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ANTECEDENTES A LA GUARDIA CIVIL: SOMATÉN DE CATALUÑA

  • Escrito por Redacción

SOMATEN

SOMATÉN DE CATALUÑA

(Regional Cataluña)

Un fenómeno paralelo al producido, primero, en Castilla y, posteriormente, en Navarra y Aragón, se produjo en Cataluña con el Somatén, como versión especial de las Hermandades. Posiblemente nos ha llegado un tanto deformado tan peculiar comportamiento social para combatir los males comunes, ya sean problemas de delincuencia, calamidades públicas o actuaciones dentro del entorno marcial, por tratarse de contiendas preferentemente internas y, en ocasiones, contra la vecina Francia.

El toque de "apellido" o Somatén, no ha sido solamente costumbre en la Corona de Aragón, no obstante, es donde más arraigo tuvo este hábito, si nos concretamos al Principado. De aquí que la voz Somatén se identifique con Cataluña, donde desde sus comienzos hasta el siglo XVIII, fue el único sistema para hacer frente al crimen y al delito, bajo unos esquemas ligeramente similares a los de Castilla.

En los comienzos del siglo IX, tanto Carlomagno como luego Luis I el Piadoso de Francia, crearon los condados pirenaicos de Barcelona, Gerona, Ausona, Ampurias, Urgel y otros más, hechos importantes que coinciden con el desarrollo del feudalismo carolingio. Los "hispanos" -como en Francia se conocía a los catalanes- gozaron de privilegios, como el de encomendarse a los "comes" o condes, gobernadores militares a los que se les exhortaba y empleaba en empresas bélicas. De estas obligaciones quedaban libres, a cambio de tributos, iglesias y cenobios. La dignidad del conde no era nada estable, por depender del marqués correspondiente que los podía sustituir a voluntad. Cataluña siguió en esta época Una dependencia estrechamente francesa, hasta Wifredo el Velloso, hijo de Seniofredo de Urgel, a quien se le atribuye más que se le reconoce, una postura independiente. Pero Wifredo se aseguró el dominio personal de las zonas de Vich, Ripoll y Monserrat, aglutinó los condados de Barcelona, Gerona y Ausona, y su dignidad electiva de conde la transformó en hereditaria de hecho, aunque de derecho no se reconocería hasta el tratado de Corbeil, en 1258. En opinión de Vicens Vives, en este tipo de feudalismo no existió jerarquización hasta el siglo XI, de ahí que pueda conceptuarse como atípico.

En 1058, Ramón Berenguer I el Viejo publicó un primer "Usatge", por el que se establecía el nuevo derecho de la "Paz y Tregua", pues no era suficiente "la del poder, mediante juicios civiles o causas criminales, para salir en defensa de los derechos sociales menoscabados, ora lo fuesen por el Rey o sus oficiales, ora por un simple ciudadano". Se entendió, pues, a la "Paz y Tregua" como la protección dada por el príncipe -título que libremente se autoconcedió, en 1016, el conde Ramón Borrell- en Cataluña y según ]as "leyes de la tierra". Dos tipos de "Paz y Tregua" surgieron: el primero o del Señor que establecía "la reverencia a Dios y a los Santos", por las que en días festivos, había de suspenderse toda lucha, y el segundo, o de la tierra, garantizaba los derechos del pueblo -políticos- como protección constante de día y de noche, haciendo omisión de la Iglesia y quedando la cuestión sujeta a la "fuerza de la ley y la justicia". El "Usatgei" de la "Paz y Tregua", en opinión de Coroleu, se consideró como el fuero para el mantenimiento del "orden público" establecido en el mutuo respeto de los derechos político y con la protección del Príncipe, que vale tanto como decir del propio Estado".

Otro "Usatge" importante dado por Ramón Berenguer I el Viejo, conceptuado como el primer código catalán, fue el "Princeps Namque", vigente durante varios siglos. En su virtud, el poder ejecutivo radicaba en el soberano que figuraba al frente de todas las fuerzas de la nación y todo aquel noble, barón o valvasor -vasallo de otro vasallo- que se considerase apto para hacer la guerra, debía acudir a su llamada, tanto para acometer al enemigo como para defenderse de él. La llamada se hacía al grito de "Via fora", o "Viafos", esto es, salir afuera. Con posterioridad comenzó a usarse la voz "So-metent" -somus emissus- o sea, sonido o ruido que se hace para llamar a la gente. Como procedimientos habituales para armar este ruido estaban el volteo de campanas y el "uso del cuerno" desde puntos dominantes. Durante la noche, solían encenderse fogatas en lugares elegidos de antemano. El llamamiento se hacía sólo en último extremo, como última solución ante una agresión del exterior. En suma, cuando el príncipe tenía que ponerse "al frente de su alzamiento".

Ordinariamente la voz Somatén se ha hecho derivar de las catalanas "som-atents", estar atento, prevenido o advertido; también de "al-so-amatent", literalmente, "al sonido atento". Alcover lo deriva del latín -sonum mittendo-, esto es, haciendo ruido, o rumor. José Almirante lo hace proceder de "som-atents" y da citas oriundas de los godos. La Real Academia lo define como "Cuerpo de gente armada que no pertenece al Ejército, que se reúne al toque de campana para perseguir a los criminales", y admite, por extensión, que la alocución "¡Somatén!" fue el grito de guerra de las antiguas milicias catalanas. Oterino Cervelló opina, por su parte, que lo correcto debía ser "sométent", como participio del verbo "sometre", esto es, "que somete". Los hay también que le rebuscan más que le buscan un ancestral emparentamiento con el almuédano árabe, cuando desde su alminar convocaba al pueblo para la oración, mientras otros, con decir que es voz lemosina se dan por satisfechos.

En cuanto a su origen, hay las más variadas opiniones. Desde la de Jaime Callis -Siglo XV- que le atribuye origen divino, hasta la de Almirante, quien afirma que existía entre los godos "dos géneros de llamamiento a las armas: el uno, repentino y al son de cuernos o campanas, a cuyo toque todos, hasta los sacerdotes, debían concurrir" y el otro militar, ya que "la justicia militar era la única existente en la época de los visigodos". De donde procede, sin que sepamos cómo, y Almirante olvidó decírnoslo, la voz Somatén. Pudiera ser que las campanas oídas por Almirante, aludieran a la forma de declaración de guerra, que podía hacerse por acuytament, es decir, a plazo fijo o señalado, o a ipso facto, esto es, repentinamente.

