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30 batallones al ataque. Gran victoria española en la batalla de Tetuán

  • Escrito por Redacción

LabatalladreTetunporMarianoFortuny

El 4 de febrero de 1860, las tropas marroquíes se sitúan ante la ciudad de Tetuán para combatir el avance español hacia la plaza para conquistarla. Las tropas de Marruecos superan en número a las de España, pero son éstas últimas las que se llevan la victoria. Éste es el relato de uno de los mayores triunfos de nuestro ejército.

Apenas arrancado el día 4 de febrero de 1860, el II y el III Cuerpos de Ejército, mandados respectivamente por los generales Juan Prim y Antonio Ros de Olano, ya están listos para atacar a los marroquíes; en el centro, los cañones españoles reunidos. El objetivo del general en jefe, Leopoldo O’Donnell, era derrotar a las tropas marroquíes que, ante la ciudad de Tetuán, tratan de oponerse al avance español cuyo objetivo es conquistarla.

La defensa marroquí se basa en dos grandes núcleos: a la izquierda, el mandado personalmente por el Sultán Muley el Abbas, y a la derecha el mandado por su hermano Muley Ahmed. Un cuerpo de ejército español irá contra cada uno de ellos. Las tropas marroquíes, regulares e irregulares –unos 35.000 hombres-, superan a las españolas en número –unos 25.000-.

Mapa del teatro de la guerra de 1859-60

Avanza la infantería y la artillería atruena

30 batallones de Infantería –hoy hay en todo el Ejército un total de 34-, con sus banderas desplegadas y al toque de sus tambores, se ponen en marcha. Los soldados tienen la moral bien alta por la reciente victoria que han logrado en la batalla de los Castillejos –el 1 de enero-, en donde aconteció algo insólito: el general Prim cogió la bandera del Batallón de Córdoba y se metió entre las filas enemigas consiguiendo dar la vuelta a una situación comprometida.

La infantería se pone en marcha hacia los enemigos; al llegar a unos 1.500 metros de ellos, la artillería española empieza a disparar para facilitar su avance y lo hace hasta que las primeras filas de españoles -la vanguardia- está a 400 metros de los marroquíes. La artillería marroquí sostiene el duelo durante más de una hora.

Trabado el combate cercano, ambas partes sufren numerosas pérdidas en hombres, pero el avance de los batallones españoles se convierte en imparable. Por el lado derecho, el ataque hace que los marroquíes cedan y se retiren rebasando incluso su propio campamento, que es asaltado por los soldados. El enemigo de esta parte se retira de la batalla.

En el otro lado marroquí, que está resistiendo mejor al avance español, el Sultán ve que la retirada de las tropas de su hermano le causará la pérdida de la batalla y así, Muley el Abbas, resignado, da la orden de retirada dando la victoria y el campo de batalla a los españoles.

Dos días más tarde, el 6 de febrero, las tropas españolas, eufóricas por tan importante victoria, entrarán en la ciudad de Tetuán, que queda para España. Esta resonante victoria ha costado a las filas españolas casi 100 muertos y unos 1.000 heridos. Pero el Sultán de Marruecos ya ha descubierto que tiene la guerra perdida, aunque seguirá presentando nuevas batallas, que también perderá, como en Samsa –el 11 de marzo- y la definitiva de Wad Ras –el 23 de marzo-, que puso fin al conflicto.

Medalla de la campaña 1859-60. En el reverso se pueden leer las victorias más importantes.

Una guerra deseada por todos

En España todos habían querido ir a esta guerra, políticos, prensa y pueblo. Las ofensas causadas por súbditos marroquíes ya habían agotado la paciencia y los deseos de buena vecindad. Años atrás, en 1851, se había elaborado un largo memorial de agravios causados a personas y bienes españoles en los territorios de Ceuta, Melilla, Vélez, Alhucemas y Chafarinas y a los buques en navegación.

La situación se había hecho tan insoportable para la dignidad nacional que, ya en 1854, el Gobierno español había llegado a preparar una expedición militar de castigo a Marruecos. Las cosas no mejoraron y, finalmente, se declaró la guerra a nuestros vecinos el 24 de octubre de 1859.

Dos leones, recuerdos de esta guerra en Madrid

Los dos leones que adornan la escalinata del Congreso de los Diputados en Madrid se fundieron utilizando el bronce de los cañones marroquíes tomados a lo largo de las victorias de la Guerra de Marruecos. Tienen, como apodos populares, los nombres de los dos primeros héroes del 2 de mayo de 1808: ‘Daoíz’ y ‘Velarde’, ambos capitanes de Artillería que iniciaron la sublevación popular contra los napoleónicos.

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