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El día en que La Legión salvó Melilla

  • Escrito por Redacción

 

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Julio de 1921. El general Navarro, intentando organizar a los soldados supervivientes que afluían de Annual, había cumplido la orden recibida desde la comandancia: «Retírese a Monte Arruit».

Era éste un fuerte construido en el año 1912, a unos 30 km al sur de Melilla, que adolecía de dos defectos: en primer lugar, el suministro de agua se realizaba mediante viajes a un pozo cercano, lo cual, evidentemente, no resultaba nada práctico en caso de asedio, y en segundo lugar, las cantinas se habían construido a una distancia de veinte metros extramuros, por lo que podrían ser utilizadas como parapeto por los atacantes, y así ocurrió...

De este modo comienza el relato del libro «La Legión 1921. La reconquista tras el desastre de Annual», publicado por la editorial Almena en la colección Guerreros y Batallas (nº 63). El texto de este artículo ha sido extraído asimismo por su autor de un capítulo de dicha obra:

«Caído Monte Arruit, Melilla y su territorio era el objetivo de Abd El Krim»

...La heroica carga de los jinetes del Regimiento de Alcántara no había logrado frenar la avalancha rebelde. Los aterrorizados soldados en retirada llegaron al fuerte a la carrera, hostigados por los cabileños, mientras la retaguardia, ya sin municiones, aguantaba a punta de bayoneta a las órdenes del capitán Arenas, quien cayó finalmente muerto por un disparo en la cabeza cerca de la entrada de Monte Arruit. Este era el fatal destino que esperaba a la práctica totalidad de los allí refugiados.

Caído Monte Arruit, Melilla y su territorio aledaño, era el siguiente objetivo para los rebeldes de Abd El Krim, cuyos efectivos, según corría la noticia de su victoria entre las cábilas de la región del Rif, aumentaban constantemente.

Las tropas que guarnecían las posiciones de la zona cercana a Melilla, superadas en número por el enemigo, se retiraban. Lograron escapar los defensores de algunas de ellas, cercanas a la costa, gracias a la intervención de buques de la Armada; así, los cañoneros Laya y Lauria, de la clase Recalde, con el apoyo del crucero Princesa de Asturias, enviaron sus botes hasta la orilla bajo una lluvia de balas rifeñas, logrando embarcar y trasladar hasta Melilla parte de las guarniciones de los puestos de Sidi Dris y Afrau.

En la desesperada defensa de ciertos puesto no faltaron los actos heroicos, premiados algunos con la Cruz Laureada de San Fernando a título póstumo. Son los casos del comandante Velázquez en Sidi-Dris, del soldado Mariano García Martín en Afrau, del soldado de aviación Francisco Martínez Puche en el aeródromo de Zeluán…

«Nador, pequeña villa costera a 15 km de Melilla estaba bajo el ataque»

Nador, pequeña villa costera situada tan sólo 15 km al sur de Melilla, estaba ya el 24 de julio bajo el ataque de las cábilas. La Guardia Civil melillense controlaba la llegada a la ciudad de aquellos que habían conseguido escapar trayendo las más terribles noticias. Frente al avance rifeño comenzaron a organizar la defensa, preparando puntos fuertes en los edificios más importantes, como la iglesia y la fábrica de harinas, cuya solidez daba cierta oportunidad para emprender una efectiva defensa. Mientras, en Melilla, prácticamente desguarnecida capital del territorio, las miradas se dirigían alternativamente hacia el cercano monte Gurugú, pronto tomado por el enemigo, y hacia el mar, en cuyo azul horizonte se quería ya adivinar la silueta de los barcos que debían transportar las vitales tropas de refuerzo.

La Legión acude en auxilio de Melilla

Las banderas III y I de La Legión, reforzada ésta última con la 4ª Compañía de la II, se encontraban el 21 de julio de 1921 acampando en Rokba el Gozal, zona occidental del Protectorado Español de Marruecos, como parte de la columna del general Marzo que preparaba el asalto a Tazarut, último reducto del rebelde el Raisuni en la Yebala.

