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LA ANIMADVERSIÓN HACIA LA GUARDIA CIVIL EN LOS AÑOS ANTERIORES A LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE DE 1934

  • Escrito por Antonio Mancera Cárdenas

guardia civil 1932

Metidos de lleno en los hechos que iban a desencadenar la revolución de Octubre de 1934, del que en la anterior entrada de este blog, “LA GUARDIA CIVIL EN LOS PROLEGÓMENOS DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE DE 1934 “ ya comenzamos a vislumbrar, el llamado “Octubre Rojo”, como lo denominaban los propios grupos que protagonizarían este levantamiento contra la República, debemos explicar que era, que representaba y como se utilizaba a la Guardia Civil en ese preciso momento de nuestra historia, a la vez del porqué de la animadversión, especialmente hacia la Guardia Civil que estos grupos, sindicatos y partidos implicados, ya sin matices y sin esconder sus intenciones, tenían hacia la Institución.

Sabemos que algunos dirigentes incitaban ya no solo hacia la rebelión, sino hacia el ataque y el atentado a los agentes, como sabemos que partidos y sindicatos llamaban e incitaban igualmente al asesinato, recordemos por ejemplo las manifestaciones de la diputada socialista Margarita Nerkel tras los sucesos de Castilblanco donde fueron asesinados cuatro guardias civiles, "Lo ocurrido en Castilblanco no eran sino desahogos obligados de espíritus oprimidos”, poniendo a la Guardia Civil en el punto de mira para otros "desahogos" que vinieron después, desde el partido comunista llegaron a pedir que los guardias civiles, a los que se enviaba a sofocar motines y rebeliones en toda la geografía española, y donde se veían obligados a utilizar sus armas contra las emboscadas, ataques y agresiones que sufrían, algunas preparadas de antemano, incluso utilizando armas de fuego, compareciesen ante un Tribunal del pueblo, sumarísimo, para ser juzgados, precisamente por seguir el mandato del Gobierno legalmente establecido e intentar restablecer el orden público; Lerroux, político español de ideología republicana, y que llegó a ocupar la presidencia del gobierno en varias ocasiones durante la Segunda República Española, llegó a decir que "la Guardia Civil, fuerza de choque para la conservación de las instituciones, tenía encuentros trágicos en los que sucumbían más que en la lucha, en el cumplimiento de su deber, sacrificados por el instinto homicida", estos grupos tenían un claro antimilitarismo y presentaban una animadversión patente hacia los Institutos armados, y en especial hacia la Guardia Civil, tan solo por enfrentarse a quienes querían acabar con la República, valga como ejemplo lo ocurrido en los congresos que en 1932 celebraron de forma simultánea PSOE y UGT, donde se aprueba en el primero de ellos, un proyecto de ley con 20.048 votos a favor y 2.217 en contra, para la disolución de la Guardia Civil, proyecto de ley que se pretendía además presentar en las Cortes, se estudia su sustitución por un nuevo Cuerpo que unos sugieren llamarlo Guardería Rural Republicana y otros apuestan por llamarla Milicia de las Casas del Pueblo, como si poner en el nombre que se es republicano o de las Casas del Pueblo fuese marchamo suficiente para garantizar una lealtad que la Guardia Civil nunca dejó de tener a la propia República ni al mantenimiento de la Ley, el orden y el poder legítimamente establecido y que no solo durante la época de ambas Repúblicas, sino a lo largo de su existencia, había demostrado con creces al pueblo español.

Joaquín Arrarás Iribarren, periodista e historiador español, en "Historia de la Segunda República", escribía "Un furioso huracán azotaba a España de Norte a Sur. Crimenes, atracos, choques sangrientos, motines, huelgas. El balance cada mes rendía un número considerable de muertos y heridos..., pero lo más repetido y generalizado en muchas provincias eran las agresiones a la Guardia Civil". Ese libro es crucial para entender la historia completa de la Segunda República y la implicación de la Guardia Civil para su defensa.

