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TENIENTE GENERAL D. JUAN ZUBÍA Y BASSECOURT, DIRECTOR GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL (06-12-1918 a 26-03-1925)

  • Escrito por Redacción

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TENIENTE GENERAL D. JUAN ZUBÍA Y BASSECOURT, DIRECTOR GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL (06-12-1918 a 26-03-1925)

El 6 de diciembre de 1918, es sustituido el Teniente General Arizón por el General Juan Zubía Bassecourt. Su largo mandato (setenta y seis meses, coexistiendo nada menos que con 11 gobiernos diferentes) atravesará años difíciles, en los que sin dejar de enfrentarse a los múltiples problemas de gestión diarios, acometerá reformas que serán determinantes para actualizar el Cuerpo y reparar la erosión sufrida bajo el ocaso del régimen político nacido de la Restauración. Se dice que si Ahumada fue el fundador, Zubía sería el refundador de la Guardia Civil.

Nacido en Sevilla en 1855, hijo de un comisario de policía judicial, desarrolló su carrera militar en la tercera guerra carlista, en Cuba (donde mandó columnas mixtas con guardias civiles, familiarizándose con su forma de ser y actuar) y en Marruecos, donde participó en la campaña de 1911. Nada más asumir el mando de la Guardia Civil, tomó consciencia de que el principal frente lo tenía en Cataluña, y en especial en Barcelona, donde sus hombres, considerados como fuerzas de ocupación, eran abiertamente increpados, y donde los anarquistas, nada disuadidos por anteriores reveses, y cada vez más conscientes de su apoyo en las masas obreras, porfiaban en proseguir la revolución.

La gran aportación de Zubía, fue la profunda reorganización interna de la institución, aunque al llegar al cargo y entrevistado por la Revista Técnica de la Guardia Civil, declaraba: “¿Reformas? ¿Quién piensa en eso ahora? Mire usted, desde que estoy sentado frente al insigne fundador del Cuerpo y voy hojeando las sabias disposiciones que dictó, cada vez me convenzo mas de que debe uno mirarse mucho antes de querer reformar nada de lo que hizo aquel señor [...]. Reformar, desde luego, no. Adaptarse al medio actual, marchar al compás del tiempo, si. Pero muy despacio, meditándolo y pensándolo mucho, oyendo opiniones, informándose bien...”

Bajo su mandato, quizás lo más destacable fue el aumento espectacular de la plantilla, debido a la constante conflictividad social en las ciudades y a la demanda por parte de numerosas poblaciones para que se ampliara la red de puestos repartidos por todo el territorio nacional, este aumento se tradujo en más de 6.000 plazas, situando la plantilla total del Cuerpo en 26.000 hombres. Buena parte de estos refuerzos, vista su eficacia en el control de motines y levantamientos, se destinó a la creación de comandancias de caballería, que en Madrid llegaron a crear un tercio propio, el primero enteramente montado.

Se aumentó el número de tercios y comandancias, que llegan en 1922 a 27 y 65 respectivamente, y se aumentó igualmente el número de puestos que alcanzó la cifra de 2.782. Por último se crea el llamado Tercio Móvil con sede en Madrid.

Otra gran innovación fue la introducción del generalato propio de la Guardia Civil, cuestión muy discutida y a la que se oponían desde otras armas y cuerpos del ejército. Alegando que la finalidad de la Guardia Civil no era la guerra, creándose cuatro plazas de general de brigada y una de general de división. En escalafones inferiores, y por encima del grado de sargento, se introdujo la figura del suboficial, que posteriormente recibiría la actual denominación de brigada.

También se cambió la uniformidad y armamento, se redujo el uso de la guerrera gris-verde, introducida en la reforma de 1911 y se volvió al azul tradicional del cuerpo para la mayoría de los servicios. En cuanto a armamento se dotó en 1921 a los guardias civiles de pistola Star de 9 mm., en sustitución del revólver y, a partir de 1922 del mosquetón Máuser modelo 1916 en lugar del viejo fusil de la misma marca.

Se creó el fondo de vestuario por Real Orden de 16 de abril de 1920, que suponía 7 pesetas mensuales para la ropa de infantería y 7,50 para caballería.

Bajo la dirección de Zubía el cuerpo tuvo dos aumentos consecutivos de retribuciones, que situaron los salarios de nuestros guardias en términos razonables, sin dejar de ser modestos, a titulo demostrativo quedaron los sueldos en 1920 fijados para guardias en 171,97 pesetas mensuales, los de sargento en 200 mensuales, los de teniente en 333,33 pesetas mensuales y los capitanes cobraban 500 pesetas mensuales. Contaban además guardias, cabos y sargentos con premios por constancia, que dependiendo de los años de servicio aumentaban sus haberes entre 20 y 60 pesetas mensuales. Esta mejora salarial no iba a hacer que nadie se apuntara a la Guardia Civil por el afán de enriquecerse, pero permitiría que los guardias dejaran de ser unos pobres de solemnidad.

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