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¿Qué pasa por la cabeza de un policía antidisturbios?

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Excelente articulo de Manuel Marlasca, publicado en su blog "La Pringue". Manuel es  reportero. El mismo dice que "Me crecieron primero los dientes y luego las canas entre redacciones, brigadas, comisarías y comandancias". Es Jefe de Investigación de La Sexta y colaborador de Antena 3 y Onda Cero.

“Muchos nos querrían enviar a la cámara de gas, notas las miradas de asco todos los días. Pero también hay mucha otra gente que te anima, que te felicita… Me quedo con eso”.

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Los componentes de las Unidades de Intervención Policial (UIP) son los policías con peor prensa de nuestro país. Para casi todo el mundo son simplemente los "antidisturbios” y la creencia popular es que su trabajo se limita a "repartir palos" a diestro y siniestro en manifestaciones, desahucios, partidos de fútbol y cualquier otra concentración. En un mundo en el que los matices tienen poco predicamento, el estereotipo y el encasillamiento funcionan muy bien.

No entraré a defender aquí a las UIP en su globalidad. Su trabajo diario está ahí –aunque es muy poco visible para los ciudadanos– y sus excesos –estos, muy al contrario, son muy visibles–, cuando los ha habido, también están ahí. Las agresiones que las UIP sufrieron tras las marchas de la dignidad, con medio centenar de agentes heridos y unas imágenes que no dejaban un atisbo de duda sobre quiénes eran los responsables de los incidentes, tuvieron un efecto balsámico en su imagen: eran vulnerables y, pese a estar en una situación límite en la que algunos de ellos vieron sus vidas en peligro, todos tuvieron la templanza suficiente como para no hacer uso de las armas que llevaban.

"En un mundo en el que los matices tienen poco predicamento la creencia popular es que su trabajo se limita a “repartir palos” a diestro y siniestro"

No hablaré de las UIP, hablaré de un subinspector de estas unidades, de un uipero, al que conozco hace algún tiempo y con el que me gusta compartir ratos y vivencias de todo tipo: deporte, lecturas y trabajo... Tres palabras servirían para definirle, para dibujarle con un trazo grueso: "Un tipo tranquilo". Probablemente por eso esté destinado en esa unidad, donde la templanza, más que una virtud, es una necesidad y la mejor manera de sobrevivir a servicios donde el común de los mortales, yo, entre ellos, perdería los nervios. Recuerdo las imágenes del subinspector hace unos meses, aguantando al actor Willy Toledo hablándole de democracia a pocos metros de su rostro, intentando encararse con él como un futbolista marrullero. Toledo se dejó caer en una protesta y la presencia de las cámaras le sirvió de acicate para montar su particular mitin. El actor se empeñaba en ser identificado, así que, con cierta sorna, el subinspector le dijo: "Ya estás más que identificado, venga, ve acabando el mitin".

Los peores momentos del subinspector están asociados al terrorismo. En 1995, cuando era policía y llevaba muy poco tiempo en el cuerpo, ETA asesinó a seis militares con un coche bomba en Puente de Vallecas: "Los muertos, muchos heridos... Un atentado terrorista es la peor experiencia posible". Y entre sus más negros recuerdos, la noche del 11 de marzo de 2004. "Me tocó en Ifema, custodiando los objetos que habían sacado de los trenes: las bolsas y las mochilas. Recuerdo los teléfonos móviles sonando por la noche, rompiendo el silencio de aquellas naves enormes. Y todos esos objetos... Los libros de Harry Potter...".

"Horas y horas de viajes o de servicios, con siete tíos metidos en una furgoneta, nunca vi nada parecido en la Policía"

Policía desde hace 23 años, vocacional hasta la médula, condecorado con una Cruz Blanca al Mérito Policial y merecedor de más de 70 felicitaciones públicas, si no estuviese en las UIP, "me gustaría estar en un servicio en la calle, con uniforme, en cualquier destino que pueda servir al ciudadano". Cuando le pregunto por sus mejores momentos, no me habla de manifestaciones ni nada parecido: "Ayudar a los niños... A niños perdidos o a niños que han tenido accidentes". Sus momentos malos también están asociados a niños: "Sacar de un piso a una madre y a sus hijos... Se te parte el alma, jode, pero es mi trabajo".

El día a día del uipero –lo repite una y otra vez– es "aguantar y aguantar". Y en cualquier conversación que tenga que ver con su trabajo se cuela la palabra “compañerismo”. "La UIP es especial: horas y horas de viajes o de servicios, con siete tíos metidos en una furgoneta, nunca vi nada parecido en la Policía". Ese compañerismo, convertido casi en hermandad, y la variedad de su trabajo, es lo que tiene seducido al subinspector: "Una visita del Papa, un servicio para proteger al Rey, una final de Copa del Rey, un plantón en una embajada...".

"La noche de las 'marchas de la dignidad' ha sido la "única vez que he sentido que perdimos en los 23 años que llevo aquí"

Cuando le pregunto por la mala prensa de las UIP, el subinspector me habla de extremos: "Muchos nos querrían enviar a la cámara de gas, notas las miradas de asco todos los días. Pero también hay mucha otra gente que te anima, que te felicita... Me quedo con eso". Esa dualidad se notó aún más tras las agresiones de las Marchas de la Dignidad, una noche que sigue en la memoria del subinspector: "Esa noche perdimos... Ha sido la única vez que he sentido que perdimos en los 23 años que llevo aquí. Y aún siento la impotencia de no haber podido ayudar a los míos".

"Debajo de cada chaleco antitrauma hay una persona. Una persona que acaba el servicio y se va a su casa, con su familia. Para estar aquí hay que estar muy centrado", me dice el uipero. "Somos muchos y algún indeseable se colará, pero aquí lo que hay mayoritariamente es gente estupenda".

http://www.manuelmarlasca.com


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