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RELATOS: EL NAUFRAGIO.

  • Escrito por Redacción

 

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Recordamos al lector que estos relatos, que aparecen en "CRONICAS ILUSTRADAS DE LA GUARDIA CIVIL", publicadas en el año 1865, son hechos, sucesos y servicios verídicos, protagonizados por los guardias civiles en los primeros años de andadura de la Institución, y que nosotros los transcribimos tal y como aparecen, sin corregir ni enmendar nada, respetando el lenguaje usado.

RELATOS: EL NAUFRAGIO.

I

Serian próximamente las cinco de la tarde del 24 de Marzo de 1854, cuando un buque entraba á toda vela en el pequeño puerto de Roquetas (Almería).

Un huracan desatado que llevaba ya ocho dias de duracion batia contra la superficie«de las aguas y levantaba grandes y espumosas olas que se estrellaban estrepitosamente contra el puerto amenazando destruirle.

El puerto, que se encontraba sin buques porque el temporal les habia obligado á abandonarlo, no es de gran importancia. Está situado en un llano al Sur de la poblacion, dista cuatro millas de Almería, dos leguas de la Sierra de Gador, célebre por sus minerales, y está formado por unas cien casas de pescadores, tres fábricas de fundicion mineralógica, dos alfolíes, varios almacenes, el cuartel de Carabineros y el antiguo y casi arruinado castillo de Santa Ana.

El buque mercante que hácia él venia y enarbolaba pabellon inglés, era el brick-barca Elisa, capitan Elis que con veintitres hombres de tripulacion y cargamento de carbon-piedra, trigo, licores, etc., se habia dado á la vela para Marsella.

El Elisa sorprendido por los embravecidos huracanes, corría á merced de ellos y entraba en el puerto arrastrado de Mediodia á Norte, marchando inevitablemente á estrellarse contra las cercanas rocas.

Cada vez el peligro se hacia mayor y la noche se venia encima rápidamente.

El viento silbaba en las vergas y hacia crugir el palo mayor y el de mesana. El brick-barca iba á chocar con las rocas y el resultado sería terrible, porque la rapidez de su carrera permitía creer que el choque produciría instantáneamente la pérdida del buque, abriéndolo.

Y sin embargo, ningun movimiento se observaba sobre cubierta; la tripulacion parecia no habitar el buque, puesto que no se tomaba ninguna de las rápidas maniobras que caso de tan inminente peligro exijia sin dilacion.

Esta especial circunstancia habia llamado ya la atencion de una persona destinada por la suerte á salvar el Elisa.

Era aquella el cabo 2.° Alonso Trejo Jimenez, comandante del puesto de Roquetas.

II.

Este inteligente Guardia divisó el brick-barca y conoció el peligroso riesgo que le llevaba hácia el puerto.

Y entonces, sobre la azotea de la casa-cuartel y valiéndose de un anteojo de larga vista, pudo advertir, en el momento en que el brick en su loca carrera se le aproximaba mas, la falta absoluta de tripulacion sobre cubierta.

Esta particularidad tan extraña cuando las circunstancias demandaban continuadas maniobras de velámen y quizás de hacha, puso muy en cuidado al previsor observante, quien comprendiendo lo urjente del caso, dispuso que se armaran sin demora los Guardias á sus ornes, Baltasar Gloria Perez, Manuel Martínez Morales, José Hornillo, Ramon Pin y Pin (1) y Santiago Gonzalez.

Con ellos marchó hácia el puerto, cuidándose á su paso de dar noticia de sus sospechas á la autoridad local D. Francisco de los Rios, quien aplaudió mucho su prevision, y cuyo valor é importantes resultados conoceremos muy pronto.

Los Guardias corrieron hácia el puerto, noticiando durante su marcha la extraña aparicion del brick-barca y llevando de este modo tras sí á numerosos habitantes de aquel punto de la costa.

Llegan por fin á la orilla, ven la direccion que el buque trae, corren hácia las ruinas del castillo de Santa Ana y ocupando las cúspides de las azotadas rocas, llegando entonces hasta ellos las hirvientes espumas de las olas.

El buque arrastrado por el enfurecido vendaval, adelanta silencioso y amenazador hácia aquel punto, y en medio de las magestuosas sombras que la noche dejaba caer triste y lentamente sobre la tierra y el Océano.

Parecia una colosal loba marina, corriendo sobre el agua á devorar aquellos séres.