En 1137, Cataluña se unió a Aragón con Ramón Berenguer IV, integrándose el Principado en dicha monarquía, aunque conservando sus peculiaridades. Provenza se unió, a su vez, a Cataluña, y aragoneses y catalanes, más genoveses y castellanos, al mando de Alfonso VII de Castilla, tomaron parte en 1147 en la conquista de Almería. El 15 de enero de 1257, Jaime I el Conquistador dictó su "Carta de comunión y amistad sobre defensa de los hombres del Llobregat", documento que es reputado como el primero que de forma directa alude al Somatén. La carta llamada del "Sacramental", consideraba "que los payeses del Llano del Llobregat se veían a menudo perjudicados por los ladrones que les hurtaban los frutos y otros bienes y deseando poner término a tales daños y peligros ...pudiesen tener armas en sus casas, como ballestas, espadas y lanzas, y que si cualquiera de ellos se veía robado tocase la campana y debiesen los demás prestarle ayuda"...

Prevenía el rey que por el daño que hiciesen los del "Sagramental" -o Sacramental- a los delincuentes "no debiesen sufrir ningún castigo ni pagar enmienda" y mandaba al Veguer de Barcelona que "a todos los payeses les obligase a estar armados y tener en casa una ballesta con cien tiros" o en su defecto, lanza y espada. Esta forma de asociarse ante el peligro común que en Castilla se llamó cofradía, adoptó en Cataluña, como vemos, el nombre de "Sagramental", o "pacto entre vecinos para defenderse de los peligros de los malhechores".

En 1291, Jaime II, en las Cortes de Barcelona, parece insistir en la voz Somatén, como procedimiento para reunir personal para formar el "Sagramental". "Si un delincuente -dice- perseguido por el Somatén se refugia en casa catalana o castillo, los capitanes del Somatén requerirán públicamente al jefe o administrador de la casa la entrega del perseguido, y caso de negarse allí la presencia de éste, puedan los capitanes más antiguos, con hombres del Somatén cuyo número no exceda de diez, registrar la casa mediando entre el requerimiento y el registro doce horas de plazo".

Durante las luchas medievales, el Somatén estuvo presente, pues tenía el compromiso de acudir a la guerra en virtud del Usatge Princeps Namque derecho que, ejercido por los monarcas catalano-aragoneses, fue sumamente útil para sus campañas militares. El Somatén así considerado, fue una fuerza militar más que luchó unida a las tropas realengas, las milicias concejiles -feudales y ciudadanas-, los cuerpos mercenarios y las Órdenes Militares. Así, con la aportación del pueblo en Somatén, Pedro III el Grande venció y expulsó de Cataluña a los franceses en Panissars; Pedro IV se adentró en el Rosellón para hacer frente al destronado rey de Mallorca, más tarde se opuso a Juan el Bueno, y cuando la invasión de Gerona por las "Grandes compañías" de aventureros y mercenarios, reunió el Somatén en Gerona, logrando derrotarlas y ponerlas en fuga.

Barcelona, que ejercía sus actividades comerciales en el Mediterráneo contra sus rivales Pisa, Génova y Venecia, no pudo sustraerse a las influencias económicas de estas repúblicas. Mientras los municipios -cofradía para unos, gremios para los más- fueron desempeñados en Castilla por regidores de designación real, en Aragón (y Cataluña) estaban en poder de una minoría de personas influyentes -probri homines-, artificies de su expansión naval -empresa militar y mercantil-, por lo que el poder radicó con más incidencia, en el patriciado burgués. Recordemos, a este respecto, que desde 1247, la ciudad de Barcelona venía rigiéndose por el Consejo de Ciento, ideado por Jaime I. Su número era precisamente de un ciento de representantes, presididos por el "Consellers en Cap". El Consejo General -"Consell de Cent"- o Consejo de Ciento, aunque teóricamente representaba todos los estamentos sociales, solo tenían poder decisorio en el mismo los "consellers". El apogeo mercantil experimentado fue decisivo, ya que suponía un freno al feudalismo catalán -de hechura carolingia-, muy diferente al castellano, pues el conde de Barcelona era un verdadero rey autónomo dentro de la Corona aragonesa.

Todo ello originó que la nobleza, desde mediados del siglo XIII, hiciera la guerra al propio desarrollo económico de la región. Al ser conquistado Levante por Aragón, se formó prontamente una nobleza con estirpes de los nuevos dueños del territorio valenciano; pero esta nobleza que en Aragón estuvo muy diferenciada por nutrirse preferentemente de infanzonías, con estamento propio en las Cortes, motivó un nuevo enfrentamiento con la Corona, materializado en el Privilegio de la Unión, que sería al fin reducido, el cual no fue un remedo de las Hermandades, constituido por la nobleza -aragonesa y valenciana- en defensa de sus fueros, siendo reconocido por Alfonso III, que se comprometió en materia de justicia a actuar de acuerdo con los fueros aragoneses.

El Privilegio del General o de la Unión tuvo sus milicias propias, organizadas también al toque de Somatén. José Fontán asegura que tomaron como modelo a imitar la Santa Hermandad, aunque hace notar que la semejanza, por su cuantía numérica, partidas de diez hombres -"decenes"-, de cincuenta -"cinquantenes"- y de cien -"centenes"- está más cerca de la organización militar visigoda -del decano (diez), centenario (ciento), quingentenario (quinientos) y tihufado o milenario, jefe de un millar-. La tropa armada de la Unión, en opinión del citado investigador, no fue más que una soldadesca destinada a combatir la nobleza que en aquel tiempo, influida por Francia, perturbaba el orden en Cataluña y se alzaba contra el poder real. La Unión tuvo, en fin, algunos puntos comunes con el Somatén, sobre todo en la manera de alzarse y movilizarse.

