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La murga del Coronavirus

hervas

Todos sabemos ya lo que es el Coronavirus, salvo que uno esté como querían dejar a Don Mendo: sordo, mudo, manco y ciego. Pero, en fin, siempre hay cosas que no se conocen bien.

La infección por Coronavirus no es nada nuevo, pues es un virus catarral más, a veces bastante agresivo por razones inescrutables, pues la verdad es que no se conocen del todo. Es una zoonosis (la civeta lo transmitía en el SARS y el camello en el MERS-CoV y así lo atestiguan), que tiene como reservorio al muy tunante del murciélago. En este último, el daño es pequeño, también por razones inescrutables. Bueno, en serio. El caso es que es un virus que según se transmite de una especie animal a otra, se vuelve agresivo, lo cual es lógico, pues los sistemas inmunológicos de defensa son distintos y si no es así, le hacen pupa. Eso sí, con el tiempo se habitúa a vivir en la especie colonizada (en nuestro caso la humana) y suaviza su agresividad hasta el punto de incluso llegar a incorporarse –por lo general en forma fraccionada– al genoma de los individuos de la especie parasitada, alojándose en la zona de intrones del ADN. De paso diremos que el ADN consta de dos zonas, la de los exones, donde están los genes que codifican y que generalmente podemos catalogar mediante los oportunos estudios mixtos biomatemáticos e informáticos, merced a reacciones biológicas secuenciadas, y la zona de los intrones, unas zonas enmarañadas muy difíciles de codificar que constituyen un grandísimo reservorio genético (es la inmensa mayoría de la molécula de ADN) que convierte nuestro genoma en prácticamente tutipotente en el tema evolutivo. Pues bien, en los intrones esos se acaban asobinando los fragmentos víricos e incluso se pueden llegar a heredar. Esta adaptación es más compleja en los virus RNA, como el Coronavirus, porque necesitan un paso intermedio de transformación que lleva su tiempo. Este es el principal motivo por el que las epidemias virales de este tipo duren entre 3 y 5 meses. En la epidemia actual se desconoce aún el animal intermedio transmisor.

Bueno, vale ya de proemios. ¿Qué podemos hacer? Primero, prevenirnos del contagio. Los enfermos y sus cuidadores, con mascarillas, pues se transmite principalmente por microgotitas que permanecen poco tiempo en el aire (como mucho uno o dos minutos) y un poco más (hasta un par de horas o así) en superficies, por lo que es absurdo llevar mascarillas cuando no se tiene contacto directo con el paciente. Absurdo y peligroso, pues se puede tocar una superficie contaminada y como son

tan pequeñas las microgotas, no las notamos. Si a continuación uno se ajusta la mascarilla o se rasca un ojo, pues ya nos contaminamos. Pero lo que si se debe hacer es extremar la higiene personal. Para ello hemos de lavarnos frecuentemente las manos, con agua y jabón basta, durante unos 20 segundos, y secarnos con un papel desechable o una fuente de aire caliente. ¿Qué significa frecuentemente? Pues al llegar y al salir de casa y del trabajo, antes y después de comer, antes y después de hacer nuestras necesidades, cuando hayamos estado en contacto con superficies no muy limpias, tras viajar en transporte público y, en general, cuando usemos elementos no habituales con las manos fuera de casa. Otra cosa conveniente, especialmente para los que tengan algún síntoma es utilizar pañuelos de papel desechables y guardarlos en un recipiente cerrado después de usarlos. También, como es lógico, taparse la boca al toser y no toserle encima al vecino. Bueno, eso siempre. Es un tema de educación. Los síntomas más comunes son fiebre de 38º o más, tos seca o con poca expectoración y sensación de ahogo, como con el asma o la EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica). En casos más graves, neumonía bilateral que requiere hospitalización, pero esos son un ínfimo número de afectados. El diagnóstico es de presunción, con estos síntomas, o de confirmación, con una prueba diagnóstica que solamente se efectúa en algunos laboratorios de referencia, una prueba inmunogenética. El tratamiento es sintomático (antitérmicos, antitusivos, reposo y –si es preciso– terapia ventilatoria con oxígeno o lo que proceda.

Es muy importante no atascar las urgencias, salvo que sea preciso. Por lo general los niños no suelen afectarse (aunque hay excepciones) no se sabe bien por qué, pues su sistema inmunológico está a medio desarrollar. Los mayores y enfermos crónicos con asma, EPOC, diabetes, inmunodeprimidos y con nefropatías crónicas son los que parece que se afectan más, lo cual es lógico en esta y en todas las infecciones. Tampoco tenemos suficiente experiencia para afirmarlo con rotundidad, sino solo con sospecha fundamentada.

Pero hay algunas cosas importantes que debemos tener en cuenta para esta y todas las demás enfermedades, incluyendo las epidémicas. Y esta cosa es la limpieza. El trabajo de limpieza es esencial en los hospitales, empresas, municipios e incluso hogares. Hay que tener entrenamiento y saber limpiar, cosa que no siempre se sabe. Es muy poco recomendable –a mi parecer– subcontratar la limpieza sin suficientes garantías de eficacia y además no controlarla ni formar adecuadamente al personal encargado de dicha tarea. Cada local, cada superficie y cada momento

requiere un tipo diferente de limpieza. En España y en muchos otros países, la limpieza se considera una tarea secundaria, cuando es algo fundamental. Otra cosa importante es evitar los hacinamientos en los transportes, muy especialmente en los aviones, donde supongo que se filtrará el aire adecuadamente, renovándose los filtros con la debida frecuencia. Yo siempre me he asombrado de que los japoneses –gente culta y considerada– tengan un oficio que es el de empujadores del metro, donde van los viajeros hacinados. Es fundamental para protegernos de esta y muchas otras epidemias que exista más de medio metro de separación entre las personas, como mínimo. Y ya, abundando en el tema, insistir en que el aseo personal es fundamental: como mínimo una ducha diaria, cambiar las toallas y sábanas con regularidad (como mínimo semanalmente), cambiarse de ropa diariamente, cepillarse los dientes después de cada comida, lavarse las manos, utilizar más los condones y menos las mascarillas innecesarias, lavarse cuantas veces sean precisas, vigilar constantemente, cada tres o cuatro horas, los aseos de lugares públicos y limpiarlos; “habitum pulchrum”, que dirían los latinos.

Finalmente, solidarizarnos con todos los países que sufren epidemias, porque podrían habernos sucedido a nosotros, y no bajar la guardia porque todavía estamos expuestos, al menos hasta el verano.

Ello no significa tener miedo y aislarse, porque hay tres razones fundamentales de que sucedan las epidemias contra las que no podemos luchar: la globalización, la masificación y el cambio climático. Todo ello se puede controlar bastante con limpieza y solidaridad. Viajar en condiciones, más condones y menos mascarillas o abortos, y sobre todo más higiene personal, social e incluso animal, pues nuestros animales de consumo deben estar limpios, sanitariamente vigilados y no hacinados; y nuestras mascotas mucho más.

Y yo pienso seguir viajando, seguir conviviendo con mi familia y amigos y seguir comiendo adecuadamente, además de seguir con una higiene personal adecuada. Esta es la gran enseñanza de esta epidemia.

ENTREVISTA AL CORONEL MEDICO FRANCISCO HERVAS MALDONADO EN IVOOX: http://www.ivoox.com/48283555

Francisco Hervás Maldonado

Doctor en Medicina

Especialista en Microbiología y Parasitología

Coronel Médico (r


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