Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
Cartas al Director

Cartas al Director

Envíe su carta...

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA. ARTÍCULO 2 (CUIDADO CON LAS COCES)

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA. ARTÍCULO 2 …

‹‹La Constitución ...

El gran encierro

El gran encierro

No, no me refiero ...

DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 04 ...

Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 03 de...

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

Miles de personas ...

Los majaderos de Alsasua

Los majaderos de Alsasua

Tras el acto terro...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

ANTECEDENTES A LA GUARDIA CIVIL: LOS CARABINEROS PARTE - IV

  • Escrito por Redacción

carabineros

ANTECEDENTES A LA GUARDIA CIVIL: LOS CARABINEROS PARTE - IV

APOGEO DEL CONTRABANDO. EL LEVANTAMIENTO CARLISTA. LOS INSPECTORES DE HACIENDA. EL CONTRABANDO DE HUESCA. EL CORONEL CASALÍS. COMIENZA LA TERCERA GUERRA CARLISTA.

Consecuencia inevitable de la revolución de 1868 fue el aumento que experimentó el contrabando, pues sus autores tuvieron una ocasión formidable para el ejercicio de tan lucrativo negocio, al quedar desguarnecidas las costas y fronteras, por haber sido concentradas las tropas de Carabineros para reprimir la revolución. Sobresalientes fueron los encuentros en la zona del Pirineo central, principalmente en Huesca, donde los ansotanos ya tenían por costumbre hacer frente con sus trabucos a la fuerza de Carabineros. Diecisiete de éstos sostuvieron un verdadero combate en marzo de 1869, para poder realizar una aprehensión y conducirla a Ayerbe, donde trataron los contrabandistas de recuperarla, entablándose de nuevo el tiroteo, del que resultaron muertos y heridos varios carabineros, hasta que se consiguió dispersar a los atacantes.

Entre los servicios humanitarios -en particular salvamento de náufragos- destaca de aquella época uno muy importante verificado en término de Carboneras (Almería), en el paraje llamado Cala de Sorbas, donde un violento temporal azotó la costa, ocasionando la muerte de dos niños y un joven de veintidós años. Varias personas intentaron salvarlas y al no poder se refugiaron en una cueva de la Cala de Sorbas, muy cercana a la lengua del agua. Al pretender salir les resultó imposible porque el temporal lo impedía. Noticiosos los carabineros de la crítica situación en que se encontraban aquellas personas, intentaron auxiliarles suministrándoles alimentos y ropas mediante el empleo de una cuerda. Así transcurrieron dos días y aunque su seguridad era bastante tranquilizadora, fueron algunos objeto de la desesperación y el pánico al pensar que ya no saldrían de allí con vida. El sargento Cárdenas, de la falúa "Diana", les advirtió a las trece personas que allí se encontraban, no se lanzasen al agua; más al notar que sus consejos eran desobedecidos, se hizo amarrar una cuerda y sostenido por varios carabineros se deslizó por la sima y consiguió por su propia mano salvar a diez personas, que hubo de subir una a una por el acantilado, previamente abrazadas a su cuello. Las otras tres, que no tuvieron serenidad para seguir los consejos del sargento, se desplomaron por los riscos. El sargento Pérez Cárdenas recibió como premio 50 escudos para "indemnización del deterioro de sus prendas".

En 1870 empieza a acusarse la preparación de un nuevo levantamiento carlista, y en vista de que éste tomaba incremento, el Capitán General de Vascongadas ordenó la concentración de todos los carabineros de su Distrito, con un total de mil quinientos entre Infantería y Caballería, más cincuenta de Mar. Operaron en Guipúzcoa dos columnas de Carabineros con el principal objetivo de acosar a Ceballos, jefe carlista que con doscientos hombres había entrado en España. En el monte Haya hubo un encuentro entre carabineros y carlistas.

En otras provincias de España también se hizo patente el levantamiento carlista, principalmente en la frontera con Portugal, donde una nemorosa partida que pretendía internarse por Salamanca no pudo lograrlo, al ser detenida por fuerzas de Guardia Civil y Carabineros. Los carlistas encontraron ya el apoyo entre los paisanos y a pesar de las persecuciones de que eran objeto, a semejanza de otras anteriores, estaban muy aferrados al país donde merodeaban.

En 21 de enero de 1871 fue creado el Cuerpo de Inspectores de Hacienda, dándoles a conocer en el de Carabineros como delegados del ministerio correspondiente, aunque esta nueva medida, como todas las anteriores, resultó completamente ineficaz para combatir el contrabando, muy arraigado y habitual en ciertas regiones del país. Las Comandancias con misiones más difíciles seguían siendo las de Huesca y las inmediatas al Campo de Gibraltar (Cádiz y Málaga), donde los tiroteos con los contrabandistas pasaron a ser ocurrencias cotidianas.

Cuando comenzó a acusarse un decaimiento en el contrabando surgió la Tercera Guerra Carlista, y como no podía menos de suceder, Carabineros tomó, lo mismo que la Guardia Civil, parte activa en ella, abandonando sus peculiares servicios. Al entrar en España Rada, salió una columna de Carabineros a su encuentro y batió a los carlistas en Arrigorriaga. Los mandaba el comandante Pascual de la Degardeta.

