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Las “oenegés” y la inmigración ilegal

 

JOSELUISroman1

Articulo de opinion de Jose Luis Roman, publicado en Alerta Digitalel dia 14 de febrero de 2014.

Las “oenegés” y la inmigración ilegal

Las “oenegés” arremeten y sueltan toda una retahíla de acusaciones contra la Guardia Civil tras la muerte de varios inmigrantes “sin papeles” que ilegalmente pretendían entrar en nuestro país.

Lo de esta gente es enfermizo; parece que están esperando cualquier actuación de la Benemérita en la que no haya que asistir al entierro de guardias civiles, para arremeter contra la Institución como perros rabiosos. Es de psiquiatra lo de esta gente con la Guardia Civil; da la sensación que les incomoda la rectitud, el buen hacer y la valoración tan positiva que la mayoría de los ciudadanos hacen de este Cuerpo.

Jamás he visto a estas “oenegés” reprender, insultar, arremeter o denunciar a los terroristas vascos de la ETA tras cualquiera de sus crímenes, pero si he visto a guardias civiles salvar decenas de vidas de esos “sin papeles” a los que estas “oenegés” dicen representar; nunca han interpuesto denuncias estas “oenegés” contra los criminales que han asesinado a guardias civiles por centenares junto a mujeres, ancianos y niños indefensos, de la manera tan miserable y odiosa como lo hacen contra la Guardia Civil cada vez que tienen ocasión. Dais asco, y aunque no os lo creáis, la gente honrada de cualquier estrato social en su gran mayoría, os tiene calados, pues nunca estáis realmente al servicio de la verdad y de la justicia, estáis siempre contra la Guardia Civil y contra todo aquello que esta Institución representa.

Estas organizaciones que se dedican a capitalizar el drama humano de los “sin papeles”, se erigen en portavoces y representantes de los ciudadanos españoles ante la llegada masiva de ilegales, ignorando la cruda realidad de la población española que sufre en su carne esa invasión continua, como por ejemplo nuestros compatriotas de Ceuta y de Melilla. Los ciudadanos de Ceuta y de Melilla, son tan españoles como usted o como yo, pero con algo muy oportuno que señalar, que ellos viven esas continuas avalanchas de ilegales en un espacio muy reducido y con unos servicios muy limitados, mientras que a nosotros, nos toca por reparto un número sin determinar de esos ilegales diseminados por todos los pueblos de la península, ya que previamente no han sido repatriados a sus lugares de origen por las autoridades competentes.

No es la Guardia Civil o la Policía Nacional quienes tienen que responder ante esta continúa invasión que trae consigo drama y muerte en las costas españolas, sino aquellos que con su irresponsable decisión de “papeles para todos”, provocaron el “efecto llamada” y por consiguiente este río imparable de extranjeros indocumentados hasta nuestras costas.

A ver si nos aclaramos, ¿si nuestros jóvenes tienen que emigrar porque en España no encuentran empleo; si gran número de hispanoamericanos han tenido que regresar a sus países de origen al quedarse sin trabajo en nuestro país y agobiados por las deudas; si tenemos el mayor índice de desempleo de todos los países de la UE por número de habitantes; y los ciudadanos españoles sufrimos brutales recortes en nuestros derechos más elementales porque según el gobierno el déficit público es alarmante, entonces, como pretenden mantener a cargo del presupuesto a miles y miles de ilegales que entran por nuestras fronteras en busca de mejores condiciones de vida?

¿No se dan cuenta señores y señoras de la casta, que el planteamiento de permisividad que muestran respecto a los ilegales, mientras a los contribuyentes españoles se les recortan sus derechos es a todas luces contradictorio? Ustedes mienten como bellacos queriendo contentar a todos, con tal de que no les alboroten las calles con barricadas y quema de contenedores. Pero, ¿tan difícil es de entender? Si millones de españoles no encuentran un empleo y viven de prestaciones sociales, de la economía sumergida, incluso gracias a las pensiones de los jubilados, ¿de que van a vivir en España estos inmigrantes ilegales? Pues inevitablemente y en su mayoría, tendrán que vivir del delito, porque no creo señores de la casta, que sean ustedes tan generosos a tenor de ese “buenísmo” del que alardean, y teniendo en cuenta sus altos ingresos, de alojar en la Zarzuela o en sus urbanizaciones de lujo a todos estos seres humanos desamparados.

