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Tras el rastro de la primera víctima del terrorismo en España

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A la izquierda, el guardia civil Jaime Tous Cirés, primera víctima del terrorismo en España, muerto a consecuencia de la explosión de dos bombas Orsini en el atentado cometido por el anarquista Paulino Pallas contra el general Arsenio Martínez Campos, hecho ocurrido el 24 de septiembre de 1893 en la Gran Vía de Barcelona. En el centro, Teniente de la Guardia Civil Francisco de Fuentes-Fuentes y Castilla-Portugal, primera víctima del terrorismo según la Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo, muerto en enfrentamiento armado con el maquis Francisco Sabater Llopart el 3 de enero de 1960 en la masía Clara de Palol de Revardit (Gerona). A la derecha, Guardia Civil José Antonio Pardines Arcay, primera víctima del terrorismo de ETA, asesinado por los terroristas Txabi Etxebarrieta e lñaki Sarasqueta el 7 de junio de 1968 en las proximidades de Villabona (Guipúzcoa).

Jaime Tous, Francisco de Fuentes, José Antonio Pardines: tres víctimas, tres primeras víctimas de tres terrorismos distintos, tres víctimas del mismo terrorismo, tres guardias civiles de una misma Guardia Civil, porque "en nuestras filas siempre se muere por España y sólo a nosotros honra el enemigo con sus mejores y mayores armas".

begoña urrozEl 11 de marzo de 2010 se celebraba en el Congreso de los Diputados un acto solemne para rendir homenaje a los 192 muertos y más de 2.000 heridos víctimas de los atentados islamistas del 11-M, seis años después de aquel día de horror, muerte, llanto e indignidad.

En esa misma sesión, el entonces presidente del Congreso, José Bono, anunció, en presencia de los presidentes del Gobierno, del Senado, del Constitucional, del Supremo, de la Comunidad y del alcalde de Madrid, que la Cámara había aprobado por unanimidad y asentimiento declarar el 27 de junio como Día de Homenaje a las Víctimas del Terrorismo.

El propio José Bono precisó en el hemiciclo que la fecha del 27 de junio fue elegida porque “ese día de 1960 ETA asesinó por primera vez, concretamente a una niña de 22 meses llamada Begoña Urroz Ibarrola que murió calcinada en un coche como consecuencia de un artefacto explosivo que la banda terrorista vasca en la estación de autobuses de San Sebastián”, remarcando “la vileza de ETA de empezar matando un bebé”.

Llegado aquel 27 de junio y en cumplimiento a la resolución del 11 de marzo, se celebró en el Congreso de los Diputados un nuevo acto solemne, presidido en esta ocasión por Sus Majestades los Reyes, en el Día de Homenaje a las Víctimas del Terrorismo, recordando el asesinato, cincuenta años antes, como se ha dicho, de la niña Begoña Urroz Ibarrola, que estuvo muy presente en la jornada, incidiendo todos los medios que se hicieron eco de la noticia en la atribución del asesinato a la banda terrorista ETA, atribución totalmente errónea, ya que el atentado fue cometido, sin ningún género de dudas y así está plenamente demostrado, por el denominado DRIL (Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación).

Al día siguiente, 28 de junio, todos los grupos parlamentarios escenificaron su unidad en apoyo de las víctimas del terrorismo, avalando la entrada en el Registro del Congreso de la proposición de ley de reforma de la Ley 32/1999, de 8 de octubre, de solidaridad con las víctimas del terrorismo, reforma promovida por el PSOE y el PP en colaboración con las asociaciones de víctimas y a la que finalmente se sumaron el resto de formaciones políticas.

Esta ley, que entraría en vigor el 23 de septiembre del año siguiente, apenas un mes antes del histórico comunicado en el que ETA anunciaba “el cese definitivo de su actividad armada”, bajo el título de “Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo”, establece todo un mecanismo de acción y asistencia a las víctimas, incluyendo además, entre otras novedades significativas, en contraposición a la Ley 32/1999, el reconocimiento de todos los atentados perpetrados desde el 1 de enero de 1960, año en el que falleció la niña Begoña Urroz , lo que posibilitaría que, por Real Decreto 710, de 13 de abril de 2012, se le concediese, a título póstumo, evidentemente, la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo.

