguidos entre los especiales del instituto encontrarnos en este año, no obstante las circunstancias de toda la nación en el segundo semestre del mismo. He aquí el resumen de todos ellos: delincuentes y ladrones, 534; reos prófugos, 17; desertores, 12; por faltas más ó menos leves, 617; contrabandos, 9. Total, 1,189.

1855. En este la fuerza del Tercio, á consecuencia del Real decreto de 10 de noviembre del año anterior, sufrió una lamentable é inconsiderada reducción quedando en 699 hombres con 76 caballos. No obstante esta escasa fuerza y las circunstancias tan difíciles por que atravesaba el país, con su celo y lealtad nunca desmentida, supo cubrirse de gloria y prestar eminentes servicios al Trono y á la sociedad. En 1.° de marzo apareció la provincia de Burgos la famosa facción de los Hierros, para cuya persecución se reconcentró en dicha provincia toda fuerza de la Guardia Civil de la misma y parte de la de Logroño, Santander y Soria, con la cual y tropas del Ejército, se formaron columnas cuyo mando se confirió á los siguientes Jefes y Oficiales del Tercio; el Coronel, primer Jefe, D. Francisco Martín; el Coronel Graduado, Teniente Coronel, primer Capitán D. José Villanueva; el segundo Capitán de Infantería D. Juan Argente; el de la misma clase de Caballería D. Lucas Cortés; los Tenientes de Caballería D. Antonio Chinchón y D. Simón de Rojas; los de infantería D. Joaquín Allora, D. Pablo Carmona, D. Venancio García y D. Antonio Venero; el primer Jefe del Tercio, además de la columna á sus inmediatas órdenes, tenía á su cargo la dirección la dirección de todas las demás. La persecución no pudo ser más activa y acertada, quedando en breve la facción dispersa y destruida. El 30 de mayo fué alcanzada á las nueve de noche en el pueblo de San Millán de Lara por una de las columnas que se componía de 30 caballos del Regimiento de Sagunto, 30 cazadores y 10 guardias, al mando del Teniente D. Andrés Parreño. Al entrar en el pueblo, los facciosos, perfectamente atrincherados, causaron en la caballería varios muertos y heridos, dispersándola completamente, pero llegado que hubo el Teniente con solos los diez guardias, no obstante de encontrar desordenada la fuerza de infantería y caballería del Ejército, atacó bizarramente á los facciosos, consiguiendo restablecer el honor de las armas sobre el campo, y en rudo y desigual combate recuperar algunos prisioneros, por cuyo importante servicio fué recompensado con el empleo de Capitán de Infantería el expresado Teniente. El 2 de junio fué alcanzada y batida la facción por el primer Jefe en las inmediaciones del monte de Villaizán, lanzándose él sólo sobre los latro-facciosos para animar á sus subordinados. El 16 de junio lo fué en el Robledar de Villasur, y el 27 en el monte de Castrillo por el Comandante D. José Villanueva. El 10 de julio la alcanzó y batió en la venta de Porazal el segundo Capitán D. Juan Argente, por cuyo servicio fué recompensado con la Cruz de San Fernando de primera clase.

Dispersada la facción, quedaron cuatro columnas para acabar con los últimos restos de ella, á las órdenes del segundo Capitán D. Antonio Chinchón, de los Tenientes D. Antonio Venero y D. Joaquín Allora y del Subteniente D. Juan Rodríguez, y todos bajo la dirección del Jefe D. José Villanueva, que para desempeñarla se situó en el distrito de Villadiego. El 2 de agosto fueron capturados por dicho Jefe tres latro-facciosos. El 30 de noviembre, el Teniente D. Antonio Venero con la fuerza de su mando cercó en una casa del pueblo de Villasandino á unos facciosos de los dispersos que se habían dedicado á robar. En el combate que se trabó murió el citado Teniente; pero el Sargento segundo de Caballería D. Pedro Nieto continuó el combate, y apoderándose de los criminales los pasó por las armas á la vista del cadáver de su Oficial, por cuyo servicio fué recompensado con la cruz de plata de San Fernando.

Por Real orden de 12 de diciembre fué destinado para mandar el Octavo Tercio el bizarro primer Jefe D. Francisco Martín, reemplazándole el Coronel graduado, Teniente Coronel, D. Manuel Frexás y Gasset, procedente del noveno, á quien hemos hecho justicia en el Segundo Tercio.

Ocupada la mayor parte de la escasa fuerza del Tercio las dos terceras partes del año en la difícil y peligrosa tarea de perseguir á las facciones que contaban con la punible y merecedora de ejemplar castigo protección de los pueblos, el servicio especial del instituto tuvo que resentirse necesariamente, y así el número de las aprehensiones es casi insignificante comparado con el de otros años, como se demuestra por el siguiente resumen: delincuentes y ladrones, 274; reos prófugos, 6; desertores, 19; por faltas ó menos leves, 81; contrabandos, 8. Total, 388.

1856. Ruda fué la campaña que hizo en el presente año la fuerza del Undécimo Tercio. Los restos de la facción, capitaneada por Villalain, y compuesta por los Hierros, no permitían el más ligero descanso á la Guardia Civil, constantemente frustrada en la penosa persecución que les hacía, por la inaudita protección que encontraban en el país aquel puñado de hombres temerarios que se decían defensores de Carlos VI. El servicio del instituto no se desatendía por esta causa; así es que vemos alternado éste y el de campaña de una manera prodigiosa que honra altamente la fuerza del Tercio, y en especial la provincia de Burgos. En 1.º de febrero se fugaron dos criminales de la cárcel de Belorado, y el Guardia Manuel Barreiro, enfermo en la casa-cuartel, se lanzó en su persecución, arrojándose al río en aquel estado para darles alcance, como así logró. El Cabo Silvestre del Pueyo, con un celo que le honra, consiguió, después de diez y ocho días de incesante fatiga la captura de 12 malvados que componían una gavilla, terror país. Los puestos de Cogollos y Ruvena prestaron eficaces auxilios á varios carruajes atollados en la nieve, conduciendo á los viajeros en brazos y cubiertos con sus esclavinas á la casa-cuartel. El Cabo Pascual de la Peña, Comandante del Puesto La Hoz de Arriba, descubrió un horrible asesinato cometido en una hija por sus padres, cuyo crimen quisieron ocultar llevándose el cadáver á una casa y fingiendo mil argucias, que supo destruir el inteligente y activo Cabo Peña. El Cabo Silvestre Pueyo, por instrucciones recibidas del incansable Capitán Chinchón aprehendió á los autores de un robo efectuado á un vecino Hoyuela, con heridas causadas á sus dueños. En la mañana del 27 de julio, los Cabos Pedro Barragán é Ignacio Moral, que componían una columna á las órdenes de su bizarro Comandante D. Antonio Armijo, en la provincia de Santander, prestaron un interesante servicio: hallándose á la orilla del mar oyeron gritos espantosos, y dirigiéndose al sitio de donde salían, vieron con espanto que una señora que estaba bañándose con dos tiernos niños, se hallaba próxima á perecer ahogada por ir á salvar á uno de sus hijos, vestidos como se hallaban se lanzaron al mar y arrancaron de sus olas dos víctimas, el esposo de la señora, tan pronto supo el suceso, quiso remunerar de mil maneras este servicio, y no habiendo podido lograrlo, solicitó del Sr. Armijo le concediese la satisfacción de abrazar al frente de la fuerza á los dos guardias á quienes debía las vidas de su señora é hijos; otorgado este permiso los abrazó, derramando abundantes lágrimas de gratitud.

