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REFLEXIONES Y BALANCE DE LA CRISIS POLITICA, SOCIAL E INSTITUCIONAL

Fischer

El Big Ben de Londres, marca las horas y el sonido de las campanas se escucha, antes en Australia que en las calles que rodean al Parlamento inglés, porque las campanadas son retrasmitidas por la BBC y las ondas radiales son horizontales y lo hacen a la velocidad de la luz, mientras que los que están a pie y debajo de la torre, el sonido de las campanas se oyen con retraso dado su verticalidad, un fenómeno y una revolución tecnológica para su tiempo, comparable con muchos otros sucesos mundiales como la revolución francesa y la cubana o la caída del muro de Berlín, que fueron sucesos sociales, en la que no cabe la menor duda bajo la mirada irónica y complaciente del verticalismo de las fuerza oscuras del poder político

Esta referencia, tal vez un poco forzada, ha influido en lo acontecido entre nosotros, el fatídico mes de noviembre 2020, en la que la nación peruana ha sido protagonista, al librar una tenaz batalla, muy moderna, para superar la más terrible crisis política, institucional y social, en medio de una pandemia y un estado de emergencia, noticias que se ha esparcido por todo el mundo y apenas escuchada por nuestro políticos

Nuestro poder político de hecho es pobre, caduco e ineficiente, que habiendo sido el actor intelectual y principal de este levantamiento social, ha provocado una suerte de enfrentamientos, desafueros y sucesivas y maniatadas vacancias presidenciales, muy lejos del difícil momento en que vive, mientras la población mayoritariamente jóvenes, toman la decisión de revelarse y plantear cambios y reformas acerca del exterminio de la corrupción y el cambio del desfasado sistema político, mientras la institución policial se colocaba en medio de este juego de pasiones, ejecutando esfuerzos inusitados para equilibrar la balanza, cambiando a menudo sus estrategias de contención y mantenimiento del orden público alterado, sin saberse ubicar en el tablero revolucionario de gran envergadura que estaba pasando

Las manifestaciones públicas producidas en el centro de Lima, que concentra todos los poderes del Estado, fue en principio de apariencia pacífica realizada por jóvenes universitarios, pero con el correr de las horas fue tomando mayor temperatura con el concurso de jóvenes barristas e infiltrados, que fue vista en forma horizontal por todo el mundo, pero menos entendida por los políticos que tenemos.

Fueron, a todas luces, días traumáticos de las muchas que ha pasado la policía, pero ninguna como esta revolución tan atípica como espontánea de universitarios, provistos de celulares, mientras que el autor intelectual causante de este pandemonio social, optó por continuar con el método arcaico de la represión, el protagonismo y la soberbia amenazadora, oscura y destructiva de la ruptura social y legal y con ella llevándose de encuentro a las instituciones tutelares del Estado a un mar de confusiones, desplome y desmoralización

Que nos ha traído de nuevo esta nueva marcha generacional inédita, de visos revolucionarios, nunca antes visto, sin organización ni liderazgo, ni de líneas convencionales que la respalden abiertamente, sin embargo lo han hecho provistos de un arma poderosa de apariencia inofensiva, como es el celular pegado a la oreja, para hacer coordinaciones rápidas y veloces de desplazamiento, en su afán de tomar la bastilla del congreso, una prisión de políticos inhábiles, para expulsarlos y dejar un precedente de cambio total del sistema político y el corte de los privilegios, como dejar una lección, de que hay en la sociedad peruana una juventud de nuevas formas de relación, decidida y dispuesta a entrar a la arena política con la bandera igualdad de condiciones, desterrando los moldes tradicionales aún existentes

Abro un pequeño paréntesis, para hacer un comentario muy particular. Nadie va a una manifestación pública a santificarse ni a sacrificarse como un héroe, porque basta la voz de un azuzador, para liberar el demonio furioso que toda persona lleva muy adentro, para sumarse a la bilis y la violencia de los otros, pero cuando hay muertos y heridos, los activadores ocultos salen victoriosos, claro está facilitada por la policía antimotines carente de un sistema moderno de comunicaciones y de moderación operativa, como de la prensa hablada, escrita y televisiva repetitiva, que parecía querer más sangre o querer aniquilar a la policía y desestabilizar a las instituciones del Estado

