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HACIA LA CREACION DE LA GUARDIA CIVIL VETERANA

  • Escrito por Redacción

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EL TERCIO DE VETERANOS

Una muestra del paternalismo en la Guardia Civil la tenemos en la organización del Tercio Veterano. Los miembros mayores de la "gran familia" de la Guardia Civil cuentan con un Tercio cuyo servicio es más descansado que el de los demás. Su acción se reduce a una labor policial en la capital de España para mantener el orden y la seguridad en la calle. Al Veterano podían ser destinados, si lo solicitaban, los Guardias más viejos del Cuerpo y, por tanto, los que más experiencia tenían.

La creación del Tercio Veterano supone el reconocimiento de la efectividad del Cuerpo y el intento de que esa efectividad no se traduzca solamente en los éxitos conseguidos en descampado, sino que también repercuta en los cascos urbanos. Las algaradas de 1854 y 1856 habían puesto de relieve la total inoperancia de las fuerzas que tenían por misión conservar la calma en la corte y los Gabinetes siguientes se esfuerzan en evitar que esos sucesos vuelvan a repetirse. En dos años escasos, el peso de tal responsabilidad irá a caer plenamente en la Guardia Civil, pero como la nueva misión distaba de ser la habitual de la Institución, era necesario montar una unidad especial con una finalidad también especial y un personal igualmente especial dentro del Cuerpo.

El Tercio de Madrid o Veterano supone, un tanto, la ruptura con una idea de Ahumada: no mezclarse en los conflictos ciudadanos; para la Guardia Civil solo es interesante el medio rural a fin de mantener en el la seguridad de vidas y haciendas. A partir de ahora, la parte de la Benemérita ubicada en Madrid se vería mezclada ineludiblemente en todas las alteraciones políticas que hubiesen en Madrid mucho antes de que éstas repercutiesen en el resto del ámbito nacional a involucraran a toda la Guardia Civil. Los sucesos de la "Noche de San Daniel" son la prueba más elocuente de cuanto afirmamos, pues fueron precisamente los veteranos del Tercio de Madrid los que soportaron más directamente el peso de los acontecimientos.

Hacia la organización de la Guardia Civil Veterana.

Después de las "tormentas del 48" y por R. O. de 1 de octubre de 1849, la fuerza armada que como auxiliar de los Inspectores, Comisarías y Celadores de Policía funcionaba en Madrid se redujo a un Jefe, veinte Cabos y doscientos salvaguardias; asimismo, dicha orden redujo la "ronda de vigilancia" a un Jefe, cuatro Cabos y dieciséis individuos. Esta redacción se mantuvo hasta 1854, en cuyo mes de abril se produjo una reorganización en la policía de la corte y el decreto del día 4 de este mes ponía en marcha los Salvaguardias de Madrid, cuerpo de nueva creación compuesto por trescientos ochenta y cuatro plazas de infantería y cuarenta de caballería; su Plana mayor constaba de un Teniente Coronel con diecinueve mil cuatrocientos cuarenta reales al año como sueldo; un segundo Jefe, 2.° Comandante, encargado del detall y con un haber de quince mil ciento veinte reales y un Ayudante de la clase de Teniente con seis mil doscientos cuatro reales como remuneración anual. Cuatro Compañías componían el arma de Infantería; cada una de ellas constaba de un Capitán, dos Tenientes, un Sargento 1 °, dos Sargentos 2 °, tres Cabos 1 °, igual número de Cabos 2.º y noventa y seis salvaguardias. Los sueldos anuales para cada una de estas clases eran de nueve mil setecientos veinte, seis mil ochocientos cuatro, tres mil seiscientos cincuenta, tres mil doscientos ochenta y cinco, tres mil ciento dos y dos mil novecientos veinte, respectivamente; el de salvaguardias era de ocho reales diarios. La Caballería se componía de un Teniente, un Sargento 1.°, dos Cabos 1.º, otros tantos Cabos 2.°, un Mariscal y cuarenta Salvaguardias; sus sueldos respectivos anuales, a excepción de los Salvaguardias, que gozaban de nueve reales diarios, son los siguientes: siete mil quinientos veinte reales, cuatro mil cuatrocientos ochenta y dos, tres mil novecientos sesenta y siete, tres mil setecientos noventa y cinco y cinco mil respectivamente.

