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EL EPISODIO DEL TURQUESA EN LA REVOLUCIÓN DE ASTURIAS – OCTUBRE DE 1934

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Ya estaba en marcha la revolución de octubre de 1934, incluso se había acordado la entrega de armas a los revolucionarios para, entre otras cosas enfrentarse a la Guardia Civil y asaltar sus casas-cuartel, en este plan estaban implicadas altas personalidades de la política nacional, y se implicó a instituciones, organismos, personal y funcionarios públicos que, unas veces con su conocimiento y consentimiento y otras sin saberlo, fueron puestos al servicio de la revolución, como veremos a continuación.

Durante el verano de 1934, Indalecio Prieto, figura destacada del socialismo en el País Vasco y diputado español, estrecha sus relaciones con el financiero bilbaíno Horacio Echevarría, que anteriormente había mantenido contactos con un grupo de portugueses llamado “los Budas”, instalados en Madrid y protegidos por Azaña. Echevarría a condición de entregar a los “Budas” medio millón de pesetas les insta a que presionen a Azaña para que el Ministerio de Marina le saldase unas deudas que mantenía con el financiero. Azaña haciendo caso a sus protegidos suministró a los portugueses armamento y municiones, extraídos del Consorcio de Industrias Militares. Recordemos que en aquellas fechas Azaña era jefe del Gobierno y ministro de la Guerra.

No obstante, la escasa formalidad en las operaciones comerciales que suscitaba el financiero bilbaíno, hace que el material de guerra consignado a su nombre con la inscripción de “En tránsito para Djibouti. Fabricado y embalado en 1932. Fábrica de Armas de Toledo”, fuese intervenido por el Consorcio de Industrias Militares y depositado en el castillo gaditano de San Sebastián.

Indalecio Prieto junto a otros diputados socialistas, compran el cargamento a Echevarría, en ese trato están también presentes Juan Negrín, Ramón González Peña y Amador Fernández, conocido como “Amadorin”, tesorero de la mina San Vicente, con cuyos fondos se van a conseguir las armas. Una vez la operación de compra ultimada es preciso disponer de un barco para su transporte a Asturias.

En junio aparecen en Cádiz el capitán mercante Manuel Atejada y el maquinista Jenaro Álvarez, para adquirir un barco maniobrero para utilizarlo en el abastecimiento de aceite a los pósitos marítimos, la búsqueda les lleva a encontrar un barco acorde a sus preferencias, el “Mamelena II”, que era propiedad del almirante José León de Carranza, el cual ya había solicitado el cambio de nombre de la embarcación por el de “Turquesa”. Este barco fue adquirido por setenta mil pesetas, pagaderas en tres plazos por “Amadorín”.

El “Turquesa” fue cargado de inmediato con las armas y municiones depositados en el Castillo de San Sebastián, para lo que fueron utilizados los propios soldados y vehículos del Ejército, este cargamento consistía en 329 cajas, con más de dieciocho toneladas de peso en total. El “Turquesa” emprendió su travesía el 5 de septiembre desde Cádiz, recalando el día 10 del mismo mes a dos millas frente a la localidad asturiana de San Esteban de Pravía, poco después desde tres motoras se alijaron en la playa de Aguilar unas ochenta cajas que, en las motoras se dirigieron hacia la desembocadura del Nalón. La operación se desarrollaba sin incidentes, pero en ese momento..., el propio Indalecio Prieto que participó en la misma explicaba en un reportaje publicado en el periódico España de Buenos Aires como sucedieron aquellos hechos:

Cuando llegamos a la orilla del Nalón, cerca del puente por el que lo cruza la carretera, habían sido ya cargados varios camiones que, a máxima velocidad, iban hacia hórreos y trojes, donde quedarían escondidos fusiles y cartuchos. Aún quedaban muchas cajas sin transportar, cuando uno de los centinelas, descendiendo presuroso, avisó: ¡Viene la Guardia Civil!, oí descorrerse el cerrojo de no se cuantas pistolas. Mi autoridad se impuso a quienes querían resistir. “No vale la pena –les expliqué- verter sangre por salvar esta mercancía que, en cualquier forma, se perderá irremisiblemente, porque el tiroteo atraerá a mas fuerzas, impidiendo mover las cajs de aquí. Retírense ustedes. Nos quedamos solos el bilbaíno, el portugués y yo. Los tres saliendo a la carretera, seguimos con lentitud cuesta arriba. Frente a nosotros, cada vez más cerca, sonaban recios pasos. Pero la noche, muy cerrada, no nos consentía ver a nadie. ¡Alto!, gritó una voz, ¡Alto está!, respondí yo. Entonces vi como dos hombres que venían en pareja se separaban, quedando uno tras otro, y como se echaban sendos fusiles a la cara apuntándonos con ellos: ¡Arriba las manos!, gritó la voz imperativa de antes. Levantamos los brazos y continuamos inmóviles. El hombre de vanguardia avanzó hacia nosotros sin bajar el arma. ¿Quiénes son ustedes?, preguntó. Soy el diputado Indalecio Prieto, contesté. ¿Indalecio Prieto, el ex ministro?, volvió a interrogar. Si señor; el mismo, afirmé. Mi interrogador, bajando el fusil, se acercó para reconocerme. No se trataba de una pareja de guardias civiles, sino de carabineros, y entre estos gozaba yo de mucho afecto. Apenas hacía dos años que el general Sanjurjo, siendo Director de dicho Instituto de resguardo, me había hecho entrega de una magnífica placa expresiva de toda la corporación por los beneficios que les dispensé desde el Ministerio de Hacienda, y mucho tiempo antes, allá por 1919, siendo yo diputado, recibí un voluminoso álbum con las firmas de los once mil soldados y clases de dicho Cuerpo, agradeciéndome que en el Congreso les hubieran conseguido un aumento de sueldo. Las cantoneras y la dedicatoria de aquel álbum, todas de oro, las arranqué de sus tapas en México para fundirlas en una plancha conmemorativa del homenaje al sabio naturalista son Ignacio Bolívar. El cabo, pues cabo era el jefe de pareja, me tendió cariñosamente su diestra, mientras exclamaba:¡Qué sorpresa encontrarle y que alegría saludarle!. A seguida del saludo vino una pregunta inevitable: ¿Pero qué hace usted por ahí a estas horas?. Hube de improvisar una historia: Estamos entre hombres cabales, le dije, y no procede hablar con remilgos. Estos dos amigos y yo vamos de excursión con tres muchachas, y como yo, por mi significación política, estimé escandaloso llegar los seis en cuadrilla al hotel de Avilés, donde debemos pernoctar, acordamos que el automóvil con las mujeres fuese por delante, y que luego de dejarlas en la villa retrocediera, a fin de recogernos a nosotros que, mientras tanto, paseamos para estirar las piernas. El cabo a su vez explicó: Pues nosotros nos encontrábamos en nuestro cuartel, cuando un vecino ha venido a avisarnos de que ahí se estaba haciendo un alijo, y vamos a ver que hay de cierto en la referencia. El cabo nos estrechó la mano a los tres viandantes y siguió con su subordinado carreta abajo

