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Españoles en Guinea Ecuatorial: descolonización a punta de pistola

  • Escrito por Redacción

GUINEA

La película 'Palmeras en la nieve' recupera el final de la colonia española en África durante el franquismo. Tras la independencia concedida en octubre de 1968 muchos colonos españoles permanecieron en Guinea a pesar de las arengas antiespañolas del presidente Macías Nguema. En febrero de 1969 estalló la crisis y la evacuación, que se saldó con la muerte de un español Juan José Bima, por un disparo de la Guardia Nacional de Guinea

El ruido de los jeeps y los disparos al aire rasgaban como un cuchillo el crispante silencio en la oscuridad. Era durante el toque de queda de febrero de 1969, cuando las Juventudes de Macías Nguema salían a amedrentar a los colonos españoles que quedaban en Santa Isabel, capital de la isla de Fernando Poo, y en Bata, en la región de Río Muni. El sonido de los temidos Land Rover y las voces en la noche de los casi adolescentes guineanos armados, borrachos en muchas ocasiones, desataban la tensión y el miedo; eran la señal del peligro, de un posible crimen.

"Nos refugiábamos en mi casa de Santa Isabel cinco hombres; se había tomado la decisión de sacar a las mujeres y los niños primero, y a los empleados después, mientras los que teníamos algún cargo de responsabilidad esperábamos que la situación se normalizase", explica José Bima, que tenía entonces 29 años y trabajaba para una empresa dedicada a la agricultura y comercio y fue uno de los últimos en salir de la excolonia africana.

Aeropuerto de Bata, Guinea Ecuatorial, 1969.

"Nos refugiábamos en mi casa de Santa Isabel cinco hombres; se había tomado la decisión de sacar a las mujeres y los niños primero, y a los empleados después"

Pero nadie se iba a tranquilizar en Guinea. Solo habían pasado cuatro meses desde la independencia y apenas unos días desde que mataran de un disparo a su primo, Juan José Bima Martínez -el único muerto que recogen las crónicas oficialmente de la evacuación-, que huía en una barcaza junto a su mujer, Manuela de Viedma Díaz, y otras 20 personas de una explotación maderera situada en el río Benito, el principal curso fluvial del territorio de Río Muni.

Una matanza en ciernes

La muerte de Juan José Bima corrió como la pólvora y aterrorizó aún más a los que quedaban en la antigua colonia; la furia antiespañola que había desatado el presidente Macías Nguema, la confiscación de armas, el toque de queda y las demostraciones de fuerza de la Guardia Nacional y las Juventudes estaban a la orden del día; planeaba una matanza no solo contra los blancos sino contra las etnias y los opositores nativos, como al final ocurrió.

La muerte de Juan José Bima corrió como la pólvora y aterrorizó aún más a los que quedaban en la antigua colonia; Nguema había desatado una furia antiespañola

En la mente de muchos de los españoles que quedaban allí estaba la brutal tortura y paliza que recibió otro español, Rafael Avalos, jefe de Correos en Santa Isabel. Los secuaces de Nguema de la etnia fang entraron en la Administración de la capital de la isla propinando golpes y dispuestos a llevarse a los funcionarios nativos bubis, que eran la mayoría de los empleados, cuando el español se encaró con ellos para evitar las vejaciones.

Según algunas versiones, la paliza que le propinaron acabó en franca tortura tras sacarle a empellones y golpes del edificio, descalzo, a las dos de la tarde bajo un abrasador calor que derretía el asfalto. Allí le ataron las manos a la parte trasera de un jeep y le arrastraron abrasándole contra la gravilla. José Bima, que presenció el macabro espectáculo, porque salía justo en ese momento de una reunión en la Cámara de Comercio que estaba enfrente del edificio de Correos, recuerda: "Hice un gesto de salir a ayudarle pero los que estaban conmigo entonces me detuvieron porque era un suicidio intervenir en ese momento, aun así, sigo todavía hoy arrepintiéndome de no haberlo hecho. Este hombre murió a consecuencia de esta tortura, murió por España".

Tras sacarle a golpes del edificio, descalzo, bajo un abrasador calor que derretía el asfalto, le ataron las manos a un jeep y le arrastraron contra la gravilla

Rafael Avalos fue atendido en Santa Isabel y enviado a España y aunque fuera la más sonada agresión hasta ese momento contra los españoles, que habitualmente no pasaban de las burlas o las faltas de respeto, como hacerles bajar de la acera, fue el punto de partida de la campaña del miedo.

Los colonos no estaban totalmente abandonados a su suerte; dos compañías de la Guardia Civil, una en Santa Isabel y otra en Río Muni, además del crucero Canarias, que había llegado en febrero cuando se radicalizó la tensión, y que se encontraba fondeado a unas pocas millas de Santa Isabel, estaban presentes, si bien solo podían actuar de forma disuasoria, según las precisas órdenes de El Pardo.

Carrero Blanco, con Bonifacio Ondó Edu, en el centro, durante una visita en 1964 al Colegio Mayor Nuestra Señora de África.

Las llamadas FAEs (Fuerzas Armadas Españolas) estaban allí como consecuencia de un protocolo secreto que había firmado España con Macías Nguema en el proceso de independencia, que bajo la ambigua excusa de permanecer para el asesoramiento y guía de las nuevas fuerzas del orden de la República de Guinea, tenían la misión si no de proteger, sí de garantizar, con su presencia y en la medida de lo posible, la seguridad de los españoles que se quedaron.

La locura de Macías

El propio presidente, de la etnia fang, un paranoico enfermizo y sanguinario, como se demostraría en poco tiempo, había pensado al principio que la presencia de la Guardia Civil podría garantizar su seguridad, en caso de que sus acólitos se volvieran contra él. No obstante, la fórmula del asesoramiento era un puro camelo; las compañías no estaban a disposición del nuevo Estado, puesto que solo recibían órdenes de Madrid. Como botón de muestra del clima que se había desatado casi desde el comienzo de la independencia, al entonces teniente de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo, ahora exgeneral de la Guardia Civil, condenado por su actividad en los GAL como jefe del cuartel de Intxaurrondo, le cogieron el sable y se lo rompieron en el aeropuerto, mientras derramaba lágrimas, según Bima, sin que se tomaran medidas contra los guineanos. Se hicieron cumplir las órdenes a todos los militares que había allí de que no se respondiera nunca con la fuerza.

El primer presidente de Guinea Ecuatorial, Macías Nguema.

El propio presidente, de la etnia fang, un paranoico enfermizo y sanguinario, había pensado que la presencia de la Guardia Civil podría garantizar su seguridad

La tesis era evitar cualquier enfrentamiento armado que desatara la matanza, como había ocurrido en el Congo, pero según la mayoría de los residentes de entonces, se actuó con poca firmeza.

Crisis y evacuación

Macías radicalizó su postura a finales de febrero. Sus discursos, acompañado por jóvenes nacionalistas radicales, se volcaron en descalificaciones hacia los colonos y en insultos a los militares. Finalmente, el día 23 ordenó que se entrara en el consulado español en Bata, Río Muni, ilegalmente según el Derecho internacional, para arriar la bandera española, al igual que en los cuarteles de la Guardia Civil y la Embajada. La situación que se desató después, conocida como Crisis de las Banderas, marcó el punto álgido de la tensión entre España y Guinea y el inicio del éxodo, literalmente, de los que aún permanecían en la antigua colonia, y de la posterior evacuación de las FAEs.

El avión diario de Iberia que salía de Santa Isabel, un DC 200, se llenaba hasta los topes de españoles que se marchaban, en ocasiones con lo puesto

Tras varias reuniones, las gestiones del embajador español Durán Loriga el día 25 con el impredecible Macías solo consiguieron que se arriaran a media asta las banderas del resto de los consulados, un pírrico lavado de cara internacional, tras la afrenta a la autoridad de la legación, al tiempo que Macías le declaraba ese mismo día persona non grata y le echaba del país. La inseguridad e indefensión eran ya totales. El nuevo embajador, Eduardo Pan de Soraluce, emplazó a los españoles a que se refugiaran en las compañías de la Guardia Civil. Mientras, el avión diario de Iberia que salía de Santa Isabel, un Douglas DC 200, se llenaba hasta los topes de españoles que se marchaban, en ocasiones con lo puesto, tras pagarse su billete, ya que el Régimen no evacuó a nadie. También llegaban barcos a Río Muni, como el Ciudad de Toledo y el Ciudad de Pamplona, que volvían con el pasaje a rebosar, contratado desde España.