Este cuerpo estaba organizado militarmente y sus Jefes y Oficiales seguían dentro de los escalafones de sus armas respectivas con dependencia exclusiva del Ministerio de la Gobernación y del Gobernador Civil de la provincia de Madrid; tenían, por tanto, un funcionamiento autónomo respecto a sus Cuerpos y armas de origen. La existencia de los Salvaguardias fue efímera, ya que se le disolvió tras los acontecimientos de 1854, en cuyas revueltas muchos de sus miembros se comportaron debidamente, pero otros, entre ellos el Sargento Arias, olvidando sus deberes, su conducta fue lamentable para una institución de este tipo.

Nosotros nos inclinamos a creer que la conducta de los individuos como Arias en tan difíciles circunstancias sólo fue el pretexto para disolver el Cuerpo; la raíz más honda de la disolución radica en el antagonismo de progresistas y moderados; aquellos se encontraron al iniciar sus dos años de gobierno con dos instituciones de clara filiación moderada, los Salvaguardias y la Guardia Civil, y como los ataques a ésta resultaron infructuosos, prácticamente, por ser don Facundo Infante su Inspector General y Presidente de las Cortes, todas las miras se centraban sobre aquella institución a la que consiguieron disolver.

Nos ratifica en esta idea de que los Salvaguardias de Madrid desaparecieron más por ser obra moderada de reciente creación que por ser inefectivos, el hecho de que poco después apareciera otra organización semejante con uniforme diferente y en un primer momento sin armas: son los Vigilantes Municipales y venían a desequilibrar la situación inclinándola leve y teóricamente hacia el progresismo, pues caso de surgir una nueva revuelta callejera las fuerzas progresistas y la Milicia Nacional podían contrarrestar los esfuerzos de la oposición y de la Guardia Civil; los Vigilantes, si eran debidamente dirigidos y empleados, tenían la posibilidad de mantenerse dueños de la calle, posibilidad remota y muy aleatoria, pero no imposible. Sobre el papel, los progresistas estaban en ventaja, no obstante esta ventaja era muy difícil que se tradujera en realidad, ya que las algaradas callejeras y motines populares toman sesgos imprevisibles. De ello eran conscientes los mismos progresistas, lo habían comprobado por sí mismos; aún así, se deciden a la creación de los Vigilantes, quizá conscientes de su incierto futuro pero como medida que constituían un claro golpe de efecto: el pueblo se nombraba “vigilante” de su seguridad, las demás organizaciones semejantes estaban de más. La idea de que el dominio de las calles madrileñas significaba la permanencia del Gobierno y la estabilidad del partido seguía dominando las mentes y a ella responden los ensayos de instituciones para mantener la tranquilidad en el casco urbano, instituciones que por su carácter de prueba, de novedad inmadura, no cubrieron la finalidad para que fueron creadas; los resultados no llegaron hasta la creación del Tercio Veterano.

Vuelta la calma tras el agitado julio de 1856 y Narváez de nuevo al frente del Gobierno, se va a proyectar una reforma en los Vigilantes Municipales que les cambiara el nombre por el de Guardia Urbana y se acabará, prácticamente, con ellos mediante este cambio de titulatura. Pero para corregir los graves defectos que este Cuerpo tenía en su organización y funcionamiento, con una falta total de disciplina y personal poco apropiado para cubrir el objeto señalado, fue necesario tomar una medida radical y el Decreto de 29 de diciembre de 1857 pone a este Cuerpo bajo la dependencia del Inspector General de la Guardia Civil en todo lo relativo a disciplina, instrucción, armamento, equipo, contabilidad y acuartelamiento; según el artículo 2.º de este Decreto el Inspector General de la Benemérita sola y exclusivamente dependería del Ministerio de la Gobernación en lo relativo a la Guardia Urbana; sin embargo, la disposición no llegó a entrar en vigor.

