Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
El gran encierro

El gran encierro

No, no me refiero ...

DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 04 ...

Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 03 de...

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

Miles de personas ...

Los majaderos de Alsasua

Los majaderos de Alsasua

Tras el acto terro...

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

A cada uno por los...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

LA GUARDIA CIVIL y CURRO JIMENEZ.

  • Escrito por Redacción

bandoleros-guardia-civil-museo-gc

Una de las “aventuras” de Curro Jiménez fue la muerte alevosa del alcalde de La Algaba.

Uno de los más difíciles servicios de las fuerzas policiales ha sido la intervención en secuestros, por el riesgo indudable que cualquier precipitación suponía para las víctimas.

Fue aquél un crimen que no podía pasar inadvertido. El Corregidor de Sevilla lo aprovecha para solicitar la ayuda de fuerza del Ejército, y se ponen en movimiento, según Hernández Girbal, nada menos que seis compañías al mando de un coronel, a las que se unieron los primeros guardias civiles, recién llegados a la capital del Betis, a las órdenes de don Lorenzo Contreras. Aquí la fuerza del Cuerpo, escasa, actuó embebida en las compañías de Infantería. También, según el mismo autor, figuraban en la expedición cuarenta hombres reclutados, pagados y dirigidos por el hermano del que fuera Alcalde de La Algaba.

No hemos podido encontrar ningún documento oficial sobre esta aparatosa expedición. No deja de ser lógica después de tan brutal crimen y la admitimos. Estamos aún en la mitad romántica o legendaria de la vida de Curro Jiménez y no nos queda otro recurso que seguir el rastro de la leyenda. Y, según ésta, la expedición concluyó en un fracaso digno de su espectacularidad. "El Barquero de Cantillana" no podía ser capturado por una masa de hombres visible a larga distancia. Contra el bandidaje siempre ha resultado ineficaz un excesivo número de persecutores. Los factores decisivos contra el bandolerismo han sido siempre la sorpresa, la confidencia o la suerte. Esta última no gratuita, sino buscada y perseguida; comprada a un alto precio de sacrificio y tenacidad.

Cuenta la tradición que Curro Jiménez logró burlar la dura persecución de las fuerzas del Ejército, con la que sostuvo algunos combates, siempre de resultado victorioso para él y sus hombres. Finalmente el bandolero se ocultó en lo más espeso de la sierra, durante unos tres meses, en espera de mejor clima. Cuando creía abandonada la persecución, decidió ir, él solo, a la venta de su amigo Galindo, a fin de adquirir información y estudiar una nueva estrategia.

Al entrar Curro en la venta no advierte la presencia de un mendigo que le mira con curiosidad. Ocupado en abrazar a su amigo el posadero no se percata tampoco de que el mendigo, sigilosamente, abandona la casa, una vez convencido de que el recién llegado es "el Barquero de Cantillana", por cuya captura tan fuerte suma se ha ofrecido.

Ya bien entrada la noche la venta es rodeada por multitud de soldados, cuyo jefe ordena esperar al amanecer a fin de que Curro no pueda huir amparado en la oscuridad. El cerco, ya próximo el alba, es advertido por la hija del ventero, quien avisa a Curro del peligro que corre. Pero éste no se inmuta. Se dirige a la cuadra y monta en su caballo "Pantalones". A una indicación suya el ventero abre el cerrojo de la puerta y al bandolero sale al galope gritando: "Paso al Barquero de Cantillana", los soldados de centinela a la entrada, sorprendidos, no saben reaccionar. Finalmente disparan, pero la precipitación con que lo ejecutan les impide dar en el blanco.

Son muchos los soldados que rodean la venta. Curro consigue cruzar por delante de varios grupos, pero cuando ya se consideraba a salvo una bala penetra en las ancas del caballo. El bandolero salta de la montura y corre a refugiarse tras un olivo, donde se hace fuerte mediante certeros disparos de su trabuco con los que consigue derribar a cuantos soldados tratan de acercarse. La situación no puede prolongarse demasiado. El cerco se va estrechando. Una lluvia de balas cae sobre él y, finalmente, Curro, sin dejar de disparar se desploma de bruces bañado en sangre.

El cadáver es llevado a la venta y colocado en un improvisado catafalco, junto a la mesa donde se monta un sencillo altar presidido por la Virgen del Carmen.

