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¿Por qué debemos a Juan de la Cierva el éxito de los aterrizajes y despegues verticales sobre un buque?

  • Escrito por Redacción

4ElautogiroLaCiervaC-30

Ha sido uno de los personajes más importantes del ámbito aeronáutico español pero... ¿por qué? En 2016 se cumplen 82 años del primer aterrizaje del autogiro en el portaaeronaves 'Dédalo' de la Armada española.

A principios del siglo XX, el vertiginoso desarrollo de la aeronáutica –no comparable a ningún otro progreso tecnológico salvo, quizá, el de la electrónica- debió mucho a la fértil imaginación e inventiva de los ingenieros, al riesgo de los capitalistas, al trabajo artesanal de los talleres y al valor de los pilotos de pruebas. Y, en ocasiones, al apoyo de los Gobiernos.

Casi la única forma de avanzar era ir probando, lo que se conoce como el procedimiento de 'prueba y error'. Sólo a base de grandes esfuerzos -y de los a menudo dolorosos fracasos, como el reciente del A-400 que se estrelló en Sevilla- los aparatos más pesados que el aire iban perfeccionando sus cualidades y ganando en fiabilidad y capacidad de servir para algún fin concreto.

Imagen de Juan de la Cierva.

Juan de la Cierva y sus autogiros

Apenas a los 20 años del nacimiento del avión de las manos de los hermanos Wright, De la Cierva -uno de los personajes más importantes del ámbito aeronáutico español- consiguió llevar al nivel operativo un novedoso concepto de aeronave que, siendo medio avión, prefiguraba el concepto de helicóptero que tanto éxito ha tenido posteriormente.

Quizá debido a que el autogiro fue una aeronave genial que se adelantó a su tiempo, sus progresos no llegaron a tener un pleno apoyo por parte de las instancias españolas. La producción de autogiros pasó por la realización de numerosos prototipos y limitadas producciones en serie que proporcionarían al Reino Unido aparatos operativos hasta el fin de la II Guerra Mundial, si bien para cometidos secundarios. También tuvo un cierto éxito internacional con la exportación de sus aparatos.

El autogiro aterriza en el 'Dédalo' (izquierda) y se acerca (derecha) // Foto Revista General de Marina y Todocolecciones.

Un nuevo paso adelante: el primer aterrizaje en el portaaeronaves 'Dédalo'

El 7 de marzo de 1934, el autogiro La Cierva C-30 de la Armada española, matriculado como G-ACIO y pilotado por su diseñador, aterrizó en la cubierta del buque portaaeronaves 'Dédalo' de la Armada española, anclado en el puerto de Valencia y, al poco, despegó probando la posibilidad real de estas operaciones aeronavales.

Este ensayo, que podía haber acabado mal por lo limitado de la superficie disponible, formaba parte del necesario descubrimiento de las nuevas capacidades de su rotor horizontal, que anunciaban la posibilidad de realizar despegues y aterrizajes en pistas muy cortas.

Con este nuevo éxito, La Cierva se adelantaba de nuevo al crear el concepto que sólo muy posteriormente se definió como VSTOL, o 'vertical / short take-off and landing'-, cuyo éxito queda avalado por la vigencia de los actuales aviones Harrier y F-35 B, y los convertiplanos V-22 Osprey, todos ellos aparatos idóneos para cubrir las necesidades de las Armadas modernas.

El autogiro despega desde el 'Dédalo'.

El portaaeronaves 'Dédalo'

La Armada española ya había dado sus primeros pasos aeronáuticos en 1912 y, desde 1917, contaba con su propia Aviación Naval -que acabó contando con dos La Cierva C-30-. En septiembre de 1921 el Gobierno español había asignado a la Armada un buque mercante –de 132 m de eslora- que, entre otros, había incautado a Alemania como compensación por los buques mercantes españoles hundidos por sus submarinos durante la I Guerra Mundial -1914-18-.

El buque fue adecuado al transporte de hidroaviones –unos 20 de varios tipos- que, por medio de grúas, eran depositados en el mar para que despegaran y, tras cumplir la misión y amerizar a su lado, izarlos a bordo. Asimismo, podía llevar 2 dirigibles y 2 globos de observación. Bajo la pista, se llevaban a cabo las tareas de mantenimiento.

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