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LA DDN 2020 Y LA CULTURA DE DEFENSA

Col Ret. EA Ángel Diaz Balmori 

En la  DDN 2020 al exponer las líneas generales y  objetivos de la  Política de Defensa, en su apartado m), establece que: “El fomento de la conciencia y la cultura de Defensa constituye un objetivo prioritario pues no puede existir una defensa eficaz sin el interés y la concurrencia de los ciudadanos. Acercar la Defensa al ciudadano es parte esencial de la cultura de Seguridad Nacional, como instrumento para lograr una sociedad comprometida y parte activa de su seguridad”.

Al exponer  las Directrices de actuación para conseguir estos objetivos en el apartado 6, establece “El Gobierno prestará un apoyo decidido a la labor del Ministerio de Defensa para la promoción de la Cultura y Conciencia de Defensa, en el marco de la cultura de Seguridad Nacional, ofreciendo una información veraz y atractiva, y favoreciendo el conocimiento del conjunto de los españoles sobre la actividad cotidiana de sus Fuerzas Armadas y su repercusión en la protección y promoción del avance social y del bienestar ciudadano” .

Por vez primera aparece en una Directiva de Defensa Nacional (DDN2020) la palabra conciencia aunque unida al vocablo “de Defensa”, cuando lo perfecto hubiera sido  emplear y definir la expresión “conciencia patriótica”, por lo que voy exponer a continuación. 

La tantas veces mencionada Ley Orgánica 6/80, de 1 de julio, por la que se regulan los Criterios Básicos de la Defensa Nacional y la Organización Militar, sin duda la más completa disposición que sobre estos temas se ha legislado, definía la Defensa Nacional. Es verdad que esta Ley hoy está derogada. Sucesivas regulaciones sobre Defensa, no han modificado esta definición, que en su conjunto también incluía lo que es la Seguridad. Si investigamos en los archivos del CESEDEN, del IEEE, en artículos aparecidos en revistas militares, podremos conocer la abundante literatura que sobre este tema se ha publicado del concepto “seguridad”. En relación con este asunto podríamos dedicar decenas de páginas, con opiniones, estudios, seminarios, cursos, que no caben en los marcados límites de extensión de estas reflexiones sobre la DDN2020. Por ello, y para simplificar vamos a adoptar las definiciones  oficiales sobre el tema:

La Cultura de Defensa es el conjunto de conocimientos que permite a las personas desarrollar juicios u opiniones sobre los instrumentos con que el Estado protege a los ciudadanos de determinados peligros, siendo las Fuerzas Armadas uno de los instrumentos más importantes.

La Seguridad Nacional se entiende como la acción del Estado dirigida a proteger la libertad, los derechos y bienestar de los ciudadanos, a garantizar la defensa de España y sus principios y valores constitucionales, así como a contribuir junto a nuestros socios y aliados a la seguridad internacional en el cumplimiento de los compromisos asumidos.

Entendemos que en el marco de estas definiciones, la cultura de defensa es una aportación a la cultura de seguridad nacional. Lo primero que salta a la vista es la necesidad de que la sociedad comprenda la importancia de la defensa en su protección, en  sus intereses y en sus valores, es decir de crear una “conciencia de defensa” que permita al ciudadano tener un juicio propio sobre asuntos de seguridad y defensa y con ello, fomentar su compromiso de contribución a la seguridad nacional.

Diferentes normativas, como el Real Decreto que establece la orgánica del Ministerio de Defensa, encomienda a la Secretaria General de Política de Defensa ( SEGENPOL) ser el órgano responsable de la cultura de defensa y se le encomienda la competencia de proponer la política cultural de seguridad y defensa y la promoción de la conciencia de defensa nacional. Tan amplia encomienda, pensamos debería ser objeto de una normativa específica -no en el desarrollo de la estructura orgánica de un ministerio-, e incluso en algún artículo hemos defendido la necesidad de crear una estructura dependiente de Presidencia del Gobierno para tener capacidad de hacer efectiva en todo el territorio nacional la enseñanza y la difusión de esta política cultural.

No quiero que se interpreten  estas reflexiones como una crítica a la labor de SEGENPOL, órgano donde he servido más de diez años, por lo que conozco los esfuerzos encomiables por llevar a la práctica  el Plan Director de la Cultura de Defensa, a través de una entusiasta colaboración de  diferentes organizaciones militares como: Estado Mayor de la Defensa; Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional con  el Instituto Español de Estudios Estratégicos; Secretaría General Técnica con la Subdirección General de Publicaciones y Patrimonio Cultural; los Ejércitos y Armada a través de sus órganos de comunicación, relaciones sociales, historia y cultura como archivos, museos, bibliotecas, etc.; Oficina de Comunicación del Ministerio; Delegaciones de Defensa en sus ámbitos territoriales; etc.