En el siglo XVI, cuando ya se había consolidado el autogobierno de Cataluña mediante la Diputación General o Generalidad, organismo que había nacido durante el reinado de Pedro el Ceremonioso con la sola pretensión de recaudar impuestos, de forma semejante a como se hacía en Aragón y Levante, se acusó un grave empeoramiento en el orden público y en la convivencia ciudadana, "las montañas estaban llenas de facinerosos que se dedicaban al robo, al pillaje y al asesinato". Pujadas, en 1610, nos narra como el "Virrey -de Cataluña- no podía más. Los ladrones se burlan de él y los señores le han perdido el respeto". No mucho después, el obispo de Vich opinaba: "los bandoleros son más señores de la tierra que el mismo rey", evidencias que nos inducen a pensar que no fue sólo Andalucía la región española que detenta la exclusiva histérica acerca de tema tan peculiar.

Otra modalidad para allegar gente armada, mediante el toque de campana, para empresas de guerra contra Francia fue, a partir de 1680, la Coronela, durante una época agitada por las continuas pretensiones galas de anexión del Principado y el abandono -todo hay que decirlo- en que se encontraban los catalanes por parte de la Corte, de donde, al parecer, nació la causa principal de su animadversión hacia Felipe de Anjou, luego Felipe V, por ser francés de naturaleza.

El Somatén o Coronela se hacia organizado en Barcelona siguiendo para su levantamiento el tradicional procedimiento del "Usatge Princeps Namque". El nombre de Coronela le vino del título de su jefe -coronel- (de gremios), y cuya dignidad recayó en el "Consellers en Cap" (en jefe). La Coronela dispuso de una plana mayor con teniente coronel y un sargento mayor, y las compañías, en número de diez, tuvieron la misma organización que las del Ejército. Nuevamente encontramos el paralelo con Castilla, gremio, cofradía, coronela, Hermandad.

Con la muerte de Carlos II "el Hechizado", podemos cerrar un primer ciclo en la historia del Somatén, donde aún están confundidos un sistema de reclutamiento -toque de cuerno y campanas- con la organización de una milicia más o menos peculiar -gente armada, Sagramental, Privilegio de la Unión o Coronela- para un determinado fin.

DESAPARICIÓN Y NUEVO RESTABLECIMIENTO DEL SOMATÉN.

Durante la guerra de Sucesión, a la muerte de Carlos II, último rey de la Casa de Austria, el Somatén catalán fue convocada can carácter general y de forma permanente. Los catalanes estimaron en demasía al ingenuo príncipe Darmstadt, que había sido virrey del Principado y luego mudo testigo de la usurpación de Gibraltar. En la contienda sucesoria, el Somatén fue un protagonista de excepción levantado contra el pretendiente borbónico. Su intervención fue tan generalizada que en 1706, se intentó organizarlo en unidades similares al Ejército activo. El triunfo de Felipe V tuvo como replica la disolución de todos las estamentos catalanes. En 1714, desaparecieron el Consejo de Ciento y la Generalidad.

En 1716, se impuso un nuevo esquema de Estado inspirado en el centralismo borbónico. Toda España fue gobernada mediante el Decreto de Nueva Planta. Con él comenzó nuestro triste y largo afrancesamiento, en detrimento de nuestras seculares y auténticas instituciones. Los antiguos reinos perdieron su personalidad, y la unidad nacional forjada por los Reyes Católicos y basada en las libertades de cada uno, desaparecía. Sin embargo, la descatalanización atribuida a Felipe V está muy lejos de la magnitud que historiadores apasionados han querido endosarle.

Inevitablemente el Somatén -término que en lo sucesivo iba a generalizarse-, por su protagonismo en la guerra dinástica, pagó un tributo excesivo. Así consta en el Decreto de Nueva Planta: "Por los inconvenientes que se han experimentado en los Somatenes y Juntas de gente armada, mando que no haya tales Somatenes ni otras Juntas de gente armada, so pena de ser tratados como sediciosos los que concurrieren o intervinieren". Pero acontecimientos históricos trascendentales obligarían a los sucesores de Felipe V a determinaciones de sentido opuesto. Durante el periodo comprendido entre la disolución del Somatén y la guerra contra la Convención, en 1793, hay años ciertamente de gran inseguridad social interna, en los que, con el nombre precisamente de Somatén, aquellos que no aceptaron a Felipe V, se lanzaron al campo para dedicarse al merodeo y a vivir a salto de mata. No es cuestión de pormenorizar la gloriosa campaña del general Ricardos, iniciada el 17 de abril al cruzar la frontera francesa, hecho que despertó el catalanismo, ya que en frase de Marcelo Capdeferro, "si los catalanes no habían de reconocer al Rosellón como suyo, nunca el Gobierno de Madrid, lo tuvo como español".

Antonio Ricardos, capitán general de Cataluña, invadió el país vecino al frente de unidades del Ejército regular, voluntarios catalanes organizados en Somatén y franceses huidos de la furia revolucionaria. Destacado papel correspondió a los Somatenes de Vallespir, cuyo jefe, Antonio Costa, entabló negociaciones con el partido Catalán del Rosellón, que facilitó la toma de San Lorenzo de Cerdans, prueba indiscutible del singular sentido que de la virtud del patriotismo posee el pueblo Catalán. Como la evidencia de los hechos es más elocuente que las determinaciones de los gobernantes, al morir el general Ricardos, su sucesor, el conde de la Unión, sin tener en cuenta que el Somatén aún continuaba prohibido por voluntad real, el 6 de mayo de 1794, lo convocó con carácter general "desde la edad de quince años hasta los cuarenta, que deberán alistarse para los Somatenes todos los individuos de los pueblos del Corregimiento para defenderse de los franceses destructores de nuestra Santa Religión y enemigos de toda la Humanidad".

Se constituyeron juntas locales y una general, "con concurrencia de sus párrocos que deben considerarse como promotores natos de la defensa de la Religión y del Estado". Cada comarca contó con un "Promotor de la Defensa de la Religión y la Patria", encargado del alistamiento y la recaudación de subsidios. El Somatén General auxilió al Ejército y se encargó de la vigilancia de la frontera. La aportación en hombres consistió en dar la mitad de los considerados aptos para el servicio de las armas los pueblos situados a menos de diez leguas de la frontera; entre diez y veinte leguas, la tercera parte, y los ubicados a más de veinte leguas, la cuarta parte. Hubo personas remisas a este cumplimiento librándose mediante dinero "poniendo a otro en su lugar y pagando además los días y turno que tocase a cada uno, a razón de medio duro por jornada, para beneficio del Somatén".