Durante la noche, una llamada telefónica despertó al comandante Franco, jefe de la I Bandera. El teniente coronel Millán Astray transmitía una orden superior según la cual una bandera debía trasladarse inmediatamente al Fondak de Ain Yedida. La orden se cumplió de inmediato y la bandera de Franco levantó el campo; nadie conocía aquella madrugada la razón de tan inesperada maniobra.

Comenzó la marcha con una breve pausa para consumir un rancho frío. Al amanecer el nuevo y caluroso día la caminata continuaba a buen ritmo; las cantimploras quedaron pronto vacías y hubo que recurrir al agua de las cubas transportadas a lomos de los mulos; ya sólo quedaba calor y sed cuando a primera hora de la tarde la bandera llegó a Ali Judi, donde un bosque frondoso proporcionó a los legionarios una reparadora sombra junto al río que les permitió aprovisionarse de agua para proseguir el camino por la pista.

«Ya eran 17 las horas caminadas bajo el sol por los legionarios»

La ruta seguida no era el camino más corto, pero sí el único conocido con seguridad; no hubo tiempo de buscar un guía de la zona antes de emprender el viaje. Cayó la tarde y la marcha continuaba; ya eran diecisiete las horas caminadas bajo el sol por los legionarios cargados con todo su equipo. En retaguardia, una sección quedó encargada de recuperar a los que caían agotados, así como de recoger las cargas que pudieran haberse desprendido de las mulas.

A media noche se divisaban las luces del Fondak, pero aún lejos y en la altura. Como remate de la marcha se hizo necesario subir una empinada cuesta, con la dificultad añadida de un fuerte viento de cara que molestará el montaje de unas tiendas prácticamente in necesarias para los legionarios que caen rendidos al suelo, dormidos inmediatamente. Habrá que despertarlos uno por uno para animarles a tomar un reparador rancho caliente.

Tras haber recorrido 100 kilómetros en treinta horas con dos breves descansos, la siguiente etapa del viaje, esta vez con meta en Ceuta, se hará en ferrocarril. En la estación de Tetuán, los legionarios tienen noticia de la razón de su marcha. Un terrible suceso en la zona de Melilla, los rifeños han conseguido desbaratar el dispositivo militar del general Silvestre, que ha desaparecido, y la misma Melilla corre peligro, carente ahora de guarnición…

«¡Viva el Rey! ¡Viva La Legión!»

Atardece el día 23 de julio cuando los legionarios abordan el barco en Ceuta; tras formar junto a la dársena, los hombres del Tercio han recibido la arenga del teniente coronel Millán Astray: «¡Legionarios!: de Melilla nos llaman en su socorro. Ha llegado la hora de los legionarios. La situación allá es grave, quizás en esta empresa tengamos todos que morir. ¡Legionarios!: si hay alguno que no quiera venir con nosotros que salga de filas, que se marche, queda licenciado ahora mismo… ¡legionarios!: Ahora jurad: ¿Juráis todos morir si es preciso en socorro de Melilla? ¡Sí, juramos! ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva La Legión!».

La travesía se realiza a toda máquina, las noticias que se van recibiendo desde Melilla así lo requieren. En la siguiente jornada, poco después del mediodía, ya está Melilla a la vista, y en su puerto gran cantidad de melillenses reciben a los hombres del Tercio con toda su esperanza puesta en ellos.

Encabezados por las escuadras de gastadores y la música, desfilan los legionarios por Melilla camino directamente de las posiciones asignadas a cada unidad para la defensa de la ciudad. La presencia de La Legión ha llegado a oídos del enemigo y durante la noche no se registran incidencias en torno a Melilla, al día siguiente llegan por vía marítima nuevas unidades para reforzar la defensa de la plaza: el batallón del Regimiento de La Corona arriba desde Málaga, los regulares, desde Ceuta. Las banderas del Tercio toman nuevas posiciones en vanguardia, buscando ampliar el cinturón de defensa de la ciudad, alejando en lo posible al enemigo de las cercanías del casco urbano.

«Era tiempo de asegurar los puntos fuertes»

El día, 26 el recién llegado general Sanjurjo toma el mando conjunto de las unidades encargadas de la defensa de Melilla y de la reconquista del territorio de su comandancia. Un grupo de ataque compuesto por legionarios y regulares parte con la misión de ocupar Sidi Amech y el Atalayón; el avance se realiza a la vista de los rebeldes rifeños, pero se hace con tal rapidez que antes de que sean capaces de organizar un contraataque, las tropas españolas ya han fortificado las nuevas posiciones avanzadas.

