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UN ACTO DE VALOR ARRIESGADO

  • Escrito por Redacción

cabo nicolas olmo

“Hallándose el Cabo 1º Nicolás del Olmo, comandante del puesto de Alhama, en el pueblo de Zafarraya, en persecución de unos malhechores, entre tres y cuatro de la madrugada del día 16 del mes de febrero de 1851, se presentaron tres de ellos que hicieron una descarga a la puerta de su alojamiento al Guardia José Martínez.

Inmediatamente salió dicho Cabo con la fuerza de su mando tras los criminales, a los que alcanzaron a la salida del pueblo, y a la voz “alto a la Guardia Civil” les contestaron con otros tres disparos, continuando hasta cerca del amanecer un fuego graneado de una y otra parte, perdiéndose luego de vista los malhechores entre la fragosidad del terreno y una densa niebla que apareció con el día.

Entonces el expresado Cabo pidió auxilio al Alcalde de dicho pueblo, quién se le incorporó con 30 paisanos, y pasaron a reconocer y batir aquellas malezas hasta la cumbre de la Sierra de Loja.

Al día siguiente descubrieron un rastro que les condujo a una cueva en la que se había refugiado uno de los criminales que salió herido de gravedad en una pierna en la refriega del día anterior, quien fue aprehendido y conducido con toda seguridad a Zafarraya.

Continuando el Cabo sus pesquisas y reconocimientos por la citada Sierra, descubrió otra entrada para la citada cueva, por la que se descolgó, bajando rodando sobre catorce varas, y recibiendo algunas contusiones. Cuando ya se hallaba en la entrada de la cueva, aun colgado y sujeto por la cuerda utilizada en el descenso, reconociéndola con un manojo de esparto encendido, le hicieron un disparo a quemarropa, que afortunadamente no le hizo otro daño que apagarle la luz, lo que le obligó a salir de la cueva; pero con la seguridad de que los criminales a los que buscaba se hallaban en ella.

Acto seguido dispuso se tuviese vigilancia en sus salidas, y a la mañana siguiente, viendo los bandidos que estaban dentro que no les quedaba otro remedio sino morir de hambre y sed dentro de su escondite o entregarse, después de inútiles exigencias de que se les quitase la vida, como si la Guardia Civil fuesen asesinos como ellos, se rindieron teniendo que sacarlos con sogas, por no poder salir por sí mismos, conduciéndolos presos donde estaba el otro compañero.

El Capitán D. Juan Domínguez, Comandante de la Línea de Loja, al dar parte de este servicio, encarece su importancia, porque dichos tres criminales eran el terror de aquel país, imputándoles la opinión pública hasta trece asesinatos y otros crímenes y robos; por lo que es digno del mayor elogio el celo, actividad y arrojo del Cabo del Olmo, y el comportamiento de los guardias de su mando, en particular los 2º clase, Manuel Sánchez, Juan de Dios López y José Martínez, que más se han distinguido en este hecho; de cuyo resultado ha quedado satisfecho el Excmo. Señor Inspector General del Cuerpo, haciéndoselo saber a estos dignos individuos, quienes han sido recomendados al Gobierno para su recompensa que S.M. considere justa”.

(“Guía, 1-3-1851”)

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