A pesar de sus deficiencias disciplinarias, suplidas con un entusiasmo no exento de cierto descontrol, la gente armada constituida en Somatén ocasionó grandes preocupaciones a los franceses, cuyo alto mando dio una proclama advirtiendo que todo paisano al que se le encontrase un arma, sería ahorcado inmediatamente.

Con el fin de librarlos de tan grave pena, el Somatén fue organizado en milicias, quedando así protegidos por las leyes entonces vigentes sobre los prisioneros de guerra, más lo insólito fue que tan acertada determinación del conde de la Unión no fue acogida con, entusiasmo, ni mucho menos, pues la palabra "milicias" no gustaba, por entenderla como foránea.

La jerarquía en el Somatén tenía como cargo más elevado el de capitán, elegido entre "sujetos de prudencia, valor y una cierta autoridad", por votación entre los componentes de cada compañía. Sistema democrático que originaba altercados, descontentos, retrasos en la salida de las compañías para la frontera y anarquía general, en suma, en todo su funcionamiento, defectos que los colocaba en un plano inferior con respecto a las Hermandades castellanas.

La guerra de la Independencia fue para Cataluña la "época gloriosa del Somatén", tanto por su presencia en los campos de batalla como por el nuevo concepto que se asocia a esta palabra. En tan singular ocasión, el alzamiento espontáneo afecto a la totalidad de la población, con inclusión de mujeres, niños y ancianos, para suplir la evidente falta de tropas regulares.

Las tropas de Napoleón, integradas en el Cuerpo de Observación del Pirineo Oriental, al mando del general Duhesme, cruzaron pacíficamente la frontera y entraron en Cataluña el 9 de febrero de 1808. El día 13 desfilaron en Barcelona, donde fueron recibidas amistosamente por las autoridades. El 29 de febrero -1808 fue bisiesto- los franceses, mediante estratagema, se apoderaron de la Ciudadela y el Fuerte de Montjuich, cuyo comandante era el brigadier Mariano Álvarez de Castro, héroe después del sitio de Gerona.

Días después del 2 de mayo, la enemistad entre las autoridades barcelonesas españolas y el pueblo era patente. Fue entonces cuando, espontáneamente, el Somatén se organizó a los gritos de "¡Viva la Religión, Fernando VII y España!". El 2 de junio, la colocación de un edicto en la fachada del ayuntamiento de Manresa suscrito por Murat en su calidad de lugarteniente general de Napoleón, hizo saltar la chispa para que "Se tocase a Somatén y se expidieran las órdenes a los Somatenes de los pueblos inmediatos pidiendo que saliese toda la gente hábil para las armas en dirección a la Casa Massana, donde hallaran a los manresanos; públicos un bando, ordenando la entrega de plomo y estaño existente en las casas particulares para la fabricación de balas".

El Somatén manresano, encabezado por el coronel Codony, su gobernador militar, fue secundado por el de Igualada y otros pueblos vecinos. Tanto a Manresa como a Igualada les cupo la gloria, con más mito que realidad, de intervenir en las acciones del Bruch, donde los franceses sufrieron su primer descalabro importante, cuando, al partir el general Schwartz, el 4 de junio, desde Barcelona hacia Manresa y Lérida con tres mil ochocientos hombres, para llevar a cabo una operación de castigo, fue atacado, perdiendo toda su tropa. Otra división francesa -Chabran- que había partido para Tarragona con la intención de incorporar el regimiento suizo Wimpffen, al llegar a Vendrell se topó con los Somatenes del Penedés, y en la acción de Arbos, aunque fueron dispersados por los franceses, éstos sufrieron doscientos ochenta muertos por sólo treinta y nueve de los Somatenistas.

Sobre las acciones del Bruch se han urdido una serie de leyendas inspiradas en la naturaleza popular de parte de sus protagonistas. Sin quitar méritos al famoso timbaler de Igualada, la historiografía ha venido a demostrar que el éxito feliz de la batalla se debió más al acertado concurso de tropas regulares del regimiento de guarnición en Tarragona que al entusiasmo de los Somatenes.

En la guerra de la Independencia surgen jefes del Somatén de justa y ganada fama, como fueron Juan Clarés, combatiente en el Bruch, luego coronel del Ejército; José Manso y Sola, molinero en el monasterio de Ripoll, que llegó a capitán general de Cataluña; Francisco Miláns del Bosch, iniciador de una reconocida estirpe de destacados militares que, de Somatenista, alcanzó también el generalato; Joaquín Ibáñez, barón de Eroles, también capitán general de Cataluña, a quien sus compañeros le llamaban, irónicamente, general de Somatenes, etc.

Los Somatenes organizaron -más en consonancia con su idiosincrasia- partidas de guerrilleros muy reacias a someterse a los preceptos de la ordenanza militar, dando así realidad y vida a determinados Cuerpos francos que preferían acudir a batirse mediante el tradicional llamamiento del toque de campana para, una vez concluida la acción, dispersarse y marchar cada cual a su pueblo y masía. No obstante, como la existencia de algún texto disciplinario era necesaria, el 20 de febrero de 1809, vio la luz el primer reglamento de Somatenes que, con otro debido a la Junta Superior de Cataluña alusivo a la formación de cuadrillas y partidas, fueron la base para institucionalizarlos, no sin que por ello continuara la oposición a tales instituciones.

SU PROTAGONISMO POLÍTICO-MILITAR.

Tras la guerra de la Independencia, liberalismo y absolutismo dividieron a los españoles en dos bandos antagónicos. En Cataluña, mientras el sector urbano fue marcadamente liberal, el rural se mostró predominantemente tradicional y absolutista. Como réplica al pronunciamiento de Riego, surgió la regencia de Seo de Urgel, jefes del Ejército que antaño militaron en el Somatén, como Miláns del Bosch y Manso y Sola, pasaron a hacerlo en el campo del liberalismo contra antiguos compañeros, como el barón de Eroles, que lo hicieron en el del absolutismo.

El Somatén tomó, pues, las dos posturas, y se levantó y acudió a las armas tanto en apoyo de un bando como de otro, según la comarca y según quien los convocara. Mayor confusión surgiría aún a partir de 1833, al comenzar la guerra de los siete años o la primera carlista, e igual ocurrió cuando el levantamiento de los "matiners" -madrugadores- o segunda guerra carlista, que se inició en Solsona al grito de "¡Visqui Carlos VI, liberals, us fotarem!", es decir: "¡Viva Carlos VI, liberales, os joderemos!". También por su carácter de contienda civil, ciertos grupos armados sin coordinación ni mando único hicieron la guerra libremente, actuando el Somatén tanto en un bando como en el opuesto.

