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ANTECEDENTES A LA GUARDIA CIVIL: LOS CARABINEROS PARTE - VII

  • Escrito por Redacción

648px-Carabiniers au port de Vénasque Luchon 12 août 1892

VII. SE CONCEDE EL USO DE BANDERA. VICISITUDES ORGÁNICAS. MEJORAS EN EL CUERPO. EL COLEGIO DE ALFONSO XIII. LA ACADEMIA DE OFICIALES.

Siendo Inspector General del Cuerpo el general don Manuel Gasset, interpretando el deseo general de la Institución de tener bandera propia, se solicitó del Gobierno la concesión de la misma; fue aceptada la petición por el teniente general Jovellar, a la sazón Ministro de la Guerra, en otro tiempo Secretario General de la Inspección General de Carabineros. Se justificó la propuesta en el heroísmo que dieron prueba los hombres del Cuerpo de Carabineros durante la Tercera Guerra Carlista, y también en los muchos méritos contraídos hasta entonces, los cuales se hacían largamente acreedores a tal concesión. Con fecha 7 de abril de 1875 se otorgó la concesión de la enseña de la Patria. La bandera debía llevarla en campaña el primer batallón que se formase, estando depositada en tiempo de paz en la Inspección General o en el Colegio. Este honor dispensado al Cuerpo de Carabineros en premio a sus merecimientos para enaltecer de manera patente a todos sus componentes, simboliza, como es lógico, sus glorias militares. La bandera fue bendecida y entregada al Colegio de San Lorenzo de El Escorial, y para asistir al acto se nombraron comisiones de todas las Comandancias que, con el general Gasset y el brigadier Secretario General, procedieron a su recepción en 25 de mayo del mismo año, con asistencia de las Autoridades civiles de la población. Terminado el acto, por la Compañía de Educandos se juró bandera y se levantó la correspondiente acta para dar constancia de la celebración del acto.

Circunstancias especiales contribuyeron a que la totalidad de las casetas de Carabineros, debido al tiempo y al abandono, estuvieran unas derruidas y otras inhabitables cuando fueron disueltos los batallones y la fuerza volvió a sus Comandancias. Este grave problema del alojamiento hizo al Cuerpo volver a los antiguos tiempos en que tenían que vivir los carabineros en chozas, sin que inconveniente de tanta envergadura pudiera ser remediado. En marzo de 1878 se suprimieron las aduanas que habíanse establecido en los ríos Gallego y Ebro. De nuevo tornaron los contrabandistas "por la brava" a disputar la posesión de sus alijos, contrarrestándose la moralidad de la fuerza, que tras efectuar una larga campaña donde puso todo su esfuerzo, se encontró, según un coetáneo, "sin albergues, harapientos, esperando cobrar los pluses que se le asignaron cuando empezaron las operaciones y en algunas Comandancias los haberes de dos, tres y hasta cuatro meses; se observó que parte del personal era materia propicia para su intento y no necesitó esperar a mejor ocasión para descubrir su táctica de ataque entre la corrupción de la fuerza".

La Renta de Tabacos no experimentaba alza alguna y el Ministro de Hacienda solicitó la colaboración de tropas del Ejército, principalmente en las provincias andaluzas, Galicia y Levante. Fueron suprimidas de la plantilla mil quinientas plazas, y en la lucha empeñada con los contrabandistas, las Comandancias de Cádiz y Málaga, en relación con las demás, ofrecen un contraste notable, pues mientras aquellas eran felicitadas, en las andaluzas "existía una proporción de castigos de trescientos por uno, en relación con el promedio de las demás Comandancias". "No es un secreto para todo el que conozca el Cuerpo -nos dice el teniente Las Casas- que la proximidad de estas zonas a Gibraltar, la índole de sus habitantes que hacían entonces del contrabando su principal medio de vida y en lugares determinados el único; la protección que de una manera franca les prestaban los que, aun siendo autoridades, se beneficiaban del tráfico ilegal; el estudio que hacían de los carabineros destinados en aquellas costas para conocer sus necesidades y halagarlas, las dificultades de las comunicaciones; el exceso de trabajo; la escasez del retiro, que lanzaba a la complicidad en los últimos años de su vida militar a muchos individuos qua se veían en las puertas de la miseria, cuando ni sus fuerzas ni su edad les permitían trabajar para ganarse el sustento; el ambiente inmoral y la falta de apoyo de los que negándoselo hacían inútil el esfuerzo de los que no se olvidaban de su deber; las constantes expediciones fraudulentas que sallan de los puertos marroquíes y argelinos y las causas de índole interna repetidas veces impuestas, colocaban a los carabineros en el dilema de ir a presidio por haber sido vulnerada su línea varias veces, a pesar de su esfuerzo, su ímprobo trabajo y su honradez, o seguir la misma suerte y hacer algún dinero si, olvidándose de su honra, manchaban para siempre su uniforme y el nombre del Cuerpo con su indigno proceder."