Durante el mes de mayo se organizó una columna compuesta por cuatro compañías de Cazadores de Mendigorría, cuatro de Cazadores de Cuba y dos compañías de Carabineros, a las órdenes del coronel Aldanesi, perteneciente al Cuerpo de Carabineros; pasó a Oroquieta para batir a los carlistas, mientras que por la parte de los Alduides, el teniente coronel de Carabineros Quevedo actuaba en la zona de Arnaiz. No pudiendo alcanzar al ejército carlista el general Primo de Rivera, encargóse al coronel Aldanesi y al teniente coronel Quevedo la persecución de los facciosos, que consiguieron rendirlos de cansancio; una vez copados, se acogieron al indulto a presencia del alcalde de Arana.

También de Bilbao salió en dirección a Miravalles otra columna al mando del teniente coronel Felipe Surillo, con el objeto de expulsar a los carlistas posesionados de las alturas de Zaritamo, amenazando la plaza de Bilbao. Mientras la columna realizaba su progresión comenzó a recibir nutrido fuego, cada vez más intenso, hasta que consiguieron refugiarse en Arrigorriaga, desistiendo de atacarla por ser muy numeroso. Al dirigirse a Miravalles, Burillo destacó una compañía de Carabineros al mando del capitán Roncalí, con la pretensión de apoderarse de las inmediaciones del puente, para defender su paso. El resto tomó posesión de algunas casas aptas para la defensa, mientras se daba parte al Gobernador Militar de Vizcaya de las novedades acaecidas, el cual organizó una columna en dirección a Arrigorriaga. Al observar que una numerosa partida de rebeldes se dirigía con ánimo de unirse a la que había sido fijada por Burillo, se ordenó a éste emprender la retirada hacia Bilbao.

En el sitio de la villa de Bilbao destacó sobre todos sus defensores el carabinero Juan Díaz Cordero, que el "10 de abril se ofreció voluntariamente a llevar un parte desde el Cuartel General del Duque de la Torre en Somorrostro al Comandante General de Vizcaya, atravesando las líneas enemigas disfrazado de pastor, y con grave riesgo de su vida, entró en Bilbao el día 13 a las doce de la noche, tomando después parte activa en la defensa de la plaza".

Las vicisitudes pasadas por el carabinero Cordero hasta entrar en Bilbao constituyen uno de los episodios humanos más sobresalientes de la historia militar del siglo XIX, pues tuvo qua desplegar gran astucia y mucha sangre fría. Cayó varias veces en poder de los carlistas, que lo tildaron de espía, y luego de cuatro días de andar incansablemente, sin concederse un momento de descanso, en largas horas de fatigoso caminar, venciendo mil penalidades, con marchas nocturnas por extraviados lugares en lucha tenaz contra la lluvia, el viento, las caídas y el hambre, consiguió llevar a buen fin la misión que el general Serrano Domínguez le había confiado.

Atravesó el cerco de Bilbao sin ser descubierto. Por su heroico comportamiento, Cordero fue recompensado con el empleo de sargento primero del Ejército, pero pareciendo poca recompensa, se le otorgó el empleo de alférez. Fue felicitado por la población de Bilbao y recibió el premio en metálico instituido para aquel que consiguiera entrar en la plaza sitiada burlando el asedio del enemigo. Cordero despreció las gratificaciones que le ofrecieron y sólo pidió como recompensa por su servicio que "fuesen perdonados sus compañeros sujetos a sumario". Destinado más tarde a Madrid, al concedérsele el empleo de oficial, fue destinado a Bilbao para que "cuide del almacén si lo hubiere a otro análogo, pues con empleo tan anodino de alférez-carabinero (por un lado era alférez del Ejército, pero en realidad seguía siendo simple carabinero) no se sabía en qué emplearle".

En junio de 1873 las partidas navarras, capitaneadas por Dorregaray, se presentaron en Miranda de Ebro, y ante la posibilidad de un ataque, el jefe de la Comandancia de Burgos, que tenía su residencia en dicha localidad, se dispuso para resistir el gesto altaneramente ofensivo de los carlistas. Reforzó la guardia de la estación, fortificó los puentes y distribuyó el servicio. Desplegó en guerrilla en dirección al enemigo que durante tres horas estuvo hostilizando, hasta obligarle a tomar la otra orilla del río, consiguiendo así ganar el puente a pesar de la oposición de unos cien jinetes carlistas.

Otras acciones destacadas en aquella campaña fueron las del capitán Manuel Soto, que con su compañía de Carabineros y alguna tropa del Ejército y voluntarios hizo frente a Savalls, que capitaneaba una partida de mil hombres oriundos de la villa de Olot. El ataque, muy violento durante todo el día 5 de diciembre, obligó a reducirse a la guarnición, a establecer la defensa en el cuartel, iglesia parroquial, hospicio y algunas casas más, entre las mejores construidas, a causa de que los carlistas, posesionándose de los edificios más inmediatos, hacían fuego desde balcones y ventanas. Todos se defendieron bizarramente. Destacó por su crudeza la lucha en el templo parroquial, donde un cabo y nueve carabineros se hicieron fuertes, pues "se portaron con el mayor valor, derribada su fortificación, pegados a la puerta que conduce al campanario y siendo el humo excesivo se redujeron al último cuerpo de él, donde continuaron la defensa". El brigadier Andía pudo llegar a tiempo con su columna de socorro para salvar a tan esforzados carabineros.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones