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La defensa del Cuartel de Sama de Langreo

capitan Nart

El cinco de octubre comenzará la revolución en la cuenca minera asturiana, el ataque a la República, el asalto a los cuarteles de la Guardia Civil, y en algunos casos la masacre de los guardias civiles y sus familias.

El máximo responsable de la revolución en Asturias sería Belarmino Tomás, primer teniente de alcalde de Sama por el PSOE y miembro de UGT, que ha organizado veinte grupos ofensivos de entre veinte y treinta hombres cada uno con su jefe, lo que supone el germen de su “Ejército Rojo”, estableciendo su cuartel general en el teatro Manuel Llaneza, donde espera desde la tarde del día 4 de octubre el comienzo de la revolución y las órdenes del diputado socialista González Peña.

La señal para el comienzo de las hostilidades hacia la Guardia Civil y para el asalto de los cuarteles fue la explosión de unos cartuchos de dinamita en la madrugada del 5 de octubre, cuyo eco se extiende y se escucha por todo el valle minero, a partir de ese momento comienza el asalto y la masacre de los puestos de la Guardia Civil en Asturias que tuvo lugar durante el mes de octubre de 1934.

En Sama se encuentra la cuarta compañía de la Guardia Civil al mando del capitán José Alonso Nart, de 37 años, que ya el día 3 de octubre y ante la falta de instrucciones desde Oviedo decide llamar para dar instrucciones a sus hombres de los puestos que componen su compañía, y enviándoles después a sus unidades donde estarían con sus familias. Junto a él, en Sama se encuentran destinados setenta hombres, a los que apoyan el teniente Juan Llovera con veinte hombres a su mando provenientes como apoyo de la comandancia de Valladolid y el sargento Pedro Martín del Domingo enviado desde la comandancia de Lugo. El edificio donde se encuentra la casa cuartel de Sama, está situado en la calle Primero de Mayo y carece de condiciones optimas para la defensa, ya que es una casa de vecinos de varias plantas.

A las dos y media de la madrugada estalla un petardo en la plaza principal de la localidad, es el aviso para que los mineros se lancen a atacar la comisaría de policía y el cuartel de la Guardia de Asalto y Seguridad que se encuentran en Sama.

Desde Oviedo se han enviado dos camiones con varias secciones de Asalto y Seguridad, el primero se dirige a Sama y el segundo deberá dirigirse a la cuenca del Nalón, ambos vehículos llegan a La Felguera, localidad que encuentran en estado de tranquilidad. Una de las secciones al mando del teniente Arturo Martínez y Calderón de la Barca, avanza hasta Ciaño, encontrando la carretera cortada, pero al oír disparos provenientes de Sama, cambia de dirección; entre tanto la segunda sección de Asalto queda en La Felguera.

Guardia-Domingo-CilleroYa en Sama, el teniente Calderón de la Barca que desconoce el trazado de las calles se mete sin saberlo en un verdadero infierno de fuego, acosados por todos los frentes, lo que hace que el camión choque contra una vivienda, resultando tres guardias de Asalto muertos en el acto, varios han sido heridos por los disparos de los mineros y el resto intenta ponerse a cubierto de los disparos, pero al desconocer la población son literalmente cazados por los mineros.

Tan solo el teniente Calderón de la Barca y un reducido grupo de guardias logran llegar y entrar en el Cuartel de la Guardia Civil, el conductor y dos guardias de Asalto han sido hechos prisioneros y son conducidos hasta la comisaría para intentar la rendición del inspector Magadán, que tras una hora de resistencia y ante la vista de los detenidos decide entregarse. La entrada de los mineros a la comisaría es muy violenta, con el asesinato de varios guardias de Seguridad que se habían rendido junto al inspector.

Según van cayendo los puestos limítrofes los revolucionarios se van desplazando hacia Sama, los 400 mineros de Belarmino Tomás que acosaban el cuartel de Sama, son ya más de 2000. También se desplazan en ayuda del capitán Nart y de sus hombres, el teniente de Asalto Ramos Cabello junto a su sección, que habían quedado en La Felguera, pudiendo entrar no sin dificultades en el bar Miramar, frente al Cuartel de la Guardia Civil, varios guardias de Asalto portando una ametralladora logra entrar finalmente en el cuartel y aunque el refuerzo frente a los cada vez más numerosos mineros no es muy grande, al menos hace que se pueda intentar una defensa más eficaz, logrando instalar dos ametralladoras, una en la fachada principal y otra en la trasera, consolidando así la resistencia frente a los ataques. Mientras se prepara la defensa del cuartel los guardias de asalto que quedan en el bar Miramar, incapaces de resistir el cada vez más numeroso grupo de atacantes, al mediodía son hechos prisioneros.