Los sucesos del mes de julio en la Corte, hicieron que la fuerza se reconcentrase en las capitales de la provincia, la de Burgos se dirigía á Madrid por orden del Gobierno; pero en el camino recibió contraorden y regresó á su destino. El bizarro primer Jefe fué comisionado con 30 caballos para dirigirse á Logroño, de cuyo punto eran muy poco favorables las noticias recibidas; el denodado y enérgico Sr. Coronel D. Manuel Freixas, iba como de vanguardia de las fuerzas que conducía el Excmo. Sr. Capitán General en igual dirección; cuando S.E. llegó, ya la prudente energía y acertadas disposiciones del señor Freixas, había allanado la resistencia que oponían á la entrega de las armas en aquella ciudad la facción de los Hierros en estos días recorría impunemente la provincia de Burgos; sin fuerza del Cuerpo en los caminos, las diligencias eran libremente asaltadas, visto lo cual hubo necesidad de tomar medidas, y entre otras la apremiante de perseguir á los Hierros y á los criminales autores de los robos cometidos. El bizarro Capitán D. Antonio Chinchón, con un celo y una actividad que tanto le distinguen, aprehendió en muy pocos días 18 criminales con parte de las gruesas sumas que habían robado. El Comandante D. Antonio Armijo, destinado á perseguir una facción en la provincia de Santander, logra alcanzarla y destruirla completamente, cogiendo prisioneros los cabecillas con armas y efectos; quedaba la partida de los Hierros sostenida con la protección criminal que se le dispensaba en el país, tan inaudita, que hubo ocasión en que los tenían ocultos ochenta y siete días; cuantas medidas se tomaban eran infructuosas ante semejante conducta en los habitantes. Sin embargo, las pequeñas columnas que sostenía continuamente la fuerza del Cuerpo, no les permitían vivir, porque la enérgica iniciativa del Coronel D. Manuel Freixas, era admirablemente secundada por sus subordinados, siendo sensible que tan bizarro Jefe, cuyo arrojo y valor indisputables, le hacían sufrir física y moralmente por no dar con aquellos miserables, no le hubiesen proporcionado ocasión de hacerles sentir todo el peso de sus incuestionables prendas militares. El 13 de diciembre vigilaban el camino Real dos guardias del puesto de Burgos, y notando que el farol de la silla-correo se había apagado y detenido el coche, se lanzaron á la carrera en su dirección, y le vieron rodeado de los Hierros, sobre los que hicieron fuego, sosteniéndolo por largo tiempo, mientras la silla-correo continuó su marcha. Tan pronto como en Burgos se recibió parte de este hecho, salieron con 20 caballos el Comandante D. Sixto Jiménez y el Capitán D. Miguel Góngora, y con 15 infantes el Subteniente D. Juan Rodríguez. Éste debió ser el último día de existencia de los Hierros; perseguidos por estas fuerzas fueron alcanzados en Cubillo la César, donde murió gloriosamente el valiente Góngora, causándole un muerto, un herido y un prisionero, precipitándose los demás en vergonzosa fuga. El denuedo del que mandaba la fuerza, y su arrojo personal, tal vez, impidieron que terminase la vida aventurera de los titulados campeones de Carlos VI en aquel aciago día. La persecución no cesaba; los guardias se multiplicaban; en seis días les dieron tres veces alcance, y atestadas las cárceles de cómplices y encubridores cogidos in fraganti, y que por estar la provincia en estado de sitio debían ser juzgados militarmente, hicieron retirar los Hierros á sus ocultas guaridas para proporcionarse un indulto.

Tenemos una necesidad, dolorosa, si se quiere, de suspender la narración de hechos brillantes y distinguidos servicios; perdónesenos esta involuntaria omisión, y los guarismos, con su inflexible laconismo, la suplirán en parte en el siguiente resumen: delincuentes y ladrones, 538; reos prófugos, 26; desertores, 15; por faltas más ó menos leves, 344. Total, 923.

1857. La fuerza del Tercio se componía en este año de 691 individuos de infantería y 78 de caballería con 73 caballos. Después de los encuentros tenidos en fines del año anterior con la facción de Villalain, no se volvió á tener noticia de ella, siendo infructuosos cuantos reconocimientos se hicieron; dicho cabecilla se suponía estar oculto curándose las heridas que había recibido en el encuentro que tuvo lugar en el Pedroso. El día 16 de enero á las cinco de la tarde, entraron en Burgos cuatro individuos de los principales de dicha facción con el Excmo. señor Capitán General que había salido aquella mañana con una pequeña escolta, los cuales habían solicitado el indulto y pocos días después se presentó el mismo Villalain con los restantes. Con esto quedó el distrito desembarazado de facciones y la fuerza del Tercio pudo consagrarse exclusivamente al servicio especial de la institución. Muchos y muy notables fué los que prestó y en la imposibilidad de relatarlos minuciosamente citaremos los nombres de los individuos que más se distinguieron y el resumen general de las aprehensiones.

Merece especial mención por su brillante comportamiento los guardias Bernardo Cifuentes y Rudesindo Aparicio; el Guardia primero de Caballería Gabriel Lauca Cacho y el segundo Santos Herrera Moreno; el Cabo segundo de Caballería Salariado Rubio; el Cabo de Caballería Juan Sánchez Dieguez, hombre de gran sagacidad para el servicio; el Cabo primero Eustasio González Rabanal; el Cabo Silvestre Pueyo; el Guardia primero Santiago Calvo; el Cabo Benito Mesonero; el Cabo primero Francisco Lasanta, los Guardias del Puesto de Cidamón; el Cabo Segundo Eugenio Pérez; el Cabo segundo Jacinto Moreno y el Guardia segundo Bernardo Gonzalo Jiménez; el Cabo segundo Miguel de Cubas Isla y guardia segundo Martín Choga Zancada; el Cabo segundo Ruperto Revuelta y guardias Juan Aramburu Gómez, Felipe Gutiérrez García y Ramón Cuadros García, que hicieron la importante captura de Antonio Pérez, su esposa Gertrudis Martínez y sus hijos Francisco y Juliana autores del horrible crimen cometido en el pueblo de Ogarrio, de robar, asesinar y quemar á tres personas. El resumen numérico de las aprehensiones verificadas en este año es el siguiente: delincuentes y ladrones, 1,000; reos prófugos, 26; desertores, 21; por faltas más ó menos leves, 929; contrabandos, 20. Total, 1 996.

1858. Con el aumento que en este año tuvo la fuerza del Tercio se elevó á 852 guardias de infantería y 103 de caballería con 90 caballos. En este año fué baja en el Tercio su bizarro primer Jefe por ascenso á Coronel con destino al segundo, y hubiera sido una sensible pérdida para aquel Tercio, á no verlo dignamente reemplazado en su mando por el Coronel graduado, Teniente Coronel D. Antonio Aguado y Reveslido, Jefe cuya reputación, actividad, especial inteligencia y vastos conocimientos militares, le hacen uno de los más distinguidos del Cuerpo de la Guardia Civil, y de los pocos en quienes se encuentra más conjunto de dotes de mando.

Entre los servicios más notables son dignos de especial mención los siguientes: El 31 de marzo á las dos de la madrugada fueron robados de la diligencia que iba de Madrid á Bayona unos cajones de dinero que contenían 5,000 napoleones por seis hombres, cuatro de ellos montados; el Cabo primero Francisco Losada con la fuerza á sus órdenes y el Cabo primero de Caballería Inocencio Hernando con algunos guardias consiguieron al día siguiente á las diez de la mañana rescatar 4,418 napoleones y pocos días después poner á los ladrones á disposición de la autoridad.