Dejen de vendernos la burra ciega que ya no cuela; estos inmigrantes ilegales sin trabajo que deambulan por nuestras calles con los mismos derechos que los españoles en cuanto a alimentación, educación, sanidad o vivienda, es más que evidente que no ayudan precisamente a normalizar la situación social y económica en nuestro país, más bien todo lo contrario. Cuanta demagogia y cuanta hipocresía.

Bastaría echar un vistazo a la población reclusa española, para comprobar que ésta se ha disparado un 70% en la última década. Un crecimiento cimentado sobre todo en el gran aumento del número de presos extranjeros. Del 1 de Enero de 2000 hasta final de 2010, los internos españoles crecieron en 10.700 personas (un 29%), mientras que los extranjeros lo hicieron en 18.100 (un 228%). Es decir, que en esos diez años, de cada diez personas que ingresaron en la cárcel, seis eran inmigrantes. Actualmente hay en las 87 prisiones españolas 75.500 reclusos, de los que 26.000, el 35%, no han nacido en España, según el último informe del sindicato de prisiones ACAIP. Un porcentaje muy elevado, teniendo en cuenta que los extranjeros sólo suponen hoy el 11,4% del total de la población española.

Un informe de la Comisión Europea ya vaticinaba en 2010 que antes de que acabara ese año, el 50% de los presos en España serían extranjeros. “Sólo Grecia ha tenido dentro de la Unión Europea un incremento de reclusos mayor que España. Incluso Italia, Francia y Alemania, con más habitantes, tienen menos presos que nuestro país”, señaló un portavoz de ACAIP (Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias): “Las cárceles están desbordadas…”; las estadísticas hablan de hacinamiento; 20 de las 87 cárceles que hay en España superan en un 200% su capacidad; ya en 2009, un año después del comienzo de la crisis, cada día ingresaban en prisión una media de 19 personas, cuando en el año 2000 la media era de tres y en 2001, de siete.

Por lo tanto, no son las Fuerzas de Seguridad las que han fijado la mirada en los ilegales como quieren dar a entender las “oenegés”, ha sido el pueblo llano, sencillo y trabajador que ve con preocupación que sus vidas corren peligro; es ese pueblo llano el que está hasta las narices del goteo continuo de ilegales que entran por nuestras fronteras saltándose las vallas de seguridad como “pedro por su casa”, y como si éstas estuviesen allí como mero divertimento u objeto decorativo. Cientos de ilegales llegan a las calles de Ceuta y de Melilla convencidos de haber adquirido todos los derechos que tiene un español, fruto del asesoramiento del que han sido objeto antes de emprender el penoso viaje hasta nuestro suelo.

