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LA CAPTURA DE CRISTÓBAL CABELLO.

  • Escrito por Redacción

bandoleros sm

LA CAPTURA DE CRISTÓBAL CABELLO.

Un nuevo servicio, aunque de la misma índole que muchos de los que ya conocen nuestros lectores, tenemos que consignar en nuestras Crónicas. Acontecimientos del mismo género no pueden menos de asimilarse entre sí, y de tener detalles comunes, mas no por evitar estas analogías irremediables y necesariamente lógicas, podemos prescindir de hacer mencion de todo aquello que sea digno de conocerse.

Por otra parte seríamos injustos, si por no incurrir en una repeticion dispensable, dejásemos olvidados méritos que deben figurar en nuestra historia. Sin embargo, por eso referiremos concisamente el interesante episodio que nos ocupa.

La captura de criminales, es uno de los servicios en que mas se han distinguido los individuos de la Guardia Civil, y ciertamente tienen una verdadera importancia. La captura de un famoso delincuente es un servicio que se hace á todo un pueblo, y acaso á una provincia, cuyos habitantes temen verse expuestos siempre á caer en manos del bandido, para ser objetos de atropellos y de crueldades.

Por eso, cuando los que han sufrido las consecuencias de estos huéspedes temibles, se ven libres de un nuevo atentado, recobran la tranquilidad perdida y viven llenos de gratitud hácia aquellos que los han librado de ser víctimas de los planes criminales de un malhechor.

A mediados del año 1857, vagaba por las inmediaciones de la ciudad de Soria un famoso bandido llamado Cristóbal Cabello.

Este hombre, natural de la provincia de Córdoba, tenia una historia tan llena de hechos sangrientos, y de delitos de toda clase, que estaba procesado y reclamado nada menos que por seis ó siete juzgados de primera instancia.

Esto solo bastará para que nuestros lectores se formen una idea de lo temible que semejante huésped seria en cualquier punto que ejerciese sus fechorías.

Los pacificos ciudadanos no podian creer seguras sus vidas y sus haciendas mientras continuase la amenaza que la sola presencia de Cristóbal Cabello imponia á todos los vecinos del pueblo, entre los que probablemente tendría elegidas sus víctimas, ya para arrancarlas su fortuna, y acaso tambien para gozarse en verter su sangre, cosa no difícil de creer en un hombre cuya historia no era mas que un conjunto execrable de maldades. En la época á que nos referimos, Cabello, fugitivo siempre, siempre perseguido, y corriendo sin cesar para evadirse de la justicia que todavía no le habia alcanzado, fué á Sória, donde cometió tantos atropellos que la autoridad dictó enérgicas medidas para capturar al terrible bandido que de aquella manera burlaba la vigilancia de sus agentes, escapando siempre á la espada de la ley. Se sabia que en Córdoba Cabello habia sido salteador de caminos en union de otros bandidos; que despues hubieron sin duda de dispersarse obligados por la constante persecucion que sufrieron.

No se tenia el menor indicio que pudiese servir de guia para la captura del criminal, y por lo tanto, la dificultad de apoderarse de él se hacia mayor con la carencia absoluta de datos para adoptar un plan.

Sin embargo, Cabello no estaba destinado á vivir mucho tiempo en libertad.

La Guardia Civil parece que tiene el don de adivinar la guarida de los culpables, y asi sucedió en el caso que nos ocupa.

El cabo 1.° comandante del puesto de Sória, Cristóbal Romero Marco, acompañado de los Guardias Antonio Sarriá y Francisco Nayo, emprendieron la persecucion del bandido. No diremos las fatigas, los desvelos y los sudores que la empresa costó á estos valientes Guardias. Por no molestar á nuestros lectores no nos detendremos tampoco en los detalles que abunda el hecho; solo debemos consignar que despues de muchas investigaciones y penalidades hijas de un celo que honra mucho al cabo 1.° Cristóbal Romero, pudo descubrir éste por fin, el 2 de Agosto del mismo año de 1857 las huellas del delincuente.

Sorprendido en su misma madriguera, corrió con la esperanza de evadirse una vez mas de sus perseguidores, pero Romero no era hombre que desaprovechase la ocasion.

Corrió tras de Cabello mas de media hora.

El sombrero, el cinturon, la vaina del sable, todo lo que pudo estorbarle, lo fué tirando en aquella interminable carrera. Con el sable desenvainado, única arma que le habia sido posible conservar, pudo por fin alcanzar á Cabello, que no sin hacer resistencia, tuvo que entregarse al valiente cabo, que mereció por este importante servicio, las gracias del Sr. Director del Cuerpo.

Bien las merecia en efecto, el celo, el valor y la pericia del cabo Cristóbal Romero Marco, y de sus dos compañeros, que fueron objeto de la misma honrosa distincion por parte de sus dignos jefes.

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