El Sargento segundo Pascual Lapeña, con un celo infatigable consiguió descubrir y poner á disposición de los tribunales con las pruebas suficientes del crimen, á nueve personas que gozando de buena opinión habían asaltado la diligencia de Bayona el día 3 de junio y robado un cajón de dinero con 4,000 napoleones. En el mes de junio el Sargento segundo Víctor Andino, Comandante del Puesto de Medina, capturó á 12 ladrones de los 14 que componían la cuadrilla que con escalamiento y fractura robaron la casa de D. Domingo Madrazo, vecino de dicha villa, de la cual extrajeron 100,000 rs. Otros muchos servicios muy distinguidos prestó la fuerza del Tercio, los que nos vemos en la dura necesidad de omitir. He aquí el resumen de las aprehensiones verificadas en todo el año: delincuentes y ladrones, 823; reos prófugos, 25; desertores, 14; por faltas más ó menos leves, 498; contrabandos, 15. Total, 1,375.

1859. Hasta fin de agosto de este año, en que termina nuestra tarea vemos que se han distinguido los individuos del Puesto de Monasterio, Sargento Francisco Lapi, Cabo José Villarruel y guardias Ruperto Martínez y Vicente Urraco, aprehendiendo y encarcelando á los confinados que se habían fugado de la cárcel de aquel pueblo; los del Puesto de San Vicente de Toranzo. Teniente D. José Manuz, guardias José de la Torre, Antonio Álvarez, Marcelino Posada, Francisco González, Gregorio Macho y Leoncio Rodríguez; estos individuos contribuyeron eficazmente á la extinción de un horroroso incendio ocurrido en los espesos montes de Ontaneda.

He aquí el resumen de aprehensiones verificadas hasta fin de agosto. Delincuentes y ladrones, 496; reos prófugos, 23; desertores, 17; por faltas más ó menos leves, 221. Total, 760.

Como decimos al principio, el Undécimo Tercio es uno de los del Cuerpo que más méritos de guerra y acciones gloriosas cuenta en su historia. Los Jefes que lo han mandado han sido todos, ya por su valor, ya por su pericia militar, dignos de puesto tan distinguido; los Comandantes de provincia, acreedores á ser mandados por tan valerosos Jefes, sabían perfectamente secundarlos; el Sr. D. José Villanueva, hoy segundo Jefe, ha pasado en la provincia de Burgos épocas de prueba, luchando con escasa fuerza contra mil eventualidades; mandó esta provincia corto tiempo D. Sixto Jiménez Vinén, y tenemos en nuestro poder un cuadro sinóptico de la división topográfica de la provincia de Vizcaya que mandó, con la demarcación de puestos y otros interesantes detalles que honra á este Jefe, y dan una idea aventajada de su ilustración; hoy manda esta provincia el Sr. D. Joaquín Hita, y aunque no lucha con facciones, tiene la inmensa responsabilidad de vigilar con escasísima fuerza las cuatro carreteras que cruzan la provincia. El Comandante de la de Logroño, D. Eusebio Jiménez, acreditado en el mando de otras provincias de mayor importancia, es digno del puesto que ocupa hoy. El de la de Soria, D. Benito Santillán, de una especial disposición para el servicio del Cuerpo, ha sabido distinguirse por su actividad y exquisito tacto en el mando de su provincia. El de la de Santander, D. Gregorio Galindo, acreditado en el mando de las de Lugo y Teruel, supo en todas acreditar su celo, disposición y lealtad en circunstancias muy difíciles; hoy manda el Escuadrón de este Tercio don Rafael de Cárdenas, cuyo valor acreditado no ha menester de nuestros encomios, ni necesitaría probarlo si se presentase ocasión para ello.

Terminamos el rápido bosquejo del brillante Undécimo Tercio de la Guardia Civil, con el resumen general de aprehensiones efectuadas por las cuatro provincias desde su creación hasta fin de agosto de 1859.

Provincias.

Delincuentes
y Ladrones.

Prófugos.

Desertores.

Faltas.

TOTAL.

Logroño.
Burgos.
Santander.
Soria.

1,923
1,723
2,248
  984

135
 53
 65
 23

 90
135
109
 39

 4,704
 3,358
 2,232
 2,014

 6,852
 5,269
 4,654
 3,060

Totales.

6,878

276

373

12,308

19,835

Han aprehendido además 149 contrabandos.

SERVICIOS PRESTADOS POR EL DUODÉCIMO TERCIO DE LA
GUARDIA CIVIL.

El Duodécimo Tercio de la Guardia Civil presta su servicio en las tres provincias Vascongadas: Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Es el Tercio que tiene menos fuerza numérica, pues dichas provincias que en la edad media, como hemos visto en la primera época ó parte de esta obra, eran de las más desmoralizadas de España, hoy gracias á las famosas Hermandades establecidas en ellas en tiempo de D. Enrique IV, sus habitantes han contraído esas costumbres morigeradas y esos hábitos de orden y obediencia hermanados con los nobles sentimientos que animan siempre á los pueblos regidos por instituciones libres, que son la admiración de nacionales y extranjeros. En la estadística criminal de España las provincias Vascongadas son las que menor número de criminales someten á la acción de los Tribunales, razón, por la cual, el Duodécimo Tercio no necesita ser tan numeroso como los de otros distritos de la nación. No obstante las costumbres pacíficas é industriosas de los habitantes de las tres provincias Vascongadas, á la Guardia Civil no le han faltado ocasiones de prestar en ellas eminentes servicios, ora capturando criminales que en todas partes siempre los hay, ora destruyendo al nacer facciones que pretendían enarbolar la bandera carlista y convertir de nuevo aquel delicioso vergel en campo sangriento de lucha fratricida renovando todos los horrores de la pasada guerra civil.

El Duodécimo Tercio comenzó á organizarse en Leganés el año de 1844, sirviéndole de base un Sargento segundo y cinco guardias procedentes del Noveno Tercio, y de los contingentes del Ejército. Fué nombrado primer Jefe del mismo el Coronel graduado, Teniente Coronel de Infantería D. Luis María Serrano, Jefe muy acreditado en el Ejército, muy conocedor de aquellas provincias y emparentado en ellas, y al que hemos hecho justicia en páginas anteriores. Este Jefe, con el reducido número de guardias indicado, se trasladó en noviembre á la ciudad de Vitoria, y dio principio á la organización de la Primera Compañía, siendo admitidos en ella voluntarios licenciados del Ejército, miñones y paisanos que reunían las condiciones que exige el Reglamento. En la casa-cuartel, llamada de Otauz, se instruyó la primera fuerza, y se dio principio á la organización de la sección de Caballería con un Sargento segundo dos guardias de primera clase y ocho de segunda. En fin del año de 1844 se componía el Tercio de un Jefe, 29 individuos, de tropa y cuatro caballos.

1845. En todo el curso de este año se establecieron en las tres provincias 19 puestos de la Guardia Civil, y la fuerza del Tercio se elevó al número siguiente: un primer Jefe, un Ayudante, dos primeros Capitanes, dos segundos, cuatro Tenientes de infantería, uno de caballería, un Subteniente y un Alférez, 167 individuos de tropa de infantería, 26 de caballería con 24 caballos.