De tres camionetas de la Diputación de Oviedo destinadas a transportar el armamento del Turquesa, dos ya habían parido, la tercera sufrió una avería. Mientras trataban de repararla, reaparece la pareja de carabineros, que queda sorprendida por el hallazgo. Mientras un guardia municipal de Muros de Nalón, afiliado al PSOE, al notar cierto movimiento de gente y creer que se trata de militantes de las JAP, llama a la casa cuartel de la Guardia Civil de San Esteban de Pravía, advirtiendo que algo raro debe pasar. El comandante de puesto, el sargento primero Jesús Ferreiro Freire, alerta a la fuerza y toma sus medidas. Primero descubre unos coches cuya marcha le hace sospechar, ya que dan la sensación de ir sobrecargados. Al acercarse a ellos son recibidos a tiros. Cuando los guardias civiles se disponen a repeler la agresión los ocupantes de los vehículos se entregan. Entre los detenidos el hermano del diputado socialista Ramón González Peña.

armas-turquesa-intervenidasPresentado el capitán de la Compañía González Anguiano, se realizan varias batidas y se practican nuevas detenciones. Al amanecer se han puesto a disposición de la justicia veinticuatro implicados y se han intervenido sesenta y dos cajas de municiones con un total de 116.000 cartuchos, ochos pistolas, tres revólveres, dos escopetas y cuatro automóviles, pronto se sabe que el armamento transportado en las dos primeras camionetas se ha ocultado en el municipio de Rivera de Arriba y en el de Valduno y que se encuentra a cargo del sacristán Cornelio Fernández, dirigente socialista de la localidad.

Otras causas tras el alijo intervenido del Turquesa es la identificación en la trama de los dirigentes socialistas González Peña y Amador Fernández, que no fueron detenidos por su condición de diputados.

El que sí fue detenido, en cambio, fue el vicepresidente de la Diputación Provincial (aunque horas más tarde fue puesto en libertad), institución a la que pertenecían las camionetas con las que se transportaron las armas.

Durante la jornada del día 13 de septiembre, como resultado de las pesquisas policiales para investigar el alijo del ‘Turquesa’ y localizar la totalidad del armamento alijado del Turquesa, se logró incautar bombas en Sama, además de comenzar una instrucción judicial abierta para aclarar el tráfico de armas.

La prensa, en aquel punto ya se hacía eco de la presencia de Indalecio Prieto, el día de los hechos, en San Esteban de Pravía, en San Juan de Nieva y posteriormente en Avilés.

El 15 de septiembre se supo que habían sido localizadas dos motoras en Gijón «que participaron en el contrabando», detenidos sus dueños y algunos de los tripulantes de las embarcaciones. Asimismo, las fuerzas de orden público buscaban «seis toneladas de las 10 de carga que llevaba el ‘Turquesa’».

Las investigaciones por el ‘caso Turquesa’ se saldaron además de con los detenidos en las jornadas anteriores, con la detención del portugués Mouras Pinto y a un ex ministro de Justicia al que se relacionó con el alijo de armas. También fue detenido el 18 de septiembre el ingeniero Alfonso Castro. Se le acusaba de «hacer entrega de 100.00 pesetas con las que se retiró la primera extra del Consorcio de Armas Industriales, que sirvió para poner en marcha la expedición de armas». Ese mismo día la prensa especulaba con que Prieto debería comparecer en la Audiencia de Oviedo para aclarar los rumores sobre su presencia en las proximidades de la zona donde se produjo el desembarco de armas.

Antonio Mancera Cárdenas

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