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EL FUEGO DE MARÍA, un relato de amor, de esperanza, de vida para los niños que llegan a Hogar Nazaret

ignacio maria donoro rios

El padre Doñoro, nuestro Páter, ha escrito un nuevo libro, que dedica a la Guardia Civil; este libro, "El fuego de María", es el relato de la lucha de un hombre por ayudar a los que menos tienen, una aventura de vida que lleva al Páter Doñoro desde su País Vasco, donde nace, a la selva amazónica del Perú; de asistir a los guardias civiles y estar cerca de sus familias en Intxaurrondo, en los peores años del terrorismo de ETA, a luchar cada día para ayudar a los niños más necesitados de una de las zonas más deprimidas del mundo, la selva amazónica el Perú, y en el camino la guerra o lo que aquí conocimos como "misiones de paz", en Trebinje, Kosovo...,, la ayuda humanitaria en El Salvador..., Un relato de superación personal y espiritual, un relato de vida y de amor a los demás de un hombre de Dios que nunca dio un paso atrás. 

Hoy queremos que nos explique, en primera persona, que es El fuego de María, que significa para él este nuevo libro y que nos recuerde que es y como se vive en Hogar Nazaret a día de hoy.

¿Por qué ha dedicado usted el libro a la Guardia Civil?

Porque estoy convencido de que son los mejores hombres y mujeres de España. Fue en el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo donde realmente se inició esta decisión de ayudar a los más pobres de los pobres. No podíamos entender que hubiera una parroquia militar, la de la Comandancia de la Guardia Civil de San Sebastián, sino una parroquia profundamente mariana y una parroquia que se preocupara de los que más sufren. En un principio fueron los guardias civiles, policías nacionales y militares los primeros que, modestamente, hicieron las aportaciones que cada uno podía. Luego poco a poco se fueron sumando otras personas, pero han sido los más fieles. No hay ninguna institución ni una parroquia detrás. A día de hoy, siguen siendo amigos, muchos de ellos guardias civiles y policías nacionales los que están apoyando esta obra del Hogar Nazaret.

IMAGEN VIRGEN DEL PILAR HOGAR NAZARET¿Cuál es la relación entre el Hogar Nazaret y la Virgen del Pilar?

 Es muy curioso, porque cuando llegas al Hogar Nazaret lo primero que ves es la Virgen del Pilar. La imagen tiene su historia. 

Estando destinado como capellán en Intxaurrondo, preparé el primer viaje a Colombia. Antes de partir, propuse a los niños que vivían con sus familias en el acuartelamiento que hicieran un regalo a los niños colombianos. Me entregaron treinta y cinco equipaciones completas del Real Madrid y una del Barcelona… Algunas madres me dijeron que eran muy caras porque eran auténticas, pero se sentían muy orgullosas del gesto de sus hijos. Pero no quedó ahí la cosa. Los niños decidieron que, si ellos habían hecho ese esfuerzo, yo tenía que donar lo más preciado que tuviera. Y eso, para mí, era la imagen de la Virgen del Pilar que me habían regalado recién ordenado sacerdote. Dudé, pero los niños tenían razón… Si ellos habían entregado lo mejor, yo debía hacer lo mismo.

En una misa muy emotiva, Monseñor Francisco Pérez González, entonces arzobispo castrense, la bendijo. Estuvo un tiempo en la capilla del cuartel y después partió, custodiada por los guardias civiles, para la casa de niños abandonados en Bogotá. A su vez, los guardias y el personal destinado en la embajada española en Colombia le prepararon un buen recibimiento. 

Pasados los años, aquella imagen de la Virgen del Pilar destinada al hogar de los niños fue a parar a un trastero. Los guardias civiles, ofendidos por el trato dado a su Patrona, la trajeron de regreso a España. 

Buscamos iglesias donde donar la imagen, pero cuando decidíamos entregarla en una parroquia, nos decían que no podían ponerla al culto porque ya tenían la misma advocación. Cuando, años después, Dios abrió los caminos para fundar el Hogar Nazaret en la selva del Amazonas, sentí que había sido ella la que me había llevado hasta allí en un recorrido de veinte años, los que habían transcurrido desde mi ordenación sacerdotal. Ella fue la primera que entró en la casa. Por fin regresaba a su Hogar Nazaret, que ya no estaba en Palestina sino en Puerto Maldonado, en Perú. Fue entonces cuando comprendí las idas y venidas y cómo nuestra Madre se las ingenia para estar donde desea y cuidar de sus hijos más pequeños. 

 ¿Cómo y dónde empezó el Hogar Nazaret? 