Hasta aquí la leyenda. Vamos ahora a buscar la verdad.
--------------------------------------------------------------------------------
Al llegar la Guardia Civil a Sevilla, el mando tiene muy en cuenta las necesidades del servicio en las distintas comarcas y vías de comunicación. Donde más abundan los asaltos a las diligencias eran en la carretera de Sevilla a Huelva, asaltos a cargo principalmente de la banda de Curro Jiménez, que bajaba de la Serranía de Cazalla a las horas apropiadas. Y esta situación motiva que se establezcan sobre aquella carretera destacamentos en las localidades de Castilleja de la Cuesta, Sanlúcar la Mayor y Castilleja del Campo, todos dependientes de la Línea que manda el teniente don Francisco del Castillo. Como Comandante de Puesto de Sanlúcar la Mayor se nombra al sargento don Francisco Lasso, hombre decidido y de gran valor, según iremos viendo.

La Serranía de Cazalla quedaba lejos de Sanlúcar. El camino había de hacerse a pie, por aquello de la falta de caballos, pese a que Lasso es sargento de Caballería. Pero nada importa. Una y otra vez, sobre todo tras los primeros robos cometidos por Curro Jiménez en los carruajes, la fuerza del Puesto sube a la sierra y busca y registra cuevas, simas y grutas. En una de estas ocasiones Curro Jiménez acecha tras unas piedras. Cuando los guardias han pasado, dispara y mata al guardia Francisco Rieles Bermejo. Después huye (17).

Otro encuentro se produce también en el año 1845. No existen apenas datos. Podemos afirmar, sin embargo, que fue el más importante sostenido contra la partida de Curro Jiménez, aparte del último. Se produjo en las proximidades de Cantillana, donde la fuerza solía ir con frecuencia en busca de rastros del bandido. Se inició el choque por sorpresa y el tiroteo se prolongó durante algunos minutos. Cayeron heridos el sargento segundo don Victoriano Santibánez y el guardia Cristóbal Dorado. Los bandoleros también sufrieron bajas de importancia. Los historiadores Quevedo y Sidro dicen que la partida fue "abatida", aunque quizás exageran, pues Curro Jiménez y varios de sus hombres lograron escapar. Hernández Girbal incluye este choque entre los que la tradición refiere como sostenidos por la banda con fuerzas del Ejército en conjunción con la Guardia Civil, pero no aporta ningún testimonio que lo justifique. Los escritores especializados en la historia del Cuerpo, sin embargo, no mencionan al Ejército.

Sea como fuese, es cierto que el encuentro se produjo y que la partida de Curro Jiménez sufrió el primer revés de su azarosa vida. La banda quedó minimizada. Su actividad decrecería y se vería limitada a vivir refugiada en lo hondo de la sierra.

Al año siguiente, 1846, se produce otro choque, ahora con los ya incansables persecutores de Curro Jiménez, el teniente Castillo y el sargento Lasso, que una vez más le siguen el rastro, le encuentran, le tirotean y le persiguen. La partida de Curro, para terminar con la persecución, se aposta y espera protegidos en el terreno. Cuando llegan los guardias disparan sus trabucos y reanudan la huida. Quedan heridos el sargento Lasso y el guardia de Infantería Manuel Toribio. Después, por algún tiempo, no se oye hablar de la partida.

Son estos días de decadencia del bandolerismo, actividad que ya no resulta de fácil ejecución. La Guardia Civil, pese a su escaso número, parece encontrarse en todos los lugares. El asalto a las diligencias se ha hecho muy problemático. Después de robar un cortijo hay que sufrir una pertinaz persecución. Han sido encarcelados numerosos cómplices y la gente del campo parece inclinada a ayudar a la Guardia Civil más que a los bandoleros. Por esta época van cayendo otros bandoleros célebres y sus partidas son diezmadas. Así ocurre con la gavilla de "Zamarra" (padre), la de "el Tempranillo" y la de Manuel Abad. El número de ladrones detenidos en este año 1846 es nada menos que de 674, muchos de ellos enlaces o encubridores de las partidas, con lo cual se va rompiendo sus redes de sustentación.

El año 1847 es de agudas convulsiones sociales en tierras andaluzas y la fuerza del Cuerpo se ve implicada en numerosos conflictos. Una revuelta motivada por el precio excesivo de los cereales obliga a la concentración de la mayor parte de los guardias en Sevilla. El sargento Lasso se destaca en los servicios de conflictividad social y obtiene una felicitación. Empieza a ser conocido su nombre como guardia civil excepcional.

La segunda guerra carlista, iniciada en el año anterior, motiva también cambios en la estrategia y se tiende a un reagrupamiento de la fuerza, todo lo cual supone un forzoso abandono del servicio del bandolerismo. Por si fuera poco, un indulto político saca de las prisiones a casi todos los malhechores, que retornan a sus pueblos a seguir delinquiendo y viviendo del robo.

