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MAREMOTO DE LA CIUDAD DE CÁDIZ EL 1º DE NOVIEMBRE DE 1755

  • Escrito por Redacción

Sanchezlopez historia copia  

  MAREMOTO DE LA CIUDAD DE CÁDIZ  EL 1º DE NOVIEMBRE DE 1755

Recordando el 261º aniversario del maremoto de la ciudad de Cádiz, el IERD ( Instituto Español para la Reducción de los Desastres) organizó unas Jornadas en la Universidad de Cádiz los días 29 y 30 de octubre pasado, donde participaron, entre otros, historiadores, sismólogos y arqueólogos, no solamente con el fin de recordar tan luctuoso día, sino con la intención de concienciar y preparar a la población  y a las administraciones para un futurible maremoto, ya que todos los datos nos llevan a inducir que suceden de forma periódica cada 400 o 500 años. No obstante, como todo lo relacionado con la tectónica, “no hay certeza que ocurra hoy” ni “hay fecha fija” para el suceso, pero sí de que se producirá.

Tengamos en cuenta que, desde la más remota antigüedad, para intentar predecir los movimientos de tierra, se prestaba especial atención al estado del cielo al alba, los vientos, el estado de la mar, cambio de profundidad en los pozos, e incluso el olor de las aguas, no sirviendo nada de ello para intentar anticipar la violencia del movimiento sísmico ocurrido aquél fatídico día en la Península Ibérica.

El terremoto de Lisboa, que según los expertos, alcanzó 8 grados en la escala de Ritcher, el sábado 1 de noviembre de 1755, día de todos Los Santos, a las 09,20 horas aproximadamente, a unos 200 km del cabo de San Vicente, en el extremo sur de Portugal, siendo la hipótesis más aceptada que el epicentro se encontraba en la zona de fractura Azores-Gibraltar, que a su vez forma parte del límite de placas entre la Euroasiática y la Africana. Entre sus efectos inmediatos, causó la destrucción total de la ciudad de Lisboa; en Cádiz, el maremoto posterior, alcanzó los 14 metros, en la isla de Madeira el mar subió 4 metros, en Ceuta y Gibraltar 2 metros y, en Oporto 1 metro, datos escalofriantes, sobre todo para las infraestructuras de la época y los escasos o nulos sistemas de alerta temprana , la gran “aliada” en estos catastróficos segundos.

Sobre el dato de la hora de la ocurrencia del fenómeno, y a tenor de una encuesta que encargó el monarca, la mayoría de los informes recogen este dato puntualmente, ya que era un día festivo muy señalado en el calendario eclesiástico. No obstante la variedad de horas es grande, entre las 9 y las 11, ya que estaban referidas al tiempo local, tiempo definido por el paso del sol por el meridiano del lugar y que por tanto varía hasta en tres cuartos de hora, dependiendo de la posición geográfica de los diferentes lugares donde se pudo sentir el mismo.

Se reproduce una tabla con las horas de percepción del terremoto (fuente IGN):

                             Ciudad                       Hora local                                                Hora TU

                           Almería                  Entre 9 h y 10 h                         Entre 9 h 10 m y 10 h 10 m

                           Cádiz                            9 h 52 m                                                       10 h 17 m

                           Córdoba                        9 h 56 m                                                       10 h 15 m

                           Granada                       10 h                                                               10 h 14 m

                           Huelva                          9 h 52 m                                                        10 h 20 m

                           Jaén                             9 h 50 m                                                        10 h 05 m

                           Málaga                        10 h 03 m                                                       10 h 21 m

                           Sevilla                         10 h 04 m                                                       10 h 28 m

    Las grandes diferencias que se aprecian, se justifican por la hora anotada en los informes, obtenida en la mayoría de los casos por medio de la posición del sol o por relojes mecánicos poco precisos.

