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CUENTO DE NAVIDAD

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Nos llega a la redacción, un pequeño cuento, desconocemos al autor, pero es un cuento de Navidad actual, hecho con humor, y como el humor es importante en cualquier momento, porque alegra y levanta el espiritu, lo publicamos, simplemente para haceros sonreir, sin mas pretensiones.

CUENTO DE NAVIDAD

Baltasar le había pedido permiso a Dios Jr. para no acudir a Belén. Su continente, herido de ébola, malaria, sida y hambre, necesitaba una legión de magos para curarse y el trabajo se le acumulaba durante esas fechas en que todos esperaban un milagro. El Bebé Divino, sabio y generoso, entendió que los niños africanos le necesitaban más que él, así que le concedió la licencia aun sabiendo que la Navidad quedaría un tanto deslucida sin la presencia del Rey negro.

Aquella Nochebuena, los tres Reyes Magos fueron dos: Melchor y Gaspar. Algo huérfanos, se presentaron ante el pesebre con sus regalos y sus séquitos. Y con la esperanza de alegrar los primeros días del pequeñín más grande de la historia.

Y sucedió que cuando fueron a hacerse la postal de rigor (todos en torno a la Virgen María, San José y Jesús en el centro), alguien ocupó el hueco que había dejado Baltasar. Solo Dios (y el CNI) sabían cómo aquel intruso había llegado hasta allí. Era un joven con cara de pánfilo y la sonrisa de quien había conseguido colarse hasta en una foto para la eternidad. Melchor, Gaspar y... Nicolás.

Después de la instantánea, el joven fue hacia la cuna, sacó su móvil y alargando el brazo se hizo un “selfie”, pegando su cara a la de un Niño que, con los ojitos como platos, se preguntaba de dónde había salido semejante friki. Y acto seguido se hizo otro con el burro. Y con la castañera. Y con el tío Cachirulo.

Algunos pastores lo querían sacar a patadas, la guardia personal de Melchor estaba resuelta a arrestarlo, pero terció el bebé divino: hasta los más tontos tenían derecho a estar junto a él. Y, además –pensó en voz alta Jesús y su pensamiento retumbó amplificado en todo el firmamento—: el mundo estaba lleno de grandes problemas como para desviar la atención con semejantes pequeñeces.

Que las tonterías no nos impidan preocuparnos por los que, de verdad, nos necesitan.

Feliz Navidad y que 2015 tampoco pueda con nuestra sonrisa.

ASI NOS LLEGÓ, ANÓNIMO


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