No mejora la situación, ni mucho menos, en 1848, el año de las convulsiones, el más revuelto del siglo, en el que el general Narváez, al frente del Gobierno, hubo de derrochar energía para defender el trono de Isabel II. En la noche del 13 de mayo se sublevaron los regimientos de Caballería del Infante y de Infantería de Guadalajara, ambos de guarnición en Sevilla. A este movimiento se opuso la Guardia Civil, y de forma especial toda la fuerza del Puesto de Sanlúcar, al mando del sargento Lasso. Los rebeldes tomaron el pueblo y exigieron que la Guardia Civil del Puesto se les uniese. Lasso se negó con una gran energía y prefirió mantenerse leal al Gobierno, consiguiendo resistir hasta que tuvo noticias de la proximidad de fuerzas gubernamentales, en cuyo momento montó a caballo con sus subordinados y, burlando a los sublevados, corrió al encuentro de las tropas leales para unírseles y reconquistar Sanlúcar. Por esta acción se concedió al sargento Lasso el grado de alférez, además de una felicitación en Real Orden.

Las recompensas a la Compañía de la Guardia Civil de Sevilla fueron numerosas, pues todos sus efectivos combatieron tenazmente la insurrección. El coronel don José de Castro fue ascendido a brigadier; al ya comandante don Lorenzo Contreras, se le concedió la Cruz de Comendador de Isabel la Católica, y se otorgaron otros 23 ascensos y condecoraciones (18). La actuación de la Guardia Civil quedó reflejada en el siguiente escrito del Capitán General de Andalucía:

"Al Coronel Jefe del 3.º Tercio, digo con esta fecha, lo que sigue.- El Excmo. Señor Capitán General de Andalucía, con fecha 24 del actual, me dice lo que copio.- Excmo. Sr.- Me honro en tener la satisfacción de participar a V.E. el puntual, noble y leal comportamiento que los individuos del Cuerpo del digno cargo de V.E. en este distrito, han observado en la noche del 13 del actual, y siguientes, hasta el total exterminio de la insurrección, acudiendo al primer movimiento de alarma a los Caños de Carmona, en donde yo me hallaba, siguiendo mis operaciones en la plaza del Alcázar, y en otros varios puntos de importancia, que los destiné, habiendo llenado sus deberes a mi satisfacción, así en los mementos críticos, como en los siguientes, cooperando la fuerza de caballería, que tuve a mis órdenes, hasta la internación de los sublevados al vecino Reino, y es tal el entusiasmo y decisión de este brillante Cuerpo, por el sostén del orden, que cuantos individuos fueron sorprendidos por los sublevados en la provincia de Huelva, a las pocas horas se me habían ya presentado a prestar sus servicios, por lo que faltaría a mi deber si no hiciese de esta fuerza la justicia, a que se han hecho acreedores, y en particular al Coronel D. José de Castro y demás Jefes y Oficiales; en este concepto ruego a V.E. se sirva consignarlo en la orden general del Cuerpo de la Inspección de su digno cargo, para satisfacción de los interesados.- Lo que traslado a V.S. para su satisfacción y la de los individuos del Tercio de su mando, dándole las gracias por la conducta que ha observado en las referidas circunstancias, así como a todos los individuos del mismo, que han tenido ocasión de acreditar nuevamente su lealtad y decisión; y para llenar los deseos que la referida autoridad se sirve significarme, doy traslado con esta fecha a los Jefes de los Tercios, para que lo hagan saber en la orden de los suyos respectivos, a fin de que puedan tener la satisfacción debida, al ver compensados los méritos de sus compañeros, con una recomendación tan lisonjera; y esperando que en su día sabrán todos los individuos del arma imitar su ejemplo, si las circunstancias lo exigiesen.- Lo que transcribo a V.S. a los efectos indicados.- Dios guarde a V.S. muchos años.- Madrid, 28 de Mayo de 1848.- El Duque de Ahumada." (19)

En este año de 1848 Curro Jiménez reaparecerá de una forma un tanto extraña. Ya ha reorganizado su partida y ahora quiere aprovecharse del confusionismo nacional. Una circunstancia histórica puede ayudarle. Se trata de la segunda guerra carlista, ya extendida por toda la nación y que quiere agarrar en tierras andaluzas. En la provincia de Sevilla se alza una fracción en favor del pretendiente al trono, conde de Montemolín, que se echa al campo con propósito de hostigar a las tropas de Isabel II. "El Barquero de Cantillana" piensa que uniéndose a los carlistas puede cambiar el rumbo de su vida. De bandolero puede pasar a guerrillero y quien sabe lo que tiene reservado el futuro si triunfa el carlismo en este segundo intento.