Era tiempo de asegurar los puntos fuertes que se iban estableciendo en el territorio que rodeaba la ciudad. El enemigo había tomado posiciones en las laderas del monte Gurugú y desde allí dominaba con fuego de fusil y cañón las posiciones españolas y las rutas de abastecimiento de las mismas.

Formando una línea avanzada se construyen en los alrededores de Melilla una serie de posiciones defensivas aisladas guarnecidas por un pelotón o una sección, según la importancia de las mismas, utilizándose como medio de comunicación el heliógrafo durante las horas de sol y las señales luminosas durante la noche. El perímetro de seguridad externo estaba protegido por alambradas de más de un metro de altura.

Durante estos días los legionarios del Tercio probarán su valor en la defensa de estas posiciones, conocidas como «blocaos» (del término alemán Blockhaus), así como en la escolta de los convoyes organizados para el aprovisionamiento y relevo de las fuerzas que las guarnecen.

En el blocao de Sidi Amed, los legionarios de la 5ª Compañía de la II Bandera soportaban estoicamente el constante fuego al que la artillería rifeña les sometía desde las laderas del Gurugú, los heridos se resistían a ser evacuados a la llegada de los convoyes y desde su posición abrían fuego de fusil sobre el enemigo en cuanto éste se dejaba ver en sus movimientos sobre el accidentado terreno.

Era una orografía ideal para la emboscada, que los rebeldes aprovechaban con maestría. Los convoyes de aprovisionamiento realizaban su labor en un peligro constante, pero cuando éste se materializaba y los rifeños atacaban, la reacción de legionarios y regulares no se hacía esperar.

Así ocurrió en la jornada del 8 de agosto cuando los harkeños atacaron al convoy que se dirigía desde Melilla hacia las posiciones externas. Las fuerzas que participaban en la marcha se parapetaron de inmediato, pero desde la retaguardia la situación fue rápidamente advertida por tropas del Tercio y regulares, que acudieron enseguida atacando ladera arriba y expulsando al enemigo de sus posiciones cubiertas; allí quedaron numerosas bajas rifeñas, no sufriendo a cambio ninguna las tropas españolas en su contraataque.

Merecen aquí especial mención los combates producidos el 15 de agosto durante un avance en el que participaban fuerzas de caballería y regulares bajo la cobertura del fuego de las compañías de ametralladoras legionarias, que ocupaban posiciones en el flanco izquierdo de Sidi Amarán, sobre la carretera de Hidún.

Tras tupidas chumberas el enemigo

El enemigo, que se ocultaba tras unas tupidas chumberas, hizo frente al avance de los regulares, logrando detener su maniobra. Los hombres de las banderas legionarias, al percibir la delicada situación de sus compañeros de armas, se lanzaron al ataque sin esperar la cobertura de la artillería, expulsando al enemigo de sus posiciones y dando la posibilidad de asegurar Sidi Amarán, procediendo inmediatamente a su fortificación. Pero los harkeños no eran enemigo fácil; se reorganizaron y, aprovechando el terreno, maniobraron con sigilo para intentar recuperar las posiciones perdidas, llegando a rodear a la compañía de ametralladoras de la II Bandera.

Los legionarios no cedieron terreno, y sin cesar el fuego de sus máquinas defendieron su posición causando abundantes bajas al enemigo; el teniente Valero se hizo cargo de una de las ametralladoras que había quedado muda tras la muerte de sus servidores, cayendo él mismo bajo el fuego enemigo. Los rifeños no consiguieron su objetivo y se retiraron; la cuantía de las bajas legionarias no fue alta: dos muertos y un herido; a cambio, un nuevo testimonio de que los hombres de La Legión cumplen como de ellos se espera.

Pero los ataques rifeños a las posiciones del Tercio no cesaban; durante la noche del 17 de agosto el objetivo de los rebeldes fue el blocao de Dar Hamed, cercano a la posición de Sidi Hamed el Hach, guarnecido aquél por doce legionarios a las órdenes de un cabo.

