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CIRCULARES: A QUIEN CORRESPONDE DISPONER DE LA GUARDIA CIVIL (18 de junio de 1873)

  • Escrito por Redacción

023guardiacivil

Aclarando dudas sobre la Autoridad a quien en ciertos casos corresponde disponer de la Guardia Civil.

Gobernación

A pesar de lo dicho en otras circunstancias, se han suscitado dudas sobre si corresponde a la Autoridad civil o a la militar disponer en ciertos y determinados casos de la Guardia Civil. Esta Guardia fue desde su origen puesta bajo la inmediata dependencia se los Gobernadores civiles y bajo la mediata del Ministerio de la Gobernación, hecho que no conviene perder de vista para la resolución de todas las cuestiones que puedan presentarse. En las provincias donde haya paz, no deben nunca consentir los Gobernadores que salga de su mano tan importante Guardia, ni tolerado, aun surgiendo tumultos o insurrecciones, cuando no sean estas de índole tal que no baste a la Autoridad civil a refrenarlas con los medios de que disponga.

Ahora, por ejemplo, no porque se altere el orden público en una localidad de poca importancia, ni porque se levanten algunas partidas carlistas, se ha de desprender el Gobernador de la Guardia Civil; antes ha de valerse de ella para restablecer por sí el orden perturbado o caer con rapidez sobre las facciones y acabarlas dentro de un breve plazo. Deben ser siempre los Gobernadores celosos de la Autoridad que ejercen, y sólo en casos de verdadera guerra o insurrecciones que hayan tomado gran incremento entregar a la Autoridad militar el grave cuidado de poner término a la lucha, que no para otra cosa han sido instituidos los Ejércitos.

Aun entonces no deben consentir los Gobernadores que sin su previo consentimiento dispongan de la Guardia Civil las Autoridades militares, pues son Jefes natos de esta fuerza y, como tales, los únicos que pueden autorizar a otros para que dirijan y la manden. Las Autoridades militares pueden decirse que en estos casos no son, respecto a la Guardia Civil, más que delegados de los Gobernadores de provincia.

Debe V.S. sostener con tanto más empeñó a sus órdenes la Guardia de que se trata, cuando que ha dado en todos los tiempos señaladas pruebas de estar atenta sólo a la voz de sus deberes, rechazando las sugestiones de los partidos en desgracia que, para mal de la nación española, suelen buscar en la conspiración y la violencia triunfos que sólo deberán prometerse por el ejercicio de los derechos y las libertades escritas en la Constitución del Estado.

La Guardia Civil ha sido, como debía, el brazo de todos los Gobiernos, el firme escudo de las Leyes patrias, cualesquiera que estas hayan sido por las luchas de los partidos y los vaivenes de los tiempos En épocas normales ha prestado grandes servicios, defendiendo los caminos y asegurando en los campos la propiedad y las personas; y en las luchas como la presente, no ha escaseado ni su actividad ni su sangre por acabar con las facciones y sosegar los tumultos de los pueblos. Tenemos de esto recientes ejemplos, en la manera como esa benemérita Guardia ha dado fin a las facciones de Guadalajara, y contribuido a concluir en Aragón con las de Nasarre.

No ignora el ministro que suscribe que, a pesar de esto, se han levantando sobre esta Guardia sospechas que no la favorecen; pero esas sospechas son infundadas como lo demuestran los hechos en toda la Península. Suelen los enemigos de la República valerse de la desconfianza para introducir la perturbación en los cuerpos destinados a defender el actual orden de cosas; conviene precaverse contra esas maquinaciones que tienden a dejar sin defensa a las Autoridades.

El Gobierno tiene en esta Guardia completa confianza, y así desea que la tenga V.S., porque no se llegue jamás juzgar a un Cuerpo por las faltas que hayan de cometer o cometa alguno de sus individuos. Anímela V.S. constantemente a continuar por el camino que hasta aquí ha seguido; deme cuenta de los servicios extraordinarios que preste a la causa de la República y la Patria, y tenga V.S. por seguro que no dejarán de recibir nunca la merecida recompensa. La Guardia Civil es el brazo de los Gobernadores. Concéntrela V.S., cuando lo exijan graves consideraciones de orden público, y cuando no, distribúyala V.S. por la provincia para que vuelva a ser la salvaguardia de la propiedad y la seguridad de los caminos y los campos. Y en ninguna circunstancia olvide V.S. que V.S. es su inmediato y exclusivo jefe.

Pi y Margall.

Señores gobernadores civiles.

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