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Interior teme que el soberanismo catalán vuelva a agitar la calle tras las elecciones del 21-D

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Los resultados del 21-D no sólo se estudian en las sedes de los partidos. Las cifras y las sumas también están sobre la mesa de los responsables de la seguridad en Cataluña y, por extensión, del Estado. La mayoría absoluta revalidada por los independentistas en las urnas ha elevado el temor entre los expertos a un nuevo repunte en la agitación soberanista en las calles.

En los momentos más calientes del procés, en vísperas del 1-O, el mismo día de la votación y en las jornadas posteriores, la calle fue el principal escenario de acción de los independentistas, y no sólo por parte de los elementos más radicales. Los miembros del Govern y de la Mesa del Parlament participaron activamente en las movilizaciones y los líderes de la ANC y Òmnium continúan en prisión preventiva por los disturbios que, según la investigación judicial, alentaron.

En cualquier caso, el análisis que hace ahora Interior pone buena parte del foco en el papel que pueda jugar el entorno más radical y su posible conversión ahora para ser "aún más radical". Ese sector está muy localizado: se trata de Arran, las juventudes de la CUP, y "sus cercanías".

Los analistas consultados por este periódico explicaron que la situación en el plano de la seguridad es extremadamente compleja. Recuerdan que quien estaba al frente de los Mozos, el mayor Josep Lluís Trapero, fue relevado del cargo por su implicación en el 1-O. El mando de los Mossos lo asumió el Ministerio del Interior y pocas decisiones más se tomaron, pese a que hay más de 300 agentes autonómicos bajo la lupa judicial, por su actuación en el referéndum ilegal del 1-O.

A estos datos se suma el hecho de que unos mossos fueran interceptados por policías nacionales cuando, en vísperas de la aplicación del 155, iban a destruir documentos sobre lo que podrían calificarse como "investigaciones políticas". Todo, en el marco del mayor dispositivo de seguridad de la democracia, con policías nacionales y guardias civiles, que aún permanecen en Cataluña.

Con estos mimbres, recuerdan desde Interior, se ha logrado capear la seguridad en Cataluña hasta las elecciones. Pero ahora, un sector importante del independentismo radical ve reforzada su posición política y, por extensión, el mismo sector en el seno de los Mossos.

Por este motivo, desde la Seguridad del Estado se teme que cuando se produzca -si se produce- ese incremento en la tensión de la calle, la posición de los Mozos puede ser más comprometida aún a la hora de actuar. Conviene recordar que entre la documentación interceptada a aquellos mossos cuando iba a ser destruida había documentos sobre seguimientos a otros mossos no independentistas.

Los expertos ya detectaron en la campaña electoral un aumento de la tensión en la calle. Los insultos y coacciones a los candidatos y representantes de los partidos constitucionalistas se habían multiplicado. De hecho, hubo que colocar escolta policial a algunos de los candidatos más representativos.

Ahora, tras el resultado electoral, los expertos creen que esa presión puede aumentar, que cuando la justicia siga dando sus pasos y arrope las sospechas sobre los independentistas, la respuesta en la calle puede ser mayor. En las actuaciones del Tribunal Supremo por los delitos vinculados con el 1-O, también figuran representantes de la CUP, como es el caso de Anna Gabriel.

Por todo ello, todo apunta a que se optará por mantener sine die un potente despliegue policial, aunque se reduzca el número de efectivos. Por si hay que volver a intervenir en caso de que los independentistas continúen con el procés en los mismos términos que antes del 155.


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