hospimedica2

A un Guardia Civil Retirado

hervas

Relato dedicado al guardia civil retirado escrito por el coronel médico retirado FRANCISCO HERVÁS MALDONADO, prolífico escritor y autor de varios libros, vocal de Cultura y Socio de Honor de Circulo Ahumada, además de colaborador habitual de Benemérita al Día, que fue leido durante la pasada Gala de Circulo Ahumada celebrada el pasado 15 de noviembre en el Centro Cultural de los Ejércitos de Madrid.

A un Guardia Civil Retirado

        Cada tarde, cuando paso por la plaza, allí estás con tu bastón, sentado en un banco con tus compañeros, mirando a la nada. Cuando me acerco a vosotros y os saludo, no hay uno que no conteste, no hay uno que no sonría. Y siempre echamos unos párrafos  –pocos y veloces, que no sobra tiempo–  en lo poco que de conversar le va quedando a la vida, pues creo yo que ya lo hemos dicho casi todo: amor, amistad, obediencia, respeto, honor y valentía. Lo demás va quedando ya en un segundo plano. Porque la vida para nosotros consta de dos partes: la Patria, con esos cinco conceptos, y todo lo demás.

 Siento tu corazón,

que antaño latió fuerte,

llegar al saber imparable del mañana,

y una débil cadencia de razón,

lo apacigua constante hacia la calma,

en el discreto camino hacia la muerte.

 

Miro tus ojos y el Honor en ellos,     

Contemplando la belleza de la ausencia,

del pasado que jamás se pierde,

envueltos en las aguas de sus sueños,

mientras su vida es presencia,

y su añoranza de ayer en ellos hierve.

        Úbeda y Baeza, Colegio de Valdemoro, lugares de formación, se te aparecen entre recuerdos cortados: tu querida Academia de la Guardia Civil, donde la Divisa del Honor te llenó el alma, te conquistó. Como a Francisco de los Cobos o Andrés de Vandelvira, secretario de estado del emperador Carlos V y arquitecto respectivamente, que tanto embellecieron esas ciudades renacentistas jienenses, vecinas de Sabiote y su magnífico castillo.

Si por España vives,

Y por España trabajas,

Nunca te sentirás solo;

 Porque sientes lo que dices,

 Porque sabes donde andas,

pues España somos todos.

 

Y si el Honor te acompaña,

Si la Generosidad te guía,

Y la Justicia defiendes,

Eres adalid de España,

Eres luz de cada día,

Y no es poco lo que eres.

        Después recuerdas aquel pueblo aragonés, donde estuviste soltero hasta que… esa chiquilla tan guapa se llevó tu corazón para hacerlo más feliz todavía. Luego vinieron el matrimonio y los hijos, aquel destino en Navarra y la lucha por defender la libertad y la justicia para todos, con la ilusión de ver crecer la vida y el bienestar de ese pueblo donde te alojabas en aquella casa cuartel, un tanto necesitada de reformas, pero suficiente para unos espíritus nobles y buenos, como el tuyo y el de tu esposa. Y los hijos se fueron creando en el bien con tu magnífico ejemplo. Más tarde vinieron otros destinos: Galicia, León, Madrid…

Fuiste un hombre que andaba en claroscuro,

Una brizna que arrastraba la corriente,

Un tesoro religioso y reluciente,

Y la mágica noche de un conjuro.

 

Fuiste mar, fuiste tierra que vomita,

Un cantar marinero de los muelles,

Y en el arar de las mulas o los bueyes,

Luchabas por la vida que palpita.

 

Te abrazaban en el dolor algunas gentes,

Compartían contigo su esperanza,

te pedían el socorro en el quebranto…

 

De ellos eras siempre un referente,

La solución que dejaba en lontananza,

La desdicha, el dolor y el gran espanto.

 

Fuiste su gran remedio,

Siempre alegre, pero serio.

        Y tuviste la ocasión de hacer carrera, con aquellas viejas Sanglas, unas motos prehistóricas, pero que daban su rendimiento y protegían la carretera. Pudiste ascender y –lo más importante– creaste escuela, pues tus hijos y nietos han seguido tu senda, una senda de bien y de mejora para España, pero no solo nuestra Patria, sino el mundo. Muchos de tus seguidores defienden la paz y la justicia por medio mundo.

Un día te preguntaban:     

¿qué se siente en tu uniforme?

Entonces, tú contestabas:

Sin duda en él soy un hombre.

 

Y no hablabas tú de sexo,

Ni de la soberbia o mando;

Tú hablabas solo de un sueño:

Que todos seamos hermanos.

        Todo esto, que llevas dentro, y que tus ojos me dicen, hacen de ti una esperanza de futuro. Tal vez nuestro mundo tenga arreglo si seguimos tu ejemplo. La fórmula es muy sencilla: quien no da cariño no recibe cariño, a quien no ayuda no se le ayuda, a quien no respeta no se le respeta, a quien no tiene honor no se le honra. Por eso Calderón de la Barca ya lo dijo: la milicia es religión de hombres honrados, y si esa milicia es en la Guardia Civil, además, de hombres y mujeres admirables.

Mañana volveré a verte,

Mañana con tu bastón,

Tus ojos llenos de brillo,

Y querré tener la suerte,

querré sentir la ilusión,

de seguir siendo tu amigo.”

Francisco Hervás Maldonado

Coronel Médico (r)


Imprimir   Correo electrónico