Juan José Bima, conducía la barcaza por el río Benito. Desde la orilla le dispararon en la cabeza. El resto consiguió escapar y llegar a la costa

Dos días después de la expulsión de Durán Loriga, ocurrió lo peor. Juan José Bima reunió a su mujer y a algunos de los empleados de la explotación maderera Jover y se embarcaron en una barcaza para bajar por el río Benito hasta la costa y salir de Río Muni. "Sabían que iban a por ellos", explica su primo José Bima, que les había alojado tan solo un mes antes en su casa de Santa Isabel, cuando llegaron a Guinea del viaje de novios.

Su viuda, Manuela de Viedma, que reside hoy en Palma de Mallorca con su hija, sigue aterida por el recuerdo: "Yo estaba embarazada entonces y ni siquiera me dio tiempo a decírselo", recuerda, aunque no quiere entrar en más detalles debido a las depresiones que sigue padeciendo. Los hechos son conocidos: Juan José, al timón, conducía la barcaza por el río Benito cuando se encontraron con un grupo de la Guardia Nacional, que les dio el alto. Siguió la marcha, y desde la orilla le dispararon en la cabeza. El resto consiguió escapar y llegar a la costa, donde les recogió un carguero español. El capitán no quiso responsabilizarse del cadáver y tuvieron que tirarlo al mar.

Todos los colonos y unos pocos guineanos salieron apresuradamente entre finales de febrero y marzo. Además, el fallido golpe de Estado de Atanasio Ndongo sumió al país en una depuración asesina por parte de Macías. El presidente ya había decretado la expulsión de las FAEs, que se marcharon, tras la operación Ecuador, el 5 de abril. Los guardias civiles embarcaron en lanchas en sendas playas de Fernando Poo y Río Muni, casi a escondidas, llenos de rabia y sin el orgullo de poder salir desfilando por el puerto, y Guinea se sumió en la oscuridad.

Políticos provisionales

MACÍAS NGUEMA (1924-1979)

Antiguo dirigente de la Administración colonial, sus delirios e ignorancia sumieron a Guinea en el terror. Consolidó su poder sobre el odio a España mientras su paranoia le convirtió en un sanguinario. Después de desatar un genocidio, sus temores se hicieron realidad y fue depuesto y ejecutado por su sobrino Teodoro Obiang.

ATANASIO NDONGO (1928-1969)

Opositor de etnia fang, sus resultados en la primera vuelta le garantizaron un puesto en el nuevo Gobierno como ministro de Exteriores. Ambicioso y mal asesorado, intentó un golpe de Estado sin éxito. Descubierto por Macías, lo tiraron por el balcón de su residencia y lo apalearon en la calle hasta morir.

BONIFACIO ONDÓ EDU (1920-1969)

El preferido de Carrero Blanco, perteneciente a la etnia Fang, más proclive a los intereses españoles, fue el gran derrotado de las elecciones. Como opositor corrió peligro desde el principio y se exilió a Gabón. Sin embargo, volvió al país a los pocos meses, donde fue encarcelado y, según la versión oficial, se suicidó el 5 de marzo.

EDMUNDO BOSIO (1922-1975)

Líder de la Unión Bubi. A pesar de ser favorable a la independencia por separado de la isla de Fernando Poo, tras las elecciones apoyó a Macías y fue designado vicepresidente. Tampoco escaparía a la depuración de Macías; investigado por los servicios secretos en 1974, fue detenido y ejecutado al año siguiente. 

JULIO MARTÍN ALARCÓN

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