El 28 de enero comenzó la fuerza del Tercio á prestar su servicio, y hallamos los siguientes hechos dignos de mencionarse. El 22 de febrero, el Cabo primero Felipe Aguirre, comandante del Puesto de Tolosa, con los guardias á sus órdenes, capturó á un ladrón, que en la feria de Olavarría había robado más de 2,000 rs., al Administrador de Rentas. El 24 de dicho mes, el mismo Cabo con un guardia, capturó á un ladrón, ocupándole 1,400 rs., que acababa de robar. En el mes de agosto, el Cabo primero Gregorio Insausti, descubrió una conspiración carlista, poniendo á disposición de la autoridad á un Capitán que la dirigió; y el 7 de Septiembre fueron capturados tres ladrones por el Guardia primero Bernardino Casido y fuerza á sus órdenes. El número total de aprehensiones hechas por la Guardia Civil del Duodécimo Tercio, en el primer año de sus servicios, es muy notable, en atención á las circunstancias de las tres provincias hermanas y á la escasa fuerza de que se componía, como puede verse por el siguiente resumen: delincuentes y ladrones, 70; reos prófugos, 20; desertores, 17; por faltas más ó menos leves, 219; contrabandos, 17. Total, 343.

1846. En este año se fué aumentando la fuerza del Tercio, fin de que se organizaran las compañías de que debía constar; y llegó á tener dos Jefes y un Ayudante en la Plana mayor, y en las compañías y en la sección de caballería un primer Capitán, tres segundos, cinco Tenientes, un Alférez y tres Subtenientes, 272 individuos de tropa de infantería y 35 de caballería con 30 caballos.

Son dignos de especial mención por las capturas de ladrones que hicieron en este año, el Cabo Segundo Elías Martín y el Guardia primero Pedro González. El número total de aprehensiones es el siguiente: delincuentes y ladrones, 93; reos prófugos, 11; desertores, 23; por faltas más ó menos leves, 324; contrabandos, 20. Total, 471.

Contribuyó también la fuerza del Tercio á sofocar varios incendios y á dar auxilio á algunos carruajes que en los caminos volcaron ó se metieron en atolladeros.

1847. Por Real orden de 1.º de noviembre se reorganizó la fuerza del Tercio en tres compañías de infantería y una sección de caballería, la primera con 312 hombres, y la segunda con 36 hombres y 35 caballos, dos Jefes y 14 Oficiales. Se aumentó el número de Puestos en las tres provincias.

Se distinguieron en el servicio especial del instituto el Sargento segundo Felipe Aguirre, que entre las varias aprehensiones de ladrones que hizo en el año que nos ocupa, se cuenta la captura y muerte del terrible forajido y ladrón Felipe Gil (a) Judas, y la destrucción de toda su cuadrilla; en este hecho se distinguieron á las órdenes del citado Sargento los guardias de Caballería Miguel Ruiz y Balbino Pérez. El Cabo primero Félix Carlos y el segundo Víctor Blasco hicieron también varias aprehensiones notables. Los guardias del Duodécimo Tercio prestaron también muchos servicios humanitarios, apagando incendios y dando auxilio en los caminos á carruajes y arrieros. El número total de las aprehensiones verificadas es el siguiente:

Delincuentes y ladrones, 84; reos prófugos, 2; desertores, 18; por faltas más ó menos leves, 319; contrabandos, 16. Total, 439.

1848. En este año la fuerza del Tercio prestó servicios muy notables así de campaña como especiales del instituto. Por orden superior del Gobierno, la Primera Compañía desde Vizcaya y la Tercera desde Álava, emprendieron la marcha para la Corte para formar parte de la guarnición, los días 14 y 15 de mayo; el 16 se reunieron en Miranda y el 22 por la mañana entraron reunidas en Madrid, donde permanecieron hasta el día 4 de julio. Con motivo de la revolución que se desencadenó en todas las naciones de Europa, los emigrados carlistas y los partidarios más acérrimos de dicho partido en la Península, trataron de lanzarse á probar de nuevo fortuna con las armas en la mano. Ya hemos visto, al hacer la reseña histórica de otros Tercios, lo que en el mismo año intentaron varios cabecillas carlistas en otras provincias. En las Vascongadas debía ponerse al frente del movimiento el General carlista emigrado Alzaa. La Segunda Compañía que se hallaba también en marcha para Madrid, retrocedió desde Miranda de Ebro para oponerse á la entrada de las facciones en España y al reclutamiento de las que se proyectaban. El día 28 de junio, se presentó una partida carlista al mando del titulado General Alzaa, en la Ermita de los Mártires; el Cabo primero Andrés Ramos con la fuerza del Puesto de Azcoitia, la persiguió y dispersó, apoderándose del cabecilla Alzaa que fué fusilado en Zadivia el día 2 de julio. La Segunda Compañía emprendió el servicio de campaña, y las partidas facciosas dispersas y batidas por columnas de Guardia Civil y tropas del Ejército se vieron obligadas á internarse en Francia.

El día 11 de julio, llegaron á Vitoria las Compañías Primera y Tercera, y se distribuyeron á sus puestos. La tercera sección de la Tercera Compañía situada en Añana al mando del Subteniente D. Miguel Becerra y la mitad de la sección de caballería situada en Amurrio, al mando del Teniente D. Miguel Góngora, persiguieron la partida carlista de Iturribarría, que se había levantado en el valle de Oquendo. Extinguidas las facciones, la fuerza del Tercio volvió á sus puestos y á ocuparse del servicio especial de su instituto desde el día 22 de julio.

Por los méritos que contrajo la Segunda Compañía en su servicio de campaña le fueron concedidas para la clase de tropa tres cruces pensionadas de M.I.L., y once sencillas, habiendo sido agraciado con una de las primeras el Cabo primero Andrés Ramos. A las Compañías Primera y Tercera por el servicio que prestaron en Madrid, les fueron concedidas doce cruces pensionadas y 24 sencillas de la misma clase.

El Cabo primero Vicente Usón, Comandante del Puesto de Deva, se distinguió mucho en el servicio especial del instituto.

El número de las aprehensiones verificadas en este año por la fuerza del Tercio es el siguiente: delincuentes y ladrones, 39; reos prófugos, 1; desertores, 15; por faltas más ó menos leves, 186; contrabandos, 8. Total, 249.

También prestó muchos servicios humanitarios como en los años anteriores.

1849. En el mes de enero de este año, las facciones carlistas invadieron de nuevo las provincias Vascongadas y Navarra, por lo que se dispuso que la fuerza del Tercio se reconcentrase en Vitoria, Bilbao y Tolosa, y que distribuida en varias columnas emprendiesen las operaciones de campaña. El Coronel Primer Jefe, D. Luis María Serrano, fué encargado del mando de la columna destinada á operar en los montes de Encía, Urbaza y en las Amezcoas sobre Navarra; dicha columna se componía de dos secciones de la Tercera Compañía de Infantería del Tercio, la Sección de Caballería del mismo, dos Compañías del Regimiento de Gerona y algunos miñones de Álava. La otra sección de la Tercera Compañía al mando del Teniente, en la actualidad Comandante, D. Antonio María Armijo, formó parte de la columna mandada por el Comandante del Regimiento Caballería del Príncipe D. Rufo Rueda, destinado á operar por Salvatierra, la Bordada y confines de Navarra. La Primera Compañía del Tercio al mando del primer Comandante, segundo Jefe del mismo D. Toribio de Ansotegui, fué destinado á operar en Vizcaya. La Segunda Compañía al mando de su primer Capitán D. Vicente Azcárraga, en la de Guipúzcoa y confines de Navarra. El día 29 de dicho mes de enero, la columna del primer Jefe D. Luis María Serrano, logró dar alcance á las facciones de los cabecillas Iturmendi y Cura de Alló, las batió y derrotó completamente, dejando el país pacífico y en completa tranquilidad.

