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EL ULTIMO BANDOLERO – EL PERNALES -

  • Escrito por Redacción

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EL ULTIMO BANDOLERO – EL PERNALES -

¿ Qué llevó a gentes como Pernales a echarse al monte y ponerse al margen de la ley? La respuesta no es fácil de hallar, pues diferentes autores han tratado de analizarla desde diferentes perspectivas sin llegar a ninguna conclusión común. Habría que remontarse, tal vez, a finales de la Guerra de la Independencia, en la que muchos aventureros y maleantes se habían unido a la guerrilla para luchar contra los franceses.

Al acabar la guerra, acostumbrados como estaban a una vida aventurera y montaraz fue difícil someterse a las reglas de conducta social y a la ley, o posiblemente empujados a un paro forzoso que les conduciría al hambre y la miseria, decidieron hacerse salteadores de caminos, pasando en muy poco tiempo de ser patriotas a ser maleantes. Aunque el comienzo del bandidaje en Andalucía se remonta a los albores de la historia, pues ya Diodoro, historiador griego contemporáneo de Julio César, hablaba en su Biblioteca histórica de grupos de hispanos, especialmente lusitanos, que eran tan pobres que unidos en grandes partidas se dedicaban al robo y al pillaje.

En un ambiente desolador de miseria y pobreza, el 23 de julio de 1879 nació Pernales en Estepa, un pueblo de Sevilla situado entre Puente Genil y Osuna, siendo bautizado cuatro días más tarde en la iglesia de Santa María con el nombre de Francisco de Paula José Ríos González.

Con apenas un lustro de existencia del régimen conocido como Restauración, Cánovas del Castillo había impulsado un sistema de turnos de partidos a la manera inglesa, en el que los liberales y conservadores se turnaban en el poder. Bien es verdad que ambos partidos defendían a una sociedad burguesa que se enriquecía con la industria y con los latifundios, mientras la mayoría de la población vivía en el analfabetismo y la miseria.

Este régimen, cuya cima era ocupada por el rey Alfonso XII, llegado del exilio francés en plena guerra carlista, era apoyado por supuesto por la Iglesia y el Ejército, y en él apenas un dos por cien de la población tenía derecho al voto. De todas formas los caciques, por medio del encasillado y el pucherazo, se encargaban de amañar las elecciones y evitar sorpresas desagradables a la oligarquía dominante.

Como la mayoría de los campesinos andaluces Pernales no recibió instrucción alguna en la escuela y a los diez años trabajaba de cabrero con su padre en Calva, aunque dos años más tarde ambos regresaron a Estepa. Allí, cuando no tenían trabajo y el hambre apretaba los estómagos vacíos de la familia, tuvieron que cometer algunos robos en los vecinos campos, lo que les llevó a tener algún encuentro con la Guardia Civil. En alguno de estos encuentros parece ser que el joven Francisco Ríos recibió varios golpes por parte de los guardias que así empezaron a ganarse un feroz enemigo.

Durante estos años de su niñez fue cuando Francisco Ríos aprendió a leer y a escribir malamente. También trabajó un tiempo como cuidador de caballos por lo que parecía que el camino de Pernales se iba a enderezar y no llegaría nunca a ser el famoso bandido. Pero al igual que otros niños andaluces empezaba a soñar con resucitar la vieja estampa del bandolero dueño y señor de los caminos que tenía sometidos a sus prebendas a todos los ricos del lugar.

Estepa había sido cuna de bandoleros famosos como Juan Caballero, el Lero, nacido el 23 de agosto de 1804, cuya vida fue una de las más largas en la historia del bandolerismo, pues murió el 30 de marzo de 1885. Este bandolero auténtica leyenda en su pueblo, fue capturado pero ante la falta de pruebas fue puesto en libertad, viviendo, según cuentan, del producto de sus robos. Publicó unas memorias escritas en mano del escritor José María de Mena, con las que quiso oscurecer un poco la vida de José María el Tempranillo ensalzando la suya.

También había nacido en Estepa, trece años antes que Pernales, Joaquín Camargo Gómez a quien el maestro de Estepa que le enseñó las primeras letras le puso el apodo de Vivillo, al parecer porque era bastante despabilado. Pero aunque el Vivillo fue huésped en numerosas ocasiones de las cárceles andaluzas, igual número de veces tuvo que ser puesto en libertad al no encontrarse pruebas que pudieran condenarlo, aunque él reconoció más tarde, en unas memorias que escribió, que era fundamentada su fama como ladrón.