La posicion de estos tenia innegables peligros. La proa del brick, chocando podia arrojarlos despedazados á gran distancia, y las silbadoras astillas en que el buque partiera sus acostillados de proa, podian tambien hacer innumerables víctimas entre aquellas personas.

La mar era cada vez mas gruesa, el oleaje mas ruidoso y elevado; y el brick-barca adelantaba... adelantaba sin que los moradores del puesto oyesen el ruido de una cadena, el abrir de una escotilla, el grito de la bocina; ni viesen correr en sus gábias un solo tripulante. El gobernalle estaba, segun todo lo indicaba, sin timonero.

Pocos nudos dista ya el Elisa de las rocas; se acerca, llega, un grito inmenso de terror y ansiedad apaga por un instante los de las olas y el brick choca iracundo contra las rocas.

III.

Digamos algo acerca de la tripulacion.

Esta no habia salido del buque.

Conocido es de todos, y la historia de la marina lo comprueba, el afan que el marinero inglés tiene por las bebidas fuertes y espirituosas.

No es pues muy de estrañar que la tripulacion del brick-barca Elisa, por no recordamos qué suceso, se hubiese totalmente embriagado.

Los camarotes solo tenian hombres dormidos ó alegres beodos que en todo pensaban menos en los peligros que que sus vidas corrían.

El choque del brick-barca contra las rocas del castillo de Santa Ana fué tremendo: pero, ¿á qué debieron su salvacion los que dentro del buque venian?

Al arriesgado y heroico esfuerzo de los Guardias mencionados, secundado por el de varios vecinos; pues agolpados todos en el punto de encalle amortiguaron mucho el golpe.

Al chocar el brick-barca crujió de proa á popa; la arboladura vibró lanzando agudos sonidos, y el taja-mar quedó tronzado por las rocas, desquiciándose parte aunque pequeña de las obras vivas.

Es indudable, que sin la prevision del cabo Trejo, el Elisa se hubiera partido llevando entre sus escombros la descuidada tripulacion que dormía sin cuidarse del peligro.

El buque quedó de aquel modo encallado entre dos aguas; ¡veintitres vidas se habían salvado!

Pero los que de aquel modo habían expuesto las suyas por salvar aquellas no se hallaban fuera de peligro.

La ansiedad les habia hecho avanzar sin pensar en la retirada; retirada que entonces encontraron cortada por las olas.

El agua llegaba casi hasta el pecho de aquellos bravos y el terror de los moradores del puerto fué indecible entonces.

Se arrojaron cuerdas, algunos botes de pescadores, aparejados precipitadamente, se aproximaron con timimidez, y ya valiéndose de estos medios, ya nadando, se logró la salvacion de aquellos intrépidos que á su vez eran salvadores del Elisa. La noche habia cerrado ya completamente.

Escusado es decir que en este caso la Guardia Civil, que corría igual peligro que las demás gentes, contribuyó con celo heroico é infatigable siempre, á poner en seguro todas las existencias allí amenazadas é hizo todo lo posible por aliviar las lesiones de muchos.

Todos los Guardias destacados entonces en aquel puesto, pueden estar orgullosos de este importantísimo servicio.

Pero, salvada la tripulacion, les quedaba aun mas que hacer.

IV.

Los primeros albores de la mañana que siguió á estos sucesos, destellaban su pálida luz sobre las cumbres de la sierra de Gador; sierra que ha dado ocasion á tantos naufragios, porque los pilotos que no la conocen, ven durante la noche sus fogatas, y creyendo que es aquello la ribera y que el mar llega hasta ellas, se lanzan en tal direccion... y encallan.

Grande era la animacion que la playa presentaba en aquella mañana.

Todos se ocupaban allí en sacar á tierra el cargamento del Elisa que fué custodiado por la Guardia Civil durante diez y nueve dias, los mismos que duró la penosa extraccion interrumpida muchas veces por los accidentes de la mar.

La tripulacion fué conducida á Almería; y los Guardias de Roquetas recibieron al propio tiempo que las gracias delas autoridades respectivas, pruebas inequívocas de la satisfaccion con que el Excmo. Sr. Director general del Cuerpo habia sabido los pormenores del buen servicio que con tanta intrepidez y actividad habian prestado á los tripulantes del brick-barca y á algunos moradores del puerto.

Por nuestra parte creemos muy digno de figurar en estas Crónicas el nombre del entonces cabo 2.° Alonso Trejo Gimenez.

 

 

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