En el mes de febrero volvió la fuerza á sus puestos; excepto 22 caballos de la sección de caballería que al mando del Teniente D. Miguel Góngora, en virtud de Real orden pasaron á la provincia de Burgos á tomar parte en las operaciones contra las partidas facciosas en esta provincia, donde permanecieron hasta el 25 de junio.

En este año el Excmo. Sr. Mariscal de campo D. Salvador de la Fuente Pita, por orden del Gobierno, pasó al Tercio una escrupulosa revista de inspección, y en sus comunicaciones al Ministerio de la Guerra manifestó el brillante estado en que lo encontraba bajo todos conceptos y el aprecio que la Guardia Civil había sabido granjearse de todos los habitantes del país.

En el servicio especial del instituto se distinguieron los guardias de segunda clase Pio Manzano y Valentín Fuertes, que capturaron el día 26 de diciembre á los cuatro ladrones que en la noche del 18 robaron el caserío de D. Santiago Echevarría, en el valle de Aramayona, maltratando á dicho sujeto horriblemente, desnudándolo y poniéndolo sobre el fuego para que declarase donde tenía el dinero. El número de aprehensiones en este año fué el siguiente: delincuentes y ladrones, 107; reos prófugos, 5, desertores, 12; por faltas más ó menos leves; 236, contrabandos, 28. Total, 388.

1850. Ocupada la fuerza del Tercio en el servicio especial del instituto, son dignos de mencionarse los prestados por el Sargento Segundo Emilio Melgares y guardia Pedro Vigutti, el Cabo primero Sebastián Aristegui, y guardia primero Martín Iroz, y el Sargento segundo Andrés Ramos. El número de aprehensiones es el siguiente: delincuentes y ladrones, 110; desertores, 11; por faltas más ó menos leves, 271; contrabandos, 12. Total, 404.

1851. Entre los servicios más notables prestados en este año por la fuerza del Tercio, vemos la captura de cinco ladrones, hecha por el Sargento segundo Gregorio Insausti, y guardias Francisco Olano y José Fernández; y los auxilios dados á la infeliz María Morcosa por los guardias Carlos Cornejo y Cenón Vivanco, sin los cuales hubiera perecido. El resumen de las aprehensiones es el siguiente: delincuentes y ladrones, 198; reos prófugos, 6; desertores, 10; por faltas más ó menos leves, 468; contrabandos, 9. Total, 691.

Además contribuyó á apagar nueve incendios, y dio auxilio á cinco carruajes volcados y atascados.

1852. Entre los servicios más notables son dignos de mencionarse en este año, el auxilio dado por el Guardia segundo Alejandro Montoyo á dos señoras que se estaban bañando en las playas de Portugalete y que arrastradas por la resaca estaban en peligro de perecer. El pundonoroso guardia rehusó cortésmente una onza de oro con que querían gratificarle las agradecidas señoras. El Guardia primero Bernardino Cacidedo, con los guardias Cenón Vivanco y Carlos Cornejo, capturaron á tres ladrones el día 3 de noviembre. El 11 del mismo mes, el Cabo primero José Castañeda y el Guardia Marcos Ugarte, prestaron eficaces auxilios para sacar de entre los escombros de un incendio la cantidad de 6,259 rs., en metálico que había quedado enterrada. El día 12 del mismo mes, el Cabo primero de Caballería Evaristo Otazu, y los guardias Víctor Abad y Joaquín Merino, del Puesto de Vitoria, aprehendieron á cuatro ladrones; y por último, en los días 17 y 23 del mismo mes, se distinguieron en la extinción de dos horrorosos incendios en Azpeitia y Escoriaza, el Guardia Primero Valentín López y el segundo Rafael García. El número de aprehensiones es el que se demuestra por el siguiente resumen: delincuentes y ladrones, 183; reos prófugos, 6; desertores, 1; por faltas más ó menos leves, 690; contrabandos, 10. Total, 899.

Además contribuyó la fuerza del Tercio á extinguir 19 incendios.

1853. Por el aumento que tuvo en este año la fuerza del Tercio, las tres compañías de infantería llegaron á tener 369 individuos de tropa, y la sección de caballería 36 hombres y 34 caballos. Entre los servicios más notables encontrarnos los siguientes dignos de mencionarse. La captura hecha por el Cabo segundo Roman Vergara, y guardias segundos Fermín Urbina y Valentín Fuertes, de un criminal, licenciado de presidio, que trató de pegar fuego á la cama de su padre. La captura de seis ladrones por el Cabo primero Pedro González y demás individuos del Puesto de Orozco, la de otro criminal que hirió mortalmente á un hermano suyo, por el mismo Cabo y guardias Donato Artola, Casimiro Nistal y Rufino Vélez; y la de un ladrón y un asesino.

El resumen de las aprehensiones es el siguiente: delincuentes y ladrones, 136; reos prófugos, 2; desertores, 3; por faltas más ó menos leves, 189; contrabandos, 13. Total, 343.

Además contribuyó la fuerza del Tercio á sofocar siete incendios, y dio auxilio á 12 carruajes.

1854. A consecuencia de los acontecimientos políticos que tuvieron lugar en este año, la fuerza del Tercio se reconcentró en varios puntos para mantener el orden. Por efecto de la reducción decretada en el mes de noviembre, quedó en 325 hombres de infantería y 20 de caballería con 19 caballos.

No obstante, el tiempo que estuvo reconcentrada la fuerza y la reducción que sufrió en el servicio especial del instituto, dio casi los mismos resultados que en los años anteriores, como se demuestra por el siguiente resumen: delincuentes y ladrones, 164; reos prófugos, 2; desertores, 8; por faltas más ó menos leves, 159; contrabandos, 16. Total, 342.

1855. Las facciones carlistas volvieron en este año á perturbar la tranquilidad de las provincias Vascongadas. El Guardia Segundo Saturnino Pradera, estando de servicio con el de la misma clase Francisco González, fué asesinado traidoramente el día 29 de abril á las inmediaciones del pueblo de Larcho por la partida facciosa acaudillada por Menoyo. La aparición de esta partida y la ausencia oculta y sospechosa en la villa de Amurrio del antiguo cabecilla Villalain, dio lugar á que se formara una columna al mando del Coronel, primer Jefe D. Toribio de Ansotegui, en la que iba toda la fuerza del Tercio de la provincia de Vizcaya y la sección de caballería, con el bizarro primer Capitán D. Antonio María Armijo, y el Teniente, Comandante de la expresada sección de caballería D. Pedro Carniago y alguna fuerza del Ejército, con lo que se consiguió el pronto exterminio de la fracción. Preso el faccioso Menoyo, autor de la muerte del Guardia Pradera, fué condenado á cadena perpetua.

Entre los servicios especiales del instituto encontramos algunos muy notables en los cuales se distinguieron el Guardia Miguel Oqueta, el Cabo Segundo Juan Luna, los guardias Juan Arbosa, Miguel Gómez, Miguel Palenzuela, el Cabo segundo Benito Ayala, el Cabo primero de Caballería Francisco Delage y los guardias de la misma arma Ignacio González, José Sáez y José Fernández.

El número de las aprehensiones verificadas es el siguiente: delincuentes y ladrones, 134; desertores, 7; por faltas más ó menos leves, 86; contrabandos, 19. Total, 246.