En cambio, en la Ley 32/1999, se fijaba como fecha tope el 1 de enero de 1968, año en el que falleció el guardia civil José Antonio Pardines Arcay y que hasta la errónea atribución a ETA del atentado que costó la vida a Begoña Urroz había sido considerado, acertadamente, como la primera víctima de la organización terrorista.

Siendo a día de hoy un hecho excusado de probanza que la primera víctima mortal del terrorismo de ETA fue el guardia civil José Antonio Pardines Arcay, las consecuencias de la errónea atribución a esta banda terrorista del asesinato de la niña Begoña Urroz y el consecuente reconocimiento en la Ley 29/2011 de todos los atentados perpetrados desde el 1 de enero de 1960, exceden la anécdota del simple error del legislador.

pardinesLa Ley 29/2011. Ni Begoña Urroz ni Pardines; el primero, el teniente Fuentes

A los huidos del Ejército Popular de la República que no fueron hechos prisioneros tras el final de la guerra civil y que de forma desorganizada sobrevivían clandestinamente en los montes y sierras de España, pronto se unieron algunos cuadros dirigentes y otros miembros de las fuerzas políticas vencidas, especialmente las de signo comunista y anarcosindicalista, que organizaron partidas con la finalidad de subvertir el Régimen.

Los miembros de estas partidas, que operaron en España desde el final de la guerra hasta principios de la década de los sesenta, inicialmente fueron conocidos como “huidos”, con posterioridad como “guerrillerros antifranquistas”, a partir del año 1944 con la entrada en España de miles de ellos por el Valle de Arán, como “maquis” y, a la vez y durante todo el período, como “bandoleros comunistas”.

Según el historiador y general de la Guardia Civil Francisco Aguado Sánchez, el más acreditado estudioso del tema, el bandolerismo comunista de posguerra cometió, hasta su erradicación, 953 asesinatos, 845 secuestros, 538 sabotajes (principalmente ataques con explosivos contra las infraestructuras viarias) y 5.963 atracos, lo que totaliza 8.289 actos delictivos.

Estos hechos, independientemente de los distintos posicionamientos político-ideológicos al respecto, simple y llanamente, no podrían ser calificados más que como acciones terroristas, entendidas éstas tal y como las define el artículo 3 de la Ley 29/2011, que serían aquellas llevadas “a cabo por personas integradas en organizaciones o grupos criminales que tengan por finalidad o por objeto subvertir el orden constitucional o alterar gravemente la paz pública”.

En la lucha contra este fenómeno se registraron 1.826 enfrentamientos armados con las entonces Fuerzas de Orden Público, falleciendo 12 miembros del Cuerpo General de Policía, 11 de la Policía Armada, 27 del Ejército y 260 de la Guardia Civil, que también registró 370 heridos, cifras que hablan por sí mismas y que darían por buena aquella afirmación según la cual “donde se ponen adjetivos numerales sobran todos los demás”.

A su vez resultaron muertos 2.173 “maquis” y detenidos otros 3.387, además de 19.444 de sus enlaces, cómplices y encubridores. A estos activistas les fueron incautadas 24 ametralladoras, 3.525 armas largas (fusiles, rifles y escopetas), 516 subfusiles ametralladores y 3.075 armas cortas (pistolas y revólveres), además de 7.804 artefactos explosivos (incluidas granadas de mano).

Como diría el también historiador Ricardo de la Cierva, “en esta lucha la Guardia Civil demostró un heroísmo pocas veces superado y salvó a España de un derrumbamiento frente a la ofensiva exterior”.

Siendo esto así se concluye que tampoco Begoña Urroz sería la primera víctima del terrorismo ni tan siquiera en base a los presupuestos de la Ley 29/2011, ya que como quiera que ésta reconoce todos los atentados perpetrados desde el 1 de enero de 1960, en realidad y según la interpretación estricta de la misma, la primera víctima del terrorismo fue, vaya casualidad, un guardia civil, el teniente Francisco de Fuentes-Fuentes y Castilla-Portugal, fallecido en la noche del 3 al 4 de enero de 1960 en torno a la masía Clarà, en el término municipal de Palol de Revardit (Gerona), en el curso de un enfrentamiento armado con un grupo de “maquis” de signo anarcosindicalista, encuadrados en el autodenominado MURLE (Movimiento Unificado de Resistencia y Liberación de España) y comandado por Francisco Sabater Llopart “Quico”, que fue el que, con su subfusil Thompson del calibre 45 ACP, realizó los disparos que acabaron con la vida del malogrado teniente Fuentes.

En base al “descubrimiento” y como dice el preámbulo de la propia Ley 29/2011, inspirado “por los principios de memoria, dignidad, justicia y verdad”, en honor a la fidelidad histórica, a la memoria del teniente Fuentes y a la de la Guardia Civil y, sobre todo, al reconocimiento en sus deudos de su figura, se informa a su hija Dª. María Isabel de Fuentes (tenía 17 años cuando su padre fue asesinado), del posible derecho que le asiste, según la Ley 29/2011, de solicitar del Ministerio del Interior la concesión para su padre de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo y, a la vez, el abono del resarcimiento por fallecimiento en la cuantía reconocida en el artículo 7 del Real Decreto que aprueba el Reglamento de la tan citada Ley.

fuentesCon una envidiable jovialidad, con un indisimulado e indisimulable acento catalán y con toda la amabilidad del mundo, María Isabel de Fuentes nos recibe en su casa, una casa en la que, sin perder ni un ápice de su condición de hogar, se “respira a Guardia Civil”: figuritas de una pareja de la Guardia Civil; escultura en bronce de un guardia civil a caballo; bandera de España; cenicero con forma de tricornio; cuadro al óleo del bisabuelo Francisco de Fuentes, teniente coronel condecorado con la Cruz de San Fernando; imagen de la “Patrona”, de la Virgen del Pilar, con una vela encendida -permanentemente, recalca- y fotografías enmarcadas de su padre y de sus dos hermanos vistiendo el uniforme de la Guardia Civil…

Y cuidadosamente guardados, como si de auténticas reliquias se tratase, la documentación, los recortes de prensa y las fotografías, y el tricornio de gala y hasta el gorro montañero - de la Sastrería Militar “Alamillo” de Barcelona-, que llevaba su padre cuando fue asesinado…

“Yo nací en una casa-cuartel y los mejores recuerdos de mi vida son de aquel cuartel y de las familias que allí vivíamos. La amistad, los juegos infantiles, el compañerismo, las Navidades, muchas veces celebradas en común, la ‘Patrona’…”.

A pesar de su escepticismo y reticencias iniciales y de manifestar que su caso ya lo había consultado con distintos abogados, los cuales le habían informado que el asesinato de su padre no podía acogerse a la nueva Ley, se le confecciona la instancia de solicitud y los documentos probatorios de carácter histórico anejos a la misma, los cuales entrega, con fecha 12 de septiembre de 2014 (tan solo 7 días antes de finalizar el plazo de admisión de solicitudes), en la Subdelegación del Gobierno en Gerona.

 “Mi padre era un padre cariñoso y ejemplar, el mejor de los padres, que vivía para y por la Guardia Civil y por y para su familia. Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños nos ayudaba con nuestros deberes y tareas escolares y revisaba meticulosamente, con paternal exigencia no exenta de firmeza, nuestras notas académicas”.

fuentes e hijos“Recientemente, en una celebración familiar había dicho que era el hombre más feliz del mundo, pues había llegado a Oficial de la Guardia Civil, su hijo mayor - mi hermano Francisco Javier- era ya también teniente del Cuerpo, su otro hijo - mi hermano Juan Bautista- había aprobado el examen para la Academia General Militar y ya era Cadete y yo, su hija, a mis 17 años, estudiaba 6º de Bachiller, el último curso del bachillerato de entonces”.