Ocurrió durante el reinado de  Fernando VI (1746-1759), el cual se encontraba en San Lorenzo de El Escorial, y en cuanto cesaron las sacudidas regresó a Madrid. El maremoto llegó a las Canarias y a las costas vascas; desde el interior de Huelva a Cataluña, los temblores “derribaron edificios y puentes, enloquecieron a los animales y agrietaron numerosos caserones”. La región más afectada fue Andalucía Occidental, y más en concreto la costa de Cádiz y Huelva. De los 1.275 muertos que “se adjudican a la catástrofe”, el maremoto se cobró 1.214; de éstos, 400 fallecieron en Ayamonte, 200 en Cádiz, 276 en La Redondela, 203 en Lepe, 66 en Huelva, 24 en Conil de la Frontera... El lugar del interior donde más gente murió a causa del terremoto fue Coria: 21 personas murieron allí al ser alcanzadas en la cabeza por fragmentos de construcciones que no resistieron la sacudida. El Guadalquivir se desbordó, y el Tinto cambió de cauce. La destrucción en su ermita obligó a la Virgen del Rocío a mudarse a Almonte entre 1755 y 1757.  

Croquis terremoto 1755 ( Copyleft: Wikipedia/ Commons)

A pesar de no haber referencias que lo puedan atestiguar, es muy probable que la perturbación fuere percibida en otros lugares atlánticos e incluso en la zona cantábrica, aunque sí se tiene constancia de que fue observado por barcos en alta mar.

Fuentes del hecho

En cuanto a las fuentes de información del evento sísmico, se podrían dividir a priori entre documentos contemporáneos y estudios posteriores. Dentro de la primera división, tenemos los relatos de la época, en tiempos del rey Fernando VI, que son muy clarificadores de cómo se desarrollaron los hechos, teniendo en cuenta que gran parte de la población se encontraba en misa de difuntos, provocando una gran agitación entre los mismos, mientras “unos querían salir en tumulto, otros querían entrar”, pero las descripciones de los testigos nos pueden hacer comprender una “composición del lugar y el momento”

“El día 1º de este mes, a las diez de la mañana, estando el tiempo en agradable tranquilidad, sobrevino en esta ciudad un terremoto que duró el espacio de cinco minutos,  con tan incesante violencia e inquietud, que llenó de pavor a todo el pueblo, pero sin causar grave daño porque no derribo edificio o fábrica alguna, y solo se llevó la veleta del convento de Santo Domingo, quebrando una pared de él, y cuarteó y lastimó algunas casas de las más antiguas, entre las que fue una la de mi habitación, que se rajaron las paredes por tres partes, sin haberse experimentado desgracia entre la gente”.

Antonio de Azlor (Gobernador).

“Una hora después, oteando el mar, vimos llegar una ola como a unas ocho millas de la costa, que era al menos sesenta pies más alta de lo normal. La gente comenzó a temblar, los centinelas abandonaron sus puestos e hicieron bien”.

“Golpeó contra la pared oeste de la ciudad que es muy rocosa: estas rocas abatieron una gran parte de su fuerza”

Benjamín Bewick (comerciante).

“Las aguas, en su furor arramblan con cuanto al paso encuentran: árboles, piedras, muebles y hasta cunas de los tiernos infantes.  El horror y la desesperación se hallan pintados  en el rostro de todos: chicos, grande, ricos, pobres, creyentes o desalmados. Unos se suben a las azoteas , por ver de libertarse, al pronto, de la voracidad del mar, aunque no muy satisfechos de hallarse seguros: bien porque las olas, que se alzan como montañas, los alcancen allí, bien porque vayan a precipitarse en el abismo de los edificios a impulsos del terremoto. Otros, más confiados, pero menos prudentes, buscan en la huida su salvación, sin comprender ¡desgraciados! que van a quedar envueltos y ahogados, juntamente con los coches y las cabalgaduras, en la lengua de tierra que une a Cádiz con San Fernando, cuyo continente forma la Isla Gaditana”.

José Mª Sbarbi (1883).