«Las granadas son recogidas del suelo por los legionarios y devueltas de inmediato»

El centinela está alerta en la noche africana, y al advertir ruidos sospechosos da parte al cabo; la tranquilidad aún parece reinar, hasta que el centinela, ya seguro de la presencia hostil, hace fuego sobre un enemigo que primero intuye y de inmediato descubre. El ataque es ahora decidido; desde las sombras, los rifeños se aproximan hasta la línea de sacos terreros que define el perímetro de la posición española, tirando de ellos para desbaratar la defensa que ofrecen y arrojando al mismo tiempo granadas al interior del recinto, que son recogidas del suelo por los legionarios y devueltas de inmediato a su anteriores dueños para que reciban la fuerza de las explosiones acompañadas del disparo de los fusiles certeramente apuntados aprovechando el resplandor y el eventual incendio de algunos matojos.

El combate se prolonga durante toda la noche, y al apuntar el alba los atacantes pierden su principal aliado, la oscuridad, optando entonces por la retirada. Llevan con ellos sus bajas, que dejan rastros de sangre sobre el terreno.

Con el amanecer llega también una columna de refuerzo al blocao; al entrar encuentran la posición destrozada, deshechas las alambradas, caídos los sacos terreros, pero cada defensor en su puesto, heridos, eso sí, casi todos ellos. El cabo pasará tras esta acción a lucir los galones de suboficial legionario.

«Diario de una Bandera»

No fue éste un episodio aislado; así narra el comandante Franco en su obra «Diario de una Bandera» la defensa de la posición de la cual dependía el blocao de Dar Hamed: «La posición de Sidi­Hamed es constantemente atacada por el enemigo. Al fuego de fusilería se une el de cañón que le dirigen desde las lomas de Nador y picos del Gurugú. Una compañía de legionarios y otra de línea guarnecen la posición y es jefe de la misma el comandante Arias, del batallón de Toledo. Sólo alabanzas hemos oído de las cualidades militares y dotes de mando de este jefe que defendió la posición de Sidi­Hamed de los intensos bombardeos y duros ataques enemigos. El mando, atendiendo a sus cualidades relevantes, le mantuvo en este puesto hasta la toma de Nador. Todas las unidades de la Legión pasaron por este destacamento y muchísimos son los legionarios que se distinguieron en su defensa. Un día es al extinguir el incendio del depósito de municiones, alcanzado por las granadas enemigas, otro al salir a recoger el material de los mulos muertos a la entrada de la posición y enfilados por los moros. Hoy a un soldado le lleva la cabeza un proyectil, mañana otro herido no quiere evacuarse. Un corneta, en el parapeto, avisa con un punto los disparos de la artillería enemiga y al momento todos se guarecen en los abrigos. Así se vive en Sidi­Hamed con el agua tasada y el convoy cada tres días.

Sólo Manolo, el valiente cantinero, visita a diario la posición, los legionarios le conocen. Él les lleva el correo y las frescas sandías con qué aliviar la sed, es portador de encargos, y a menudo atraviesa las zonas enfiladas para llegar a la posición. Una tarde le hieren gravemente al compañero, otro día le matan la caballería, pero él visita los puestos avanzados y ni un solo día les falta su correo. En uno de los convoyes a Sidi­Hamed el enemigo nos prepara una fuerte emboscada. Es el día 8 de agosto. Al efectuar el paso por la segunda Caseta y cuanto toda la Legión ha entrado en el camino, una nutrida descarga hecha sobre nuestros caballos nos sorprende. Al momento, la fuerza se ha tendido y rompe el fuego sobre las peñas y chumberas de la barrancada, los legionarios y Regulares escalan rápidos las laderas, y el enemigo huye escarmentado, el fuego ha sido intenso, pero milagrosamente sólo nos han matado un perrito».

Nuevos avances

El 23 de agosto las banderas legionarias participan en el ataque sobre las barrancadas de Frarhana, en las cercanías de la posición de Zoco el Had; dos días más tarde el objetivo es Tizza, donde se planea construir nuevas posiciones que contribuyan a asegurar el control del territorio. Pero cada nueva posición aislada requiere también la salida de un convoy de aprovisionamiento, normalmente con una periodicidad de tres días; los legionarios participan en estas misiones en el servicio de Sidi Amed y el Atalayón.

