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«En 1921, los rifeños abrían a los soldados españoles en canal y les quemaban vivos»

  • Escrito por ABC

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Con motivo del 95 aniversario del Desastre de Annul entrevistamos a Luis Miguel Francisco, autor de «Morir en África. La epopeya de los soldados españoles en el Desastre de Annual»

«El general […] continúa en el campo, tomando acertadas disposiciones. El espíritu de las tropas, levantadísimo, como siempre». Así definió el diario «El Telegrama del Rif» los movimientos de soldados que el oficial al mando de las operaciones en Marruecos, Manuel Fernández Silvestre, ordenó el 21 de julio de 1921. Unas maniobras que habían tenido como objetivo final socorrer, partiendo desde el campamento de Annual, a una posición española que se había quedado aislada en territorio marroquí y se enfrentaba a miles de enemigos.

Sin embargo, ni este diario, ni el mismísimo oficial, sabían que al día siguiente aquellos hombres iban a morir después de que se sucediese uno de los episodios más trágicos de la Historia de nuestro país: el Desastre de Annual. La catástrofe más recordada de la Guerra de Marruecos debido a que se llevó la vida de unos 13.000 soldados españoles.

Hacia el desastre

Entender este suceso obliga a retrotraerse en el tiempo hasta los comienzos del verano de 1921. Para entonces, las tropas españolas presentes en la zona de Melilla vivían uno momentos dulces debido a que habían logrado extender sus dominios en territorio rifeño sumamente rápido de la mano del general Manuel Fernández Silvestre.

Con todo, la realidad es que la situación era un mero espejismo, pues la expansión se había hecho sin crear líneas de suministros de víveres eficientes ni edificar posiciones defensivas adecuadas para resistir al enemigo. Únicamente se habían construido -de forma salpicada en la región- pequeños fuertes llamados «blocaos». Unas fortalezas edificadas a base de sacos terreros a las que era casi imposible enviar refuerzos o agua si eran sitiadas por las kabilas (o tribus) enemigas.

La dificultad de enviar suministros a estas posiciones, y de defenderlas ante los rifeños, no impidió que el Ejército español continuase con su expansión. Así fue como, el 7 de julio, el comandante Julio Benítez conquistó -por órdenes de Silvestre- la posición de Igueriben, una de la más avanzadas hasta el momento en el frente de Melilla. Eso debió colmar la paciencia del líder rifeño Abd El-Krim quien, el 15 de julio, atacó el convoy encargado de suministrar agua a esta zona y, posteriormente, cercó a los hombres de Benítez con un ejército infinitamente superior (un contingente que acabaría siendo de entre 8.000 y 10.000 marroquíes).

Fue entonces cuando empezó la sangría de soldados españoles. «Los oficiales de Igueriben mueren, pero no se rinde», afirmó Benítez en una carta a sus superiores. Desesperado por ver como fallecen día a día soldados en aquel lugar remoto, Silvestre formó al grueso de su ejército y salió «con todo» (como él mismo dijo) de Melilla para salvarles.

En Annual

Para su desgracia, no se consiguió auxiliar a Benítez, cuya defensa fue resquebrajada entre el 21 y el 22 de julio. Sin embargo, para entonces Silvestre tenía sus propios problemas. Y es que, su ejército se encontraba acantonado en unas condiciones precarias en el campamento de Annual (uno de los más cercanos a Igueriben). Posición que, en ese momento, se hallaba ya rodeada de miles de enemigos.

«Las confidencias de la Policía Indígena señalaban que había entre 8.000 y 10.000 enemigos, demostrando estar espléndidamente armados y municionados. Asimismo, entre los españoles la posición es penosa, y no solo por lo que se refiere a la moral o al número de hombres, que se estimaban en 4.000, sino porque “de la batería ligera solo funcionaba una o dos piezas”», explica Luis Miguel Francisco (divulgador histórico, autor de siete ensayos históricos y experto en la Guerra de Marruecos española) en su obra «Morir en África. La epopeya de los soldados españoles en el Desastre de Annual» (editado por Crítica y elaborado principalmente en base a los testimonios escritos de aquellos que combatieron en Annual).