Para oponerse a los carlistas, el general Diego de los Ríos usó de las normas tradicionales a hizo un llamamiento general al Somatén en la Casa de la Montaña de Pla, entre Berga y Cardona. Dictó unas bases con instrucciones para el uso de las armas, registros domiciliarios, municionamiento, detención de sospechosos, etc. El llamamiento "para acabar con el cabecilla Tristany" concluía con el lema: "Paz, paz y siempre paz", que pasó a ser la nueva divisa del Somatén. Su éxito fue digno de considerarse, hasta el punto de que, concluida la guerra civil, se organizaron los Somatenes Armados de la Montaña Central de Cataluña, en 1858, quedando sus miembros autorizados para usar armas. Este nuevo Somatén estaba controlado por una junta presidida por el gobernador militar de Cardona, y en la licencia que se expedía a cada uno llevaba consignadas al dorso sus obligaciones. Fue entonces cuando aparecieron por primera vez los cargos de cabos y subcabos. En 1864, el brigadier Joaquín Mola, comandante militar de Manresa, dio un gran impulso a los Somatenes. En reconocimiento a sus sabias previsiones se le considera como el creador del Somatén moderno.

La I República decretó la disolución de los Somatenes, y cabos y subcabos tuvieron que entregar armas y credenciales en los puestos de la Guardia Civil. El 15 de marzo de 1873, fueron disueltas las Juntas. Sin embargo, la historia se repetiría, lo mismo que pasó cuando la guerra del Rosellón, y al iniciarse la tercera guerra carlista, fue el propio Gobierno de la I República, ante las exigencias populares, el que tuvo que autorizarlo de nuevo. Su resultado fue muy escaso; los lazos familiares y las experiencias pasadas fueron un motivo de considerable peso especifico. Por otra parte, desde hacía muchos años, el Somatén, dedicado a auxiliar a la Guardia Civil, se había automarginado de cuestiones con personalismo político.

Proclamado en Sagunto rey Alfonso XII por Martínez Campos, el 29 de diciembre de 1874, y nombrado éste posteriormente capitán general de Cataluña, autorizó la formación de un sólido Somatén general para contribuir a la lucha civil. Pero ciertamente, estas determinaciones carecían del entusiasmo esperado, ya que en la población rural, de donde se nutría el Somatén, había mayoría de ideario carlista o tradicionalista. No obstante, Martínez Campos fue determinante, como se desprende del Bando dictado al efecto:
"A fin de dar vigor y regularidad al Somatén General que por mi Bando de hoy mando se levante el día 18 del actual, en todo el Principado de Cataluña: 1.° Queda restablecido el antiguo Somatén Armado de Cataluña, tal como existía en 1.° de marzo de 1873. 2.° El Excmo. Señor Comandante General de los Somatenes me presentara un proyecto de reorganización del Somatén que comprenda todo el Principado por provincias, distritos judiciales y pueblos. 3° Igualmente propondrá las medidas que crea convenientes contra aquellas personas que en cualquier forma que sea contraríen pública o reservadamente la reorganización de la institución referida y contra los pueblos que dejando de formar parte del Somatén, por egoísmo o indiferencia, se utiliza sin embargo en sus beneficios."

Otro bando conciliador a los carlistas ofrecía el indulto general si se presentaban a las autoridades antes de comenzar el levantamiento general del Somatén, que había de durar tres días. Fue nombrado comandante general del Somatén el brigadier Mola, que acometió a fondo su reorganización con la intención de considerarlo como reserva general del Ejército. El 19 de septiembre de 1875, se publicó su reglamento, por el que de hecho y de derecho, el Somatén o sistema de convocatoria de hombres útiles para el servicio de ]as armas, se convertía en institución paramilitar, con el capitán general de la región como jefe supremo.

Surgía así una comisión organizadora y un cuerpo activo y jerarquizado militarmente, con lo cual su paralelismo con las Milicias Provinciales de Castilla era evidente, aunque con cierto desfase, puesto que, para aquellas fechas, tanto la Hermandad como las Milicias Provinciales habían pasado ya a la historia.

El Somatén quedaba sujeto, en cierto modo, a los alcaldes "que pueden mandarlo levantar como consecuencia de una orden superior o aviso particular para la persecución de malhechores, gente armada, sospechosa, incendio, etc."; orden y requerimiento que, en la practica, dimanaba de los capitanes y oficiales de la Guardia Civil.

El nuevo reglamento establecía dos clases de Somatenes: el Armado, compuesto por propietarios y colonos aceptados por la Comisión, y el General, al que tenían obligación de concurrir todos los vecinos -armados o no- al toque de campana o requerimiento de las autoridades.

Otro gran impulsor del Somatén, continuador de la obra del brigadier Mola, a partir del 9 de enero de 1889, fue el oficial de igual empleo Félix Camprubí y Escudero, que logró tener instruidos unos cuarenta mil hombres, enorme contingente en reserva capaz de suscitar recelos y prevenciones en los medios políticos. Modificó el reglamento consignando que "el Somatén no puede hacer uso de las armas sino en caso de agresión formal contra el mismo o resistencia armada. Cuando se presuman probabilidades de lucha procurará prestar su servicio en concurrencia con la Guardia Civil o cualquier otro Cuerpo, legalmente organizado".

Muy importante para el Somatén fue disponer de su propio órgano de difusión titulado Paz y Tregua, boletín oficial que comenzó a publicarse en 1877, con una tirada máxima de treinta mil ejemplares. Otros logros dentro del simbolismo fueron: el nombramiento el 15 de noviembre de 1897, de la Virgen de Monserrat como Patrona, y la concesión del uso de la enseña nacional -abril de 1899- "para cubrir el féretro de los individuos del Somatén durante su sepelio".

EL SOMATÉN COMO INSTITUCIÓN NACIONAL.

El 10 de abril de 1904, en el monasterio de Monserrat y bajo la presidencia de Alfonso XIII, tuvo lugar una magna concentración de Somatenes. Los actos tuvieron variado significado, como fueron la colocación de la primera piedra para un monumento conmemorativo a "los héroes del Bruch" y la creación de la medalla del Somatén, condecoración que podía lucirse sobre el uniforme militar, con la esfinge del rey y la leyenda: "Alfonso XIII, 10 de abril de 1904", con pasador dorado y cinta con la enseña nacional.

