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El nuevo Podemos de Iglesias, mas radical y probatasuno

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El líder de la formación traiciona el proyecto transversal que proponía antes del congreso de Vistalegre II y plantea un giro a la izquierda para volver a tomar las calles.

La victoria de Pablo Iglesias sobre Íñigo Errejón en el congreso de Vistalegre II está dejando claro el modelo de partido político que quiere el -ahora sí- líder indiscutible de la formación morada. Un giro a la izquierda y un acercamiento a posturas radicales, incluso violentas, mientras somete el partido a un control y una disciplina férrea.

Lo último ha sido la presentación en el Congreso de los Diputados, por pate del grupo parlamentario Unidos Podemos, de una proposición no de ley instando al Gobierno a iniciar una reforma del Código Penal para eliminar el artículo 578, que regula el delito de enaltecimiento del terrorismo. La intención de la formación liderada por Iglesias es que no se siga con los juicios contra usuarios de redes sociales por esta causa.

Pero la eliminación de este artículo va más allá, porque para el fin que manifiestan sería suficiente con eliminar el punto cuatro del artículo. Eliminar el texto completo supondría dar rienda suelta a agresiones como la ocurrida en la localidad navarra de Alsasua, donde dos guardias civiles y sus parejas fueron brutalmente atacados; o sucesos como los de Pamplona, donde la Policía Nacional fue agredida por radicales -todos residentes en el País Vasco- en un acto de la kale borroka.

Este guiño a los elementos políticos próximos al entorno de ETA se completa con la intensa campaña que desde hace dos años lleva Podemos en aras de exigir el acercamiento de los presos de la banda terrorista de ultraizquierda a cárceles del País Vasco. En la misma línea se deben entender los mensajes de los dirigentes de la formación en los que se solidarizaban con Arnaldo Otegi, a quien -pese a haber sido condenado por un delito de pertenencia a ETA en grado de dirigente- consideran un “hombre de paz” y una víctima de una legislación represiva.

Este triunfo del radicalismo del Podemos que lidera Iglesias es la consagración de sus propuestas para recuperar la presencia en las calles frente al trabajo institucional que defendía Errejón. Consiste, además de en endurecer la línea política, en volver a la convocatoria de concentraciones contra las instituciones -rodea el congreso, ataques a la Corona- y en defensa de elementos radicales que se encuentran cumpliendo condena -Bódalo, Alfon,…- y a quienes, pese a sus crímenes juzgados y condenados, los dirigentes de la formación morada siguen considerando víctimas y no culpables. Un argumento muy similar al que mantienen con los políticos del entorno de ETA como el ya mencionado caso de Otegi.

‘Purgas’ para controlar el partido

Otra de las líneas de actuación de Pablo Iglesias, ya esbozada antes de Vistalegre II pero muy clara tras la celebración del congreso, es la de establecer un control absoluto sobre el partido para eliminar cualquier disidencia interna tanto ideológica como en su funcionamiento.

Así, el primer aviso lo dio Iglesias cuando en abril de 2016 nombró a Pablo Echenique nuevo secretario de Organización de Podemos tras la destitución de Sergio Pascual. De esta manera se eliminaba al hombre fuerte de Errejón en la dirección nacional. El objetivo del líder de Podemos era evitar crear una estructura dentro del partido que se escapara de su control y quedara en manos de su rival, Íñigo Errejón.

El segundo de los pasos dados por Iglesias para controlar el partido lo dio tras las elecciones en Podemos Madrid, en la que se enfrentaban dos candidaturas: la errejonista, liderada por Rita Maestre, y la pablista, a cuya cabeza estaba Ramón Espinar. El triunfo de este último tuvo inmediatas repercusiones en la organización de la formación. Espinar no dudó en sustituir a José Manuel López por Lorena Ruiz-Huertas en la Portavocía del grupo parlamentario de Podemos en la Asamblea de Madrid. Otro errejonista que caía y otra pablista que ocupaba puestos de responsabilidad.

El siguiente paso se ha vivido, y de forma traumática, en la sede central de Podemos en Madrid. Hasta 30 empleados han sido despedidos de las oficinas del partido de Iglesias. Como cuentan varios medios digitales, de los 120 empleados que tiene la formación, 30 han sido despedidos y una docena apartados de sus responsabilidades. Los despedidos señalan al gerente de Podemos, Pablo Manuel Fernández Alarcón, como el encargado de seleccionar a 50 trabajadores “más o menos errejonistas”. De ellos, 18 han quedado como equipo de Íñigo Errejón para su trabajo de asalto a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, y otros 30 han sido despedidos en dos tandas de 15.

La indemnización ha sido de 32 días por año trabajado, se les otorga además un plus de 12 días, pero se les impone un compromiso de confidencialidad que les puede llevar a tener que pagar hasta 30.000 euros a Podemos si desvelan cualquier tipo de información sobre sus despidos o sobre el funcionamiento del partido.

Por si todo esto fuera poco, en el Congreso de los Diputados también se han producido importantes cambios que llevan a Pablo Iglesias a hacerse con el control absoluto del grupo parlamentario de Unidos Podemos. Unos cambios que afectan tanto a los diputados como al personal de asesoramiento y prensa.

Así, las primeras medidas fueron directamente contra Errejón. Perdió la Portavocía en favor de Irene Montero, persona de toda confianza política de Pablo Iglesias además de ser su actual pareja, y fue desplazado físicamente retrocediendo una fila en el hemiciclo. Algo similar le ha ocurrido a Carolina Bescansa, que tras desmarcarse de la línea oficial del partido ha pasado a ser diputada “rasa” y su escaño ha cambiado de la segunda fila -primera de las que ocupaba Unidos Podemos- hasta la cuarta. Quizá la peor parada ha sido Tania Sánchez que, tras haber apoyado a Rita Maestre en su intento por controlar el partido en Madrid, ha terminado en la última fila, conocida como “el gallinero”.

La “limpia” de Podemos en el Congreso no se ha limitado a los puestos políticos. Hasta una docena de trabajadores del grupo parlamentario serán relevados de sus funciones. Todos ellos están señalados como errejonistas. Aunque en principio no se prevé su despido, serán relegados a funciones subsidiarias. Ocho de ellos ya han sido sustituidos. Se trata de los que estaban adscritos a la Secretaría Política que controlaba Errejón antes de Vistalegre II. Entre ellos están los dos responsables de prensa del exnúmero dos de la formación, que han pasado a formar parte del equipo de errejonistas que prepara su candidatura a la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

Juan E. Pflüger. Es periodista en Gaceta.es y profesor de Historia.

http://gaceta.es/noticias/iglesias-purga-errejon-27032017-1849


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