En estas fechas se prepara en Melilla un tren blindado que participa con efectividad en las operaciones que se llevan a cabo en la zona. Desde sus aspilleras, que dominan bien el terreno, el fuego de fusil da cuenta de cualquier enemigo que pretenda estorbar el aprovisionamiento de las posiciones cercanas a las vías.

En una de estas misiones, protegidos por el tren y protegiendo a su vez las vías de posibles saboteadores enemigos, avanzan unidades legionarias. Cuando el tren regresa a Melilla, desde el Atalayón se comunica la presencia de un gran número de enemigos llegados desde Nador concentrándose cerca de las vías.

Los hombres del Tercio se encuentran entonces esperando la llegada del tren apostados a la altura de la Tercera Caseta y reciben el ataque de los rifeños; una sección consigue abandonar la posición sin ser vista por el enemigo, cubriendo su movimiento gracias al talud de las vías. Logran así los legionarios acercarse a las posiciones rifeñas y sorprender al enemigo con un ataque a la bayoneta que coincide con la llegada del tren blindado, desde el cual se realiza un nutrido fuego de apoyo. Para los harkeños es el ¡sálvese quien pueda! y abandonan entonces el campo dejando un buen número de bajas.

Durante la noche siguiente los centinelas de las posiciones más avanzadas darán parte de la presencia de luces en el terreno donde se había librado la batalla: los rifeños recogían sus muertos y heridos.

El presente mapa muestra los avances de La Legión durante las dos primeras fases de la reconquista del territorio de la comandancia de Melilla.

Algunas acciones destacadas

1. La hazaña de un cabo austríaco

Una acción memorable fue la acontecida en el defensa del blocao Mezquita, una posición que sufría el constante ataque rifeño, circunstancia que agotaba a su guarnición y obligaba el envío de un convoy diario.

El cabo legionario Herben, de origen austríaco, observó el lugar donde solía reunirse el enemigo antes y después de cada ataque, una barranca cubierta de la vista del blocao. Con los medios existentes no parecía posible desalojar de allí a los rifeños, así que el cabo tuvo la idea de montar un potente artefacto explosivo utilizando para ello unas latas, munición de fusil y cartuchos de dinamita. Portando la improvisada bomba se arrastró al anochecer hacia la citada barranca prendiendo la mecha y arrojando el artefacto a su interior. La explosión sorprendió al enemigo concentrado en la trinchera y la naturaleza de la misma aumentó el efecto devastador del explosivo causando tal número de bajas entre los rifeños que a partir de aquella noche cesaron radicalmente los ataques al blocao Mezquita.

2. Inesperado refuerzo

La posición de Ait Aixa, sufría un fuerte ataque rifeño apoyado por el fuego artillero procedente del monte Gurugú. Advirtiendo la situación, y ante la falta de tropas para acudir como refuerzo, el capitán Malagón formó una columna integrada por legionarios enfermos, heridos leves, rancheros, escribientes y conductores, acudieron todos con entusiasmo al combate y su llegada fue providencial, se repartieron de inmediato por los puestos de tirador, abrieron un nutrido fuego y gracias a su ayuda se logró rechazar el ataque enemigo.

3. La defensa del Blocao de Dar Hamed

En la jornada del 13 de septiembre, la guarnición legionaria del blocao de Dar Hamed recibió la orden de reincorporarse de inmediato a su bandera; su relevo, una sección reducida de la Brigada Disciplinaria de Melilla a las órdenes del teniente Fernández Ferrer, salía de la plaza a primera hora del siguiente para emprender una marcha durante la que rifeños emboscados abrieron fuego esporádicamente sobre ellos. Llegando al blocao, el fuego de fusilería desde posiciones elevadas se hizo más intenso, acompañado ahora también por los cañones enemigos. El relevo de la guarnición, superando la gran dificultad que suponía estar bajo los disparos del adversario, se llevó a cabo finalmente durante la mañana.

