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"Hoy hemos tenido que controlar una manifestación de 4000 personas, acaba de terminar, estoy lleno de escupitajos,lo que más les jodía era la pasividad nuestra"

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Es la realidad de los guardias civiles y policias nacionales en un día o una noche de servicio cualquiera. Escraches en los cuarteles y comisarias, ataques, agresiones, insultos, persecuciones, coacciones, amenazas…, que se extienden en el caso de los agentes destinados en Cataluña, muchos de ellos catalanes, a sus famlias en sus propios domicilios y en sus puestos de trabajo y a sus hijos en sus centros de enseñanza. Les provocan para fotografiar y filmar la posible respuesta de los agentes, mientras estos permanecen impetérritos, aguantando y esperando la respuesta desde el Gobierno que no llega para parar estos ataques.

El acoso a la Policía Nacional y Guardia Civil en Cataluña se está volviendo insoportable en las últimas horas.

Se convocan concentraciones por grupos de independentistas radicales perfectamente organizados a través de la redes sociales, estos grupos radicales secundados por independentistas y en ocasiones con el beneplácito de la propia Generalidad y con la anuencia en muchos casos de algunos mandos y agentes de los Mozos de Escuadra, están llevando a cabo una auténtica campaña de intimidación que ha llevado incluso a los responsables de los hoteles en los que estos agentes estaban alojados a pedirles que se marchen por la presión que están recibiendo.

Estos escraches que nada tienen de pacíficos, sino llenos de odio y violentos, hace que los cuarteles, comisarias y edificios oficiales del Gobierno central y de los Juzgados y Tribunales de Justicia en cada una de las ciudades y provincias catalanes tengan que ser custodiados, además de por el personal habitual destinado en Cataluña, por agentes desplazados allí.

El relato que a continuación reproducimos es el de un agente desplazado, de Guardia Civil o Policía Nacional, en un día o una noche cualquiera, que realiza su servicio en un pueblo o ciudad cualquiera, de una provincia cualquiera y protegiendo un edificio oficial cualquiera del que no diremos el nombre, ni el lugar donde está desarrollando su trabajo por razones obvias y que representa el día a día de cualquiera de los 10.000 agentes de Guardia Civil y Policia Nacional desplazados a Cataluña, el sentir de los allí destinados es aún peor, por que ese odio se traslada a su familia:

"Me han grabado y me han hecho muchas fotos, que con ironía y una sonrisa nos dice, a ver si puedo conseguir imágenes.

Hoy hemos tenido que controlar una manifestación de 4000 personas, acaba de terminar, estoy lleno de escupitajos, la gente me miraba con un odio que nunca hubiese imaginado, gente con niños nos decían asesinos, fuera fuera, no se qué de la familia, pero lo que más les jodía era la pasividad nuestra".


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