1856. En este año, á consecuencia de los acontecimientos políticos se reconcentró la fuerza en sus respectivas capitales, y la Tercera Compañía con el Primer Jefe D. Toribio Ansotegui, formó parte de la columna de operaciones que á las órdenes del Excmo. Sr. General, segundo Cabo del distrito marchó á pacificar á Logroño y desarmar su Milicia Nacional.

El Comandante, segundo Capitán, D. Lorenzo Vicente Paz, Jefe hoy de la provincia de Oviedo, cuya justa rigidez militar y equitativo mando, reunidos á una distinguida educación, acreditado celo é ilustración, le hacen uno de los primeros Oficiales del cuerpo, prestó en esta provincia interesantes y distinguidos servicios, persiguiendo á la cabeza de su compañía las pequeñas partidas que se levantaran, hasta lograr su completo exterminio.

Entre los servicios especiales del instituto encontramos algunos humanitarios muy notables, en los que se distinguieron los guardias Julián Gómez y Emeterio Tuesta, y el Sargento segundo Salvador Dunes. El número de las aprehensiones es el que se manifiesta en el siguiente resumen: delincuentes y ladrones, 98; desertores, 4; por faltas más ó menos leves, 71; contrabandos, 19. Total, 192. La misma fuerza cooperó á extinguir tres incendios.

1857. En este año fué nombrado primer Jefe del Tercio el Coronel D. Manuel Gómez Rubín de Celis, de quien ya hemos tenido ocasión de hablar en la historia de otros Tercios.

La fuerza del Tercio estuvo ocupada en este año exclusivamente en el servicio especial del instituto, prestándolos muy notables. El resumen de todos es el siguiente: delincuentes y ladrones, 129; reos prófugos, 17; desertores, 14; por faltas más ó menos leves, 67; contrabandos, 17. Total, 244.

1858. En este año como en los anteriores la fuerza del Tercio estuvo dedicada constantemente al servicio especial del instituto, en los cuales encontramos algunos muy distinguidos, así humanitarios como de capturas de ladrones y malhechores. El número á que ascienden las aprehensiones es el siguiente: delincuentes y ladrones, 115; reos prófugos, 7; desertores, 6; por faltas más ó menos leves, 91; contrabandos, 13. Total, 232.

1850. El servicio más notable que en los ocho primeros meses del año se encuentra en las páginas de la historia del Tercio, es el eficaz auxilio prestado por el Sr. D. Antonio Vicente Paz, digno Comandante de la provincia de Guipúzcoa, con los individuos del Puesto de la capital, á los náufragos de una goleta que se perdió en las costas de San Sebastián, contribuyendo al salvamento de seis marineros que la tripulaban. He aquí el resumen de las aprehensiones efectuadas hasta fin de agosto: delincuentes y ladrones, 94; reos prófugos, 1; desertores, 6; por faltas más ó menos leves, 64. Total, 165.

Terminamos el breve bosquejo del Duodécimo Tercio con el resumen general por provincias de las aprehensiones efectuadas por la fuerza de ambas armas desde su creación hasta fin de agosto de 1859.

Provincias.

Delincuentes
y Ladrones.

Prófugos.

Desertores.

Faltas.

TOTAL.

Vizcaya.
Guipúzcoa.
Álava.

 515
 451
 730

18
12
27

 28
 59
 46

   817
 1,139
 1,288

1,378
1,661
2,091

Totales.

1,696

57

133

3,244

5,130

Ha aprehendido 217 contrabandos en el curso del servicio.

SERVICIOS PRESTADOS POR EL DÉCIMOTERCERO TERCIO
DE LA GUARDIA CIVIL.

El Décimotercero Tercio presta sus servicios en las islas Baleares, que forman uno de los distritos militares de España, y en lo civil componen una provincia. Los habitantes de aquellas preciosas islas dotadas de un clima benigno, especialmente la de Mallorca de un suelo pintoresco y montuoso, y de un terreno feraz, son morigerados, industriosos, trabajadores y poco propensos al crimen.

1846 á 1850. A la creación del Cuerpo no se pensó en dotar de Guardia Civil á estas islas, sin duda porque era más urgente ir atendiendo con preferencia á las necesidades de la Península, á medida que la fuerza permitía cubrirlas. En 1846 se dio nueva organización á la Guardia Civil, extendiendo su acción á varias provincias del reino que carecían de ella, y entonces ya la fuerza de dotación permitió que alcanzase también á las Baleares, previniéndose por Real orden de 10 de julio de aquel año que se facilitase la organización de alguna Brigadaó Secciónpara prestar el servicio en ellas. Por otra Real orden de 4 de agosto del mismo año de 1846, se dispuso que se destinase á prestar el servicio en las Baleares una compañía de dos secciones con la fuerza de un segundo Capitán, un Teniente, un Subteniente, dos sargentos segundos, tres cabos primeros, cuatro segundos, un corneta, quince guardias de primera clase y 45 de segunda. Total, 3 Oficiales y 70 individuos de tropa; que desde luego é interin no se organizaba la compañía se mandase á dichas islas una sección compuesta de un Teniente, un Sargento segundo, dos cabos primeros, dos segundos, un corneta, 7 guardias de primera clase y 23 de segunda. Por Real orden de 1.° de noviembre de 1847, se le consignó el número 13 en el orden de Tercios á la compañía destinada á las islas Baleares, figurando desde esta fecha como uno de los Tercios del Cuerpo. La fuerza apenas excedió de 70 hombres en los años de que nos vamos ocupando. Los servicios de la Guardia Civil en las islas Baleares, han sido numerosísimos, en términos de que la fuerza del cuerpo desde el momento que empezó á prestarlos, se captó las simpatías de los habitantes de aquel país, cuyos caminos apenas poblados y no muy frecuentados, carecían de esa completa seguridad, que la presencia de los guardias les proporcionó. Aunque imposibilitados de narrarlos, no prescindiremos de insertar el resumen numérico de las aprehensiones verificadas en los años citados. Delincuentes y ladrones, 524; reos prófugos, 22; desertores, 48; por faltas más ó menos leves, 2,026. Total, 2,620.

1851. La fuerza en este año continuó con cortísima diferencia siendo la misma; los servicios se aumentaban á medida que la acción benéfica de la Guardia Civil se extendía por el interior de las Islas; insertaremos alguno que permita formar idea de los infinitos prestados en este año. Habiendo llegado al puerto de Palma un vapor francés y reclamado de la autoridad unos criminales que se habían fugado del vecino Imperio con alhajas y otros efectos robados, fué comisionado para su descubrimiento y captura el Capitán, Comandante de la Compañía D. Sixto Giménez, y á los cuatro días de incesante trabajo ya tenía en su poder la mayor parte de las alhajas que puso á disposición de la autoridad; otros muchos servicios pudiéramos insertar si tuviésemos espacio, pero careciendo de él remitimos á nuestros lectores al siguiente resumen: delincuentes y ladrones , 84; reos prófugos, 4; desertores, 8; por faltas más ó menos leves, 195. Total, 291.

