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ABNEGACION- 18 de Julio de 1851

  • Escrito por Redacción

abnegacion

Un nuevo relato sacado de nuevo de "CRONICAS ILUSTRADAS DE LA GUARDIA CIVIL", de Elisardo Ulloa Varela, donde se glosan los servicios protagonizados por los primeros guardias civiles, como en los relatos anteriores volvemos a  transcribir este relato tal y como nos llega, tal y como fue escrito y publicado, sin corregir, porque como venimos diciendo, entendemos que no somos nadie para corregir al autor, que de forma tan magistral nos ha hecho llegar hasta hoy estas primeras actuaciones de nuestra querida Guardia Civil.

ABNEGACIÓN

La lucha que en cortas páginas vamos á describir es acaso la más rara y escepcional de cuantas los variados incidentes del servicio pueden ocasionar al Guardia.

¿Creereis que luchan aquí con malhechores? no. Luchan para que no mueran sus mismos adversarios; luchan para salvar la vida de los mismos que combaten con ellos.

Por eso, hemos llamado rara y escepcional á esta lucha; y por serlo tanto, la damos cabida en nuestras Crónicas.

Tuvo lugar en el dia 18 de Julio de 1851 y en el pueblo de Bañolas. (1)

En la tarde de aquel dia, todos los vecinos de la calle de Santa María dejaron precipitadamente sus casas y prorumpiendo en exclamaciones ya de miedo, ya de indignacion, ya de lástima, llenaron la"calle agrupándose ante la casa que en ella tiene el número seis.

—¡Fuego! ¡fuego!—gritaban unos.

—¡No se puede vivir cerca de esa familia!—exclamaban otros.

Y no faltaba quien, con tristeza en el semblante, decia:

—¡Infelices! van á morir!

Los gritos de ¡fuego! estaban justificados por las columnas de humo que del tejado y de todas las ventanas salian.

Pronto estas espesas nubes de humo adquirieron un color mas negro y con él un olor acre y hediondo que no siendo respirable hizo que los vecinos reunidos delante de la casa fuesen separándose poco á poco de ella hasta tomar una prudente distancia.

No dieron por eso tregua á sus gritos que fueron cada vez mayores.

El pueblo siempre ávido de emociones, gusta mucho de todo aquello que las aumenta; y sabido es que los gritos, especialmente los de mujer, dan al suceso mas sencillo el carácter mas alarmante.

No es esto, sin embargo, decir que fuera sencillo el suceso que en aquel momento preocupaba á los habitantes de Bañolas; y más y más se hizo grave é imponente con la llegada de la noche.

Algo mas que un incendio habia allí; las circunstancias de él eran las verdaderamente terribles y vamos á explicarlas.

Un padre, una madre y un jóven hijo de estos vivían en aquella casa.

—Y sin duda—pensará alguno al saber esto—sin duda un incidente casual incendió la casa; sin duda aquella familia, amagada de muerte quiere salvarse y no puede!

Nada menos cierto. Padre, madre é hijo habian puesto fuego á la casa en aquella tarde; padre, madre é hijo, en vez de salvarse como podian, en vez de pedir auxilio si era posible, alimentaban el fuego con ropas, maderas y cuanto encontraban á mano, arrojando espantosas carcajadas cuando las llamas subian á la mayor altura.

Los tres estaban dementes; (1) y de tal modo se complacian con la vista de las llamas, que muy pronto, cuando no tuvieran nada con que sostenerlas, se hubiesen arrojado ellos mismos al fuego: la madre al hijo, ó el hijo á la madre.

Al concebir sus desvariadas imaginaciones tan descabellado proyecto, habian tomado sus precauciones para evitar que las interrumpiesen en tan terrible ocupacion, encerrándose sólidamente en la casa que querían reducir á cenizas.

Ninguno, pues, de los espectadores se atrevia á penetrar en la casa incendiada, tanto porque el fuego se propagaba más y más, como porque siendo siempre temible un loco, tres debian serlo mucho mas.

No tardó mucho, sin embargo, en presentarse ante el Alcalde el cabo 2.° Juan Aguilar con los Guardias de su puesto Juan Bujalanee, Enrique Vidal, Miguel Isla y Antonio Garcia.

Acordadas las primeras disposiciones se empezó á ponerlas en ejecucion, llamando por sus nombres á los tres dementes para ver si les hacian desistir de su proyecto y abrian la puerta que tenían fuertemente cerrada por dentro con llaves, cerrojos y trancas. . .

A los pocos momentos, tres rostros totalmente descompuestos aparecieron agrupados en una de las ventanas.

Al verlos, un grito de profundo dolor se escapó de todos los pechos; y ciertamente aquellas ennegrecidas y salvajes fisonomías inspiraban al par que terror la mas dolorosa compasion.

—¿Qué quereis? ¿qué quereis?—gritaron los dementes.

—¡Abridnos la puerta!—contestó el cabo Aguilar; ¿Quién hubiera presumido que estas palabras iban á producir resultado tan opuesto?

—¡Ah, ah! ¡quereis robarnos!—exclamó la mujer— ¡quereis que os abramos la puerta para robarnos! Esperad... que os ha costar caro el deseo!

Aquella era una idea de loco; pero como entre locos pasaba, el padre y el hijo se contagiaron con ella, y con voces de energúmenos empezaron á gritar:

—¡No nos robareis! ¡no nos robareis!

—¡Sabremos defendernos!

