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LA REVOLUCIÓN DE ASTURIAS SE PONE EN MARCHA, PRIMERAS BAJAS EN LA GUARDIA CIVIL

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La República no tardó en descubrir la efectividad de la Guardia Civil, y el Cuerpo, una vez implantada la República, sirvió con lealtad institucionalmente a los que, meses antes, la consideraban su enemiga, sirva como apostilla el siguiente fragmento de un discurso pronunciado en las Cortes, el 5 de enero de 1.933, por don Manuel Azaña:

"... la Guardia Civil, Instituto mantenedor del orden antes de la República e Instituto mantenedor del orden dentro de la República. El Gobierno está absolutamente satisfecho y seguro, y que en esta confianza se mantiene el Gobierno frente a esta Institución del Estado, que yo no digo que sea mejor ni peor que las otras Instituciones del Estado, ni tengo que entrar en ese género de comparaciones, ni la comparo con las del extranjero, ni la comparo con otros Institutos civiles de España. No tengo que entrar en eso. Digo que el Gobierno está absolutamente seguro y satisfecho del comportamiento del Instituto como corporación, lo cual le da autoridad, medios y energías para cuando algún individuo del Instituto se exceda en sus atribuciones o falte, corregirle y castigarle, aplicándole la responsabilidad que compete a un Instituto militar...".

Asimismo, Besteiro, en una conversación mantenida con Azaña, referente al Cuerpo, manifestó: "Es una máquina admirable. No hay que suprimirla, sino hacer que funcione en favor nuestro".

A pesar de los esfuerzos y del apoyo que desde el propio Gobierno se daba a las actuaciones de la Guardia Civil para reprimir una creciente ola de insurrección proveniente de la izquierda radical, el plan revolucionario contra la República siguió su curso, acrecentándose aún más al saberse que se pretendía incorporar a diputados de la CEDA, que había conseguido 115 diputados, al Gobierno.

Este plan revolucionario, del que Belarmino Tomás, presidente del SOMA (Sindicato Minero Asturiano), perteneciente a la federación minera de UGT, era uno de los principales artífices por su ascendiente sobre los mineros de la cuenca asturiana y en el que sería nombrado “general en jefe”, se había elaborado al detalle por las tres ponencias: guerra, política y administración. Este plan quedaría sintetizado en los siguientes puntos:

1º.- Toma de cuarteles de la Guardia Civil de la cuenca minera; consecución de posiciones estratégicas y aprehensión de rehenes: Los guardias que queden con vida serán desarmados y encarcelados.

2º.- Elementos necesarios, con preferencia dinamiteros, para realizar lo anterior.

3º.- Disponer de lugares de concentración desde los cuales, como bases de partida, se desplegarán las columnas, contando con las localidades desde donde han de salir las fuerzas.

4º.- Calles de Oviedo por las que circularán las columnas y aquellas otras de la misma ciudad, que ya estarán formalmente ocupadas por los milicianos rojos, para asegurar el tránsito de ambulancias y servicios de municionamiento.

5º.- Organización de las columnas expedicionarias –una vez triunfante la revolución de Asturias- para ir dominando otras provincias.

Conocido y confeccionado el plan, la primera de las ponencias, la de la guerra se ocupó del encuadramiento de los mineros en grupos de entre quince y treinta hombres con un jefe único para cada grupo y su objetivo era la conquista de Oviedo. Esta se produciría en un ataque nocturno, cuya señal sería un apagón general tras la voladura de parte del tendido eléctrico, en ese preciso momento y a la una de la madrugada del día 5 de octubre deberían ser atacados con dinamita los cuarteles de la Guardia Civil de la cuenca minera y una vez que estos fuesen reducidos en cada pueblo se organizaría un comité que sería el encargado de practicar detenciones y de confeccionar “listas negras” con el propósito de imponer el “terror rojo, para lo cual se crearan los tribunales revolucionarios”.

El plan tan perfectamente sincronizado falló en un primer momento, en Oviedo no se produjo el apagón general que se pretendía, al quedar algunas de las torres del tendido eléctrico a medio caer y tampoco contaron los revolucionarios con el tesón de los guardias civiles en la defensa de sus cuarteles, ya que se concedieron tan solo dos horas para la voladura de los mismos y el control y aniquilación o detención de los agentes, pero en algunos casos esa defensa duró más de dos días.

