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REAL ORDEN DE 1885: LAXITUD EN LA CONCESIÓN DE GRANDES CRUCES A LOS OFICIALES GENERALES

  • Escrito por Redacción

medallas copia

La exhibición pública de condecoraciones es un privilegio otorgado y conseguido por méritos, es honorable y prestigioso para su portador, pero cuando se consiguen de manera no meritoria deshonran al que las “luce”, se buscan por interés privado no como recompensa por sus virtudes lo que se convierte en un simple “mercadeo del honor”. Que duda cabe que así se suplen carencias en el ámbito general, dando una imagen pública irreal, a veces llegando al absurdo con condecoraciones inmerecidas.

La valentía es la ostentación del valor. Aquélla puede ser efecto de la educación, del amor propio o de la vanidad. El mérito intrínseco de las condecoraciones constituye su valor moral para portarla y “lucirla” con honor, ya que la vanidad puede recaer indistintamente sobre un mérito real o imaginario. La presunción recae siempre sobre un mérito que sólo existe en la imaginación del presuntuoso, que sin duda, destruye los estímulos de la emulación, inutiliza los medios del adelantamiento social, y obra efectos sumamente perniciosos.

    Para finalizar esta breve introducción, me permitiré la licencia de parafrasear a Don Mendo: “HONOR QUE OTORGA EL FAVOR ¿PARA QUÉ SI NO ES HONOR?.

En el presente artículo se pone de manifiesto ese “ennoblecimiento del pecho” de Oficiales generales debido a la laxitud de la interpretación de las normas llegando incluso a ser oído el Consejo Supremo de la Guerra para la concesión de las Grandes Cruces; pues como dijo H. de Balzac “hay que dejar la vanidad a los que no tienen otra cosa que exhibir”.

Reales órdenes

“Núm. 26.Circular. Excmo. Sr.:

Así como la bandera envuelve entre sus pliegues la honra del cuerpo á que pertenece, del mismo modo las condecoraciones militares simbolizan el honor militar, honra con esplendor y publicidad, que guarda el pecho donde descansan.Enaltecer pues las más preciadas condecoraciones militares es honrar la bandera del ejército y estimular el deber del honor militar,que es el más noble y elevado de los sentimientos, tan complejo como abstracto, y que no basta para mantenerlo ileso, ni el valor ciego del temerario, ni la resolución estóica  del que sabe morir, si no tiene por base la abnegación, la abstracción y el sacrificio de la personalidad en pró del compañero del ejército y de la pátria. Una institución que entraña tan nobilísimos sentimientos debe elevarse tanto como sea posible para que nunca puedan empañar su brillo las aspiraciones egoístas del interés privado,sino que sea legítima recompensa á quien por sus virtudes militares se haya hecho digno de ennoblecer su pecho con el emblema del honor del Ejército.=  Bien claramente deja comprender esta idea el artículo 5º del Real decreto de 5 de Agosto de 1864 que instituyó la Orden del Mérito militar, como recompensa especial de los servicios militares, al prevenir que solo se concedería por una sola vez la gran cruz á la clase de Oficiales generales en cada uno de los casos de paz ó guerra, y que no podrán obtenerla hasta después de estar en posesión de la de 3ª clase de esta Orden ó de las de 3ª y 4ª de San Fernando (á no contraer un mérito muy especial); pero desgraciadamente, la inmoderada ambición que han despertado en el ejército la prodigalidad de gracias que se han otorgadoen momentos de funesta recordación para la disciplina, y la laxitud que en otras ocasiones se ha dado á la interpretación del art. 5º del mencionado Real decreto, han sido la causa eficiente de la gran cruz del Mérito militar, que es el último premio moral que puede obtener la clase de Oficiales generales como recompensa especial de sus servicios, se encuentre más generalizada de lo que cumple á los preceptos de su institución. Y con el fin de regularizar en lo sucesivo la concesión de tan señalada recompensa para dar á la Orden el explendor [sic] que por su importancia requiere, no dejando al criterio particular como única regla invariable la interpretación del mérito muy especial á que se contrae el artículo 5º del Real decreto de 5 de Agosto de 1864; el Rey (q.D.g) se ha dignado resolver que cuando un Oficial general sea consultado para la gran cruz de la Orden del Mérito militar no estando en posesión de la de 3ª clase de esta Orden ó de las de 3ª y 4ª de la de San Fernando, se oiga, como regla general al Consejo Supremo de la Guerra en consulta de si está ó no comprendido el caso en el espíritu de la letra del art. 5º del mencionado Real decreto.=  De Real orden lo digo á V.E para su conocimiento y demás efectos.= Dios guarde a V.E muchos años. Madrid 11 de Julio de 1875.- P. de Rivera.- Señor...”

Puedo ser obligado a vivir sin felicidad,

pero nunca sin honor.

Pierre Corneille.

 

Fuente principal:

    B.O.G.C. Año XVIII, 1º de Agosto de 1875. Núm. 828.

    Por Antonio Sánchez, Historiador. Guardia Civil(A).

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