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HONRADEZ.

  • Escrito por Redacción

honradez

La honradez es sin duda una de las cualidades mas preciosas que pueden adornar al hombre.

La honradez es hija legítima de la virtud, y por lo tanto el que obra con arreglo á sus nobles inspiraciones y antepone estas á las sugestiones del mezquino cálculo de una ambición injusta, de un egoísmo perjudicial y de un deseo bastardo; el que obra, en fin, á impulsos de una conciencia recta, es digno de toda clase de premios y de alabanzas.

Mentira parecerá á algunos que en este siglo, llamado del positivismo, en que el interés es para todas las clases en general, el móvil más poderoso, y en que el dinero es el becerro de oro, objeto de la nueva moderna idolatría, haya seres de escasa ó de ninguna fortuna, á los que el destino ha colocado en una posición bien humilde, que renuncien hidalgamente á los intereses que la casualidad pone en sus manos, cuando esa fortuna no les pertenece, cuando no les corresponde legítimamente.

Decimos esto, porque conocemos un hecho, cuyo valor podrán apreciar nuestros lectores en vista de la sucinta narración que vamos á hacer de él.

El día 1.° de Mayo del corriente año (1865), el Guardia 1.° de la 5.a compañía del tercio de Madrid, Joaquín Ibáñez Paeza se encontró, bajando por la calle de Carretas, una cartera bastante voluminosa, que contenía la respetable cantidad de 79,532 rs.

Inmediatamente se presentó á su digno coronel é hizo entrega de lo que acababa de encontrarse.

Se registró la cartera, y por los documentos que contenía, se vino en conocimiento que su dueño era D. José Domínguez, vecino y comerciante de la misma calle de Carretas. Diósele en seguida el oportuno aviso, y se presentó á recobrar su pérdida cartera, y aun cuando mostró un decidido empeño en gratificar al honrado Guardia Joaquín Ibáñez por su conducta, éste rehusó la recompensa cumpliendo con la delicadeza tan proverbial en los individuos de este benemérito Cuerpo.

Algunas reflexiones podríamos hacer sobre la conducta del Guardia Ibáñez, pero carecemos del espacio necesario para ello. Daremos sin embargo algunos detalles sobre su posición, para que nuestros lectores puedan apreciar mejor su honrada conducta.

El Guardia Joaquín Ibáñez es casado y tiene que sostener una familia con su escaso sueldo. No parece sino que el destino quiso probar su rectitud poniendo á su disposición una verdadera fortuna, que podía impunemente haberla disfrutado tarde ó temprano. Sin embargo, este pensamiento tentador, que hubiera podido suscitar en su alma un deseo, por más que fuera injusto, en atención á su estado, pues apenas tiene lo necesario para vivir, este pensamiento, decimos, no cruzó siquiera por la imaginación del honrado Guardia.

¡El mundo sería un modelo de virtudes si todos los hombres abrigasen en su corazón esos sentimientos que constituyen la verdadera nobleza, y que parece como que se hallan encarnados en esta salvadora Institución!

Sin vacilar un momento, corre á presentarse á sus dignos jefes, y deposita en sus manos aquel tesoro que la casualidad había puesto en las suyas. No le ocurre, ni por 'un instante, la idea de aprovecharse en obsequio propio, de aquella riqueza; no titubea, no duda. El deber inflexible y severo, su recta conciencia le aconsejan que aquello no debe permanecer en su poder, y á las pocas horas está en el de su verdadero dueño.

El Sr. Director general del Cuerpo, apreciando todo el mérito de semejante conducta, premió al Ibáñez con la suma de 500 rs., confiriéndole además el empleo de cabo 2.°

Pero no es la recompensa material lo que más debe engreír al honrado Guardia, lo que más debe envanecerle es la satisfacción que siempre lleva consigo el hombre que practica la honradez.


CRONICAS ILUSTRADAS DE LA GUARDIA CIVIL

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