“No hacía falta más que un poco de experiencia y alguna atención para juzgar enseguida que los dos mares: el del Oeste y el de la bahía, se deberían juntar sobre el arrecife, una lengua de arena muy estrecha que une Cádiz con la Isla de León, y que apenas tiene una pequeña altura sobre el nivel de la pleamar; de forma que esto acaeció enseguida y resultó completamente destruido el citado camino. Allí, como el algunos otros lugares de la orilla del mar, hubo algunas personas que se ahogaron huyendo, sin reflexión , por un camino tan expuesto al peligro. Por ello fue una gran dicha que se cerrase la Puerta de Tierra, único camino que una gran multitud quería tomar para huir: la mitad de la población de Cádiz hubiera muerto allí”.

    Louis Godin.

Hilando con el párrafo anterior, se cierran las puertas de la ciudad. El capitán de Granaderos, Manuel Boneo, testigo de los ahogamientos desde la muralla, ordenó cerrar la única puerta de salida al exterior. Quienes no tuvieron tiempo de huir intentaron hacerlo por la fuerza, pero Moneo mandó a la guardia asegurar la puerta “bayoneta en ristre”. La intención de la huida era alejarse de la ciudad en dirección hacia la Isla de León y llegar hasta allí. Huían del terremoto, no del maremoto. No sospechaban lo que vendría después.

Igualmente, colapsó la conocida como La Torre Gorda, ya que el mar golpeó con fuerza en las dunas de arena que sustentaban su base y, la atalaya vuelca. Curiosamente, esta torre sobrevivió a un ataque berberisco en 1574, pero no pudo resistir el embate del mar.

No pasó desapercibido para la prensa de la época, tal y como se releja en el periódico Mercurio histórico y político, que publicaba la siguiente narración:

“El día de todos los santos amaneció claro, y despejado el horizonte, con viento suave al este, pacífico el mar, sin indicios de los sucesos que lo siguieron con gran admiración de los habitantes de esta plaza.
A las nueve y tres cuartos de la mañana se experimentó un temblor de tierra tan violento que, por el continuo movimiento que causaba, parecían venirse a tierra todos los edificios y casas de la ciudad, cuyas habitaciones dejaron sus vecinos, saliéndose cada uno fuera de ellas para libertarse de la ruina que todo amenazaba, viéndose por las calles y plazas públicas muchos huidos medio vestidos y a medio afeitar, y otros, según el estado en que los cogió aquella triste hora, sin reserva de mujeres de todas clases y edades. En los templos hubo la mayor confusión y tropelía para salir de ellos, lo que igualmente ejecutaron (sin haber consagrado) muchos sacerdotes que estaban celebrando. El terremoto duró, según observaron muchos, de seis a siete minutos, habiéndose percibido en este tiempo el movimiento de pavimentos, el crujido de las maderas que los aseguraban, tocarse por sí las campanillas de las casas y las vibraciones que se veían en los faroles, arañas y otros adornos de ellas; de modo que a no ser tan sólidas las fábricas de esta ciudad, se hubiera arruinado mucha parte de ellas pues se vieron abiertas y hendidas muchas murallas de las casas antiguas de sus vecinos”.

Otrosí, la documentación que el Archivo Histórico Nacional había recogido del pueblo se obtuvo a partir de una encuesta que el rey Fernando VI ordenó llevar a cabo el día 8 de noviembre al Gobernador del Supremo Consejo de Castilla, solicitando información sobre lo acaecido. Se confeccionó un cuestionario al que se debía “contestar sin dilación” dirigido a las personas de mayor razón de las capitales y pueblos de cierta importancia del Reino, y casi literalmente la encuesta tenía las siguientes preguntas:

1. ¿Se sintió el terremoto?

2. ¿A qué hora?

3. ¿Qué tiempo duró?

4. ¿Qué movimientos se observaron en los suelos, paredes, edificios, fuentes y ríos?

5. ¿Qué ruinas o perjuicios se han ocasionado en las fábricas?

6. ¿Han resultado muertes o heridas en personas y animales?