La medalla fue concedida a todos los Somatenistas presentes en los actos. Una real orden de 1905 les daba el rango de agentes de la autoridad mientras estaban de servicio, y otra de 1909, aprobaba los distintivos que tenían como base el escudo del Somatén con las cuatro barras, con un cuadro central apoyado sobre un vértice con las montañas de Monserrat, timbrado con corona de príncipe, orlado con las ramas de olivo y el lema: "Pau, pau i sempre pau". El emblema según la categoría del usuario era de oro, plata o bronce.

El Somatén de Barcelona ostentaba igual distintivo pero con un círculo esmaltado blanco. Otros atributos creados en la misma fecha fueron el bastón de mando, con empuñadura y borlas de oro, para los vocales de la Comisión directora, de plata, para los cabos y de color avellana, para los subcabos, respetados por el nuevo reglamento de 1929, que estableció, además, el cordón para pistola, con pasadores de oro, plata o negro, según las categorías. El comandante general usaba banderín en su vehículo con el escudo de Cataluña sobre fondo blanco. Para entonces (17-IX-1923), el Somatén se había hecho extensivo a todo el territorio nacional y el Protectorado de Marruecos.

Desde 1890, y para su correspondencia oficial, el Somatén gozaba de franquicia postal, disponiendo de la telegráfica desde 1871 y de la telefónica a partir de 1921. Un distintivo que perduró hasta su extinción, el 25 de agosto de 1978, fue el tradicional portafusil y la escarapela con los colores nacionales y la leyenda de: "Somatenes Armados de Cataluña", que desapareció durante la Dictadura del general Primo de Rivera, ya que, al convertirse en institución nacional, se consignaba la región correspondiente. El restablecimiento llevado a cabo el 9 de octubre de 1945, en todo el territorio nacional, suprimió del todo la leyenda.

El reinado de Alfonso XIII, fecundo en acontecimientos desgraciados, de difícil convivencia ciudadana, fácil a las revueltas, huelgas, atentados y otras emergencias, dio ocasión a no pocas actuaciones del Somatén. Como punto de partida pudríamos citar la Semana Trágica de 1909, al ordenar el Gobierno el embarque de tropas de la guarnición de Barcelona, incluidos los reservistas, para hacer frente a la agresión de los rifeños de Melilla. El balance de aquella revuelta, que afectó a toda la región, fue de cien muertos y trescientos heridos entre los promotores, por cinco muertos y ciento sesenta heridos entre las fuerzas del orden, encontrándose varios somatenistas entre los que perdieron la vida. Otro servicio importantísimo fue el realizado por el Somatén de Alella al lograr la detención de Francisco Ferrer Guardia, considerado como el cerebro organizador de la revuelta.

Debido a que la paz social en Barcelona era muy problemática y las instituciones del Estado estaban desbordadas, se organizó el Somatén Cívico que encontró entusiasta acogida entre el vecindario. Años más tarde, el 22 de enero de 1919, fueron publicadas las "Instrucciones y reglamentación para el Somatén de la Ciudad de Barcelona", con ocasión de ser nombrado el general Cavanna comandante general. Se constituyeron distritos mandados por cabos -denominados de Partido-, con el asesoramiento de jefes del Ejército, y auxiliados por un subcabo. Los distritos se subdividieron en zonas -demarcaciones- a cuyo frente estaban los cabos de barrio y en cada calle o trozo de la misma, si era muy larga, había un jefe de grupo. Se les dotó de armas de fuego, pero no de las reglamentarias en el Ejército y Guardia Civil. Los servicios fueron de tres clases: Somatenes para defender la calle "desde su casa"; encargados de los puntos mas críticos del barrio y los dedicados a la ronda. Como distintivo lucieron un brazalete con la leyenda: "Somatén de Barcelona". Al entrar en Somatén, cada vecino debía declarar el servicio que pensaba desempeñar, o si quería pertenecer a la Ronda Volante del Distrito. El Somatén Armado -nunca general- só1o podía convocarse por el capitán general, al declararse el estado de guerra y al producirse en cualquier punto de Barcelona un acto revolucionario. El Somatén barcelonés contó con diez mil hombres, y una de sus intervenciones destacadas fue la motivada por la huelga de la "Canadiense", el 22 de febrero de 1919, con la paralización de tranvías y cortes de luz.

Reseña aparte merece -más bien como anécdota- la formación (R. O. 23-VI-1926) del Somatén del Puerto de Barcelona, con la aprobación del capitán general de Cartagena, en el que ingresaron aquellas personas con intereses de cualquier tipo en el puerto. Su finalidad fue la de defender y proteger sus propias instalaciones y mercancías en régimen de tránsito, y actuaron tanto en tierra como a bordo, incluso se proyectaba hacerlo extensivo a todos los puertos marítimos.

Al hacerse con el poder el general Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, en septiembre de 1923, en el manifiesto lanzado para explicar los motivos, se dice en uno de sus párrafos: "Somos el Somatén de la legendaria y honrosa tradición española, y como él, traemos por lema: "paz, paz y paz", pero paz digna fuera y paz fundada en el saludable vigor y en el justo castigo dentro. Ni claudicaciones ni impunidades. Queremos un Somatén reserva del Ejército para todos, incluso para la defensa de la independencia patria si corriera peligro; pero lo queremos más para organizar y encuadrar a los hombres de bien y que su adhesión nos fortalezca".

Así nació el Somatén Armado nacional, al que podían alistarse todos los hombres útiles mayores de veintitrés años de edad de "reconocida moralidad con profesión u oficio en las localidades donde residieran". Se organizó por Capitanías Generales, siendo sus titulares los jefes máximos y, los efectivos, generales de brigada. Se adoptó el modelo catalán, con jefes y oficiales del Ejército en los mandos intermedios. Los somatenistas usaron armas largas, sin precisar tipo ni modelo, de su propiedad, y los cabos y subcabos armas cortas. Fueron considerados agentes de la autoridad cuando estaban de servicio y fuerza armada en caso de declararse el estado de guerra.