Pero cabría preguntarse, ¿quién está detrás del éxodo masivo del África subsahariana? ¿Las guerras tribales, el hambre o las mafias? Las guerras tribales auspiciadas por aquellas potencias que les venden las armas a los contendientes, no son fruto de la casualidad, posiblemente esto forme parte de la estrategia diseñada por el Nuevo Orden Mundial. No lo sé. Pero existen estudios recientes presentados a través de rigurosos documentales que nos hablan del negocio de las mafias. El hambre se sigue quedando allí; los niños desnutridos sufren y mueren allí; los ancianos enfermos continúan padeciendo allí; en definitiva, todo el que tiene necesidad extrema no sale de ese infierno por carecer de dinero para pagar y realizar una travesía tan incierta. Es la codicia la que mueve a los que más tienen, al objeto de adquirir, si no mayor “status”, los mismos derechos que los ciudadanos europeos en cuanto pongan pie en el viejo continente. Pero insisto, ¿quien está detrás de este éxodo masivo? ¿Quien los incita, conmina, azuza o estimula? ¿Quién tiene un interés especial de que Europa sea literalmente invadida por esta pobre gente? Sólo hay que ver las imágenes de las pateras que alcanzan nuestras costas, para darse cuenta de que no llega ni un sólo niño con el vientre hinchado por desnutrición y comido por los insectos; ni tampoco ancianos o desvalidos con necrosis en sus miembros. Estas pobres gentes realmente necesitadas, se quedan en los poblados de África junto a nuestros misioneros como último recurso para sobrevivir, mientras las potencias norteamericanas, europeas y asiáticas a través de firmas multimillonarias, les roban sus recursos naturales que explotan para aumentar sus magnas fortunas, en lugar de invertir allí para crear riqueza y sacar a esos países de la miseria, y todo ello, a cambio de comisiones a los caciques y dictadores de esos países que permiten el saqueo mientras su pueblo se muere de hambre, de sed y de miseria.

Mientras tanto, Ceuta y Melilla ya no pueden más; el pueblo ha dicho ¡Basta! Se acabó el momio; la teta ya no tiene leche. Las “oenegés” y las formaciones políticas que los sustentan ya tienen discurso: “rechazo sociológico; explosión racista; xenofobia injusta”. No señores. Los que intentan siempre encontrar las raíces de esta reacción popular ante ilegales, traen a colación explicaciones de laboratorio sociológico e intentan por todos los medios -y así llevan años-, ignorar esas mafias que integradas en redes perfectamente organizadas, han venido a España a delinquir; se tapan los ojos ante episodios como los que todos los días tienen lugar en cualquier rincón de nuestra geografía, donde los ilegales son los auténticos protagonistas.

Los ciudadanos están hartos, y los políticos buscan explicaciones científicas a algo que mucho tiene que ver con el miedo más elemental. Sería injusta la generalización, si hablamos de la relación directa entre los sudamericanos y la droga, por ejemplo. Como tampoco sería fiable afirmar que la mayor parte de las violaciones que se cometen en España tienen un magrebí como agresor. Pero también sería injusto criticar el miedo muy justificable de los ciudadanos, ante asaltos a domicilios particulares con sus moradores dentro; reyertas en la vía pública cuchillo en ristre como el que se deja un grifo abierto; asaltos a joyerías a plena luz del día, o a empresas en polígonos industriales donde las tácticas utilizadas son de una preparación guerrillera que pone los pelos de punta. Y mientras, los responsables políticos de la seguridad que son precisamente los que ni patrullan ni pisan la calle, se pasan la vida ignorando la realidad de los acontecimientos y haciendo declaraciones que nunca se salgan de lo políticamente correcto.

Bajo mi punto de vista, no es admisible la clara intención manipuladora de los medios del sistema, cuando hablan de irresponsable explosión racista y cuando se refieren con tono beatífico al proceso de integración para los inmigrantes. Todo eso está muy bien cuando se estudia el mito de la sociedad como perversora del individuo. Pero cuando está en juego la tranquilidad de la misma sociedad habrá que actuar de otra manera.

Es de esperar que no caigamos en el infantilismo de llamar a la reacción desatada por la impotencia racismo, sino sentido común. Los políticos que hablan en ese sentido, además de vivir en zonas residenciales bien pertrechadas y vigiladas, suelen disponer de guardaespaldas las veinticuatro horas del día. Mientras, cualquier españolito de a pie que no pertenezca a la castuza, además de no disponer de escolta y vivir bajo la amenaza de que cualquier navajero quiera quitarle la vida, tendrá que contribuir con sus impuestos al sostenimiento de la seguridad de esa misma castuza.

Una cosa es la inmigración legal, necesaria y controlada, y otra muy distinta delincuencia. Lo primero hay que respetarlo; lo segundo, no.

 

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