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INTERVENCION DE LA FUERZA DEL 19.° TERCIO EN LOS SUCESOS REVOLUCIONARIOS DE OCTUBRE DE 1934 EN LAS CALLES DE BARCELONA

REVOLUCION OCTUBRE 1934

La Revolución de octubre de 1934 fue una huelga general revolucionaria se produjo entre los días 5 y 19 de octubre de 1934 durante la II República. Este movimiento estuvo alentado desde amplios sectores y por importantes dirigentes del PSOE y la UGT, como Largo Caballero o Indalecio Prieto, apoyados en algunas zonas por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y el Partido Comunista de España (PCE).

Los principales focos de la rebelión se produjeron en Cataluña y en Asturias, región en la que tuvieron lugar los sucesos más graves, entre otras muchas ciudades y regiones españolas, en algunas de las cuales se llegó a proclamar el comunismo libertario.

En Barcelona, el Gobierno de la Generalidad de Cataluña presidido por Lluís Companys, de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), proclama “el Estado Catalán dentro de una República Federal Española”, en la noche del 6 al 7 de octubre. Este hecho provocó que el Gobierno de la II República proclamase al día siguiente del estado de guerra, publicado en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra y la intervención del ejército, mandado por el general Domingo Batet, que dominó rápidamente la situación después de algunas luchas —en las que murieron unas cuarenta personas—, de la detención de Companys y de la huida de Dencás, quien marchó a Francia. La autonomía catalana fue suspendida por el Gobierno que designó un Consell de la Generalitat con el que sustituyó la Generalidad de Cataluña. El presidente de la Generalitat y sus altos dirigentes fueron juzgados y condenados.

El prestigio de la Guardia Civil salió reforzado, mereciendo el reconocimiento del Gobierno que, por medio de un decreto, concede al Instituto la Corbata de la Orden de la República el 12 de febrero de 1935 “para premiar como recompensa colectiva los innumerables actos de heroísmo llevados a cabo por el personal del mismo y los relevantes servicios de carácter cívico y humanitario que ha rendido a España y a la República en el cumplimiento de sus deberes”.

UNA DE LAS INTERVENCIONES DE LA FUERZA DEL 19.° TERCIO EN LOS SUCESOS REVOLUCIONARIOS DE OCTUBRE DE 1934 REALIZADA EN LAS CALLES DE BARCELONA ES LA SIGUIENTE:

Sobre las 24 horas del día 6 salió del cuartel de Ausias-March una Compañía compuesta de 150 hombres de los diferentes destacamentos de Barcelona, al mando del prestigioso Capitán D. Balbino Pascual Arévalo, formando tres Secciones, al frente de las cuales iban los Tenientes D. Eduardo Iglesias Grabulosa, D. Leoncio Alvarez Rangel y D. Pedro Martínez Garrido, con la misión de dirigirse a la Plaza de la República a recibir alli instrucciones del Alto Mando; mas al llegar a la calle de la Princesa y cuando ya habían entrado en la misma las dos primeras Secciones, se inició contra la fuerza un nutrido fuego desde el frente y los costados por gentes que se hallaban parapetadas en los balcones, ventanas, terrados, callejones afluentes, a cuya agresión y sin retroceder ni un paso, a pesar de lo brusco de la acometida, respondió la fuerza con el más elevado espíritu y una disciplina excelente, dirigiendo sus fuegos combinados, bajo la dirección de sus Oficiales, que en todo momento dieron ejemplo de valor a sus subordinados. Como conviniera avanzar rápidamente para llegar cuanto antes a la Plaza de la República, se dispuso que el Corneta de la primera Sección tocara "llamada", previo "alto el fuego", órdenes que fueron repetidas por los Cornetas de las otras Secciones. Dichos toques debieron producir en el enemigo una depresión de ánimo tal, que suspendieron el fuego que hacian a la fuerza; ello favoreció el avance de ésta, y a los pocos momentos su cabeza se hallaba a la entrada de la Plaza. En este hecho de armas que duró unos quince minutos, resultó herido en el cuello el Cabo de la primera Sección D. Víctor Martín Mora. Al enemigo se le causó un muerto, cuyo cadáver fué haliado en la misma calle de la Princesa al avanzar la Compañía después del fuego.

Como el Capitán de ésta no encontrara en la citada Plaza delegado alguno del Alto Mando que le diera las instrucciones que esperaba, dispuso marchar con la Compañía al Cuartel General de la División al objeto de recibirla directamente, siendo allí recibida con ¡vivas a la Guardia Civil!, que fueron contestados por parte de ésta con vivas a España y al Ejercito, al objeto de determinar su condición de fuerzas leaJes, Una vez en el Cuartel General, dispuso el Mando que la fuerza del Instituto tomara todos los terrados colindantes a dicho edificio, como así se hizo; mas cuando acababa de situarse la última fuerza y estando la sobrante en la Plaza de Antonio López, apareció en la misma un automóvil a toda marcba ostentando la bandera separatista, por lo que se le invitó a detenerse; mas como tratara de huir, se le hizo fuego, deteniéndose entonces por averia en los neumáticos. Simultáneamente con la aparición de dicho vehículo hicieron acto de presencia en uno de los chaflanes de la plaza que ahora nos ocupa unos doce o catorce Guardias de Asalto armados y en actitud agresiva, y al invitarles a que se unieran a las fuerzas leales, respondieron con fuego, por lo que la fuerza de la Compañía repelió la agresión, entablándose un intenso tiroteo, al que no eran ajenos ni el edificio de Gobernación, que disparaba con ametralladoras, ni otros colindantes. En este segundo hecho de armas se causó al enemigo por la fuerza de la Compañía cuatro muertos, creyendo hubiera algunos heridos que debieron huir. También s« les ocupó un automóvil con la bandera rebelde, cogiéndoles dos prisioneros. Por parte de la fuerza del Instituto, resultaron heridos graves el Teniente D. Joaquín Zubiri Vidal, del Cuerpo de Asalto, que, en el Cuartel General de la División, se había unido a la Compañía, y el Guardia segundo D. Enrique Portea Cebrián, de la primera Comandancia del 19.° Tercio.

Después de este suceso, y por disposición del mando superior, se replegó al edificio del Cuartel General de la División la fuerza que no se hallaba establecida en los terrados, siéndole encomendada la custodia del edificio y la protección de las piezas de Artillería que se hallaban emplazadas en las proximidades, en cuya situación permanecíeron hasta las seis horas del siguiente día, en que por haberse rendido el enemigo y por orden superior procedieron al desarme de Parte de las fuerzas de Asalto, siéndoles también encomendada la custodia de los jefes de la rebelión y ocupación de varios edificios oficiales y otros servicios auxiliares de! Estado Mayor.

REVISTA TÉCNICA DE LA GUARDIA CIVIL

Núm. 307.  Septiembre de 1935


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