Incluso fue famoso este Vivillo porque ejerció como picador de toros en las plazas de Linares y Madrid con la cuadrilla de Antonio Moreno, Morenito de Alcalá, aunque tuvo que retirarse al no ser capaz de aguantar las embestidas del público, que no del toro. Joaquín Camargo, a quien se atribuye el dicho de que los alambres acabarían con ellos, murió a los sesenta y cuatro años de edad en Argentina, donde marchó a vivir, víctima de un veneno que se suministró cuando murió su compañera sentimental.

El padre del joven Francisco siguió robando por los campos, y en uno de estos robos fue sorprendido por los miembros de la Benemérita. A consecuencia del encuentro el padre murió, por lo que su hijo Francisco juró vengarse de este benemérito cuerpo.

De nuevo se torció la vida de Pernales y abandonando el trabajo volvió a las correrías y a cometer pequeños robos, incluso ayudó alguna vez a su tío Antonio Ríos el Soniche, posible maestro suyo en el arte del bandolerismo. El 25 de diciembre de 1901 se casó en la iglesia de Santa María de Estepa con María de las Nieves Pilar Caballero, cinco años mayor que él, con la que tuvo dos hijas, aunque años más tarde ésta lo abandonó al parecer por los malos tratos que recibían ella y sus hijas de Pernales.

Inició sus andanzas bandoleriles con Antonio López Martín el Niño de la Gloria y Juan Muñoz el Canuto, a los que se uniría más tarde Antonio Sánchez el Reverte. Comenzaron entonces los asaltos en los cortijos y a exigir dinero a las gentes acaudaladas, incluso tuvieron algunos enfrentamientos a tiros con los miembros de la Benemérita lo que hizo que fuera cogiendo gran fama. Se cuenta también que llegaron a ser apresados por las fuerzas de la autoridad en una ocasión, pero misteriosamente escaparon.

Parece ser que en un principio se le empezó a llamar Pedernales debido a la dureza de sus sentimientos, como así demostró con sus hijas a las que se dice que quemó molestado por su llanto, o violando a una mujer en el cortijo de Cazalla. Igualmente fue implacable matando al dueño del cortijo de Hoyos, cerca de La Roda, que al parecer había intentado envenenarlo junto a su tío el Soniche y otro miembro de la banda. Finalmente este nombre derivó en Pernales que es como se le llamaría desde entonces.

Solían actuar por los campos de Marchena, Puebla de Cazalla, Osuna, La Roda, Santaella, Lucena, Morón, Ecija y todo el valle del río Genil. El diario contacto con gañanes y gente humilde, víctimas de injusticias permanentes, hacía que estas gentes le solicitasen de vez en cuando alguna ayuda a lo que él no rehusaba. Incluso solía repartir algunos cigarros y algún duro entre los campesinos que se cruzaba por los caminos, de donde tal vez le venga la fama de repartir el dinero entre los pobres. A cambio éstos le prometían fidelidad y veían en él un aliado contra los ricos, un defensor de sus derechos, además de saber que si lo traicionaban su venganza sería terrible.

Por otra parte Pernales era un consumado jinete que sabía escapar rápidamente a cuantas emboscadas le tienden a lomos de su caballo Relámpago, que superaba en velocidad a cualquier otro caballo. Sus robos consistían en solicitar a la persona elegida amablemente una cantidad de dinero (generalmente mil pesetas) cantidad que solía entregar, conocedora de su fama y para evitar males mayores. Estos robos fueron en aumento y las autoridades de Madrid empezaron a preocuparse ante sus fechorías, incluso se dice que llegó a asaltar al gobernador de Córdoba al que en persona le solicitó mil pesetas. Solo robaba a quien tenía dinero suficiente, por lo que las personas humildes estaban de su parte; de esta forma en las tierras andaluzas por donde actuaba se sentía seguro y protegido.

Por esta época se enamoró de una moza de poco más de veinte años llamada Concha Fernández Pino, vecina de un pueblo llamado El Rubio, por la que es correspondido. Pero ante el aumento de guardias civiles en la zona decidió cambiar de ambiente y empezar a operar en la provincia de Málaga. Pronto se uniría a la banda un nuevo miembro llamado Pedro Ceballos a quien apodaban el Pepino, por allá por el mes de mayo de 1907, y más tarde al pasar por una finca del término de Arahal, cerca de Sevilla, un gañán llamado Antonio Jiménez Rodríguez, pero al que todos llamaban el Niño de Arahal.