Al no entrar en vigor la proyectada reforma de fines de 1857, se verifica otra por Decreto de 24 de marzo de 1858, de acuerdo con el cual la Guardia Urbana quedaba organizada en un batallón de Infantería y dos secciones de Caballería, dependía del Ministerio de la Guerra en todo lo referente a su organización, personal, armamento y disciplina, y del Ministerio de la Gobernación en lo tocante a su servicio, acuartelamiento, material y haberes, y el Inspector General de la Guardia Civil cuidaría de su organización, administración y orden interno.

En el artículo 4.° del Decreto se establecía que el Inspector General de la Benemérita y el Gobernador Civil de la provincia de Madrid propusieran unos Reglamentos para llevar a la práctica la nueva organización de la Guardia veterana y forma de prestar su cometido, cosa que efectivamente hacen y presentan su trabajo ante el Ministerio de la Gobernación. Mientras este Reglamento estaba en trámites para su aprobación, se ordena, en R.O. de 29 de diciembre de 1858, que la fuerza se denomine Guardia Civil Veterana, según comunica Posada Herrera, a la sazón Ministro de la Gobernación, al Jefe Superior de la Guardia Civil en 17 de enero de 1859, con el encargo de que esta fuerza "atienda a la conservación del Orden público y a la seguridad de las personas y propiedades, prestando el servicio de patrullas y de puestos, con arreglo a lo que V.E., indicaba en el proyecto de reglamento para la misma... sirviéndose V.E., disponer que el Jefe de la referida fuerza tome las órdenes del Gobernador de la provincia con arreglo a las instrucciones...".

El Reglamento enviado por Hoyos fue aprobado por la Reina en 10 de febrero de 1859 y según su contenido los fines que la Guardia Civil Veterana debía cubrir eran los siguientes: la conservación en la Corte y sus afueras del Orden público; proteger las personas y propiedades particulares y estatales de este ámbito geográfico; prestar el auxilio necesario cuando se le reclame para la ejecución de las leyes, disposiciones y reglamentos emitidos por las autoridades y la ejecución de los servicios especiales que se le encarguen.

Para acuartelar esta fuerza, Hoyos solicita en 23 de septiembre un edificio que con el número 4 estaba en la Plaza del Duque de Alba. A su petición accede el Ministerio de Fomento en 14 de octubre del mismo año y se encarga que la cesión del inmueble se haga con todos los requisitos legales y con especificación en acta del estado en que se encuentre; al mismo tiempo se formará un presupuesto para atender las obras de su habilitación para cuartel.

Los primeros años de existencia de esta fuerza se ven salpicados de incidentes con las tropas de la guarnición de Madrid; incidentes inevitables y corrientes entre los elementos militares veteranos y los de nueva creación, pues aquellos parece que con su díscolo comportamiento quieren poner unas pruebas a los "novatos” para darles el espaldarazo de la veteranía. Sin embargo, como la Guardia Civil Veterana no está compuesta por reclutas precisamente y los Directores Generales de la Benemérita tienen de su misión otra idea muy distinta que la de mezclarse en los altercados con otras tropas, la Superioridad de la Guardia Civil protesta en 17 de mayo de 1861 con gran energía ante el Ministerio de la Guerra para que se corten estos abusos de las fuerzas de la guarnición y no vuelvan a promover incidentes con la “Veterana"; el escrito se transmite el 31 siguiente al Capitán General de Castilla la Nueva a fin de que lo comunique a los Jefes de los Cuerpos y que cada uno de ellos tome las medidas pertinentes en el de su mando.

Martínez Ruíz.

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