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ARENGA DEL 1er DUQUE DE VALENCIA AL EJÉRCITO. SEPTIEMBRE 1867

  • Escrito por Redacción

Ramon Maria Narvaez

La guerra es la continuación de

la política por otros medios.

C.P Von Clausewitz..

D. Ramón María Narváez Campos, Ier Duque de Valencia  (Loja 5 de agosto de 1800-Madrid 23 de abril 1868), fue militar y político español, también conocido como el “espadón de Loja”. Caballero de la Orden del Toisón de Oro, con rango de general y, que políticamente militaba en el partido moderado.

Era un segundón de una familia de labradores acomodados de la pequeña nobleza andaluza, ingresando en el ejército con quince años. Durante el Trienio Liberal (1820-1823) se decantó por el liberalismo lo que le obligó a retirarse del ejército con la llegada de los “Cien mil hijos de San Luis”(1). Se reincorporó tras la muerte del rey, defendiendo el liberalismo y el trono de la reina Isabel II en la Iª Guerra Carlista (1833-1840), obteniendo a la vez, grandes éxitos militares y una rivalidad personal con Espartero. Durante la regencia de Espartero (1841-1843) se exilió en Francia. Esto lo inclinó hacia la rama conservadora y fue el “director” de la sublevación militar que derrocó a Espartero en 1843. Ya en 1844 es llamado a formar gobierno, iniciando así siete períodos como Primer Ministro de Isabel II (1844-46, 1846, 1847-49, 1849-51, 1856-57, 1864-64 y 1866-68).  

Hay que tener en cuenta que en España, el siglo XIX es el de los “pronunciamientos y alzamientos militares”. La importancia del ejército en la vida pública es simplemente primordial, siendo la fuerza armada que, al menos transitoriamente, podía sostener o reprimir a otras facciones. La influencia es incuestionable, el Ejército siempre ha mantenido un papel muy decisivo en nuestro ordenamiento jurídico.

También en este punto, sería conveniente recordar que, el despliegue de la Guardia Civil significó el triunfo de la versión burguesa-conservadora de la milicia como garante del  orden público versus la versión burguesa-revolucionaria de la milicia nacional.

Antecedentes próximos

En junio de 1865, tras los sucesos de la “Noche de San Daniel(2)el general unionista Leopoldo O´Donell sustituyó al moderado general Narváez al frente del gobierno. O'Donnell, ofreció al general Prim un amplio grupo parlamentario para los progresistas en futuras elecciones, si conseguía que abandonaran el retraimiento(3). Pero en la junta general del partido, que se celebró en noviembre de 1865, la propuesta de participación en las elecciones volvió a salir derrotada. tan solo consiguió 12 votos de los 83 emitidos. Al no conseguir que su partido apoyara la vuelta a las instituciones, el general Prim optó por la vía del pronunciamiento para que la reina lo nombrara presidente del gobierno, emulando la experiencia de la Vicalvarada de 1854. Así, el 3 de enero de 1866 Prim encabezó el pronunciamiento de Villarejo de Salvanés que resultó un rotundo fracaso. Esto hizo que Prim apoyara a partir de entonces la línea mayoritaria de su partido basada en el retraimiento y en la alianza con los demócratas y que se dedicara en cuerpo y alma a preparar una insurrección que derribara a la Monarquía de Isabel II.

Leopoldo O´Donell,  Iº duque de Tetuán

Antecedentes inmediatos

A esta situación de precaria estabilidad política, se sumó la crisis financiera de 1866 cuyo detonante fueron las dificultades de las compañías de ferrocarriles que arrastraron en su caída a los bancos y a las sociedades de crédito que poseían la mayoría de sus acciones y obligaciones, uniéndose, una vez más,  ese pernicioso binomio política-economía en el devenir de la una mayor labilidad social.