La fracción carlista toma como zona principal de operaciones la Sierra de Cazalla, precisamente los dominios de Curro Jiménez, a quien aceptan de buen grado los jefes carlistas por su indudable valor, experiencia y valía de sus hombres.

El carlismo simbolizaba el absolutismo monárquico, el sometimiento del pueblo a un solo poder y la abolición de las libertades. Al servicio de esta idea y no de otras muy distintas, como ha querido hacer creer Televisión con ciertos demagógicos diálogos, se situó Curro Jiménez, aunque, por supuesto, no era político de ninguna clase. Las libertades democráticas o liberales que en aquella época servían las tropas reales y la Guardia Civil, defensoras del trono de Isabel II, le traían sin cuidado al "Barquero de Cantillana". El era un hombre valiente; rudo y analfabeto. Sólo anhelaba su libertad.

El Ejército no tardó en ponerse en movimiento para reducir el movimiento carlista y pronto se produce un combate decisivo, en el que interviene el teniente Castillo y toda la fuerza de la Línea de Sanlúcar la Mayor, incluido el omnipresente sargento Lasso. La batalla es dura y difícil entre riscos y maleza. Caen hombres de uno y otro bando, pero en mayor número del carlista, peor armado, y finalmente la victoria se declara a favor de las tropas reales. Los que no han caído muertos o heridos son hechos prisioneros, salvo unos cuantos que logran escapar. Entre estos últimos esta el escurridizo Curro Jiménez, que volverá, con sus hombres, los que le quedan, a refugiarse en la sierra.

Pero Curro Jiménez ya no levantara cabeza. Se dedicará a merodear por la zona que tan bien conoce, limitado a robos menores para poder sobrevivir. No se atreverá a bajar a la ribera, a incluso, pasa a ser bandolero de infantería. Los caballos son demasiado visibles en el campo. Y el necesitará ocultarse continuamente. Detrás de cualquier piedra puede haber un guardia civil. Lo que ignora Curro Jiménez es que no será un guardia civil cualquiera, sino hombres escogidos. El brigadier don José de Castro, jefe del 3.er Tercio, decide cambiar la táctica y no seguir dejando la lucha contra el bandolero a la incertidumbre de un encuentro casual. Encomienda al teniente Castillo y al sargento Lasso una misión especial: acabar con Curro Jiménez. Este objetivo ya se venía buscando como uno más de los muchos cometidos en la extensa demarcación del Puesto de Sanlúcar, que se extendía desde las riberas del Guadalquivir hasta las cumbres de la Sierra de Cazalla, pero ahora, elegido como finalidad primordial los resultados pueden ser otros.

El procedimiento que adopta el teniente Castillo es el de permanecer casi constantemente en la sierra. Tarde o temprano verán a Curro Jiménez. La patrulla la componen él, el sargento Lasso, cuatro guardias y dos soldados que se le han agregado para esta misión. El sargento Lasso es ya un hombre muy admirado, no sólo en su demarcación, sino en gran parte de la provincia de Sevilla. Su caballerosidad le ha ganado las simpatías del pueblo de Sanlúcar y el aprecio de todos sus jefes, y su valor y su acierto en difíciles misiones le harían ganar dos cruces de San Fernando, cosa poco frecuente. La persecución de Curro Jiménez constituye obsesión en el sargento Lasso, sobre todo después de que aquél le hiriera, y el mismo interés, por supuesto, comparte el teniente Castillo.

En la sierra les llega el 2 de noviembre de 1849 (20). Están descansando a la sombra de un barranco, en lo profundo de la serranía. Nadie transita por aquellos parajes, excepto bandoleros y guardias civiles. Por ello, el teniente y el sargento cruzan una mirada cuando oyen pasos de alguien que se acerca. Es un hombre de unos cuarenta años, algo cojo. Al llegar a la altura de la fuerza se detiene, sorprendido y atemorizado, y saluda con un titubeante "La paz de Dios". Vuelve a mirar el sargento al teniente y éste hace una señal afirmativa con la cabeza. Lasso se levanta y se dirige al cojo para interrogarle. Naturalmente, el recién llegado no sabe nada de "el Barquero de Cantillana". Se limita a encogerse de hombros. El sargento le pide que ponga las manos en alto y comienza a registrarle. De la faja sale una navaja de largas dimensiones; de un bolsillo, varias monedas de oro. Sólo los bandoleros podían tener en aquella comarca monedas de oro.