A las cuatro de la tarde Belarmino Tomás personalmente telefonea al capitán Alonso Nart para exigir su rendición y comunicarle que en caso contrario destruiría el cuartel con todos sus ocupantes a base de dinamita. Se pone a la escucha el sargento Álvarez, comandante del puesto, al que Belarmino le da una hora de plazo para la rendición, mientras siguen cayendo ante el ataque de los mineros, los puestos cercanos a Sama por lo que estos atacantes siguen concentrándose en esta localidad para intimar la rendición del capitán Nart y sus hombres, que aún no ha contestado al ultimátum de Belarmino Tomás.

Durante esta espera, Nart ha conseguido abrir unos boquetes en las paredes que permiten el desalojo de las familias de los guardias a las casas contiguas. Una vez que termina el plazo, Belarmino dispone el desalojo de las viviendas que se encuentran junto al cuartel, edificio este que está dispuesto a hacer saltar por los aires con los guardias en su interior. Para esto expertos en voladuras ya han ido tomando posiciones hasta llegar al tejado del cuartel. Toda lo noche del 5 al 6 de octubre se resiste denodadamente. Los muros con las explosiones se van resistiendo y los pisos por efecto de la dinamita caen uno sobre otro. A pesar de los ataques la defensa en el cuartel continúa.

El conocimiento del éxito en otras localidades, por los revolucionarios que se van concentrando en Sama, exaspera a Belarmino, Por su parte convencido el capitán del próximo final, sin apenas municiones ni posibilidades de ser socorridos, ordena romper el armamento de los compañeros que ya han muerto, así como de las dos ametralladoras que ya se encuentran igualmente sin munición. Dentro del cuartel apenas se puede respirar por efecto del humo y la dinamita, se han agotado los alimentos y desde hace doce horas ya carecen de agua. Los guardias llevan ya treinta horas de defensa y apenas pueden permanecer en pie. Alonso Nart hace un último reparto de municiones y comenta a sus hombres: “Antes de morir sepultados entre los escombros hay que intentar una salida y ganar el otro lado del río. Luego nos internaremos en el monte y trataremos de llegar a Oviedo”.

Deciden la salida y toma el capitán las dos únicas granadas de mano que quedan, y se planta en el umbral de la puerta amenazando con lanzar una de ellas, ante la sorpresa de los mineros, los guardias civiles pueden salir y avanzar por la calle Pablo Iglesias. Al principio consiguen avanzar sin muchos problemas, pero al final de la calle una barrera humana les está esperando. Alonso Nart lanza una granada, dejando fuera de combate a bastantes mineros, haciendo posible la llegada del grupo al puente sobre el Nalón, al lado de la casa LLabranta. Desde el bar Miramar reciben fuego intenso y el grupo pierde su cohesión. Alonso Nart que ha sido herido en una pierna, lanza la segunda granada que al caer en la puerta del bar, donde los mineros habían depositado varias cajas de dinamita, hace que estas explosionen, haciendo que el bar entero salte por los aires. Los guardias salvan el puente y escapan al monte, pero pronto ven que tienen cortada la huida, iniciándose en campo abierto la cacería de los guardias civiles que quedaban con vida y que habían logrado salir del cuartel, en esta cacería dan muerte a los tenientes Llovera y Caderón de la Barca y de dos de los guardias que les acompañan.

Mientras el capitán Nart, seguido por su ordenanza, el guardia civil Serafín Fernández, alcanza un monte cercano, y aunque ha perdido mucha sangre, logra coger el fusil de uno de sus guardias que acaba de morir junto a él y continúa defendiéndose. Serafín Fernández es cazado de un escopetazo en el pecho, cuando cae al suelo el minero Ricardo Pérez Rodríguez, afiliado a UGT, “le dio un tiro para asegurar de este modo su muerte”.

Ya sólo queda manteniendo la lucha el capitán Alonso Nart, al que ya tratan de rematar medio millar de perseguidores. Herido por segunda vez, sin poder valerse, y con tan solo cuatro cartuchos, logra ocultarse en un corral; allí es descubierto por José Gutiérrez Hernández, más conocido en la zona como “Pepón de la Campa”, desde lo alto del muro del corral, le descerraja varios disparos, otros muchos a pesar de estar ya fallecido apoyan esa acción con nuevos disparos. José Alonso Nart, con numerosos impactos en su cuerpo y ya cadáver, es sacado del corral violentamente y arrastrado sin piedad, una vez que su cadáver está se encontraba ya fuera, fue maltratado y desvalijado de todos los efectos y dinero que llevaba en su poder.

En este asalto de más de 2000 milicianos socialistas a las órdenes de Belarmino Tomás al cuartel de la Guardia Civil de Sama de Langreo, murieron prácticamente los 80 guardias civiles y guardias de asalto que lo defendían, incluido el capitán Nart, que recibió a titulo póstumo la Cruz Laureada de San Fernando, por la defensa desesperada, sin descanso y sin esperanza del cuartel de Sama duramte treinta y seis interminables horas.

Antonio Mancera Cárdenas

Guardia Civil retirado en acto de servicio

http://www.elblogdeantoniomancera.com/index.php/historia/la-revolucion-de-asturias-1934/647-revoluci%C3%B3n-de-asturias-1934-la-defensa-del-cuartel-de-sama.html


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