Todos los esfuerzos de estas organizaciones se han comprobado a lo largo del tiempo que no han sido capaces de trasladar a los españoles el conocimiento de lo que es la Cultura de Defensa. No obstante, cuando en los barómetros del CIS se pregunta a la sociedad por la consideración que tiene hacia las Fuerzas Armadas se obtienen altos porcentajes, en ocasiones hasta ocupando los primeros puestos de la valoración social, sin embargo cuando se le pregunta si se prestarían a colaborar personalmente a  la seguridad nacional la respuesta es negativa, a extremos frustrantes que no pasan de un 15% y añadiendo condicionales.

Fomentar en la opinión publica el interés por los temas de defensa, elevando, en lo posible, el nivel de información aplicando siempre criterios de máxima transparencia, como línea básica de actuación que se anunciaba en el Libro Blanco de la Defensa, ya en el año 2000, empleando para ello las organizaciones antes descritas a su máximo esfuerzo y dedicación ha demostrado que no es solución. La suspensión del Servicio Militar Obligatorio, en marzo de 2001, que debió  haberse transformado en un sistema mas reducido en el tiempo y de más apretada formación, ha dejado a varias generaciones en un limbo total de lo que es conocer y comprender los  conceptos necesarios para desarrollar una “conciencia patriótica” mejor llamada  así, que como “conciencia de seguridad” como suele figurar en los textos legales.

No se puede querer a lo que no se conoce, y no culpo a estas generaciones de su vacio patriótico, culpo a la sociedad que permitió a los gobiernos de uno u otro signo, entregar las competencias de la Enseñanza en sus tres niveles a los Gobiernos de la Comunidades Autónomas. En diciembre de 2015, se firmo un Acuerdo entre el Ministerio de Defensa y el de Educación, Cultura y Deporte para contribuir a mejorar el conocimiento de la seguridad y defensa en los distintos niveles educativos, con el objetivo de impulsar en el ámbito educativo no universitario esta cultura y generar un ambiente más proactivo de los jóvenes en estos temas.

 Con el concurso de todos los medios informativos, audiovisuales, etc., los firmantes, quizás de buena fe, consideraron que iba a ser una medida que pondría el broche final al conocimiento de todas las generaciones que sucesivamente pasaran por la escuela sobre los temas de seguridad nacional.

El Boletín Oficial del Estado publicó el Acuerdo con los contenidos curriculares que sobre el tema deberían figurar en la Educación Primaria, Secundaria Obligatoria y Bachillerato. La Asociación de Diplomados en Altos Estudios de la Defensa Nacional (ADALEDE)  en estrecha colaboración con los organismos responsables publicó en  el año 2007 un libro en el que figuraban las propuestas del temario que luego lo recogieron varios Reales Decretos creando una nueva asignatura que se denominó “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”. Recomiendo la lectura de este libro cuyo “link” en Internet figura al pie, porque según los ciclos escolares se va adaptando el currículo que abarca hasta el conocimiento de las organizaciones internacionales, ayudando al profesor en las explicaciones y evaluaciones.

Hasta aquí, el problema resuelto, amplia colaboración entre las autoridades de ambos ministerios, BOE publicando las regulaciones del Acuerdo, pero…. No se ha contado con lo que en términos militares llamaríamos “daños colaterales”. Todas las Comunidades Autónomas (CC.AA) tienen trasferidas las competencias en materia de enseñanza y pese a la buena voluntad del Ministerio nos encontramos que por parte de las CC.AA alegan múltiples dificultades, unas ciertas, otras inventadas, como falta de profesorado especifico, falta de horas disponibles en los abultados currículos, choque con algunas ideologías independentistas o criticas con la Constitución, dependiendo de los gobiernos de turno, y un largo etc., que se resume en unas palabras: El Acuerdo no se ha podido poner en marcha en ninguna Comunidad Autónoma o se ha puesto dándole una corrección acorde con sus intereses políticos. 

Consecuencia: las generaciones que se han encontrado en edad escolar en los ultimos 40 años, no han recibido ningún conocimiento de los valores patrios, de su historia militar con sus triunfos y sus derrotas, hechos heroicos, de la grandeza de sus hombres, investigadores, artistas, , etc., etc. Desconocen el significado de los signos nacionales y cuando lo tienen, esta tergiversado. En este marco social, está claro que por mucha literatura que  aparezca en Leyes y Estrategias de Seguridad Nacional, Directivas, Reales Decretos etc.,  en relación con la Conciencia de Seguridad y Cultura de Defensa, “conciencia patriótica”, como sugiero se denomine, serán inútiles en tanto el Estado no recupere el control de las competencias en materia educativa que son clave para poder enseñar a  los jóvenes desde sus primeros años unos conceptos que les permitan al incorporarse a sus profesiones o tareas tener una opinión propia  y una conciencia patriótica.

Angel León Diaz Balmori.  

Coronel del Arma de Aviación/DEM

Miembro de la Asociación Española de Militares Escritores


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