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El éxito de la Guardia Civil

hervas

Muchas razones podríamos dar que justifican el gran éxito que nuestra Guardia Civil tiene en España y en el mundo. Admirada e imitada en otros países, nuestra Guardia Civil es indudablemente una de las instituciones más queridas en España, incluso en regiones donde teóricamente se la denigra y desprecia, pues en cuanto tienen el más mínimo problema serio, como cualquier catástrofe natural o agresión importante, de inmediato pían los independentistas y –sobre todo– sus familiares, pidiendo la ayuda de la Guardia Civil.

No hablo por hablar. Lo he comprobado en Cataluña, Vascongadas y Navarra. Pero, como cierto individuo dijera a una dama: “España y yo somos así, Señora”. Es Eduardo Marquina, en su obra teatral “En Flandes se ha puesto el sol”, quien pone esas palabras en boca del hidalgo don Diego de Carvajal, cuando se ve cuestionado por su dama tras haberlo sacrificado todo excepto el Honor por la felicidad de ella. Bien, pues eso dice la Guardia Civil cuando estos majaderos, que matan e insultan a los Guardias, les piden ayuda y ellos se la dan. Eso sí, sin perder el Honor jamás, porque además es su principal divisa.

Bien, pues como decimos hay muchas razones que justifican el éxito de nuestra Guardia Civil, pero cuatro de ellas –en mi opinión– son las más importantes, además de la formación moral y cumplimiento de todo aquello que inspirara el Duque de Ahumada hace ya 175 años. La primera de todas ellas es la condición militar, porque en ella se fundan la disciplina, la obediencia al mando, el sacrificio y la disponibilidad. En las antiguas Ordenanzas de Carlos III, hoy actualizadas no siempre con tino, hay varios artículos importantísimos que definen el espíritu militar. “El oficial cuyo propio honor y espíritu no le estimulen a obrar siempre bien, vale muy poco para el Servicio. El llegar tarde a su obligación, aunque sea de minutos, el excusarse con males imaginarios o supuestos frente a la fatiga que exige su obligación y el hablar pocas veces de la profesión militar, son pruebas de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas”. Bueno, esto lo dice todo. Pero hay otro todavía más contundente acerca de la obediencia: “El oficial que recibiera la orden de mantener su puesto, a todo trance lo hará”. Es decir, que si hay que morir por la Patria, se muere. Y para terminar este apartado, el mejor artículo de las antiguas ordenanzas, el artículo 5º del Cabo: “El cabo, como jefe más inmediato del soldado, se hará querer y respetar de él. No le disimulará jamás las faltas de subordinación. Infundirá en los de su escuadra amor al oficio y gran exactitud en el cumplimiento de sus obligaciones. Será firme en el mando, graciable en lo que pueda, castigará sin cólera y será medido en sus palabras aún cuando reprenda”. ¡Olé al genio que redactara ese artículo! Eso es mandar y no otra cosa. Por eso, la Guardia Civil practica todas estas normas con ilusión y convencimiento. Son militares, gracias a Dios. Eso les da una fuerza y una capacidad de acción admirables y no superables.

La segunda razón es la Solidaridad, expresada a través del compañerismo y la convivencia con la gente. Las tan denostadas casas cuarteles han sido definitivas para ello. En primer lugar porque se fomentaba indiscutiblemente el compañerismo y amistad de las distintas familias. Pero además, al estar en poblaciones pequeñas, la convivencia con las gentes del pueblo era un hecho consolidado. Todos tenían amigos en el pueblo, compartían muchos ratos libres, conocían de que pie cojeaba cada cual y sabían casi con certeza plena quienes eran los delincuentes posibles y reales en cada caso que surgía. Esa era la base de su eficacia frente a la delincuencia y la garantía de tranquilidad en el pueblo. Creo que es un error el suprimir estas casas cuarteles, donde tanto se ha hecho por el bien de los ciudadanos y donde tanto se ha promocionado al Cuerpo, pues los Guardias eran queridos y admirados por mucha gente. Y no me creo que la concentración que ahora se promueve sea por bien de los guardias, no. A los políticos, en general, el bienestar de los Guardias Civiles les importa un bledo; lo único que quieren es ahorrar para gastárselo en contrataciones de amigotes y caprichos. Pero la Guardia Civil es muy grande y continúa con su amistad con la ciudadanía, aunque tenga que desplazarse a otro pueblo. Lo llevan en la sangre.

Existe, según me parece, una tercera razón que justifica este éxito que comentamos. Yo creo que ha sido un acierto el hecho de que se pueda ascender en la Guardia Civil a Teniente General, porque sus oficiales conocen mucho mejor que los de otras armas y cuerpos el funcionamiento del Instituto. No hay civiles tampoco que manden, pues su formación es radicalmente distinta a la de nuestros Guardias. Solamente la cabeza, un puesto más representativo que otra cosa, puede no ser de procedencia de la Guardia Civil. Es aquello de “zapatero a tus zapatos”. Además, con el transcurso de los años la Guardia Civil se ha ido volviendo cada vez más compleja: el mar, helicópteros, tráfico, aviones, protección de la naturaleza, etc. Es decir, que al irse especializando en diferentes ramas, la Guardia Civil precisa una coordinación cada vez mayor, una coordinación que solo la puede dar el sustrato común formativo, militar y social, que la Guardia Civil posee. Cada rama de la Guardia Civil ha de saber, de algún modo lo que se cuece en el sentimiento común de solidaridad, disciplina y progreso en el Cuerpo. Es como si pretendiésemos que el hígado fuese por su cuenta, los riñones por la suya y los pulmones se declararan independientes de ellos. No, todo ha de seguir coordinado en el mismo Cuerpo si deseamos prolongar la existencia, aunque cada cosa con su función y acciones propias.

Por último, la posibilidad de estudio y promoción real dentro del Cuerpo ha de ser una constante. Cada cual puede y debe profundizar en la materia que más le guste y para la que mejor pueda capacitarse. No es tan importante ascender como condescender y saber mucho de tu trabajo diario. Esta posibilidad la ofrece el Instituto cada vez más. De hecho, algunas universidades colaboran en ello, así como muchos otros centro docentes de gran calidad. El siguiente paso será crear un centro docente con sus ramas, con titulaciones de diverso tipo: universitaria, formación profesional, deportiva, etc. El asunto es complicado, pero no me cabe la más mínima duda de que se llegará a ello. Los laboratorios, los centros mecánicos, la informática e incluso la incipiente –y cada vez más fuerte– robótica, así lo van demandando ya y mucho más en el futuro. Pero es que, aunque sea de una manera primitiva, eso ya existe. Hablo de mi experiencia personal en defensa frente a agresivos biológicos, pues en más de una ocasión he tenido algún alumno Guardia Civil, un poco a ratos libres, pues no está todavía institucionalizado, con una ilusión e interés por saber extraordinarios.

Bueno, pues con estos moldes y otros muchos de los que no da tiempo a hablar, ¿cómo no va a tener ese cariño y prestigio admirables nuestra Guardia Civil? Adelante, pues, que el camino es largo, pero lleno de satisfacciones.

¡Viva la Guardia Civil!

Francisco Hervás Maldonado

Coronel Médico (r)

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