Toda España, en el breve plazo de un mes, que fue el periodo concedido para su organización, se sintió afectada por la llamada del Somatén. Abundaron las donaciones de banderas a los Somatenes locales y se respiró un denso ambiente patriótico y esperanzador.

Resulta imposible dar cifra exacta del continentes integrado en el Somatén, aunque la más aproximada fue la de unos doscientos cincuenta mil. El entusiasmo general de sentirse militares despertado en un gran sector de la población, precisamente en un país tan proclive a la anarquía, se vio coronado con la concesión a Alfonso XIII de la medalla de la constancia en el Somatén, creada el 8 de febrero de 1918, e impuesta al rey en Barcelona (2-XII-1923) con motivo de su vigésimo año de reinado, ante unos cuarenta mil somatenistas, los cuales portaban ciento treinta y tres banderas de otros tantos Somatenes locales. Igualmente fue concedida la medalla de la constancia a los que hubieran cumplido los veinte años de pertenencia a la institución, otorgándose pasadores a los treinta y cuarenta años. La medalla era una cruz de brazos iguales ensanchados y rematados en tres puntos, con los espacios rellenados con un calado de ramas de olivo. En el centro la Virgen de Monserrat y la leyenda "Somatenes Armados de España". También se creó la corbata para banderas.

Sin embargo, el gran error del general Primo de Rivera fue el de vincular el Somatén a la Unión Patriótica, su propio partido político, haciendo coincidir en los pueblos los cargos directivos de ambos colectivos en la misma persona. Pronto se produjeron los abusos, los medros personales y las tentaciones de un vehemente talante redentorista.

Aunque hubo un acusado deseo por la pronta publicación de un nuevo reglamento, éste no vio la luz hasta 1930, tres días antes de la dimisión del dictador. Como consecuencia, no llegó a aplicarse, y proclamada la República, el Somatén fue disuelto por orden del Gobierno, fechada el 15 de abril.

La caída de la Dictadura propició la desaparición del Somatén, pues a la II República, lo mismo que a la primera, no le fue nada afecta tan antigua y enraizada institución defensora del orden, y mucho menos su establecimiento en todo el territorio nacional. Por ello, y debido a la condición social -mayoría conservadora- de sus miembros, fue considerado como un grave peligro para la nueva democracia que acababa de comenzar, fenómeno que veremos repetido más recientemente.

ÚLTIMA ÉPOCA Y EXTINCIÓN.

Proclamada la II República, Francisco Maciá, coronel de Ingenieros, proclamó el "Estat Català" o República catalana, dentro del Estado español. El Gobierno central se vio sorprendido, y de buscar una fórmula de concordia, cerrada en falso, acudió a la reinstauración de la tradicional y derogada hacía ya siglos Diputación General o Generalidad, de la que Maciá fue presidente hasta su fallecimiento.

Si el Somatén catalán fue tolerado por el nuevo régimen político, no escapó a los insistentes ataques de una prensa comprometida hasta llegar a la histeria. Se llegó a hilar demasiado fino. Los sectarismos derivados del cambio político intoxicaron los apasionamientos tan aldeanos como desmedidos. Los partidos políticos triunfantes en los comicios constituyentes, hicieron sentir sus presiones sobre el Somatén -ciertamente muy politizado por la época dictatorial- produciendo la baja fulminante de todos los ingresados en dicho periodo. Las nuevas autoridades encontraron en el ruralismo un motivo para hacerse notar. Se habló, se discutió y se porfió acerca de la necesidad de depurar el Somatén para democratizarlo y ponerlo al servicio exclusivo de la República y de la Constitución. Los apasionamientos llegaron a extremos de exageración tales como el protagonizado por el Ayuntamiento socialista de Gandesa, que "propuso la disolución del Somatén por carecer de arraigo en el pueblo y ser creación de la Dictadura".

Constituida Cataluña en región autónoma y realizados los traspasos de poder del Gobierno central al regional, el Somatén fue marginado. Hecho repetido lamentablemente en nuestra historia, puesto que el fenómeno de atacar, disolver, combatir y reformar apresuradamente instituciones reconocidas y probadas a lo largo de siglos, es la prueba más convincente y demostrativa de la incompetencia de nuestras clases políticas cuando só1o las impulsa un desconsiderado prurito de revanchismo.

Sin embargo, a las censuras y críticas, el Somatén respondió con hechos elocuentes. El primero de abril de 1933, unos atracadores dieron un golpe en un establecimiento bancario. El botín de catorce mil pesetas nos resulta hoy ridículo, pero los forajidos asesinaron a un guardia de Seguridad e hirieron gravemente a un sereno. A la vieja usanza, y para colaborar con la Guardia Civil, se movilizó el Somatén para establecer un cerco en la zona Calafell-Vilaseca. En Riera de Cayá, dos somatenistas capturaron a uno de los atracadores, y en el curso de una refriega fueron muertos los demás forajidos. La tranquilidad se había restablecido.

Debido a que el Somatén, como institución popular al servicio del orden y auxilio a otros cuerpos estatales -normalmente la Guardia Civil-, estaba sujeto a la autoridad militar del Principado, para su organización, armamento y disciplina, el traspaso de sus atribuciones a la Generalidad se hizo complicado, ya que este organismo carecía de competencia en el Ejército. Las discusiones se prolongaron hasta el 19 de enero de 1934, fecha en que fue firmado el decreto, creemos que irreflexivamente, como lo demostró Cambó, ya que "republicanizar" la más antigua institución catalana era, además de absurdo, una insensatez.

Transferido el Somatén a la Generalidad, perdió toda vinculación con el estamento militar, ya que el ente autonómico organizaría sus servicios libremente. Hubo bastante prisa (13-II-1934) para nombrar una Comisión Organizadora de los Somatenes Armados de Cataluña, aunque su forma de actuación -digamos que como contrapartida- fue lo más opuesto a lo que se proponían con su pretendida "democratización". La comisión, presidida por el consejero de Gobernación, con los comisarios delegados de orden público como vocales, integraba al comisario jefe de los servicios de Somatenes y alcaldes de localidades mayores de veinte mil almas. En cuanto a su plantilla militar, quedó reducida a un comandante de Infantería como jefe militar a inspector de servicios a las órdenes del comisario jefe, y cuatro capitanes de zona. El 19 de abril tomaba el mando del Somatén catalán el comandante Jesús Pérez Salas. Entre las nuevas condiciones para su ingreso figuraban las de ser catalán de naturaleza y hablar la lengua vernácula.