En suma, una manifestación pública por muy pacífica que esta sea, no garantiza en modo alguno, la armonía ni el equilibrio social, ya que en pocos segundos puede desencadenarse en una manifestación violenta y criminal y lo es más, cuando se infiltran en la manifestación elementos contrarios al régimen o elementos contratados, especializados en provocar el desorden y la sedición, que arrastran a los jóvenes inexpertos manifestantes por la ruta de la violencia

En las marchas juveniles no hubo sorpresas, todo el ecran de acciones lo anunciaba y lo decía todo a lo largo del territorio nacional que el orden sería alterado, mientras que los planes operacionales de la policía, quedaban cortos y no jugaban con la realidad de los acontecimientos y tampoco los comandos operativos recibían órdenes para tomar decisiones principales y secundarias en el terreno de los hechos, solo actuaban guiados por los criterios profesionales personales, de ahí que hubo un exceso de reacción en el uso de la fuerza y de las armas y tampoco tenían un centro de comunicación móvil interconectada con la data oficial y los centros de poder que protegían, para recibir orientaciones y decisiones correctas, nada de eso hubo y lamentablemente hubieron dos muertos e infinidad de heridos en ambos bandos, que ameritan una investigación sumaria y rápida, sin ocultar nada, ni siquiera insinuar un sospechoso espíritu de cuerpo

¿Qué pasó después de los disturbios? vino la reacción política y de la sociedad que condenaron unánimemente la actuación de la policía, tildándola de incompetente, abusiva y asesina, la pita, una vez más, se rompió por el lado más débil, mientras la TV y el periodismo y las redes sociales echaban más leña al fuego, que devino en una reingeniería de generales pasados a retiro, para aplacar la jauría social enardecida como el beneplácito de las fuerzas oscuras de los hilos del poder político

Fueron veinte los generales pasados a retiro, un decisión política tomada por el ejecutivo, sin lugar a retroceso; reingeniería efectuada entre los que actuaron en forma inconexa en las manifestaciones públicas y de los que estaban incurso en investigaciones dolosas durante el Covid-19, pero esta situación incómoda por cierto, tampoco permite hablar de víctimas del proceso, este proceso hay que entenderlo mirando adelante, como un signo esperanzador para la vida de las nuevas generaciones de policías, como del cambio y el fortalecimiento institucional, que esperamos que así sea, pero tampoco se puede decir que hubo un erróneo nombramiento del Comandante de la PNP, de un bisoño general que asume el pasivo y el activo de todo este proceso político y más bien es momento del apoyo indeclinable de todos los que queremos y abrazamos la profesión policial

Que haya perversidad y cálculo político o una inutilidad de gestión ministerial, eso está en duda, pero lo que sí está muy claro es que hay una decisión política incuestionable del Presidente interino de la República y Comandante General de las FFAA y la PNP, sin sujeción ni cuestionamientos y menos del pedido de rectificación y renuncia, eso sería crear más crisis de la ya existente, como también es la provocación de retroceso institucional, tampoco es el momento para fabricar mártires afectadas por el proceso político, hay que admitirlo y entenderlo que era necesario, ya que la PNP en 32 años de existencia se había quedado rezagada

Cinco ministros de interior desaforados en un mes, es un hecho insólito, una barbaridad y un contra sentido a la razón, que está dando la vuelta al mundo, pero así son los procesos políticos de crueles, inconstantes e irracionales, en el que hay muertos y heridos y más bien es momento de mirar con el ojo esperanzador que algo bueno va a pasar en la PNP, para organizarla y fortalecerla mejor y para que sea una institución digna, respetable y confiable

Juan Fischer Ascarza

0887179


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