7. ¿Ocurrió otra cosa notable?

8. Antes de él ¿hubo señales que lo anunciasen?

Se considera que las preguntas están básicamente bien realizadas y podrían aportar muy buenos datos si se respondiesen adecuadamente, sin embargo se advierten en muchas de las contestaciones carencias importantes de información, imprecisiones y coincidencias.

(documentos originales manuscritos sobre los efectos del terremoto de 1755 en España, A.H.N legajos 2909, 3173, 3183 y 4821).

Observatorio Astronómico de la Armada

                   09.52h...2´.......09.54h         3´            09.57h       4´ …10.01h

                         Ondas P                   Ondas S             Debilitamiento vibraciones

                 Leves vibraciones      Máx. sacudida                 Atenuación

Efectos de un maremoto

Entrando de lleno en lo efectos del maremoto y, debido a la impresionante alteración de las aguas del mar como consecuencia de haber tenido un foco oceánico, sería interesante aclarar que la palabra maremoto (del latín mare-mar- y motus-movimiento-) no define un sismo de epicentro marino, como podría indicar su etimología, sino que es usada para nominar a la ola que se propaga a través de la superficie libre del mar como consecuencia de un terremoto ocurrido en el mar; pudiendo incluso ampliar la definición a las ondas del mar generadas por erupciones volcánicas o deslizamientos de tierra submarinos, e incluso  causadas por impactos de meteoritos. Además, estas olas cuya profundidad depende del fondo marino, al llegar a las costas aumentan en altura, haciendo evidente que la batimetría y la topografía del borde marino juegan, entre otros, un papel netamente directo en la vis catastrófica de sus resultados, siendo en este caso mayores los efectos debido a la batimetría de la costa y  la pleamar.

El tiempo de recorrido de la ola hasta llegar a las costas es un factor determinante para la valoración del riesgo, existiendo sin duda una gran variedad, desde los 30 minutos que tarda en llegar a Lepe (Huelva) a 264 km del epicentro, hasta las dos horas y cuarto a Corcubión (La Coruña), a 722 km., y como ya se indicó, la velocidad de la onda marina depende de la profundidad del fondo oceánico, h, mediante la expresión  c2 = g·h (g  la aceleración de la gravedad) y, como h  no es constante, la velocidad irá disminuyendo al aproximarse al litoral.

Otro punto de discrepancia científica es la localización del foco del terremoto, tarea por otra parte nada fácil, aunque resulta ser un parámetro muy importante a la hora de abordar diferentes estudios. Sólo se dispone de medios indirectos para determinarlo y por supuesto de forma aproximativa. Uno de los más concluyentes sería el mapa de isosistas (curvas que se obtienen uniendo sobre un mapa los puntos en los que un terremoto ha tenido la misma intensidad), aunque no obstante su irregularidad y direcciones no van a permitir una localización aceptable. Cualquier hipótesis sobre la ubicación del foco sigue estando abierta a posibles discusiones y futuras investigaciones, siendo actualmente la hipótesis más aceptada las coordenadas  36º30´N y 10º 00´O.

Respecto a la profundidad h del foco sísmico, por cálculos indirectos a partir de relaciones empíricas con otras magnitudes, o combinación de ellas, tales como coordenadas epicentrales, intensidad máxima en el epicentro, el área de perceptibilidad o una ley de atenuación, parámetros todos ellos con cierto grado de incertidumbre, con el conocimiento actual  se puede estimar de forma conveniente una profundidad entre 20 y 40 Km.

En relación con la intensidad sísmica , al tener este un epicentro marino, la misma fue de VIII, mientras que a la intensidad epicentral se le asigna XI-XII.