Sin embargo la buena suerte que habían tenido los bandidos hasta ahora, se quebró el 31 de mayo de 1907 al ser sorprendidos por la Guardia Civil entre los pueblos de Alcolea y Villafranca, en la provincia de Córdoba. En el tiroteo que se produjo fue herido el Niño de la Gloria, que poco después murió, y otro miembro de la pandilla, el Reverte, fue hecho prisionero.

Animados por la captura de un miembro de la banda de Pernales y por la muerte de otro, las autoridades decidieron dar el golpe definitivo para capturar al bandido. De distintos puntos de la comarca llegaron guardias civiles de forma que, unidos a los ya existentes, eran ya varios cientos los que iban tras sus pasos. Pero su movilidad impedía conocer con exactitud donde se encontraba, pues cuando los miembros de la autoridad lo creían en Sevilla, éste aparecía en Córdoba, en Sierra Morena o en la Serranía de Ronda, lugares todos ellos que conocía a la perfección además de sentirse arropado por los campesinos.

El 24 de julio de 1907 Conchilla “la del Pernales” dio a luz una niña, fruto de sus amores con el bandido. Este se reunió con su novia y al parecer le pidió que marchase a Valencia, donde se reunirá con ella más tarde, posiblemente con la idea de partir para América, ya que aquellos aires no eran muy saludables para él. En realidad este sería el último encuentro con su amada.

Aún siguieron un tiempo las correrías del estepeño con su inseparable compañero, el Niño de Arahal. Uno de sus últimos golpes conocidos fue en Mancha Real, aunque se duda que fuera el auténtico Pernales. Pero sus movimientos eran cada vez más reducidos y el encuentro con los guardias iba en aumento. Entonces decidió por fin escapar y reunirse con su querida Conchilla en Valencia; si no lo hacía ahora luego tal vez fuera demasiado tarde pues toda aquella zona era un auténtico hervidero de guardias civiles. El Niño de Arahal no quiso abandonarlo y decidió marcharse con él hasta Valencia.

El bejarano Florentino Hernández Girbal nos dice en su libro Bandidos Célebres Españoles, que Pernales y el Niño de Arahal atravesaron entonces parte de la provincia de Jaén y el 29 de agosto se les vio por el Puente de los Aceiteros, a cuatro kilómetros de las Navas de San Juan, al norte de Ubeda. Sin embargo no tiene mucho sentido los lugares por donde cuenta que pasaron después. Lo que sí tiene más sentido y se da como probado es que a las nueve de la mañana del sábado 31 de agosto, el guarda forestal Gregorio Romero Henares, retirado de la Guardia Civil, se encontró con los bandidos en las inmediaciones del puerto del Bellotar, al noroeste de Villaverde.

Por aquí pasaba una vereda, hoy día ya perdida, que por lo alto de la montaña venía de Villarrodrigo, en la provincia de Jaén, y se dirigía hacia Los Picarazos, bajo el pico de La Sarga. Este guarda forestal debió sospechar algo de estos dos hombres que venían tan armados y que, por las ropas que vestían, sabía de otras tierras. Enseguida se dirigió a Villaverde y dio cuenta del encuentro con estos sospechosos al juez municipal, don Miguel Serrano, quien de acuerdo con el alcalde decidió enviar al alguacil Eugenio Rodríguez Campayo para dar aviso al teniente de la Guardia Civil. Este se encontraba en el caserío de El Sequeral, a seis kilómetros al sur de Villaverde, entre la Venta del Tabaquero (cerca de la antigua Resinera de Cotillas) y El Parrizón.

El segundo teniente Juan Haro López, jefe de la línea de Alcaraz, cuenta en el informe que realizó al ministro de la Gobernación (lo que hoy sería el ministro del Interior) que informado de la existencia de los dos sospechosos, salió en su busca con el cabo Calixto Villaescusa Hidalgo, el guardia primero Lorenzo Redondo Morcillo, y los guardias segundos Juan Codina Sosa y Andrés Segovia Cuartero. En Villaverde se enteraron que los sospechosos se encontraban cerca del cortijo del Arroyo del Tejo, donde se detuvieron a comer bajo la sombra de una noguera junto a La Casica, un pequeño refugio de pastores que hay más arriba del cortijo anterior.

Por orden del oficial de la Guardia Civil el cabo Villaescusa y el guardia Segovia se dirigieron por el Prado de la Rosinda hasta El Portillo y desde aquí siguieron el camino que se dirige por Las Morricas hacia el arroyo del Mesegar con dos prácticos (paisanos que conocían la zona). Este camino se divide a su vez en otros dos al llegar al citado arroyo: uno va hacia la derecha hasta el cortijo del Mesegar y otro hacia la izquierda a Riópar pasando bajo la falda del Padroncillo. El teniente se dirigió con los guardias Redondo y Codina hacia el cortijo del Arroyo del Tejo con un práctico, pero los bandidos ya se habían ido.

