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León X, el Papa hedonista que pagó con veneno su lealtad al Imperio español

  • Escrito por ABC

palcio leon x

El siglo XVI cuenta con algunos de los pontífices más excesivos de la historia de la Iglesia. Papas hedonistas, corruptos y de cuestionable moralidad, donde los Borgia, los della Rovere, los Médici y otras familias eclesiásticas ambicionaron convertir Roma y sus riquezas en parte de su patrimonio. ¡Es el oro, estúpido!, hubieran advertido en otro tiempo.

Cuando Giovanni de Medici se sentó en la silla de San Pedro con el nombre de León X se hizo acompañar de poetas, artistas, banquetes y juegos. Por supuesto, las arcas de la Santa Sede no aguantaron el dispendio de aquel perfecto hedonista que, en última instancia, encargó pintar las estancias vaticanas a Rafael, trazar la monumental obra de Miguel Ángel en la capilla sixtina y continuar la construcción de la Basílica de San Pedro.

No cabía esperar menos del hijo de Lorenzo el Magnífico, uno de los mayores mecenas del Renacimiento. El Papa natural de Florencia, nacido en 1475, fue nombrado cardenal siendo un adolescente, pero no recibió las órdenes sagradas hasta cuatro años después. La invasión de Carlos VIII de Francia a Italia tuvo como consecuencia la expulsión de los Médici de Florencia, incluido el para entonces cardenal Giovanni. Su rencor hacia los franceses se forjó en esos años de refugiado en Roma e incluso pasó un tiempo bajo su cautiverio en Rávena.

Una vez fue Papa, la creciente necesidad de obtener nuevos ingresos para sostener su tren de vida derivó en la venta de indulgencias: oro por el perdón de los pecados. Algo que, a decir verdad, era un negocio ya amplicado por su predecesor para pagar la nueva Basílica, Julio II, pero que León X llevó al siguiente nivel. Esta escandalosa cuestión fue el principal detonante para que Martín Lutero iniciara en 1517 una reforma eclesiástica que habría de escindir la comunidad cristiana.

León X se decanta por Carlos

Los problemas alemanes, franceses y españoles eran los italianos, y viceversa. Aunque el Papa prefiriera una vida como mecenas de las artes, la guerra no iba a esfumarse de Italia porque él dejara de mirar. Del belicoso Julio II heredó sus guerras contra los «bárbaros» que venían a invadir Italia, esto es, los franceses y los españoles. Para Roma era tan amenazante la presencia de España en Nápoles como la de Francia en Milán. Como buen Médici se mostró ambiguo con ambos e incluso al principio apoyó a Francisco I de Francia en su pretensión de heredar la Corona imperial.


En ese tiempo de buena sintonía con Francia, uno de sus mayores éxitos fue el que la Iglesia de este país terminara con su situación de independencia a raíz de la Pragmática Sanción promulgada por Carlos VII. Sin embargo, se posicionó finalmente con Carlos V en sus guerras frente al impetuoso Francisco de Francia a cuenta de lo que Roma se jugaba en Alemania. El peligro que suponía Lutero convenció a ambos de que se necesitaban mutuamente, incluso cuando las relaciones entre el Pontífice y el Rey francés iban in crescendo.

El monje agustino Lutero escribió las 95 tesis, un texto clavado en las puertas de la Iglesia del Palacio de Wittenberg en 1517, denunciando la doctrina papal sobre la venta de indulgencias para financiar la renovación de la Basílica de San Pedro en Roma. La respuesta de León X tardó en llegar, pese a lo cual no escatimó en dureza. Condenó las tesis luteranas en 1520 mediante la bula Exsurge Domine, que Lutero quemó públicamente. Al no arrepentirse, el Papa pronunció su excomunión y la de sus partidarios en 1521.

Además, León X instó a Carlos V a tomar medidas contra aquel súbdito suyo. En Worms, el popular monje y el imberbe Emperador tuvieron su primera confrontación teológica. Lutero se salvó por poco de ir a prisión, pero Carlos se mantuvo firme en su lugar. No en vano, la incapacidad de apagar una herejía que tenía mucho que ver con un emergente nacionalismo (los cristianos del norte se consideraban ajenos a esa forma de entender la religión tan latina representada por el Papa) les ha condenado a ambos a ojos de la Historia como los hombres que no supieron reaccionar con inteligencia ante aquella encrucijada. Los tiempos estaban cambiando... Eso era todo.

Olor a veneno en Roma

La alianza entre el Papa y Carlos V fue en detrimento de los franceses, expulsados por tercera vez de Milán en 1521. León X murió en medio de los festejos por la victoria sobre Francia el 1 de diciembre de ese año a la edad de 47 años. Una fiebre súbita consumió su vida en cuestión de tres días. La sospecha de que fue envenenado corrió por Italia sin que se haya podido nunca confirmar. Y no ayudó a desmentirlo que su cuerpo se hinchara y ennegreciera como era habitual en casos de muerte por veneno. El principal sospechoso de orquestar el asesinato fue su sumiller, Bernabé Malaspina, al que se le consideraba afín a Francisco I y proclive a que ese pontífice tan incómodo desapareciera de una vez.

No hubiera sido la primera vez que alguien intentaba envenenar a León X. En 1517, el cardenal Petrucci conspiró para asesinar al Papa y contrató con este fin al médico florentino Bautista de Vercelli. Sus planes pasaban porque el médico entrara al servicio de León X y le envenenara aprovechando una operación de fístula.

Al conocerse la conspiración por una carta interceptada, se implicó a cuatro cardenales más y al secretario de Petrucci. Los principales sospechosos pasaron todos por el potro de tortura, tras lo cual Vercelli y el secretario fueron ahorcados y descuartizados. Petrucci fue despojado de sus beneficios y dignidades y posteriormente ajusticiado. El veneno se quedó en su fraco por esa vez.

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