El 12 de febrero (1862) se publicó una disposición por la que se exigía a los aspirantes a Carabineros saber leer y escribir. En el mismo año se reformó el cuadro orgánico del Instituto, suprimiéndose dos coroneles y cuatro tenientes coroneles, aumentándose en cambio veintitrés capitanes. En 1887 se suprimieron las compañías de Caballería de Navarra y Huesca y la provincia de Málaga se dividió en dos Comandancias, estableciendo en Estepona la de nueva creación. A finales del siglo XIX hubo necesidad de efectuar bastantes reformas de considerable importancia, siendo la más definitiva el permanente deseo de los Inspectores Generales de seleccionar escrupulosamente el personal que solicitaba el ingreso, inculcándoles a todos ellos el mantenimiento de una férrea disciplina. En su consecuencia, se idearon unos cursos para carabineros aspirantes a cabo. La oficialidad, desde hacía tiempo, también estaba ayuna de estímulos que le compensara el estancamiento en los empleos. Fue creado el Colegio de Alfonso XIII para los huérfanos de oficiales y tropa. Su fundación data de 9 de agosto de 1895, siendo en principio una asociación voluntaria, contribuyendo a su sostenimiento los componentes de la Institución mediante una cuota mensual, haciéndose extensivos los derechos de ingreso a los hermanos y sobrinos de aquellos que no tuviesen hijos. Los huérfanos podían tener entrada en el Colegio a los nueve años, permaneciendo hasta los diecinueve, aun siendo socorridos por la Asociación hasta los veintitrés si el Consejo de Gobierno lo consideraba conveniente. Las huérfanas eran admitidas a partir de los siete años, estando encargadas de su educación las monjas Concepcionistas.

A los huérfanos se les data preferentemente facilidades para el desarrollo de la carrera militar y a las huérfanas la de magisterio. Se estableció con separación absoluta del Colegio de Alfonso XIII y con fecha 14 de febrero de 1907, la Academia de Oficiales, estando destinada para los sargentos del Cuerpo que aspirasen a ser oficiales subalternos, mediante la adquisición en dicho centro de los conocimientos necesarios. Después sufrirían examen en la Dirección General ante un tribunal presidido por el Secretario General.

La Academia de Oficiales se estableció en San Lorenzo de El Escorial, donde hubo temporalmente un Colegio con parecidos fines, disuelto en 1903.

La plantilla de la Academia componíase de coronel director; teniente coronel jefe de estudios; comandante jefe de detall; cinco capitanes profesores; siete tenientes, ayudantes de profesor; un médico; un capellán; un profesor de equitación; un maestro director de Banda y dos profesores civiles para idiomas, con la plantilla necesaria de tropa tanto de Infantería como de Caballería para el régimen interior del establecimiento. Por Ley fechada en 20 de junio de 1918 se asignaron dos vacantes al Cuerpo de Carabineros para el Estado Mayor General del Ejército, dando así posibilidad a los coroneles para alcanzar el generalato. En principio, uno de estos generales recibió el nombre de General Inspector, desempeñando aquellas funciones que por delegación le encargase el Director General. El segundo desempeño el cargo de Secretario General, hasta entonces adjudicado a un general de Brigada del Ejército.

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