9 unnamedEl Hogar Nazaret comenzó en Puerto Maldonado, una ciudad de Perú con unas tasas elevadísimas de delincuencia como consecuencia de la minería ilegal. Allí estuve los primeros años, pero luego tuve que escapar de la zona después de que las mafias descubrieran que me dedicaba a salvar a esos niños que ellos explotaban. Era muy fácil vulnerar los derechos de los más pequeños, porque muchos carecían de carnet de identidad y nadie sabía que existían. Para el Estado no eran nadie… Una noche, tres individuos entraron en la casa y me propinaron tal paliza que me dieron por muerto. Cuando me recuperé lo suficiente para poder viajar, no tuve más remedio que salir de allí y volver a España para ponerme en manos de los médicos…

Poco después volví a Perú, pero esta vez a un lugar distinto. El segundo comienzo del Hogar Nazaret tuvo lugar en la región de San Martín, en Bellavista. Ahí es donde actualmente resido y donde se han construido cinco casas para niños, niñas y adolescentes. Y tenemos una escuela de fútbol a la que pueden acudir también los niños del pueblo. 

3 unnamed¿Cómo llegan los niños al Hogar Nazaret?

Muchos de los niños que llegan a las puertas del Hogar Nazaret no son huérfanos, pero han vivido situaciones terribles en sus propias casas. La región de San Martín, en la selva del Amazonas, es un lugar de una extrema pobreza. Debido a las altas temperaturas y a la humedad, los cultivos son muy limitados y las cosechas se estropean con frecuencia, lo que provoca hambrunas. Junto a esa pobreza material coexiste una gran pobreza espiritual. Precisamente, una de las características comunes a esos niños es que no los quiere nadie. A mí eso me parte el alma…

Cuando a mí me traen a un niño lo que me importa es ver cómo está, qué necesita, si tiene carnet de identidad o hay que tramitarlo, si tengo que llevarlo al médico, si hay que escolarizarlo… Prácticamente todos llegan desnutridos y llenos de enfermedades, de parásitos en el estómago y en el intestino, de llagas purulentas, etc. Y a pesar de que todas esas heridas tardan meses en curarse, son mucho peores las heridas que tienen impresas en el alma. Cada uno de ellos necesita tiempo, cuidados y mucho cariño para ir poco a poco recuperando la salud y la dignidad que nadie debió haberle quitado.

Decía antes que los primeros en hacer aportaciones para ayudar a los niños del Hogar fueron guardias civiles y policías nacionales. ¿Podría explicar brevemente cómo se sustenta el Hogar Nazaret? 

 El Hogar Nazaret vive de la ayuda económica de muchas personas que colaboran con cantidades pequeñas de forma regular, lo que permite una cierta estabilidad. Yo tengo que dar de comer todos los días a cientos de niños y niñas, comprarles uniformes para el colegio —en Perú es obligatorio en todos los centros de enseñanza—, y todo lo que necesiten, como lo haría cualquier padre o madre. Eso no siempre es sencillo. Recientemente hemos llegado a un acuerdo con el gobierno regional para que dé cobertura a algunos gastos. También nos ha hecho entrega de dos vacas, para que con el tiempo podamos ir desarrollando una pequeña explotación agropecuaria que nos sirva de sustento y de centro de formación, para que, una vez terminada la etapa escolar, los chavales que lo deseen puedan formarse en tareas agrícolas y ganaderas, adquiriendo así unos conocimientos que les permitan ganarse la vida en un futuro. 

Es posible que, cuando el proyecto de la explotación agropecuaria esté terminado y funcionando a pleno rendimiento, contemos prácticamente con los recursos económicos necesarios para no tener que estar dependiendo de otros para poder comer. Mientras tanto, estamos inmensamente agradecidos a todas aquellas personas que colaboran con el Hogar Nazaret a través de la página web www.hogarnazaret.es., donde se realiza una captación de fondos en la que cada céntimo está destinado a los niños. 

En su libro El fuego de María cuenta, entre otras muchas, la historia de Nachito, un niño al que su familia había tirado al agua para que se ahogara y que usted consiguió rescatar… 

4 unnamedSí, la historia de Nachito es espeluznante, pero todas las historias de estos niños lo son. En el caso de Nachito, fue una voluntaria la que me alertó de que le habían hablado de un bebé al que habían tirado al agua en una zona tan peligrosa que ni siquiera entraba la policía… Al parecer, una vecina había rescatado a la criatura, que estaba muy grave. Inmediatamente me metí en la camioneta con varios voluntarios. Antes de ponernos en marcha, les avisé del riesgo que corríamos al meternos en una zona que había sido invadida ilegalmente. Los invasores habían establecido sus propios controles de entrada y salida. Yo pensaba que, aunque la camioneta llevaba un letrero muy grande del Hogar Nazaret, nos iban a cortar el paso, pero luego me di cuenta de que, entre los más pobres de los pobres, todo el mundo sabía quiénes éramos, y nos permitieron pasar. 

