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DÍA DE LAS FUERZAS ARMADAS Y EL RECUERDO DE PAPÁ

PILAR

Hoy hace un año, viendo el desfile de las Fuerzas Armadas por tv., un trocito de mi corazón se volvió a abrir. Es una cicatriz crónica que llevo sufriendo hace muchísimos años y que aparentemente parece que se cierra, pero todo lo contrario, se abre en carne viva siempre que llega este día.

Revivo mi Casa Cuartel, mis padres jóvenes, mis hermanos pequeños, todos ante un televisor en blanco y negro. Un armatoste grande y pesado que era uno más de la familia, sin mando a distancia para darle una caricia, tocando su botón a cada instante.

Nos sentábamos alrededor de una acogedora mesa camilla de madera vieja y con faldones grandes afelpados y calentitos. Esa mesa básica, servía para todo, en ella comíamos, hacíamos los deberes, jugábamos a las cartas y en este día especial, además, apretaditos, veíamos el desfile absortos y silenciosos.

A mí me gustaba todo, pero estaba muy atenta, esperando ver la entrada por el ángulo abonvado de la pantalla, a la Guardia Civil, con su paso marcial, al ritmo de una marcha militar, siempre emocionante.

Iban tan deprisa, que su visión duraba muy poquito. La pantalla de veintidós pulgadas no daba para más. Mis ojos querían abarcar más allá de lo que la tele dejaba ver, pero las imágenes se iban igual que habían venido... a paso ligero. Y a mí me sabía a poco. Siempre me sabía a poco, como todos los años en ese desfile de nuestras Fuerzas Armadas, que dejaba de nuevo la herida abierta, para cicatrizar de nuevo en falso de fuera adentro, con el dolor agudo y la emoción lacerante de los recuerdos.

Era muy niña y no entendía porqué papá no desfilaba, no alcanzaba a comprender que la Guardia Civil, era mucho más grande que mi pequeña Casa Cuartel y que los diez guardias, un cabo y un sargento, que yo conocía. Me sentía un poco defraudada, e imaginaba que él era uno de ellos, marcando el paso y moviendo los brazos arriba y abajo, abajo y arriba.

Llegué incluso a preguntárselo alguna vez y no recuerdo su respuesta, algo de Guardias Jóvenes, -también, ahora sé que eran nuestros queridos polillas- con muchas horas de Instrucción detrás.

Hoy y ahora mismo, con mi perspectiva de persona adulta, no le hubiera hecho esa pregunta, solo habría querido verlo con él a su lado y disfrutar absorta y en silencio... del desfile y de su compañía...

Aunque solo fuera un instante, lo que duran unas imágenes a paso ligero, en una pantalla de mínimas pulgadas con una marcha militar siempre extremadamente emocionante.

M. Pilar Illana Herraiz
1 de Junio 2020


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