La faz del cojo enmudece. Tiembla. El teniente se acerca y hace señal con la mano a los guardias para que se levanten y se preparen. Se coloca delante del supuesto bandolero y le anuncia que en aquel momento les va a llevar al refugio de "el Barquero de Cantillana". El cojo protesta. Un guardia se coloca detrás y le hace sentir en la espalda la boca de su fusil.

El cojo da media vuelta a inicia la marcha en sentido opuesto al que traía. Sus continuas paradas y titubeos hacen pensar que la partida no debe estar lejos y no sería extraño que el encuentro se produjera de un momento a otro. El teniente, por señas, ordena a sus subordinados que caminen separados y prevenidos. Efectivamente, la guarida de los bandoleros está muy cerca. El centinela de la partida de Curro Jiménez, junto a una roca que se asoma a la vereda, oye cierto extraño ruido y se asoma. Los guardias están allí. A diez pasos. En una reacción instintiva dispara su arma. La bala roza el sombrero de uno de los guardias. Curro Jiménez y dos bandoleros más huyen subiendo la ladera. Los guardias les siguen. Todos, menos uno que se detiene, ocupado en atar al cojo de un árbol.

Los bandoleros se pierden de vista, pero se conoce su dirección, y los guardias corren. De pronto un hombre asoma sobre un peñasco. Es Curro Jiménez. Dispara su trabuco. Los guardias responden con celeridad. "El Barquero de Cantillana" abre los brazos y cae hacia detrás, alcanzado por una bala en la cabeza. Se prolonga la lucha durante unos minutos y los otros tres bandoleros reciben también en sus cuerpos plomo suficiente para morir.

Curro Jiménez y su partida han terminado.

La noticia del feliz servicio se extendió rápidamente por toda la provincia. El Capitán General de Andalucía, por éste y otros servicios, manifestó públicamente su satisfacción y su reconocimiento a la Guardia Civil. El teniente Castillo fue ascendido a capitán y Lasso condecorado por segunda vez con la Cruz de San Fernando.

Decía la orden de concesión de estas recompensas:

"N.º 806.- MINISTERIO DE LA GUERRA.- Excmo. señor.- Enterada la Reina (q.D.g.) por las comunicaciones de 10 y 12 de Noviembre último, y la del Capitán general de Andalucía del citado día 10 del mérito contraído por el Capitán graduado, Teniente de la Guardia Civil de infantería D. Francisco del Castillo, y demás que a sus órdenes tuvieron parte en la persecución, aprehensión y muerte del facineroso Andrés López Muñoz, (a) el Barquero de Cantillana, con otros tres que formaban su cuadrilla; ha tenido S.M. a bien conceder al expresado Teniente del Castillo la cruz de S. Fernando de 1.ª clase, y mandar que se le tenga presente para el ascenso inmediato en turno de elección; al Alférez graduado Sargento 1.° de Caballería de la Guardia Civil D. Francisco Lasso, la cruz de S. Fernando; y al Guardia de 2.ª clase Salvador Santipérez, y al Cabo 2° de Granaderos del Regimiento Infantería de la Albuera Juan Sánchez la cruz sencilla de María Isabel Luisa.- De Real orden, lo comunico a V.E. para los efectos consiguientes, en contestación a sus dos citadas comunicaciones.- Dios guarde a V.E. muchos años.- Madrid, 10 de Diciembre de 1849.- Constancia.- Sr. Inspector General de la Guardia Civil.

Cuando se descubría un crimen se movilizaba toda la fuerza del puesto y los mandos de Línea y Compañía, que rápidamente acudían al lugar de los hechos para inciar las investigaciones. (Grabado de la "Ilustración Nacional").

El pueblo de Sanlúcar la Mayor, como consecuencia de este brillante servicio y en prueba del aprecio que sentía por el Sargento Lasso, elevó una petición firmada por cuatrocientos vecinos pidiendo la continuación del sargento en la ciudad que lógicamente había de abandonar con motivo de ascenso.

La tranquilidad volvía al norte del Guadalquivir sevillano. Curro Jiménez había muerto. Digamos en su honor que cayó como un valiente. Pudo muy bien haber proseguido la huida iniciada y tal vez se hubiera salvado. Pero prefirió al fin enfrentarse a sus persecutores para matar o morir. Tenía escasas posibilidades de vencer. Por eso quizás fuera consciente, cuando se asomaba al peñasco para hacer fuego, que donde realmente se asomaba era a una ardiente eternidad.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones