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El Mediterráneo en la geopolítica mundial

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La importancia geopolítica del Mediterráneo reside principalmente en que, por un lado, conecta tres continentes África, Asia y Europa, cada uno de ellos cuna de distintas civilizaciones y por otro, también se asientan en su cuenca las tres grandes religiones monoteístas, el cristianismo, el judaísmo y el islamismo, con sus grandes diferencias y percepciones del mundo. Eso ha permitido que hoy siga siendo una importante región mundial donde se entrecruzan diversas corrientes ideológicas, culturales, religiosas o nacionalistas que pueden ser focos de conflicto con repercusiones internacionales.

Como decía Fernand Braudel: «En realidad el rasgo principal del destino de este Mar Internum es estar inmerso en el más amplio conjunto de tierras emergidas que pueda haber en el mundo: el grandioso ‘gigantesco continente unitario’ euroafroasiático, como un planeta por el que todo circuló precozmente. Los hombres han encontrado en estos tres continentes soldados el gran escenario de su historia universal, en el que desarrollaron sus intercambios decisivos.»

En el momento actual, el Mediterráneo es objeto de interés y de proyección para diversos Estados y actores internacionales, y un eje de movimientos estratégicos globales. Existen amplias muestras de esta proyección, como el acercamiento estratégico de Rusia a la costa oriental y meridional como apoyo y refuerzo a su flota del Mar Negro; el expansionismo financiero y comercial de China en países y puertos como puntos clave de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI); el despliegue permanente de la Sexta Flota de Estados Unidos así como las operaciones marítimas de la UE y de la OTAN para hacer frente a desafíos de la seguridad como el terrorismo, el narcotráfico o las organizaciones criminales.

En una primera aproximación es preciso distinguir por razones históricas, estratégicas y geopolíticas dos grandes cuencas del Mare Nostrum, el Mediterráneo Oriental y el Mediterráneo Occidental. La división entre ambas cuencas se encuentra en los estrechos situados en las aguas que discurren a la altura del “talón” de la península itálica, las islas de Sicilia y Malta y el Norte de África en las proximidades de Túnez, donde se halla el Canal de Túnez. Todo ello hay que encuadrarlo en la división Norte-Sur donde la renta per cápita de Europa es 15 veces más alta que la renta per cápita de África.

Desde el prisma de la seguridad y la estabilidad, la cuenca del Mediterráneo Oriental es la que más puede afectar al sistema de seguridad global ya que los acontecimientos y conflictos que puedan ocurrir en dicha zona inmediatamente influyen en las relaciones internacionales, con independencia de su repercusión regional. En esta línea, destacamos como fenómenos bélicos más importantes que circundan sus costas a las guerras civiles en Siria y en Libia, el conflicto palestino-israelí y la vieja y letal crisis de ingobernabilidad en Libano. En todos ellos intervienen, habitualmente, diferentes actores internacionales en apoyo de sus propios intereses.   

En el interior de la cuenca del Mediterráneo Oriental existen, principalmente, dos litigios que afectan gravemente a las relaciones entre sus Estados ribereños. Uno es el de las viejas disputas entre Turquía y Grecia, desde mediados del siglo pasado, en torno a Chipre y a las fronteras marítimas de Turquía con las islas griegas ubicadas en el Mar Egeo y en las costas meridionales turcas. Con la invasión turca en Chipre, en 1974, se estableció la República Turca del Norte de Chipre (RTNC), solo reconocida por Turquía. La República de Chipre, la parte grecochipriota del sur de la isla se convirtió en miembro de la Unión Europea en 2004. En la frontera de ambas repúblicas hay desplegado un contingente de Naciones Unidas para vigilar la línea de separación entre ambas repúblicas y realizar labores humanitarias.

EL otro litigio aparece en los primeros años del siglo XXI con el descubrimiento de gas frente a las costas de la isla. La república de Chipre ha establecido acuerdos con Egipto, Israel y Grecia para la explotación de los yacimientos de gas y construir un oleoducto hasta Europa sin contar con Turquía que protege y defiende los intereses de la RTNC, mientras Turquía firmó un acuerdo de delimitación de aguas territoriales con el Gobierno de Libia, reconocido por Naciones Unidas, con sede en Trípoli. Ambos acuerdos se entrecruzan y crean dilemas de difícil solución. Ni la UE, ni la OTAN, ni los Estados Unidos han sido capaces de aliviar estas tensiones. Francia también ha efectuado una incorporación tardía a este escenario, tras una difícil relación con Turquía.

En el Mediterráneo Occidental, y con independencia de algunas diferencias internas en la delimitación de aguas territoriales, existen tres principales conflictos - donde intervienen actores ajenos a la cuenca - que dañan la estabilidad en esta región, a saber, la delimitación de fronteras terrestres entre Argelia y Marruecos, el futuro del Sahara Occidental, así como la vieja y legítima reivindicación de Madrid de la soberanía española sobre Gibraltar.

La evolución de la geopolítica en los inicios del siglo XXI está regresando, en algunos aspectos, a los postulados que tenía hace un siglo. Es decir, si a lo largo de la segunda parte del siglo XX los factores geopolíticos se consideraban, fundamentalmente, la política, la economía, la diplomacia, la fuerza militar o la tecnología, en estos momentos se vuelve a introducir la teoría geopolítica del espacio vital - la Lebesraum alemana -.

En este primer cuarto del siglo XXI, algunos Estados están aplicando la Lebesraum alemana en su política exterior. Es lo que ha hecho Rusia en la anexión del territorio de Crimea en 2014 y lo está haciendo en Ucrania con su apoyo político y militar a los separatistas ucranianos orientales. También es lo que está realizando China en su actitud agresiva en el Mar de China Meridional con su política de apoderarse de islas y atolones de dicho Mar, construyendo instalaciones militares y extendiendo su soberanía sobre los mismos y sobre sus aguas territoriales. Ambos países están violando el derecho internacional.

Y algo similar está ocurriendo en el Mediterráneo. Por un lado, Turquía, con independencia de su intervención militar en los inicios de la creación de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC), en 1974 - que formalizó su independencia en 1983 - donde aún mantiene un contingente militar, está actuando de una forma coercitiva en el Mediterráneo Oriental para ampliar sus aguas territoriales y en sus pretensiones sobre el territorio del Norte de Siria, usando como argumento su lucha contra los kurdos que intentan establecer un Estado kurdo, denominado Rajova, en dicha zona. No se descarta que en Irak tenga la misma pretensión.

Por otro lado, Marruecos también está aplicando en el Sahara Occidental la citada doctrina del espacio vital, trasgrediendo el derecho internacional, al intentar implantar su soberanía sobre un Territorio no Autónomo pendiente de descolonización, incluido en la lista de la IV Comisión de Naciones Unidas por la Resolución A/5514, de 1963, que terminará cuando la opinión del pueblo saharaui se haya expresado válidamente.  

En función de lo expuesto, y teniendo en cuenta que es preciso evitar la evolución de la geopolítica hacia posiciones no deseadas para la seguridad y estabilidad internacional, los vínculos entre los diferendos internos a la propia cuenca mediterránea con aquellos otros existentes en o entre los países ribereños donde intervienen actores ajenos al Mare Nostrum, la resolución de los múltiples conflictos en esta región - algunos de ellos con importante repercusión mundial - constituye uno de los principales retos de la comunidad internacional por lo que debiera ser una de las prioridades en los próximos años.    

                                                                                         Jesús Argumosa Pila, General de División (R)

Presidente de la AEME (Asociación Española de Militares Escritores) 


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