Pernales y el Niño llegaron, según el informe del teniente, hasta 8 pasos de donde estaban apostados el cabo Villaescusa y el guardia Segovia quienes les dieron el alto, a lo que respondieron los bandidos disparando. Este lugar donde murió Pernales es una pequeña elevación de terreno con dos grandes piedras detrás, donde seguramente se ocultaron los guardias. La senda, que todavía hoy se distingue perfectamente, es muy estrecha, Pernales iba delante y detrás el Niño, que así pudo escapar, aunque finalmente fue abatido ya que tropezó con el teniente Haro, el guardia Redondo y el guardia Codina, este último al parecer fue quien le alcanzó con un disparo, pues así lo afirmaba el oficial en su informe:

“Al referido Pernales le dispararon respondiendo al ataque de los mismos, a la vez el cabo Villaescusa y el guardia Segovia, aunque quizás un poco antes el guardia, sin que se pueda precisar quien lo mató, pues los dos creen haberlo herido. Al Niño de Arahal, puedo asegurar que, en un disparo hecho por el guardia Codina fue cuando se vio caer al bandido... El que debe ser Pernales, por los documentos que se le han ocupado y coincidir las señas facilitadas por la superioridad, aparenta ser de unos veintiocho años, de 1,49 metros de estatura, ancho de espaldas y pecho, algo rubio, quemado por el sol, con pecas, color pálido, ojos grandes y azules, pestañas despobladas y arqueadas hacia arriba; vestido con pantalón, chaqueta corta y chaleco de pana lisa, color pasa...El que aparenta ser el Niño de Arahal es de unos veintiséis años de edad, de 1,61 metros de estatura, de pocas carnes, pelo rubio, barbilampiño, cara afeitada, viste igual que el anterior...”

Al Pernales se le ocupó, según el informe del teniente Haro, un macho castaño oscuro, una escopeta de dos cañones de fuego central de retroceso, un revólver sistema Smith de seis tiros, un anteojo de larga vista, un reloj sistema Roskof, una cartera de bolsillo con tres billetes de 100 pesetas, una pluma para escribir, una carta con un sobre que se dirigía a Carmen Morales González, calle Alcoba, Estepa, participándole a su madre que tenía un hijo más, firmándola Francisco Ríos y otra carta en un sobre, sin dirección, proponiendo a una tal Mariana que asistiera a una entrevista para llevársela al campo, entre otras cosas.          

Al Niño de Arahal se le ocupó una yegua castaña clara, un revólver sistema Smith, una navaja de muelles de grandes dimensiones, fabricada en Albacete y una cartera de bolsillo con cuatro billetes de 100 pesetas, entre otras cosas.

Una vez muertos los bandidos fueron llevados por los prácticos hasta Villaverde donde quedaron expuestos toda la tarde en la plaza a la curiosidad pública. Al día siguiente día 1 de septiembre los cadáveres fueron trasladados en un carro a Alcaraz, donde fueron depositados en el antiguo convento de Santo Domingo. Allí se les practicó la autopsia y quedaron a la espera de que llegasen las personas que debían identificarles. Fue numeroso el público que acudió al lugar para ver los cadáveres de los bandidos que estaban expuestos encima de unas mesas.

El ministro de la Gobernación don Juan de la Cierva se alegró de la noticia, pues las andanzas del Pernales habían constituido para él y para todo el Gobierno una auténtica pesadilla. Las personas designadas para identificar a los bandidos procedentes de Andalucía llegaron a Alcaraz el lunes día 2 a las siete de la tarde. De estas personas, 5 afirmaron que se trataba de Pernales, aunque 2 dijeron no estar seguros pues según decían no tenía el mechón de pelo que llevaba siempre sobre la frente. 

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La autopsia practicada a los bandidos demostró que Pernales había recibido un disparo en cada ingle rompiéndole la arteria femoral y astillándole el fémur y que el Niño de Arahal había recibido un tiro en el corazón. La muerte de los bandidos se produjo, según esta autopsia entre las dos y las tres de la tarde del citado día 31. La amante de Pernales, Conchilla cuando se enteró de la noticia por los periódicos regresó a su pueblo, El Rubio, donde su hija fue bautizada con el nombre de Juana Isabel Cristina. Más tarde el juez de instrucción de Ecija mandó a la guardia civil para que fuera detenida no se sabe con qué cargos. 

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