En cuanto a la magnitud, que mide la energía liberada en el foco, puede variar entre 8,3 (Munuera) y 9 (Machado). Ya entrando en la duración, una de sus características más sorprendentes fue su excesiva duración. La sacudida no se percibió  como un movimiento continuo, sino que hubo algunos intervalos de quietud. La secuencia sísmica se puede establecer, obviamente a grandes líneas, de la siguiente forma: una primera fase menos violenta de entre uno y dos minutos; siguiéndole una pausa corta inferior a un minuto, continuando con un movimiento muy violento durante un intervalo de dos o tres minutos, para después de otra pequeña pausa, iniciarse otro período más duradero de unos tres o cuatro minutos de menor violencia y con tendencia a desaparecer.

Las víctimas

Se intenta determinar el número total del víctimas de terremoto, tanto en Portugal, norte de África como en nuestro país, siempre intentando acercarnos al valor realista. En este caso, tenemos el hándicap histórico de haberse producido durante el siglo XVIII, aunando dos efectos que complican aún más la ecuación: los ahogados por el maremoto y, en el caso de la ciudad de Lisboa los muertos por el incendio que se desencadenó durante cinco o seis días. Siguiendo con Portugal, Moreira de Mendoça, contemporáneo del suceso, realiza una estimación bastante certera y evalúa en 5.000 las personas fallecidas por alguno de los tres motivos, un 7%  de los habitantes de la época, acercándose en todo el país vecino a 12.000.

Para el norte de África, es más complicado ya que las estimaciones se realizaron junto con otro movimiento sísmico ocurrido el 18 del mismo mes, mezclando ambos; únicamente se puede desprender de los estudios realizados, que fallecieron más por el sismo que por la irrupción  del mar.

Y, centrándonos en España, la discrepancia es menor al tener mejor documentación, infiriendo de ella, que fue mayor el número de muertes por el maremoto que por el propio temblor; lo cual resulta bastante coherente, teniendo en cuenta que la intensidad máxima en nuestro país fue de grado VIII y la del maremoto, en la escala Imamura-Iida,(del maremoto que no sísmica) entre 3 y 4, lo que sin duda fue devastador en el litoral español, muy especialmente en la zona más occidental.

De todas las víctimas ocasionadas por el movimiento de tierra, la gran mayoría -un 84%,- fueron por el colapso de los edificios o por el desprendimiento de elementos constructivos. El miedo es otro de los causantes de víctimas, ora por paros cardiacos, ora por atropellos en la huída de la gente, estimando un total de 61 muertos por causas del terremoto (sepultados, atropellos, pánico, caída de fragmentos e incluso dos partos prematuros).

Respecto al maremoto, es más complicado de realizar un cálculo concreto, debido, aquí sí, a las contradicciones, e igualmente a que muchos de los ahogados no pudieron ser ni recuperados ni fueron “devueltos” por la mar, toda vez que muchos eran pescadores de otras regiones del Reino, lo que dificultaría su contabilización, pero se estima que nos 1.214 (con la salvedad de la localidad de Rota, que se tiene constancia que sí hubo, pero no se contabilizaron).

El anormal episodio del terremoto seguido de maremoto, pudo, sin lugar a dudas coadyuvar a que la cifra de afectados por el maremoto fuere mayor, motivado por la curiosidad de los demarcanos que se vieron sorprendidos por la llegada de una gran ola que los arrastró. La hora fue también determinante, de haberse producido en horas nocturnas, las víctimas del maremoto habrían sido inferiores, mientras que el temblor hubiese sorprendido a sus habitantes durmiendo y su número se habría incrementado, lo que nos lleva a poner de manifiesto sin ningún género de dudas al respecto que, la hora de ocurrencia de los sucesos, y  en la actualidad con la gran ocupación del litoral en época estival, es determinante para el cálculo del riesgo.