La sublevación del cuartel de Artillería de San Gil fue un motín contra Isabel II(4) que se produjo el 22 de junio de 1866 en Madrid, bajo los auspicios de los partidos progresista y democrático con la intención de derribar la monarquía. La novedad que presentó la sublevación del cuartel de San Gil fue que "los movimientos revolucionarios hasta 1866 no habían puesto en duda la legitimidad de Isabel II, limitándose a pedir una política o un texto más liberales, otra Regencia, o un cambio de gobierno", y en cambio "a partir de aquella fecha la revolución añadía a sus aspiraciones el destronamiento de los Borbones".

Aquélla dejó claro que los progresistas se habían puesto fuera del sistema y habían optado claramente por la "vía revolucionaria" habiendo fracasado la estrategia de la Unión Liberal y del propio O'Donnell de integrarlos mediante una política muy liberal, asumiendo muchas de sus propuestas, con el fin último de formar con ellos el partido liberal del régimen isabelino que se alternaría con el partido conservador.

Su Majestad aprovechó la primera ocasión para forzar la caída del gobierno: el 10 de junio, el general presentó un decreto nombrando nuevos senadores y la reina se negó a poner su firma. La crisis estaba servida, y por ende,  la solución también. Isabel II recurrió de nuevo, por última vez, a Narváez; siendo posiblemente la peor decisión política tomada por la reina a lo largo de su reinado.

S.M la reina Isabel II

AL EJÉRCITO

SOLDADOS: No hace un año todavía, el 30 de Noviembre de 1866, que, reciente aun el horrible y sangriento atentado del 22 de Junio, os dirigí mi voz encareciendo la necesidad de alejar del Ejército las tendencias y pasiones políticas que desnaturalizándole amortiguan si no extinguen el espíritu militar, que es el gran resorte que afianza la disciplina, preserva el honor de toda mancilla é inspirando al soldado el heroísmo, le impulsa y conduce á la gloria. El Ejército acogió benévolamente mis palabras, ofreció seguir mis consejos y ha correspondido á las esperanzas de S.M y de su Gobierno.

    Los enemigos del reposo público, que lo son también vuestros temieron con razon que restablecido el espíritu militar en el Ejército, había necesariamente de faltarles ese poderoso medio de producir perturbaciones y trastornos, de los cuales esperan medros que del órden normal no pueden aguardar. Por ello se apresuraron á tenderos por todas partes lazos pérfidos en los cuales propusieron envolveros para dar al país nuevos días de luto, de desolacion y de sangre.

Difundidas por todo el Reino las sociedades secretas, se tramó una vasta y horrenda conspiración encaminada á fines tales que no se han atrevido á publicar inscribiéndolos en su  bandera, seguros sus Jefes deque el Ejército que se proponían seducir los habria rechazado con indignación, execrándolos tambien el país. Han procurado emplear el soborno como si hubiese en el mundo bastante dinero para corromper un solo soldado de los que componen el Ejército.

    A tan tenebrosos propósitos correspondian los medios empleados. En sus organizados clubs se determinó que pequeñas partidas se levantasen en puntos diferentes para distraer y dividir las fuerzas del Ejército, cuidando de que agentes asalariados cortasen las comunicaciones telegráficas y las obras que pudiesen. Así lo hicieron, y á la vez se intentaban y difundían noticias siniestras de todo género, encaminadas á alarmar á unos, intimidar á otros, infundir desaliento en muchos y presentando siempre á la revolución triunfante, inclinar á ella á los mismos que denodadamente la combatían. Aspiraban nada menos que á manchar vuestro preclaro honor con la más ignominiosa infamia. ¡Felices vosotros que esclavos del pundonor habeis conquistado una gloria inmortal!.

    Los planes de los malvados fracasaron viniendo á estrellarse sus maquinaciones en vuestra firme lealtad y acendrado patriotismo, fortificados por ese espíritu militar que os anima. ¡Gloria inmarcesible al Ejército español!. Ni un solo soldado ha quebrantado sus juramentos, ni vuelto contra su REINA y contra la Pátria las armas que le confiaron. Por vuestro valor y mas aun por vuestra disciplina habeis vencido en todas partes, con vuestra lealtad habeis avergonzado y confundido á vuestros enemigos. El país entero os hace justicia y os prodiga sus bendiciones.