El 22 de julio, bien entrada la mañana, Silvestre se reunió con sus oficiales para preguntarles su opinión sobre lo que debía hacer el ejército. Muchos, como el coronel Manella, sentenciaron que lo mejor era quedarse allí hasta el último hombre para, al menos, satisfacer el «heroísmo hasta el infinito» muriendo por España. Pero el general no estuvo por la labor y (según Francisco) decidió evitar un mal mayor ordenando la retirada del contingente hacia una posición más defendible.

También se dio la orden de abandonar todo el equipaje para partir con más premura y más ligeros. Así lo señala uno de los combatientes presentes, el alférez Maroto, en unas declaraciones recogidas en el libro de Francisco: «Nuestros equipajes, toda la impedimenta, quedarán abandonados, los víveres, los enseres para la confección de las comidas, lo mismo. Solo hemos de llevar las cajas de municiones que buenamente se pueda, pues hay bastante ganado inutilizado».

Todo parecía claro. Sin embargo, el caos cundió en el campamento de Annual. No era para menos, pues las órdenes se dieron de forma confusa. Algunos soldados fueron informados de que debían quedarse o, incluso, formar para atacar al enemigo. A otros, por el contrario, sí se les dio la notificación de que debían retirarse para evitar ser pasados a cuchillo por el enemigo. Al final, la mayoría se enteraron de formas sumamente absurdas. Algunas como la siguiente frase: «Furriel, que se abandona el campamento».

En ese momento comenzó el desastre, pues miles y miles de combatientes salieron a la carrera de la zona en dirección a Melilla para salvar su vida. Cundió la desesperación. Los militares llegaron incluso a luchar contra sus propios compañeros para tener un sitio en los vehículos que viajaban hacia la urbe. Fue una masacre, pues los rifeños terminaron entrando en el campamento y asesinado a todos los españoles que encotnraron a su paso. El resultado, al final de aquel desastre, fue de más de 13.000 españoles muertos.

Entrevista a Luis Miguel Francisco

¿Qué hay de verdad y qué de mentira en el Desastre de Annual?

La historia del Desastre de Annual está muy mitificada hacia lo negativo. Es cierto que se vivieron muchos episodios deshonrosos, pero se dieron una gran cantidad de Laureadas [medallas] durante la campaña. Desde la defensa de Igueriben, en la que -para mi gusto- se otorgaron pocas, hasta en el propio Desastre. Posteriormente varias familias han pedido la Laureada para sus antepasados.

«La historia del Desastre de Annual está muy mitificada hacia lo negativo»

¿Es cierto que los españoles llegaron a pelear entre ellos en su huida hacia Melilla?

Sí. Está documentado por muchas fuentes que llegaron a matarse entre ellos para huir y que algunos tiraron de los mulos a los heridos para subirse ellos. Pero fueron casos puntuales. Tan cierto como eso es que hubo muchos que trataron de agruparse para enfrentarse al enemigo, aunque la mayoría de ellos murieron. Todo esto se encuentra en documentos de la época y es real. Lo bueno es que hay muchos informes sobre el Desastre de Annual y que se tomaron muchas declaraciones a oficiales y soldados tras él, por lo que se puede manejar mucha documentación. Puedes ver casi al segundo lo que pasó.

¿Cometió Silvestre un error ordenando la retirada de Annual?

Tomó la decisión menos mala. Podía quedarse en Annual, agotar las municiones, tratar de resistir varios días hasta que les rescatasen (algo que era casi imposible) y que los rifeños les pasasen a todos a cuchillo; o retirarse a sabiendas de que morirían muchos soldados y se salvarían otros tantos. Estoy seguro de que tomó la decisión con el objetivo de que muriera la menor gente posible.

