Rebelión en la Granja

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hervás

El libro de George Orwell, Rebelión en la Granja (Animal Farm), es probablemente quien mejor describe lo que es una revolución comunista o de cualquier otro tipo, pues se trata de una crítica muy acertada a la revolución soviética de 1917, pero con animales como personajes.

Es curioso que los líderes revolucionarios sean cerdos, lo cual indica que Orwell no tenía un pelo de tonto.

En la Granja Manor se sublevan los animales contra los humanos dueños y se hacen con el poder bajo la dirección de los cerdos. El primer cerdo revolucionario, un tal Major (the old Major, el viejo Mayor), es honrado y fallece pronto, pero todos sus sucesores cerdos son unos delincuentes que solo desean enriquecerse a costa de los demás. Incluso pactan negocios con otros humanos de granjas próximas. Tienen siete mandamientos que con el tiempo incumplen todos los cerdos líderes. Especialmente me llama la atención el séptimo: “todos los animales son iguales” (all animals are equal). Eso sí, con el tiempo ese séptimo mandato evoluciona lingüísticamente a otro: “todos los animales son iguales, pero hay algunos animales más iguales que otros”. Bien, ¿no es esto lo que está sucediendo con los partidos de izquierdas en España, socialistas y comunistas?

              Y vamos a la cruda realidad de nuestra Guardia Civil y también de algunos de nuestros militares: los ascensos y el mando. ¿Quién regula realmente los ascensos, son los políticos? Eso parece, con la colaboración de algunos dirigentes del cuerpo o ejército que se venden por unas monedillas. Yo no sé qué pinta esta gente de tan escasa vocación militar y de servicio en la Guardia Civil o en el Ejército. Porque si comparamos lo que hacen con lo que por ello ganan con lo que deshacen los políticos, no hay color. La verdad es que es una vergüenza de tamaño descomunal. Al menos los políticos amasan fortunas, pero estos pelotilleros de bajo rango (a juzgar por su paga) no salen de mediocres y adocenados. Unos mediocres que pronto serán olvidados en cuanto pasen a la reserva o al retiro correspondiente, porque no son gente de calidad, ya que lo único que saben hacer bien es dorar la píldora, independientemente de la justicia o no de sus actos. Y conste que algo es justo solamente cuando es acorde con los principios de ética y moral más elementales. La arbitrariedad no casa con la justicia, por mucho que lo diga un decreto o una norma de régimen interior.

              ¿Y a santo de qué viene esto? Pues a los criterios que en la actualidad se siguen para evaluar a los Guardias Civiles para el ascenso. Da igual lo que hagan por bueno que sea. Lo único importante es que adoren al clan del cuerpo (¿la cosa nostra?), controlado por los políticos que no se caracterizan precisamente por su justicia y objetividad. Y lo que más molesta de ello no es que lo hagan mal, sino que lo hagan sabiendo que está mal y en un mísero beneficio propio. No hay más que comparar sus ingresos con los de los políticos que los mandan, insisto. Lo peor es indudablemente su estrechez de miras y poca valentía. A este paso, la Guardia Civil desaparece comida por la Policía del estado (nada de Policía Nacional, porque el concepto de nación no les gusta a nuestros gobernantes; es demasiado obvio, demasiado claro). Por unos ridículos complementos se están cargando a la Guardia Civil. Yo no digo que lo hagan de mala fe, sino que son torpes, muy torpes, y egoístas. Se venden muy barato. En este momento haberse jugado la vida en Afganistán, en Irak o en el Líbano, por ejemplo, es mucho menos importante que olvidar los principios morales y promover la arbitrariedad. Luego vienen los terrorismos, claro, las amenazas de algún país vecino, los MENAS, el tráfico de drogas, los asesinatos no aclarados y tantas otras cosas. Es tal el disparate que, teniendo un cuerpo de élite, como es la Guardia Civil, se lo cargan aun con riesgo de sus propias vidas. Desde luego son unos insensatos los políticos y sus valedores.

              Y ello me lleva a recordar otro libro, este de Aldous Huxley: Un Mundo Feliz (Brave New World). Aquí la población mundial se divide en cinco clases, de alfa a épsilon. Los jefes son los alfa, diseñados como todos en un laboratorio de genética humana, y tienen derecho a todo. Los beta son algo así como sus ayudantes. Los gamma son la policía, que proteje a los anteriores. Y los delta y épsilon son esclavos trabajadores semianimales que se sedan tomando un producto llamado SOMA. Eso es lo único que quieren. Traducido al mundo actual, los alfa son los multimillonarios y propietarios de todo lo de valor. Los beta son los políticos. Los gamma son los policías y FA,s. Los delta son los trabajadores y los épsilon, la chusma que no trabaja (¿inmigrantes ilegales en algún caso?).

              Estamos viviendo unos tiempos difíciles. Vamos hacia una globalización en la que los ricos no quieren oposición. Sobra mucha gente en el mundo. ¿Hay que matarla? Tal vez sea exagerado, pero los políticos están sabiamente escogidos entre los incapaces e inútiles para que secunden sus órdenes. Y a las FA,s hay que castrarles las ideas, de manera que no sean más que perros falderos. No es la primera vez que sucede esto en el mundo y su resultado ha sido siempre el fracaso y el caos. Egipto, Babilonia, Esparta, Roma… y otros muchos en la antigüedad. Califato de Córdoba, Imperios, invasiones, etc., después. Eso por no citar a Hitler y Stalin, cuyas dos fórmulas de gobierno fueron rotundos fracasos. ¿Qué viene ahora, la China? Es un error pensar que la China es independiente, pues está colonizada por multitud de empresas norteamericanas, occidentales (muchos productos españoles se fabrican en China, por empresas españolas) y de muchos otros sitios. Allí, hay unos quinientos millones de millonarios y más de mil quinientos millones de esclavos y fuerzas de seguridad. Esta es la situación actual. ¿Están alentando estos a los talibanes para que permitan entrenamiento de terroristas? Pues parece que no han tardado mucho, a juzgar por los atentados junto al aeropuerto de Kabul.

              En fin, no le demos más vueltas. O presentamos algún tipo de resistencia o nos comen por sopas. Tomen nota, señores bien situados en la Dirección General de la Guardia Civil. Están ustedes jugando con fuego. Los políticos están todos dispuestos a cualquier cosa para hundirles. Allá ustedes.

Francisco Hervás Maldonado

Coronel Médico (r)

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