Si hubo rapidez en darle nueva organización, no había menos en concederle nuevo reglamento. Su artículo 1.° exponía concisamente que el nuevo Somatén "es una organización cívica de aquellos ciudadanos defensores de la República y de Cataluña que deseen cooperar con su esfuerzo al imperio de la ley". Había, pues, que ser "afectos a las instituciones republicanas y autonómicas y comportarse de acuerdo con esta condición", lo que resultaba incomprensible en un régimen político defensor de las libertades humanas, según decían. Los artículos 5° y 6° designaban jefe absoluto al consejero de Gobernación, a quien quedaban sujetos todos los asuntos de organización, disciplina, administración y concesión a los somatenistas de guías y licencias de armas.

Los Somatenes locales se organizaron a base de un mínimo de veinte somatenistas; los municipales integraban los locales de cada término, y los de partido los municipales correspondientes. Para los de municipio y localidad se nombraron cabos y subcabos como jefes de los mismos.

Problemas surgidos por cuestiones de inconstitucionalidad por la ley de contratos de cultivo, dieron motivo a Luis Companys, sucesor de Maciá, para echar las campanas al vuelo, no precisamente para levantar el Somatén sino para proclamar en Vendrell (Tarragona) que la determinación del Gobierno central representaba "un ataque al Estatuto de Cataluña y un acto de agresión política... y toda Cataluña se pondría en pie".

José Dencás, consejero de Gobernación en funciones, llevado del radicalismo separatista o a la guerra contra España, desarmó el Somatén y repartió sus armas a las Juventudes Catalanas. Una vez más, quedó comprobado que el Somatén, intoxicado de politicismo, no respondía en absoluto a los fines para los que hacia siglos había sido creado.

Dencás había organizado unos pelotones -"escamots"- de exaltados, confundidos erróneamente por comentaristas con el Somatén. A1 suprimirse el "Estat Català" después del intento separatista de octubre de 1934, el Somatén "destinado a defender la República" fue disuelto en el breve plazo de cinco horas, tiempo concedido por el general Batet, autoridad militar de la región, para entregar armas y credenciales.

No obstante, el vacío dejado hubo que suplirlo con los Grupos de Acción Ciudadana, formados por vecinos ocupados en la custodia y protección de edificios y vías de comunicación. Se les dio carácter de fuerza armada mientras el orden quedaba restablecido. Como distintivo usaron un brazalete blanco con la sigla "A-C", sellado por la autoridad militar. El 16 de febrero de 1936, el Gobierno del Frente Popular repuso la Junta de Seguridad y, al ser también restablecida la Generalidad, el Consejero de Gobernación decretó la disolución de los Grupos de Acción Ciudadana, depositándose sus armas en los cuarteles de la Guardia Civil.

Por decreto de 16 de septiembre de 1935, se autorizó nuevamente la organización de Somatenes en localidades inferiores a los diez mil habitantes, pero desligados de toda intencionalidad política, esto es, con la sola finalidad de "asegurar y conservar la paz". En cada partido judicial habría un cabo como jefe y un subcabo en las demás localidades. Para ser somatenista -primera vez que así se ordenaba- era preceptivo el informe de buena conducta expedido por la Guardia Civil de la demacración. Esta nueva planta de Somatén apenas llegó a tener vigencia, ya que fue derogada por el Gobierno del Frente Popular.

Años más tarde, y tomando como base este decreto, el Ministerio de la Gobernación, por disposición de 9 de octubre de 1945, ordenaba el restablecimiento del Somatén en todo el territorio nacional, bajo la dependencia de los gobernadores civiles y la inspección de los capitanes de la Guardia Civil de su respectiva zona. El 23 del mismo mes y año, se publicó el reglamento, que sin modificaciones sustanciales, estuvo vigente hasta su extinción. Como ampliación a lo dicho, con fecha 9 de noviembre, la Dirección General de la Guardia Civil cursaba ]as instrucciones pertinentes para la puesta en marcha del nuevo Somatén Armado de España.

Las condiciones requeridas para la admisión de sus miembros -artículo 3°- eran las de lealtad probada, honradez sin tacha, plenitud de salud y vigor, valor cívico y firme decisión de afrontar el riesgo impuesto por el servicio, condiciones en las que para nada aparecen vinculaciones políticas. Los Somatenes locales se organizarían en los pueblos inferiores a diez mil habitantes, con lo cual se ponía especial empeño en su estructura esencialmente rural. Cuando prestaban servicio usaban como distintivo una escarapela con los colores de la enseña nacional que debían lucir en lugar visible. El armamento -fusil Parravicino y munición- les fue facilitado por la Dirección General de la Guardia Civil; las credenciales las expedían los gobernadores civiles y la licencia de armas, que era gratuita, los capitanes de la Guardia Civil. Los somatenistas quedaban obligados a realizar un ejercicio de tiro y una revista de armamento al año, ante los capitanes de la Guardia Civil de su zona respectiva.

El moderno Somatén, como sus antecesores, prestó destacados servicios, especialmente durante los años 1943?1952, en la lucha contra el "maquis". Guiados desinteresadamente por su lema "Paz, paz y siempre paz", en numerosas ocasiones en íntima y fraternal ayuda a la Guardia Civil, no só1o en Cataluña sino en el resto de España, supieron quedar a la altura de su importantísima misión, lo mismo que lo habían hecho otros somatenistas de épocas precedentes. Como broche de oro, recordaremos por su heroicidad la hazaña del subcabo de San Celoni, que en los primeros días de enero de 1960, a pesar de haber sido herido por arma de fuego en duelo a muerte por el tristemente famoso anarquista Francisco Sabater, alias "Quico", consiguió darle muerte frente a frente.

Al ser disuelto el Somatén (1978) los veintinueve mil cuatrocientos treinta y ocho somatenistas existentes al ser decretada la extinción de institución de tan hondas raíces en nuestra historia, la sociedad, preferentemente rural, ha perdido un estamento de autodefensa, de auxilio de personas, además de un colaborador de los cuerpos de orden público, con la casi exclusividad del de la Guardia Civil, con el que en muchas ocasiones estuvo unido en fraternal simbiosis.

Aguado.

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