1852. La fuerza en este año era la misma que en el anterior con leve diferencia. Los servicios siempre en aumento, y si bien es verdad que para prestarlos no se luchaba con partidas de bandoleros, no lo es menos que en aquel mal poblado país se albergaban criminales que la Guardia Civil iba entregando á la acción de los tribunales. Si pudiéramos extendernos probaríamos nuestra aserción insertando todos los servicios; pero imposibilitados de hacerlo lo haremos de alguno. El 21 de junio, los guardias Jaime Baus y Bernardo Antonio Riera aprehendieron á dos criminales que maltrataron é intentaron robar á un vecino de Algaida. El 31 de agosto, los guardias Juan Sancho y Arnaldo Pons, del Puesto de Yorza, contribuyeron á extinguir un incendio, salvando cuantiosos intereses de las llamas. He aquí el resumen de aprehensiones. Delincuentes y ladrones, 79; reos prófugos, 14; desertores, 21; por faltas más ó menos leves, 290. Total, 404.

1853. Como toda la del Cuerpo, se aumentó también en este año la fuerza de este Tercio, quedando compuesto de un primer Capitán, un segundo, tres Tenientes, un Subteniente, un Sargento primero, tres segundos, un corneta, ocho cabos primeros, nueve segundos, 17 guardias de primera clase y 112 de segunda; total, un Jefe, cinco Oficiales y 151 hombres de infantería; ésta ha sido la mayor fuerza que contó el Tercio desde que se creó. El mando de él se dio al Comandante D. Pedro García Pernuy, Jefe de valor acreditado en la última guerra civil dinástica, de mucha disposición, acreditado en el mando de la importante provincia de Palencia, que desempeñó con honra y satisfacción de sus Jefes. Sin poder narrar servicios, insertaremos el resumen de aprehensiones que van en aumento, como observarán nuestros lectores. Delincuentes y ladrones, 90; reos prófugos, 3; desertores, 8; por faltas más ó menos leves, 412. Total, 513.

1854. En el presente año apenas hubo variación en la fuerza, dedicada al servicio especial del instituto, ni aun la conmoción política que sobrevino en julio pudo interrumpir de un modo trascendental la secular paz que se disfruta en aquellas islas. Contribuyó también mucho á ello el hallarse al frente de ellas, durante los acontecimientos, el dignísimo y respetable General Infante; enemigo acérrimo de represalias, sólo para dulcificar con su exquisito tacto los efectos de un cambio político radical, pudo la Providencia llevarlo allí desterrado, convirtiéndolo, en días difíciles, en una autoridad que sirviese de esperanza á unos, y de consuelo á todos. Aunque no tan numerosos como en años anteriores, fueron, sin embargo, muchos los servicios prestados en el actual por el Décimotercer Tercio, como demuestra el siguiente resumen: delincuentes y ladrones, 233; reos prófugos, 4; desertores, 20; por faltas más ó menos leves, 78. Total, 335.

1855. Por consecuencia de la disminución experimentada en la fuerza del Cuerpo, quedó la de las Baleares en 120 hombres en el presente año. Numerosos han sido sus servicios; y entre los más distinguidos encontramos los siguientes. El 19 de febrero fué asaltada y robada una casa de campo por dos desertores de presidio, y á los dos días de incesante persecución logró capturarlos, y rescatar parte de las alhajas robadas, el Cabo primero Juan Fernández, acompañado del Guardia Bartolomé Martínez. Los guardias Juan Vallespir, Daniel Mercadel, Antonio Rivas, Cabos Manuel Clavo y Juan Fernández, se distinguieron en la aprehensión de criminales. Los guardias Arnaldo Pons y Blas Más, aprehendieron á un criminal á poco de haber efectuado un robo de 1,676 rs., que rescataron y entregaron á su dueño. No pudiendo insertar más servicios, lo haremos del resumen de aprehensiones que fueron las siguientes: delincuentes y ladrones, 85; desertores, 5; por faltas más ó menos leves, 63. Total, 153.

1856. La fuerza no sufrió variación en el año que vamos recorriendo. Una de las cualidades que distinguen al Décimotercer Tercio, es la importante de que cuantos individuos la componen son voluntarios reenganchados y perpetuados; circunstancia que favorece en alto grado la moralidad que se advierte sin excepción en todos sus individuos. Los servicios en este año en nada desmerecen de los del anterior; el celo de los individuos para desempeñarlo es constante, y en la dura necesidad de no poder insertar los prestados, renunciamos de buen grado á hacerlo de alguno por no incurrir en la nota de parciales. El siguiente resumen de aprehensiones arroja el número de las efectuadas en el año que nos ocupa. Delincuentes y ladrones, 96; reos pr6fugos, 1; desertores, 20; por faltas más ó menos leves, 188. Total 305.

1857. Aunque en este año recibió algún aumento la fuerza del Cuerpo, la de este Tercio, se consideró sin duda suficiente y continuó siendo la misma que en años anteriores. En el de que nos ocupamos, han sido muchos los servicios prestados por los individuos, y como una prueba del desprendimiento con que se conducen los individuos de este Tercio, insertamos sin comentarlos el hecho siguiente: El Subteniente D. Juan García Moreno y los guardias Miguel Martorell y Melchor Castillo, tenían derecho á la cantidad de 666 rs., que como producto de multas impuestas por el Sr. Gobernador civil de aquellas islas les correspondían, y aunque la ley les autorizaba para tomarlos, tuvieron la abnegación de recibirlos de la autoridad con una mano entregarlos con otra á la casa de misericordia de Palma. Este hecho no era el primero de su clase entre aquellos virtuosos guardias; ya en otra ocasión el Capitán de un buque de guerra de los Estados Unidos, altamente agradecido por los auxilios recibidos de la fuerza del Cuerpo, quiso recompensarlos con una gruesa suma, que cortésmente no le fué admitida, y habiendo manifestado que si no la tomaban tendría que arrojarla al mar porque las leyes de su nación le obligaban á darla, fué tomada y entregada intacta en los establecimientos de Beneficencia; éste es el proceder de la Guardia Civil en general. He aquí ahora el resumen de las aprehensiones verificadas en este año. Delincuentes y ladrones, 102; reos prófugos, 2; desertores, 16; por faltas más ó menos leves, 213. Total 333.

1858 y 59. La fuerza del Tercio apenas sufrió variación en estos años. Los servicios siempre gratos á los ojos del país, atraen sobre los individuos del Tercio marcadas simpatías de las autoridades y habitantes del mismo; en los ocho meses del último año que vanos recorriendo vemos que el Subteniente D. Juan García Moreno con los guardias Antonio Más, Melchor Castilla, Francisco Miralles, José García y Antonio Cánovas, se han distinguido descubriendo y capturando á Lucas Luñez autor de un robo considerable de alhajas y otros efectos, por cuyo servicio han merecido las gracias de su General Director. El Sr. D. Pedro García Pernuy, digno Jefe de este brillante Tercio, puede con orgullo mirar su obra, y jactarse de la moralidad que supo inculcar en el ánimo de sus subordinados, donde todo es virtud; reciba como un premio á sus numerosos méritos de guerra, la satisfacción á que le hacen acreedor sus desvelos en el mando que desempeña. He aquí ahora el resumen de servicios prestados en 1858 y hasta fin de agosto de 1859. Delincuentes y ladrones, 127; reos prófugos, 12; desertores, 17; por faltas más ó menos leves, 486. Total 642.

Terminaremos la reseña histórica de este Tercio con el resumen general de aprehensiones desde su creación hasta fin de agosto de 1859.

Delincuentes
y Ladrones.

Prófugos.

Desertores.

Faltas.

TOTAL.

1,420

62

163

3,951

5,596

Ha aprehendido además 20 contrabandos en el curso de su servicio.