Las razones para esta animadversión eran obvias, pero nadie mejor que Julio Camba, periodista y escritor, en su obra “Haciendo República” explicaba precisamente lo que en la época era y representaba la Guardia Civil:

La Guardia Civil era una de las pocas cosas que funcionaban bien en España. De aquí su impopularidad. AL español no le gusta que las cosas funcionen bien, él tendrá que funcionar bien a su vez, y este sistema no le ofrece ventaja ninguna. Con un tren que salga siempre a la hora exacta, por ejemplo, no habrá ninguna seguridad de llegar a tiempo a la estación, y de igual modo, con un ministro honrado o con un funcionario insobornable no se podrá jamás conseguir un destinillo ni activar un expediente.

La Guardia Civil era exacta, era honrada, era insobornable. Yo he jugado muchas veces al tute con el cabo de la Guardia Civil en los cafés del pueblo, y era en vano que le dejase cantar siempre las cuarenta, porque si en época de veda se me ocurría salir al campo con una escopetilla, nadie me libraba de pagar la multa correspondiente. Para un guardia civil no había nada en el mundo más que el reglamento, y si el reglamento le mandaba sacrificar al amigo, al hijo o a la mujer, los sacrificaba y en paz. Un día, en una de esas partidas de tute a que me acabo de referir, no se cómo se evocó el nombre de Guzmán el Bueno, y alguien, al recordar su hazaña, la comentó en términos que tenían, por cierto, muy poco de respetuosos.

- Ustedes dirán lo que quieran –exclamó-, pero eso de que Guzmán el Bueno ofreciera su propio cuchillo para que degollaran al hijo, francamente, a mí me parece una barbaridad.

- ¿Y qué iba a hacer el hombre? –dijo entonces el cabo de la Guardia Civil-; seguramente su reglamento no le dejaba otro camino.

No había en toda España una organización comparable a la Guardia Civil, y lo aseguro yo, que no sólo la conozco de jugar al tute, sino que he sido conducido por ella desde el extremo de la Península hasta el extremo opuesto, dicho sea todas las salvedades debidas a mi natural modestia y sin el menor propósito de que se me conceda un alto cargo.

La Guardia Civil era, técnicamente, de lo mejor que había en España; pero, ¡qué quieren ustedes! ¡Había disparado tantas veces contra el pueblo soberano!

Yo, la verdad, ignoro contra quién hubiera podido disparar la Guardia Civil, de no hacerlo contra el pueblo, soberano o no. ¿Debía haber disparado tal vez contra las Hijas de María? No creo que hubiera hecho muchos remilgos para ello en caso necesario; pero la Guardia Civil era un instrumento, y así como tales Hijas de María, no se pronunciaron contra este orden. En suma, la Guardia Civil era un instrumento, y así como en un principio la República la tomó con la Guardia Civil, lo mismo pudo haberla tomado contra el sistema Mauser de fusiles de percusión.

Porque no hay duda de que la República la tomó con la Guardia Civil, y no porque el imperio de la justicia hiciera innecesario ya defender el orden por medio de la fuerza, ni porque hubiera cesado el malestar del pueblo, ni por nada semejante, sino tan sólo porque durante cincuenta años, mientras los republicanos tuvieron enfrente a la Guardia Civil, no la tuvieron a su lado, y ahora, cuando la tenían a su lado, seguían creyendo que la tenían enfrente. Por esto, señor mío, y nada más que por esto, la República la tomó con la Guardia Civil, y primero intentó sustituirla con el cuerpo de Guardias de Asalto. Luego, al ver que no podía sustituirla, quiso modificar su reglamento. Después se conformaba ya con modificarle el uniforme, y por último, ¿saben ustedes lo que hizo?; pues aumentar su consignación, para que hubiese más guardias civiles que nunca y para que estos guardias civiles estuviesen mejor retribuidos que jamás”.

No hay duda de que la Guardia Civil cumplía y así lo veía el gobierno republicano que aumentó su plantilla y elevó sus salarios, y precisamente por cumplir fielmente el mandato republicano molestaba, especialmente para los grupos y partidos inmersos en el intento de levantamiento de quienes querían subvertir el mandato del propio gobierno de la República, del que además algunos formaban parte o estaban implicados en él.

Antonio Mancera Cárdenas

Fuente:

http://www.elblogdeantoniomancera.com

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