Para completar el artículo, pondré de manifiesto algunos efectos en la naturaleza, tales como la alteración de las aguas de los lagos, lagunas, canales, ríos, fuentes..., originados por las vibraciones producidas durante la propagación de las ondas sísmicas, bien sean ondas de volumen o superficiales. Este terremoto puso de manifiesto que el fenómeno conocido como seiche (término promovido por el hidrólogo suizo François-Alphonse Florel, derivado del dialecto francés de Suiza “balancearse atrás y adelante”) , alteración o movimiento de largo periodo de la superficie del agua en lagos o volúmenes de agua con una batimetría determinada, podría ser también de origen sísmico, además de la causa meteorológicas ya descritas, pero que se produce siempre en sismos de gran magnitud. En España y a través de informes del AHN sobre los fenómenos asociados a la naturaleza,  se dividen los efectos en cuatro categorías (siguiendo las recomendaciones de la escala EMS 1998): hidrológicos, rotura de laderas, procesos horizontales en el terreno y procesos convergentes.

Los más numerosos, sin duda, son los hidrológicos que a su vez se subdividen en otros tres en función del tipo de efecto registrado:

- 1)  cambio en el nivel del agua de los pozos,

- 2) aumento y/o disminución del caudal de los manantiales o su interrupción temporal y

- 3) alteración de la superficie el agua en calma. En cuanto a la rotura de las laderas el efecto más significativo ha sido el pequeño derrumbe de montañas y, en los procesos convergentes , fenómenos de licuefacción  y deslizamientos de laderas.

Y, dentro de la categoría de otros efectos secundarios, en los informes que se envían a la Corte en contestación a los requerimientos del Rey, que tras analizarlos se desprenden dos “situaciones” acorde con la época, la primera que se pueden relacionar con el efecto del sismo, sobre todo el ruido subterráneo, y otros a creencias y supersticiones que existían en el siglo XVIII éstos fueron interpretados por “los cristianos” como una señal innegable de la cólera de Dios, tomando esto desde el punto de vista de la teodicea más ortodoxa. En relación con el primer efecto, se distinguen dos tipos de ruidos, el del movimiento de los objetos y las estructuras, y el que emerge desde el interior de la tierra, las ondas sísmicas de volumen (P y SV) , en las que una parte de su energía se transmite al aire en forma de ondas acústicas,  conocidas también como ondas de aire. En relación con el segundo (las creencias populares), estarían los efectos luminosos en el cielo, que por otra parte si se producen.

He realizado en este breve artículo intentando hacer un “collage” científico e histórico de una fuerza de la naturaleza tan imponente como impredecible a corto plazo (dentro de la escala de una vida humana media), para que el lector interprete, valore y analice, por un lado cómo percibían nuestros predecesores estas catástrofes y, por otro para recalcar lo importante, sino imprescindible que es la prevención por medio de sistemas de alerta temprana aunado a las infraestructuras de la zona, puntos críticos, profilaxis,... teniendo muy en cuenta, el gran reto científico que para la sismología es la posibilidad de predecir terremotos.

El “placer” de vivir cerca de las costas es “un riesgo inherente al lugar” y tomar las medidas de precaución necesarias para minimizar los riesgos, tanto humanos como materiales, es necesario por las administraciones que deberían ponderar que si ocurriera en la actualidad, los efectos podrían ser devastadores, sino catastróficos, debido a la concentración urbanística, y mala planificación de la misma, en las zonas del litoral peninsular, y muy especialmente en Andalucía occidental.

No quisiera finalizar sin dar las gracias al Instituto Español para la Reducción de Catástrofes (IERD), pero muy especialmente a mi amigo D. Jorge Sánchez, componente del IERD, Director de Seguridad e Historiador por su inestimable colaboración a la hora de realizar este artículo.

Mapas representados en proyección UTM

Localidades donde se percibieron efectos del terremoto (Fuente IGN)

Localidades de la península donde se registró el maremoto (Fuente IGN)

Fuentes:

    Instituto Español para la Reducción de los Desastres (IERD)

“Los efectos en España del terremoto de Lisboa (1 de noviembre de noviembre de 1755), Martínez Solares, José Manuel. 2001. DG. del IGN.

    Otras abiertas.

Por Antonio Sánchez, Licenciado en Geografía e Historia, Técnico Competente en la elaboración de planes de Autoprotección y Guardia Civil (A).

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