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EL CERRO DE LOS HÉROES

  • Escrito por Redacción

 

cerro-heroes

Librería Hispania Ediciones, ha reeditado el libro, “El cerro de los héroes”, cuyo autor es Don Julio de Urrutia y donde narra el  asedio que sufrió el Santuario de la Virgen de la Cabeza entre los 1936-37, Santuario donde se concentraron principalmente familiares (esposas e hijos) de guardias civiles, y defendidos por un puñado de ellos.

 

 El autor Julio de Urrutia, escritor y periodista, ya fallecido, supo describir en la que se ha considerado la mejor obra que existe sobre estos hechos, hoy olvidados, aquella gesta protagonizada por un puñado de hombres, de guardias civiles que quedaron con el encargo de proteger el lugar y a las familias de sus compañeros. Se trata de una obra muy bien documentada, rigurosa, contada de manera muy amena y con grandísima humanidad, donde se da a conocer una parte importante, aunque algunos lo quieran olvidar, de la historia de España, pero principal y especialmente de la historia de la Guardia Civil.

Francisco Herrera, de LH Ediciones, es el responsable de esta reedición y suya es la magnifica reseña que a continuación publicamos, el libro, la historia del Asedio tan magistralmente relatada, es una lectura obligada para conocer la historia de la Guardia Civil, y saber, si es que alguno aún lo desconoce, de la pasta con la que los hombres de la Benemérita Institución están forjados.

 

 

EL CERRO DE LOS HÉROES

El verano de 1936 está en pleno apogeo en España. El calor insoportable y asfixiante de esa época es un reflejo climático de la situación gravísima e insufrible por la que atraviesa la nación.

La II República con su sectarismo feroz que la incapacita para la convivencia respetuosa ha resultado un fracaso. Además, desde la Revolución de Asturias, la izquierda española ha enseñado su faz totalitaria que aterra a todo el que no comulga con ella. Desde entonces los desmanes, crímenes, alteraciones del orden de todo tipo se han multiplicado por doquier. Las Elecciones otorgan sin legitimidad alguna el poder, a un explosivo conglomerado de izquierdas, conocido como Frente Popular. “Los triunfantes” se preparan para el asalto definitivo y totalitario del Estado a imagen de lo ocurrido años antes en Rusia. La ley y el orden público ya no existen. Quien no piense como ellos sobra y va a ser eliminado. La familia, la propiedad, la religión… valores a extinguir, son atacados ferozmente esperando el zarpazo final que los destruya. Ante este panorama y como señala un famoso parlamentario, “Media España no se resigna a morir” y agobiada busca quitarse de encima el yugo totalitario que la va atenazando con mayor fuerza por momentos.

El asesinato político e impune de uno de los representantes más egregios de esa España perseguida –Calvo Sotelo- por la propia fuerza pública, en una camioneta de la Guardia de Asalto, es el detonante para que gran parte de España salte en defensa propia a través de lo que se conocerá como Alzamiento Nacional, cuya punta de lanza la representa una parte del Ejército, la otra y muy significativa, pese a los tópicos, está con la República.

En este marco se encuentra Jaén, provincia andaluza agrícola, en donde los ideales marxistas han calado en sectores importantes de la población. En ella la única fuerza militar y de orden de importancia que existe es la Guardia Civil, unos seiscientos hombres distribuidos por toda la provincia que han sido concentrados junto a sus familias en la capital de la provincia. Al igual que ocurre en otras partes de España la inmensa mayoría de sus miembros es favorable al Alzamiento, pero sus tres jefes, por distintos motivos dudan qué hacer o simplemente aceptan “la legalidad” para no tener mayores problemas.

Pronto la revolución llega a Jaén con su secuencia de detenciones políticas y asesinatos en masa –el tren de la muerte- de personas cuyo delito es el de ser católicos, comprar un periódico conservador, simpatizar con algún partido que no sea de izquierdas… Arden las iglesias, la Catedral se convierte en una gigantesca cárcel donde se hacinan centenares de presos políticos y la Guardia Civil acantonada toda en la capital, continúa neutralizada por la inacción de sus mandos superiores.

Para romper esa pasividad suicida un grupo de jóvenes oficiales se juramenta para que la mayor parte de esta fuerza militar consienta ir a los frentes para pasarse en la primera oportunidad a zona nacional; el resto se instalará en un lugar seguro con el fin acordado por dichos oficiales, de proteger a los familiares de todos los guardias, dando por sentado, que el conflicto terminará de forma rápida.

El capitán Reparaz, inteligente, astuto y decidido, ha logrado incrustarse, a modo de Pimpinela Escarlata, en el Estado Mayor de Miaja, consiguiendo un lugar bien resguardado, refugio de los que se queden. Y el resto, como se ha convenido, se sumará en masa a las tropas nacionales. El lugar elegido se encuentra en el corazón de Sierra Morena. Engloba, el Santuario de la Virgen de la Cabeza, sus alrededores y Lugar Nuevo, donde esperarán la pronta solución del conflicto.