 “Mi padre no llegó a ver mujeres guardias civiles, pero seguro que le habría gustado -y a mí también-, que yo hubiese podido ser guardia civil. Refiriéndose a mis hermanos decía que ‘ellos empiezan su carrera donde yo termino la mía’. Desgraciadamente, en esta ocasión mi padre se equivocaba, pues no terminó su carrera militar de teniente, como él creía y así, con antigüedad de tres de enero de 1960 -el día de su fallecimiento-, por Decreto de veintiocho de enero del mismo año, fue ascendido, a título póstumo, al empleo de Capitán”.

Al final, tras varias comunicaciones intermedias, interrupción del plazo para la resolución del procedimiento y solicitud de documentación probatoria adicional, el 16 de junio de 2015 Dª. Isabel de Fuentes recibe una comunicación oficial de la Subdirección General de Ayudas a Víctimas del Terrorismo y de Atención Ciudadana del Ministerio del Interior en la que se le informaba que su solicitud había sido “estimada” y en la que se calificaba el asesinato de su padre, el teniente Fuentes, como “acto terrorista”.

Todo había comenzado el 30 de diciembre de 1959, cuando llega a conocimiento de la Guardia Civil que un grupo de cinco individuos sospechosos, de los que inicialmente se presume que pudieran ser contrabandistas, ha cruzado la frontera franco-española en dirección a Espinavesa (Gerona). Inmediatamente y con el fin de identificarlos se cerca la zona comprendida entre las localidades de Borrassá, Tarabaus, Lladó, Crespiá y el río Fluviá.

El 31 por la tarde, la partida es avistada en las márgenes del río Fluviá, en dirección al sur. El 1 de enero de 1960 se refuerzan los servicios de cerco y batida, tanto hacia la frontera francesa como dirección a Barcelona, pero durante este día y el siguiente, los reconocimientos no tienen éxito.

En la tarde del 2 de enero se reciben noticias confidenciales de que el grupo de sospechosos ha sido avistado en las proximidades de Flassá, al sur del río Ter, consultando un plano. La zona es cercada y exhaustivamente batida pero los resultados vuelven a ser infructuosos.

masiaEl día 3 de enero se montan dos nuevas barreras de contención, la primera entre Caldas de Malavella y Playa de Aro, con núcleos en Llagostera, Romaña de la Selva y Santa Cristina y la segunda, entre Hostalrich y Blanes, con puntos intermedios de vigilancia y control en Forgás de Torciera, Torciera y Gelpi. Sobre el mediodía, un grupo de un cabo y dos guardias civiles, destacado en la ermita de La Mota son informados de que en la masía Clarà hay un grupo de cinco hombres sospechosos, sobre cuya identidad ya no hay ninguna duda, ya que el que comandaba la partida, Francisco Sabater Llopart “Quico”, había sido identificado mediante fotografías mostradas a los naturales del país que lo habían visto.

Al tiempo que se participa la novedad se monta un servicio de vigilancia discreta sobre la masía, confirmándose la presencia en la misma de los sospechosos. Seguidamente, el comandante segundo jefe de la Comandancia ordena reforzar el cerco con un nuevo grupo de guardias, al tiempo que el teniente Francisco de Fuentes-Fuentes y Castilla-Portugal, al mando de otro grupo, realiza una batida por la zona de San Gregario y Canet de Adrí por si la partida intentara escapar por allí.

Al poco tiempo de haber cercado la masía, Sabater y sus hombres salen a la puerta para continuar la marcha. Al verse rodeados abren fuego y retroceden al interior de la masía, repeliendo la Guardia Civil la agresión, resultando muerto un “maquis ” y Sabater herido en una nalga. Como quiera que la partida toma como rehenes al matrimonio que ocupaba la masía, la Guardia Civil cesa el fuego al tiempo que se conmina a los cercados a entregarse.

