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La burla de Carlos III cuando instaló el servicio de limpieza: «Mis vasallos lloran cuando se les lava»

  • Escrito por Redacción

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A propósito de la basura en las calles de Madrid, con las distancias evidentes de casi tres siglos, cabe recordar la primera gran ordenanza de la capital en ese sentido, surgida entonces por el deplorable e insalubre estado de la ciudad.

El famoso apelativo otorgado a Carlos III, «el mejor alcalde de Madrid», remite en parte a esta iniciativa, implantada el 14 de mayo de 1761. A pesar del salto cualitativo que supuso, sin embargo, no fue bien recibida por los madrileños, despertando la ironía crítica del monarca: «Mis vasallos son como los niños, lloran cuando se les lava».

El proyecto, firmado por Francisco de Sabatini, incluyó el empedrado y la limpieza de las calles de Madrid, todavía atrasada respecto a otras grandes ciudades europeas. La ordenanza, que puede leerse de forma gratuita en la biblioteca digital de la Comunidad de Madrid (www.bibliotecavirtualmadrid.org), contemplaba un notable lavado de cara para una Villa que, con una población que rondaba los 150.000 habitantes, se caracterizaba por ser una amalgama de olores putrefactos, lodos y basuras.

Extracto de la ordenanza de limpiezaExtracto de la ordenanza de limpieza- BIBLIOTECAVIRTUALMADRID

El conde de Fernán-Núñez, biógrafo del rey, narró en la Vida de Carlos III (1898) el impacto que tal atmósfera supuso para él, cuyo pensamiento distaba mucho de aquellas deprimentes vías madrileñas. Por ello, sin más dilación, encargó a Sabatini un proyecto que rescatara a Madrid de aquella alcantarilla perpetua en la que, por cierto, los cerdos podían vivir en la calle sin problemas.

Así, la denominada Instrucción para el nuevo Empedrado y Limpieza de las Calles de Madrid preveía que todas las casas, así como conventos, parroquias e iglesias, debían situar baldosas de piedra tanto en su parte delantera como en las laterales que dieran a la vía pública. En el caso de los templos religiosos y administraciones, sufragado por ellos. El texto, que consta de trece puntos repartidos en ocho páginas, obligaba también a que los propietarios instalasen canalones y conductos para las aguas de las cocinas y de evacuaciones mayores, entre otras disposiciones. El llanto al que se refería el monarca, seguramente, aludía tanto a los trastornos de las obras como a la obligación de las mismas, representación del Despotismo Ilustrado que Carlos III desarrolló.

ABC

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