Esta coyuntura se tolera con fuerte reticencia por el mando republicano, que encolerizado al saber que en los frentes de guerra los guardias se han sumado a la zona nacional, quiere eliminar a toda costa aquel foco “enemigo” enclavado en su retaguardia.

Ante esta situación, agravada por la conducta del comandante Nofuentes, que ha optado por entregar el campamento a la autoridad roja, el capitán Cortés finalmente se alza en el Santuario, comenzando el sitio del mismo. Es septiembre del 36. A su mando figuran doscientos cincuenta guardias y unas decenas de paisanos que se han refugiado para no ser asesinados. A este contingente hay que añadir más de mil familiares, mujeres ancianos y niños, de todos los guardias, y a los que en su momento los jóvenes oficiales prometieron defender a toda costa. Las armas con las que cuentan: básicamente, los fusiles y pistolas reglamentarios de los guardias y algunos rifles y escopetas de caza.

Antes de la llegada al Santuario, los frailes trinitarios que lo regentaban han sido obligados a abandonarlo, asesinando a unos y encarcelando a otros. El complejo ha sido saqueado, pero la imagen de la Virgen de la Cabeza es respetada.

No obstante, los sitiados contarán en todo momento con la ayuda espiritual de seis sacerdotes, que huyendo de una muerte segura han sido protegidos por los guardias. Entre ellos se encuentra el Rector del Seminario de Jaén.

Comienza así uno de los asedios más duros que ha conocido la historia de España en todos los tiempos y que finalizará, nueve meses más tarde, el 1 de mayo de 1937.

Los sitiados soportarán en grado superlativo el hambre y la falta de cualquier medio básico; las inclemencias del tiempo las padecerán sin ropa y refugios apropiados, los bombardeos aéreos y terrestres serán continuos… El sufrimiento es inenarrable y en muchas ocasiones se vive casi por encima de lo humano. Asombra la valentía de los guardias a la hora de enfrentarse con sus fusiles a las fuerzas que les rodean, en muchos momentos más de diez mil efectivos, fuertemente armados y apoyados con artillería de todo tipo, tanques y aviación. Las escenas de heroísmo serán la nota constante llegando en algunos momentos a límites insospechados.

Emociona, como los intentos de chantaje para que se rindan llevando al lugar a madres, amigos y familiares de los sitiados son rechazados por éstos últimos, emulando a Guzmán El Bueno y estando a la altura de la conducta de Moscardó en el Alcázar de Toledo.

El aislamiento sólo se romperá por el aire cuando la incipiente aviación nacional les lance, cuando les resulta posible, víveres que les permitan al menos, no morir por inanición. En este apartado hay que señalar al valentísimo Capitán Carlos de Haya, uno de los mejores pilotos españoles del momento, que se jugará muchas veces la vida para intentar socorrer a los sitiados del Santuario; y también al equipo de voluntarios que a las órdenes del Doctor “Astra”, preparan los envíos, esmerándose, para que en la caída lleguen en las mejores condiciones.

En el Santuario apenas cuentan con personal sanitario: tres guardias practicantes y José Liébana, jovencísimo y médico, (aunque él duda si lo es, pues le falta por conocer la nota de una de las asignaturas del último curso de carrera). Liébana, con una precariedad de medios absoluta, supliendo tanta carencia con valerosa decisión a la hora de ejercer de manera plena su profesión, sin apenas instrumental, medicamentos y material sanitario, se multiplica por todo el campamento con arrojo casi temerario, curará heridas, extraerá balas y metralla, amputará miembros, tratará mil enfermedades, consolará, acompañará…e incluso ayudará a venir al mundo a veintidós bebes.

Los asediados, galvanizados con recia fe entorno la Virgen de la Cabeza, conformarán un grupo de héroes que a las órdenes de un titán que los catalizará a la perfección – el glorioso Cortés- compendio de virtudes humanas y militares, darán una lección de honor, dignidad, valor, espíritu de sacrificio… que debe ser escrita con letras de oro en el libro de la Historia, para su estudio y admiración.

Julio de Urrutia, escritor y periodista ya fallecido, en “El cerro de los héroes” va a captar y plasmar lo allí acontecido, en la mejor y más completa obra que se ha escrito sobre la gesta del Santuario. En mayo de 1937, el autor, que combatía como alférez provisional en la contienda civil, es hecho prisionero y trasladado al Penal de San Miguel de los Reyes de Valencia. Allí conocerá a los supervivientes del asedio, trabando una gran amistad con todos ellos. Los relatos que le narran, las largas charlas sobre el tema que mantiene con los sitiados durante el largo cautiverio –casi dos años- que compartirán, servirán para que Urrutia, admirado por lo que le cuentan, inicie años después un estudio exhaustivo, que durara más de dos décadas, de infatigable y minuciosa investigación de aquella monumental proeza. El fruto: “El cerro de los héroes” que combina a la perfección rigor y amenidad, exactitud en los datos y una gran humanidad a la hora de tratar a las personas que participaron en el sitio, y que las acerca poderosamente al lector cautivándolo desde el primer momento.

Francisco Herrera García - L.H. Ediciones.

 

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