En el curso de la historia de los Tercios hemos visto que el Cuerpo de la Guardia Civil, cuenta en sus filas un personal tan selecto que difícilmente podrán, no aventajarle, sino igualarle el de las Gendarmerías de las naciones más adelantadas. Algunos de los Sres. Oficiales de la Guardia Civil, no contentos con cumplir con la mayor eficacia y celo cuanto el Reglamento les ordena, aprovechando los escasos momentos de ocio que la ruda tarea del servicio les dejara libres, han escrito memorias, y hecho trabajos muy apreciables en utilidad del Cuerpo á que pertenecen, y de los cuales vamos á dar una reseña, aunque concisa y no con toda la extensión que se merecen.

El Comandante D. Juan Moreno y Tamayo, escribió en 1845, siendo Teniente del Primer Tercio, una memoria muy notable sobre organización y servicio del Cuerpo. El Coronel, en la actualidad retirado, D. Félix Fernández Soto, hizo en 1846 un itinerario de la provincia de Guadalajara, con la división de los partidos y la distancia de cada pueblo á la capital. El mismo Sr. Moreno y Tamayo, antes citado, en 1847, escribió y presentó al Excmo. Sr. Inspector General un opúsculo sobre organización del Cuerpo. El Comandante D. Mariano Supervia, siendo Teniente, presentó al Excmo. Sr. Inspector General una memoria extensa y razonada sobre el servicio de la Guardia Civil en las tres provincias de Aragón, acompañándola para su mayor inteligencia e ilustración de una carta topográfica del mismo país. El inteligente Comandante, hoy Jefe de la Guardia Civil Veterana D. Marceliano José Álvarez, ha hecho una minuciosa descripción y carta topográfica de la provincia de Castellón, con la división de los partidos judiciales y puestos de Guardia Civil establecidos en ella. El Comandante D. Eusebio Jiménez Guendulain, una descripción y un plano topográfico de la provincia de Guadalajara. El Comandante D. Sixto Jiménez Vinent, un cuadro de la división topográfica de la provincia de Vizcaya que comprende todos los Puestos, las distancias de unos á otros y los pueblos de la demarcación. El Brigadier D. León Palacios ha escrito una memoria sobre el servicio del Cuerpo en las poblaciones, y la incorporación al mismo de las fuerzas heterogéneas que prestan el servicio de seguridad pública en algunas provincias. El inteligente y modesto Capitán, D. Cayetano González Chamorro, presentó al Excmo. Sr. Inspector General una razón da memoria sobre turnos de elección, que dio lugar á una circular sobre la misma materia. El Comandante D. Antonio González y González ha presentado dos cartas geográficas, hechas á la pluma, una de la provincia de Huelva y otra de la de la Coruña que fueron examinadas y aprobadas por un tribunal de catedráticos de la capital de la segunda; no sabiendo qué admirar más en ellas, si lo delicado de la ejecución, ó la exactitud geográfica. Los Sres. Generales Inspectores del Cuerpo á quienes fueron presentadas, las aceptaron, dispensando á su autor tan señalada honra.

El Comandante D. Mateo Vérgez, cuya modestia exagerada, creemos que impide juzgarlo cual se merece, escribió una extensa memoria sobre el servicio del Cuerpo, que mereció los honores de publicarse en el periódico dedicado al mismo. El Sr. Vérgez posee conocimientos que sentimos oculte con su modesto retraimiento.


CUADRO GENERAL de las aprehensiones hechas por los tercios de la Guardia Civil desde su creación hasta fin de agosto de 1.859.

Tercios.

Delincuentes
y ladrones.

Reos
prófugos.

Desertores.

Faltas leves.

TOTAL GENERAL.

 1.º
 2.º
 3.º
 4.º
 5.º
 6.º
 7.º
 8.º
 9.º
10.º
11.º
12.º
13.º

 9,778
 6,603
21,164
13,734
16,648
 7,996
18,122
18,790
 5,701
 1,872
 6,878
 1,699
 1,420

   800
 1,946
 2,158
 1,190
 1,719
   272
 4,369
   824
   210
   153
   276
    57
    62

  592
  483
1,681
1,393
1,397
  548
1,734
  955
  296
  239
  373
  133
  163

  22,625
   1,020
  34,490
  22,110
  10,934
  24,638
  29,241
  35,045
   5,350
   3,069
  12,308
   3,244
   3,951

 33,795
 10,052
 59,493
 38,427
 30,698
 33,454
 53,466
 55,618
 11,557
  5,333
 19,835
  5,130
  5,596

Totales.

130,402

14,036

9,991

208,025

362,454

NOTA. Además de los anteriores guarismos ha aprehendido en el curso ordinario del servicio 2,407 contrabandos. Ha prestado auxilios hasta fin de 1858: á carruajes públicos, 1,346; á incendios, 2,190.


Crecida es la cifra total de aprehensiones verificadas por la Guardia Civil desde su creación, y cualquiera á primera vista pudiera formar una idea poco favorable de la situación moral de España; pero si se examina bien ese guarismo y se le compara con los que arroja la estadística criminal de las naciones más civilizadas, debemos congratularnos. Queda manifestada la situación en que se encontraba España á la creación de la Guardia Civil; esta institución ha sido la que ha dado mejores resultados en la persecución de malhechores. Cuenta catorce años de existencia. Ahora bien, si de las 362,454 personas aprehendidas en el curso de estos catorce años se descuentan 208,025 por faltas leves, sólo nos quedan 134,429 verdaderos criminales, capturados en tan largo periodo de tiempo, y después de la larga serie de años de guerras y de desastres que lo han precedido.

Inglaterra, según los datos que nos suministra la Revista Británica, en su número 11, correspondiente al mes de noviembre de 1858, en el año anterior de 1857 tenía una policía asalariada compuesta de 19,187 hombres, que cuestan al Estado la enorme suma de 1.265,579 libras esterlinas o sean próximamente 126.000,000 de reales anuales. Esta policía sólo en el año de 1857 aprehendió 57,273 verdaderos criminales, 32,031 sospechosos, de los cuales 17,861 habían sufrido ya un juicio; 369,233 individuos de ambos sexos por faltas mas ó menos leves, de los cuales 233,759 fueron condenados, unos á prisión y otros á multa y 525 á azotes, pena vergonzosa que todavía subsiste en el Código inglés. El delito más común en Inglaterra es el de los ataques bruscos á las personas. El autor del artículo de la acreditada Revistaá que nos referimos, dice que es una vergüenza para el país que en un sólo año haya habido 2,584 monstruos bajo forma humana llevados ante los Tribunales por haber destrozado cruelmente mujeres y niños.

De los números citados de delincuentes, 12,750 hicieron resistencia á la policía; y 60,985 fueron aprehendidos por maltratar de hecho á sus semejantes, regularmente con golpes de puño ó de pie, habiendo sido condenadas por este acto brutal 15,323 mujeres y 60,706 hombres.

Para completar este cuadro en el mismo año de 1857, la policía arrestó 730,982 hombres y 20,877 mujeres, embriagados, por cometer excesos en semejante estado. El feo vicio de la borrachera, tan poco común entre nosotros, lo califica el autor del artículo de la Revista Británica, de vicio nacional en Inglaterra.

A pesar de lo mal que suelen tratarnos los extranjeros que no nos conocen, no debemos envidiar el estado moral de la nación que se tiene por la primera entre las más civilizadas y bien regidas; ni de otras naciones de que no podemos ocuparnos; aunque de muy buena gana entraríamos, si tuviésemos espacio para ello, en una comparación general de la estadística criminal de Europa.

HISTORIA DE LA GUARDIA CIVIL


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