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EL SARGENTO URQUÍZAR, NUESTRO PROPIO GUZMÁN EL BUENO

  • Escrito por Redacción

 

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EL SARGENTO URQUÍZAR, NUESTRO PROPIO GUZMÁN EL BUENO

Corre el año 1875, en plena guerra carlista. En los alrededores de Berga, en la provincia de Barcelona, el Trinquet, cabecilla carlista y famoso bandido, era el terror de los pacíficos aldeanos con sus continuos crímenes y amenazas. La Guardia Civil le persiguió sin descanso. Pero perfecto conocedor del terreno, se internaba en la fragosidad de la sierra para aparecer después a muchas leguas de distancia.

Entre los perseguidores de distinguió el sargento del Instituto don Juan Urquízar, hombre incansable e inteligente, que puso todo su empeño en su captura. El Trinquet se vio obligado a dejar aquella comarca, no sin jurar tomar sangrienta venganza del sargento, como represalia de las heridas recibidas en la persecución de que había sido objeto.

Uno de los puntos por donde más armas entraban de contrabando para los carlistas, durante la guerra, era Port Bou, dirigiéndose los contrabandistas hacía Rosas y Palamós.

Vicisitudes de la profesión habían llevado al sargento Urquízar a aquellos puntos, donde se distinguió en varias aprehensiones de armas y consiguió detener al Trinquet.

La guerra civil seguía por Cataluña más encarnizada que nunca y el feroz Savalls llevó a cabo la sangrienta barbarie de Alot, donde fusiló a ciento ocho carabineros. El jefe de los contrabandistas que no era otro que Trinquet consiguió fugarse de la cárcel y unirse a la partida de Savalls, en la que se distinguió por su odio a la Guardia Civil y a los Carabineros.

Tenía el sargento Urquízar mujer y tres hijos en Puigcerdá, pro tenerlos más cerca del destacamento que mandaba.

Una mañana, se presentaron ante la fuerza numerosos carlistas, mandados por su teniente, que era el Trinquet, el cual conducía amarrados a tres niños, el mayor de tan solo doce años, todos con señales de haber sido maltratados. El Trinquet llamó a grandes voces al sargento Urquízar, con insultos soeces: Después de responderle el sargento, el Trinquet volvió a gritar: ¿conoces a estos chicos?, pues si los quieres dame el fuerte y tu vida; si no, te mandaré sus cabezas.

Pasados unos minutos sin recibir respuesta el famoso criminal hundió su gran cuchillo en el mayor de los niños, pero tan rápida como fue la puñalada, lo fue un disparo del sargento que destrozó la cabeza del Trinquet, para caer envuelto con su víctima inocente. Una descarga cerrada hizo desplomarse varios carlistas; éstos contestaron con sus armas, pero faltos de su jefe se dispersaron en fugaz y cobarde huída.

Nos merece un recuerdo imperecedero este sargento que, como Guzmán el Bueno, prefirió el cumplimiento del deber antes que la salvación de sus hijos.

 

Comentarios   

Diego López Ordóñez
0 #1 Diego López Ordóñez 19-10-2014 11:04
El HONOR y el DEBER antes y por encima de todo.
Dios tenga en la Gloria al sargento y a su familia.eesm
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