Los soldados de Fernández Ferrer pasaron la jornada respondiendo al constante fuego rifeño, que no cesó ni con la llegada de la noche; se produjeron entonces las primeras bajas entre los defensores de la posición, entre ellos el teniente, alcanzado por la metralla. Entre el amanecer y las primeras horas de la tarde de la jornada del 15 el enemigo detuvo el fuego, para reanudarlo de nuevo haciendo uso de la artillería. Las bajas se multiplicaban y el teniente juzgó que la posición corría peligro, comunicando su situación a través del heliógrafo y de un enlace enviado hasta la guarnición legionaria de la Segunda Caseta.

Recibida la petición de socorro en la posición del Atalayón, el teniente del Tercio Eduardo Agulla Jiménez-Coronado pidió permiso para acudir a Dar Hamed, pero el mando estimó arriesgado desguarnecer su posición, permitiendo sólo el envío de un pelotón.

El teniente pide voluntarios en su sección para formar la fuerza de socorro, y como es tradición desde su fundación hasta el día de hoy, la sección completa da un paso al frente. El oficial, tras agradecer a sus hombres el gesto, elige quince legionarios y pone como mando del pelotón al legionario de primera, cabo en funciones, Suceso Terrero López.

Los legionarios llegan a la zona de Dar Hamed al atardecer. El blocao está prácticamente rodeado, es necesario romper el cerco; Suceso Terrero ordena calar la bayoneta y cargar contra el enemigo. Los legionarios consiguen su objetivo y atraviesan las alambradas, dos de ellos ya heridos. Suceso Terrero se presenta al teniente Fernández Ferrer, también herido, quien le agradece su presencia en la posición, tras lo cual los legionarios relevan en las aspilleras a algunos de los soldados que se mantienen en su posición a pesar de haber sido alcanzados por las balas y la metralla rifeñas. Caída la noche se hace aún más intenso el fuego sobre el blocao; un disparo de fusil alcanza al teniente Fernández Ferrer y acaba con su vida, quedando al mando de la posición el suboficial Cadarso, segundo jefe de la sección, quien dirige la defensa a pesar de haber resultado herido en la cara.

Sobre las 11 de la noche, un disparo de artillería impacta directamente en el castigado blocao y consigue derribar una de las esquinas de la edificación, matando la explosión a Cadarso y a varios defensores.

Asume entonces el mando de la guarnición el cabo Sergio Vergara, del Batallón Disciplinario, herido desde la jornada anterior, que resulta también alcanzado por un disparo enemigo que acaba con su vida una hora más tarde.

El legionario de primera Suceso Terrero dirige ahora la desesperada pero firme defensa frente al ataque de un enemigo abrumadoramente superior en número y en armamento.

La munición comienza a escasear, el agua está agotada desde hace horas y es ahora Suceso Terrero quien juzga que dicha posición no podrá ser defendida mucho más tiempo.

Durante la noche el único medio de comunicar su situación al mando es enviar soldados, y para dicha misión, que incluye romper el cerco enemigo, elige al legionario Miralles y al soldado Mediel, a los que encarga llegar hasta la Segunda Caseta procurando seguir itinerarios distintos para duplicar las posibilidades de éxito de la difícil misión.

Las bajas aumentan y el fuego español desde el blocao decrece en consecuencia, lo que permite al enemigo acercar una pieza de artillería a unos cien metros de la posición. Su disparo en tiro directo hace saltar los restos del blocao Dar Hamed por los aires, acabando al mismo tiempo con la vida de soldados y legionarios.

Mientras esto ocurría, los emisarios, a pesar de haber sido alcanzados también por el fuego enemigo durante su misión de enlace, habían conseguido llegar hasta la Segunda Caseta. Desde allí, ya amanecido, partió una fuerza de legionarios al mando del sargento Valle en dirección a Dar Hamed.

Cuando finalmente alcanzaron el blocao el enemigo se había retirado, y la destrozada posición era ya sólo un cementerio de valientes.

Llegados refuerzos desde la Península, Melilla se daba por salvada, y se plantearon ya nuevos objetivos en la reconquista del territorio; los dos primeros y fundamentales para la seguridad de la zona fueron la villa de Nador, a orillas del Mediterráneo, y el macizo montañoso del Gurugú. El valor de los legionarios del Tercio empezaba en aquellos días a forjar su leyenda.

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