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Iª REPÚBLICA. DECRETO DE ABOLICIÓN EN EL EJÉRCITO DEL JURAMENTO POLÍTICO AÑO 1873

  • Escrito por Redacción

bandera 1 republica

El 11 de febrero de 1873, se proclama la Iª República en los territorios españoles, tras la abdicación del Rey Amadeo Iº de Saboya ( 16 de  noviembre 1870-11 de febrero de 1873). En plena Tercera Guerra Carlista (1872-1876), la nación se encontraba en constante estado de guerra y, la fidelidad de los mandos militares de suma importancia para el nuevo Gobierno republicano.

Durante los años del Sexenio revolucionario, tiempos convulsos que comienzan en septiembre de  1868 con la “Gloriosa”  hasta el pronunciamiento de diciembre de 1874; siendo sin lugar a dudas, el Ejército una pieza clave para el mantenimiento de cualquier tipo de Gobierno. Hay que tener en cuenta que el “militarismo”, ya en el ocaso del Imperio, se expresó a través del pretorianismo, es decir, el predominio de los militares en la vida política, controlar las decisiones que afecten a sus intereses o apoyar a una facción política.

Otrosí, la Revolución del 1868, protagonizada por un triunvirato militar, el general Prim, el general Serrano y el almirante Topete y, aunque el sexenio revolucionario  fue un intento de vida política con predominio civil, la gravitación de los militares sobre ella fue ineludible a partir del momento  en que la 1ª República tuvo que confiar en los postergados generales monárquicos para la represión de la rebelión cantonal.

“Núm. 4. Circular..- Excmo. Sr:

-Con esta fecha se ha expedido el Decreto siguiente:

-Una de las primeras atenciones á que debe acudir el Gobierno de la República, recientemente fundada, es á crear, mantener y arraigar costumbres republicanas. Y una de las costumbres que deben más pronto adquirir los pueblos republicanos y con más energía arraigar en su vida, es la costumbre del respeto religioso y profundo á la dignidad del honor personal á  la santidad de la conciencia humana.-

Fue usanza de las diversas situaciones que se sucedieron en el agitado movimiento de nuestra antigua política, exigir al Ejército como prueba de adhesión, el juramento político, que muchas veces violenta lo más estimable para los hombres honrados, la lealtad á sus antiguos compromisos y la secreta é inviolable intimidad de conciencia.-

Han provenido de aquí numerosas dificultades, pérdidas irreparables de servicios debidos á la pátria, cuestiones de pundonor tan frecuentes y tan vivas en nuestro altivo carácter nacional, elevadas á trascendentales cuestiones políticas, resentimientos y enconos entre los partidos, que conviene calmar por la virtud de una forma de Gobierno que es la Nación misma, en ejercicio regular de su autoridad y de su soberanía.-

Se necesita que no haya en el Ejército español juramentados é injuramentados. Se necesita destruir esta odiosa distinción que dividía á muchos militares en castas.

Todos deben ser soldados de la pátria, y todos obedeciendo á la República, obedecerán a la Nación de que son leales servidores y fieles hijos. Así la República, que no les pedirá cuenta de sus ideas, ni de sus compromisos, ni de su historia para emplearlos en su servicio, les exigirá en cambio con más derecho que el antiguo régimen la obediencia á una autoridad que á nadie rebaja y la sujeción á las leyes que á todos exaltan, y que se curan, no solamente de sus derechos, sino también de la virtud de su honor y de la tranquilidad de su conciencia. Y si estas razones atendibles no existieran, existiría la consideración de que, perteneciendo el Ejército español á un Estado, donde la libertad religiosa se halla públicamente reconocida, y el respeto a la creencia individual legítimamente consagrado, no se debe, no, entrar en el exámen de las ideas individuales, ni imponer fórmulas que puedan chocar, no sólo con las ideas políticas, sino también con las creencias religiosas. La nueva forma de gobierno, su carácter nacional, el escrupuloso respeto que le merecen los derechos de todos los ciudadanos, la inflexible lógica con que por virtud de su propio organismo extiende y aplica los principios democráticos, todas estas consideraciones exigian una medida como la propuesta por el Ministro de la Guerra, y en consecuencia el Gobierno de la República decreta lo siguiente:

  • Artículo 1.º Queda abolido en el Ejército el juramento político.
  • Artículo 2.º Se restablecerá en el goce de sus empleos, honores y condecoraciones á todos los Generales, Jefes y Oficiales del Ejército que se vieran privados de ellos por haberse negado á prestar dicho juramento.
  • Artículo 3.º El Ministro de la Guerra dictará las disposiciones convenientes para el cumplimiento de este Decreto.

Madrid dieziseis de Febrero de mil ochocientos setenta y tres.- El Presidente del Gobierno de la República, Estanislao Figueras.- El Ministro de la Guerra, Fernando Fernández de Córdova.- Lo que de órden del expresado Gobierno comunico a V.E. para su conocimiento y demás efectos.- Dios guarde á V.E. muchos años. Madrid 16 de Febrero de 1873.- Córdova.- Señor...”

Fuente principal:

BOGC, Año XVI, 24 de Febrero de 1873, Núm. 700.

Por Antonio Sánchez. Historiador. Miembro de la Guardia Civil (A)

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