No obstante y pese a esos primeros fallos, el plan seguía adelante con más o menos acierto, así el asalto a Oviedo se llevaría a cabo el citado día cinco de octubre, con tres columnas, teniendo la primera su base de partida en Mieres y mandada por Graciano Antuña, Presidente de la Federación Socialista Asturiana del PSOE y Secretario General del Sindicato de Obreros Mineros de Asturias (SOMA-UGT). La segunda, procedente de Sama, bajo la responsabilidad de Pedro Vicente. Ambas columnas se arman en el cementerio de San Salvador de la capital ovetense, donde los nichos vacios guardaban cerca de doscientos fusiles y abundante munición. Por último la tercera columna comandada por Francisco Martínez Dutor, y militar, político, sindicalista, fue el autor del plan para la ocupación de Oviedo, esta era la columna más numerosa, se encontraba concentrada en Las Regueras y fue armada en Valduno con las armas provenientes del “Turquesa”.

El plan de ataque a los cuarteles de la Guardia Civil se había preparado sigilosamente, para que fuese efectivo, no obstante en Posada de Llanera, donde se encontraba la mina Sotofirme, el jefe local socialista José Martínez apodado “el Roxu”, al conocer el la tarde del día cuatro la formación del nuevo Gobierno y mientras espera instrucciones de Oviedo, reparte de forma anticipada entre los mineros armas y municiones y establece, con tres horas de anticipación controles y patrullas de vigilancia en las distintas calles del pueblo. Poco después, una partida de mineros situada en la carretera ve acercarse un vehículo con las luces apagadas, en el que viajan Antuña y Dutor y contra el que los milicianos, disparan sin cerciorarse de quien viaja en él vehículo.

El Sargento comandante del puesto Gaspar Sánchez Herrero al oir los disparos sale con dos de sus guardias hacia la plaza del pueblo para averiguar lo sucedido, donde son tiroteados por los mineros sin advertencia alguna, resultando muerto el guardia Emiliano Díaz García, el primer muerto de la revolución de Asturias. Por su parte el sargento y el otro guardia resultan heridos leves y consiguen refugiarse en una casa en construcción desde donde repelen el ataque, desde allí consiguen llegar a Teléfonos para pedir ayuda. Poco después se presenta el Teniente Francisco Esteve con dos cabos y doce guardias, siendo recibidos por un nutrido fuego, muriendo dos de los guardias civiles y resultando heridos el propio teniente, uno de los cabos y un guardia. Abandonados los vehículos en los que se desplazaban el grueso de la fuerza se parapeta en la cuneta derecha, desde donde se defienden de un enemigo invisible por la noche, los mineros disparan al segundo de los vehículos y logran dar muerte al guardia civil Valeriano López, que junto a su padre, también guardia civil, se disponía en ese momento a lanzarse a la cuneta para cubrirse de los disparos. Reagrupa el teniente a sus hombres y logra repeler la agresión, pasando a la ofensiva tras evacuar a los heridos, logrando contactar con la fuerza del puesto de Posada de Llanera, que se encontraba ya en una situación crítica. Poco después se presentan algunas parejas de los puestos de Luanco, Pinzales y Villalegre, además de un coche con seis guardias de Asalto, procedentes de Oviedo, y dos camionetas de Sama y La Felguera con más guardias civiles. Cuando amanece se realiza un ataque a fondo y los trescientos mineros de “el Roxu” son arrollados, los que pudieron escapar al monte son detenidos. Son recogidos 15 fusiles, 11 mosquetones, 70 escopetas, 5.000 cartuchos y 20 paquetes de dinamita. “El Roxu”, escondido en el monte, no fue encontrado hasta dos meses después por una grupo móvil de la Guardia Civil.

Cinco guardias civiles muertos y dos heridos graves costó a la Guardia Civil abortar la revolución en Posada de Llanera, no iban a ser, desgraciadamente los últimos, las hostilidades por parte de los revolucionarios habían comenzado.

Antonio Mancera Cárdenas

Guardia Civil retirado por accidente en acto de servicio

http://www.elblogdeantoniomancera.com


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