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LAS RATAS QUE ABANDONAN EL BARCO

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Dice una tradición marinera que cuando las ratas ven inminente el naufragio huyen del barco antes de que el peligro llegue. También aseguran los marineros más veteranos que en muchas ocasiones esa huida antes de la tragedia hace que las ratas mueran, precisamente en la huida, incluso dicen que hay ratas que no huyen de la tragedia, sino para buscar un lugar más seguro. Al fin y al cabo todas son ratas.

Cuentan que cualquier grupo humano embarcado en un objetivo común, tiene sus ratas, y que deberíamos estar atentos a las situaciones que se van produciendo, unas veces por la huida de algunas personas cuándo ven avecinarse la catástrofe, otras por como se van posicionando y colocando en diferentes puestos, personas que lejos de buscar el bien común del conjunto de la sociedad intentan ponerse a salvo personalmente, procurando llegar a puerto con todo el bagaje posible, un bagaje que supone por ejemplo pasar del nivel 17 al 30, sin méritos, ni personales ni curriculares, por ser tan solo una cuota dentro del Gobierno, y si para eso hay que pedir un favor, ser parte de un pago o simplemente ser una cuota en un reparto de sillones, que así sea. Ni siquiera esto dependerá de la valía de cada persona, o será directamente proporcional a esa valía, más bien lo contrario.

En plena pandemia por el COVID-19, cuando los guardias civiles, policías, militares y sanitarios están luchando contra ella, cuando su esfuerzo, cuando su dedicación, su voluntad de servicio les lleva a caer enfermos e incluso a morir, cuando personal en reserva, incluso retirados se ofrecen de forma voluntaria a ayudar a los compañeros, nos enteramos del nombramiento de Juan Antonio Delgado como asesor de la Secretaría de Estado de Seguridad, presumiblemente como pago a Podemos por su apoyo a Sánchez.

Sorprende la forma, pero especialmente el momento, sobre todo el momento en que Juan Antonio Delgado abandona a sus compañeros, especialmente porque según sus propias declaraciones en la SER, tras perder el escaño en las últimas elecciones, anunciaba el pasado mes de enero su intención de “ser de nuevo Guardia Civil”, asegurando “no tener ningún problema” en su vuelta al trabajo y aclarando estar “convencido de que irá bien”. Y es que para algunos no es fácil entender los versos de Calderón de la Barca “Y así, de modestia llenos, / a los más viejos verás / tratando de ser lo más / y de aparentar lo menos”.

El pasado 14 de enero, la ministra de Defensa firmó la orden de readmisión de Delgado, que acababa con su situación de servicios especiales, para volver al servicio activo pendiente de asignación, y encuadrado en la Comandancia de Cádiz; en marzo, apenas dos meses después, en plena pandemia, cuando más compañeros hacen falta para combatir esta crisis, cuando incluso se prevé sacar a la calle a los alumnos de las academias para ayudar al personal en activo, Delgado firma como asesor de la Secretaria de Estado de Seguridad dependiente del Ministerio del Interior.

Para algunos es muy fácil hablar y difícil actuar, es muy fácil decir, como lo hizo en 2015 cuando iba a entrar en política para ayudar desde Podemos a los guardias civiles y nos pedía el voto, que, “Con Podemos en el Gobierno, podemos. El cambio es viable, razonable y de justicia, siempre existirá una voz que defenderá a los guardias civiles y mi puerta estará permanentemente abierta para todos vosotros”. Pero no fue así, a los compañeros que le criticaban en redes sociales, por sus dudosos apoyos, les bloqueaba, criminalizó a los guardias civiles por el caso de El Tarajal, apoyó en sede parlamentaria a Bódalo, condenado por agresión, apoyó en unas ocasiones y calló en otras el apoyo de su partido a los proetarras, guardó silencio cuando los guardias civiles eran atacados físicamente en Cataluña y oralmente en el Congreso, llegó a votar junto a su bancada en contra de la Equiparación salarial de la Guardia Civil, para luego de forma hipócrita manifestarse junto a los guardias civiles cuando las demandas se hicieron más populares y sobre todo más mediáticas, utilizó su posición preeminente para atacar a compañeros en activo, a algunos desde la tribuna del Congreso, sin aportar prueba alguna, como las que vertió contra el coronel Jefe de la Guardia Civil de Algeciras, en las que llegó a cuestionar sin pruebas el trabajo al frente de la Comandancia del coronel, que resultaba ser el instructor de varios expedientes disciplinarios a los que el parlamentario fue sometido cuando era agente, su denuncia fue de tal gravedad, con tanta insidia, sin ningún disimulo y tan genérica, que hizo que saliesen los guardias civiles que entonces estaban a las órdenes del coronel para defenderle, en lo personal y en lo profesional, tan cobardes que los fiscales de Algeciras tuvieron que responder al diputado, incluso el jefe de los fiscales declaró ante la polvareda levantada: “Lo que sí puedo decir es que en los 20 años que llevo en la Fiscalía han pasado por aquí una gran cantidad de mandos y el grado de eficacia y de intensidad en el trabajo del coronel es difícil de encontrar”.

Son las formas del político, serán las formas del asesor.

De momento dicen que será asesor a las órdenes de Pere Navarro en la DGT. Dada la experiencia del asesor, su trayectoria en Seguridad Ciudadana con 18 expedientes disciplinarios en su haber, la incorporación de Delgado a la Dirección General de Tráfico es como si a alguien se le hubiese ocurrido poner al frente de Sanidad a un filósofo.

Antonio Mancera Cárdenas


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