Y en breves instantes, la madre apareció en la ventana, armada con un palo que acababa en punta de hierro, el hijo blandia una disforme hacha de leñador, y padre, hijo y madre, cada vez mas exaltados diéronse á arrojar con espantosa furia, enseres y piedras sobre los vecinos -que les asustaban con los gritos y palabras que cada cual quería dirigirles.

—Señor Alcalde—esclamó entonces el cabo Aguilar—la celeridad es lo que mas se recomienda en este caso. Creo que debemos romper la puerta, entrar y apoderarnos de los dementes sorprendiéndolos.

—Creo lo mismo, cabo Aguilar, y confio en que sabrán ustedes librar á Bañolas de mayores desgracias, pues el fuego aumenta sus proporciones.

—¡Adelante, compañeros, á abrir la puerta!—gritó el cabo á sus Guardias.

Corren hácia la casa como piedras disparadas por la honda, y golpeando desesperadamente en la puerta, logran por fin hacerla saltar hecha astillas.

El paso estaba franco ya; la sorpresa debia ser instantánea.

Entraron, pues.

Algo se habia logrado pero no fué bastante, como se verá.

La mujer demente se apercibió la primera de que la puerta habia saltado de sus goznes.

—¡Nos roban! ¡ya están dentro!—gritó haciendo las mas descompuestas contorsiones.

Abandona el hijo la ventana y de un salto se coloca en «1 último peldaño superior de la escalera, agitando el hacha y firme en su manía de creer que pretendian robarles.

Y esta manía tiene una esplicacion en aquella misma, dolencia moral.

La vista de la Guarda Civil trajo á sus mentes calenturientas la idea de robo que en muchas ocasiones habian relacionado con la de los Guardias, al saber las luchas y capturas que estos verificaban diariamente.

Quizás la madre al verlos creyó que venian á luc'har con los que pretendian robar la casa.

La idea de robo asaltó su imaginacion; la orden de abrir la puerta dió á aquella mas consistencia y verosimilitud y todas las ideas de aquella mujer se concentraron entonces en una sola ¡nos roban! pues tal es la locura.

Y despues de todo, quién se atreve á buscar razon y lógica en la idea que salta al débil cerebro de un demente?

Fijos aquellos tres infelices en su pensamiento, se disponen á luchar con los mismos que vienen á salvarles.

El cabo ve al hijo que blande el hacha; si el loco hubiera sido un delincuente, el cabo hubiera luchado y le hubiera vencido.

Pero ¿qué hacer con el desgraciado demente? ¿Cómo luchar con él sin producirle daño alguno?

Los Guardias, pues, estaban espuestos á riesgos sino mayores iguales á los de otra lucha, con la circunstancia de no poder hacer la defensa que en este caso hubiera sido natural.

De hacerla, hubieran acaso muerto los desgraciados dementes; y no se puede matar á un loco que no es responsable de sus acciones, porque no tiene razón.

El cabo cree oportuno para asustar al jóven, disparar su fusil al aire y lo dispara; solo al azar podia obrarse con los dementes.

Pero al oir el jóven aquel tiro, salta de cinco en cinco los escalones, encuentra al cabo y cae sobre él hacha en mano.

¿Qué debia hacer entonces el cabo? atravesaría con su bayóneta á aquel infeliz? Fácil le hubiera sido conseguirlo, pero no valor sino abnegacion se necesitaba en aquel apurado caso.

Llegan á este tiempo los Guardias, salvan la muy amenazada vida del cabo Aguilar, desarman al demente y logran sujetarlo á pesar de los desesperados esfuerzos del jóven que se oponía á ello con delirante frenesí.

Suben seguidamente la escalera, encuéntranse con el padre y la madre; el humo les ahoga; reciben los Guardias tremendos golpes sin exhalar una sola queja, sin que el instinto de la propia conservacion y defensa les ciegue hasta hacerles olvidar el estado de aquellos singulares enemigos.

Esto tiene un nombre que hemos pronunciado ya muchas veces en el curso de la obra.

Se llama ABNEGACION.

La madre se lanza con terrible desenfreno sobre el Guardia Antonio Garcia; dirige á la cabeza de este el arma que empuña su diestra y le atraviesa el sombrero con la punta férrea del astil.

Garcia sufre pero calla, no combate, no se defiende; persigue á la madre entre aquella espesa, acre y deletérea atmósfera, logra cogerla un brazo y la sujeta por fin abrazándose á ella fuertemente.

El furioso marido, despues de una tenaz resistencia que costó no pocas contusiones á los Guardias, fué sujetado tambien sólidamente.

Entonces los sufridos Guardias, no pudiendo resistir por mas tiempo los miasmas de aquella sofocante atmósfera, bajan y llegan no sin graves obstaculos á la calle con los tres dementes que son conducidos á oportuno lugar.

Sin embargo, los Guardias no habian dado aun fin á su empresa; la noche hacia tomar al fuego mayores proporciones.

Vuelven prontamente al sitio del siniestro y trabajan sin descanso; el incendio es por fin dominado y extinguido, gracias á las acertadas disposiciones tomadas para lograrlo.

—La importancia que tiene este humanitario servicio . no necesita que la hagamos ver, porque su lectura dice lo bastante.

Hemos llamado rara y escepcional á esta lucha; bastará para probarlo una sola consideracion.

El gran mérito de los Guardias mencionados en esta Crónica estuvo en no luchar; en verse heridos y no dejarse llevar ni por solo un instante del natural impulso de la defensa.

Hemos dicho y probado con hechos que esto tiene un hermoso nombre: ABNEGACION.

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