Sobre las once de la noche, el teniente Fuentes regresa exhausto de dar su batida por la zona de San Gregario y Canet de Adrí, prestándose voluntario para establecerse junto a sus compañeros en primera línea de fuego, en el cerco de la masía. Alrededor de la media noche, Sabater suelta y azuza una vaca que había en el establo de la masía con la intención de despistar a la Guardia Civil. Con la confusión creada con la salida de la vaca, los cercados aprovechan para saltar por una ventana de la pared trasera del inmueble, lanzando granadas de mano y disparando ráfagas de subfusil ametrallador.

decreto“Cuando se inició la persecución de los bandoleros, mi padre estuvo varios días de servicio en el monte, participando en las distintas batidas. El día tres y al regresar de una de estas batidas, el jefe de la Comandancia le ordenó que se retirase a descansar, pero al enterarse que la partida ya estaba localizada y cercada, se negó a ello, argumentando que él, junto con los guardias del Puesto de Salt, eran los que mejor conocían el terreno, al contrario de ‘los de la Comandancia Móvil de Barcelona’, que no lo conocían, por lo que el teniente coronel le autorizó a situarse junto al resto de fuerza que los tenía cercados”.

El teniente Fuentes se aproxima sigiloso al lugar, topándose con Sabater que se encuentra agazapado, del cual recibe una ráfaga de subfusil. Francisco de Fuentes-Fuentes y Castilla-Portugal fallece en el acto.

 “El entierro de mi padre se realizó en la Iglesia de San José, próxima a la Comandancia y constituyó una gran manifestación de duelo a la que asistieron miles de personas. Fue el mayor entierro realizado nunca en Gerona. Aparte de las autoridades civiles y militares, también asistió -algo inusual-, el Obispo José María Cartaña, conocido en Gerona en aquellas fechas como ‘Pepet Vermell / José el Rojo’, por sus ideas progresistas y opuestas al Régimen, pero acudió al entierro porque era un gran amigo de mi padre”.

 “El asesinato de mi padre me destrozó la vida. Con mis diecisiete años tuve que hacerme adulta de repente y me convertí en el apoyo moral de mi madre, que nunca superó aquello, y así continué, ‘con mi madre cogida de mi brazo, hasta su muerte’. Me vistieron de luto riguroso, como una ‘cucaracha’ y llevé ese luto durante siete años, estudiando, trabajando, cuidando de mi madre y sin salir de casa para nada más. Cuando me veían en la calle, tan joven y vestida de negro, me convertía en el centro de todas las miradas y la gente comentaba, a mis espaldas: ‘Es la hija del teniente de la Guardia Civil asesinado’”.entierro

 “Teóricamente tenían que haber sido los mejores años de mi vida, pero yo no tuve juventud, me la robaron. Al cabo de siete años, unos amigos de la familia, militares también, vinieron a casa y le dijeron a mi madre que yo tenía que salir, que era muy joven, que no podía estar encerrada toda la vida, que eran las fiestas de Gerona. Aquel día hice mi primera salida lúdica en siete años; estos amigos de la familia me llevaron al cine, a ver una película, ‘Los Diez Mandamientos’”.

“El paso del tiempo, que dicen que todo lo cura, a mí no me curó. Sólo viví el olvido por parte de todos y por parte de las instituciones también. Después vino la democracia y con ésta vino otro terrorismo, en el que la mayoría de los muertos también eran guardias civiles -siempre la Guardia Civil- , pero de nosotros, de las víctimas del ‘maquis’ nadie se acordaba, parecía que molestábamos, parecía que aquellos hechos no habían ocurrido nunca, un tupido velo de silencio lo cubrió todo”.

placa“Y para mayor humillación, ver a los asesinos elevados a la categoría de héroes, ver como a Sabater, al asesino, le hacían homenajes, le dedicaban calles y plazas, libros, artículos periodísticos y hasta películas hagiográficas, mientras la tumba de mi padre era profanada y nos rompían la lápida con su nombre y unos versos que había escrito mi hermano…”.