    Mas en conveniente que se sepa y se consigue que vuestro comportamiento no solo ha sido leal, patriótico y heroico, si no que es generoso y desinteresado. El Gobierno de S.M que os conoce, confiado en vuestras condiciones militares, ni una sola gracia, ni una sola recompensa ha concedido á los valientes que han tenido la suerte de prestar tan eminentes servicios á su Pátria, mientras durante la lucha ha necesitado de ellos. Así ha visto el país lo que de antemano yo conocía; que no es la ambición lo que os alentaba para pelear con tanto denuedo y entusiasmo, si no la conciencia de vuestro deber. La REINA sin embargo desea recompensaros generosamente, y yo su Ministro, no seré quien entibie sus propósitos. Ya me conoceis y mi amor al Ejército: soy el soldado de siempre, el veterano entusiasta que no trocaría su uniforme y su condición de tal por todas las distinciones que ha creado la sociedad en el curso de los tiempos. S.M lo sabe, y no tengo para que ocultarlo.

SOLDADOS: mi vocación y mis vínculos con vosotros me imponen el grato deber de defenderos siempre y de velar por vuestros intereses. Deseo cumplirlo, mas para ello es indispensable que me ayudeis, que me faciliteis los medios: estos son el de preservar en el sendero que habeis emprendido y con tanta gloria vuestra sostenido en esta lucha. Sed constantemente fieles á la REINA y á la Pátria que S.M personifica, conservad la disciplina á toda costa, fomentad el espíritu militar que conduce á todas las virtudes que debe practicar el soldado, y contad siempre con el entusiasta afecto que os profeso.

    El marino tiene su guía en las estrellas y en su brújula; el hombre religioso cuenta con el auxiliar de los libros santos, para atravesar las vicisitudes de la vida; y vosotros, soldados, teneis para contrarrestar todos los peligros que se os puedan presentar, el exacto cumplimiento de los deberes de cada clase, consignados sábiamente en las Ordenanzas del Ejército.

    Vuestro General que os dá gracias por vuestro comportamiento, EL DUQUE DE VALENCIA.

    Madrid 3 de Setiembre de 1867.”

“Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra.

Ya hablaremos de capitulación después de muertos”

Tercio de Zamora a las órdenes del Maestre de Campo Francisco de Bobadilla

Notas:

(1)   Contingente francés con voluntarios españoles que combatió en España en 1823 en defensa del Ancien Regime, por el que abogada Fernando VII, bajo el mando del duque de Angulema, poniendo fin al Trienio Liberal y a la Guerra Realista, todo ello tras el pronunciamiento de Riego en 1820 con las tropas acantonadas en Las Cabezas de San Juan (Sevilla).

(2)    También conocida como “Noche del Matadero”,  (10 de abril de 1865) fue la represión de una concentración estudiantil de la Universidad Central de Madrid que encontraban en la Puerta del Sol en apoyo del rector J.M. Montalbán, depuesto días antes por el Partido Moderado del general Narváez y, la destitución de E. Castelar de su cátedra de Historia de España.

(3)    Estrategia política mediante la cual un partido no se presenta a las elecciones con el fin de denunciar la falta de legitimidad de un partido gobernante o régimen político en el poder. Se abstienen de participar animando a sus seguidores a no votar. En España, en ocasiones se practicaba en combinación con insurrecciones o pronunciamientos.

(4)     También llamada “la de los Tristes Destinos” o “Reina Castiza”, reinó en España desde 1833-1868, gracias a la derogación de la Ley Sálica (oficialmente Reglamento de Sucesión de 1713) por medio de la Pragmática Sanción en 1830, lo que provocó las Guerras Carlistas.

Fuente principal:

BOGC, Año X, 8 de Setiembre de 1867, Núm. 438.

Otras abiertas.

        Por Antonio Sánchez, Historiador. Guardia Civil(A).

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