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Retazos de la historia: el Duque de Ahumada ascendido a Mariscal durante la Primera Guerra Carlista (II)

  • Escrito por Redacción

Castillo Morella

Articulo que nos envia nuestro colaborador, D. Ignacio Martín Guerrero, 'polilla', capitán de la Guardia Civil retirado y residente en la Residencia "Virgen de la Cabeza" de Guadarrama,  como continuación al publicado el día 18 de mayo de 2014, titulado "Retazos de la historia: El Duque de Ahumada y su intervención en las guerras carlistas (I)".

Retazos de la historia: el Duque de Ahumada ascendido a Mariscal durante la Primera Guerra Carlista (II)

En nuestro artículo anterior hacíamos referencia al momento en el que las avanzadillas del Duque de Ahumada ocupaban la aldea de Covatillas, a las puertas de Aliaga y, por lo tanto, del inexpugnable castillo, apoderándose de las primeras casas del pueblo y de la ermita de Nª. Srª de Zarza, organizando de esta forma el cerco al castillo.

En la madrugada del día 13 de abril de 1840, los doce cañones llegados de Valencia, acompañados de cuatro morteros y una batería de montaña, rompen el fuego sobre el castillo sometiéndole a un intenso bombardeo que se mantiene durante tres días.

En las primeras descargas fue destruído el muro de defensa exterior y así sucesivanmente los cubos y fortificaciones interiores, impidiendo el paso y comunicación entre los ya escasos supervivientes. Ante la imposibilidad de continuar la deensa en esta situación, reducidos los sitiados a menos de una tercera parte de su guarnición, esta capitula en la mañana del día 16 de abril de 1840.

En el parte que da a sus superiores, el Duque de Ahumada relata entre otros hechos que “Allí no había más que ruinas y esparcidos entre ellas los cuerpos mutilados de los defensores”. La batalla había terminado con el castiloo destruído, trescientos prisioneros y un escaso botín consistente en los cuatro cañones de que disponía el castillo para sus defensa.

El castillo y el recinto fortificado quedaron semiderruídos y el tiempo se ha encargado de convertirlos en una triste ruína en la que se sólo se reconocen algunos “muñones” de sus tres recintos amurallados escalonados sobre el terreno.

La toma de esta fortaleza supuso una de las mayores pérdidas sufridas por los carlistas y dejó abierto el camino a las tropas del Duque de Ahumada para su ascensión hacia el Maestrazgo. De esta manera, el Duque de Ahumada, al frente de cuatro batallones, dos escuadrones y una batería de montaña, parte para Iglesuela del Cid, que ocupa el día 3 de mayo de 1840.

Ante el inmimente ataque de las fuerzas del Duque de Ahumada a Cantavieja, el Gobernador militar de dicha plaza, D. Manuel Martorell, cumpliendo órdenes del general Cabrera, abandonó con sus tropas la población, no sin antes incendiar la maestranza y todos los edificios importantes e inutilizar la artillería. El día 12 de mayo el Duque de Ahumada llega a Cantavieja cuando el incendio se extendía por toda la villa; allí participa en su extinción y recupera pertrechos, municiones y provisiones abandonados por los carlistas en su huída.

Finalizada la ocupación de Cantavieja, el Duque de Ahumada vuelve a su base de partida en Iglesuela del Cid, donde le espera el general Odonell con diez batallones, seiscientos caballos y varias baterías de artillería. Con seis de estos batallones de su división, se traslada a San Mateo, que ocupa el día 17, y continúa después hacia La Jana y Traiguera, en las que toma posiciones al día siguiente.

El día 20 recibe la orden de avanzar hacia La Cenia, que ataca conjuntamente con otras fuerzas del ejército del centro en una acción que, si bien no produjo muchas bajas, resultó extremadamente dura y arriesgada por haberse llegado a la lucha cuerpo a cuerpo hasta su total conquista.

Desde esta última localidad, el General Odonell formula el día 25 de mayo una propuesta de recompensa, proponiendo el ascenso a Mariscal de Campo a nuestro querido Brigadier, Duque de Ahumada y Marqués de las Amarillas.

Los carlistas se baten ya en plena retirada pero aún no están derrotados y se hacen fuertes en la ciudad fortificada de Morella, con su inaccesible castillo. Cercada la plaza, recibió más de siete mil cañonazos, lo que da idea de la importancia de la misma. Su toma fue posible gracias a la traición de los coroneles carlistas Quirón y Salinas, que se pasaron a las tropas liberales con los planos de todas las defensas. Ante la situación, ya insostenible, el coronel Castillo, Comandante y Jefe de Morella,capituló el día 30 de junio, entregando la plaza al General Espartero.

El núcleo principal de las fuerzas carlistas bajo el mando directo del General Cabrera, inicia su retirada hacia Cataluña buscando la frontera de Francia y realizando el paso del Ebro por Flix y Mora. Para evitar que los carlistas mandados por el General Balmaseda intentaran unirse con los suyos en Cataluña, el Duque de Ahumada parte hacia la provincia de Huesca, estableciendo su puesto de mando en la capital.

El 25 de junio,la Reina regente María Cristina había firmado el despacho en el que se ascendía a Mariscal de Campo al Duque de Ahumada, que se traslada a Zaragoza, ciudad en la que recibe la faja y entorchados de su nuevo cargo.

En los primeros días de julio el Duque de Ahumada se encontraba con sus tropas al norte de Barbastro. Por estas fechas, el General Balmaseda había logrado pasar a Francia por Vera de Bidasoa y el General Cabrera, perseguido por Diego de León, consiguió cruzar la frontera por el sector de Berga. La guerra estaba finalizada aunque quedaban pequeños núcleos carlistas en Aragón y Cataluña que el Duque de Ahumada con sus tropa se encarga de eliminar recorriendo el Pirineo leridano. Allí recibe la orden de trasladarse a Samper de Calanda para desmovilizar parte de su división, diseminada por las provincias de Castellón, Zaragoza y Teruel.

El fallecimiento del General carlista Zumalacárregui resultó decisivo para el curso de la guerra. Su sucesor, el General Maroto negoció un acuerdo con el General Espartero que fue sellado con un abrazo en los campos de Vergara el día 30 de agosto de 1940. La guerra había terminado....

Continuará....

Ignacio Martín. "Polilla"

 

 

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