La interlocutora para hacer la entrega del pequeño era su abuela, la persona que lo había tirado al agua. Cuando le pregunté el nombre del niño, me dijo que no tenía nombre, algo que me dejó roto. ¡Si cualquiera le pone nombre hasta a un perro! Pero no. Aquel era un bebé sin nombre y eso era una tragedia.

—Le voy a dar ni nombre. Se va a llamar Ignacio María —decidí rápidamente.

Aquello tranquilizó a la señora. Si tratas con amor a los que han actuado de una manera tan bárbara, los dejas totalmente desconcertados, al mismo tiempo que les ofreces una oportunidad para amar y replantearse su vida. Nachito, el bebé, estaba muy mal y me lo llevé al hospital. Allí descubrí que no era solo que aquel bebé no tuviera nombre, sino que tampoco tenía partida de nacimiento... Lo llevamos al registro y le di mi nombre, pero le puse los apellidos de sus padres, porque consideré que, aunque ellos no le quisieran, él tenía derecho a sus padres. 

Al día siguiente vino el padre de Nachito, que no le había visto nunca, y me hizo una confidencia: en el monte tenía otro hijo, Marco, que llevaba cuatro años sobreviviendo gracias a lo que le daban los demás. Le pedí que, por favor, fuera a por él y me lo trajera. Volvió tres días después con el pequeño Marco, un niño muy rubio con ojos azules y con una capacidad enorme para amar.  Yo le había encargado que cuidara de su hermano y le diera los biberones, y lo mantuviera limpio y seco cambiándole el pañal cada vez que hiciera falta, y Marco se pasó años cuidando de Nachito, a quien quería mucho. Cuando años después apareció la madre de Nachito, que por fin había conseguido dejar las drogas en las que había estado metida, percibí que sentía un gran rechazo hacia Marco, por lo que deduje que debían ser hermanos de padre, pero no de madre. Desde el principio quise que, cada vez que la madre sacara a Nachito a dar un paseo, se llevara también a Marco, para que pudiera ver que era un niño maravilloso y que no podía separar a esos dos hermanos que se querían tantísimo y que habían pasado los últimos años juntos. Y aunque le costó mucho aceptar a Marco, al final se los llevó a los dos.

Explica usted en el libro que en una ocasión alguien le dijo que «no podía querer tanto a los niños, que no iba a aguantar»… 

Sí, es cierto. Ya han pasado muchos años de aquello y yo no me arrepiento de amar tantísimo a mis niños. No creo que sea verdad lo que dicen algunos de que te acabas acostumbrando al dolor. Al menos, yo no puedo. Las historias de estos niños no son fáciles de llevar. Todo lo que han vivido está rodeado de mucho horror, de dolor y de sentimientos de culpabilidad. Se sienten humillados y tienen una autoestima muy baja. Al final, lo mejor que puedes hacer es escucharlos y, si hace falta, llorar con ellos, pero no te acostumbras. Yo he venido aquí para amar, y el que ama sufre; y quien más ama, más sufre. Y cuando amas hasta que crees que te va a estallar el corazón, sufres una barbaridad… El día que me acostumbre a marcar una distancia con los que sufren, me iré.

NOTA DE REDACCIÓN.- No lo dice, vemos en sus ojos el brillo de alguien enamorado de lo que hace, de su obra, porque la obra y el mérito al sacar a decenas, centenares de niños de las mafias, de la pobreza, del hambre, es principalmente suya, orgulloso de sus niños, de los que habla con un amor indescriptible, pero preocupado, sabemos que hoy, Hogar Nazaret está pasando por momentos duros, aunque no se queja en esta redacción hemos sabido que desde el mes de marzo no reciben ayudas, esas ayudas que voluntariamente muchos de nosotros hacemos, por eso desde aquí os queremos recordar lo poco que vale la vida de estos niños, lo importante que es la labor del padre Doñoro y de Hogar Nazaret y lo poco que cuesta hacer que estos niños puedan seguir viviendo felices en lo que es su hogar gracias a nuestro Páter, una pequeña aportación no supone mucho para nosotros y sin embargo puede salvar la vida de estos niños.

Hogar Nazaret, Peru.

www.hogarnazaret.es

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