¿Era Silvestre un líder mediocre?

No. Es cierto que era mediocre en otros aspectos como en el de la estrategia (pues era más un militar de campo); que tenía algunos rifirrafes con sus oficiales; que era muy “chulito” y que usaba frases contundentes (en una ocasión, señaló que con 500 hombres podía conquistar todo el Rif). Pero era muy humano, muy abierto y tenía muy buen corazón. Me duele un poco lo que se dice a día de hoy de él porque no todo lo que rodeaba a Silvestre era malo.

¿Cómo le afectaban a Silvestre las derrotas en el frente?

Mucho. Cuando perdió el primer cañón de artillería a manos de los rifeños en la posición de Abarrán le dolió. Lo veía como una mancha en su conciencia que se sumó a la de la muerte de una unidad entera. Personalmente le tengo cariño a este personaje. Como militar, si tuviese que estar a las órdenes de algún general de la época, sería a las suyas. De hecho hubo muchos militares “silvestristas”, pero desaparecieron después de Annual.

¿Influyó esta mentalidad en las decisiones que tomó en Annual?

En Annual, Silvestre tomó dos decisiones. La primera fue retirar al ejército. La segunda, no soportar la vergüenza de tener que ver un borrón en su historial como aquel. Por eso se suicidó allí. Prefirió morir a ver manchada su hoja de servicios hasta ese momento impecable. Sabía la vergüenza que aquello supondría y entendió que su vida tenía que acabar allí.

¿Cree que hubiera sido factible una defensa prolongada de Annual frente a los rifeños?

No. El general Silvestre no tenía suministros ni posibilidad de obtenerlos durante el sitio. Se encontró en una situación muy precaria. Tras repartir la munición, por ejemplo, vio que solo había 100 cartuchos por soldado.

¿Adolecían los europeos de falta de instrucción?

Sí. Los soldados tenían una instrucción mínima. La punta de lanza eran los regulares y la Legión, pero esta se encontraba en Ceuta. Melilla era un objetivo secundario. Además, desde 1909 (después de la muerte de un millar de españoles en el Barranco del Lobo) se estableció que había que crear unidades con hombres de las kabilas amigas. Armarles para que lucharan contra sus vecinos. Así nacieron los regulares y la policía indígena. Ellos llevaban el peso de los combates en la mayoría de ocasiones, mientras que los soldados españoles lo único que hacían era tomar las posiciones y defenderlas. En Annual estos se pasaron al enemigo. Cuando los españoles, que no habían disparado apenas, vieron que los que luchaban habitualmente les abandonaban, vieron que tenían muy pocas posibilidades.

¿Cómo reaccionaron los españoles cuando los aliados rifeños les abandonaron?

Vieron que se encontraban en el peor terreno del mundo, en el peor momento del mundo. Los oficiales se percataron además de que habían dejado de tener soldados y que ahora tenían hombres temblorosos. Eran tropas de reemplazo infrainstruídas. En el momento en el que se quedaron sin kabilas y sin regulares entendieron que no podían hacer nada.

¿El armamento del Ejército Español era lo suficientemente efectivo como para detener a los rifeños?

El equipo y el armamento que se tenía era de risa. Había solo una treintena de ametralladoras y una treintena de cañones para defender un territorio -el de Melilla- de 100 kilómetros de frente. Y casi todo estaba en retaguardia. Las ametralladoras además quedaban inutilizadas al poco porque los cañones, al disparar, se doblaban... Era material muy deficitario. Por otro lado, los moros tenían un fusil francés que superaba al español. Y conocían muy bien el terreno.

«Había solo una treintena de ametralladoras y una treintena de cañones para defender un territorio de 100 kilómetros de frente»

¿Cómo consiguieron los rifeños su armamento pesado?