Tres “maquis” (Miracle, Madrigal y Montoya) resultan muertos en este penúltimo enfrentamiento, mientras Sabater, que había recibido dos nuevos disparos, tras inyectarse una dosis de morfina para paliar el dolor y amparándose en la oscuridad de la noche, logra huir de nuevo. Finalmente, el día cinco y en nuevo enfrentamiento armado con fuerzas del Somatén y de la Guardia Civil, esta vez en la localidad de San Celoní, Francisco Sabater Llopart “Quico”, resultaría muerto, tras herir de bala a un subcabo del Somatén.

Constatado que, en aplicación de la Ley 29/2011 -aprobada, en última instancia, para “la reparación integral” de las víctimas de ETA- el primer fallecido en atentado terrorista fue el teniente de la Guardia Civil D. Francisco de Fuentes-Fuentes y Castilla-Portugal, atentado que como se ha expuesto no cabe atribuir a la citada banda armada, la curiosidad intelectual obligaba a continuar la investigación para intentar determinar quién fue, en realidad, el primer fallecido en atentado terrorista en España al margen de los atentados reconocidos en el tramo de fechas que fija la precitada Ley 29/2011.

El “primero” de los “primeros”, el guardia civil Jaime Tous

Si consideramos violencia terrorista la llevada a cabo, como dice el artículo 3 de la Ley 29/2011, “por personas integradas en organizaciones o grupos criminales que tengan por finalidad o por objeto subvertir el orden constitucional o alterar gravemente la paz pública”, al margen de otras formas de violencia política como la guerra, la insurrección o el golpe de Estado y repasamos la historia reciente de España necesariamente tenemos que concluir que el primer ciclo de terrorismo que sufrió nuestra patria fue el de signo anarquista que se inició a finales del siglo XIX y que se extendió hasta bien entrado el siglo XX.

La violencia revolucionaria anarquista era ejecutada al amparo, según ellos, de unos principios éticos de respeto al género humano, pero desgraciadamente para el “género humano” la realidad de “la propaganda por el hecho de la acción directa” ocasionó muchas víctimas inocentes, al igual que ocurre en nuestros días.

La respuesta de las organizaciones anarquistas frente a los abusos -reales o imaginarios-, de la oligarquía, no fue siempre la huelga revolucionaria, ni frente al Gobierno la acción política. Los anarquistas se situaron frente al Estado liberal y actuaron desde la clandestinidad para aterrorizar y asesinar sin un vínculo político con la sociedad democrática. Enfrente estaba el Estado respondiendo con las fuerzas del orden, dando origen a un paralelismo con el terrorismo actual y reciente, con un entorno similar y con un fondo común que justificaba -y justifica- la acción directa como método político para conseguir sus objetivos.

Los atentados anarquistas no sólo lo fueron contra la Monarquía, las autoridades, los líderes y dirigentes políticos o contra la oligarquía financiera o empresarial, sino que también tuvieron dramáticas consecuencia para la población civil.

Los atentados del 7 de noviembre de 1893 (bombas en el Liceo de Barcelona), del 7 de junio de 1896 (bomba en la procesión del Corpus Christi en Barcelona) y del 31 de mayo de 1906 (bomba contra el Rey de España Alfonso XIII en Madrid el día de su boda con Victoria Eugenia) ocasionaron decenas de víctimas inocentes, debido a los “daños colaterales”, y todo en nombre de su libertad. Los anarquistas fueron los primeros terroristas de España, los del terrorismo de finales del siglo XIX y también de principios del XX.

tous 2El primer atentado anarquista con víctimas mortales tuvo como objetivo al Capitán General de Cataluña, Arsenio Martínez Campos. El 24 de septiembre de 1893, durante un desfile militar celebrado en la Gran Vía de Barcelona con motivo de las fiestas de la Merced, el anarquista Paulino Pallàs arrojó dos bombas Orsini a las patas del caballo del Capitán General, causándole heridas leves a él y a los generales Castellví y Clemente y matando al guardia civil Jaime Tous Cirés, convirtiéndolo así en la primera víctima del terrorismo en España.

Dicen las crónicas de la época que Paulino Pallàs, que fue detenido, después de “declararse anárquico-comunista”, “se confesó sin el menor reparo, aunque sin mostrar petulancia, autor único del hecho”, añadiendo que “había sido su intención matar al general Martínez Campos, pues estimaba que su venida a Cataluña significaba un desafío al pueblo catalán, desafío que él, como catalán, había aceptado, y repelido la acción como estimaba se merecía”.