Hubo mucho tráfico de armas. Sobre todo por parte de los franceses, pero también de los españoles. Gente que robaba en los polvorines españoles y lo vendía. El problema no fue el armamento ligero (que siempre habían tenido los rifeños), sino el pesado. Cuando comenzaron a robar la artillería de las posiciones españolas que tomaban se reforzaron psicológicamente (pues consideraron que con ellas podían pregonar la guerra santa). Empezaron a creer de verdad que podían ganar la guerra a una potencia europea como España.

Entonces, ¿fue importante la psicología en la victoria de los rifeños?

Si. Los españoles se imaginaban que el enemigo era mucho más fuerte de lo que realmente era por las historias que oían del frente. Los rifeños, además, derramaron mucha sangre española para generar miedo. No se conformaban con matar a los españoles, les hacían sufrir para que les tuvieran miedo. En posiciones como Zeluán hubo verdadera saña. Los rifeños abrieron a los soldados españoles en canal; les quemaron vivos; les cortaron los testículos y se los metieron en la boca y, a algunos, les cortaron en trocitos. Luego, las moras les reventaban la cabeza para desfigurarles. Por eso la mayoría de cadáveres quedaron irreconocibles.

¿Qué hacían tras entrar en las posiciones españolas?

Robar y saquear los cadáveres. Los desnudaban y se quedaban absolutamente con todo. No había honor, había saña. Incluso desenterraron a los cadáveres de los soldados para robarles. Era de lo que vivían.

¿Cómo fueron los testimonios recogidos sobre Annual tras el Desastre?

De una honestidad brutal. Principalmente se tomó declaración a los oficiales ya que eran los que tenían los datos y conocían los sucesos con precisión, aunque también a soldados. Todos ellos declararon con suma honradez y precisión. Hay que tener en cuenta que era un momento duro y que, en el frente, 15 días pueden parecer una tarde, pero en los informes no hubo excesivas contradicciones.

¿Se sabía realmente en Melilla lo que sucedía en el frente?

Lo que llegaba estaba adulterado. A 50 kilómetros estaba cayendo gente en el frente y, mientras, en la ciudad estaban de verbena. Se buscaba mantener la calma, pero cundió el pánico cuando empezaron a llegar a la ciudad tras Annual los primeros soldados el día 23. Muchos sin ropa, sin armas... Eso causó gran impresión al pueblo de Melilla.

«Se llegó a pensar en la posibilidad de que Abd el-Krim tomase Melilla»

Tras Annual, ¿se llegó a temer por la integridad de Melilla?

Si. Para el general Berenguer después, que se hizo cargo de las operaciones, lo importante no fue el frente, sino no perder Melilla. Se llegó a pensar en la posibilidad de que Abd el-Krim tomase la ciudad. Él basó sus decisiones en estos dos motivos. No quería eso. Quería evitar otro desastre. Por eso se negó a socorrer otras posiciones como la de Monte Arruit.

¿Los oficiales trataron de detener a tiros a los españoles que huían de sus posiciones tras el Desastre de Annual?

Se dieron algunos episodios. En la posición Monte Arruit, por ejemplo, los soldados desertaban y huían para lograr llegar a Melilla como fuera. Por ello se organizaron unidades para evitar que los combatientes se marchasen. Si alguien se retiraba, el oficial podía sacar la pistola y dispararle. Pero eso es algo que ha estado activo en el ejército hasta hace poco.

¿Cuál es el objetivo de su libro?

Explicar el Desastre de Annual como lo que es: historia militar. Quería, a través de las declaraciones de los mismos personajes que lo vivieron, narrar cómo se vivía en el frente y en Melilla. Mediante las historias te das cuenta de lo que se sufrió. Un ejemplo es que, tras la toma de la posición española en Monte Arruit, una familia muy influyente se trasladó a Melilla desesperada por saber qué había pasado con su hijo, que había muerto. Quería también que el público sacase sus propias conclusiones sobre el Desastre con los datos en la mano. Yo no las saco, me limito a explicar los sucesos desde fuentes primarias (los diarios de los militares, las declaraciones, el expediente Picasso...) sin analizarlos.

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