Dicen también estas crónicas que Jaime Tous Cirés “tenía 28 años de edad, era soltero y natural de Palma de Mallorca, en cuya población reside su anciana madre”, que anteriormente “había sido corneta de artillería de plaza y en 1º de mayo de 1889 ingresó en la cuarta compañía del tercer tercio de la guardia civil ”, que su “hoja de servicios era intachable”, habiendo “conquistado siempre por sus prendas de carácter la consideración de sus jefes y las simpatías de sus compañeros de armas”.

Añaden otros documentos coetáneos que Jaime Tous era “de costumbres morigeradas y laborioso en extremo”, que “ el sostenimiento de su madre era lo único que le preocupaba”, que mantenía desde “hace algún tiempo relaciones amorosas con una joven de Pollensa y dentro de breve plazo había de casarse con ella, para lo cual había solicitado ya el oportuno permiso” y que en “las pasadas huelgas y en otros servicios de importancia había prestado excelentes servicios” por lo que “mereció que le diese las gracias el Director general de la Guardia Civil”.

Tras la comisión del atentado, el cuerpo de Jaime Tous fue trasladado al Hospital Militar, donde, a las dos y media de la tarde se le practicó la autopsia “por los médicos de aquel establecimiento, los cuales le extrajeron el casco de la bomba explosiva que le produjo la muerte” y después “fue amortajado con el uniforme que vestía durante la parada, excepto el pantalón que tuvo que cambiársele, por haber sido aquel destrozado por completo”.

El sepelio de Jaime Tous se realizó a las cinco de la tarde del día siguiente, 25 de septiembre y si continuamos leyendo los documentos de la época “pocas manifestaciones se han presenciado en Barcelona tan imponentes como la del entierro del guardia Tous”, al que asistió una “inmensa multitud, que se agrupaba también en la Ronda de San Antonio, calle de Pelayo, Ramblas y demás que había de atravesar la comitiva”.

Aparte de todas las autoridades civiles y militares de la Ciudad Condal, “abrían la marcha del cortejo fúnebre agentes de la Guardia Municipal a caballo, con uniforme de gran gala, seguidos de la banda de música del batallón de Cazadores de Figueras, una compañía de Carabineros, dos de Cazadores de Figueras, una de Administración Militar; dos del Regimiento de Infantería Asia, una sección de Caballería de Treviño y otra de Borbón, dos secciones de Artillería de montaña y de plaza, otra de Ingenieros, individuos del cuerpo de Sanidad Militar, la banda de música del Regimiento de Infantería de San Quintín, el Clero castrense con la cruz alzada, doce guardia civiles de Infantería y otros tantos de Caballería y el ataúd llevado en hombros por seis guardias jóvenes que turnaban con otros tantos veteranos”.

Cerraban la marcha sendas secciones de la Guardia Civil de Infantería y de Caballería, las bandas de música del Regimiento de Infantería de Asia y del de Cazadores de Alfonso XIII y la carroza fúnebre de la Casa Provincial en cuya trasera “se veían dos coronas de flores de porcelana, violetas y pensamientos, en cuyas cintas de seda negra se leían las siguientes dedicatorias: ‘Los jefes y oficiales del tercer tercio de la guardia civil al guardia Jaime Tous Cirés’. En la otra: ‘Las clases y guardias del tercer tercio de la G. C. a su compañero J. T. C.’”.

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Por todo ello, en el 50 aniversario del asesinato de Pardines, primera víctima de ETA, no estaría de más recordar que Jaime Tous y Francisco de Fuentes, junto al mismo José Antonio Pardines, fueron tres primeras víctimas, tres víctimas de tres terrorismos diferentes, tres víctimas del mismo terrorismo, tres guardias civiles de una misma Guardia Civil, porque “en nuestras filas siempre se muere por España y sólo a nosotros honra el enemigo con sus mejores y mayores armas”.

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